Con una regular cadencia que habíamos olvidado, la naturaleza descarga su flamígera espada sobre los seres humanos. Entonces sufrimos, nos equivocamos, nos rompemos, morimos. No hay nada indigno en ello. Lo único indigno, por ser como somos el único ser vivo reflexivo, es que no saquemos las oportunas conclusiones de la debacle. Lo único imperdonable sería no emular a Abraham Lincoln, quien en Gettysburg y en medio de la espantosa carnicería que se autoinfligió su pueblo, supo plantarse y decir que somos nosotros, los todavía vivos, «quienes hemos de mostrar una inquebrantable resolución por conseguir que sus muertes no hayan sido en vano». De modo que por una vez —y ojalá sirva de precedente— tendremos que hacer algo no por nosotros mismos, sino, como dijo Lincoln con una altura de miras que no podremos encontrar en nuestros mandatarios y tendremos que autoexigirnos, por los demás, por «estos muertos a los que honramos» y por quienes, aun conservando la vida, han sido y serán arrasados por esta disrupción extrema.

Cuando nos abran las calles, tendremos que decidir qué vamos a hacer con lo inaceptable. Hemos tenido demasiada paciencia con la basura, la mezquindad, el egoísmo, la intestina miseria de los sectarios. Hemos consumido ideología por encima de nuestras posibilidades. Hemos ensuciado las más nobles luchas —por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, por una educación liberal que nos eleve a todos, por un mundo menos violento, por tantas cosas que ya perdimos la cuenta— para fortificar nuestras respectivas parroquias. Hemos renunciado a mudar de opinión y a reconocer errores a cambio de prebendas y de la imbécil seguridad que da corear mentiras. Hemos repetido demasiadas veces el gesto de Esaú, vendiendo nuestra primogenitura —nuestra libertad, nuestra honradez y nuestro honor— a Jacob por un mísero plato de lentejas.

Cuando nos abran las calles, descubriremos que nada es gratis. Que nuestras instituciones y nuestros derechos tienen un precio, y que no basta con tener pulmones para exigirlos, sino que además hay que tener arrestos para defenderlos

Cuando nos abran las calles, descubriremos que nada es gratis. Que nuestras instituciones y nuestros derechos tienen un precio, y que no basta con tener pulmones para exigirlos, sino que además hay que tener arrestos para defenderlos. Reconoceremos que el modo de vida occidental, basado en la libertad y la democracia, está en franco retroceso, y que el miedo, una vez arrellanado en nuestros salones, es la amenaza más seria que siempre afrontaremos. También que Europa no es lo que un puñado de burócratas determine en Bruselas, París o Frankfurt, sino una idea moral sobre la sociedad y el individuo que requiere de nuestra protección activa. Ya hemos empezado a alabar, pandemia mediante, a la dictadura china, que con sus doscientos millones de cámaras sigue punto por punto el guion de Orwell en 1984; si no nos hacemos más fuertes y críticos, si no nos enorgullecemos de lo que tenemos, lo perderemos enseguida.

Cuando nos abran las calles, recordaremos que son las comunidades unidas y las emociones civiles las que nos ofrecen un suelo, y no el Estado. El Estado es un acuerdo de mínimos; el contrato social es la última línea de defensa contra la barbarie. Pero no es el Estado el que nos va a devolver nuestras vidas, cuando nos abran las calles. Van a ser nuestras familias, los amigos verdaderos, los capitanes de empresa profesionales y corajudos y los proyectos de bien que se manchan las manos con los más débiles. Los entornos virtuales, los cien mil pseudoamigos de Facebook y el resto de los simulacros seguirán con su cháchara vana, es decir, desaparecerán en un fundido en negro. Será el momento de ignorar el ruido de lo vacuo y retornar al parsimonioso silencio de lo auténtico.

