Franco sigue dando mucho juego. Y no me refiero ahora solo al campo político, ámbito en el que dicha afirmación es pura obviedad, sino a un terreno más impreciso que abarca diversos aspectos de la sociedad española, en especial ideologías y mentalidades. Y que luego se extiende al campo de las ciencias sociales y al ámbito universitario, afectando a sociólogos, politólogos e historiadores, entre otros. Baste decir, por ejemplo, en lo relativo a este último sector, que más de las tres cuartas partes de los contemporaneístas se afanan en diseccionar los más diversos aspectos del franquismo y, en su gran mayoría, lo hacen con un sesgo militante. Militantemente antifranquista, claro.

Sé que hay muchos que dicen que ya está bien de mirar tanto al pasado. Soy historiador y, como comprenderán, aunque solo sea por deformación profesional, no voy a suscribir sin más ese dictamen. Mantengo que un país debe mirar hacia el futuro y no debe obsesionarse con su pasado, pero también considero que sin entender de dónde venimos difícilmente vamos a llegar a buen puerto, aunque solo sea porque ese ayer relativamente próximo condiciona inevitablemente nuestro rumbo. De ahí a sacar a los muertos a pasear a la menor ocasión hay mucha diferencia.

Esto de tirarnos los muertos a la cabeza es muy español. No digo que exclusivamente español, ni mucho menos, pero sí que la afición está muy enraizada en estos lares. En contra de lo que creen muchos adanistas, no es cosa de hoy, sino que tiene una larga tradición. Es probable que el sustrato católico de nuestra cultura tenga mucho que ver en ello. En cualquier caso, la utilización de los muertos para deslegitimar al adversario ha sido durante los últimos siglos una constante en este ruedo ibérico. Valle-Inclán plasmó esa tendencia en su manifestación más genuina: el esperpento.

La torpeza del Supremo estriba precisamente en dejar al descubierto la continuidad legal del entramado político español desde la guerra civil a nuestros días. “De la ley a la ley”, se ufanaba Torcuato Fernández Miranda al implementar la transición de un régimen autoritario a otro democrático. Lo que entonces fue virtud es hoy el talón de Aquiles del llamado despectivamente “régimen del 78”

Hoy, a tono con nuestro nivel más pedestre y ramplón, hablamos simplemente de culebrón: el culebrón de la momia de Franco, dicen algunos. Ya antes tuvimos otro espectáculo de parecida índole, en este caso doble, como las antiguas sesiones cinematográficas: me refiero a los dos entierros de José Antonio Primo de Rivera, ambos con imponentes traslados –sobre todo el primero, el que partió de Alicante- que pretendían evocar la parafernalia nazi o fascista pero que en mi opinión tenían un aire celtibérico que les asemejaba más a los cuadros de Gutiérrez Solana, esos que recreaban o parodiaban las medievales danzas de la muerte.

Pero como Pedro Sánchez ha ganado ya las elecciones, los huesos de Franco importan ya menos que hace unos meses y, además, el personal está un poco harto de tanta mojiganga. Pero hete aquí que, cuando el tema estaba en caída libre, el auto del Supremo sobre la exhumación ha venido a añadir la leña que se necesitaba y el rescoldo se reaviva para convertirse en ese fuego perpetuo que muchos necesitan: “recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, como dice el famoso verso de Luis Cernuda. En este caso, ya no se trata de dónde debe estar enterrado el dictador sino de un asunto teóricamente más sutil pero en el fondo mucho más trascendente.

Vaya por delante la observación de que en España hay instancias políticas o jurídicas especializadas en meter la pata del modo más estúpido, eso que vulgarmente se conoce como pegarse un tiro en el pie. ¿A santo de qué tenía el Supremo que meterse en este berenjenal? ¿Qué necesidad tenía de poner fecha exacta a la llegada del llamado Caudillo a la jefatura del Estado? Al modo patoso de Peter Sellers en El guateque, afirma el auto en cuestión que Franco fue “jefe del Estado desde el 1 de octubre de 1936”.

Para empezar, si nos ponemos puristas, técnicamente esa afirmación es lisa y llanamente inexacta. El 30 de septiembre de 1936 la Junta de Defensa Nacional, máximo órgano de los militares sublevados, proclamó a Franco mando supremo del ejército autodenominado nacional (“generalísimo” en la terminología del momento) y “jefe del Gobierno del Estado”, que no significaba exactamente lo que hoy entendemos sin más como “jefe del Estado”, sino jefe del Gobierno de un Estado que aún no se sabía bien qué forma iba a adoptar.

