Decía Mario Benedetti que un pesimista no es más que un optimista bien informado. A tenor del estado del mundo y de España en este final de década uno podría aceptar sin demasiados reparos la sabia apreciación del famoso escritor uruguayo. En esta década que termina la famosa invitación kantiana al sapere audere, que se tradujo en la pretensión de que la modernidad supondría el triunfo definitivo de la razón sobre el oscurantismo parece estar muy lejos de cumplirse. En pleno siglo XXI estamos instalados en una era donde la razón ha dejado de ser un criterio de verdad para dejar paso al sentimiento como criterio de certeza. Nuevas ideologías como son el catastrofismo climático, el feminismo radical, el animalismo o el globalismo se han convertido en formas de teología secularizada que imponen nuevos dogmas de obligada creencia so pena de incurrir en una forma de excomunión secularizada llamada muerte civil. Ni siquiera ya la ciencia es esa disciplina objetiva, desprejuiciada y neutral nacida de la llamada revolución científica del siglo XVII. Ésta se ha convertido en una especie de nuevo brazo secular encargada de imponer los dogmas establecidos por las nuevas teologías secularizadas.

En España por la nefasta influencia que ha ejercido el llamado progresismo en nuestra historia hemos asumido la errónea tesis de que somos una nación atrasada en relación al devenir de la civilización occidental. Ese divorcio histórico entre la modernidad y España que ya comenzara con nuestros sobrevalorados ilustrados, como muy bien apunta Elvira Roca en su último y criticado ensayo Fracasología, y que ha seguido siendo cultivado por buena parte de nuestra intelectualidad que va desde Ortega a José Luis Villacañas, nos aboca a profesar la llamada fe del converso.

Nuestras élites intelectuales por ese complejo histórico de nación atrasada abrazan con una fruición frénetica las modas intelectuales surgidas allende de nuestras fronteras. Ya vengan de las prestigiosas universidades americanas de la llamada Ivy League o de nuestro vecino francés, epítome para nuestras mentes ilustradas de esa secularización de la noción teológica de gracia que llamamos cultura.  Nuestras élites intelectuales nos dicen que las razones del atraso histórico de España radican en nuestras ideas equivocadas sobre nuestra historia o de una concepción tradicional de la historia que nos lleva a rechazar patológicamente la noción ilustrada del progreso. Esta forma de spinozismo político ha traído incontables males para la nación española.

Quizás España esté ante su mayor crisis existencial desde 1808, pero ahora como entonces una parte de su población se resiste a convertirse a este nuevo “afrancesamiento” en que se ha convertido el globalismo posmodernista

Para la intelectualidad patria progreso es aquello que las élites intelectuales anglosajonas o francesas dictaminan que es tal, ya sean los desvaríos ecologistas de una adolescente instrumentalizada por unas grandes corporaciones deseosas de sustituir el viejo laisser faire por el socialismo verde o la nueva guerra de los sexos que nos radian como verdaderos epígonos de Orson Welles los nuevos medios de comunicación de masas.

No hay nada más dramático en la ominosa tendencia de la intelectualidad patria de apuntarse a la última moda que la de haber importado la crisis de identidad de la izquierda. Como muy bien apuntara Gustavo Bueno en su taxonomía de las izquierdas, las llamadas izquierdas indefinidas han ido desplazando a la izquierda clásica como herederas de esa tradición de pensamiento surgida de la revolución francesa. Esta nueva izquierda asume nuevos sujetos políticos que desplazan a la clase obrera como protagonista de sus discursos, desprecia la noción jacobina de nación por una suerte de internacional de las identidades oprimidas que se convierte en aliada circunstancial del globalismo en su lucha por la erradicación del Estado nación como sujeto político y se instala en una especie de nihilismo deconstructor incapaz de proponer una alternativa seria al capitalismo que no pase por una especie de lifting apresurado del marxismo.

