Ayer las portadas de todos los medios de comunicación nos daban la pésima noticia: ¡estamos a punto (pasado mañana, como quien dice) de provocar la extinción de un millón de especies! ¡Y lo hacemos a un ritmo sin precedentes! Esta apocalíptica afirmación se desprende de un informe de la “Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES)”, organismo auspiciado por Naciones Unidas. No me digan que no es para ponerse a temblar. Además, nos los cuenta un grupo de científicos, ¡líderes mundiales en su especialidad! No hay nada que podamos hacer excepto seguir sus consejos para lograr devolver al planeta al punto perfecto de equilibrio del que le hemos sacado.

Llama poderosamente la atención el hecho de que la dialéctica utilizada por los medios y la propia ONU para presentar este informe sea prácticamente la misma que se utiliza cada vez que nos hablan del IPCC (ya saben el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático): la catástrofe es inevitable si seguimos así, lo dicen científicos expertos y la fiabilidad de lo que nos cuentan es prácticamente del 100%. Casi se puede pensar que la “idea” del IPCC es un concepto diseñado para ser multiplicado cada vez que se necesite aumentar el grado de tensión catastrofista a las pretensiones políticas de ciertos sectores. Tal vez sea una idea ridícula, pero todo esto me suena a que, como el asunto del Calentamiento Global/Cambio Climático parece que se va encontrando con cada vez más voces discordantes y no termina de contribuir a un clima de alarma suficiente, lo más “adecuado” es sacar un nuevo tema a las portadas siguiendo el esquema narrativo preestablecido.

Cuando leemos en el informe los resultados de las investigaciones llevadas a cabo no queda más remedio que reconocer que muy probablemente estén en lo cierto cuando valoran los datos actuales: el cambio en los usos del suelo, la sobrepesca en los océanos, la contaminación arrojada sin tratamiento de ningún tipo son, sin duda, factores que contribuyen a la desaparición de especies de nuestros ecosistemas. Nuestro recelo debe surgir, sin embargo, cuando de los resultados de diferentes trabajos de campo (en algunos casos, en otros se trata únicamente de extrapolaciones de datos) se diseña un futuro, sea este estremecedor o no. Y se diseña ese futuro ignorando las medidas de corrección que ya están siendo aplicadas o están teniendo lugar precisamente sobre esos elementos de impacto. Cada vez necesitamos menos suelo para cultivar y alimentar a la enorme población mundial, las reglamentaciones y cuotas de pesca son año tras año más restrictivas -y la piscicultura se desarrolla por todo el planeta-, los sistemas de reciclado y tratamiento de basura funcionan francamente bien en occidente y empiezan a implantarse en el resto del mundo. Parecía que no íbamos por el mal camino… hasta que llegó el informe del IPBES el otro día en París.

La ONU toma resúmenes científicos y los transforma en una masa políticamente aceptable. El documento resultante es lo que una sala llena de agentes políticos ha acordado decir en voz alta

Armados con “argumentos”, los políticos se han lanzado de nuevo a la carrera del miedo y la alarma. Oiga, ¿cómo dice que los políticos, si eso lo dicen científicos? Bueno, en realidad los científicos hicieron varios documentos de trabajo que terminaron en forma de informe … político. La ONU toma resúmenes científicos y los transforma en una masa políticamente aceptable. El documento resultante es lo que una sala llena de agentes políticos ha acordado decir en voz alta. No deben creerme a mí, el mecanismo de “redacción” del Informe lo pueden encontrar fácilmente en la Guía de Funcionamiento del propio IPBES (página 39):

Nada de esto es nuevo. Tiene mucho de neomalthusianismo, derrama un fuerte aroma a la filosofía de Paul Ehrlich: la sobrepoblación y su alimentación son el grave problema, el único problema. No importa que las tesis de Malthus o Ehrilch hayan sido desmontadas una y otra vez. Y cuadra perfectamente con el reciente cambio de matiz del alarmismo impulsado por el movimiento “Fridays for Future” ya decididamente abrazado a las consignas del famoso “decrecimiento” o derrumbamiento del sistema económico actual. No se a ustedes, pero a mí esto me suena a agenda política más que otra cosa.

