Occidente experimentó un cambio estructural muy profundo durante el siglo XX. La Primera Guerra Mundial marca el arranque de transformaciones dramáticas de la sociedad, la política, las creencias, que culminan en los años 60 y 70. Los síntomas fueron notables: se generalizó la ingeniería social, surgió la cultura terapéutica y apareció una nueva ideología, la corrección política, que estableció una implacable censura del lenguaje. Se generalizó el miedo irracional, la cultura de la queja, el sentimiento de culpa colectiva, el infantilismo o el hedonismo ¿Cuáles fueron las causas de tan radicales cambios?

Ciertos autores consideran que Occidente pasó de ser una sociedad de propietarios y emprendedores a otra de burócratas, técnicos y expertos. Nuevas élites tecnocráticas, caracterizadas por el conocimiento, la especialización, habrían sustituido a los antiguos capitalistas e impuesto su particular ideología.

Occidente pasó de ser una sociedad de propietarios y emprendedores a otra de burócratas, técnicos y expertos

En The Managerial Revolution: What is Happening in the World (1941), James Burnham señaló que una revolución silenciosa, no violenta, había apartado del poder a los capitalistas en favor de otra clase formada por profesionales y expertos. Debido a la creciente complejidad del sistema productivo, los propietarios de empresas fueron perdiendo contacto con la producción y los técnicos tomaron la dirección y el control.

Y esta evolución no se limitó a la empresa: también alcanzó a la Administración Pública. Además, los propios expertos lograron establecer los criterios de selección y ascenso en la burocracia, adoptando sistemas de credenciales o títulos, cuya expedición controlaban ellos mismos.

Auge y caída de las absurdas ideologías posmodernas

Esta drástica transformación no solo alteraría la estructura de poder sino también el pensamiento, la concepción del mundo: barrería las tradiciones, los principios burgueses, rompería con el pasado, implantando nuevos usos, pensamientos, ideas. Traería consigo una ideología más acorde con los intereses de técnicos y expertos sociales, una forma de pensar que ha impregnado profusamente las sociedades industriales.

Muchos creyeron que el ascenso de la tecnocracia conduciría hacia formas de pensamiento más objetivas y racionales… pero el mundo camina casi siempre por la senda más inesperada

La idea de una clase social reemplazando a otra es un tanto discutible. Pero es evidente que profesionales y expertos han alcanzado un poder y una influencia impensables hace un siglo. Muchos creyeron que el ascenso de la tecnocracia conduciría hacia formas de pensamiento más objetivas y racionales, más basadas en conocimientos científicos y menos en supercherías, en impulsos infundados. Pero el mundo camina casi siempre por la senda más inesperada.

¿El fin de las ideologías?

A finales de los años 50 y principios de los 60, un grupo de pensadores concluyó que Occidente entraba en la etapa del fin de las ideologías. Aquellos viejos dogmas que llevaron al enfrentamiento, a la revolución, a la polarización social comenzaban a perder atractivo. Así, Daniel Bell afirmó en 1960 que “la era de las ideologías ha finalizado”. También mantuvo este criterio el pensador español Gonzalo Fernández de la Mora en su famoso ensayo El Crepúsculo de las Ideologías (1964): los políticos profesionales serían desplazados por técnicos y expertos, que fundamentarían su acción en reglas objetivas, eficientes y neutrales. Desgraciadamente, el tiempo se encargó de refutar estas teorías.

Las ideologías no desaparecían: experimentaban una mutación

Paradójicamente, la tecnocracia favoreció el surgimiento de otras formas de pensar, tan subjetivas y dañinas como las que atenazaron al mundo en el pasado. Ciertamente, las ideologías clásicas, argumentativas, generalistas, como el marxismo, se encontraban en decadencia. Pero sólo para dejar paso a otras distintas, fragmentarias, no menos agresivas e irracionales, centradas en un puro activismo con objetivos muy puntuales. Las ideologías no desaparecían: experimentaban una mutación.

Auge y caída de las absurdas ideologías posmodernas

La nueva ideología de los expertos

La historia de la transformación de nuestra civilización de la mano de técnicos y expertos sociales es compleja pero sorprendente y apasionante. Pero mucho menos edificante de lo que se cree. Aun siendo un grupo heterogéneo, los tecnócratas poseen una visión del mundo, unos valores, unos intereses y motivaciones muy distintos a los del propietario burgués.

El típico capitalista original era un emprendedor, hecho a sí mismo, que no poseía necesariamente título académico pero sí una sólida ética de trabajo, fuerte autodisciplina y gran disposición a afrontar riesgos. Creía firmemente en la iniciativa privada y apoyaba un Estado nacional que garantizase los derechos individuales, especialmente el de propiedad, sin inmiscuirse en la vida privada. Pensaba que la naturaleza humana tenía una parte bondadosa; pero también un lado oscuro, una tendencia hacia el mal que debía compensarse con disciplina, principios y autocontrol.