En el caso español esto es especialmente dramático. Buena parte de la tragedia de España como nación reside en el hecho de no haber contado con una izquierda que asumiera la existencia de una nación española. El acta de nacimiento de ésta, en 1812, nunca ha gozado del beneplácito de esta izquierda. A diferencia de lo ocurrido en la Francia revolucionaria aquí no se produjo un corte axial con el antiguo régimen. Nuestra nación no renunció ni al catolicismo ni a la corona de ahí que nuestra izquierda patria no asumiera el axioma jacobino de la nación como expresión más plena de la soberanía popular. Del jacobinismo sólo queda el anhelo roussoniano por moldear la realidad según las directrices de una razón incontaminada por los perniciosos efectos de la cultura y la sociabilidad. Si la nación surgida de 1812 era un esperpento, una caricatura de nación no quedaba otra que destruir aquella para sustituirla por una nueva que cumpliera las expectativas de progreso y estuviera incontaminada de todos aquellos prejuicios asociados a la llamada leyenda negra. Buena parte de nuestro convulso siglo XIX y primera mitad del siglo XX se explica por esa suicida tendencia de la izquierda española por renegar de su condición nacional.

Si nuestra izquierda no ha creído nunca en la existencia de una nación española no es difícil explicar dos anomalías recientes de nuestra vida política como son la subasta pública de la soberanía nacional que está llevando a cabo el presidente del gobierno o el izquierdismo vacío de contenido real de un partido como Podemos. Que el presidente del gobierno esté dispuesto a casi cualquier cosa con tal de ser investido sólo se explica por dos razones. Una es el cinismo político y el maquiavelismo sin inteligencia que exhibe el personaje y el absoluto desprecio por la idea de nación política que le lleva a desconocer la capital distinción que estableció Sièyes entre poder constituyente y poder constituido. El presidente, como expresión de un poder constituido, no puede negociar con aquello que sólo es propiedad exclusiva del poder constituyente soberano: la propia existencia de la nación política.

Aquellos, afortunadamente cada vez menos, que creen ver en el presidente Sánchez una suerte de estadista interesado en recomponer consensos constitucionales yerran gravemente. Su recuperación de la idea zapateril de la nación de naciones no es una suerte de traslación a la política de aquella visión sinóptica del dialéctico platónico que es capaz de ver la indisociable relación entre lo uno y lo múltiple. Más bien se trata de una tosca forma de sofisma retórico que busca engañar al nacionalismo con una burda operación semántica que jamás podrá saciar al insaciable por naturaleza que es el nacionalista.

Por otro lado que la izquierda reniegue de la existencia de una nación española también sirve para explicar la anomalía política de un partido, de Podemos, que por un lado busca reverdecer los viejos laureles de la socialdemocracia de máximos nórdica que exige un Estado fuerte y cohesionado, y que por otro se entrega con especial apasionamiento a la tarea de balcanizar España. Ya sea en Baleares, Cataluña o León. Podemos es así una suerte  de oxímoron político que sólo tiene de izquierdas el haberse convertido en una organización política que practica el culto al líder supremo y que se parece cada día más al partido comunista de Albania, el último en pasar por el trance de la desestalinización. La pareja dirigente de la formación morada en poco desmerece a los Ceaucescu rumanos en buena parte de su acción personal y política.

Quizás España esté ante su mayor crisis existencial desde 1808, pero ahora como entonces una parte de su población se resiste a convertirse a este nuevo “afrancesamiento” en que se ha convertido el globalismo posmodernista. Es por lo tanto capital que ahora sí logremos consolidar una nación como no se pudo hacer en 1812. Una nación que no se avergüence de su historia y que deje atrás absurdos localismos que sólo buscan enriquecer a unas élites extractivas.

Imagen: La familia de Carlos IV, por Francisco de Goya


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13 COMENTARIOS

  1. Estando de acuerdo con el fondo del artículo, una precisión de carácter histórico-político. El «acta de nacimiento» de la Nación Española no es 1812, fecha de la Pepa. Es un error bastante frecuente en cierta intelectualidad española de carácter liberal y en ciertos políticos de la derecha, como Esperanza Aguirre.