Cuando nos abran las calles, leeremos de nuevo a Simone Weil. La oiremos explicarnos que, en el origen de la moral, es decir, de la justicia, están los deberes, y no los derechos. Subrayaremos, en L’enracinement: «Un derecho no es eficaz por sí mismo, sino solo por la obligación que le corresponde. El cumplimiento efectivo de un derecho no depende de quién lo posea, sino de los demás hombres, que se sienten obligados hacia él». Sabremos que la vida no es una extensa hoja de reclamaciones, sino una interminable relación de deberes incondicionados que hay que cumplir con alegría y coraje. Entonces nos dejaremos de hashtags, likes y recogidas virtuales de firmas y nos pondremos a hacer lo nuestro, día a día y en el mundo de carne y hueso. Y recordaremos que, a diferencia de los filósofos de salón, demasiados tertulianos y demás vendedores de crecepelo, Weil averiguó estas cosas en las muelles de Marsella, entre la gente más pobre y rodeada de muerte y padecimientos, jugándose el pellejo.

Cuando nos abran las calles, no volveremos a pronunciar la palabra «héroe» en vano. Los futbolistas no son héroes; ni siquiera lo son los tenistas ejemplares. No lo son en la primera acepción del término, la que, ahora lo sabemos, verdaderamente cuenta: «persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble». A los otros, «personas ilustres y famosas por sus hazañas o virtudes», tendremos que buscarles otra palabra, porque están muy lejos del nivel de los sanitarios, los celadores, los policías y los militares, y también del de los transportistas y los reponedores y los funerarios y toda la gente que tuvo que seguir trabajando ahí afuera acechada por el virus como si nada. Volveremos a admirar con fruición, sin banderías, sin distinguir a «los nuestros» de «los de ellos». Y entenderemos que, a este respecto, los discursos de los demagogos sobran, pues se lo habremos leído a Lincoln en el campo regado de sangre de Gettysburg: «Para el mundo pasará desapercibido lo que hoy aquí se diga, no lo rememorará, y en cambio jamás podrá olvidar lo que ellos hicieron».

Cuando nos abran las calles, ya habremos confirmado que la trivialidad tiene efectos colaterales muy perniciosos. Sabremos que, siendo la parodia un elemento de salud mental y un gozo irrenunciable, una sociedad paródica es en cambio una afrenta. Desbanalizaremos el diccionario; «alarma», «crisis», «emergencia» y «drama» recuperarán sus significados. Ya no nos quedará duda alguna de que los seres humanos necesitamos relevancia, que nuestros actos y los de los demás importen. En Irma la Dulce, esa obra maestra de Billy Wilder, oímos al narrador presentarnos una historia «sobre pasión, masacres, deseo y muerte, todo lo que hace que la vida merezca la pena ser vivida». Eso es lo que queremos y respetamos. Coincidiremos, en definitiva, en que se puede uno reír de todo, pero no con cualquiera, ni en cualquier situación, ni de cualquier manera, y que son las cosas serias (la valentía, el amor, la solidaridad, la verdad) las que aportan la densidad sin la que nuestras vidas se ahogan.

Cuando nos abran las calles, habremos aprendido a distinguir las emociones fuertes de las verdaderas. Será la consecuencia lógica de nuestra redescubierta fragilidad y de habernos inclinado en actitud religiosa ante el inextinguible imperio de lo azaroso. Borraremos todas nuestras hojas de cálculo mientras lloramos a los que ya nunca más veremos. Retornaremos a los afectos que nos fundan y despreciaremos a quienes nos acarician la espalda. Ya no buscaremos la variedad por la variedad, encabalgar experiencias, ni celebraremos los divorcios, ni mercadearemos con nuestros hijos en el tribunal de nuestros amores rotos, ni llamaremos «flexibilidad emocional» a las infidelidades. Nos aferraremos a lo bueno y lucharemos sin descanso por lo que más cuenta, porque la vida, de nuevo, irá en serio. Se disparará la cotización de los abrazos y los besos; ya nunca más los dilapidaremos.

