Son las 21:45 horas cuando entro por urgencias. Me asomo a ver cómo se encuentra la zona de policlínicas (dolencias leves propias de centro de salud) y veo que el próximo paciente para ser atendido es de las 19:30. Resoplo mientras pienso que va a ser una guardia muy larga, como siempre.

Prosigo hacia la zona de boxes y mi compañera de la tarde me sonríe con alivio: llego en su rescate. Me da el parte, tengo bajo mi responsabilidad a seis personas en boxes (dolencias que necesitan atención continua y monitorización) y, además, otras dos en el pasillo. Veo que están en situación similar el resto de boxes (20 boxes para tres enfermeras y tres auxiliares de enfermería). Sin olvidar que hay una ambulancia esperando a dejarnos el paciente y otra persona esperando también (insisto, zona de boxes).

Para culminar el inicio de turno, esta noche me toca también entrar en el cuarto de reanimación. Van llegando el resto de compañeros y nos vamos organizando, comienza una historia interminable: un imparable flujo de pacientes que sobrepasa los limitados recursos médicos y crea un estado crítico conocido como Código Negro.

Lo que acabo de relatar brevemente es del todo conocido por cualquier profesional sanitario que trabaje en un servicio de urgencias. Un servicio saturado por la alta demanda de atención y por unas condiciones de trabajo precarias. Hay días más relajados (cuando hay un partido de fútbol) pero abundan los días peores. Es una tónica muy habitual que pasa factura. El sistema es deficitario y trabajar de ese modo nos lleva a quemarnos. Sin olvidar la hostilidad y agresividad, comprensible que no justificable, de algunos pacientes y familiares.

En los últimos años los profesionales sanitarios sufren un aumento del estrés y de los trastornos mentales

El síndrome de Burnout (“quemado”), descrito en 1969 por H. B. Bradley, se produce como respuesta a la exposición prolongada al estrés del trabajo. Fatiga crónica, despersonalización y baja realización personal son algunos de los síntomas. Esta insatisfacción puede dar lugar a un menor nivel de atención, más errores e incluso menos empatía y peores relaciones. En definitiva, es el distrés (angustia) moral que padece el profesional cuando sabe cuál es la manera más idónea de atender a las personas, pero no puede llevarla a cabo por las restricciones que impone la organización y el sistema sanitario. Por ello, si el paciente sufre un daño, los sanitarios serán segundas víctimas.

Segundas víctimas

En los últimos años los profesionales sanitarios sufren un aumento del estrés y de los trastornos mentales. Según estudios llevados a cabo por el SATSE y la Organización Médica Colegial, entre otros, estos problemas de salud guardan una estrecha relación con la sobrecarga laboral.

El Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME) en 2016 atendió a 323 médicos, de los cuales el 29,4% padecían trastornos del estado del ánimo, 19,4% trastornos relacionados con el consumo de alcohol y otras sustancias y 15,4% trastorno de ansiedad. Aunque estas afecciones no tienen por qué derivar directamente del trabajo, sí guardan una relación con las condiciones laborales y las políticas en torno al sistema sanitario. Sea como fuere, el trabajo siempre es nombrado entre los determinantes de la salud y, por lo tanto, a tener en cuenta cuando los médicos experimentan la mayor tasa de suicidio de cualquier profesión.

Atención contra reloj y deshumanizada

Hoy nos encontramos con “consultas de alta velocidad”. En apenas unos minutos, el sanitario tiene que tomar decisiones trascendentales para con los pacientes. Esto y la excesiva presión está perjudicando al paciente, a los sanitarios e incluso al propio sistema sanitario. Evaluar, diagnosticar y tratar en menos tiempo de lo aconsejable y necesario lleva a errores de detección, percepción o prescripción.

Además de las consecuencias sobre el paciente, a veces mortales, supone un coste económico. Según un informe de la Comisión Europea, España es el 5º país europeo que más paga por errores médicos: 1.386 millones de euros. Pero también hay que tener en cuenta que es difícil medir los costes por errores y por efectos adversos dados, porque no existe una metodología común para estudiarlo y compararlo con otros países.

