La República de Platón quizás sea el diálogo más conocido del famoso filósofo ateniense. En este diálogo Sócrates dialoga con diversos personajes de la Atenas de su tiempo sobre qué es la justicia. Platón, que habla en boca de Sócrates, plantea un interesante proyecto: definir la justicia en sí misma con independencia de los efectos, positivos o negativos, que se deriven de seguir una determinada concepción de ésta. La justicia es en sí misma la mejor manera de ordenar políticamente la ciudad según defiende el filósofo ateniense. Sócrates plantea que para entender qué es la justica lo mejor es plantear la hipótesis de una ciudad ideal, dominada por una idea de justicia que podríamos definir como organicista.

En ella cada clase social (guerreros, productores y filósofos) tienen una misión encomendada, para la cual son convenientemente educados a través de un complejo sistema educativo que el filósofo Sócrates describe con gran detalle a través de las interesantes páginas de la República platónica.

Sócrates comprende al final del diálogo que su proyecto de ciudad ideal resulta aberrante, irrealizable y posiblemente inhumano, por lo que, traicionando su propósito inicial de concebir la necesidad de abrazar la justicia por sí misma, acaba defendiendo la necesidad de llevar una vida justa para evitar un supuesto castigo ultraterreno en el famoso mito de Er que cierra la célebre obra platónica.

El mito en esta obra platónica cumple la misión que el antropólogo Malinowski asigna al mito en la sociedad: la de proporcionar una explicación última ante la incapacidad de dar respuesta a los grandes interrogantes de la existencia de una manera racional. Ni tan siquiera el intelectual, cuya misión es la de trabajar con las ideas a fin de responder algunos de los grandes interrogantes que atenazan al homo sapiens, es capaz, como pone de manifiesto el célebre diálogo platónico, de dar cuenta racional de aquello a lo que la razón no puede dar respuesta.

La palabra intelectual nació en la Francia de la Tercera República durante el llamado affaire Dreyfus para designar, peyorativamente, a aquellos hombres de ciencia, arte y conocimiento que defendían ardorosamente al oficial judío del ejército Alfred Dreyfus, sometido a una injusta acusación de traición a la república

Hoy en día, en el que la palabra intelectual tiene asociada una carga semántica muy positiva, no podemos concebir que estos, los intelectuales, que se suponen que son el mejor exponente de la racionalidad en nuestras sociedades, puedan hacer uso del mito para responder esas cuestiones últimas que el género humano se plantea.

No siempre fue así. La palabra intelectual nació en la Francia de la Tercera República durante el llamado affaire Dreyfus para designar, peyorativamente, a aquellos hombres de ciencia, arte y conocimiento que defendían ardorosamente al oficial judío del ejército Alfred Dreyfus, sometido a una injusta acusación de traición a la república, que en realidad lo que encubría era un clima de antisemitismo rampante en la sociedad francesa de su tiempo. Desde entonces el intelectual, además de ser un personaje que atesora amplios conocimientos, es considerado un personaje comprometido con ideales elevados, como pueden ser el progreso, la justicia o los derechos humanos.

Recibir el calificativo de intelectual por parte de la sociedad equivale a ser situado en una especie de atalaya desde la que poder sentirse libre y legitimado para pontificar sobre lo divino o lo humano. La etiqueta de intelectual le confiere a uno una especie de superioridad moral sobre el resto de sus semejantes. El intelectual ilumina con sus reflexiones lo que el resto de los mortales son incapaces de atisbar por sí mismos.

Un fenómeno interesante del siglo XX ha sido el de vincular la condición de intelectual con un posicionamiento político concreto: el llamado progresismo izquierdista. Raymond Aron analiza en su obra El opio de los intelectuales el papel que los intelectuales franceses han tenido a lo largo del siglo XX en el desarrollo de algunos de los grandes dogmas sobre los cuales se ha asentado el pensamiento llamado de izquierdas. El antiamericanismo, la condescendencia con las dictaduras de izquierdas, la crítica feroz al capitalismo o el elitismo cultural son algunas de las señas de identidad del intelectual.

Aunque la palabra “intelectual” tiene su origen, como mencionábamos antes, en el célebre affaire Dreyfus los antecedentes de la llamada intelectualidad son mucho más remotos. Pensadores han existido en todas las épocas, sin embargo, es la cristalización de la idea de que junto al entendimiento finito existe una razón universal que lo gobierna todo, y hacia cuyo gobierno se encamina el mundo, la que da carta de naturaleza al fenómeno de la intelectualidad. Nicolás de Cusa en el siglo XV ya diferenciaba entre una razón, con mayúsculas, que supera todas las contradicciones posibles y que sólo pertenece a Dios y unos entendimientos finitos, los humanos, incapaces de entender la totalidad en toda su plenitud.