  2. Después de una temporada de ausencia de Disidentia y de la actualidad, vuelve uno y se encuentra el patio bastante revuelto. Un psicópata sin remedio, al que solo le mueve la ambición de poder, avanza a pasos agigantados hacia la destrucción de la estructura política e institucional que ha tenido España durante los últimos cuarenta años (no nos remontaremos más atrás, de momento). El problema de todo esto es que estamos ante un salto en el vacío, ante la incógnita más absoluta. Este personaje que hoy ocupa la Moncloa no tiene un plan, más allá de seguir siendo inquilino de este palacio. Todo es improvisación. Él no tiene un plan, pero sus compadres (separatistas vasco y catalanes, comunistas bolivarianos, bildutarras y demás ralea) sí que lo tienen.

    En España se nos ha vendido que los estados-nación están en crisis. Creo que no es verdad. No veo esa desaparición, salvo en España. En varios países que he recorrido en los últimos tiempos (algunos de la UE y otros asiáticos) lo único que he visto es que SU estado-nación (o la construcción que de él han hecho) goza de muy buena salud. Por eso, pienso que estamos ante una gigantesca operación propagandística, que, a través de los medios de comunicación de nuestro país (que son mayoritariamente basura), quieren hacernos creer a los españoles que el estado-nación ha muerto, que hay que dejar paso a las soberanías locales y a la gran soberanía supraeuropea y, por qué no, a la mundial a través de la ONU. Todo es una gigantesca mentira.

    Los españoles llevamos cuarenta años sometidos a un lavado de cerebro inmisericorde, que nos vende que España no existe y que somos una nación de naciones. Si España no existiera, haría bastante tiempo que la estructura politico-administrativa se hubiera derrumbado, porque nuestro Estado (institucional) es muy débil con los fuertes y está en manos de gentuza e incompetentes. A los españoles nos quieren robar nuestra nacionalidad, sencillamente, y convertirnos en apátridas o en vasallos de las nuevas estructuras políticas que saldrán si el plan de la gentuza que apoya a Sánchez se cumple. Y España existe, sin duda, porque de lo contrario los nacionalismo periféricos no hubieran tenido enfrente a nadie durante casi siglo y medio de existencia.

    El problema, como dice el artículo es la clase dirigente española de los últimos 200 años. Eso es una verdad a medias, porque en estos dos siglos en España ha habido dirigentes que tenían muy claro donde estaban los problemas de España. Podemos pensar que las recetas aplicadas no fueron las adecuadas, que no supieron retirarse a tiempo, pero eso ya es historia. El problema es la actual mediocridad rampante, la ausencia de personas que piensen libremente en la vida política y que no sean esbirros del jefe, culiparlantes y estómagos agradecidos. De eso ya se ha hablado bastante en Disidentia y no voy a insistir.

    Los nacionalistas han hecho bien su trabajo desde primera hora. Han sido desleales desde el minuto uno, pero han sabido ocultarlo muy bien y vender que eran colaboradores en pro del bien común de España, bueno para ellos «del Estado Español». Solo estaban esperando su oportunidad y que el supuesto «enemigo» estuviera débil y acorralado. Ahora tienen una ocasión de oro y no van a desaprovecharla. Porque no se trata de construir un estado catalán o vasco independiente (atención también a Galicia, Navarra, Baleares y Valencia), que también, sino de que lo paguen el resto de los españoles. No quieren pasar de España, quieren que España se convierta en su colonia y los españoles en sus siervos, en un proceso de empobrecimiento galopante y de deuda insostenible, hipotecando el futuro (si no lo está ya) para mantener esa ficción.