El ingeniero social, cree que puede identificar y resolver cualquier problema de la sociedad con una intervención estatal apropiada

Por el contrario, debido a la enorme confianza en su saber, la nueva tecnocracia, el ingeniero social, cree que puede identificar y resolver cualquier dificultad de la sociedad con una intervención estatal apropiada, basada en técnicas de gestión. Como cada problema suele afectar a un colectivo concreto, esta tecnocracia concibe la sociedad como una colección de grupos distintos. Se trata de un enfoque utópico, que vislumbra la sociedad perfecta al alcance de la mano si se aplica el conocimiento verdadero: el de los expertos. Con una mentalidad profundamente paternalista e intervencionista propone siempre nuevas leyes, múltiples regulaciones o enormes campañas para cambiar la mentalidad de la gente.

La visión de los tecnócratas implica un regreso a la concepción Rousseauniana: el ser humano como buen salvaje pero corrompido por estructuras sociales inapropiadas y por creencias falsas e inadecuadas. Así, los males de la humanidad se resuelven transformando el entorno con ingeniería social, eliminando estructuras podridas, erradicando creencias obsoletas para implantar las “verdaderas”. Y, dado que el ser humano es bueno por naturaleza… no requiere principios, disciplina o autocontrol. Al contrario, puede desenvolverse en una cultura del hedonismo, de la satisfacción inmediata.

Como el poder de la tecnocracia no emana de la propiedad sino de los títulos académicos, esta ideología no considera la propiedad privada como principio básico sino como instrumento discutible, supeditado a su eficacia o a su compatibilidad con las medidas que se propongan. Lógicamente, la ideología tecnocrática rechaza el pasado, las costumbres y enseñanzas de los ancestros. La ciencia no sólo resuelve todos los problemas; también proporciona una filosofía, una nueva concepción del mundo que sustituye a la anterior. Los nuevos conocimientos construirán una nueva sociedad partiendo de cero, rompiendo ese hilo que une al pasado, prescindiendo de los principios y valores heredados. La tecnocracia cree en un universo abierto donde la humanidad no se encuentra ligada a su pasado ni a su futuro: tan sólo flotando aislada en el presente.

Los tecnócratas tienen obsesión por inventar nuevos problemas sociales allí donde nadie los había visto jamás

Si la razón de ser de esta tecnocracia es resolver todos los problemas sociales, a mayor cantidad de dificultades, más demanda de servicios profesionales y mayor poder para los expertos. De ahí la obsesión por magnificar los problemas sociales existentes o inventar otros nuevos, allí donde nadie los había visto jamás. Se explica así esa proclividad a generar miedos infundados, a denunciar graves peligros, incluso a proclamar la inminencia de un “Apocalipsis” que nunca acaba de llegar.

El imperio de la tecnocracia no ha sido tan brillante como se esperaba. Aunque encendiera algunas luces, sus sombras fueron tenebrosas, conduciendo a Occidente a una postración, a una desorientación sin precedentes en la historia. Cual aprendices de brujo, abrieron la caja de herramientas e intentaron cambiar todas las piezas, pensando que la sociedad es como un mecano, que puede diseñarse a placer. Y es que, como advirtieron los clásicos, abrir de par en par la Caja de Pandora, aunque sea con la mejor voluntad, entraña riesgos que ni siquiera el más experto puede sospechar.

El fulgurante ascenso de los técnicos se explica por su sólida coalición con los políticos, cuyos intereses sintonizan mejor con los de la élite del conocimiento que con los de propietarios y emprendedores. También fue determinante el respeto reverencial que mantuvo el público ante los expertos y burócratas, confiando ciegamente en su supuesto saber omnímodo, en su bondad y buena intención.

Auge y caída de las absurdas ideologías posmodernas

Pero esta sumisión de la gente ante el gobierno tecnocrático ha comenzado resquebrajarse en los últimos tiempos, dando paso a una abierta desconfianza. Un profundo malestar, un singular enojo se apodera de muchos ciudadanos, que no desaprovechan ocasión para manifestar su hartazgo, su protesta contra un asombrado  establishment. El voto a Donald Trump o el triunfo del Brexit en Gran Bretaña deben interpretarse como muestras del hastío de la gente, de su monumental enfado con esos estupefactos burócratas y expertos que, en el colmo de la ceguera, se consideran acreedores del aplauso y agradecimiento del público pues toda su labor la realizan, piensan, por el bien de la gente.

Quizá sea momento de que alguien explique a estos ingenieros sociales que los ciudadanos saben bastante bien lo que les conviene sin necesidad de que les digan, un día sí y otro también, cómo comportarse, cómo pensar o qué palabras utilizar. Presenciamos una fuerte contestación que puede poner fin a la era tecnocrática y abrir la puerta a la emancipación del ciudadano y a la recuperación de la democracia.


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Juan M. Blanco
Estudié en la London School of Economics, donde obtuve un título de Master en Economía, que todavía conservo. Llevo muchos años en la Universidad intentando aprender y enseñar los principios de la Economía a las pocas personas interesadas en conocerlos. Gracias a muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, he llegado al convencimiento de que no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos en el límite: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas.

39 COMENTARIOS

  1. Estando de acuerdo con el contenido del artículo y de la mayor parte de los comentarios, mi duda – existencial – sigue siendo: sí, pero ¿cómo le ponemos el cascabel al gato?