La secularización de la idea de Dios en el concepto de progreso durante la llamada Ilustración supone el punto de partida definitivo de la pretensión del intelectual de situarse en un plano epistemológico superior para ser capaz de captar lo que las mentes vulgares no pueden comprender. Sólo un “intelectual” posmoderno está pues en disposición de resolver la aparente contradicción, que se nos presenta a los vulgares mortales, entre cuestiones como el feminismo y el islam, la defensa de un fuerte Estado del bienestar y el fenómeno de la inmigración ilegal o la de conciliar la defensa de la libertad con la creciente corrección política.

El intelectual, como en el caso platónico que apuntábamos antes, tiene que recurrir al mito en último término, en el sentido en que lo entendía Malinowski, para resolver esa aparente contradicción, insalvable para los que pertenecemos al vulgo, pero perfectamente comprensible para mentes preclaras como las suyas. El intelectual entiende la historia como un despliegue de lo humano en la búsqueda de la perfección en la realización de la idea de progreso. Para el intelectual lo que el vulgo no entiende es sólo una aparente contradicción que debe ser superada creyendo en el mito del progreso.

Al igual que Platón hace uso al final de su célebre diálogo del mito de Er, que narra el destino de las almas tras la muerte para justificar la necesidad de que su idea de justicia impere, el intelectual posmoderno hace uso del mito del progreso para justificar la deriva antiesencialista, el predomino de la voluntad sobre la razón o la coexistencia de multitud de ismos, muchos de ellos contradictorios entre sí, para así poder dar cuenta lo que es a todas luces incoherente.

Recientemente hemos visto en España un episodio que sintetiza a la perfección lo que contamos en este artículo. El éxito editorial del libro de Elvira Roca Barea Imperiofobia y leyenda negra, publicado por una autora que no goza de la condición de intelectual según el establishment izquierdista, ha suscitado una airada reacción por parte de la intelectualidad orgánica de este país con el profesor José Luis Villacañas a la cabeza. Éste ha rescatado todos los tópicos del regeneracionismo español, el pesimismo nacional del noventayochismo y el mito protestante en su versión weberiana para dictar una verdadera excomunión intelectual contra la autora, cuyo principal error ha consistido en algo ya historiográficamente sabido desde hace mucho tiempo: que la leyenda negra fue un gran invento propagandístico de los otrora enemigos del Imperio Español.

Sin embargo, lo que parece irritar más a los detractores de la obra de Elvira Roca no es que ésta haya rescatado los trabajos de Julián Juderías o Sverker Arnoldsson, sino que la autora haya argumentado que esta leyenda negra todavía sigue siendo operativa para buena parte de la progresía nacional y además haberla incardinado en una teoría política sobre los imperios. Deconstruir la leyenda negra supone para la intelectualidad española desmontar el mito del progreso o, en el caso español, de la falta de progreso, de atraso y de déficit cultural que explicaría, según la lectura progresista, la no consecución por parte del país de los objetivos perseguidos por este.

El profesor Villacañas acaba, como el Platón de la República, sacando su particular conejo de la chistera en forma de mito: el de la leyenda áurea o el de la imperiofilia del pensamiento reaccionario español. Según Villacañas y buena parte de la intelectualidad de izquierdas, en España cuestionar el mito de la nación española, como nación fallida y culturalmente atrasada es una manifestación de nacionalcatolicismo. Algo impropio de cualquier intelectual que se precie, de ahí que descalifique con palabras bastante gruesas el erudito esfuerzo de Elvira Roca por desmontar todos y cada uno de los grandes tópicos que el llamado progresismo español ha utilizado para cuestionar la identidad nacional.

Foto: Josh Rocklage


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28 COMENTARIOS

  1. Ya que se cita a Julián Marías, conviene recordar que en uno de sus libros más famosos “España Inteligible”, en su capítulo XVII, La Leyenda Negra y sus consecuencias, el filósofo sostiene la misma tesis que su tocayo Juderías y que en esencia es la misma que la Elvira Roca Barea, a saber, que la Leyenda Negra es un ataque injustificado a España. Leyenda Negra a la que no duda de calificar de “falsedad”

        • Reducir a “falsedad” lo que decía Julían Marías en su ensayo sobre la leyenda negra es sesgado e interesado y parece obviar presisamente la posición justa, moderada y equilibrada que le atribuyen los críticos de su obra, además de situarle en la posición de los “indignados” o de los “contagiados” que él mismo refirió en su obra.

          Si la “propaganda que los enemigos de España difundieron” fuera del todo una “falsedad” no hubiera tenido tan amplio eco, alcance y recorrido, y mucho menos generar tanto consenso entre naciones ni contagiar de pesimismo y tragedia las narrativas de nuestros intelectuales españoles ¿O es que los testimonios, sucesos, aventuras complots o traiciones proyectados en la narrativa de la época deben descartarse y subestimarse frente a los proyectados en la narrativa de los nuestros?