A ese coste sanitario hay que añadir el humano. Y es que nos encontramos con sanitarios que dejan la profesión tras un error grave. Según un estudio, el 3% de los médicos acaban dejando la profesión. Dentro de los errores cabe destacar el concepto “pérdida de oportunidad asistencial” que se da cuando se priva de una prueba diagnóstica o de tratamiento al paciente y sufre por ello, incluso acaba falleciendo. Según la Revista Española de Medicina Legal, de 2002 a 2014 se dictaron 519 condenas por este aspecto.

Para analizar el impacto de los errores de los sanitarios se necesita analizar también la mala praxis institucional

Bajo el grueso manto de los recortes y de las condiciones laborales precarias, se esconde también otro hecho relevante: por cada nuevo paciente quirúrgico que atiende una enfermera, aumenta el riesgo de mortalidad hasta en un 7% en los 30 días siguientes tras el ingreso. Son las consecuencias de intentar hacer más con menos. Cuantos más pacientes se tiene a cargo, menos tiempo hay para atenderles, para lavarse las manos entre uno y otro o para detectar las señales de alarma, por ejemplo. Son tiempos vitales y se reducen cuantos más pacientes hay que atender.

Sin duda alguna, para analizar el impacto de los errores de los sanitarios se necesita analizar también la mala praxis institucional. La falta de organización y de medios y las condiciones en las que se trabaja conduce a errores y eventos adversos en la práctica clínica que dependen de la administración y, por ello, debería tenerse en cuenta sobre todo a la hora de depurar responsabilidades.

Víctimas que son también victimarios

Todas esas condiciones que he descrito no dejan de ser caldo de cultivo para la violencia. Todo ello unido a la politización de la sanidad, donde “el cliente siempre tiene la razón”, ha puesto en segundo lugar a los profesionales de la salud y ha generado situaciones de riesgo: agresiones.

Establecer umbrales bajo los cuales se justifican las agresiones, convierte a todos, pacientes y profesionales de la salud, en potenciales agresores

Es comprensible la frustración que, en un momento dado, puede vivir un paciente y sus familiares. Comprensible el miedo y la sensación de impotencia cuando se tu salud está en peligro y se produce una demora de horas, días e incluso meses. Compresible, pero no es razón para hacer uso de la violencia como medio de resolución de la situación conflictiva o de insatisfacción. Tampoco es razonable convertir esas agresiones al personal sanitario en una consecuencia directa de las decisiones de gestión y de organización. Al igual que tampoco es justificable que un profesional sanitario abuse, menosprecie, ignore o agreda a quien depende de él, por muy “quemado” que esté. Dibujar umbrales bajo los cuales se justifica las agresiones convierte a todos, pacientes y profesionales de la salud, en potenciales agresores.

Salud necesitamos todos

Proporcionar una atención de calidad al paciente requiere tiempo. Sin embargo, la cultura de la demora cero junto con el desgaste personal y la sobrecarga asistencial han deshumanizado la atención sanitaria. Como dijo en cierta ocasión Javier Padilla (médico salubrista), la sensación que tenemos los profesionales de la salud es que sostenemos un sistema que hace picadillo a quienes forman parte de él. Quizá, como dijo Arturo Pérez-Reverte, tenemos la sanidad pública que no nos merecemos. Quizá, como apuntaba Félix (médico de familia de Urgencias), la dependencia de los pacientes es directamente proporcional a nuestra mala praxis cada vez que hacemos medicina defensiva.

La sensación que tienen los profesionales de la salud es que sostienen un sistema que hace picadillo a quienes forman parte de él

Lo cierto es que vivimos una de las mayores crisis de la sanidad, por la que pasamos todos, profesionales y pacientes. Una atención precaria que es enterrada por los conflictos sociales y políticos y que, en consecuencia, pasa desapercibida en la actualidad. El trabajo se hace, salvamos vidas, pero en ocasiones a costa de nuestra propia salud. Mientras no cambiemos el mundo exterior (las condiciones laborales y los factores sociales y ambientales) seguiremos perpetuando un sistema sanitario deficiente que sobrevive a costa de todos. Sólo cabe hacerme una pregunta, ¿cuándo va a empezar el Estado a alinearse con la lógica que los datos, el conocimiento y la sociedad demandan?

