Roger Tullgren, un ciudadano de Hässleholm, Suecia, tenía un grave problema. Su extremada afición a la música heavy metal le causaba multitud de conflictos laborales. Por asistir a todos los conciertos a su alcance, casi trescientos al año, faltaba al trabajo con demasiada frecuencia. Y su necesidad de escuchar música en horario laboral acababa exasperando a sus compañeros. Pero finalmente en 2008, con 42 años cumplidos, encontró la solución. Tras solicitarlo con insistencia, y mediando el informe de tres psicólogos, el Servicio de Empleo Sueco accedió a calificar su adicción al heavy metal como una discapacidad, una patología por la que no podía ser discriminado en el puesto de trabajo. La Administración le proporcionó una compensación dineraria por los días que, por asistir a conciertos, faltaba al trabajo. Y también el derecho a escuchar su música favorita mientras ejercía de lavaplatos en un restaurante. Eso sí, declaró, “no subo demasiado el volumen cuando hay clientes“.

Algunas décadas atrás habría resultado inconcebible alegar adicción a la música como excusa para no acudir al trabajo. La gente hubiera tachado a Roger de holgazán, excéntrico o poco voluntarioso. Y habría tenido que elegir entre su desmedida afición al heavy metal o un empleo remunerado. Pero todo ha cambiado radicalmente en los últimos tiempos. No sólo se ha incrementado notablemente la prevalencia de patologías como la depresión; también ha surgido un enjambre de nuevas enfermedades, síndromes o patologías mentales, antes desconocidas.

Se ha difundido la creencia de que los individuos son emocionalmente muy vulnerables, incapaces de gestionar sus sentimientos. No sólo eso, los familiares, las amistades, los conocidos, no serían adecuados para ayudar al sujeto a resolver estos graves y generalizados problemas: es imprescindible la ayuda de un experto. Es lo que se conoce como Cultura Terapéutica.

La cultura moderna ha convertido en patologías lo que antes no eran más que respuestas emocionales desagradables ante las presiones de la vida

La Sociedad Terapeutica tiende a identificar infinidad de sucesos como amenazas para el bienestar emocional de los individuos. Una simple fracaso, decepción o rechazo constituirían detonantes de baja autoestima, una enfermedad invisible que, según este enfoque, menoscaba la capacidad de las personas para tomar las riendas de su vida. Como señala Frank Furedi en Therapy Culture (2004): “la cultura moderna ha convertido en patologías lo que antiguamente no eran más que respuestas emocionales desagradables ante las presiones de la vida. Ha impulsado a los individuos a sentirse traumatizados y deprimidos por experiencias que hasta ahora se consideraban rutinarias“.

La ‘Cultura Terapéutica’: un mecanismo de control social

Los expertos se inmiscuyen en la vida privada

Así, la terapia psicológica se ha introducido en multitud de ámbitos que la gente resolvía antaño por sí misma o con la ayuda de familiares y allegados. Los padres, los abuelos esas figuras con experiencia vital, a las que se recurría en busca de consejo, han desaparecido como referentes, sustituidos por burócratas y expertos. Así, la emoción se politiza, esto es, las instituciones y los expertos se inmiscuyen en la vida privada de las personas, en sus relaciones familiares, de pareja, de amistad, fomentando que ciertas intimidades salgan a escrutinio público, a juicio de los expertos.

La pareja, la familia se describen como ámbitos de violencia, abuso,  lugares peligrosos especialmente para mujeres y niños

La cultura terapéutica presiona para que los sujetos no gestionen sus sentimientos con recursos propios, creando un ambiente que alimenta la sospecha sobre las relaciones privadas no controladas. La pareja, la familia, la amistad o la vecindad se describen como ámbitos de violencia, abuso… lugares peligrosos especialmente para mujeres y niños. Y se considera a los padres como sujetos carentes de las dotes necesarias para criar y educar correctamente a los hijos sin asesoramiento profesional. Multitud de puertas se abren a la intervención pública.