En segundo lugar, en un momento tan temprano de la guerra –tan solo dos meses y medio desde su inicio- esa proclamación iba a ser ignorada por todo el mundo, salvo los sublevados y sus apoyos internacionales, básicamente la Alemania nazi y la Italia fascista. Eso implicaba que el poder legítimo, tanto a escala nacional como internacional, era el republicano y, por tanto, su presidente, don Manuel Azaña era el jefe del Estado a todos los efectos. ¡Cuidado!: no hablo solo de legitimidad teórica sino de poder fáctico, porque las fuerzas leales a la República controlaban una parte importante del territorio nacional.

En el peor de los casos o, si se quiere, desde una perspectiva neutral, había en esos momentos dos poderes –cada uno de ellos controlaba una parte del territorio peninsular- y, por supuesto, dos legitimidades en litigio. Hasta que uno de los bandos se proclamó victorioso y pudo imponer su hegemonía de facto, no se resolvió el dilema. Ahora bien, al ganar la guerra el sector que había conculcado la legalidad vigente, subsistía el problema de la legitimidad: de hecho, algunas naciones no reconocieron al régimen franquista aunque la gran mayoría se acogió al principio de realpolitik.

Ahora una parte de la izquierda española se acoge retrospectivamente a ese purismo antifranquista y enfatiza que no puede reconocer a Franco como jefe de Estado en ningún momento de su mandato porque su llegada al poder fue ilegítima, como resultado del levantamiento del 18 de julio y la guerra civil. Como ven, el problema se ahonda hacia terrenos insondables, pues ya no importa el cuándo sino el reconocimiento en sí. Digo que entramos en un campo minado porque aquí se plantean al menos dos problemas nada baladíes.

El primero, en el que no voy a entrar, afecta a la legitimidad en la instauración de los regímenes políticos. Aquí se podría aplicar la recomendación bíblica de “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. ¿Un golpe militar no legitima el régimen que alumbra pero, por ejemplo, otro tipo de ruptura como un levantamiento revolucionario sí? El segundo es de índole más práctica: si no reconocemos a Franco, ¿quién diablos fue el jefe del Estado en España entre el fin de la guerra civil y 1975? Digo yo que una cosa es ser antifranquista y otra, negar la evidencia, ¿no?

Pero hay otro problema, yo diría que el más sustancial, que nada tiene que ver con el postureo ni con los melindres ideológicos. Se ha acusado al Tribunal Supremo de entrar donde no le llaman, es decir, en el campo historiográfico. Creo que esa crítica está completamente desenfocada. Precisamente el yerro del Alto Tribunal procede de no haber entrado en la cuestión histórica sino haberse detenido en su umbral, ateniéndose a un criterio estrictamente jurídico. La mayor parte de los historiadores no tiene problema alguno en hablar de Estado franquista entre 1939 y 1975 y de Franco como jefe de ese Estado, nos guste más o menos.

El problema está en que, aun con las inexactitudes señaladas, no hay otra fecha formal desde el punto de vista jurídico para sostener la llegada de Franco a la jefatura del Estado, pues la victoria bélica es una simple cuestión de hecho, sin un replanteamiento de las bases políticas ni un fundamento legal de la nueva estructura jerárquica. La torpeza del Supremo estriba precisamente en dejar al descubierto en asunto tan sensible la continuidad legal del entramado político español desde la guerra civil a nuestros días. “De la ley a la ley”, se ufanaba Torcuato Fernández Miranda al implementar la transición de un régimen autoritario a otro democrático. Lo que entonces fue virtud es hoy el talón de Aquiles del llamado despectivamente “régimen del 78”.

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Rafael Núñez Florencio
Soy Doctor en Filosofía y Letras (especialidad de Historia Contemporánea) y Profesor de Filosofía. Como editor he puesto en marcha diversos proyectos, en el campo de la Filosofía, la Historia y los materiales didácticos. Como crítico colaboro habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "Revista de Libros", revista de la que soy también coordinador. Soy autor de numerosos artículos de divulgación en revistas y publicaciones periódicas de ámbito nacional. Como investigador, he ido derivando desde el análisis de movimientos sociales y políticos (terrorismo anarquista, militarismo y antimilitarismo, crisis del 98) hasta el examen global de ideologías y mentalidades, prioritariamente en el marco español, pero también en el ámbito europeo y universal. Fruto de ellos son decenas de trabajos publicados en revistas especializadas, la intervención en distintos congresos nacionales e internacionales, la colaboración en varios volúmenes colectivos y la publicación de una veintena de libros. Entre los últimos destacan Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Primer Premio de Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto (Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Marcial Pons, 2014).