    No veo, ni conozco, espacios de creación de opinión con propuestas viables de cambio.

    Si alguien las conoce, por favor, difundidlas.

    En todo caso… ¿No cabrían abrir un espacio en Disidentia sobre este tema de renovación política. Española y europea.

  2. Esos ingenieros sociales y tecnócratas, representan perfectamente el significado de las palabras represión, autoritarismo, fundamentalismo y fanatismo. No entienden que la verdadera tolerancia comienza por no imponer ninguna ideología y por no promover el enfrentamiento de distintas culturas, como lo han estado haciendo.

  3. Buenas tardes: el artículo, entrando en materia, me parece un despropósito de principio a fin, de una ingenuidad pasmosa; en primer lugar, lo políticamente correcto es muchísimo más amplio que una mera censura del lenguaje, como les he indicado en multitud de comentarios a los artículos de Benegas en Vozpópuli, pero veo que ustedes siguen erre que erre con el mismo discurso inocente y son refractarios mentalmente a dejarse de buenismos e ir a la verdad.

    Aquí no hay ninguna toma del poder por las buenas y de la noche a la mañana por parte de una quimérica burocracia de tecnócratas; eso es un disparate integral. También en los artículos de Benegas les señalé y argumenté decenas o cientos de veces que lo políticamente correcto es una ofensiva integral por parte del marxismo, que es el que mueve todos los hilos en el patético Occidente actual, para acabar con la civilización occidental burguesa y cristiana e imponer en Occidente el marxismo comunista, pero como si nada. Los marxistas que dirigen la plaga marxista totalitaria de lo políticamente correcto fueron ‘activados’ por la Escuela marxista de Frankfurt, los Adorno, Habermas y cía, los cuáles, tras huir de Alemania por la persecución nazi, se establecieron, en USA, y allí, en la Universidad, montaron el centro neurálgico de lo políticamente correcto, del que han salido los sucesores de aquellos, los cabecillas actuales, que son los Chomsky y demás pajarracos.
    Estos enemigos de Occidente, por tanto, dominan la Universidad y los centros académicos y, desde ellos, los principales medios de comunicación de ‘izquierdas’, los New York Times, CNN, The Guardián y cía, muy ideologizados y que, por su control de la opinión pública, dominan y dirigen a los politicastros de Occidente.
    Pero los grandes empresarios, los plutócratas, siguen mandando en los Gobiernos y obteniendo de éstos todo tipo de privilegios y chollos, pero el tema ideológico y de opinión pública lo han dejado en manos de los marxistas universitarios y académicos y sus medios, cometiendo el mismo error letal que en Rusia, descrito por Lenin con su famoso: “nos venderán la soga con la que los ahorcaremos”.
    Si el tema radicase en que los tecnócratas pretenden arreglar los problemas con ingeniería social, ¿por qué invariablemente lo políticamente correcto demoniza a la derecha, y no digamos a los supuestos fascistas y eleva a los altares a la ‘izquierda’, cuanto más extrema, mejor? ¿Por qué la corrección política ataca invariablemente a las instituciones clave de la civilización occidental burguesa, como la Iglesia Cristiana, la familia tradicional o el capitalismo? Un poquito de ‘por favor’.

    • Interesante reflexión, Javilau. Me ha chirriado un poco lo de “Chomsky y otros pajarracos”, pero bueno, nadie es perfecto. Saludos,

      • Pues que no le chirríe, Silvia, porque es así; Chomsky es defensor a ultranza de todos los dogmas podridos de lo políticamente correcto, como el apocalipsis que nos viene por el ‘calentamiento’ global -con el frío que hace-, el feminismo hembrismo criminalizador del hombre por el hecho de serlo, la perversidad intrínseca de las Administraciones de USA e Israel, la maravilla del Islamismo y demás sevicias de los jefes de lo políticamente correcto.

        Saludos cordiales.

        • Muy buenas reflexiones. De hecho Chomsky creo que es un esperto de la dialéctica politica, ¿no? Quien mejor que él para adecuar el discurso correcto del marxismo a una sociedad desmoralizada como la occidental.

    • Hay un detalle que quiero comentar; la tecnocrácia y la ingeniería social en realidad son sólo una herramienta, nunca serán el fundamento. En las Ciencias Sociales no existe la imparcialidad, todos los principios son relativos y no existen las verdades absolutas; en otras palabras no existe ni existirá nunca un experto o un técnico social que tenga la capacidad de decir qué es y qué no es lo correcto, lo más que pueden decir es qué es lo más congruente con la ideología sobre la que ha edificado su expertez. Es verdad que mucha gente idolatra equivocadamente a los expertos, cuando en realidad los expertos pueden estar tan equivocados como cualquier otro.