          Incluso para una figura admirable y respetada, de la talla de Marías, coherente con sus ideales liberales, republicanos y católico convencido (aunque posteriormente criticara la posición de la Iglesia católica en ciertos asuntos) convenir o sugerir un “ataque injustifcado” por parte de naciones extranjeras a nuestra nación puede llevar implícito el sesgo de sus creencias religiosas.

          Y existen hechos históricos verídicos y fehacientes sobre el poder que ejerció la Iglesia manejando todo tipo de cuestiones espirituales y politicas, estando incluso por encima de reyes y emperadores. Es difícil sustraerse de esa concepción teocrática de la sociedad potenciada por los Papas en todas las actividades humanas. Es difícil sustraerse, en el siglo XIII, al poder de algunas órdenes religiosas (dominicos y franciscanos) nacidas en nuestros reinos al servicio intelectual de la iglesia, sentando cátedra en las universidades, que o bien controlaban el tribunal de la inquisisción o bien perseguían el retorno de la pureza evagénlica.

          Por no hablar de la universalización de nuevos ritos religiosos como el Rosario, el Ave María o la fiesta del Corphus, que siete siglos después siguen formando parte del acervo de la cultura, costumbres y tradición católica de nuestro país. Si la teología se proyectó con fuerza en el mundo fue por la labor del dominico Santo Tomás de Aquino que logró armonizar la fe con la razón.
          Claro que, en el siglo XIV la iglesia se había tirado por completo a la arena de materialismo más corrupto y más obsceno, y no se libro de la crisis que asoló la Europa occidental y el mundo. La decadencia papal no se hizo esperar y teólogos como Roger, Bacon y Guillermo de Ockman propusieron la separación entre la fe y la razón, poniendo las bases de lo que luego sería el protestantismo, perseguido posteriormente sin descanso para imponer lo que a juicio de nuestros monarcas y teólogos el retorno de la primitiva y pura cristiandad de los orígenes.
          Carlos V y Felipe II lucharon y batallaron con éxito contra turcos y protestantes. Digamos que los ideales religiosos movían más a los reyes españoles que los intereses económicos o políticos. No se olvide que órdenes religiosas fundadas por españoles dominaban la iglesia y el papado con poder suficiente para colectivizar la moral e instaurar la dictadura del pensamiento único. De hecho, el tribunal de la inquisición era más temido que el de Roma.
          En fin, que se hayan deconstruido y desmontado algunos de los mitos de la leyenda negra no es equivalente a que “todos los ataques fueran injustificados” ni que todos los relatos escritos al respecto constituyan un cúmulo de falsedades al servicio de la propaganda de los enemigos de España.

          • Pues lo dice literalmente, leálo es un magnífico libro. En cuanto a lo demás que dice no aporta ningún dato histórico que avale el cúmulo de falsedades en que consiste la leyenda negra. Hace una reflexión interesante pero nada más. Respecto de por qué tuvo tanta aceptación Julián Marías en la obra citada reflexiona sobre lo mismo. Elvira Roca Barea da una explicación bastante razonable en su mágnifico Imperofobia y Leyenda Negra. Le ánimo a leerlo, creo que le aclararán bastantes cuestiones sobre el tema

  2. Muchos temas suscita el artículo y también los comentarios de Colapso2015, Emme o Henry Killer (con los que estoy plenamente de acuerdo).

    Por temas:

    – Los intelectuales se han posicionado claramente a la izquierda, por siendo de izquierdas se es más guay, se folla más (espero que no haya menores leyendo esto), tienes patente de corso para decir lo que te dé la gana (dentro del dogma) y te invitan a muchos sitios gratis total (y cobrando) para sigas soltando la propaganda porque eres un hombre (o mujer) “de izquierdas”, “comprometido”, “valiente”, etc. Los que hemos pasado por la Universidad (no sé si por suerte o por desgracia) conocemos muy bien a los que van de intelectuales en ese ambiente: conferencias, jornadas, congresos. Todo una pura impostura. Respecto a los intelectuales de la derecha, ahora parece que hay cambios, pero tradicionalmente se han caracterizado por su almidonamiento y apariencia de “seriedad”, pero no se han despegado tampoco mucho de su “dogma”, más allá de los versos sueltos (que los hay), que a veces caen en el frikismo más penoso.

    – Los periodistas, opinadores de todos los temas, que en España están presentes en todos los media, habiendo expulsado a los expertos en los diversos asuntos de gran complejidad. Son como el “maestrillo Liendres”: de “ná” sabe y de “tó” entiende.

    – La sustitución étnica. A toda velocidad en Europa (y en España no puede ser menos). Al Estado solo importan los números, le da igual Ana que su hermana. Próxima parada: vean la peli Elysium. Alli está todo muy clarito hacia donde vamos.