35 COMENTARIOS

  1. Unas cuantas opiniones deleznables
    Ramón Pérez de Ayala (padre de la República): “La República española ha constituido un fracaso trágico. Sus hijos son reos de matricidio… He profesado al general Franco mi adhesión, tan invariable como indefectible. Me enorgullece y honra tener mis dos hijos sirviendo como simples Soldados en la Primera Línea del Ejército Nacional”
    Gregorio Marañón (otro padre de la República) “La dictadura; no tenemos derecho a quejarnos de ella, pues la hemos hecho necesaria por nuestra ayuda estúpida a la barbarie roja” “Tenemos tal fe en que la Causa Nacional es la Causa de España, que la mantendría con todas sus consecuencias”
    Y podíamos seguir con Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Menéndez Pidal, Claudio Sánchez Albornoz…todas ellas opiniones deleznables, a juicio de Silvia, que de manera encubierta justificarían la cruenta e innecesaria Guerra Civil. Pero creo que ya es suficiente

    • ¿Está trando de sugerir o demostrar algo con la reproducción de esos fragmentos “elegidos al azar” en boca de pensadores, políticos e intelectuales? ¿Acaso ellos negaron como usted la existencia y legitimidad de la Republica y de su presidente Azaña para otorgársela directamente al generalísimo antes de tiempo o quizás se encomendaron a las “bondades” del caudillo antes incluso de que venciera?

      • Además de su carencia manifiesta de conocimientos sobre la Segunda República, empiezo a tener serias dudas sobre su capacidad para comprender lo que lee. Yo no he negado la legitimidad de la Segunda República, precisamente todo lo contrario. Los intelectuales a los que cito tampoco, fueron padres de la República. ¿En qué coincido con ellos? En que la Segunda República dejó de existir con el gobierno del Frente Popular y que la actitud criminal de este llamado gobierno justificó el Alzamiento Nacional. Pero usted en vez de argumentar de manera razonada una postura contraria se limita a emplear calificativos gruesos como “deleznable”, típica reacción de contertulio progre.
        Efectivamente son fragmentos elegidos al azar, porque el número de intelectuales que apoyaron el Alzamiento por esta razón es tan elevado que no es necesario hacer una selección. Por cierto también al azar le puedo poner argumentos de los perdedores en los que manifiestan que fue el desgobierno del Frente Popular lo que motivó la sublevación.
        En cuanto a la legitimidad o no del presidente de la República, ya le he explicado las dudas jurídicas que suscitaron en su época y que suscitan en la actualidad sobre su elección en abril de 1936. Ahora si usted no es capaz de debatir sobre el tema …pues que quiere que le diga, Quod natura non dat, Salmantica non præsta.
        Ah y una última cuestión importante que dado su maniqueismo propio de la memoria histórica no entiende. Que alguien apoyase el Alzamiento del 18 de julio no quiere decir que estuviese a favor de la implantación de una dictadura de 40 años en España. Se que para usted esto puede suponer un cortocircuito cerebral, pero hágame caso así fue.

  2. Bueno en primer lugar Silvia sea más respetuosa con las opiniones de los demás, y más cuando le estoy enseñando historia de España gratis, porque es evidente de sus comentarios que no tiene ni idea del periodo histórico del que habla. No me ha rebatido un solo dato histórico de los que he aportado, se limita a repetir lo de siempre: gobierno legítimo, militares golpistas, sesgo ideológico (uuuuhhhh que viene los fachas) que si mis opiniones son deleznables ¿Por qué? ¿Qué dato que le he dado es incorrecto? Demuéstrame con datos históricos que mis opiniones son falsas, y deje de repetir lo que dicen otros
    Y yo no comparo la España del 36 con la Venezuela actual, la situación en España en 1936 era peor. Y sí por supuesto que justifico la rebelión contra los gobiernos tiránicos, contra los gobiernos que violentan los derechos y libertades de los ciudadanos, contra los gobiernos cuya policía asesina a los políticos de la oposición y persigue a las víctimas y no a los asesinos. Y no lo hago de manera encubierta, lo digo claramente y sin ningún tapujo.