En su actitud recelosa hacia las relaciones interpersonales espontáneas, sean comunitarias o familiares, la invasión terapéutica tiende a erosionarlas, implantando la profesionalización, la vigilancia continua. Con ello, socava el sentido de intimidad necesario para los lazos personales y genera un círculo vicioso de vulnerabilidad porque son precisamente estas estructuras sociales las que ayudan al sujeto a superar las circunstancias difíciles de la vida.

Al fracturar las estructuras sociales amortiguadoras, la cultura terapéutica se convierte en una profecía que se cumple a sí misma

En lo que al trauma se refiere, no suelen ser tan determinantes los acontecimientos vividos como la forma en que los sujetos los entienden e interpretan. Así, la sociedad desarrolló estructuras espontáneas para amortiguar las experiencias más duras, unos mecanismos que la Sociedad Terapéutica ha ido desintegrando. De hecho, la gente podía responder a la adversidad volviéndose más resistente si percibía apoyo en su comunidad. Al romper los lazos, al fracturar las estructuras sociales, la cultura terapéutica se convierte en una profecía que se cumple a sí misma: los sujetos pierden fortaleza, resiliencia, se vuelven mucho más vulnerables ante acontecimientos desfavorables.

El advenimiento de la sociedad terapéutica comenzó en los años 60 del siglo XX y se consolidó en los 80. El sociólogo norteamericano Christopher Lasch fue uno de los primeros en percibir esta tendencia cuando señaló en The Culture of Narcissism (1979): “atormentado por la ansiedad, la depresión, una confusa insatisfacción y una sensación de vacío interior, el ‘homo psicologicus’ actual no busca el engrandecimiento individual ni la trascendencia espiritual, sino la paz interior. Se dirige a los terapeutas para alcanzar el equivalente moderno de la salvación: la ‘salud mental’. Así, la terapia se ha convertido en la sucesora de la religión“.

Terapia: uso frente a abuso

El problema de la terapia no es el uso, generalmente beneficioso para el tratamiento de enfermedades mentales y casos patológicos, sino el abuso, la recomendación generalizada para amplios segmentos de la población y el desplazamiento de las estructuras y soluciones que antaño permitían a las personas afrontar la adversidad.

Al convertir cualquier conducta inconveniente en una patología, la cultura de la terapia desplaza la responsabilidad individual

La ‘Cultura Terapéutica’: un mecanismo de control social

Al ir convirtiendo cualquier conducta inconveniente en una patología, en un problema de salud, esta cultura va desplazando la responsabilidad individual. Ya no hay culpables sino enfermos; ya no hay responsables sino individuos con personalidad adictiva. Y dado que la infancia y sus traumas determinan el futuro de cada persona, la familia y la sociedad acaban siendo los responsables de cualquier comportamiento torcido; no el sujeto. Así, el concepto de culpa individual se difumina, se traslada a la sociedad, a los grupos: se convierte en culpa colectiva.

Pero esta no es la única consecuencia. Dado que sentirse bien es el objetivo último, ciertas cualidades y virtudes antes valoradas, como el esfuerzo, el altruismo, el sacrificio o el compromiso tienden a devaluarse por causar frustración o infelicidad. Y el ideal de individuo extremadamente vulnerable impulsa a muchos grupos a reivindicar y adquirir al papel de víctima a la que, por definición, no se puede exigir responsabilidad alguna.

Socava las bases de la democracia

En Therapeutic Governance (2001) Vanessa Pupavac sostiene que “el paradigma terapéutico se ha convertido en la forma en que las instituciones estatales se relacionan con los ciudadanos: en la vida pública se generaliza la ‘política del sentimiento’; en la educación, la autoestima desplaza a la formación intelectual; en la familia se profesionalizan las relaciones y la crianza de los hijos. Este paradigma ha redibujado la relación política entre ciudadano y Estado“. Al fomentar la intervención de los poderes públicos en la vida privada, en la familia y en los espacios más íntimos, la cultura terapéutica va suprimiendo uno de los elementos esenciales de la sociedad abierta: la separación de los ámbitos público y privado.