Nos queda, en definitiva, mucho por delante. Habrá que acompañar la reconstrucción económica de una reconstrucción personal e intransferible de nuestras vidas y nuestras sociedades libres. Habrá que concebir una normalidad diferente. La de antes no va a volver, y ya no nos sirve. Tendremos que vestirnos de Lincoln, adoptar su porte y creernos capaces de alumbrar grandeza. Nadie va a hacer nuestra parte; y si, acobardados, nos acogemos a que «no somos Lincoln», el fangoso torrente de la realidad nos arrastrará a su paso. En El viajero sin propósito, escribe Dickens: «Lo importante es estar preparado en cualquier momento para sacrificar lo que eres en aras de aquello en lo que podrías llegar a convertirte». Sobre el altar de nuestro carácter personal y colectivo se va a oficiar este rito. Una gran desgracia es una gran oportunidad, pero la historia no es pródiga en oportunidades, ni misericordiosa con quienes se esconden.


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David Cerdá García
Soy licenciado en ciencias empresariales y en filosofía. He trabajado en dirección de empresas más de veinte años y me dedico en la actualidad a la consultoría, las conferencias y la docencia (gestión de seres humanos, procesos en las organizaciones, pensamiento crítico, profesionalidad, creatividad e innovación) como miembro del equipo strategyco. Doy clases en ESIC Business&Marketing School y otras escuelas de negocio. También escribo y traduzco. Como autor he publicado Alrededor de los libros, La deriva de la educación superior, La organización viva, Sangre en la hierba y El buen profesional. Como traductor, he firmado una veintena de títulos, incluyendo obras de Shakespeare, Rilke, Deneen, Tocqueville, Stevenson, Lewis y McIntyre. Más información en www.davidcerda.info

21 COMENTARIOS

  1. Muy buen articulo. Y clarividente. Muy de acuerdo con que el mundo de ayer no volverán. Parafraseando a Emme y Henry Killer, no es que la calle sea secuestrada por un tirano cuando esto acabe. Es que ya ha sido secuestrada. La política que lleva el gobierno, independientemente del confinamiento, es de voladura controlada de la economía y de las instituciones. Lo primero son sus prebendas. Algún partido político ha cuestionado que hay que suprimir los miles de chiringuitos, observatorios, organismos, asesores, diputados, senadores, consejeros, viceconsejeros, ayuda al tercer mundo, ONGs? Pero suprimirlos ya, para ayudar a la economía. El gobierno nooo y la oposición dormida.

    Es un plan comunista. Todo ese dinero debe ir a salvar la economía. No les interesa. El gobierno quiere que las masas se echen en sus brazos. Alguien se cree que un Pedro Sánchez, que ha dado muestras de grave psicopatía en circunstancias normales, en una ambición de poder sin precedentes en la democracia española, se va a ir de su cargo en estas circunstancias. Igual que Pablo Iglesias. Estos tipos van a morir matando. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no se van a ir por las buenas, porque sabe que cuando dejen la presidencia y la vicepresidencia de van a enfrentar a un montón de querellas criminales que les van a convertir en apestados sociales y quizás con la perspectiva de muchos años de cárcel. Por supuesto, su futuro político en una democracia es cero (aunque conociendo a los españoles pueden volverlos a votar, entonces eso sería para salir huyendo porque país sería una m.). Pues lo mismo para sus Ministros y organizaciones. Saben que si dejan caer a sus lideres están muertos. Esto solo lo salvaría una rebelión interna en el PSOE y PODEMOS, que deponga a sus lideres y pacte con la oposición. Pero eso no va a pasar porque los dos partidos son de estos dos señores y nadie se mover.

    Si alguien piensa que después de esto va a volver la normalidad política es que está soñando. Primero la crisis sanitaria no va a cesar, la crisis económica va a ser salvaje y todo ello vendrá acompañado de medidas muy restrictivas que cercenarán el régimen parlamentario. En este marco, los totalitarios y los ávidos de poder absoluto tienen su oportunidad y, si tienen decisión y coraje, la van aprovechar. No se van a ver en otra igual en su vida. Este es el relato del fin de muchas democracias en la historia humana.