    • “Demuéstrame con datos históricos que mis opiniones son falsas, y deje de repetir lo que dicen otros”-

      Ahora va a resultar que su opinión fundamentada en “datos históricos” le permite justificar y deducir falsamente la consideración de la figura de Francisco Franco como jefe del Estado en una fecha equivocada contradiciendo el criterio profesional, conocedor e informado de la mayoría de juristas e historiadores. Y ya lamento que considere “poco respetuosa” mi intervención ante su “masterclass” gratuita de historia pero tengo por costumbre responder de forma ligera o airada ante ciertas tomaduras de pelo canalizadas a través de un exceso de obstinación malsana que chirria.

      • Bueno yo coincido con los magistrados del tribunal supremo a los que podremos calificar de juristas ¿no? Pero bueno a lo mejor para usted tiene mayor peso profesional el criterio de Pablo Iglesias como “jurista”, que es quien ha inicado toda historia.
        En cuanto a los historiadores, esa mayoría ¿quienes son? Porque hasta que Pablo Iglesias se ha quejado en ninguna monografia sobre el tema se dudaba de que Franco hubiese sido nombrado Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936. Si conoce algún libro, autor, que lo haya puesto en duda, por favor dígame cuál es, me gustaría leerlo.
        Bueno ¿tiene algún dato histórico que añadir, alguna posición, algo aparte de sus lamentos? Porque que quiere que le diga para tomaduras de pelo sus comentarios en respuesta a los mios. Yo aporto datos, fechas, nombres, vamos lo normal en un debate sobre historia…¿y los suyos? Pues como decía aquel ni están ni se le esperan. Así que hágase un favor y déjelo ya

  3. Por dejar de mirarnos el ombligo patrio. En menos de un mes los gringos celebraran su fiesta de la independencia, su gran día nacional, pero no deberían celebrarlo porque el 4 de julio de 1776 los que la promulgaron eran una panda de rebeldes (Franco y los militares) frente a la autoridad legítima del Rey Jorge (Azaña)

  4. Sivil, la sublevación se justifica no en el pucherazo electoral, demostrado recientemente de manera indubitada. El problema es lo que vino después, la “primavera sangrienta” por emplear la denominaciòn que le dio Salvador de Madariaga. Con el amparo del gobierno del Frente Popular se ocuparon ilegalmente tierras, la inseguridad reinaba en los campos y en las ciudades, el Orden público era una quimera, la libertad de expresión y de asociación fueron aniquiladas, se cerraron los periódicos de derechas, se persiguió a los militantes de los partidos que no eran del Frente Popular, se reanudó con saña la persecución religiosa, se quemaron Iglesias, se lanzaron bulos como el de los caramelos envenenados, un clásico del anticlericalismo izquierdista español. El Frente Popular otorgó la condición de agentes de la autoridad a militantes de los partidos del Frente Popular, algo parecido a lo que había hecho Hitler con las SA en 1933. Las calles se tiñeron de sangre, los asesinatos políticos se multiplicaban, cada acción tenía su reacción, ante el apoyo complice del gobierno respecto de los crímenes causados por las milicias del Frente Popular. Cuando se asesinaba a un derechista, la culpa para el gobierno era de las derechas. Todo esto fue denunciado por la oposición en las Cortes y la única respuesta del gobierno fue acusar a las víctimas de ser los responsables de los desórdenes. Los diputados del Frente Popular amenazaban de muerte a sus contrarios en las mismas Cortes. Finalmente todo estalló la madrugada del 13 de julio cuando una patrulla de la polícia del gobierno capitaneada por un guardia civil, junto con pistoleros del PSOE, secuestraron al diputado de derechas José Calvo Sotelo y le asesinaron. Otra patrulla policial fue en busca de Gil Robles el lider de la CEDA, pero no lo encontraron. Al día siguiente el gobierno no hizo nada, bueno sí, detuvo a más derechistas. El gobierno había dejado de existir, se habían convertido en una banda de salteadores de caminos y en palabras de Gil Robles “media España no se resignaba a morir”. La rebelión estaba justificada. Esta es la historia real de lo que ocurrió en España. Los padres de la República, Marañón, Ortega y Ayala, apoyaron el alzamiento. Lo que vino después es otra historia.
    PD: el asesinato del teniente Castillo, el 12 de julio, y que ha sido utilizado como excusa del de Calvo Sotelo, formaba `parte de la cadena de represalias políticas que asolaban España desde febrero de 1936. Castillo se sublevo contra la República en octubre del 34, a pesar de su condición de policía, por lo tanto garante de los derechos y libertades de los ciudadanos, daba instrucción militar a las milicias socialistas y se sabe que participó al menos en el asesinato de un falangista en la auténtica batalla campal que tuvo lugar en Madrid el 16 de abril de 1936 en el entierro del alférez Reyes de la Guardia Civil, asesinado por pistoleros del Frente Popular. En resumen era un vulgar pistolero.