Foto: Piron Guillaume


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Soy Cuca, para las cuestiones oficiales me llaman María de los Ángeles. Vine a este mundo en 1986 y mi corazón está dividido entre Madrid y Asturias. Dicen que soy un poco descarada, joven pero clásica, unas veces habla mi niña interior y otras una engreída con corazón. Abogo por una nueva Ilustración Evolucionista, pues son dos conceptos que me gustan mucho, cuanto más si van juntos. Diplomada en enfermería, llevo poco más de una década dedicada a la enfermería de urgencias. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con diversos estudios. Entre ellos, me adentré en la Psicología legal y forense que me llevó a realizar un estudio sobre La violencia más allá del género. He tenido la oportunidad de ir a Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo), donde he asistido a los encuentros «Mujeres fuertes, hombres débiles» y «Understanding Intimate Partner Violence against Men». En estos momentos me encuentro inmersa en la formación en Criminología y dando forma a mis ideas y teorías en relación a la violencia, para recogerlas en un libro. De momento me podéis leer por aquí, en Espacios Inseguros y también en Twitter. Otros medios y redes para saber más sobre mí.

27 COMENTARIOS

  1. Un magnífico artículo, como los anteriores de la autora. Creo que muchos de los usuarios de la sanidad pública no la criticamos duramente porque ha sido un tótem para la población poder acudir a una sanidad que la mayoría de nosotros no podría sufragar privadamente. Y tememos perder su paraguas protector. Si -como es mi caso- sufres una enfermedad neurodegenerativa- ese temor se convierte en pánico. Y, claro que percibimos las deficiencias de la sanidad pública; la falta de implicación e interés de muchos profesionales sanitarios; la desidia de otros que intentan que, incluso una simple analítica, te la demande otro especialista para que no sea un gasto achacable a su consulta; cómo nunca nos llegan esos tratamientos que salen en la prensa; cómo las citas se retrasan en más de 6 meses; la brecha de edad y modos de entender la medicina entre el médico cercano a la jubilación y los jóvenes que acceden a los hospitales y que se ven frustrados en realizar sus propósitos. Espero que la burbuja de la sanidad pública no estalle nunca pero es muy penoso ver en que situación se encuentra.

    • Buenas, Cibeles1.

      Es comprensible no querer criticar duramente algo como es la sanidad, lo entiendo perfectamente, más si eres una persona que necesita una dosis extra (me refiero a las situaciones como la tuya). Todo ese miedo se utiliza muchas veces para perpetuar este sistema que nos hace picadillo a todos. Aquí, como en cualquier situación crítica, somos todos tanto responsables como víctimas del mismo. A mí, personalmente, me gusta pensar (quizá sueño alto) que si todos hacemos por arrimar el brazo, si sumamos pequeñas fuerzas individuales el cambio sería efectivo.

      Muchas gracias, un saludo.

  2. Me reafirmo en todo lo que te dije ayer en Tw. Es mas, el mensaje que subyace en tus artículo, tú misma lo incluyes en alguna de tus respuestas.

    De todos modos, me da igual lo que digas u opines, lo que no soporto es el llanto lastimero de unos funcionarios privilegiados que se quejan de lo mala que es la sanidad pública porque no tienen los medios que a su juicio necesitarían, pero no se van, no se despiden, no hacen nada por crear una sanidad libre e independiente, una sanidad que no tenga colas de espera de 100 días. Una sanidad en la que el paciente sea el importante. Hacen huelga para reclamar mayores sueldos, pero no hacen huelgas para que desaparezca la SS.¿o es que cuando estas enfermo te gusta que te digan vuelva Vd. otro día que estoy muy ocupado?. ¿por que el Estado debe monopolizar los servicios si no sabe darlos?. La gente se va a ser atendido por médicos de igualas y luego van a la SS a pedir las recetas.

    No se puede crear una empresa con recursos infinitos. La GE, Apple, y otras grandes empresas, facturan mas que el PIB español y tienen menos de 100.000 empleados. España tiene 3 millones de funcionarios.