    Espero equivocarme, pero creo que en España estamos viviendo el momento más delicado desde 1936. Vienen tiempos muy duros y muy difíciles. Saludos.

  2. Algo que cabría puntualizar es que el Estado de Alarma no permite limitar la movilidad de las personas de forma general, es decir la libre circulación sin restricción negativa específica. Para ello se requiere el Estado de Excepción o Sitio.

    Por lo cual solo se podría sancionar por “el derecho de las armas”*. Es decir por desobediencia/resistencia a “la autoridad” o similar.

    Si bien y teniendo en cuenta que es el Estado quien porta/otorga el derecho*, es decir el Derecho del Estado, eso que llaman el Estado de Derecho, ello vaporiza la racionalidad de la legislación.

    Y por lo tanto el “orden público” salvaguardado por “la autoridad” (las armas y la violencia de la fuerza “pública”) es superior a un derecho fundamental (art. 19) como la libre circulación 139.2** del liberalismo burgués mercantil.

    Por lo cual, aunque usted tenga supuestamente el derecho a circular y por ello no debería modificar su conducta (si realmente fuese libre) ante “la autoridad”. De forma práctica usted carece de tal derecho dado, pues como todos los derechos es otorgado; por lo tanto debe obedecer a “la autoridad” —tenga o no razón—.

    Las multas “por circular” (por la vía pública) son recurribles, las de desobediencia o resistencia a “la autoridad” no tanto.

    Esta es básicamente la diferencia entre libertad y derecho. Y la clarificación de que “los derechos” no tienen nada que ver con la libertad. La cual debe ser anterior,…, en caso contrario todo es simplemente un “teatrillo” arbitrario*. Como se puede observar por la vía de los hechos consumados* estos días.

    Las calles no están cerradas.

    *: Just est in armis.
    **:Ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la libre circulación de bienes en todo el territorio español.

  3. «Cuando nos abran las calles…». Su relato rebosa poesía y sensibilidad a partes iguales, David. La calidad de su continente y de su contenido es indudable. Magnífica reflexión que descubre nuestra fragilidad e impotencia ante una contingencia de esta magnitud que nos está sobrepasando a todos.
    Solo quería exponer mi desacuerdo con la parte final de este párrafo:

    «Cuando nos abran las calles, recordaremos que son las comunidades unidas y las emociones civiles las que nos ofrecen un suelo, y no el Estado. El Estado es un acuerdo de mínimos; el contrato social es la última línea de defensa contra la barbarie. Pero no es el Estado el que nos va a devolver nuestras vidas, cuando nos abran las calles. Van a ser nuestras familias, los amigos verdaderos, los capitanes de empresa profesionales y corajudos y los proyectos de bien que se manchan las manos con los más débiles…
    (hasta aquí, de acuerdo. La verdadera solidaridad la encontraremos en la comunidad. La Sociedad Civil deberá reaccionar para que el peso del Estado no la aplaste ni la prive de su libertad y sus derechos. https://perito.biz/donde-hay-sociedad-hay-derecho/)

    … Los entornos virtuales, los cien mil pseudoamigos de Facebook y el resto de los simulacros seguirán con su cháchara vana, es decir, desaparecerán en un fundido en negro. Será el momento de ignorar el ruido de lo vacuo y retornar al parsimonioso silencio de lo auténtico».

    No creo que vaya a ser así, David. De hecho, es en este periodo de confinamiento cuando las conexiones telemáticas, a través de redes y entornos virtuales, se descubren realmente útiles e imprescindibles para no aislarnos socialmente, para interaccionar con nuestro semejantes y para sacarnos de la burbuja de hibernación, impuesta por decreto, con la que nuestro gobierno pretende callarnos e insignificarnos como individuos serviles, temerosos, frágiles y aislados entre cuatro paredes.
    Las mismas circunstancias de confinamiento, en ausencia de internet, de redes sociales y de comunicaciones digitales, convertirían nuestro encierro en una auténtica cárcel sin ventanas. No, en la soledad y el aislamiento físico del confinamiento, el ruido vacuo y ese simulacro fundido a negro vendría de los mismos carceleros, entregados ahora a perseguir los «fakes» y «bulos» de las redes y de nuestras conexiones, para someternos a sus dictados.

