No hay canción que me produzca más rechazo que Imagine. Es toda una oda a la posmodernidad, y no sólo porque ese Lennon cantando en solitario me lleve inevitablemente a pensar en Yoko Ono, personaje ridículo donde los haya (por posmoderna, ciertamente).

La canción recoge todos los postulados que devinieron poco a poco en norma tras Mayo del 68. Hay, sin embargo, una frase que me interesa especialmente destacar: Imagine there’s no countries. Detrás de ella se encuentra todo el globalismo hedonista y moralizante que ha venido fraguándose poco a poco desde los años 70 hasta ahora, ese rechazo y vergüenza por lo propio que caracteriza a la ciudadanía que pertenece a los países europeos. En España este fenómeno tiene dos caras muy distintas y exacerbadas en sus presupuestos respecto de nuestros vecinos más cercanos.

Abunda dentro de la ciudadanía quienes dicen “mi patriotismo no es el de las banderas, sino el de la sanidad y educación públicas”, ignorando que la bandera es el símbolo de la nación bajo la cual se organiza aquello que valora tanto

Mi intención es exponer cómo se han asumido estos mantras en nuestro país, para ayudarnos a comprender mejor el panorama en el que nos hayamos. Sin embargo, resumiré en primer lugar y de forma sumaria cómo ha llegado el progresismo global a imponerse de esta forma tan asfixiante; es importante conocer éste último para comprender mejor cómo se ha manifestado en España.

Se habla mucho de la sociedad líquida y del paradigma emocional, asociándolo normalmente a la eclosión que supuso la “revolución” del 68. Sin embargo, como todo lo que tiene que ver con lo humano, los cambios se produjeron lentamente: desde el movimiento romántico, pasando por el psicoanálisis y el cambio de mentalidad que se produjo en el periodo de entreguerras.

Es cierto, sin embargo, que Mayo del 68 acabó por hacer de las emociones la regla con la que enjuiciar al mundo (y, sobre todo, a los demás). En esto radica gran parte de su éxito, no tanto político, sino social y cultural. Vender ideales utópicos, como los que nos propone John Lennon, es de lo más sencillo que hay, especialmente sin nadie que pregunte, “Bueno, ¿y cómo se concreta todo esto?”

El contexto de esa época es el de individuos aislados de sus raíces, debido en gran parte al éxodo del campo a la ciudad, y de unos países a otros tras la II Guerra Mundial. La individualidad, y con ella las emociones particulares, van cobrando cada vez más relevancia. Se pide la emancipación pero, ¿respecto de qué? Respecto de todo. La influencia norteamericana en la revuelta francesa del 68 llevó a una degradación del concepto “emancipar”, de forma que lo que se acabó pretendiendo fue la emancipación del individuo respecto de todo condicionamiento, incluso de los que impone la propia naturaleza (y en esto estamos, con las identidades líquidas incluso respecto de la propia corporalidad).

Dentro de este programa, el individuo necesita quitarse las cadenas que supone haber nacido en un sitio determinado: Imagine no countries. Irónicamente, es el capital el que mayor beneficio obtiene de la promoción de este tipo de persona. A un individuo completamente desligado sólo le queda romper el último lazo: el que lo une consigo mismo, cosa complicada de alcanzar. En lo que trata de conseguirlo, a los fabricantes de objetos e ideologías les queda el consumidor ideal: aquel que está religado tan solo a sí mismo, un hedonista que, por otro lado, acaba teniendo ansias de sentido. Así pues, lo que empezó en teoría como un movimiento de izquierdas, acaba con un producto que es lo contrario del marxista clásico (racionalista y con objetivos concretos y definidos).

Ese producto es actualmente lo que todos conocemos como progre. Como ya he dicho, es el consumidor perfecto, tanto para el poder político como el económico. En política consume ideas que le parecen bonitas, quizá debido a su desconocimiento de la naturaleza humana (Imagine there’s no countries, nothing to kill or die for, imagine all the people living life in peace, imagine all the people sharing all the world). Económicamente consumen todo lo que tiene que ver con el mero placer sensual, o viven de “acumular experiencias”, de ahí ese auge de colgar compulsivamente fotos de viajes en Instagram.