El ciudadano se convierte en un sujeto vulnerable, merecedor de una actitud paternal por parte de las autoridades

La transformación del ciudadano en paciente socava las bases de la democracia. El individuo ya no es racional, ni posee capacidad para controlar al poder, ni puede actuar con libertad; es un sujeto vulnerable que requiere cuidados, merecedor de una actitud paternal por parte de las autoridades. El Estado tiene el deber de controlar su vida privada para evitar el sufrimiento pues es la Autoridad Terapéutica quien mejor conoce lo que conviene a las emociones.

El enfoque terapéutico contribuye a crear una ciudadanía débil, asustadiza, vulnerable,  infantil, un tipo de persona que, como Roger Tullgren, no puede perderse un concierto de heavy metal sin sufrir un trauma. Conduce a una sociedad fácilmente controlable por políticos, burócratas y expertos.


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Juan M. Blanco
Estudié en la London School of Economics, donde obtuve un título de Master en Economía, que todavía conservo. Llevo muchos años en la Universidad intentando aprender y enseñar los principios de la Economía a las pocas personas interesadas en conocerlos. Gracias a muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, he llegado al convencimiento de que no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos en el límite: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas.

22 COMENTARIOS

  1. “Surgió la llamada cultura terapéutica, una ideología que considera a los individuos frágiles, tendentes al fracaso debido a una baja autoestima. Por ello, fomentó estrategias para incrementar la autoestima de los sujetos, buscó supuestos atajos para alcanzarla… sin necesidad de trabajo o sacrificio, sin conseguir antes objetivo alguno, sin voluntad ni renuncia”

    Juan, tengo que decirle que cuando escribí mi comentario en este post, no había leído: “El Narcisismo: una incontenible epidemia social”. Le aseguro que de haberlo hecho, hubiera escrito en un tono menos irónico y con otro fundamento. Así que le pido disculpas si en algo he podido molestarle.

    A propósito de esa “cultura terapéutica” a la que se refería, es cierto que ese “movimiento” tuvo su auge en los 60, en los EE.UU y que puede compararse con ciertos rasgos que surgen con fuerza en nuestra cultura. Individuos que se sienten singulares por pertenecer a un determinado colectivo, como pueden ser por ejemplo, los independentistas en Cataluña o las mujeres que se sienten representadas por el colectivo feminista en todas sus reivindicaciones. Aunque no se yo, si en lugar de tener la autoestima alta, en realidad lo que esconden es muchos complejos.

    Los hipies de los 60 embriagados de “sentimiento y autenticidad”, también se rebelaron contra el orden establecido y contra las normas “correctas” de la sociedad de su tiempo, pero desde su posición confortable de “elevación de conciencia a través” de las drogas sintéticas y sin ánimo real de transformar la sociedad que decían detestar. Hasta que un buen día acabaron pasando de moda.

    Dicho esto, la sentencia que cita para ilustrar el artículo, me sigue pareciendo inadecuada, porque, si nos servimos de lo excepciónal, algun que otro “narciso” de estos u otros colectivos que le refiero podría poner ejemplo de sentencias disparatadas en nuestro país, como la que protagonizó recientemente un tuitero que”suplantó” la cara de Jesucristo por la suya propia. Y esta sentencia podría ser utilizada para ilustrar la otra cara de la “corrección política” igual de narcisa, ensimismada y vulnerable a la ofensa.

  2. Respecto a la sentencia favorable al “adicto a la música heavi” en la que sustenta su teoría de “cultura terpéutica”, no le negaré que puedan darse sentencias disparatadas, pero ni es lo habitual ni puede elevarse a categoría esa anécdota para apoyar sus tesis. Dice que:

    “Se ha difundido la creencia de que los individuos son emocionalmente muy vulnerables, incapaces de gestionar sus sentimientos. No sólo eso, los familiares, las amistades, los conocidos, no serían adecuados para ayudar al sujeto a resolver estos graves y generalizados problemas: es imprescindible la ayuda de un experto. Es lo que se conoce como Cultura Terapéutica”