    Puede que el uso que se ha hecho de las redes sociales y de los entornos virtuales, antes de la pandemia, haya resultado mayoritariamente frívolo, ligero y narcisista. Es lo que advirtió y predijo con anticipación el sociólogo Bauman en su «Modernidad Líquida». Pero mucho me temo que estos tiempos líquidos han llegado a su fin.
    La necesidad de seguridad (física, de salud, empleo…) que creíamos cubierta se impondrá y será prioritaria sobre la necesidad de reconocimiento (éxito y vanidades varias) que ha dominado hasta el momento. Y cuando nos abran las calles, el mundo físico ya no será el mismo lugar seguro nos acogía en su seno.

    Y si queremos seguir conectados socialmente, deberemos adaptarnos a la nueva realidad social y reforzar nuestras conexiones telemáticas y nuestras redes. Y el uso que hagamos de ellas, no será secundario o prescindible, sino que cumplirán una función de primera necesidad para nuestra supervivencia física y mental. Su uso será más vital de lo que imaginamos.
    Será vital para conectarnos al mundo, para comunicarnos, para ayudarnos y apoyarnos mutuamente, para reivindicar nuestros derechos y para construir el futuro en el que queremos estar.

    • Muchas gracias por tus comentarios, Silvia, y por tus profundas reflexiones. Dices muchas cosas interesantes que incorporo a mis reflexiones. Un abrazo

      • Gracias por la consideración y generosidad, David. Me alegra que hayamos conectado. Un fuerte abrazo

  4. Ahora a Sánchez se le ha ocurrido encarcelar en ferias de muestras, a modo de campos de concentración, a los asintomáticos, que según algunas estimaciones pueden ser varios millones de españoles. Para descubrir los asintomáticos tendrían que hacer test por millones. Como no hay test, estos totalitarios pueden decretar prisión preventiva para quien se les antoje de forma arbitraria. Pueden usar los datos de los móviles para ver si alguien ha estado en contacto con alguien con síntomas y hala al aislamiento obligatorio y sin necesidad de hacer test.
    Lo urgente es echar a esta gentuza del poder.

  5. COVID-19: Se requieren test de anticuerpos –MASIVOS– sobre la población y mascarillas en lugares públicos obligatorias (al menos durante una temporada, contagia hasta 15 días después).

    Sin combinar esto con los PCR es imposible tener una idea siquiera aproximada de como está la cosa.
    Para poder tomar una decisión RAZONADA respecto al confinamiento.

    La chusma política de todo el espectro parlamentario, ¿qué hace? Siguen con las respectivas propagandas, cada uno para su parroquia, como en estado catatónico.

  6. Si el nivel de cabreo de la gente sigue en aumento, tal vez se monte uno «dos de mayo» contra los traidores.
    El PP de Casado está decidido a seguir apuntalando al Fraude con patas porque cree que eso le hace subir en las encuestas y nos está metiendo a todos en la ratonera de los comunistas.

  7. En Voz Populi se informa de un documento firmado por conocidas personas de la sociedad que pide urgente final del aislamiento y vuelta al trabajo.

    El argumento principal de los firmantes del documento del artículo es que “las medidas contra el virus no deberían provocar peores efectos que el virus mismo.”

    Para ello piden romper el confinamiento y abrir urgentemente fábricas, talleres, bares, restaurantes, hoteles, peluquerias, cines y demás. La razón es que unos miles de vidas no justifican perder puntos del PIB.

    En mi opinión este artículo es muy importante. Define claramente uno de los límites del campo de acción posible. El otro es mantenernos aislados hasta que desaparezca el virus, o al menos su capacidad de infringir daño. Si en España somos 47M de habitantes, no dejará de haber varios millones de opiniones sobre el asunto.