    • Amigo Brigante, sin ánimo por mi parte de blanquear a los del bando replubicano, le agradezco que me ilustre con ese pasaje de la historia que a mi juicio constituye una verdad a medias, porque el “atropello” jurídico, político e histórico cometido por el Supremo al reconocer y legitimar a la figura de Francisco Franco como el Jefe del Estado desde el 1 de octubre de 1936 sigue siendo el mismo. Apoyarse en esa referencia del BOE de la época para proclamar al generalísmo jefe del Estado resulta impreciso, falaz y sesgado. Como apuntaba más abajo en mi comentario, la legalidad y legitimidad vigentes no desaparecen porque sí ni se adjudican al arbitrio del bloque de los sublevados contendientes, ignorando la la legalidad de la constitución de 1931 y de Azaña como legítimo Jefe del Estado del gobierno republicano.

      De manera que no, por pésimas que fueran las directrices o las acciones de ese “frente popular”, no puede blanquearse ni justificarse el alzamiento militar de un grupo de sublevados ni mucho menos puede conferirse la consideración de “Jefe de Estado” nombrado por los suyos, al que fue un golpista. Que yo sepa el 1 de octubre de 1936 el jefe de Estado del legítimo gobierno republicano todavía no se había rendido ni había abandonado sus posiciones. Aparte que, mientras duró la contienda civil entre los dos bloques, el apoyo internacional a cada uno de ellos también estab dividido, de manera que ese supuesto reconocimiento exterior al “Jefe de Estado” también cojeaba y por supuesto que no era unánime.
      El sesgo cometido por los jueces del Supremo es preocupante, en el sentido de hacer borrosas las líneas que separan la legalidad o legitimidad de la ilegalidad o ilegitimidad. Cuando se frivoliza y se franquea esta barrera, aunque haya sido más por torpeza inconsciente que por mala intención consciente, se abre la puerta a toda suerte de despropósitos y atropellos a las constituciones vigentes legalmente establecidas.
      De manera que un grupo de indeseables insurrectos puede decidir qué es lo legal lo ilegal, puede decidir obedecer solo la leyes que le parezcan justas, puede decidir declarar la independencia de un territorio o puede designar y proclamar por designio divino más que por imperativo legal al Jefe de Estado legítimo que le venga en gana.
      En fin, que cuando se juega a ser más purista que el papa con el cumplimiento de las leyes y de la legalidad vigente, no se puede caer en este tipo de errores históricos, políticos o jurídicos n mucho menos blanquear golpes de estado, ilegales e ilegítimos, a todas luces.
      Buenas tardes,

      • Bueno si usted quiere ¿de verdad la República era un régimen légitimo? El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales, estaba vigente la Constitución de 1876. Las elecciones las ganaron las candidaturas monárquicas pero ante la noticia de que en las grandes ciudades era probable que ganasen las candidaturas republicanas (republicanos que habían intentando un golpe de Estado en diciembre de 1930) el Rey sorprendentemente hizo un Rajoy, vamos que se piró. Al momento un comité revolucionario se constituyó como gobierno provisional saltándose la legalidad y triufó porque el General Sanjurjo, jefe de la Guardía Civil se sumó a lo que puede ser calificado de golpe de Estado. Por lo tanto la República según su purista visión de las cosas era ilegítima. Así que difícilmente podía ser nadie Presidente legítimo de la República.
        Yo no comparto esta tesis pero si aplicamos una regla para unos la aplicamos para todos, pero el problema es que la República dejó de existir con el gobierno del Frente Popular donde se conculcaba la legalidad continuamente por el propio gobierno empezando por la propia Constitución. La elección de Azaña como presidente de la República es muy discutible y es probable que fuese ilegal la destitución de Alcalá Zamora. Pero en fin si a usted le parece legítimo un gobierno donde su policia acompañada por militantes de un partido asesinan a uno de los líderes de la oposición, lo intentan con el otro y no hacen absolutamente nada, salvo perseguir a los partidarios del asesinado…pues usted sabrá. Esto no lo ha hecho ni Maduro, al que estoy seguro que usted no considera un presidente legítimo de Venezuela
        PD. Si el régimen de Franco fue ilegal e ilegítimo, si Franco no era Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936, la transición es ilegítima y la constitución del 78 también.