    Vaya, Juan Manuel, qué sencillo parece todo. Basta difundir esa “creencia” sin fundamento, según usted, para que se instaure la llamada “cultura terapéutica”. Se diría que echa de menos los tiempos del realismo mágico donde la fe a dioses y chamanes, a través ritos religiosos y paganos no solo elevaba la moral del tropa sino que también movía montañas de emociones y daba sentido a sus vidas sinsentido. Esto sucedía básicamente cuando los familiares, amigos y conocidos del sujeto eran insuficientes para aliviar su pesar o sufrimiento en la tierra, también para descargar su sentimiento de culpa o para recibir ese alimento del espíritu que les permitiera vivir en paz y armonía en medio del caos.
    Pero un buen día el verbo de la la ciencia se hizo carne y lo puso todo patas arriba, incluidos esos consejeros espirituales de confesionario y chamanes de toda clase y condición, que durante siglos ostentaron tamaña influencia en los individuos y en la sociedad que los arropaba.
    Es cierto que con el tiempo, la ciencia, a pesar de sus limitaciones en muchos campos, llegó a convertirse en la nueva religión, relegando los actos de fe a un plano más ancestral y secundario que ya no convencía a la gran mayoría de la población, aunque una parte de esa población siguiera y siga supeditada a esos actos de fe para encontrar respuestas a su latente malestar emocional.

    Y así es más o menos cómo los consejeros religiosos y los chamanes han sido desplazados por los expertos en emociones y comportamiento humano. Unos expertos que en la prestación de los servicios que le son demandados, utilizan técnicas no supeditadas a los actos de fe, que son algo más sofisticadas que las que dominaban chamanes y consejeros en los tiempos del realismo mágico.
    Y la mayoría de expertos en nuestro país ejerce de forma privada para atender el reclamo de la población, y con poco margen de maniobra en el sistema nacional de salud. Un sistema en el que sigue imperando el modelo biomédico, con gran preferencia por la prescripción farmacológica, que no terapéutica. Así que, no acabo de vislumbrar esa “cultura terpéutica” de la que habla en su escrito, invadida por expertos.

    Si quería incidir en el hecho de que se patologizan en exceso ciertos desajustes y desequilibrios del individuo convirtiendo lo que podrían ser síntomas normales en patológicos no necesitaba recurrir a esa supuesta “cultura terpéutica” de la que se hace eco, porque los mismos expertos en comportamiento humano denuncian esos excesos de “anomalías” que acaban aumentado las categorías diagnósticas en los manuales de psiquiatría. Así que lo que impera en nuestra cultura y sistema de salud es la “terapia” farmacológica, con más efectos secundario y menos inocua, pero bastante más barata y fácil de admnistrar que una terapia psicológica en condiciones.

    Y créame si le digo que, cuando el ciudadano tiene que pagarla de su bolsillo, de no ser una situación de verdadera necesidad, renuncia recurrir a los expertos y elige otros canales más mundanos para aliviar su maestar o gestionar mejor sus emociones. Las redes sociales dan buena cuenta de de esa “cultura terpéutica” de la que habla, con seguimiento fiel al coach, al yotuber o al influencer, por no hablar de otros chamanes de la misma fauna dispuestos a elevar la moral de la tropa y dirigirles directamente con sus sabios consejos a la felicidad y al éxito.