    La Constitución consagra el libre mercado en el territorio nacional. ¿Por qué no deja libertad de establecimiento y se somete a la competencia para ofrecer sus servicios en igualdad de condiciones que los demás?. Los pacientes elegirían y pagarían los servicios mejores, según ellos, y así comprobaríamos la bondad de la que se habla en los medios mamporreros y políticos. Se dice que hay mucha gente que no tiene medios para costearse la salud y estaría desamparada. El Estado puede arbitrar medios para atender de forma subsidiaria esos supuestos. Incluso podría habilitarse un cheque sanitario.

    Decir que hay libertad en un espacio político donde los servicios los presta el Estado es una farsa.

    No se puede ser hipócrita denunciando a un empleador, desde la seguridad del atalaya de funcionario, y no tener la dignidad de coger la maleta y marcharte cuando no estas de acuerdo con la cultura de la empresa.

    Solo la competencia y la competitividad resolverá el problema que denuncias. Además se conseguirá que el importante sea el paciente. ¿para qué es la sanidad si no?.

    • Buenas, Liberatibus.

      En mis respuestas, como en mi artículo, la queja es sencilla: los recursos que hay no son eficaces. Pero en lugar de evaluar y analizar por qué, aquí todo el mundo mira para otro lado. Por cierto, por recursos no sólo son materiales sino humanos que es mi queja si se sabe leer y comprender el artículo: a más pacientes menos tiempo para evaluar, diagnosticar y tratar, menos tiempo para lavarse las manos, menos tiempo para prestar atención a las señales de alarma. A más pacientes por profesional se reducen los tiempos de asistencia de calidad. Eso es lo que explico en el artículo. No es cuestión de recursos materiales, que también, sino de comprender que, por ejemplo, una enfermera de urgencias para 6 personas críticas está por encima de los ratios de calidad; un médico en 4 minutos no puede evaluar, diagnosticar y tratar a un paciente. Ojo, también los recursos materiales son necesarios porque si te trasladas a la sanidad privada es un estrés trabajar sin recursos, sin gasas o sin llaves de tres pasos o sin guantes porque “habéis excedido el stock aprobado”, como si la asistencia sanitaria se tratase de unas matemáticas. Pero en fin, es más fácil echar pestes y generalizar sin sentido e ignorar la multicausalidad de una problemática como es la sanidad (pública y privada).

      Claro que hay profesionales que miran para otro lado, como también los hay que miran solamente por su bienestar y supervivencia, pero también los hay que un día decidimos parar y ser ejemplo de coherencia aunque eso nos ha supuesto, a muchos, al ostracismo. Pero nunca se me ocurriría tildar a todos los profesionales sanitarios de hipócritas e inhumanos, como has hecho tú. Como tampoco se me ocurriría tildar de ignorantes y estúpidos a los ciudadanos que, como tú, sólo ven lo que quieren ver para reforzar su opinión sesgada.

      Un saludo.

    • Liberatibus, un matiz.

      Sí, hay cerca de 3 millones de funcionarios, pero personal sanitario (médico y enfermero) corresponden al medio millón de esa cifra. Que cuando interesa mola usar una cifra y descontextualizarla para que se adopte a tu opinión.

      Un saludo.

    • Estoy de acuerdo. Pero implementaria ciertas condiciones. Un seguro privado, que cubra las mismas contingencias, que la sanidad pública y lo mismo que se propugna un cheque escolar para la enseñanza, haya un cheque sanitario y elegir (comolos funcionarios) el tipo de atención sanitaria deseada. En segundo lugar. La prohibición de sanidad universal para extranjeros. Y exigir un seguro médico privado para extranjeros, que les cubran las posibles contingencias, como es conveniente hacer, cuando se va a USA. Si no se hace y no se tiene dinero, se queda tirado. Si no van a proveer de atención dental. Al mnos que los seguros dentales o los arregloes dentales, sean deducibles.
      Al sistema sanitario español, le falta un escalón intermedio o hacer más operativo el sistema de ambulatorios. Es decir sacar la consulta externa de especialistas de los hospitales, que deberían dedicarse a enfermos, que requieran hospitalización. Hay ambulatorios, que tienen servicio de radiográfico. Pero deberían tener servicio de análisis clínico. Consulta de revisión periodicas de urología, corazón, ginecología, oftamología etc.

  3. Hay días más relajados (cuando hay un partido de fútbol) pero abundan los días peores. Es una tónica muy habitual que pasa factura. El sistema es deficitario y trabajar de ese modo nos lleva a quemarnos. Sin olvidar la hostilidad y agresividad, comprensible que no justificable, de algunos pacientes y familiares.