    Soy bastante pesimista en todo este tema. Los lazos con Cataluña están rotos, pero no solo a nivel institucional (a excepción del «qué hay de lo mío»), sino a nivel afectivo y emocional entre las clases populares. Los nacionalistas han estado insultando, vilipendiando, despreciando y calumniando a todo lo que significa España y los españoles y han hecho una labor impecable en su propósito de propaganda, de ser una minoría, ya casi están al 50%. Los lazos con el resto de España se irán debilitando cada vez más, conforme vayan desapareciendo los catalanes que todavía tienen vínculos familiares directos o emocionales con el resto de España y las nuevas generaciones son en más de 90% independentistas (lo he visto con mis propios ojos y en mi círculo personal directo) y tienen un odio visceral a España (Dios mío, ¿qué os hemos hecho? ¿De verdad que España ha sido tan malvada y tan cruel con los catalanes, que os ha hecho los más ricos del pais?). De nada sirve dialogar y razonar con esta gente. Es puro fanatismo. Por tanto, una pérdida de tiempo.

    De seguir las cosas como hasta ahora (o acelerándose, como parece que ocurrirá), Cataluña será independiente (de facto o quizás menos probablemente «de iure») y el resto pagando como tontos. La inacción y el tiempo juega a favor de los separatistas y ellos lo saben. Esta vez no creo que se calmen con más dinero (que también), sino que quieren romper el «statu-quo»: una Cataluña convertida en Estado soberano, ya sea libre asociado, federado, confederado con España o totalmente independiente (con especiales lazos de «amistad»), pero con voz propia en la ONU, Unión Europea y OTAN y pasaporte propio. Da igual la fórmula, pero las facturas corren por cuenta de España. Ellos ciudadanos de primera en España y los españoles ciudadanos de tercera en Cataluña. Supremacismo en estado puro y los catalanes que no traguen, pues a la marginalidad, al silencio y a la muerte civil. Sobre el papel puede que una ficción llamada España como estado unitario seguirá existiendo, pero la realidad será muy diferente y como siempre, los nacionalistas a la espera de que se produzca la independencia total, para convertir al resto de España en su patio trasero. Algo así como lo que ha convertido Gibraltar al Campo de Gibraltar, con la complicidad de la repugnante clase dirigente española.

    La clase dirigente vasca (PNV) ha sido más taimada, porque tenía que soportar a los asesinos y a los bellotaris callejeros de Batasuna (ahora Bildu). Además, con el cupo-nazo vasco estar en España les sale gratis y encima les pagamos para que no den mucha lata. Pero el objetivo es el mismo que los independentistas catalanes.

    Además, ambos nacionalismos son expansionistas y saben que necesitan patios traseros para ser viables como estados independientes (Navarra, Valencia, Baleares e incluso Aragón). Además, no paran de surgir clones (oportunistas y quizás pirados, como en el antiguo reino de Tartessos) en otras partes de España que buscan lo mismo. De momento, solo hacen el ridículo, pero veremos, si la cosa se complica, como acaba esto. Por ello, una hipotética independencia de Cataluña y el País Vasco no solucionaría el problema ni de lejos, sino que lo agravaría y hablaríamos de estados soberanos. Creo que la situación a la que nos enfrentamos es delicadísima.

    La solución. No hay soluciones mágicas para esto. Creo que nos queda por delante muchos sapos que tragar y sin duda vamos a tener sangre, sudor y lágrimas. Hace falta mucha valentía política (e ideas muy claras) para enfrentarse a este problemón, que solo podrá encauzarse con mucho esfuerzo y con una clase dirigentes española y un pueblo español muy inteligente, consciente de la historia y de lo que nos jugamos (para no caer en viejos errores), hábil, honesta, patriota, sacrificada y dispuesta a extirpar esta enfermedad, cueste lo que cueste y caiga quien caiga (porque en el actual estado de cosas hay muchos intereses económicos y políticos: jefatura del Estado, IBEX, banca, fondos de inversión, grandes empresas, chiriguitos varios sindicales, empresariales, «lobbies» y… Europa y la OTAN). Pero, lamentablemente, creo que esos dirigentes ni están ni se les espera y sobre que esa masa crítica exista en el conjunto del pueblo español cada vez tengo más dudas.

    Otra solución (para el que pueda): alejarse y ver arder Troya desde las colinas.

    Disculpas por este largo mensaje (había ganas de escribir). Saludos y feliz año 2020 desde el antiguo Reino de Tartessos.