Normalmente se atribuye a Gramsci, Foucault y similares el ser los creadores intelectuales del progre actual, cuando mi intuición me dice que más bien supieron darse cuenta de los vientos de cambio, para asociarlos estratégicamente a la izquierda. La antigua confrontación patrón-obrero ya no tenía sentido en una sociedad occidental cada vez más próspera, de forma que el discurso de la polaridad trastocó quiénes debían ser los protagonistas de las dicotomías enfrentadas: Hombre-mujer, blancos-resto de razas, países occidentales-resto de países, etc. Se explota el complejo de culpa del consumidor de las ideas progres, y se exaltan las minorías y toda clase de víctimas (reales o no).

De este modo tenemos al europeo típico sintiéndose culpable solamente por existir y, para obtener redención –y darle un sentido a su vida-, convirtiéndose en activista, sin importar la racionalidad que tengan las causas por las que lucha. Parte de esta culpabilidad asumida en automático está la de pertenecer a un país occidental desarrollado. Dentro de este marco sociológico y político, el caso español resulta especialmente interesante. Primero, porque es nuestro país. Segundo, porque este postulado antipatriótico aparece exacerbado y con la víctima en casa propia. Pasemos, pues, a examinar al progrerío español.

Para empezar, y siendo justos, Franco no le hizo ningún bien a la imagen que puede tenerse del patriota español, o del católico español. Ojo, que hablo de imagen, no entro en otros debates. No es de extrañar entonces que, con sólo decir que te sientes orgulloso de tu país, o que eres católico, se te asocie a la etiqueta maniquea por excelencia: facha. Como todos sabemos, el concepto “facha” es lo más vacío que puede uno encontrarse, porque simplemente se aplica a todo lo que nos disgusta, añadiéndole además un juicio moral inapelable.

Llevamos años, diría que décadas, sacando la bandera española de forma transversal, con ocasión de los muchos logros que ha obtenido el deporte patrio. Pero, para el día a día, la bandera es de fachas. A raíz de los cambios que está viviendo España últimamente tenemos al PSOE y a Podemos enarbolando, en raciones homeopáticas y sin que destaque demasiado la cosa, nuestra bandera. Pero ahí quedan grabados los vídeos de Pablo Iglesias diciendo que él no puede pronunciar la palabra España. Y no es cosa suya: se habla de Estado español, o “este país”. Abunda dentro de la ciudadanía quienes dicen “mi patriotismo no es el de las banderas, sino el de la sanidad y educación públicas”, ignorando que la bandera es el símbolo de la nación bajo la cual se organiza aquello que valora tanto.

Está claro que Franco y el progresismo (hijo del gauchisme sesentayochista) no han ayudado. Pero tenemos, además, al enemigo en casa. Si una de las máximas de las corrientes actuales es la vergüenza por lo propio, y el sentimiento de culpa ante los supuestos oprimidos, en España esto se agrava con el victimismo de los nacionalismos regionales. La idiosincrasia de estos últimos es tan particular que estoy segura de que dará lugar a muchas tesis doctorales en el futuro.

Por un lado, tienen su origen auténtico en un clasismo de derechas, en el desprecio al español de otras regiones que se desplazaba en busca de futuro a  Cataluña o País Vasco, regiones que fueron precisamente favorecidas para que florecieran y se convirtieran en núcleos potentes, en motores económicos, de España.

A pesar de esto, han enarbolado el victimismo desde el principio, victimismo que se agudizó tras la guerra civil y durante la dictadura. Aunque la constitución de 1978 fuera redactada para complacer todas sus demandas, han seguido sacando rédito a su papel de oprimidos durante 40 años. ¿Por qué ocurre esto? Entre otras cosas, porque gracias a la ideología del 68, ser víctima de algo es lo que cotiza al alza. No importa si uno es víctima real o no: ¿no les resulta curioso que una región oprimida sea de las más prósperas de un país, un país que es de de los más descentralizados del mundo? Cosa que estamos pagando en esta pandemia, por cierto.