    Esto desde siempre, no es nuevo.

    En los últimos años los profesionales sanitarios sufren un aumento del estrés y de los trastornos mentales.

    Esto sí es nuevo.

    “por cada nuevo paciente quirúrgico que atiende una enfermera, aumenta el riesgo de mortalidad hasta en un 7% en los 30 días siguientes tras el ingreso.”

    Traducido: por cada paciente ADICIONAL a cargo de la misma enfermero.

    ¿cuándo va a empezar el Estado a alinearse con la lógica que los datos, el conocimiento y la sociedad demandan?

    Respuesta: cuando hayan pasado por urgencias como médico o como paciente.

    • “¿cuándo va a empezar el Estado a alinearse con la lógica que los datos, el conocimiento y la sociedad demandan?
      Respuesta: cuando hayan pasado por urgencias como médico o como paciente”

      Parece que ha dado en la diana. Y lo peor es que esta respuesta también puede darse a otros sectores o ámbitos de actuación y que explica esa falta de empatía, cuando no de incapacidad manifiesta para gestionar la precariedad de tantos profesionales y la falta de recursos materiales y humanos para aliviar la carga del sistema sanitario y no colapsarlo.
      Pero como los políticos no trabajan allí y si están de pacientes, precisamente por su cargo y condición de “servidores públicos”, los tratan de maravilla y de forma preferente, pues viven en su burbuja de irrealidad permanente. Normal que no se tomen el tema en serio. Si lo piensa, el Estado empezó a tomarse en serio el terrorismo de ETA cuando empezaron a ser los políticos el objetivo de los etarras, porque cuando son los ciudadanos de a pie o civiles los que mueren, más allá de los gestos de condena de cara a la galería, se mojan lo justo.

      Y en relación a este punto, aún recuerdo como le traicionó el inconsciente a Valls, el que fue ministro francés y ahora aspirante a la alcaldía de Barcelona, en alguno de esos actos homenajes a las víctimas del terrorismo, de cuya fecha no consigo acordarme. Su discurso de solidaridad con esos políticos asesinados por ETA fue claro, breve y conciso, como si las otras víctimas del terrorismo a las que nio mencionó ni por asomo y que constituyen el mayor grueso, no importaran demasiado para Valls. Así que, las víctimas de terrorismo son de víctimas de primera cuando son políticos y víctimas de segunda cuando son civiles normales y corrientes. A diferencia de un político, un profesional sanitario que de entrada reconoce, atiende y considera a todas las víctimas por igual, sin distinción de clase, no hubiera incurrido en ese error en su discurso.

      Volviendo al sistema público sanitario, creo que es uno de los mejores sistemas que existen en el mundo, lo cuál tiene doble mérito porque a pesar de verse desbordado en muchos aspectos, cuando no abandanonado por sus gestores, sigue funcionando de forma admirable, con los mejores profesionales sanitarios y siendo un referente que está muy por encima de la calidad y los servicios ofrecidos por la sanidad privada que lógicamente tiene sus limitaciones cuando la situación crítica de los pacientes a los que atienden, diagnostican o intervienen quirúrgicamente se complican sin remedio. Cuando esto sucede, es el sistema público de salud el que se hace cargo de la situación.
      Seguramente, una mayor centralización reduciría el caos, además de procurar una mejor coordinación, organización, gestión y eficiencia del sistema público de salud que redundaría en beneficio de los profesionales y de los pacientes. Un saludo,

      • Buenas, elBlues y Silvia.

        Poco puedo añadir. ¿Sabéis? Lo triste es que pasan por urgencias, como pacientes o médicos, y les sigue dando igual. Bien porque les dan un trato preferencial (incluso cuando acuden a servicios públicos), bien porque les da exactamente igual lo que le ocurra a la sociedad (entendida ésta como el binomio paciente-profesional).

        Y como bien dices, Silvia, esta situación se da en otros ámbitos, como es el judicial (conozco de primera mamo también).
        Yo también cre que tenemos una buena Sanidad pero está enferma por la mal praxis dada. Centralizar y organizar y coordinar de forma eficaz los recursos (humanos y materiales) sería básico. Además de educar a la sociedad en relación al uso de los servicios sanitarios.