    • Buen comentario. Todo lo que relata es cierto y real como la España misma, pero pasa por alto que el tonto cuando se da cuenta que es tonto enseguida procura adherirse a la nueva corriente dominante. Esa corriente ya ha comenzado a fluir. Cada día que pasa la propaganda es más ridícula y hasta los tontos se dan cuenta.

      Solo hay una cosa en la que no estoy de acuerdo, el psicópata sabe perfectamente a donde quiere llegar, como todo sicópata quiere culminar su acción con la destrucción que le produce el éxtasis.

      Este error es el que más me ha molestado en los últimos tres años, me ha costado discusiones con personas a las que suponía inteligentes y con el conocimiento político que su trabajo le exigía. Muchas discusiones amables he tenido, nadie daba crédito a mi teoría que se ha ido cumpliendo paso a paso. Rivera intuyó por fin, pero ya era tarde. Rivera quería ser Suárez mientras Sánchez le hacía un 23F. Tres años estuve advirtiendo.

      Había un plan, un plan casi perfecto, el único error del plan fue pensar que la nación no existía o se había diluido en estos últimos cuarenta años. Usted es más producto de esa propaganda que de la realidad. La nación española existe, está fuerte, saludable pero sobre todo silenciada en los medios. imagine por un momento que los medios comenzaran a hablar de España como realmente es. De un día para otro el asunto estaba solucionado.
      Silenciar a España ha sido y es el objetivo.

      El plan que sigue el sicópata es bien sencillo.

      España está quebrada, tocaba el reparto entre cacicatos corruptos, el PSOE diseñó el golpe de estado, poner de acuerdo a todos los interesados era fácil, todos obtendrían beneficios a costa de los españoles.
      A un partido como el PSOE, capaz de proponer en la UE otorgar el permiso de residencia en origen a todo inmigrante que lo solicitara en el consulado de España de su país no se le debe juzgar teniendo en cuenta los límites morales.

      El PSOE vendió a Alemania y Francia lo siguiente,
      Hacer de España bancos malos (regiones pobres) que pagarán la deuda y bancos buenos que compraran tecnología a Alemania. (Cesiones a PNV entre otras)

      Para poner en marcha el plan necesitaban a los nacionalistas para crispar la sociedad y vender la necesidad de una reforma constitucional, en ello siguen, esperemos que Casado no caiga en la trampa. Nos hemos salvado por los pelos, Soraya estaba en el ajo. Dimite Rajoy, me pongo yo y junto al partido del estado Podemos hacemos la reforma constitucional. Casado y VOX forzaron que el plan se hiciera visible. Una vez hecho visible sólo quedaba tirar para adelante, cosa que se hará en breve con la ayuda de los tontos del pasillo de Cantabria, Canarias y Teruel, también con los diputados socialistas, entre otros, de Extremadura, manda huevos. Que verguenza siento como extremeño.

      Al PSOE le interesa la inmigración a mansalva y el empobrecimiento de la población, a Francia le interesa que nuestros productos no compitan con los suyos, a Alemania que le paguemos la deuda, a los catalanes que les paguemos la fiesta, a los vascos que les paguemos la fiesta y limpiemos la cocina. Y a todos, todos les interesa quedarse como señores feudales de su cacicato sometido al globalismo económico.

      Ahora solo queda que España diga, Basta ya.

      • Me alegra que lo vea tan claro como yo. Esperemos que cada vez seamos más y podamos frenar esta deriva. Estoy de acuerdo en que hay muchos intereses en demoler España y que hay un plan para ello. Precisamente lo que los frena es que existe una nación española que se oculta en los medios mayoritarios y se la silencia, porque a esos poderes les interesa que no aflore. Por eso, quizás no me he expresado bien, la nación española, pese a la propaganda y al derribo, sigue viva, pero me temo que cada vez haya menos masa crítica para revertir el proceso de destrucción de la misma. Precisamente, por eso, me dan miedo los tontos que se sumen a esa corriente «mayoritaria», convenientemente impulsada desde los medios, las redes sociales y el clientelismo político.