      Todo modelo ideológico esta construido sobre ciertas premisas arbitrarias que sólo tienen que ver con las prioridades, intereses, principios y valores de quién construye la teoría, y además toda ideología sólo es capaz de ver una parte de la realidad y desde una perspectiva muy particular; mientras que la realidad es un sistema infinitamente diverso, complejo e impredecible. Los expertos en cuestiones humanas son sólo buenos operadores ideológicos, eso no significa en ningún momento que las ideologías sobre las que se basan y sus propuestas sean correctas. Así que en todo lo que no sea Ciencias Naturales o Matemáticas, mucho cuidado en dar credibilidad a algo sólo porque lo dice un experto.

  4. Y disculpe la sábana, Juan. Su impecable artículo me ha hecho leerlo varias veces, darle muchas vueltas y quizás “pensar” demasiado. Transformar esa visión no me ha resultado fácil, por lo que elogio sus buenas reflexiones que promueven estos interesantes debates. No hay en la red un medio como este.
    Un muy cordial saludo,

  5. Por resumir y centrar un poco el tema, Juan, entiendo que la crítica de fondo que vierte en el artículo es fundamentalmente sobre la “ideología tecnocrática”, que según plantea, ha llegado a dominar y gestionar todas las formas de intervención estatal innecesariamente, inmiscuyéndose en la vida privada de los ciudadanos. De manera que, los expertos o ingenieros sociales en sus respectivas especializaciones en todos los campos del saber (que a su vez, en su día, sustituyeron a los “políticos profesionales”) se inventaron problemas donde no los había y contaminaron la vida pública. Es decir, que sus ideologías y teorías absurdas son los causantes del malestar general y del hartazgo de los ciudadanos, (Trump, Brexit…).
    También les atribuye a los tecnócratas sociales “la concepción Rousseauniana: el ser humano como buen salvaje pero corrompido por estructuras sociales inapropiadas y por creencias falsas e inadecuadas”. Y este punto es interesante y contradictorio, porque ¿esas “estructuras sociales” las crean para corromperse a sí mismos, para corromper al hombre o para intentar salvarle?

    En ausencia de una autoridad y de unos límites acordados, los conflictos en las sociedades van en aumento. Y esa autoridad externa que limitaba los conflictos y los problemas en las relaciones y en la convivencia era tradicionalmente eclesiástica, civil y también filosófica. Los individuos se vieron sobrepasados por cambios y conflictos externos (guerras, hambrunas, avances científicos y tecnológicos…) que les afectaban directamente y conseguían sacudir sus vidas.
    Las sociedades evolucionaron, aumentaron su nivel de complejidad y dado que las soluciones tradicionales de antaño no alcanzaban dar respuesta a los nuevos problemas, se sintió la necesidad de revisar y de ampliar esos límites impuestos por la autoridad vigente que constreñían la propia libertad individual y la propia expansión de la sociedad. Como el hombre por naturaleza es un animal político y social, sabe que somos más fuertes en grupo cuando aunamos esfuerzos para alcanzar una meta.

    El debate provechoso entre esos expertos o ingenieros sociales que surgen de la misma sociedad y suponen un contrapeso a la autoridad de Hobbes, es descubrir en qué medida esos límites o normas impuestos por la autoridad (en forma de legislación) sirven a los intereses de los ciudadanos y posibilitan una vida mejor.
    El verdadero hartazgo y los crecientes conflictos sociales no se producen con esa ideología tecnocrática de origen, ni tampoco con los expertos o ingenieros sociales o con las estructuras sociales planteadas. El hartazgo se produce con la autoridad, con la doctrina oficial y con la corrupta gestión de los recursos que han hecho los tecnócratas políticos. Hace tiempo que rompieron esos límites acordados con los ciudadanos en beneficio propio y han dejado de ser referentes de autoridad, trasladando la responsabilidad de su mala gestión al ciudadano, más indefenso que nunca ante la poderosa maquinaria del Estado.

    Aunque ya esté todo inventado y a pesar de que las ideologías como bien dice “muten” en lugar de desaparecer; es decir que, como la energía, ni si crean ni se destruyen, solo se transforman; los expertos e ingenieros sociales son más necesarios que nunca. Y el mejor ejemplo lo tiene en EEUU gobernado por Trump. Un próspero hombre de negocios que no es un político tecnócrata al uso y que, independientemente de su buena o mala gestión económica, tiene dificultades para “quitarse” de encima al lobby de la Sociedad del Rifle. Ante un problema real de violencia en las escuelas no ha tenido mejor idea que proponer armar a los profesores como si estuviéramos en el lejano oeste. ¿Cree que la medida propuesta está justificada y responde al interés del ciudadano o al interés del lobby?

  6. La raíz del problema es el hacer engendrado una sociedad entorno al Estado, a tal punto que el estatismo se ha convertido en la religión de nuestro tiempo, por lo tanto el imaginario colectivo le otorga al Estado y su tecnocracia poderes casi milagrosos, el Dios que todo lo puede lograr y que traerá abundancia, bienestar y felicidad a este mundo plagado de injusticias, desigualdades, precariedad y pobreza.