        Gracias a ambos.
        Un saludo.

  4. Muy recomendable “El libro tibetano de la vida y la muerte” de Sogyal Rimpoche: ha servido de inspiración a muchos profesionales de la salud en Occidente, así como a profanos en la materia que han reconocido la importancia de lo que nos cuenta su autor.

  5. Después del MORFINA ROJA de Cristina Losada, de lo mejor en investigación periodística sobre la materia, se me hacen los dedos huéspedes….

      • Hola Cuca

        Ver medio hemiciclo de Madrid en pie aplaudiendo al Dr Montes y entender el mensaje de impunidad que se traslada a la profesión es de esas imágenes que a uno inquietan sobre manera.

        otro saludo

        • Buenas, Derondat.

          Vale, ahora te he comprendido.
          El caso de Luis Montes es, y sin menospreciar, una de esas “excepciones” que tanto daño hacen a los profesionales y a la sanidad, sin olvidar el daño que hace a la sociedad. Pero no soy partidaria de extrapolar y generalizar sin sentido. Dentro de la profesión se vivió ese caso con crispación y con inquietud. Todos sabemos que hay ángeles de la muerte pero ello no es razón para pensar que el resto van (vamos) a actuar de ese modo, debido a la impunidad de un caso que, considero, es una excepción.

          También es cierto que, con las nuevas leyes en materia de salud y mala praxis profesional, se pueden diluir las responsabilidades ya que ahora no se demanda al supuesto negligente sino al servicio al que pertenece. Puede verse como una forma de diluir las responsabilidades pero también, considero, es una forma de hacer responsable a todo el equipo que trabaja codo con codo con esa persona. Está claro que el supuesto negligente es el mayor responsable, pero no trabaja solo, no diagnostica ni trata solo, sino que hay todo un equipo que también es responsable de ese paciente y que seguramente (aquí pongo la mano en el fuego) ve las cosas y en lugar de ser responsable mira para otro lado.

          No sé si me he explicado.
          Muchas gracias de nuevo, un saludo.

  6. Leyendo los comentarios parece que en España la sanidad pública es una mierda….hombre no es la mejor del mundo, aunque tampoco lo sé porque no conozco los sistemas sanitarios de todos los países para poder hacer una comparativa, pero estoy seguro que tampoco es la peor de los países similares al nuestro, sobre esto sí que apostaría. Tiene sus problemas y quien más y quien menos los ha sufrido, pero creo que en su conjunto es un buen sistema. Es probable que la gestión política que lo burocratiza todo y esa idea absurda de tratar todo como una empresa privada que deshumaniza el sistema con objetivos, ratios y protocolos, esté deteriorando el sistema. Pero dentro del sistema también estamos los pacientes y nosotros también somos en parte culpables. Ahora ante cualquier dolencia inmediatamente acudimos a las urgencias hospitalarias, exigimos de los médicos unos poderes mágicos, respuestas para todo cuando desgraciadamente a veces no hay respuestas y por último en consonancia con nuestro mundo postmoderno nos olvidamos de que en definitiva somos mortales.

    • Buenas, Brigante.

      A veces, basta que se destape un poco la caja de Pandora para que la gente se anime a soltar su malestar ?.
      Yo considero que tenemos una buena Sanidad pero es deficitaria porque los recursos son ineficaces y me refiero a que no hay una buena y óptima gestión de los mismos. Ya sea por carencias o por excesos, por mal uso o desconocimiento, los recursos (materiales, de infraestructuras y, sobre todo, humanos) no son los adecuados. Y como bien dices, todos somos tan responsables como víctimas de esta situación. Sin olvidar cómo ha ido evolucionando el uso de los servicios médicos, tal y como apuntas.

      Muchas gracias, como siempre.
      Un saludo.

  7. Las mentiras tarde o temprano siempre se caen. La Sanidad Pública es una gran mentira, es pública pero de sana no tiene nada. La insatisfacción de los trabajadores sanitarios no viene por la saturación o falta de medios materiales o humanos. La insatisfacción viene porque saben, aunque no lo reconocen, que el paciente no es más que el instrumento para conseguir sus fines, ya sean económicos o de prestigio profesional. Yo hace ya muchos años que no piso un ambulatorio o un hospital, me generan un gran rechazo el ambiente insalubre de estos lugares. La Sanidad Pública es una máquina de crear enfermos dependientes.