    De todas las estrategias que contra el virus se han discutido o implantado estas semanas, la que más sensata he encontrado es la de la OMS: ,, saber donde está el virus y actuar en consecuencia”.

    En febrero, el gobierno comunista creó y distribuyó relatos que minimizaban el peligro del virus e incluso se permitió humillar, insultar y descalificar a los que alertaban de las graves consecuencias. En aquel momento, saber donde estaba el virus era posible y hubiera sido factible actuar contra el. Localizar a los contagiados, seguir sus contactos y aislarlos a todos, poniendolos en cuarentena era la solución.

    Aquello que se debía haber hecho siguiendo las recomendaciones de la OMS no se hizo. Pero es más, se animó a hacer grandes aglomeraciones de gente ya entrado marzo. Estas aglomeraciones de gente actuaron como bomba expansiva de los contagios. Y si antes, cuando era posible, no se habian tomado medidas. Después de la manifestación, la situación había devenido en descontrolada.

    En situación de descontrol, lo único posible es tratarnos a todos como si todos estuvieramos contagiados, aislarnos y esperar que los contagios desaparecieran. Esto tiene un costo: se paraliza toda actividad economica. La creación de riqueza lleva paralizada desde el día 14 de marzo, con gravísimas consecuencias para los españoles.

    Según los firmantes del artículo, hubiera sido preferible seguir con todos los negocios abiertos y que el virus es estado descontrolado actuara libremente. Creo que se equivocan, si el riesgo de contagio es muy alto nada puede funcionar normalmente. Ni siquiera la economía. Pero si mantenemos tiempo la actividad parada, el cancer de las quiebras destruira el tejido de la economía.

    Las alternativas parecen ser: 1.nos olvidamos del aislamiento y que mueran los que sean necesarios, 2. quiebras de empresas y paro hundirá en la pobreza y en la miseria a millones de españoles.

    Pero quizás, existe algo intermedio que suponga un compromiso entre ambas alternativas extremas. En este momento sabemos que el grupo más afectado por el virus es el de mayores de 60 años. Sabemos que luchar contra el virus pasa por ‘saber donde está y actuar contra él’. Con estas premisas lo lógico sería mantener aislados a los mayores de 60 años para evitar su contagio, poner a trabajar a los que no están contagiados o han superado el virus tomando medidas preventivas anti-contagio, y mantener aislados a los que estan contagiados.

    El problema de esta solución, que a mi juicio sería la más sensata, es que exige saber quien no está contagiado, quien ha superado el virus, quien lo padece y tiene capacidad de contagiar. Para saber esto deberiamos disponer de los test que permitieran hacer la clasificación a millones de personas rápidamente.

    Esta nuestro gobierno aprovisionandose de los test que necesita esta estrategia? Existen en el mercado? No lo sé.

    Tratar de abrir todas las fábricas y servicios como si nada hubiera pasado, pensando que la demanda sería la normal antes de la crisis, no deja de ser un error. Quien va a volver a ir a un cine, a un restaurante, a un gimnasio, a entrar en un autobús o un avión sabiendo que el virus anda suelto? Quien irá a trabajar a la fábrica tranquilo sabiendo que un compañero le puede contagiar y llevar el virus a casa? Y sin embargo, no pueden estar mucho tiempo cerradas.

    Parece que el aislamiento es la única defensa contra un virus contra el que no hay medicinas, ni vacunas, solo nuestro sistema inmunitario. Debemos aceptar que si el contagio del virus se descontrola, tenemos que defendernos como si todos estuvieramos contagidos. El virus tiene un perio de incubación de hasta 2 semanas. 4 semanas sería el tiempo razonable de aislamiento, parada total si las hipótesis son ciertas.

    Debemos aceptar que esas 4 semanas de parón total tienen un costo y un beneficio. El costo es económico, el beneficio es en vidas y en estado psicológico de la población. Si con aislamiento, el virus sigue descontrolado después de 4 semanas algo falla.