    • Primero, puede que no entienda realmente lo que escribió usted, pero me arriesgaré a pensar que sostiene que esta “cultura terapéutica” y el control social no son tal cosa, de ahí que prosiga con que esta teoría no tiene base, que en realidad la sociedad depende más del fármaco. La respuesta es sí y no. Sí hay una cultura de consumo que engloba el fármaco-terapia una vez hecho el diagnóstico de un experto (industria que mueve millones), en lo de control social es difícil de ahondar. Antes que todo, citar por ejemplo a Marilyn Monroe y a Marlon Brando y su experiencia con el psicoanálisis cuando este es puro mercantilismo y moda, Norma Baker acabó destrozada y explotada no solo por los estudios de la Fox sino que también por falsos médicos en el auge de la” psico”, expertos que le ofrecían el psicoanálisis, fármacos y terapias a cambio de que pagase una gran cantidad de dinero y, tal cual describe usted al final, los siguiera vehementemente como líderes que le ofrecerían salvación/borrar por un rato su sufrimiento (aún cuando la hija de Freud, Anna, diagnosticara los problemas de Marilyn como de difícil solución y solo la tratase por un cortísimo tiempo, hoy su centro forma parte de la lista que reciben regalías de la venta de la imagen de Marilyn porque ella los puso en su testamento o por otra razón más compleja de explicar aquí). Creo que el artículo no va dirigido a desmentir los beneficios de una buena terapia que da un experto, sino del abuso de la misma y la dependencia en la que puede caer un individuo, que en el caso de Marilyn cito de nuevo, ella no mostraba adicción a un fármaco según Greenson pero necesitaba de otra persona para saber qué siente, cómo juzgar sus relaciones sexuales con hombres y mujeres, re-construír su pasado con regresiones y hasta saber cómo lograr un orgasmo. La terapia y las vidas pasadas fueron moda en Hollywood, puedo ir más allá y citar al libro “Muchas vidas, muchos maestros” y los viajes por el mundo de este experto de la “psico” y sus terapias grupales y el rollo de las vidas pasadas y la regresión que aún son moda y se consideran terapia, pero el post queda muy largo. Discrepo con su opinión en el séptimo párrafo, aquí en Chile era común visitar al psicólogo y al nutricionista por “desórdenes” como ser un niño muy inquieto y no poder estar sentado tantas horas en clases, o enamorarse de un personaje de anime y que el padre llevase a su hijo a terapia y le buscara una novia de verdad (casos reales), pero no era común ver al psiquiatra y dar el fármaco sin alguna clase de terapia, la que incluye hablar y hablar con el experto para que lo revise. Ahora están surgiendo estos enfoques holísticas que tanto hacen falta de manos de expertos donde hasta visitan la casa del paciente, donde la persona en cuestión hace un cambio no solo de alimentación sino que de vida, y que la farmacología+terapia que solo se enfocan en el individuo, peor aún, la homeopatía o la astrología no logran cubrir por sí solas.

  3. Le aseguro Sr. Blanco, que al comenzar a leer su artículo, tenía la sensación de estar leyendo una crónica de El mundo today.
    Como conocía de antemano la trisre peripecia del programa iniciado en los 70′ por el Sr. Olof Palme, dejé el ánimo festivo a un lado y me dediqué a rellenar los huecos que había dejado en mí la visión de la (pelín exagerada y tendenciosa película): La teoría sueca del amor, del realizador italiano: Erik Gandini. Esta cinta rememora los comienzos de un programa estatal en la época del malogrado Olof Palme, que partiendo de una idea que parecía tener visos de sensatez, se convirtió en un fespropósito que guarda mucha relación con el lavaplatos ”heavy”
    Yo no sé si la tristeza nórdica es anterior o posterior a estos ”logros sociales”, pero mucho me temo que, si bien su climatología tan adversa pudiera tener parte importante en el ánimo taciturno de los hombres de hielo, sin duda este clientelismo social y paternalista de una sociedad satisfecha, ha dado una vuelta de tuerca muy notoria en la degradación psicológica de este colectivo, a priori, sibreprotegidi y alienado.
    La penosa escena en que una mujer sin problemas de fertilidad, recurre al ”Amazon” del esperma, lo recibe como quien se hace con un libro o un reproductor de Cd’s y se dispone a inyectarse en la vagina a un hijo de un semental desconocido pero que cumplía con los protocolos sanitarios ( por supuesto previo pago de sus esfuerzos (o acto de amor propio) como quiera llamarse, es de una tristeza infinita.
    Mi teoría es que la automatización y la robótica; la desaparición de las labores tradicionales y el desapego social, así como un excedente de mano de obra que en algo tendrá que ocuparse para garantizarrse los garbanzos y el salmón, han propiciado una serie de nuevas profesiones que deben atender a la tontuna de quienes consuderan que el tratocsocual y las responsabilidades compartidas, son aventuras muy estresantes para su mermada condición de primates.
    Somos demasiados tras los avances tecnológicos que hacen la vida más secilla y las listas del desempleo más hermosotas, por eso surgen infinidad de chamanes con corbata, que o por un precio asequible, ye dicen cómo vivir, apelando a su condición de expertos de la fecadencia humana.