    La tecnocracia en el mercado termina fracasando si no aporta eficiencia al proceso productivo y precisamente es lo que le sucede a las grandes corporaciones que finalmente acaban en la ruina por su enorme peso burocrático, pero la tecnocracia en el Estado tiene infinitas herramientas de coacción para seguir parasitando a la sociedad e imponer sus ideas, ya sea por medio de la manipulación y la propaganda de los medios al servicios del Estado, las infinitas leyes que han ido redactado, la política fiscal o monetaria y en casos extremos el uso de la violencia, básicamente la tecnocracia estatal actúa en el fondo como una banda criminal, que por desgracia la sociedad ha legitimado para que pueda hacer lo que le venga en gana, bajo la premisa de que todo lo que hacen es por el bien común y la realidad es que lo único que les interesas es vivir muy bien de lo común.

    Un dictador o una inmensa tecnocracia son prácticamente inofensivos en el mercado ya que su ámbito de actuación el limitado y poco pueden imponerle a los demás, por lo tanto lo que la sociedad debe entender es que esta adoración por el estatismo no nos lleva a nada bueno, sobre todo teniendo en cuanta que la historia nos ha mostrado con millones de muertos lo que el Estado en realidad si es capaz de conseguir en nombre del bien común.

  7. El problema de la tecnocracia queda planteado en sentido estricto y con trascendencia política, en cuanto se considere el fenómeno de la dimisión o delegación de “facto” de las autoridades políticas responsables y de las instituciones portadoras de la representación política, en los cuadros de “expertos”. En otros términos, más que de una filosofía política tecnocrática, o de una ideología, debe hablarse de una burocratización técnica del poder político, en el que éste delega o dimite sistemáticamente de su función decisoria, cayendo en una configuración tecnocrática de la Autoridad, es decir, el fin de la política. Toda la política de la UE y por supuesto de España, está en esta fase de descomposición de lo político. La autoridad política parece no poder encontrar otra fuente de legitimidad que la “necesidad técnica” fundamentada por los “expertos”.

    De otro lado, en un mundo técnico complejo, una actitud negativa frente a la técnica y frente sus expertos más calificados es puramente romántica y tanto más cuanto que se ha despertado en los pueblos un “eros de la técnica”, una confianza paligenésica en las transformaciones tecnológicas, consideradas como un sucedáneo materialista de la idea de salvación. Quizá aquí resida el fondo problemático de la cuestión.

    • No es cierto en absoluto; los politicastros no han dimitido de nada; siguen tomando las grandes decisiones y las que les interesa, y sólo delegan la gestión burocrática diaria. Los politicastros, simplemente, están bajo la bota de lo políticamente correcto porque éste domina la opinión pública a través de los grandes medios, y los politicastros se someten a su hegemonía porque les conviene para medrar y, de paso, llevarse su parte del pastel de los sucesivos circos políticamente correctos con cargo al erario público. Este artículo es un ñoño brindis al sol que no hay por dónde coger.

      Saludos.

  8. El artículo de Blanco es apasionante porque plantea cuestiones de fondo, o mejor las sugiere.

    Su trasfondo es una tesis muy fuerte: la disociación entre propiedad de los medios de producción y órganos estatales de la planificación social. O en términos marxistas clásicos: separación entre el Capital y el poder político formal.

    Ahora bien, resulta que ésa es simplemente la singular esencia histórica según la cual domina el sistema capitalista en todas sus fases (léase la obra de Louis Dumont «Homo oeconomicus»), dado que el sistema capitalista se funda desde su origen en esta separación formal de las instancias de dominación refiriéndose la una a la otra a través de diferentes «lenguajes políticos formales».

    La afirmación del autor es correcta: ese ejercicio de la forma de la dominación priva a la mayoría de la población de independencia económica, medios de sustento y libertades reales, concretas, vividas.

    Ahora bien, esa «tecnocracia» no es ningún sujeto de la Historia sino más bien sucede que la hegemonía pura del sistema del capital mundializado o global ha llegado a tal grado de perfección que ahora y sólo ahora puede definir los parámetros de su específica «configuración civilizatoria», que equivale desde otra perspectiva a una «descivilización».

    La falacia argumentativa del artículo consiste en la suposición de un «conflicto» interno entre Capital y Gerencia, debido a las «ambiciones de poder» de ésta.

    En realidad, la Gerencia adopta todo tipo de ideologías en función de los intereses directos de la nueva figura histórica de la dominación: hoy, el proceso «descivilizatorio», invirtiendo la expresión de Norbert Elias en su admirable libro.

    • Yo no se si pensar está de moda, pero es la leche de difícil vestirse aquí, al menos para mí. He leído el artículo y como me pasa con tantos otros de Disidentia me cuesta hacer un comentario acorde con lo leído; por si no bastara con eso luego leo dos o tres comentarios y los pelos se me rizan solos de la turbulencia de ideas que se suceden en mi cabeza.

      Uno habla de capital y gerencia y yo que soy un simple gerenciado a ver como lo hago. Blanco dice que el gerenciado no es feliz con la gerencia y nos dice que el capital tenía principios a principios de siglo, pero yo no sé si ahora el capital tiene más o menos principios que en los siglos pasados, lo que sé es que es muy gordo y está muy concentrado y que los tecnócratas nunca toman ninguna medida contraria a ese gordo capital globalizado, que el quita-populacho conducido por los tecnócratas con las luces de la ocurrencia iluminando el camino va dejando en la cuneta bolitas congeladas de hombres que son cosas y que esas bolitas de hombre congeladas se están deshaciendo en la cuneta con la llegada de la primavera como sucede en todas las épocas cuando comienza a brillar el sol de las ideas.