El vascongado pero, sobre todo, el catalán, tiene lo mejor de los dos mundos que generó la progresía. Por un lado, no sólo no se avergüenzan de lo que consideran propio, a diferencia de sus pares europeos: es que viven de exaltarlo, y de denigrar a sus “vecinos”. ¿Se imaginan a un alemán exaltando la nación alemana, y hablando con desprecio de países cercanos? ¿A qué les sonaría? No hace falta que lo diga.

Asimismo, y como beneficiados del progrerío europeo, asocian a su “lucha emancipatoria” todas las causas que se consideran buenas hoy día: el feminismo radical, el ecologismo militante, el movimiento okupa, etc. De esta forma, los independentistas quedan de forma definitiva en el lado bueno de las cosas: están oprimidos, y luchan por todo lo que es justo, bueno y bello, frente al burdo opresor español. El ansia de sentido del indepe-progre queda así saciada: ya tiene algo concreto desde lo que orientar sus acciones, una causa por la que dar la vida.

Ante ellos, el resto de españoles hemos callado. Los izquierdistas, por ser producto del sesentayochismo. Los de derechas (si es que eso tiene algún significado concreto), por pensar que bastaba con gestionar y mantener los estómagos llenos. Desde esta perspectiva se comprende mejor cómo hemos llegado a tener un golpe de estado que, de momento y sólo por la pandemia, ha quedado entre paréntesis. Pero el estado de la cuestión del independentismo regional en España se puede resumir en dos frases manidas: “¡Son las emociones, estúpido” y Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra.”

Mariona Gumpert (Twitter@MarionaGumpert)

Foto: Quino Al


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28 COMENTARIOS

  1. «Si una de las máximas de las corrientes actuales es la vergüenza por lo propio, y el sentimiento de culpa ante los supuestos oprimidos, en España esto se agrava con el victimismo de los nacionalismos regionales…»
    «Por un lado, tienen su origen auténtico en un clasismo de derechas, en el desprecio al español de otras regiones que se desplazaba en busca de futuro a Cataluña o País Vasco, regiones que fueron precisamente favorecidas para que florecieran y se convirtieran en núcleos potentes, en motores económicos, de España…»

    «El vascongado pero, sobre todo, el catalán, tiene lo mejor de los dos mundos que generó la progresía. Por un lado, no sólo no se avergüenzan de lo que consideran propio, a diferencia de sus pares europeos: es que viven de exaltarlo, y de denigrar a sus “vecinos”.

    «Asimismo, y como beneficiados del progrerío europeo, asocian a su “lucha emancipatoria” todas las causas que se consideran buenas hoy día: el feminismo radical, el ecologismo militante, el movimiento okupa, etc. De esta forma, los independentistas quedan de forma definitiva en el lado bueno de las cosas: están oprimidos, y luchan por todo lo que es justo, bueno y bello, frente al burdo opresor español»

    El otro día me centré en el mayo del 68 y me distraje sin comentar lo bien que ha conectado en el artículo los postulados progres de la izquierda en general con el victimismo impostado y excluyente que el nacionalismo vasco y catalán exhiben en sus reividicaciones y en su desprecio por todo lo que huela a español. Dos regiones beneficiadas económicamente en la dictadura por el franquismo y que en nuestra etapa democrática tienen el beneplácito de los aladides de la progresía.

  2. Lo del mayo del 68 fue otro rollo pijoprogre que nos quieren meter como muy guay y «modelno», al menos en España. Aquí, mientras los hijos de los oligarcas del franquismo estaban en Paris «estudiando», aprendiendo neomarxismo de la mano de Sartre y hartándose de f.ll.r; en aquella España cutre y gris, los hijos de las clases populares estaban partiéndose la espalda trabajando y sufriendo la dictadura. Ya está bien de cuentos y de falsa superioridad moral, para terminar viendo a Danny el Rojo de burócrata de la eurocracia, cobrando un pastón.