No he leído nada en el informe sobre las especies nuevas descubiertas en los últimos 20 años. la ciencia, mediante descubrimientos y mejores métodos de catalogación de especies, garantiza que el número de especies crezca de manera constante y, a veces, rápidamente. Por ejemplo, un grupo de científicos descubrió en 2016 que no solo hay un tipo de jirafa, sino cuatro. Y que de esas cuatro dos, la “jirafa del norte” y la “jirafa reticulada” presentan números que las convierten en “especies en peligro de extinción”. Y la jirafa no es un caso aislado. Investigadores del Museo Americano de Historia Natural han llegado recientemente a la conclusión de que la cantidad de especies de aves no parece ser de 9,000, sino de 18,000. Hasta hace poco, el género de líquenes Cora consistía en una sola especie. Los nuevos métodos de secuenciación del ADN llevaron a la distinción de más de cien especies. También podemos observar lo mismo con los insectos. En lugar de 6,8 millones parece que pueda haber 40 millones de especies.

Por otro lado, los procesos de extinción también son muy comunes. Durante el largo período de evolución en este planeta, más del 99 por ciento de todas las especies que alguna vez existieron se han extinguido. En algunas ocasiones estos procesos son más rápidos, en otras más lento. Los mamíferos, por ejemplo, tienen un tiempo medio de supervivencia de un millón de años. También encontramos serios problemas de biodiversidad en el género Homo. Todas las especies de Homo excepto una están extintas. Todo lo que queda es el Homo sapiens (la única especie que tiene una idea de lo que es una especie). Cuanto más prósperos somos, mejor es nuestra implicación medioambiental. La economía de mercado es en sí misma una garantía de desarrollo sostenible y eficiente. Está demostrado que los países en los que el mercado es más libre, el balance medioambiental es claramente mejor que en aquellos países con economías planificadas o en situación de pobreza. La pobreza y la AUSENCIA de desarrollo económico son los verdaderos enemigos del medio ambiente. El alarmismo y los llamamientos al decrecimiento económico son simplemente herramientas políticas, no tienen que ver con la protección y conservación de nuestro medioambiente.

Foto: Mika Baumeister


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6 COMENTARIOS

  1. Los comentarios de este articulista sobre Medio Ambiente son delirantes; yo ya me conformaría con que no escribiera “Malthus” en cada uno de ellos. Malthus debe ser como “extrema derecha” cuando los medios hablan de Vox; una forma de descalificar sin argumentar, una palabra comodín. No he leído al tal Malthus, pero si a Ehrlich, y no es cierto que este señor lo redujera todo a la demografía. Escribió y alertó sobre el problema demográfico y cómo se relaciona con los otros problemas sociales; pero no creía que era el único problema humano.
    La demografía sin control sí es un problema; no es casualidad que los países que más plástico tiran al mar sean todos, países con una demografía expansiva y una postura predominante en la sociedad acerca de que el Apocalipsis se acerca. Ninguno de esos países es europeo.
    La demografía, la tecnología y la economía son los tres factores que están provocando la sexta extinción. La buena noticia: todos dependen del ser humano. La mala: ni el totalitarismo colectivista, ni el etnicista, ni el islamismo, ni el liberalismo, están dispuestos a conceder que estas tres dimensiones de la antroposfera deban ser gestionadas o limitadas. Cuando los homínidos aprendieron a hacer fuego, aprendieron también a rodearlo de piedras y ponerle límite para que el demonio no escapara a su control y devorara todo. El descubrimiento Yang impuso su restricción Yin, para ser útil y no catastrófico. Los liberales y los totalitarios de hoy nos venden sin embargo la idea estúpida de que hay que dejar que el fuego queme todo el planeta, y avivarlo si se puede con tecnología y más población. En sus ojos no hay luz de inteligencia, sólo reflejos de las llamas.