      • Usted lo sabe bien.

        Si miramos a los ojos de los Enmascarados en este Carnaval Veneciano apenas disimulado, ¿usted quién cree que tiene de facto, y en pura potencia “”más posibles””, los del Pino, los Entrecanales, los Botín, los Grifols, los Carulla, los Escarrer, los Slim, a mí plim, pero no al González sublime servidor, los March y un largo etcétera de no más de otras pocas decenas de nombres, de los que nadie sabe a qué dedican el tiempo libre, y a leer a Baudelaire o Rilke seguro que no, o bien gente como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albertito Rivera o incluso el impúber barbado Marianescu Rajoyotti? Nos toman por LELOS del numerito de la estampita-voto y tal…

        • Buen articulo y buen comentario, creo que me estoy oxidando y me parece osado hacer análisis sobre asuntos difíciles de abarcar en un comentario a vuela pluma. De todas formas he encontrado un antioxidante que no conocía en su comentario y me he descargado una dosis del último autor que cita, “la sociedad de los individuos” parece que funciona, así que lo probaré durante unos días y a ver qué tal.

          No puedo estar más de acuerdo de nuevo con su segundo comentario, yo de niño pensaba que los estados estaban para enfrentarse a poderes lo suficientemente fuertes como para destruir una nación y sus habitantes, pero ahora, demasiado tarde, me he dado cuenta que el estado, al menos el español, es el brazo ejecutor de esos poderes y los tecnócratas los encargados de entretener a los súbditos con absurdas e inútiles propuestas. Es normal que hasta el más tonto un día se de cuenta que le están tomando el pelo. Lo que me asombra es que los listos de la clase aún no se hayan dado cuenta que el tonto se ha dado cuenta, y lo que es peor que los tontos gastan muy malas pulgas cuando los dejas en ridículo.

          • “Es normal que hasta el más tonto un día se de cuenta que le están tomando el pelo. Lo que me asombra es que los listos de la clase aún no se hayan dado cuenta que el tonto se ha dado cuenta, y lo que es peor que los tontos gastan muy malas pulgas cuando los dejas en ridículo.”

            Todavía son pocos los tontos que se han dado cuenta del engaño. Y cuando se vayan a dar cuentas, entonces los tecnócratas vendrán con leyes de transparencia, leyes de igualdad, leyes de regeneración democrática y otras milongas, para hacer creer que se hace algo, mientras se deja todo como esta.

            La política NO es el arte de lo posible, como algún cursi lo define. Lo política es el arte de la APARIENCIA: aparentar ser cuando no se es, y aparentar hacer cuando no se hace.

      • Es muy bella y apropiada al caso la metáfora final de su comentario y demuestrar dotes admirables para hacer perceptible lo concreto existencial frente a lo abstracto.

        Pero observe que bajo las condiciones del capitalismo tardío, como diría un lector del primer Habermas emulando a Marx, se nos gobierna literalmente como «cosas», pues las «sociedades avanzadas» no son otra cosa que colecciones aleatorias de individualidades de apariencia humana reproducidas industrialmente.

        El concepto de «Humanidad» queda muy atrás y resulta anacrónico en la era de los embotellamientos urbanos y las compras de Navidad.

        Por eso afirmo que «Disidentia» es pura crítica abstracta y arreferencial de la cultura contemporánea sin haber pasado siquiera un ratito por la paciente lectura de «El trabajador» de Junger, el padre «putativo» de los «conservadores revolucionarios» de estirpe alemana.

  9. En otro orden de cosas, yo sugeriría a los gestores de Disidentia que, como no incluyan actualización de noticias de forma continua, pues como que no veo que esto pueda tirar adelante por mucho tiempo.

    Está muy bien ser el Pepito Grillo de una sociedad muy domesticada, y que se mueve por impulsos que ordenan convenientemente los medios. Pero también es cierto que, si no se le da vitalidad diaria a este medio (periódico, revista, blog, o como se le quiera llamar), pues como que no se incentiva a entrar en el de forma continuada. Uno ya acaba sabiendo la opinión generalizada de cada faceta y, como no espera encontrar nada nuevo, pues se tiende a no entrar. Oir lo mismo sobre lo mismo, pues como que no es muy atractivo para una masa respetable de gente. Masa de la que se acaba viviendo, se quiera o no.

    Para que no se diga que critico sin proponer ninguna solución: Podian suscribirse a una agencia de noticias (EFE, Europa Press,…), colgar las noticias que les suministren (que nunca son muy explicitas en dar detalles) y a partir de ahí, uds. (srs. Blanco, Benegas, etc) comentar con su estilo cada una de ellas. Vamos, dar una especie de editorial con cada noticia, que no necesariamente todas han de ser políticas o económicas.