    Lo que parece mentira es que muchos españoles del siglo XXI se hayan creído el cuento sesentayochista de un grupo de profes de medio pelo de la Complutense, que solo aspiran al chaletazo, al goce con las alumnas y subalternas y seguir impartiendo homilías marxistoides. Qué cantidad de tontos hay en España, que siguen creyendo en los Reyes Magos (republicanos, eso sí).

    • «Lo que parece mentira es que muchos españoles del siglo XXI se hayan creído el cuento sesentayochista de un grupo de profes de medio pelo de la Complutense, que solo aspiran al chaletazo, al goce con las alumnas y subalternas y seguir impartiendo homilías marxistoides»

      No le falta razón. Lo más parecido al mayo del 68 que hemos tenido en nuestro suelo patrio, para revelarnos contra los abusos del poder es el 15 M. Y de aquel movimiento transversal y estimulante que consiguió hacerse oír e ilusionar a la sociedad, solo ha quedado un marqués de Galapagar que se auto-proclama «macho alfa» y su consorte que le rinde pleitesía y se pone el feminismo por montera.

  3. El contexto de esa época es el de individuos aislados de sus raíces, debido en gran parte al éxodo del campo a la ciudad, y de unos países a otros tras la II Guerra Mundial. La individualidad, y con ella las emociones particulares, van cobrando cada vez más relevancia. Se pide la emancipación pero, ¿respecto de qué? Respecto de todo.

    En ese contexto del 68 no se daban los derechos y las libertades (públicos y privados) que conquistamos y que hemos conocido hasta ahora. Y digo hasta ahora, porque en estos momentos se ven amenazados de nuevo. Desde luego que la juventud de entonces tenía múltiples causas por las que luchar y que la motivaban a emanciparse del poder. Igual que ahora. La jerarquía y la autoridad, derivados del sistema imperialista y militarista, eran incuestionables. Igual que ahora se cuestionan otras formas de opresión totalitaria del poder. Le recuerdo que las protestas anti-belicistas contra la guerra del Vietnam se extendieron en varios países de Europa y de EE.UU. Le recuerdo que asesinaron a Martin Lyther King en plena reivindicación de derechos civiles.

    Curiosamente, la agitación social en Francia tuvo su origen, no en el centro acomodado de París, sino en una universidad ubicada en la periferia de un barrio obrero con gran parte de la población inmigrante. La confrontación patrón-obrero con los salarios de miseria tenía su razón de ser y las protestas estudiantiles motivaron e impulsaron las protestas sindicales.

    Curiosamente, el camino andado por el movimiento feminista en Francia todavía estaba en pañales. La mujer francesa tenía que pedir permiso al marido para poder trabajar. En las residencias universitarias estaba prohibido que los estudiantes visitar las habitaciones del sexo contrario. El «prohibido, prohibir» era uno de los lemas que más conectaban con las ansias de libertad de los jóvenes en todos los ámbitos de la sociedad.

    Rebelarse y emanciparse de los dogmas sociales y morales que los constreñían tenía sentido en el mayo del 68. Ahora, sesenta años después, sigue teniendo sentido, rebelarse y emanciparse de los abusos del poder, aunque los dogmas sociales y morales que constriñen hayan cambiado de signo.

    • «En ese contexto del 68 no se daban los derechos y las libertades (públicos y privados) que conquistamos y que hemos conocido hasta ahora» ¿cómo? ¿En Francia en 1968 no había derechos y libertades públicas y privadas? ¿Qué derechos no había?….espere ya se, ¿el derecho al aborto? ¿el derecho a decidir mi sexo, perdón mi género, mientras me tomo un café por las mañanas? ¿el derecho a la autopercepción?
      Los jóvenes de mayo del 68 fueron los primeros niños mimados de Europa, que no habían padecido ninguna de las grandes crisis económicas, políticas y mucho menos bélicas que habían sufrido sus padres y abuelos. Disfrutaban de los resultados de los llamados «30 gloriosos». No tenían ninguna razón par organizar «revolucioncitas», simplemente tenían tiempo libre y por primera vez no tenían que preocuparse de prácticamente nada.
      En cuanto a considerar un derecho, poder visitar en una residencia universitaria a la compi, o al compi, de turno, para disfrutar de los dulces placeres, dice mucho de la calidad de la revolución antropológica que se inició en aquel nefasto 68 y que hoy sufrimos.

