El presidente de Canadá, Mark Carney, de visita oficial en Pekín estos días, ha verbalizado que los acuerdos que suscribían con China les posicionaban para el Nuevo Orden mundial, obligándonos a descifrar qué significa esto exactamente.

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Hasta ahora, los más entendidos, consideraban que el Orden mundial era ese sistema o situación que nos garantizaba paz y seguridad, así como la primacía del Derecho internacional. Otros, en cambio, vienen considerando que ese Orden mundial se estaba caracterizando más bien por lo siguiente.

Qué felices éramos con el Imperio en excedencia. Cuánto bien le hacía al Orden mundial un senil Biden y lo bien que le habría sentado una wokista bailonga de desagradables risotadas en la Casa Blanca

Por la promoción, financiación y tolerancia de la inmigración ilegal, especialmente la islámica, de manera masiva hacia Occidente. Provocando una importante monitorización de la libertad de prensa y la aniquilación de la libertad de opinión, además de poner en cuarentena el pluralismo político, ante el malestar y perplejidad de la población.

Por consentir también las fechorías del chavismo en Hispanoamérica. Sus crímenes, torturas y manipulación electoral, además de la intensa injerencia en otros países y su feliz matrimonio con el narcotráfico, limitándonos a llamarles «Estados gamberros» y sugerir que mejor estos gamberros que la alternativa derechista.

Este Orden mundial permitía elevar a los altares a Evo Morales en Bolivia, y luego ignorar las fechorías y desmanes de su gobierno y herederos. También, asegurar que la condena a Lula da Silva en Brasil era cuestión política, pero mirar a otro lado cuando se condena a Bolsonaro casi a perpetuidad por «golpismo». Además de no decir prácticamente nada sobre los crímenes de los lunáticos que gobiernan Nicaragua o sobre el saqueo del peronismo en Argentina, pero alertar vehementemente sobre El Salvador o el peligro que representaba Javier Milei.

Era el mismo sistema que consentía, toleraba y hasta financiaba la sanguinaria dictadura cubana, como de hecho hacen nuestros países europeos a través de no pocas vías. Y dejar que pase el tiempo y ver si alcanzamos a celebrar un siglo de socialismo y crimen en la isla.

Un Orden mundial que ha consentido también que nuestras calles y hemiciclos se llenen de gente justificando el terrorismo de Hamás, tratando como genocida al único país homologable a una democracia occidental, por no hablar de la financiación de ese terrorismo por medio de Naciones Unidas y no pocos sistemas de ayuda bilateral y multilateral.

Sin olvidar cómo se hace la vista gorda con Hizbollah en Líbano y cómo se sugiere no molestar demasiado a los Ayatolás de Irán, con quienes se puede incluso hacer negocios a gran escala al igual que sucede con Rusia. Y hacerlo con discreción, sin que se note mucho o, aún notándose, revestirlo para que parezca algo normal y hasta conveniente desde el punto de vista multilateral, como acaba de hacer el canadiense Mark Carney en la muy democrática y ejemplar China.

No debemos olvidar tampoco que este Orden mundial ampara igualmente lo que hace Francia en África o lo que venía y viene haciendo China en Hispanoamérica. Nada de injerencias, todo cooperación multilateral y diplomática mercadotecnia. Injerencia es todo lo que haga la nueva Administración norteamericana o lo que diga el Presidente Macron que es injerencia. Y así podríamos seguir casi hasta el infinito.

Qué felices éramos con el Imperio en excedencia. Cuánto bien le hacía al Orden mundial un senil Biden y lo bien que le habría sentado una wokista bailonga de desagradables risotadas en la Casa Blanca.

Si lo piensan detenidamente, vivíamos en un mundo feliz, de reglas claras donde no había ni conflictos ni abusos. Pero ha llegado ese ser zafio, ese peligro democrático. Porque todos sabemos que los auténticos demócratas son nuestros socialistas europeos de todos los partidos. También sus socios de Catar, Turquía, Colombia, Líbano, Brasil y demás satrapías. El multilateralismo y el Orden mundial, ante todo.

Rusia consiguiendo su privilegiada posición de suministrador energético sobornando y corrompiendo políticos europeos. Igual le ponemos sanciones que le compramos petróleo como nunca por medio de Tayikistán, Kirguistán e incluso India. Ahora piden a Ucrania que le compren armas a ellos y no a EE.UU. ni a Israel, mientras compran gas y petróleo a Putin para que siga bombardeando Ucrania con misiles y dispositivos que compran, que cosas, a los Ayatolás y a los ejemplares, muy diplomáticos y nada injerencistas chinos.

Qatar, Marruecos o Venezuela aprendieron bien esto del Orden mundial y se situaron en primera fila. Suiza también, siempre presta a participar de la red acogiendo el dinero sucio, como acabamos de ver con el oro venezolano de Maduro. Aliados y socios que son todo un ejemplo a seguir.

Amigos del multilateralismo y del Orden mundial basado en reglas y en el Derecho internacional, esos que poco o nada dicen sobre el Sáhara Occidental y se ofuscan porque el orange cowboy quiera Groenlandia como también quiere proteger la región de Essequibo en Guyana. A todos, muchas felicidades. Algunos no es que no hayáis entendido nada, otros os entregáis al cinismo y la hipocresía con pasión, y los menos, eso sí, os habéis hecho ricos. Ninguno, eso sí, es mejor que el vaquero de la Casa Blanca.

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