En 2008 Astra Taylor hizo público su documental The Examined Life. Taylor es escritora, cineasta, músico, activista, y socio de la Fundación Shuttleworth, que lleva el apellido de un millonario que riega con su dinero los proyectos que sirvan para “cambiar el mundo”. Esa clase semi culta, que aprende a diario que este mundo alberga los peores males de la humanidad y se encamina a un futuro todavía más aciago, asume como obligación personal cambiar el mundo.

Taylor entendió que The Examined Life era su contribución a ese cambio; una serie de entrevistas entrelazadas a los filósofos Cornel West (socialista), Avital Ronell (enseña en una cátedra llamada Derrida, en unas aulas a las que vuelve tras ser acusada de acoso sexual), Peter Singer (utilitarista, ateo partidario del infanticidio en ciertos casos), Kwame Akroma-Ampim Kusi Anthony Appiah (profesor de filosofía Laurance Rockefeller de Princeton), Martha Nussbaum (Universidad de Chicago), Michael Hardt (autor del llamado “manifiesto comunista del siglo XXI”), Savoj Zizek (él dijo lo del “manifiesto comunista del siglo XXI), y Judith Butler (teórica del género, feminista de tercera ola, antijudía…).

Esta es la precuela de mi historia, que comienza con la revista The Point, que tiene como lema The Magazine of The Examined Life porque es exactamente eso: un producto derivado de esa exposición de lo filósofos más radicales que pudo encontrar Taylor para mostrarnos su desapego por la humanidad. Pero me interesaba mostrar el camino que lleva a nuestro punto de partida. Un punto, que así se llama la revista, en el que se publica un artículo de Samuel Scheffler titulado Un mundo sin niños.

Cuando estamos ya metidos en el juego trilero del autor, nos lanza la idea, el ideal apenas escondido, de que la decisión de unos pocos sea la de la práctica totalidad: no dejar descendencia

El artículo tiene varias trampas, como las de no tener en cuenta elementos esenciales en las cuestiones que plantea, pero no por ello está del todo mal planteado. Es largo, como el que espera que lo lea un neoyorkino a lo largo de su brunch en casa, y está escrito con una longitud de onda cada vez mayor, preparándonos poco a poco para lo que ha de venir.

Después de medio artículo masajeándonos con la idea de que hay gente que decide no tener niños, y constata que los países desarrollados, que son los que han asumido los valores de libertad e igualdad, tienen cada vez menos niños, frenan su crecimiento demográfico o están abiertamente en una tendencia negativa, Y a partir de ahí nos plantea un trilema: un cruce de tres caminos, que son los siguientes: o bien abandonamos nuestros valores, de libertad e igualdad, o dejamos que éstas sigan decreciendo sin que se vea un fondo bajo nuestros pies, o bien le hacemos un hueco a la inmigración.

El primer camino exige una explicación, que el propio autor no da. El declive demográfico es fruto de infinidad de decisiones voluntarias, de modo que o las aceptamos, y nos desplazamos pendiente abajo en el número de congéneres, o (cabe pensar) obligamos a la gente a tener hijos, o introducimos políticas de fomento de la natalidad. Y a eso se debe referir con la primera opción del trilema. Las otras dos opciones están claras: aceptar que el invierno demográfico está llegando, o permitir que quienes lleguen sean los ciudadanos de otros países.

Son esas dos opciones las que le atraen a Scheffler. Por un lado, debemos dejarnos llevar por las “excelentes razones” que ya llevan a otros muchos a no procrear. Así, crearemos un vacío, un efecto ventosa que atrae a las masas que no se apellidan como nosotros, ni piensan como nosotros, pero de las que no podemos decir que no son como nosotros. Porque, y esta es la clave, “nosotros” no existimos. Somos un guarismo menguante, un recuento cada vez más fácil, una tendencia inexorable al vacío, que provoca un horror que sólo se puede calmar atrayendo otros números procedentes de otras geografías. Lo importante es lograr que la gran mentira del siglo XX, las pensiones públicas, tarde todavía en caer unas décadas.

Cuando estamos ya metidos en el juego trilero del autor, nos lanza la idea, el ideal apenas escondido, de que la decisión de unos pocos sea la de la práctica totalidad y optemos por no dejar descendencia. Cada año la humanidad envejece un año. Y los muertos dejan cada vez más solos a los vivos. Sería una sociedad sin niños.

Scheffler reconoce que esa idea nos deja un sentimiento de incomodidad. Y que nos revelamos ante la perspectiva de un mundo sin esperanza, porque no hay nadie en quien podamos ponerla. Quizás no seamos tan avanzados como Zizek o Singer. Pero Scheffler, no lo dice pero lo deja caer, no está pensando en el conjunto de la humanidad, sino en las sociedades desarrolladas. Plantea una extinción voluntaria, o quizás controlada, de Occidente, que aceleraría su sustitución por otras culturas. Porque para este gran objetivo no somos sólo números.