  4. En la Suecia de Olof Palme y sus camaradas se buscó deliberadamente sustituir a la familia por el Estado a partir de aquel manifiesto de 1972 (La familia del futuro: una política socialista para la familia), el resultado fue el origen de una sociedad ultraindividualista donde las personas dependen entre sí pero por intermediación del Estado, es decir rompieron los lazos entre parejas, padres, hijos, abuelos e inclusive amigos, ya que con llenar un formularios y llevarlo a una ventanilla bastaba para pedir ayuda de algún tipo sobre todo económica, lógicamente esto al final desencadeno 40 años después en una sociedad solitaria, depresiva y reprimida, pero no solo ha pasado en Suecia ha sucedido en todos los Estados del Bienestar en menor medida y por supuesto no faltará el socialista que culpe al “capitalismo neoliberal salvaje” de engendrar la sociedad de mierda que ellos produjeron con su maldito clientelismo, ya que el objetivo de todos ellos no es ayudar a la gente sino hacerlas dependientes del Estado para que siempre les voten, para lo cual deben incentivar el victimismo y precisamente en esa sociedad estamos, ya que de una forma u otra todos somos víctimas de la vida y sobre todo de nuestras propias decisiones y en vez de crear sociedades mejor preparadas para enfrentar la vicisitudes de la vida o tomar mejores decisiones se ha engendrado lo contrario con décadas de paternalismo estatal.

    • Acertadísimo enfoque libertad canaria, le recomiendo que vea: La teoría suecacdel amor; un fim revelador del daño que ouede hacer a los individuos, y por ende a la comunidad,el llevar al extremo lo que en principio oarecía una buena idea.
      Le agradezco mucho que haya dedicado su tiempo a compartir estas aoreciaciones tan lúcidas co el testo de los lectores.

  5. Pechos, entiendo que conocemos la diferencia entre la Psicología de la Gestalt (Gestalt-psychologie), y la Terapia Gestalt (Gestalt therapy)… Lo digo por la referencia que citas.

    No son en absoluto lo mismo, aunque la segunda tome prestados ciertos presupuestos de la primera. Que se apelliden igual resulta en cierta medida anecdótico, porque la Terapia podría ser conocida también por sus otras denominaciones: terapia del aquí y ahora, terapia de contacto, terapia de autenticidad, teoría del sí-mismo, experiencialismo ateórico, proceso dialógico…
    Saludos cordiales.

    • Sin ser buen conocedor ni de la terapia ni de esa corriente de la psicología, eso me parecía. Por eso he puesto el enlace y no he dicho más.

      Yo les recomendaría cambiar de nombre a la terapia (por uno francés o ingles o alemán que quedan chulis y si no no vende uno una escoba)

  6. Buen artículo, uno más, del autor.

    No quiero creer en la teoría de la conspiración, pero… ¿hasta qué punto la “cultura terapéutica” no está siendo estructurada por grupos intervencionistas organizados?

    Pregunto, en mi ignorancia.

    • Es más bien una idea:

      La escuela de Frankfurt, los posmodernos, el postmarxismo….todo lleva a que no hay categorías salvo una : el poder. Surge por tanto la alienación. El hombre moderno está permanentemente “alienado”….

      A que le va sonando la música…

      El hombre (el humano) vive lleno de problemas. Hay que “solucionárselos”

      En todo ello la trampa es cojonudamente buena: como la mayoría de nosotros tenemos problemas nos gusta que nos los solucionen…y aquí llega el caballero blanco.

      El impulso del mínimo esfuerzo lo tenemos todos: de ahí nace la revolución.

      Cuando Nietzsche declaró la “muerte de Dios” (que “ya había muerto” un siglo antes) nos quedamos sin la referencia moral del esfuerzo ( o por lo menos para una parte de la gente) (rasgos muy parecidos existen desde siempre, creo)

      O sea, es casi un instinto que impregna una gran parte de nuestra cultura.