    – La leyenda negra. Todos los imperios han tenido mala prensa, pero el español el que más, porque no ha sabido defenderse. Además, los españoles, como amantes de todo lo extranjero, cogemos todo lo que nos viene de fuera sin hacer una mínima criba. Por ello, los mejores propagadores y preservadores de la leyenda negra han sido los propios españoles y especialmente los intelectuales de izquierda (porque van de puros). Tampoco hay que adoptar la leyenda rosa, porque el imperio español fue parecido a otros imperios. Aunque no fue de los peores, ni mucho menos, porque somos tan chapuceros que ni para ser hijos de la gran puta putísima servimos. Los anglos nos dan cien vueltas y los franceses lo mismo y de los alemanes ni hablamos. Pero ya ven Vdes: ahi los tenemos dando lecciones de moral, que si los PIGS y tal. El problema de la leyenda negra lo tiene su continuidad y ahora estamos en uno de esos momentos, porque los españoles (y sobre todo nuestra penosa clase dirigente) tenemos una capacidad infinita de “cagarla” cuando parece que las cosas empiezan a ir medio bien.

    Saludos.

  3. “Nicolás de Cusa en el siglo XV ya diferenciaba entre una razón, con mayúsculas, que supera todas las contradicciones posibles y que sólo pertenece a Dios y unos entendimientos finitos, los humanos, incapaces de entender la totalidad en toda su plenitud”

    En este corsé limitado por el mito de Dios se se han manejado durante siglos filósfos, eruditos y pensadores, cuyo noble propósito, al pasar sus juicios por el filtro de la razón, era el de aportar luz y saberes a los fenómenos inexplicables de la naturaleza y a las experiencias colectivas de los humanos, en todos los órdenes de la existencia. No olvidemos que la historia con mayúsculas suelen contarla los vencedores o los eruditos próximos a esos vencedores. Para los pensadores de la época que se manejaban con este corsé, lo que el vulgo no entendía era sólo una aparente contradicción que debía ser superada creyendo en el mito de Dios.

    A partir de la Ilustración, el corsé del pensamiento se afloja con la semilla del progreso y con la promesa del nuevo hombre. El intelectual entiende la historia como un despliegue de lo humano en la búsqueda de la perfección en la realización de esa idea de progreso. Para él, lo que el vulgo no entiende es sólo una aparente contradicción que debe ser superada creyendo en el mito del progreso. Es cierto que el sino del “intelectual”, que se incardina en el pensamiento de izquierda, ha sido el de cabalgar constantes contradicciones, con la determinación y devoción de un auténtico creyente, sin embargo, cuando apunta que:

    “Deconstruir la leyenda negra supone para la intelectualidad española desmontar el mito del progreso o, en el caso español, de la falta de progreso, de atraso y de déficit cultural…”, creo que, por mucha propaganda que puedan hacer los enemigos del imperio español, es difícil obviar los avatares sufridos por nuestra Nación y poder sustraerse del atraso, del déficit cultural o del corsé que la oprimió en tantas y tantas ocasiones.
    No sé si la crítica que le hacen a Elvira Roca los intectuales de izquierdas está justificada, pero está claro que se necesita ser imaginativa y creativa para convertir esa merecida “leyenda negra”, en tantos aspectos verídicos y fehacientes, en un acto de “propaganda de los enemigos del imperio español”. Me anima a leer el libro, sin duda.

      • Julián Marías dividió a los “afectados” españoles por la leyenda negra en dos grupos:
        “los “contagiados”, que son aquellos que creen en la veracidad de la leyenda negra. los “indignados”, que rechazan el concepto como difamación, de manera completa y sin matices.
        Y un tercer grupo minoritario: los “libres, abiertos a la verdad”, que que se encontrarían entre los dos anteriores, no cayendo en el juego de la leyenda negra, pero sin responder con cerrazón e ignorancia”.
        Obviamente, cuando más poderoso es un imperio más enemigos se crea y España cumplió sobradamente con esos requisitos, por lo que es factible la manipulación de la historia que cada país, dueño de su relato, haya podido realizar al respecto en favor de su identidad nacional, de sus conquistas y de su relato. Hasta cierto punto, claro.
        Todos los imperios tienen su cara y su cruz, igual que la “leyenda negra” española tiene su “leyenda blanca” o su “leyenda rosa”. Ya sabe, esa exaltación de los reyes, de la religiosidad y del militarismo, dejando en el tintero los temas espinosos que alimentaban esa “propaganda” de la “leyenda negra” y que incluso intelectuales liberales como Núñez de Arce, Manuel de la Revilla o Gumersindo de Azcárate acusaban a “la Inquisición y la Iglesia católica de ser las responsables de la decadencia española”, una década antes de que se produjera “el desastre del 98” , perdiendo Cuba y el resto de colonias. Un “desastre” así bautizado, que desmoralizó por completo a los españoles y así se hicieron eco y lo expresaron los intelectuales de la época exhibiendo un sentimiento claro de in ferioridad respecto a Europa y del que tardarían en recuperarse.