    • Buenas, Aries45.

      No niego que hay profesionales que buscan conseguir sus fines a toda costa, como también hay profesionales que se vuelcan en sus pacientes. Puedo hablar por mí y por muchos compañeros y la saturación dada es por una mala praxis administrativa. Recursos ineficaces, sobrecarga de asistencia, mal uso de los servicios médicos, etc., todo eso suma al desgaste de los profesionales de la salud. El sistema es deficiente y son múltiples los factores que dan lugar a esa deficiencia.

      Gracias por comentar.
      Un saludo.

  8. Perfectamente ilustrado Cuca

    La pregunta es por qué los profesionales sanitarios, muchos de ellos los que mejores notas de selectividad sacan, y con una carrera durísima no sólo callan si no que llevan tanto tiempo callados.

    No me refiero a usted, ni a 4 gatos, ni al Spiriman, me refiero al colectivo en general. Que está acojonado.

    Cuantos de ellos han callado, y callan, desde hace tiempo, viendo cómo los sindicatos han tomado la sanidad pública, para colocar allí a toda una troupe de amigachos que vampirizan el presupuesto, y eso ocurre desde los años 80; intuyo que para legitimar su privatización dadas las ineficiencias que provocan.

    ¿Usted sabe cuantos que no son profesionales de la sanidad, pero que cobran de ella, hay? O sea cuanto se dedica a oficinas, a “gestión” .. sobre el total de cada comunidad. No creo que tenga tiempo para ello, pero lo peor es que es una dato imposible de conseguir.

    Y luego, en el caso milagroso de conseguirse habría que ver su evolución desde los años 80 (primeros) hasta ahora. Porque si hay algo informatizable y que ahorre en gestión sanitaria, y que además ha avanzado la leche desde entonces, es la gestión sanitaria. Y donde en 1980 trabajaban 3 ahora podría haber sólo 1. Pero tengo la sensación de que ha sido exactamente al revés o mas.

    Y luego ya dentro del meollo sanitario, cuantos trabajan y cuantos miran. Cuantos llegan a dedo (o por esas oposiciones de acceso restringido) y cuantos se lo curran. Porque usted sabe que hay mucho vago, mucho liberado, mucho que jamás tiene el turno chungo..

    Todo eso, y mucho mas, sólo ha sido posible por el milagro de las 17 miserias. Y ni le cuento a nivel de usuario las desgracias que nos han traído las 17.

    No se si una sanidad pública centralizada lo habría evitado, igual soy muy optimista, pero si habría paliado mucho. Entre otro el tema de las lenguas. Porque si no lo sabia usted tiene un grave problema si se quier ir a trabajar a Vascongadas, Navarra, Cataluña, Galicia, Baleares, Valencia.. y con el tiempo hasta en Asturias y Aragón

    Pero nada.

    Mi impresión es que el estamento médico/ATS.. no ha osado enfrentarse al monstruo porque en sus comienzos ha participado de él y se sabe débil. Han pensado, en su ego, que cómo son unos genios imprescindibles no les quedaría mas remedio que contar con ellos, y los otros mientras tanto les han birlado la cartera. Y ahora no se atreven a plantar cara, porque les llaman fachas.

    Muchos, votan con los pies y se largan. Hacen bien.

    Por otro lado no hacemos mas que incorporar a nuestro sistema de atención sanitaria a personas que no han cotizado jamás y que nunca cotizarán. Y me refiero a esa inmigración ilegal y hasta legal (UE).

    Tampoco he visto muchas quejas al respecto, porque si no nos llaman fachas y eso son cosas de políticos.

    En estamento sanitario hay una cosa que se llama prevención. Cuantos han hecho prevención para que lo que vemos no ocurra. Pero es que meterse en política es muy chungo, yo soy supermédico, y corro el riesgo de que me etiqueten cómo facha.

    Un muy cordial saludo

    PS. No se lo tome a mal, es una crítica sobre todo a sus compañeros/as. Y cuanto antes se movilicen, pero no detrás de batas blancas de sindicatos apesebrados, mejor.