        • Acertado, de nuevo, aunque me gustaría añadir que la Constitución del 78 es ilegítima se coja por donde se coja. En efecto, si los Principios Fundamentales del Estado no son legítimos, lo que le sigue no puede serlo, recuérdese el famoso “de la Ley a la Ley”. El caso es que una constitución debe seguir cierto proceso para ser legítima y la del 78 no lo cumple: la escriben en secreto siete señores que no tenían mandato para ello, la someten a referendum sin alternativas, es decir, plebiscitario (o se votaba sí o se continuaba con los PFE). No hubo una asamblea constituyente elegida exprofeso y bajo una ley electoral mayoritaria, única manera de que ostentara legítima representación. Si además su contenido no se limita a establecer los poderes del estado, sino que se llena de intenciones abstractas e incluso contenido ideológico, propio de un desarrollo legislativo posterior, ya tenemos el paquete completo la mayor ilegitimidad posible. Añada que para más inri es incumplible y solo queda reírse por no llorar. Por cierto, todas las leyes de estos últimos cuarenta años son nulas debido al incumplimiento de la prohibición constitucional del Mandato Imperativo, incompatible con la llamada disciplina de partido.

        • “…Yo no comparto esta tesis pero si aplicamos una regla para unos la aplicamos para todos, pero el problema es que la República dejó de existir con el gobierno del Frente Popular donde se conculcaba la legalidad continuamente por el propio gobierno empezando por la propia Constitución. La elección de Azaña como presidente de la República es muy discutible y es probable que fuese ilegal la destitución de Alcalá Zamora”

          Pues para no compartir esa “tesis” se ha tomado muchas molestias en describirla con pelos y señales. Y desde luego que, si ya niega de antemano la legitimidad de la segunda República en España o que Azaña fuese el legítimo presidente antes, durante y después del alzamiento militar o el golpe de estado en octubre del 36, si se empeña en negar la legitimidad de Azaña como el verdadero presidente del gobierno republicano y jefe del estado hasta su rendición al final de la guerra civil en el 39, pues poco más puedo debatir con usted sobre el asunto, aparte de ir en contra del criterio de la mayoría de historiadores, juristas, intelctuales y conocedores en profundidad de este periodo histórico de nuestra Nación.

          “Maduro, al que estoy seguro que usted no considera un presidente legítimo de Venezuela”
          No entiendo qué le hace pensar eso. Por desgracia y para desgracia de los venezolanos que ni siquiera pueden cubrir sus necesidades más elementales de alimentación, seguridad e higiene, este personaje déspota, grotesco y siniesto es el presidente legítimo de Venezuela, mientras siga en su bunker ajeno al desaliento de su pueblo, a la presión internacional y mientras siga ejerciendo su tiranía sin el menor escrúpulo.

          “Si el régimen de Franco fue ilegal e ilegítimo, si Franco no era Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936, la transición es ilegítima y la constitución del 78 también”
          Le sugiero que lea especialemnte los dos apartados (¿CUÁNDO Y CÓMO FUE NOMBRADO FRANCO JEFE DE ESTADO y el del BOE)?de este extenso artículo que le sacarán de algunas dudas, al tiempo que le impedirán sacar deducciones sin sentido como la de su entrecomillado.
          https://www.efe.com/efe/espana/destacada/era-franco-jefe-de-estado-en-1936/10011-3994685