Foto: Aimee Vogelsang


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9 COMENTARIOS

  1. No me extenderé en exceso pero es evidente que ya por el 1946 se empezaron campañas atroces a favor de aborto desde las distintas asociaciones de Rockfeller y Ford a partir de ahí todo lo demás

  2. Todas las enfermedades mentales se repiten en las sociedades.

    Si buscar el alimento, buscar pareja, tener hijos son actos naturales plenos de vitalidad que una vez cumplidos dan paso a la necesidad de crear un entorno semiseguro donde filosofar, negar el origen de la filosofía nos advierte de la cobardía vital que sufre la sociedad actual.

    ¿Depresión?

  3. Sin entrar en el tema de la superpoblación del planeta (problema evidente en el mundo subdesarrollado y el principal reto que vamos a tener para el siglo XXI, porque de él parten la mayoría de las grandes cuestiones que agitan y agitarán nuestro mundo), que paradójicamente encuentra su contrapunto en el invierno demográfico europeo, me quiero centrar en los personajes que se mencionan en el artículo.
    Esos “filosofos” son una panda de psicópatas que solo quieren ver arder el mundo. Su odio a Occidente es patológico. Les da igual que Occidente (que les ha proporcionado su guay modo de vida) desaparezca. El islamismo radical, el comunismo-capitalismo a la china y el tercermundismo que quieren que lo sustituya no va a proporcionarles sus bien cuidados campus universitarios, sus bien remuneradas conferencias, sus buenas estancias en hoteles de lujo, donde pontifican sobre lo malos que somos los europeos y los eurodescendientes, racistas, fascistas y machistas que somos.

    Esta gente (de las que el artículo cita una buena nómina) está literalmente enferma y solo viven para esparcir su veneno, que le viene bien a la superélite que controla el mundo (porque una cosa son quienes gobiernan y otra quienes mandan). Superélite que tiene sus planes. Estos “filósofos”, y las legiones de discipulos que han formado durante más de seis décadas, han sabido muy bien infliltarse en todas las instancias académicas, mediáticas y políticas. Seguramente lo han hecho con ayuda de gente muy poderosa, interesada en que sus ideas triunfasen y se convirtieran en el consenso social, porque le viene bien a sus planes. Ahora me dirán que soy conspiranoico. Pero está claro que todo lo que propone esta pesadilla de “postmodernidad” corregida y aumentada que nos invade es una verdadera locura y que solo nos puede llevar a un declive brutal a Occidente como sociedad y civilización. Es el fin de la ilustración y del pensamiento crítico, la llegada de una dictadura social e ideológica, donde parece no haber un discurso coherente (que lo hay de fondo, porque todo va a las mismas consecuencias). Predomina el ruido, la confusión y la manipulación de las masas. Llevan ensayando todo esto hace muchas décadas y ahora han pisado el acelerador. Quien no lo vea, o está ciego o está de acuerdo con este programa de destrucción, o sencillamente, mucha gente de buena voluntad y sin pensamiento propio, ha sido programada por el constante bombardeo en los medios.

    Pero parece que hay una tímida reacción de la sociedad. Ya estamos viendo las consecuencias de toda esta operación. Y en España más porque la hegemonia social de los agentes inspirados por estas “filosofías” es casi total y vamos a necesitar años de “desprogramación”. Esto solo nos puede traer un verdadero desastre y una hecatombe como civilización, en un momento en que el mundo se está convirtiendo en un peligrísimo de avispas y la sociedad occidental perdiendo el tiempo con historias como la emergencia climática, los transgénero, los derechos “humanos” de los animales, sacar a las momias de sus tumbas, qué candidato es más guapo y tal. Mucha gente no es tonta y no se la puede engañar todo el tiempo: veo que en la calle y en los grupos de amigos y familiares, algunas personas (antes muy abducidas por estas ideas) empiezan a pararse y a pensar: “algo no va bien”, “y si estamos equivocados”. Por eso, estamos en un momento muy peligroso, donde si pasan unos cuantos años sin que esto de un giro, la victoria de estos dementes será total, con una sociedad completamente destructurada, multicultural, multiconflictiva, sin consenso en nada, una lucha sin cuartel entre las diversas “minorías” (incluyendo en estas a los autóctonos de los estados europeos), un marco de inestabilidad total. Mientras, poderes mucho más cohesionados implantarán su voluntad despótica.

    • Señor Argantonio, menos mal que usted ha sido el primero en mencionarlo, pero su discurso tiene sabor, olor y forma de conspiranóico. También, según se define en esta tribuna una y otra vez, de milenarista, al plantear la urgencia de actuar antes de que nuestro mundo colapse porque, pobres pecadores, hemos perdido el norte y vamos a ser brutalmente castigados.
      No soy tan culto como usted pero entiendo que en el final del imperio romano debía haber muchos filósofos, pensadores y políticos que sostenían que Roma debía hacer tal o cual cosa, argumentando cada uno con sus conocimientos y su realidad. Algunos habría, digo yo, que advertirían del oscuro futuro que se avecinaba, pueblos bárbaros mediante. No tengo ni idea de la razón última, si es que la hubo, por la que el imperio se descompuso, pero intuyo que parte se puede deber al ya insostenible sistema o estructura geográfico jurídico político militar de Roma, parte a la necesidad expansiva de pueblos ajenos a ella, parte a la decadencia moral o pérdida de los valores que apuntalaron el imperialismo romano, parte al cambio religioso que sufrió en doble ración el imperio, etc
      En cualquier caso, Roma se disolvió, se perdió conocimiento, se perdió libertad y se perdió riqueza, pero el mundo no se acabó, incluso se transformó en otro que muchos de los que comentan en esta publicación añoran de distintas maneras.
      Quizá no sea necesario buscar una conspiración para señalar la crisis del sistema.
      Un saludo