        • Pero que tiene que ver esto con la afirmación que hace de que en Francia en 1968 no había derechos y libertades públicas y privadas. Donde no las había era precisamente en los países socialistas y de izquierdas.
          Pues a lo mejor sigo siendo joven….pero gracias a Dios lo que nunca he sido es de izquierdas o socialista.

          • «Los jóvenes de mayo del 68 fueron los primeros niños mimados de Europa, que no habían padecido ninguna de las grandes crisis económicas, políticas y mucho menos bélicas que habían sufrido sus padres y abuelos»

            Claro, y eso justifica que no tuvieran inquietudes, ideales ni derecho a rebelarse contra los dogmas sociales del orden establecido. Por esa regla de tres, los jóvenes del 2020 que son los hijos del progreso social y tecnológico de estas décadas, que han tenido una vida más plácida, más confortable, que pueden prolongar la estancia en casa de sus padres y que tantas «ventajas» disfrutan al amparo del complaciente sistema político vigente que les «iguala» con sus semejantes, que se preocupa por ahorrarles el esfuerzo de estudiar para «fortalecer autoestima», que les protege de las ideas «subversivas» y de los pensamientos «oscuros» que les pueden perturbar; entonces, estos niñatos jóvenes, mimados y consentidos del 2020, podrían seguir a la sopa boba y tampoco tendrían razones para cambiar, crecer, evolucionar ni para rebelarse contra el orden establecido actualmente por imperativo legal. ¿Es así más o menos cómo usted lo entiende? ¿Diría que los derechos y las libertades (públicos y privados) están salvaguardados con la secta fundamentalista de «los gorriones» al poder?

          • Primero tendrá que aclarar cuáles eran esos «dogmas sociales» y por qué era necesario revelarse contra ellos. Tendrá que aclarar también su afirmación de que en la Francia de 1968 no había derechos y libertades ¿a qué se refiere? Usted parece partir de que toda rebeldía juvenil es buena por naturaleza. Para usted lo bueno es rebelarse, el hecho en sí de la rebelión, no las motivaciones. Lo que encaja muy bien con el mundo no ya moderno, sino postmoderno.

          • Las motivaciones para rebelarse y dar la batalla son distintas en cada época (en ocasiones suelen trascender el país o la nación en la que uno se asienta) Cada generación tiene las suyas, aunque a veces cueste entenderlas. Los derechos y libertades igual que se conquistan se pierden y difícilmente alcanzan a todos por igual.

  4. Coincido con el autor en que Imagine es un pestiño de canción, que por desgracia nos da la medida de lo que es la «cultura» de masas desde hace tiempo.

    Que ese truño siga cautivando a las nuevas generaciones es significativo.

    No me extraña que viendo ese panorama surgiera el movimiento punk .. y en España grupos como Ilegales con su canción sobre los Hipies.. que muchos analfabetos califican como pronazi, cuando lo que critica es esa apatia de la izquierda hipuda ..

    Como otros comentaristas, yo tampoco entiendo que hacen en este articulo Franco y los curas. Cuando el problema en España es previo a Franco y respecto a los curas.. me parecen que entán casi mas confundidos que los católicos de a pié. Y ya es decir.

    Dejo éste link donde se explica muy bien porque este progresismo beato tiene tanto en común con el franquismo, franquismo por el Papa Francisco; pero también con muchos que le han precedido.

    https://elmanifiesto.com/tribuna/810245524/Camarada-Bergoglio-Monsenor-Iglesias.html

    Un cordial saludo

  5. Contra el absurdismo globalista, ¿tenemos el absurdismo progre-puritano que este artículo procesa?.
    Se debe recordar el “progrerío” tiene larga evolución, por ejemplo en España, la “progrería” a comienzos del siglo XX era la falange y los fascismos.