    Eso es novedosos, y que yo sepa no existe en otros medios. Tienen una línea editorial, por supuesto, pero no comentan noticia a noticia…

    En fín, ya sé que esta propuesta conllevaría el que uds, tuviesen que estar al pie del cañon de forma continuada…pero el que algo quiere, algo le cuesta.

    Un cordial saludo a todos.

  10. Buenos días Sr Blanco

    Excelente artículo.

    Por lo demás y llevando el agua a mi sardina y a mis conspiranoias yo creo que el problema del monstruo burocrático, a la hora de machacar al ciudadano del común es su alejamiento de la realidad, en lo que influye:

    – la ausencia de meritocracia y no renovación de las élites. Todos esos buróacratas hijos de burócratas, nietos, bisnietos.. si uera obligatoria una “cuota” para que el 50% o mas de las plazas fueran ocupadas por quienes en su amilia no tienen a nadie que viva del momio..

    -la ausencia de un enemigo de verdad.
    Durante la IIGM y la guerra fría se tuvieron que enfrentar a enemigos reales que habrían acabado con ellos cómo casta de haber ganado (los otros) . Esa realidad incontestable hizo que se evaluasen correctamente los recursos y que no se deviniera en pajas mentales (cómo ahora) con enemigos ficiticios como las brechas salariales, la cos LGTBI…

    Por lo demás recuerdo a Arendt y como entendió muy bien lo que representaba esa burocrcia/burócrtas cuando se les deja operar sin una conciencia.

    un cordial saludo y excelentes comentarios

    • muy bien traído lo de Arendt y su ‘banalidad del mal’ o la amoralidad del burócrata feliz con sus protocolos. Aquí lo podríamos adaptar a la ‘banalidad de la prevaricación, cohecho y malversación’ una subclasificación de la misma familia inhumana.

  11. De todas maneras, y por contemporizar un poco, la utopía tecnocrática viene de antiguo ¿qué es sino el sueño de Platón en su REPÚBLICA?

    A los franceses les gusta creer que llegó de manos de Saint Simon y Compte (Meynaud). Y a los yankis de su managment derivado a la gestión de lo público y reclaman que el término surge de Thorstein Veblen.

    En la sistematización del asunto, me quedo con la que hace en siete puntos un compatriota, Vallet de Goytisolo:
    1/ La tecnocracia otorga una gran primacía al desarrollo económico. Incremento de la productividad y elevación del nivel de vida.
    2/ La tecnocrácia se articula en torno a una ortopraxia que a diferencia de la ortodoxia se aleja de la teoría para centrase en : a)relativismo b) evolucionismo c) naturalismo.
    3) Aplicación de los métodos de las ciencias físicas y técnicas de planificación.
    4) Promueve la concentración industrial y la homogeneización del género de vida suprimiendo diferencias.
    5) Requiere de un ejecutivo fuerte y férrea organización burocrática.
    6) Mística del progreso.

    El problema es que termina siendo uno más de los enemigos de la democracia, suprimiendo la variable política, natural a las sociedades, por una legitimización técnica que esconde una voluntad de poder corporativa oculta a la opinión pública y en ultima fase un totalitarismo soft de nuevo cuño.

  12. Dice usted ” Presenciamos una fuerte contestación que puede poner fin a la era tecnocrática y abrir la puerta a la emancipación del ciudadano y a la recuperación de la democracia”.

    Me pregunto si alguna vez en la vida el ciudadano fue totalmente emancipado y también me pregunto si alguna vez en algún período de la historia ha existido democracia, para mi aquello de la antigua Grecia no era democracia. La moderna, surgió con el sufragio universal y ahí surgen estos tenócratas actuales que por un voto venden lo que haga falta. A veces tengo serias dudas de si el sufragio tiene que ser universal, creo que para votar habría que hacer un examen de idoneidad, si para conducir hace falta pasar unas pruebas igualmente habría que pasarlas para votar, Esto ya sé que no es muy políticamente correcto pero dudo de que muchos sepan que votan cuando no saben ni distinguir entre que es el Congreso y que es el Senado. Personalmente me parece una ofensa que valga lo mismo el voto de uno que está colocado todos los días como el de una persona que está en sus plenas facultades y a mayores tiene una auctoritas reconocida.

    No estoy de acuerdo con la siguiente afirmación ;”los ciudadanos saben bastante bien lo que les conviene sin necesidad de que les digan, un día sí y otro también, cómo comportarse, como pensar o que palabras utilizar”. Si lo supiesen ni votarían a esta calaña de políticos, ni tendrían comportamientos de masa, de hecho creo que la sociedad está abducida por las modas tanto de pensamiento, de ideas, de compras, de programas más vistos, de lecturas que se convierten en best sellers. Para encontrar a alguien que se salga de la masa hay que patear bastante.

    Para estar emancipado necesitas ser propietario o tener conocimiento suficiente del cual puedas vivir. En estos últimos años cuando se ha hablado tanto de la caída de la clase media, siempre me he preguntado que es eso de clase media. Ese fue otra idea del socialismo que hizo creer a la inmensa parte de la población que era clase media y ya no era trabajador u obrero. Me parece un gran error.