        Respecto al psicópata, me sumo a su observación. Quizás no sea solo ambición de poder, sino el placer del pirómano (más psicópata todavía) de ver arder todo. Solo hay que mirarle a la cara y a los gestos que hace para darnos cuenta de que se trata de un verdadero enfermo mental, un megalómano y un déspota. A estas alturas de la vida, hay que pensar que el mal existe, aunque nos dejemos llevar por las ideas racionales que todo se trate del poder, el dinero, las influencias. Tenemos un tirano en ciernes, respaldado por otros que también aspiran a ello y que llevan coleta.

        Del PSOE qué decir: sencillamente una organización mafiosa y corrupta, cuando no criminal (terrorismo de estado, que no sirvió para nada) y absolutamente enemiga de lo que significa una idea positiva de España. La historia lo demuestra…, por eso digo que una gran parte de nuestro pueblo ha sucumbido a este magistral engaño. Pero, creo que todavía no es tarde para una mera posibilidad de redención: en el próximo pleno de investidura, algunos diputados del PSOE podrían votar en contra de Sánchez. Pensará que soy un ingenuo, pero todavía se puede producir un golpe de timón, como dice el libro del Génesis, todavía puede que haya algún justo en Sodoma. Pero me temo que ningún Lot va aparecer.

        • «Tenemos un tirano en ciernes»

          Sí, sin duda, desde el primer momento que este personaje salió a escena así lo dije. Sólo hay que mirarle a la cara y a los gestos para ver la maldad en su persona

          Ahora también tengo una duda, como alma de dictador que tiene no sé si busca destruir la unidad nacional o marear a todo aquel que quiera destruir su Reino. Ya sabemos que a mayor Reino mayor Gloria.

          Y esa duda la tengo en Sánchez, él, busca un Reino y dudo que lo quiera pequeño

          La situación tiene difícil solución, cierto, se ha llegado demasiado lejos y el último cartucho lo quemó Mariano Rajoy cuando aplicó el 155 para convocar elecciones en vez de tener la CCAA intervenida el tiempo necesario

          «Otra solución (para el que pueda): alejarse y ver arder Troya desde las colinas»…..yo de momento me he puesto a ver los toros detrás de la barrera con la esperanza que se maten entre ellos, dudo que este pacto del abrazo y el beso envenenado vaya a buen puerto y ahí es cuando los españoles podemos dar la última estocada

          No perdamos la esperanza , cuando creíamos que todo iba bien se estaba alimentando al monstruo y ahora, que pensamos que el monstruo nos va a devorar, fijo que la luz está en alguna parte

          Feliz Año para todos

        • Conozco a los trepas y corruptos del PSOE desde los setenta. No se haga ilusiones, Sánchez no es autodidacta, es un gran plagiador.

  3. Feliz 2020 a todo hombre pensante y honesto que ande por ahí, si encima es disidente la felicidad está casi asegurada aunque no exenta de atónito dolor.

    Comienza un nuevo año con el puñal rondando nuestro cuello.

    Hay cosas que nos pueden salvar, está el barco «La Razón» del armador Gustavo y el capitán Jesús en el puerto, doble amarre y doble ancla para impedir que el temporal lo mandé al carajo. Un cartel en la escalerilla dice: «Prohibido el paso a psicópatas». A mi no me han dejado subir, llevaba bajo el brazo el libro de un poeta que se hacía pasar por filósofo.

    En cubierta lee tomando el sol de España una mujer genio que conoce la historia como si fuera el «Hola». Se lo sabe todo y encima percibe como nadie nuestros estados de ánimo. Esta mujer es un genio, así lo pienso y así lo siento, me la comería a besos de agradecimiento. Te necesitamos Elvira. Gracias.

    En el muelle, como la Bella Lola, Cercas del Tentempié agita el pañuelo mientras le cae encima el agua de la sentina.

    Anclado en la dársena, a unos metros de «La Razón» un marino bambolea su bote de remos, el «Alegrando que es Gerundio» e imagina que es zarandeado por los proyectiles del enemigo. El capitán del bote Revierte el peligro con una osada maniobra, lanza otro ancla políticamente correcta y ecológica.