  2. “Está demostrado que los países en los que el mercado es más libre, el balance medioambiental es claramente mejor que en aquellos países con economías planificadas o en situación de pobreza”.
    Señor Gómez Fdez., como bioquímico, habrá usted de ser algo más riguroso. Demostrado no está, al menos, no en los términos que usted lo plantea puesto que el mercado nada tiene que decir en relación al balance medioambiental y si los datos pueden parecer reforzar su explicación, en pureza, no demuestran nada. Es probable, aunque lo desconozco, que en aquellos países con mayor porcentaje de etnia caucasiana el balance ambiental también sea claramente mejor que en otros con preponderancia de otras etnias. La conclusión que de ello se pudiera extraer es absurda y decididamente peligrosa si aquel que la enuncia no pretende ni tiene interés alguno en considerar el balance medioambiental sino reforzar la superioridad de una etnia sobre otras, como hace usted para intentar apuntalar un sistema económico del que previamente está convencido que es la solución a todos los problemas.
    ¿Es acaso el mercado el que se ha preocupado de dicho balance? ¿No le parece importante que en esos países que usted señala la conciencia no únicamente financiera de la existencia haya podido tener algo que ver en esa situación totalmente actual? ¿Hace doscientos años podría haber asegurado con semejante arrogancia dicha relación?.
    Demostrar, es algo un poco más complicado.
    Denostar, es muy sencillo. Mezclar churras con merinas, puede ser un error fruto del desconocimiento o una clara intención de generar confusión. No le leía a usted entonces pero, en su momento, la perdida de la protectora capa de ozono estratosférica por emisión de gases clorofluorocarbonados también tuvo muchos escépticos, unos por natural y otros por interés.
    Si el alarmismo le parece precipitado y manejado por conspiradores liberticidas, argumente y desarrolle. Seguramente, el alarmismo es un método de simplificación del análisis que puede invalidarlo. Pero la solución no pasa por nueva dosis de simplificación. El libre mercado no es una solución medioambiental, es un sistema económico.
    La cita de las extinciones anteriores es un perfecto ejemplo de aquello que usted parece querer combatir, eso que llama agenda política. Si usted se queda tranquilo porque las hubo (sin responsabilidad humana, hasta donde tengo entendido), yo voy a ayudarle a tranquilizar más aún su conciencia…al final el Sol explotará y no importa nada qué sistemas económicos hayamos desarrollado, ni si hemos vivido en libertad.
    Y ahora, todos a quemar carbón como si no hubiera un mañana que en Europa y Norte América el balance ambiental es mejor que en otros lugares de este planeta que parece que no es el que habitamos todos.

  3. Las tesis de Malthus, basadas en argumentos demoscopicos, no científicos, primero hay que leerlas, cosa que hay que trabajarla y cuesta menos trabajo descalificarla, no porque una parte de la evidencia empírica la confirme o la desmienta, sino porque otros, con argumentos igualmente acientificos las refutan.
    A Popper eso le gustaría poco. A Lakatos un poco menos.
    El paradigma Chino, con crecimientos de dos dígitos a lo largo de mas de una década, no parece que fíe mucho a los antimalthusianos, cuando, ante la indolencia de unos y la fuerza de los hechos consumados, se permite el lujo de imponer el nacimiento limitado de hembras de humano. Acaso por capricho? o porque quede bonito valorar en algo las tesis del potencial peligro crecimiento exponencial ilimitado?
    Y todo porque algunos, mirando para otro lado ideológico fian al, para ellos solo, comportamiento “responsable” de la comunidad economico/cientifica las soluciones unívocas a cualquier problema de suministro de energía al desarrollo humano.
    No lo veria el propio Hayek, esto como muy fiable, precisamente.
    Eso, pasando por alto, o mejor dicho, avalando el concepto de la posverdad global, que consiste en dejar a los pobres el asunto de la explosión demográfica, para convertirlos en proveedores de mano de obra barata de los grandes devoradores de recursos, a los que comprarían sus cuotas de emisiones, y los hijos que aportaran a la miseria. Muy edificante el asunto. Y exento, como se ve a diario, de alguna conflictividad.
    Y, las criaturas abortadas por millones en la clínicas del crimen, también buen asunto porque quitan la razón a Malthus.
    Si hay alguien con mas cara dura hoy emitiendo informes son, por una parte la FAO, por otra las ONGs, y como colofón los catastrofistas , de un lado, y los profetas del crecimiento ilimitado, en el otro extremo.
    Todos mienten. Todos basan sus argumentos en informes y modelos sin base científica, tanto los que elevan a los altares a Darwin, Malthus, El Club de Roma o sus epígonos, como los que, con idénticos procedimientos, los refutan.
    La superchería, como siempre, para entretener al personal.

  4. Muy Interesante su artículo, como todos los que hace sobre ciencia, y esclarecedor sobre la situación “real” del Apocalipsis tontuno que los “piriodistas “ dóciles del establecimiento de lo políticamente correcto repiten como papagayos al igual que agentes políticos, eruditos y expertos de todo pelaje elaboran: “documento resultante es lo que una sala llena de agentes políticos ha acordado decir en voz alta”. Pasto –bazofia para el corderito acrítico, antes conocido como Homo sapiens (la única especie que tenía una idea de lo que es una especie), que lo devora goloso. El mercado SÍ debe de ser libre, pero… regulado, no liberal.

  5. Debo reconocer que leyendo a D. Luis I. (este artículo y otros), he llegado a una conclusión clara, sobre algo que antes eran solo ideas vagas, a saber: que si el Liberalismo (al menos el que el defiende), tiene actualmente un enemigo a batir, por encima del resto, es cualquier tipo de movimiento, venga de donde venga, que en nombre de la defensa de los ecosistemas naturales del planeta (especies, clima, contaminación, etc..) pretenda poner algún tipo de límites a la libertad del individuo para explotar los recursos como le venga en gana.