        En este sentido, los neocatólicos afirmaban que era Europa la que se había desviado del buen camino por culpa de la Reforma protestante y que los había desviado de la unidad espiritual de la cristiandad, sin que las artes, las ciencias y las letras importaran demasiado para el avance y progreso de otras naciones europeas. Una línea de pensamiento que conduciría al “nacionalcatolicismo” de la dictadura franquista y cuya “leyenda blanca” pudo ser exhibida visualmente en el NODO.

        • Pero aparte de consideraciones filosóficas y neocatolicismos o nacional catolicismo ¿podemos hablar de historia, de datos, fuentes? Pregunto, o mejor interpelo, de nuevo como Quevedo “¡Oh desdichada España! revuelto he mil veces en la memoria tus antigüedades y anales, y no he hallado por qué causa seas digna de tan porfiada persecución.” Por cierto la primera vez que leí esta cita, fue en un libro de Julián Marías, “España Inteligible”.
          Pues yo como Quevedo y como Juliían Marías, si no ha leído el libro citado se lo recomiendo, rebusco en nuestros anales e historias y no encuentro razón para que tengamos merecidamente, como usted afirma, una leyenda negra. Ni tampoco una rosa, pero sí me atrevería a afirmar, con los datos de la historia, que si hacemos una comparación con las demás naciones salimos bien parados, que si ponemos en una balanza nuestros debes y haberes, y lo sometemos al severo y frío juicio de la historia, salimos ganando. Debatamos sin miedo a nuestra historia, pero por favor ateniéndonos a las fuentes y los datos históricos.

          • “¿Debatamos ateniéndonos a las fuentes y los datos históricos?” Vaya, creía que es lo que estábamos haciendo. Y por cierto, si quiere tener una visión más amplia de conjunto, sorprendentemente, en la wiki encontrará un gran número de fuentes, referencias bibliográficas y datos históricos de gran interés sobre la “leyenda negra” de España, que no deja de ser la imagen que hemos damos al exterior o la forma en que nos miraban los extranjeros cuando estábamos en la cima de nuestro imperio y también cuando siglos más tarde hechos verídicos y fehacientes fueron consolidadando nuestra decadencia y nuestra mala fama, quizás inmerecida, pero que consiguió hacer mella en los españoles y en nuestra España, como la profecía que se cumple así misma.
            Vaya, lo que hoy conocemos vulgarmente como la “marca España” (más benévola con nuestra imagen) y que viene a ser como la marca personal, es decir, lo que los otros dicen de nosotros cuando no estamos delante.
            “si hacemos una comparación con las demás naciones salimos bien parados, que si ponemos en una balanza nuestros debes y haberes, y lo sometemos al severo y frío juicio de la historia, salimos ganando”
            Bueno, el tema, con el tiempo, ya se fue amortiguando y perdiendo fuerza. Es difícil querer controlar cómo nos ven los demás. Esa imagen no tiene por qué coincidir con la imagen que tenemos de nosotros. Aparte que, con nuestros gobernantes en lo político y económico, no salimos de una crisis que ya nos meten en otra.

          • Yo antes que la wiki prefiero la lectura. La Leyenda de Negra de España de Julián Juderías es un buen comienzo. De extranjeros también es recomendable La lucha española por la justicia en América de Lewis Hanke.