          • Me he molestado en explicarle el origen de la Segunda República para que vea al absurdo en el que podemos caer con el tema de las legitimidades políticas. Desde la Revolución Francesa, por poner una fecha, la mayoría de los regímenes políticos provienen de actos de fuerza con mayor o menor grado de intensidad violenta. Por eso como le ha explicado otro comentarista que el 1 de octubre de 1936 hubiese un presidente de la república es irrelevante. Por eso yo no comparto la tesis de que la segunda república sea ilegítima, aunque su llegada se produjese “ilegalmente”, porque se consolido y ejerció el poder construyendo una arquitectura institucional y jurídica propia. Le he puesto también para que lo entienda el ejemplo de EEUU, imagínese al embajador británico protestando el próximo 4 de julio, diciendo que el 4 de julio de 1776 existían un Rey legítimo de las 13 colonias…¿sería ridículo, verdad? pues con lo de Franco igual. A los efectos históricos y políticos Franco es Jefe del Estado Español desde el 1 de octubre de 1936 y la República dejó de existir el 18 de julio de 1936.
            Respecto de la legitimidad o no de la presidencia de Azaña por supuesto que no hay esa unanimidad en los historiadores de la que usted habla. Creo que no conoce el problema. Verá la Constitución Republicana limitaba a dos posibilidades el derecho del Presidente de la República a disolver las Cortes, El Frente Popular consideró que la disolución de las Cortes por Niceto Alcalá Zamora en diciembre del 35 era la tercera, tras la de 1931 y 1933. Pero resulta que la primera vez se habían disueltos las constituyentes, y muchos juristas e historiadores entienden que esa no contaba, pero como el Frente Popular había usurpado la mayoria del Congreso y la oposición de derechas no tragaba a Alcalá Zamora entre todos le destituyeron. Por eso es cuestionable la legitimidad de Azaña, nombrado a continuación, como Presidente de la República.
            PD: ¿Está justificada la rebelión contra un “tirano sin el menor escrúpulo”? Para mí desde luego, el problema es determinar cuando se es un tirano sin escrúpulos. Pues bien el tirano sin escrúpulos todavía no ha llegado a los niveles del gobierno del frente popular. Su policía todavía no ha asesinado a ningún líder de la oposición

          • “A los efectos históricos y políticos Franco es Jefe del Estado Español desde el 1 de octubre de 1936 y la República dejó de existir el 18 de julio de 1936”.
            Su apreciación subjetiva carece de rigor y objetividad a todas luces. Pero bueno, contra su cerrazon y tizudez poco más se puede hacer.
            Y ya comparar el estado crítico de emergencia nacional que sufren los venezolanos desde hace tanto tiempo con la España de 1936, antes de que los militares golpistas dieron un golpe de estado para derrocar al gobierno legítimamente instaurado hasta el final de la guerra civil, no es que me parezca desproporcionado y deleznable, es que pone de relieve su sesgo ideológico y su justificación encubierta dela cruenta e innecesaria guerra civil que tanto sufrimiento y daño causó a nuestro país.

  5. No quería meterme en esta absurda díscusion, aparte de ser absurda tiene el componente de estupidez necesario para ser la típica ocurrencia que sirve de cortina de humo para no dejar ver lo esencial.
    Los hechos son los siguientes:
    Un partido político alcanza el poder tras una moción de censura. Redacta de manera arbitraria y dictatorial una ley que vulnera los derechos de todos los españoles.
    El tribunal al que acuden los familiares del muerto a pedir amparo paraliza la ejecución del acto.
    En el escrito se refleja una fecha que figura en el BOE actualmente en vigor, sin embargo, la noticia importante que es dictaminar la paralización del atropello legal no es noticia, sino que la noticia es la fecha en que el muerto comenzó a ejercer sus funciones como jefe del estado que figura en el BOE vigente desde aquella misma fecha.

    Francamente, no puedo entender nada.

  6. Desde el momento en que el gobierno de la República cancela la segunda vuelta de las elecciones y se proclama ganador, se extingue la legitimidad y la legalidad. Es un golpe palaciego y por tanto el levantamiento no lo es contra un gobierno democrático, mucho menos contra la mismísima forma de estado. En ese momento hay dos contendientes por el poder de facto, el ganador establecerá la nueva legitimidad, pues ya no había ninguna.

    • “Desde el momento en que el gobierno de la República cancela la segunda vuelta de las elecciones y se proclama ganador, se extingue la legitimidad y la legalidad”.
      Y ¿la solución es un alzamiento militar, una guerra civil y tres millones de muertos?
      Aunque fuera cierto que se “cancelara la segunda vuelta de las elecciones” no veo tan claro que se “extinga” la legitimidad y la legalidad vigente.
      “Es un golpe palaciego y por tanto el levantamiento no lo es contra un gobierno democrático, mucho menos contra la mismísima forma de estado”
      Pues ese razonamiento es muy similar al de los secesionistas catalanes para justificar y legitimar sus acciones contra el Estado de derecho. Vaya que, además de negar que exista realmente, consideran no están vulnerando la legalidad vigente.
      “En ese momento hay dos contendientes por el poder de facto, el ganador establecerá la nueva legitimidad, pues ya no había ninguna”
      Ya, ipso facto. Pues va a ser que no, porque no se puede obviar al otro bloque contendiente que como mínimo gozaba de la misma legitimidad que el bloque que apoyó el alzamiento. Para que el ganador pudiera establer la legitimidad tuvieron que pasar tres años.