    • Muy buenas, Pasmao con lo que no pasa.

      A tu primera pregunta, es la que llevo haciéndome ya casi 12 años que llevo ejerciendo como enfermera. Puedo decir, a título personal, que saben desde la administración amedrentarnos. Yo lo he vivido en mis propias carnes, más siendo muy “porculera” como siempre han dicho mis diferentes supervisores y jefes de urgencias. Creo que va en la persona pero también los factores que se dan alrededor de la persona interfieren y hacen que muchos miren para otro lado. Ojo, no lo justifico, ni mucho menos lo comparto. Pero puedo llegar a comprender el silencio de compañeros cuando ven peligrar sus puestos. Yo personalmente he vivido situaciones muy duras por decir “hasta aquí” y aunque de primeras el miedo al despido se apodera de ti, llega un momento que, sopesándolo, ves que el despido es lo mejor que puede ocurrirte. Juegan a hacer creer que eres sustituible (cierto es) pero siendo realistas, el miedo deberían tenerlo ellos porque si realmente los sanitarios tomasen conciencia y todos parásemos, se haría mucho daño y no solamente al sistema sanitario. Pero, soñar es gratis.

      Profesionales no sanitarios que viven de la Sanidad, muchos hay. No me cabe duda alguna que esto es un problema mucho mayor de como yo he podido plantearlo. Hay siempre intereses pero nunca esos intereses son en beneficio de la sociedad.

      El tema de cómo llegan a tener un puesto podría hacer un libro de “anécdotas” al respecto. Puedo contar mi experiencia y yo en mis primeros años sume un total de 15 contratos seguidos (yo y mi promoción) y de repente, llegó una nueva remesa de personal y a ellos el fijo desde el primer día y a nosotros a seguir encadenando contratos. ¿Por qué? Intereses económicos, descenso de los sueldos, menos pluses, etc. He vivido bajas, excedencias y miles de situaciones de compañeras que iban enlazando unos descansos con otros. Hasta me avisaban de cuándo iban a solicitarlo para yo solicitar suplirlas y seguir encadenando contratos. Y así, unas cuantas historietas de primera mano, que si las resumo sería “quien hace oídos sordos y pasa por el aro tiene todo, quien da por culo acaba siempre puteado” (yo, la porculera como te decía ?).

      Y así podría enlazar decenas de historias y anécdotas que he visto y vivido. Así como las acciones escabrosas que hacen desde la gerencia de los hospitales en materia de atención a ilegales, indocumentados o turistas que “estaba de vacaciones aquí, me duele esto y de diagnóstico un cáncer con su tratamiento incluido”. En fin, mejor paro que sino al final cuento todas las mierdas internas que hay en Sanidad y me quedo sin próximos artículos ?.

      Muchas gracias, siempre, por tus aportes y tranquilo, no me tomo a mal tu tirón de orejas a la Sanidad y a nosotros los sanitarios.
      Un saludo.

  9. Gran artículo el de hoy, Cuca. Pones el dedo en la llaga de las falacias de nuestro Estado de Bienestar con este alegato. Gracias por alertarnos sobre este problema que nos afecta a todos y que los responsables seguirán sin solucionar aunque seguramente no lo ignoran. ¿Qué más te puedo decir? ¡Enorme Cuca!

  10. Te entiendo perfectamente, yo también soy profesional de la Sanidad Pública. Esto que describes es algo habitual. El Estado quiere hacernos creer que tenemos la mejor Sanidad del mundo. Cosa que no es cierta, sino todo lo contrario. O nos quitamos la venda de los ojos o la hecatombe es inminente.

    • Buenas, LysanderSpooner.

      Bueno, considero que tenemos una buena Sanidad, pero los recursos no son los adecuados bien porque están mal distribuidos bien por carencias o bien por mal uso. La realidad es que falla y somos todos víctimas y responsables del mismo. Si realmente interesase se harían estudios pormenorizados de eficacia y calidad y se escucharía a tanto a quienes trabajamos con los pacientes como a éstos y sus familias. Pero sabemos que eso de escucharnos no va con el sistema.

      Gracias por animarte a comentar ?

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