    Criticar un obra artística por su letra es cosa absurda sin parangón. Que la gente imagine y piense lo que le de la gana,… Y ciertamente, imaginar un mundo sin fronteras donde todo es felicidad no es malo, donde son todos hermanos (cristianismo); aunque sea cosa complicada.
    La materialización pasa por la política, que no es imaginación sino dominación. Y la dominación no es tan “Imagine” (el derecho está en las armas).

    Tan absurdo criticar “Imagine” como los tratados de arquitectura de Hitler, de política del esclavista Aristóteles, Jefferson, Madison, …, Cicerón, Séneca,…, etc.
    Como equiparar las ideas políticas de un zapatero con la calidad de sus zapatos, o el acero de un herrero con su ideas del mundo; carente de todo sentido.

    Se confunde la cosa, el producto con el ser; algo muy «progre» dicho sea de paso. Dado el “ser progre” es básicamente estar como productor y consumidor de cosas.

    Por otra parte, lo interesante de la música es el ritmo, lo que va a la amígdala. Lo que dicen importa mas bien poco,o nada,…, ¡ay macarena!.

    • «Criticar un obra artística por su letra es cosa absurda sin parangón. Que la gente imagine y piense lo que le de la gana,… Y ciertamente, imaginar un mundo sin fronteras donde todo es felicidad no es malo, donde son todos hermanos (cristianismo); aunque sea cosa complicada»

      De acuerdo con su observación. A mí, de muy jovencita me sonaba bien la música y ni siquiera conocía el significado de la letra. Los temas universales como el amor a la humanidad, la paz en el mundo, la amistad, la solidaridad sin fronteras, la unión entre hermanos…siempre han inspirado canciones y bellas melodías que suelen conectar con la emoción del imaginario colectivo de una forma armónica. Quien no ha cantado alguna vez la canción de la alegría de Miguel Ríos.
      Aparte que, mirar este Imagine de Jhon Lennon compuesto en 1971 con los ojos del presente, me recuerda demasiado a esa cultura de la cancelación de obras o artistas del pasado, que promueven los censores de lo políticamente correcto.

  6. «Desde esta perspectiva se comprende mejor cómo hemos llegado a tener un golpe de estado que, de momento y sólo por la pandemia, ha quedado entre paréntesis.»

    No veo que el golpe de estado haya quedado entre paréntesis. En marzo se probaron los mecanismos de control de masas, primero convocando las manifestaciones del día 8 y después confinando y arruinando a todo el país pero aplaudiendo el desastre en los balcones. El virus chino es un acelerante del golpe de estado. Desde marzo hasta aquí hemos perdido libertad, hemos perdido seguridad jurídica, hemos perdido riqueza. Es decir de paréntesis nada. En los balcones no se ponía la ñoña «Imagine» sino la tramposa «Resistiré» desactivando la resistencia al golpe.

    Pensar que las ensoñaciones progres vienen del 68 es darle demasiada importancia al jolgorio parisino de finales de lo 60. Toda esa estetización pegada a la ideología tiene su origen en las vanguardias de finales del XIX revitalizadas en el dadaísmo y el futurismo de principios del XX. Precisamente esa estetización ideológica que representa «Imagine» es el complemento de lo ideológico como degradación de lo religioso. Degradacion que es la misma degradación del individuo como sujeto responsable. Es un canto a la irresponsabilidad.

    ¡Cuánto mal hizo la Ilustración al cargarse la metafísica!

  7. Yo no creo que el golpe de estado haya quedado entre paréntesis por la pandemia, todo lo contrario.
    El golpe de estado catalán tenía un objetivo, la moción de censura que solo podía proponer el PSOE, no contaron con las banderas ni el discurso del rey, aunque si contaban con la inacción y complicidad de parte del PP, eso les obligó a ir a por Rajoy con la escusa de la corrupción. Alargaron el tiempo de las elecciones todo lo posible para hacerse con los resortes del estado, dinero y medios de comunicación. Una vez controlado todo, quizás hasta el voto por correo y el padrón convocaron elecciones.