  4. Cucurruqui, le traslado una pregunta de un infeliz miembro del vulgo ¿cuál es el mito español que facturó el nacional catolicismo y qué relación tiene con la tesis de Elvira Roca Barea? Porque yo he leído el famoso libro y lo que a grandes rasgos defiende la autora es lo siguiente:
    1. Siempre, a lo largo de la historia, los grandes imperios han tenido mala prensa. Y la peor prensa la tienen en los países que se consideran que deberían haber sido ellos los dominantes y no los que efectivamente dominan. Por ejemplo cita a Grecia y su desprecio a Roma (y otros más).
    2. En el caso de España la leyenda negra tuvo dos fuentes fundamentales: la Italia renacentista por las razones anteriormente dichas (no entendían los italianos como un pueblo de “judíos y moros” podía dominarles. La segunda fuente fue el protestantismo en su lucha contra España como defensora del catolicismo. Básicamente fue una magnífica operación de propaganda. Esta tesis ya la defendió Julián Juderías en su magnífico libro “La Leyenda Negra de España”. El pobre se murió de gripe unos 30 años antes de que alguien mencionase eso de lnacional catolicismo.
    3. La leyenda negra se mantiene en los países europeos porque responde a su mito fundacional. Holanda como nación se justifica por su resistencia al invasor…cuando en realidad está demostrado que fue una Guerra Civil lo que allí tuvo lugar. También tener un malo oficial ayuda mucho.
    4. La leyenda negra es asumida en España, primero por ciertos intelectuales y políticos liberales que ante la pérdida del Imperio entre otras razones por su incapacidad, deciden echarle la culpa a los Reyes Católicos y a los Austrias. Hemos perdido América, sí pero no es culpa nuestra. El 98 culminó el proceso y por alguna extraña razón la izquierda política primero e intelectual después la asumió. (Si bien con notables excepciones como Claudio Sánchez Albornoz, presidente de la República en el exilio, pero que sin duda puede ser calificado como otro de los creadores del mito patrio nacional católico)
    5. A nivel académico nadie defiende hoy fuera de Espala la leyenda negra.
    6. Finalmente analiza como en los países protestantes se sigue manteniendo un desprecio no disimulado hacía los países católicos en particular y del sur de Europa en general (los famosos PIGS) Países de vagos y de incumplidores…cuando la realidad es que los famosos PIGS suelen pagar sus deudas, mientras que los muy respetables y honorables hijos de Kant no han pagado una deuda en su vida (el análisis de los incumplimientos de Alemania es aleccionador)
    En definitiva un estudio serio, riguroso y divertido, muy bien escrito que podrá ser discutido, pero con datos y con argumentos y no apelando a la mega chorrada comodín del público del nacional catolicismo

    • En ningún momento he puesto en cuestión la tesis de la profesora Roca Barea, señor Brigante.
      Mi comentario se refiere al artículo. Lo califica de maniqueo porque apoyándose en la tesis de la profesora, da un salto mortal y nos viene a decir que la intelectualidad progresista, toda, es incapaz de apreciar la existencia de una leyenda negra. Cosa que no es cierta y además es muy matizable, pues algunos ha habido y hay que por negar la existencia de tal leyenda, tienen una idea demasiado pesimista de nuestra historia, como también los hay, y no precisamente progresistas, que por afirmarla tienen una idea grandilocuente y excesivamente positiva, permisiva y autocomplaciente en la que decir España es tocar el cielo.
      El revisionismo histórico, es un hecho que demuestra la calidad de los historiadores. Partiendo del correcto revisionismo de la profesora Roca Barea se nos conduce al ataque político o ideológico, sin solución de continuidad, de toda la grey intelectual progresista. Mal atajo y triste constatación la entusiasta aceptación del artículo, casi unánime, por parte los críticos y disidentes lectores.
      Un saludo

  5. Ahora el intelectual ha sido sustituido por el opinador. Si un intelectual que tiene cosas interesantes que decir accede a hacerlo en los medios masivos como la tele, se convierte en un simple opinador. El opinador sólo puede apelar al sentido común en los medios masivos, por lo cual acaba diciendo cosas bastante simplonas. En esto sí que el medio es el mensaje.
    En Disidentia, afortunadamente, nos vamos librando del sentido común y por eso se pueden leer ideas, argumentos, reflexiones intelectualmente estimulantes.

  6. En primer lugar deberíamos saber que es un intelectual, al paso que vamos los influencer esos de instagram serán catalogados como los grandes intelectuales del S XXI y todos esos que dan a me gusta se considerarán unos verdaderos ilustrados.

    En fin toda la vida hubo vendedores de crecepelo.

    Leía el artículo y no entendía a que venía, en este tema lo de leyenda áurea , pero sí, efectivamente esos vendedores de crecepelo que tanto gustan hoy en día ,que se ponen como ejemplo de defensores de todas las causas tan de moda, se les considera muchas veces héroes a los que querer imitar y más de una vez forman parte de listas de intelectuales (para morirse, meros hipócritas, farsantes y con la cabeza bastante vacía) pues no dejan de ser como esos libros de hagiografía que formaban parte de la leyenda dorada, donde se vestía a los santos con grandes virtudes para ser imitados por los fieles. Vamos que hemos cambiado el formato, antes se veneraban a unos hombres y mujeres santificados y llevados muchas veces al mito por medio de esa leyenda aúrea y ahora se veneran a hombres y mujeres por medio de redes sociales donde se visten con sus mejores galas y poses para lograr miles de fieles en sus cuentas.

    Nada cambia, la verdadera intelectualidad continua su camino sin hacer demasiado ruido el resto, verdaderos impostores que sólo buscan adeptos para sus causas.

  7. Vivimos en la era de los mercenarios (“Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”, hoy el dinero),…, y contra todo pronóstico no es tan malo como parece.