    Un disidente corre por el muelle perseguido por la Brigada de la Vulva.

    ¡Pescao, pescao, pescao! Se oye gritar como las noticias del día.

    España está a salvo, siempre lo estará. No saberlo ha sido siempre el error de los afrancesados.
    Nunca me gustó la historia, nunca me gustó hacer una cronología del mundo, cada cual es como es. Siempre pensé que la historia era cosa de mujeres, están más dotadas para la realidad.
    Por eso me gusta que haya sido una mujer la que me diga quién soy y como me siento. No tengo más remedio que darle la razón. Así soy, y así me siento.

    Para saber lo que es España no hace falta leer los Episodios Nacionales, basta saber que Galdós existió. Tampoco hace falta leer el Quijote, basta saber que Cervantes existió, que Goya existió, que Velázquez existió. Con eso es suficiente para saber España hasta su última consecuencia.
    Y cuando pensábamos que estábamos muertos empiezan a salir españoles de los de verdad, capaces y valientes, qué placer ser español.

  4. En España 1/3 de los nacimientos se deben a extranjeros, siendo más o menos un 10% de la población.

    ¿De qué nación hablan ustedes? ¿De la Nación o del feudo?
    No hay nacidos en “el mayor momento de progreso de la historia del mundo mundial”, no hay nación, simple regla de tres.

    Teniendo en cuenta que a un ser vivo lo define su forma de replicación. Se podría decir, o bien los autóctonos no son seres vivos, o bien están sometidos a depredación , enfermedades o ambientes sumamente tóxicos (“todo ello evidentemente en el mejor momento de la historia del mundo mundial”).

    España como la mayoría de nacion-es propiamente dichas están ya desaparecidas.
    Solo se debe formalizar jurídicamente (a punta de pistola) otra cosa. España “stricto sensu” es ya un “localismo”. Aprendan ustedes inglés,…

    Puestos a elegir entre los de la Isla de León y el Estatuto de Bayona; como tal España es una creación de Francia claramente. Las élites traidoras españolas fueron al son de la rebelión popular; al mismo tiempo que eran traidoras a su patria, eran traidoras a su pueblo. Tan traidores eran los a-francesados como los otros. En formas políticas y económicas; de ahí las sucesivas guerras civiles hasta la hegemonía (liberal) franquista. Se debe recordar igualmente la única y exclusiva “Spanish Revolution”; el Maquis y todo el complejo entrelazado de alianzas en los sucesivos conflictos armados desde la entrada de los franceses. Tratar de ver los sucesos como lucha de bloques definidos (izquierda-derecha) es simplemente engañar.

    De todas formas, toda fundamentación política de algo libre en tales acontecimientos es simplemente basura. Dado los porcentajes de participación política de la población en los sucesos “constituyentes” es inexistente en comparación con el Antiguo Régimen. Nada que ver con el incardinado concejil.

    Ellos mandan ustedes obedecen, eso es la Nación.
    “Vae victis” ¡Ay de los vencidos,…!

    • Yo soy objetor de conciencia fiscal en activo, negocio hasta las cañas sin IVA, primero pregunto el precio y luego le resto el 20%. Si aceptan el precio lo compro, si no, me voy a otro sitio.
      Haga la prueba, verá que funciona, hace unos años en que la conciencia fiscal era mayoritaria era más difícil, ahora que predomina el Objetor Fiscal es mucho más fácil.

      Como puede comprobar ataco donde más les duele y no obedezco.

      • Pues aquí hay otro que jamás paga con tarjeta, negocia el iva y utiliza todo lo que puede de la llamada «economía sumergida».

  5. «Es por lo tanto capital que ahora sí logremos consolidar una nación como no se pudo hacer en 1812. Una nación que no se avergüence de su historia y que deje atrás absurdos localismos que sólo buscan enriquecer a unas élites extractivas.»

    Es un buen plan para este año.

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