  7. “Vaya por delante la observación de que en España hay instancias políticas o jurídicas especializadas en meter la pata del modo más estúpido, eso que vulgarmente se conoce como pegarse un tiro en el pie”

    No puedo estar más de acuerdo, Rafael. Está claro que se han pegado un tiro en el pie y en la mano derecha de la forma más torpe y ominosa.
    Creo que no se necesita ser historiador para advertir que en la fecha en la que señalan al caudillo como “Jefe de Estado” no cincide con la realidad de la situación histórica y política. Mucho menos con la consideración que se le otorga falsa y gratuítamente al gteneralísimo.
    La declaración del Supremo yerra a favor de la causa antifranquista de la izquierda y propicia que se lancen a la yugular del poder judicial con todas las de la ley.
    El gobierno legítimamente instaurado era inequívocamente el de la República, siendo el rol y la consideración política de la figura de Francisco Franco, la de un golpista militar, como podría ser la de Tejero si en su momento hubiera triunfado el golpe de estado en grado de tentativa para derrocar al gobierno legítimo del Estado de la Nación y usurpar ese poder.

    • La legitimidad del Régimen de Franco es indiscutible y tiene su origen en el Alzamiento del 18 de julio, que siendo sin duda un golpe de Estado, fue algo más que el pseudo golpe de Tejero, ya que al menos la mitad de la población española se sublevó contra un gobierno que había dejado de ser legítimo ¿cuándo perdió esa legitimidad? Sería tema de otro debate, pero sin duda, definitivamente la madrugada del 13 de julio de 1936 el gobierno del Frente Popular se transformó de gobierno en banda de salteadores de caminos (si quiere en un comentario aparte se lo explico con más detalle pero supongo que sabrá lo que ocurrió la madrugada del 13 de julio de 1936 en Madrid).Si el origen es el alzamiento la legitimidad viene de la victoria y los poderes de Franco le son otorgados por los mandos militares sublevados y aceptados por los partidos y movimientos políticos que apoyaron la sublevación, el 1 de octubre de 1936. El Tribunal Supremo se ha limitado a constatar un hecho histórico y político.
      Por cierto lo único en que se parecen el golpe de Tejero y la sublevación del 18 de julio, no el golpe de Franco por favor, sería en su caso el golpe de Mola, fue que ninguno de los dos pretendía cambiar de régimen. El 18 de julio no tuvo lugar contra la República sino contra el Frente Popular, el matiz es importante. Fueron los hechos posteriores, la guerra, lo que llevó al cambio de Régimen.

  8. Me parece uno de los debates históricos y jurídicos más absurdos de los muchos debates absurdos que se plantean en España sobre este tema. Pues claro que Francisco Franco fue Jefe del Estado español desde el 1 de octubre de 1936. Si los nacionales hubiesen perdido la guerra, pues valdría lo que dijese el BOE del gobierno del Frente Popular, pero como ganaron pues vale lo que diga el BOE del gobierno de Burgos. Y no hablemos de legitimidades por favor, porque ya me dirán los hipersensibles con las legitimidades donde ponía en la Constitución de 1876, vigente el 14 de abril de 1931, que de unas elecciones municipales podía surgir un gobierno provisional para cambiar la forma de Estado….y nadie duda de la legitimidad de la Segunda República española, yo no al menos.

  9. • Gaceta de Madrid, 15, abr, 1934 – 31, mar, 1934
    • Gaceta de Madrid: Diario Oficial de la República, 1, abr, 1934 – 8, nov, 1936
    • Gaceta de la República: Diario Oficial, 10, nov, 1936 – 28, mar, 1939
    • Gaceta Oficial de la República Española, 7, sep, 1945 – 25, jun, 1949
    • Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional de España, 25, jul, 1936
    – 2, oct, 1936
    • Boletín Oficial del Estado, 2, oct, 1936 – … hasta hoy.

    Cómo podemos observar los jueces solo se han servido del documento oficial correspondiente.

    La polémica la dejo para el próximo comentario.
    Parece que transición de la ley a ley es como jugar al juego de “La Oca”. De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente. Esta vez nos toca volver a la casilla de salida desde la unidad indisoluble de la nación. Quien sabe, pero todos sabemos que la corrupción política hace inviable cambiar de juego.

  10. “La torpeza del Supremo estriba precisamente en dejar al descubierto en asunto tan sensible la continuidad legal del entramado político español desde la guerra civil a nuestros días.”

    No veo ninguna torpeza en reconocer la realidad de una legalidad instaurada antes de que terminara la guerra.