    Por una parte La Corona como tal ya no existe. La matriz peninsular la cual ha adquirido el nombre de la totalidad (España) dentro de unas décadas casi no tendrá pobladores con ambos descendientes de la “España” imperial. Por lo cual, España como referencia a la historia, será un continente pero sin contenido.

    Los datos indican que hay un reemplazo étnico.
    Al Estado Liberal (militar-productivismo) solamente le importan los números, tanto le da el hijo de inmigrantes que el de uno con ambos padres españoles; una muestra descarnada del desprecio por la población y su cultura. Tanto le da que uno tenga 10 hijos y otro ninguno; la media productiva es lo que importa. La población es como una especie de corral, ganado.

    Los inmigrantes, siendo un poco más de un 10% de la población tienen sobre 1/3 de los nacimientos; algo lo cual se acentuará en el futuro.
    Dentro de unas generaciones casi nadie tendrá ambos ancestros nacidos en la “España imperial”.

    Por lo tanto, nadie escupirá sobre la tumba de sus ancestros. Los cuales, dentro de lo que cabe nos han legado una historia la cual no es precisamente de las peores del mundo.

    El Estado simplemente ha liquidado la población. Y eso, que esta es “la mejor” época de nuestra historia,….

    La chusma de élite de la universidad española no deja de sorprender con su “pesebrismo”.

    • En los datos de “Nacimientos en los que al menos uno de los padres es extranjero por país de nacionalidad de la madre y país de nacionalidad del padre” del INE 2015, se pueden ver cosas interesantes.

      Con diferencia la madre de origen europeo más común es de Rumanía con padre español (10370), del padre de origen europeo Italia con madre española. En el caso de África, las españolas eligen a los de Marruecos mientras que los españoles eligen a Marruecos; lo cual parece indicar que la nacionalidad es adquirida. En el caso de América los españoles eligen a las de Colombia, mientras que las españolas a los de Ecuador. En el caso de Asia las españolas eligen Filipinas y los españoles China.
      Casos difíciles de ver son madre de Asia y padre de África (total 15).

      Que los hombres “importen” mujeres tiene cierto sentido cuando hay un desfase entre mujeres y hombres de sobre un 5% (dato 2011, a los 20 años), algo que no se tiene en cuenta en las políticas migratorias. Si bien creo recordar el “progre” Canadá sí rechazó “refugiados” varones mientras permitía la entrada de mujeres.

      Si a ello añadimos la auto-esterilización de la “mujer empoderada” autóctona incluso empeora el porcentaje.

      Desde luego, parece ser, la modernidad prefiere el suicidio sobre el asesinato como forma de conquista territorial. El Estado liquidador, suma cabezas de ganado que paguen impuestos,…, o las archiconocidas pensiones.
      Lo que no parece tener en cuenta, un fallo en la economía (crisis) puede provocar la des-estabilización de todo el país y poner la cosa “complicada”.

  8. Y que alguien le diga, por favor, al señor Benegas que la página tiene una errata que ensombrece su carácter crítico:
    “DISDENTIA es el diario de análisis y opinión para el lector no conformista, crítico, con inquietudes culturales, con inclinación a participar, a discutir racionalmente, a expresar sus criterios.”

    • Gracias por tomarse la molestia de leer mi ” errata” como usted la califica. Le recomiendo vuelva a leer con atención el artículo pues creo no ha entendido de que va el mismo. No es una apología ni de la leyenda áurea ni una refutación de la leyenda negra. Simplemente una critica fundamentada de una tendencia de cierta intelectualidad ha recurrir al mito para cerrar ciertos debates. Precisamente si algo bueno hace Disidentia es salirse del consenso del pensamiento único que usted tanto parece añorar en esta publicación y lo hace desde el pensamiento crítico. Un saludo

      • Disculpe, señor Barrio, por utilizar su artículo para señalar, como indiqué, la errata de la página al señor Benegas. Su artículo, no las contiene.
        En relación al entendimiento, es posible que no lo haya entendido o, al revés, no haya entendido usted mi comentario. Como señala Silvia, citando a Julián Marías, mi comentario quería encuadrarse en la tercera vía, la de los “libres, abiertos a la verdad”.
        En esta publicación que usted define con un manido término “salirse del consenso del pensamiento único”, me da la impresión de que están convencidos de que el pensamiento único es un mal que asola únicamente al espectro izquierdo o progresista de la intelectualidad, “cierta intelectualidad”, como dice usted.
        Pues, mire usted, yo disiento y les califico de maniqueos por ello.
        Ser crítico requiere capacidad para divergir y poner en cuestión los propios ideales, o al menos, aceptar los errores propios y/o su posibilidad.
        Pero esta página, o se es español o no se es.
        Viven en una paradoja clásica; el amor al lugar en el que se ha nacido pero en el que no se eligió nacer. Le pasa a casi todo el mundo pero ustedes se descuernan por encontrar poderosas razones para sentirlo y al mismo tiempo buscan enemigos que justifiquen ese prurito insolente; yo no lo elegí, yo no lo elegí.