      • Cucurruqui, ¿usted sabía que en Roma había hombres que mataban a las mujeres como ahora, y mujeres que envenenaban a sus maridos y ahogaban a sus hijos?
        Usted sabía que en el Imperio Romano un hispano paisano del tío Federico, mañico de Calatayud ponía verde a los maricas de la época y criticaba el matrimonio homosexual,
        “Oh Roma, que frutos esperas de este monstruoso enlace?”. Rivera, la gestación subrogada.
        No es un problema de conspiraciones, es un problema de repetición de las estupideces que se suceden en las caídas de los imperios.
        A lo mejor está vez Dios viene en un ovni y a usted lo bautiza conectándolo a un ordenador.
        Nunca se sabe.

  4. Por otro lado, en la misma diabólica publicación se puede leer:
    “How to affirm life in the face of suffering, sacrifice and likely failure may have the structure of a question, but, like the apparent questions of who we are and what we are here for, it is far from obvious that what we are meant to do with it is to search for an answer, let alone settle on one. To affirm life is not to give a theoretical justification of life, to acknowledge its merits and counter the charges of its detractors. To affirm life is to live, and to do so in a certain way: committing to projects and relationships, assuming responsibility, allowing things to matter to you. Bringing a child into the world is not the only way to affirm life—Heti’s narrator, for one, chooses art—but it is the most basic. This is not only because bringing forth and nurturing life is the most literal way of affirming it, but because parenting is the greatest responsibility a human can bear toward another.”
    ¡Qué lío se traen estos culturetas progres!
    Un saludo

  5. Buenos días, señor Rodríguez.
    Leídos los dos artículos, no tengo demasiado claro que usted no hubiese necesitado del anterior para concluir lo mismo.
    Usted, no tiene problema para argumentar que existe una relación directa y únivoca entre la reforestación y los ingresos per cápita. En ese caso, a usted no le parece que existan relaciones causales de mayor complejidad (educación y conciencia medioambiental, leyes y regulación productiva, destrucción de masa forestal fuera de las propias fronteras con aprovechamiento interno, etc).
    En el caso que nos ocupa, sin embargo, levanta la ceja ante la argumentación paralela del autor; existe una cotejable relación entre riqueza y desarrollo de un país inversamente proporcional a su natalidad, muy especialmente en aquellos países en los que este desarrollo no es sólo económico si no que lo es también en derechos y libertades individuales.
    A partir de esta postura legítima de escepticismo frente a un análisis quizá demasiado simplificado de la relación entre un hecho y sus posibles causas, salta directamente, sin citar qué argumentos pueden desmontar la relación simplista del autor, a calificar al autor de trilero porque lo que realmente pretende, aunque en ninguna parte lo dice, como usted señala, es justificar la desaparición de la cultura y forma de vida occidentales.
    Pues me parece que hace usted lo mismo, si he de aceptar su aseveración, cuando no con mayor arte trilero.
    Queda por demostrar, sin embargo, que el autor quiera y defienda la disolución de Occidente por la invasión amorfa y líquida de nuestras sociedades por personas de apellidos y cultura diferente.
    Quizá sea momento de reflexionar sobre el dorado pelaje de una importante extensión de nuestra patria Castilla, la toponimia americana y española y nuestra propia genealogía, además de plantear soluciones dentro del marco ético liberal para revertir, si es que se considera un problema, el descenso de la natalidad.
    Y digo si es que se considera un problema, porque señor Rodríguez, en ese aspecto usted no parece querer entrar de recto y sin envagues a la cuestión. Quizá podría intuirse que el invierno demográfico le parece a usted una cuestión ideológica que únicamente se sustenta en la falsa alarma generada por los defensores de las pensiones. De otra manera, sin pensiones, entiendo que usted nos dice sin decir, los individuos libres tendrían más hijos, como ha venido sucediendo, para asegurarse el futuro.
    Siendo ello posible, que no lo sé, por otro lado, usted es un firme defensor de los planes de pensiones, que en su versión liberal, comprendo, pero que en lo demográfico, me sorprende, puesto que daría semejantes resultados a las pensiones de patrocinio estatal.
    Quizá el problema sea algo más complejo, ya le digo que no lo sé, pero percibo cierta facilidad para definir al enemigo por sus cualidades aniquiladoras de todo lo que nos ha costado alcanzar.
    Un saludo

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