  7. En parte de acuerdo, y en parte no. El fondo es correcto, pero no la forma.
    Creo que no debería emplearse la conceptualización ‘Terapia’ ni el campo de ‘lo terapéutico’ para desarrollar una crítica hacia un modelo evolutivo social intencionadamente erróneo, que realmente está ‘psicopatologizando’ los eventos y procesos humanos más elementales. Dejando de lado la etimología, pues hoy día el concepto abarca significados mucho más amplios que la curación de dolencias y enfermedades desde un punto de vista médico.

    Así, mi término de elección es PSICOPATOLOGIZAR. Partiendo de esta base, sí es real que desde numerosas instancias se está ‘psicopatologizando la vida cotidiana’. Este es el verdadero problema. Pero no metamos a las terapias o lo terapéutico en el mismo saco. Gran parte de las terapias contribuyen al desarrollo del potencial humano, al desarrollo individual de la persona, afirmando precisamente la responsabilidad del individuo en su devenir vital. Máxime desde la Psicología Humanista.

    Las Terapias Psicológicas, la Psicología, la Psiquiatría, no se encuentran relacionadas con la psicopatologización global, si no fuera por medio de algunos individuos, que por supuesto no representan de forma absoluta y única a estas disciplinas del saber. La gran mayoría de profesionales estamos muy alejados de esa concepción bastarda del acontecer vital, seguramente impulsada por los próceres políticos y sus ingenieros sociales, en su afán de infantilizar a los individuos.

    Por ejemplo, desde la Terapia de la Gestalt hacemos hincapié en que cada uno acepte la responsabilidad de sus propios actos, y no ponga en los demás lo que no está en ellos, sino en SU forma de percibir y relacionarse con el mundo; se sale de la matrix para no proyectar en el otro, dejamos a un lado clichés, roles, juegos sociales… Se habla siempre en primera persona, y sobre lo que YO siento, creo, vivo, pienso…

    -Tomar completa responsabilidad de las acciones, sentimientos, emociones y pensamientos propios.-

    “Ser responsable conlleva estar presente, estar aquí. Y estar verdaderamente presente, es estar consciente. A su vez, estar consciente es una condición incompatible con la ilusión de irresponsabilidad por medio de la cual evitamos vivir nuestras vidas”. Claudio Naranjo

    “La responsabilidad no es un deber sino un hecho inevitable. Somos los actores responsables de cualquier cosa que hagamos. Nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla. Y percatarse de la verdad, nos cura de nuestras mentiras.” Claudio Naranjo

    “Cuando aparece la sabiduría aparece también una mayor libertad; la vida se pone en orden y todo fluye como debe fluir” Claudio Naranjo

  8. La tesis sobre la “psicopatologización” de la cultura occidental fue anunciada por la literatura de distopía, en particular por el novelista inglés James Graham Ballard desde los años 70 y ha alcanzado su más profunda formulación a partir de sus últimos novelas de mediados de los 90 hasta llegar a “SUPERCANNES”, su mayor logro.
    Hay que leer a este autor para entender que la sociedad occidental ya no habita el viejo principio de realidad fundado sobre el sistema de valores burgueses (ahorro, esfuerzo personal, mérito, capacidad, responsabilidad individual…) sino que se va instalando lenta pero sólidamente en otro nuevo principio, que tal vez sea el de un tipo muy particular de placer, todavía quizás no del todo perverso, pero cada vez más las tendencias apuntan a las descritas por el escritor inglés: la vida mutilada de toda negatividad (enfermedad, vejez, muerte, dolor, pasiones, “irracionalidades” intolerables para el tecnocientifismo que preside el “acting out” del tipo de poder político que hoy domina la “Civilización” occidental) .
    En todas partes vivimos ya el sueño diurno de una violencia que nos liberaría de una tutela omnímoda que ocupa todos los espacios de la vida, hasta los más secretos. Pero el planteamiento de Ballard es mucho más original e inesperado: la patología no es lo opuesto a la normalidad, un margen más o menos permisible o condenable a la oscuridad, sino aquello que sostiene a la normalidad, su verdadera infraestructura. Lo patológico no va a funcionar como expresión de represiones y por tanto como liberación de ellas sino más bien como la verdadera fuente de la que se alimenta la normalidad, que la necesita para aparentar la coherencia de su edificio agrietado.