    Para minimizar el impacto en la economía, evitando las quiebras con efecto domino, el gobierno que paraliza toda la actividad económica debe hacerse cargo del coste de esa medida. Debería hacerse cargo de las nóminas de las empresas cuya actividad ha sido parada por el decreto de alarma. Como tenemos un gobierno comunista, mas dado a populismos, algaradas y eslóganes progres, dedican el dinero a los parados y no a mantener a las empresas para que puedan pagarlas nominas. De esta manera nos encontramos con que al final del parón y gastar mucho dinero no quedan empresas y si muchos parados. Resultado lógico de las estrategias de un gobierno comunista.

    Autonomos y empresas tienen que ingresar periódicamente las retenciones de las nóminas en Seguridad Social y Hacienda. El estado debería haberse cargo durante las semanas de aislamiento de esas nóminas. Sabe los que son, sabe lo que declaran que pagan. Debería revertir el flujo y dar a las empresas y autónomos las bases de cotización o la base de las nóminas. No se puede pedir a las empresas (o autonomos) que paguen nóminas si no tienen actividad.

    Acusar a UE de que no colabora cuando los planes del gobierno comunista no están orientados a mantener el apoyo a empresas y autonomos, base del tejido económico y que son los que realmente se quedan sin ingresos en el periodo de aislamiento, es sectario, comunista y falaz. Por el tipo de crisis, la mejor ayuda a los trabajadores es manteniendo su nómina. Nómina que mientras dure el aislamiento deberia correr a cuenta del estado. El gobierno comunista pretende evitar los despidos, prohibiendolos, de esta manera se ahoga a las empresas haciendolas inviables, provocando su quiebra. Y cuando empiece el dominó de las quiebras nadie sabe donde acabará. En cualquier caso, los parados se contarán ene millones.

    La estrategia del gobierno debe estar orientada a proteger a las empresas y a los autonomos. Estos son los autenticos creadores de riqueza y los que con sus nóminas mantienen a los millones de trabajadores y con sus impuestos millones de pensionistas, parados y funcionarios. Es crítico para España que las empresas salgan de este periodo con el menor daño posible. Desgraciadamente esto no esta en el manual del buen comunista de nuestros ministros.

    La estrategia que siguen los comunistas del gobierno no es la que nos sacará de una crisis monumental. Es la que a ellos les conviene.

  8. Excelente artículo. A mi también me gustaría que cuando se vuelvan a abrir las calles, nos encontremos con todo eso.

    Pero hay un grandísimo peligro. Podriamos encontrarnos que la calle ha sido confiscada por un tirano. Tirano que tenía un plan y que cuenta con aliados que también tienen un plan. Ninguno de esos planes pasa por hacer España un espacio de libertad, igualdad y justicia. Sino todo lo contrario.

    Soy muy escéptico. Los únicos que tienen un plan son los que vienen a destruirnos.

  9. Pues yo estoy bastante harta de todo y todos, llevo toda mi vida luchando para salir adelante, me he preocupado de mi familia, de mis amigos , he procurado siempre aportar a la sociedad mi granito de arena, he disfrutado con cosas básicas, mis amigos son de carne y hueso y no de me gustas digitales, ni de tuentis o similares .He pagado religiosamente nóminas, facturas, jamás he tenido una subvención, ni mucho menos he vivido de la política ni he defendido causas de los colorines, ni ideologías llenas de cinismo y de lavados de cerebro, pero de golpe y porrazo estoy pagando la misma factura, incluso puede que más que todos esos que toda su vida no han dado palo al agua.
    Discúlpeme el día que abran las calles espero que este Leviathan que nos come y no deja de ser un flautista de Hamelín que lleva directamente a masas al precipicio se vaya por el atolladero y si no es así, le aseguro que seré la primera en olvidarme de esta sociedad y de mi que no esperen absolutamente nada y menos un euro de mi bolsillo.

    • Sólo hay una forma de que eso sea así, siendo fuertes, no consintiendo.