  9. Maniqueísmo “2. m. peyor. Tendencia a reducir la realidad a una oposición radical entre lo bueno y lo malo.” RAE
    Pues, mire usted, señor Barrio, bien cierta la leyenda negra y bien cierta, también, la leyenda áurea.
    ¿Es usted, pobre infeliz miembro del vulgo, incapaz de corroborar que efectivamente el nacionalcatolicismo facturó un mito español?
    La izquierda, mala. Ergo…
    Y tenga en cuenta que dada la publicación en la que escribe, si hubiese sido usted compañero de Proust, a Dreyfus me lo fusilaba.
    Sentirse agraviado, leyenda negra mediante, como español, es el vicio de los intelectuales buenos. Pobre país el nuestro cuando un número nada despreciable de prestigiosos hispanistas tienen por lengua madre la de la pérfida Albión.

    • Aunque el artículo no tiene nada que ver con su comentario le puedo dar un par de hechos empíricos que refutan cualquier leyenda negra generalizada.
      Solo tenemos que comparar el número de indios en América del sur y América del norte para saber con certeza de que forma conquistaron unos y de qué forma lo hicieron otros.
      A los de Argentina se los cargaron ingleses, franceses e italianos hace un siglo sin ayuda española.

    • Buen artículo, cada día me gusta más “Disidentia” sin ironía. Los cuentos, las canciones infantiles, los juegos, suelen tener el objetivo de abrir la imaginación del niño mientras se divierte. Esa diversión comprende todas las posibilidades de la vida y todas sus emociones. Las personas que no han dejado nunca de ser niños siguen buscando de mayores alguien con quien jugar, algo que solo es posible con aquel que nos entretenga abriendo nuestra imaginación. A esas personas las solemos llamar artistas que en algunas ocasiones confundimos con intelectuales y a los intelectuales los confundimos con eruditos, a los eruditos los confundimos con doctos, a los doctos los confundimos con especialistas, a los especialistas con opinadores, y a los opinadores con sabios representantes del poder político.
      Por supuesto al artista que me refiero nada tiene que ver con esas “factorías de emociones” que son los actores y demás globos de ego.
      Si hay algo que nunca tendrá un artista será ideología, por eso Sócrates es un artista, se da cuenta que cuando acotamos la imaginación en una idea perfecta estamos encerrando un monstruo en crecimiento en un espacio demasiado pequeño.
      Si algo debe ser un intelectual es escéptico, un artista debe ir más allá o se termina el juego y te quedas encerrado con el monstruo.
      Con respecto a España diré cómo español que cada día me siento más feliz de haber nacido en esta parte del mundo, si algo tiene ser español es nacer con la capacidad de comprender al instante a cualquier otro habitante del mundo, al menos los de mi tierra son así, pero nosotros comprendemos las taras de las demás regiones que necesitan sentirse importantes, nosotros ya lo somos y procuramos que no se note para que no nos llamen chulos.
      Hace unos días le decía a un intelectual (de los de verdad) venezolano que si quería saber de Bolívar no tenía más que fijarse en Torra. A veces tenemos la solución al problema delante de nuestra narices y nos perdemos en millones de páginas escritas. Tuve mala suerte, yo lo dije para provocar y me contestó que había llegado a la misma conclusión tras saberse de memoria esos millones de páginas escritas, pero que todos los historiadores eran contrarios a su teoría que consideraba un error la independencia americana. De hecho, como yo le dije, vuelven los panchitos a refugiarse bajo las faldas de la reina católica, y que me perdonen mis “panchitísimos” familiares.

    • Hola. Gracias por aclarar su comentario. Mi artículo no pretende ser una refutación de la leyenda negra, ni tampoco una defensa de la leyenda áurea. La tesis que sostengo es que intelectual no es sinónimo de pensador. Generalmente el autodenominado intelectual cree en el mito del progreso y por ello se suele identificar como persona de izquierda. Aun cuando hay pensadores de izquierda, tipo Walter Benjamín, Adorno o Henri Lefbrve, que no aceptan la tesis del progreso en la historia. Para buena parte de la izquierda española la tesis del progreso histórico tiene un reverso patrio: el atraso de la nación española y su deficiente conformación. De hecho el señor Villacañas, en su refutación de Inperiofobia, acude circularmente a esa idea, que dista mucho de ser defendida racionalmente y se convierte en un puro mito. Quizas usted o el señor Villacañas hacen como Platon que ante la incapacidad de demostrar su tesis de partida acuden a su particular mito. De eso va el artículo. No creo que en esta publicación haya pensamiento unico, ni ideas repetidas. Solo ideas que ahora no gozan del favor del establishment bien pensante. Gracias por su aportación.