    El golpe de estado en España no va de independencia, sino de reparto de pasta entre la corrupta oligarquía patria mientras se abren las puertas de la nación de par en par al globalismo feudal.
    El objetivo del golpe se consolida en cada decreto ley, votación, acuerdos bajo cuerda o reparto del botín.
    No hay más que ver como y quién compró el material sanitario, y eso a la vista de todos, ¿Qué no se estará haciendo a escondidas? La historia de las maletas no es ninguna broma, esos favores se pagan con la miseria de todos. Regalar trescientos millones de los españoles a Bill Gates en lugar de financiar a investigadores españoles dice mucho del personaje y paisanaje que lo consiente.

    En todo lo demas estoy de acuerdo, lo comparto tanto que me he llevado una alegría cuando he leído el primer párrafo, que pareja de ñoños, «Imaginé» es una de las canciones más ñoñas, cursis y desagradables que no he sido capaz de escuchar entera en mi vida.

    De niño sentía aversión por los «mayeros del 68′ así los llamaba entonces, ya conté en otro comentario que verlos llegar de Paris con su bolsita de tela, su barba, su pipa y su tonto al lado me producía una repulsa terrible, los veía tan inmaduros. Yo no había cumplido los diez años y me acababa de quedar huérfano, no estaba para tonterías ni mundos felices, la felicidad la llevaba puesta, pero la comida había que ganársela.

    Cuando hace unos meses vi a un joven sobrino pijo podemita con Sartre bajo el brazo le dije, vas a acabar como Jiménez Losantos.
    Sorprendido me contestó, lo mismo me dijo una amiga de mi madre.
    Y mira que el chaval promete, pero la estupidez es cíclica, ahora en lugar de bandolera de tela llevan moño.

  8. Sí, buen artículo y comparto su odio a Imagine, pero no entiendo que pinta Franco en todo esto. La utilización del comodín Franco desluce el resto del artículo ¿Se trata de marcar distancias para que no nos cataloguen como facha? Si decimos que «Franco no le hizo ningún bien a la imagen que puede tenerse del patriota español, o del católico español» habrá que explicarlo, ¿por qué Franco no le hizo ningún bien al patriota español o al católico? Son afirmaciones realmente sorprendentes, salvo que se expliquen. El antiespañolismo de la izquierda militante no es de ahora, viene de antes de Franco. Si la derecha monopolizó el patriotismo fue por el abandono de la izquierda (con contadas excepciones) ¿Fue culpa de Franco que en la zona roja se gritará «Viva Rusia, muera España!? Y respecto del catolicismo ¿qué problema hay? sinceramente no lo entiendo ¿qué es mejor una sociedad basada en Imagine o una sociedad articulada en torno a principios morales cristianos? Además esa imagen chusca del patriota español o del católico son creaciones de la propaganda de izquierdas precisamente para desacreditar al patriotismo y al catolicismo. Esa imagen falsa ha sido difundida en series de televisión y películas y ahora es voceada por la panda de bufones al servicio del régimen.

    • Adenda. Hoy una asociación de víctimas del Covid han colocado en una playa valenciana, como homenaje a los fallecidos por la enfermedad y al igual que hicieron en Madrid la semana pasada, 53.000 banderas de España. Han sido retiradas por un grupúsculo izquierdista. ¿Es culpa de Franco la aversión de la izquierda a la bandera nacional?

  9. Muy buen análisis. Se me ha hecho corto el artículo. No obstante, creo que se ha olvidado un tema esencial: la enseñanza. En todos los centros, de todos los niveles, el ideario progre campa por sus respetos, buscado nuevas almas a las que convertir y salvar. Por eso el progresismo tiene muchos elementos comunes con una religión. Tiene su teología, sus libros sagrados, sus predicadores, sus sacerdotes (y sacerdotisas), sus ceremonias, sus comunidades monásticas, sus medios de propagación de la fe y sus promesas de paraíso y condenas al infierno. Pero no es una «iglesia» centralizada, sino una serie de «Iglesias Autocéfalas» a veces enemigas entre sí. Se parece por tanto más al cristianismo ortodoxo, al islam o al budismo, que al catolicismo.