      De poco valen los consejos cuando alguien lo pasa mal, de esta solo podemos salir ayudándonos los unos a los a los otros al margen del estado, no consintiendo ni una traba, ni un decreto ley que nos quite una pizca de iniciativa, libertad o nos cierre un camino de posibilidades.

      Hay muchos españoles que lo están pasando mal en estos momentos, el gobierno ha mentido desde el principio, se de empresas que tenían preparados los ERTE antes del estado de alarma por chivatazo confidencial.

      No es un gobierno fiable,.es un gobierno peligroso, muy peligroso, incapaz,.ignorante y criminal. Tienen las formas más degeneradas aprendidas desde hace cuarenta años.
      El resto de políticos no le andan a la zaga, su visión de la sociedad y la política es tan mezquina que ninguno tiene respuestas en estos momentos donde se demuestran los hombres de verdad, las mujeres también, que en circunstancias parecidas han demostrado a lo largo de la historia ser más fuertes que los hombres, aunque no sea el caso de las imbéciles que están ocupando cargos que no deben.

      Emme, de todo se sale, la confianza en uno mismo es lo último que hay que perder, nosotros somos nuestro peor enemigo, es la hora de rescatar cada uno de los valores universales y eternos que están dentro de todos nosotros, el que los rescate podrá lidiar con cualquier situación que se le presente.
      Nuestra obligación es poner alegría donde haya pena y dolor, la vida es extraordinaria, un constante regalo de situaciones complicadas para que juguemos con ellas.

      De todo se sale, salgamos airosos, sin tenernos que arrepentir de decisiones tomadas desde el miedo o la necesidad, que la dificultad saque lo mejor de nosotros.

      Al enemigo, al gobierno, ni agua.

      • Totalmente de acuerdo Henry, de todo se sale y hay muchísima gente que en este momento lo está pasando francamente mal. Este gobierno no es fiable, cierto y me pasa lo mismo veo tanta mezquindad en toda la clase política que no tengo ni idea hacia donde vamos.
        Gracias a Dios no he perdido la confianza en mi, ni tan siquiera los valores con los que he crecido toda mi vida, espero no hacerlo nunca, eso es lo que nos salva del precipicio, nuestros valores y confiar en nosotros mismos pero espero que no quedemos los de siempre confiando en nosotros mismos y los demás en Papá Estado.
        Esta vez vamos a necesitar muchas personas que confíen en si mismos

        Espero que así sea, si no lo es…….mal camino lleva España

        Un abrazo

  10. «Cuando nos abran las calles, habremos aprendido a distinguir las emociones fuertes de las verdaderas. Será la consecuencia lógica de nuestra redescubierta fragilidad y de habernos inclinado en actitud religiosa ante el inextinguible imperio de lo azaroso.»

    Suena bien eso, pero tengo dudas pues las idelogías han venido para quedarse. Y eso porque son cómodas y nos libran de tener que lidiar con ese imperio de lo azaroso. Es cierto que en el núcleo de las religiones lo que hay es precisamente un sitio, lo sagrado, para eso que es indomeñable, imprevisible pero, por eso mismo, inevitable: la muerte, el sexo, la enfermedad, el dolor, el goce, la materia.
    Frente a todo eso, se han levantado pantallas de imágenes creadas idelógicamente tanto por los políticos como por los tecnocapitalistas. Y así se han producido representaciones y espectáculos sobre la muerte, el sexo, la enfermedad, el dolor, el goce, la materia. Y así varias generaciones han creído que todo eso es inocuo, que todo eso pasa en una pantalla y que eso no le va pasar a cada cual.
    Las pantallas hoy siguen vomitando la «esperanza» de que pronto se podrá regresar a las pantallas ideológicas, porque ese es el único estado de felicidad concebible para esas generaciones que no han tenido ninguna oportunidad de saber siquiera que lo más sagrado es precisamemnte lo incontrolable: la muerte, el sexo, la enfermedad, el dolor, el goce, la materia.

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