    Todo es muy complejo y es un tema muy largo para debatir, Sí sin duda los Estados de hoy en día son un mastodonte administrativo al que hay que poner fin.

  13. La TECNOCRACIA como otra de las microutopias posmodernas. Interesante. Mucho.

    No dejaría de ser una ironía que la opción más popular para superar la dialéctica ideológica tan desprestigiada a ojos de los teóricos de lo crepuscular (De la Mora, Aron, Fukuyama etc) termine clasificada como una más de las fantasías de ingenieros sociales de la posmodernidad. Resulta casi divertido, despúes de tanta presunción de tanto tecnócrata zambo y su tecnocracia bizca.

    • Sobre los autores citados matizar que no jugaban en la misma división.

      Fernandez de la Mora y su tesis crepuscular de las ideologías e icono de lo tecnocrático, de hecho no aceptaba esa afiliación, a la que también consideraba compañera de viaje en el proceso crepuscular, y prefería el término IDEOCRACIA, esto es, una tecnocracia no desprovista de política sino de ideología (en el sentido negativo que para él tenía) desde Destutt de Tracy hasta la fecha).

      Por su parte el hegeliano Fukuyama, tampoco es un apologeta de el fin de las ideologías, sino más bien un defensor de la victoria y supremacía del modelo liberal Democrático.

  14. La verdad es que explicar el mundo de hoy como una consecuencia de la tecnocracia es un ejercicio vacío, síntoma de la nada del pensamiento actual. El tecnócrata no es más que el asalariado del mundo moderno, del mundo técnico. Ni pincha ni corta y además no está organizado políticamente.

    Otra cosa sería hablar de los ejércitos de empleados de las Administraciones Públicas del Estado. Estos sí que están organizados políticamente e imprimen un carácter a la política, por lo regular nefasto, oneroso y desenfocado de la realidad. Sean técnicos o administrativos, viven en una irrealidad que son los mundos de la Administración, pero tienen poder para que por medio de las ilusiones de la legislación, se sientan permanentemente arquitectos del mundo. Los políticos que mandan en todos los partidos proceden de esta cantera de locos peligrosos y muchos de ellos lo son. No es el poder de la tecnocracia, es el poder de las burocracias estatales lo que le está imprimiendo el carácter actual a la política en Europa. Y en el mundo anglosajón, que hasta hace poco se había más o menos librado del estatismo.

    Pero pese a todo lo que las estructuras condicionan la vida, el fondo del asunto se encuentra en la deflagración espiritual, filosófica y mental del pensamiento de Occidente, postrado y regodeándose en el láudano de una metafísica de la decadencia, correlato nervioso de la decadencia de la metafísica. El fin de los tiempos concretos y de las estirpes civilizadas mora, como la verdad, en el interior de nosotros mismos.

    • Por eso mismo no solo anida los locos de la administración….sino en todos nosotros.

      No se haga líos, nos dominan porque pueden (tienen el BOE agarrado por los cataplines) y porque se han adueñado del lenguaje y del “conocimiento”.

      Y se lo hemos permitido (bueno en España no nos hemos opuesto realmente desde 1850…o incluso nunca)

    • Buenos días Tamuda.

      Vamos, para decirlo con pocas palabras: cuanto más funcionariado público exista, más oxidada estará la maquinaria de la sociedad (económica, política, social,…)

      Y con un pellizco más, llegamos al otro extremo utópico: sin administración pública no habría estado, y sin estado, los individuos no tendría quién los controlara. El individuo habría alcanzado la libertad individual en un abrazo colectivo de todos con todos.

      Mire ud. por donde, Bakunin ya decía algo así.

      Un cordial saludo.

      • Hay quien dijo que de no haberse dado Bakunin, la ciencia europea hubiera podido seguir discutiendo los pronósticos catastrofales de Marx con la misma placidez con la que los bonzos observan las conjunciones satelitarias que anuncian periódicamente el fin de los tiempos. La alquimia de Bakunin, su “fuego filosófico”, es pieza necesaria para entender la combustión bolchevique y de los místicos profesos de la revolución.

        Pero su utopía está totalmente errada, porque todo orden, es un orden en autoridad, que no es un modo accidental de conformación, sino el verdadero principio ontológico de su constitución. Y esto es así porque el hombre es libre para hacer así o de otra manera, esto o aquello. Es decir, no está determinado por la Naturaleza. El problema de la política de todos los tiempos es determinar quién manda y cuánto manda. Asunto polémico que nos viene distrayendo y ocupando durante milenios.

        • Otro error grave; el hombre, el ser humano no es libre, está dominado por sus afectos, por su naturaleza del todo imperfecta. Hay que leer a Spinoza.
          Saludos.

    • Error; el devenir político de Europa, y de Occidente en general, lo marca la ofensiva totalitaria marxista de lo políticamente correcto, dirigida desde el ámbito universitario estadounidense por los Chomsky y demás pajarracos, herederos de la Escuela de Frankfurt, cuyo objetivo es acabar con la civilización occidental burguesa y cristiana para imponer el marxismo comunista en Occidente. Si no identificamos al enemigo, no podremos combatirlo.

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