  9. Muy buena reflexión, Juan Manuel. El Estado terapéutico y farmacrático, que medicaliza la vida y convierte en enfermedad oficial los gustos, obsesiones o manías propios, es enemigo de la responsabilidad individual y, por tanto, de la libertad. No me resisto a recomendaros un libro que publicamos hace poco, que niega incluso el concepto de “enfermedad mental”. Escrito por el psicólogo Rafa Millán, su título es: “Las enfermedades mentales no existen… son los padres”. Aquí te dejo un enlace http://www.editorialmanuscritos.com/epages/ea8141.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/ea8141/Products/millan

  10. Además de propiciar una sociedad débil, acomplejada, infantil y dependiente del papá Estado, se produce otra consecuencia mucho más grave: la medicalización de actitudes normales y cotidianas con psicofármacos.

    En Estados Unidos toman dichas drogas más del 20% de la población.

    Lo más terrorífico de las estadísticas de la gente que se droga es la distribución por edad.

    Drug Class: Age Group: Number of People:
    All Psychiatric 0-5 Years – 1,080,168
    Drugs Breakdown:
    0-1 Years 274,804
    2-3 Years 370,778
    4-5 Years 500,948
    6-12 Years 4,130,340
    13-17 Years 3,617,593
    18-24 Years 5,467,615
    25-44 Years 21,029,136
    45-64 Years 28,143,196
    65 Year + 17,404,930
    Grand Total 78,694,222

    Que 70 millones de personas escapen de la realidad utilizando estas drogas me parece normal en la sociedad actual. De hecho, casi el 100% de la población mundial utiliza drogas para no enfrentarse consigo mismo y con la realidad cotidiana. Lo que se puede considerar un crimen contra la humanidad es la administración de estas drogas a 5 millones de niños menores de 12 años, que por su edad no han tomado la decisión de drogarse ni necesitan escapar de ninguna realidad.

    Para calificar la inmoralidad de drogar a 274.000 menores de un año el diccionario de la real academia de la lengua no dispone de los insultos adecuados. ¿Cómo se diagnosticará de ansiedad a un pobre inocente de menos de 12 meses? ¿Porque chupa frenéticamente el chupete?

    Lo más sangrante es que uno de los graves efectos secundarios de los psicofármacos es que incrementan el riesgo de suicidio, como muy bien explica en el vídeo Peter C. Gøtzsche, doctor en Medicina, Máster de Ciencia en Biología y Química, investigador en temas de medicina y director del Nordic Cochrane Center de Copenhague (Dinamarca).

    • En EEUU también lo han usado para enganchar en la heroína a la población blanca dando derivados de la morfina hasta para un resfriado. Ahora hay cientos de muertes por sobredosis por la llegada, curiosamente oportuna, de nuevos sustitutos mas potentes que la heroína.

  11. Buen y descriptivo artículo.
    En resumen: a más Estado, menor Libertad.
    Si dejamos en manos de otro (papá Estado), las decisiones vitales de cada uno (erradas o correctas, las que sean), perderemos lo más importante y lo que nos define como especie: la Libertad.
    Esta cualidad, junto a la capacidad de tomar esas decisiones en base a una escala de opciones y consecuencias (la Ley), nos hacen singulares y únicos: el Hombre.
    Uf, hoy me he levantado un poco filosófico…

    • Totalmente de acuerdo, el Estado, al aumentar su ámbito de actuación, vacía de contenido a la comunidad e induce al individuo a esperar la prestación o ayuda que cree que le es debida. Pasa algo parecido con la técnica, delegamos nuestros asuntos en ella tan a menudo que lesionamos nuestra soberanía personal. Si uno no pelea por sobreponerse a sus problemas y espera que el Estado le saque las castañas del fuego, no sale reforzado y con más confianza de ellos, al contrario, sale mermado, con sensación de impotencia y deuda.

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