Cuando se puedan empezar a leer estas líneas es posible que ya se sepa si Biden ha derrotado a Trump, aunque Trump no se le crea, pero lo interesante es que el trumpismo puede no haberse terminado. Para ver qué puede ser el trumpismo, convendría examinar el asunto en un doble frente, ex datis y ex conceptis, con perdón. Empezaremos con los datos, porque son impactantes: a pesar del Covid, Trump ha tenido 5 millones de votos más que en 2016, con un 48% del voto popular (es el tercer candidato más votado en la historia de su país). Una parte muy importante de los electores, también negros e hispanos, en especial cubanos, piensan que su gestión mejoró la economía y que viven mejor, algunos creen incluso que gestionó bien la pandemia. Todo esto autoriza a pensar que, aunque pierda, Trump va a intentar controlar el partido republicano, de forma que el trumpismo podría tener larga vida.

Para valorar el trumpismo a partir de ideas políticas, habría que partir de que nadie como él ha dividido tanto a la sociedad norteamericana, hasta el punto de que un mal candidato como Biden ha obtenido el mayor número de votos de la historia, tanto en porcentaje como en cifras absolutas. Es más que probable que Trump no respete la tradición de reconocer con elegancia haber sido derrotado, y por supuesto, se va a dedicar a poner a Biden y a Harris como chupa de dómine, cosa que ningún presidente ha hecho nunca con su sucesor, entre otras cosas porque nadie ha tenido la legión de hooligans que tiene Trump. Es decir, todo parece indicar que el trumpismo es una especie política que menosprecia valores básicos de las democracias (ecuanimidad, respeto a las instituciones, a la ley y a la libertad de opinión, etc.) y que es un partidario feroz de cualquier ley del embudo.

A Trump se le reprocha, con razón, sus amistades peligrosas, pero aquí tenemos a gente que ha trabajado para Maduro decidiendo nuestro futuro y a tipos monederos que gritan más que hablar para enseñarnos a los ignorantes las verdades de la verdadera democracia, que es la de Cuba, Venezuela, Corea del norte, y, ya puestos, hasta la de Irán

¿Y qué tiene que ver todo esto con España? Pues en mi opinión, aquí tenemos una especie de trumpismo dividido, con la salvedad de que ninguna de sus cabezas más visibles, que ahora mencionaré llega, ni de muy lejos, a tener el volumen de seguidores del trumpismo verdadero, que es el de los EEUU.

En España, el trumpismo material y de fondo, el que se caracteriza porque la democracia vale si ganan los míos y, si no, no vale nada, es mucho más fuerte en la izquierda que en la derecha, mientras que el trumpismo caracterizado por las baladronadas y el gusto por lo extremoso sí tiene asiento en sectores muy a la derecha y muy a la izquierda.

Muchos de los españoles que han visto en Trump al mismísimo diablo, no caen en la cuenta de que el tipo de atentados a la democracia que ha perpetrado se corresponde bastante bien con los que aquí propugna una buena parte de las izquierdas. ¿Alguien duda de que Trump habría hecho, si hubiere podido, una reforma del poder judicial para aproximarlo a su mayoría política, de que habría prohibido la enseñanza del español donde le conviniere, de que habría declarado un estado de alarma sin control de las cámaras, o de que habría montado una agencia en la Casa Blanca para «luchar contra la desinformación» y colocar a modo sus versiones alternativas a cualquier verdad? Trump, de hecho, ha indultado a sus amigos condenados tras juicio justo, como algunos pretenden hacer aquí, ha visto con simpatía a grupos radicales armados, como se hace por aquí, pero no ha llegado a sustituir a los parlamentarios por enviados de la Casa Blanca cuando se trata de discutir asuntos que competen al legislativo, como en la mencionada elección de los miembros del CGPJ.

A Trump se le reprocha, con razón, sus amistades peligrosas, pero aquí tenemos a gente que ha trabajado para Maduro decidiendo nuestro futuro y a tipos monederos que gritan más que hablar para enseñarnos a los ignorantes las verdades de la verdadera democracia, que es la de Cuba, Venezuela, Corea del norte, y, ya puestos, hasta la de Irán. Nuestros antitrumpistas se escandalizan a hora y a deshora de los muertos por la pandemia en EEUU, sin caer en el detalle, de que, a día de hoy, y en muertos por millón (727) están por debajo de España (823) y eso sin reparar que nuestra contabilidad oficial está muy bajo sospecha. El jefe médico de la lucha en EEUU contra la pandemia, el Dr. Fauci, se ha enfrentado en numerosas ocasiones a Trump y a la Casa Blanca, siempre que desde allí se han dicho tonterías, pero todavía estoy esperando a que el tal Simón diga algo que pueda molestar a Moncloa, a Illa o a su delicuescente equipo de científicos.

El presidente del gobierno español es, desde luego, mucho más correcto que Trump, y eso es de agradecer, pero Trump no ha tenido que fingir ser doctor, ni se ha atrevido a decir que había vencido al virus, aunque, sin duda, ha dicho muchas tonterías, pero no esa, que es la más gorda. Como ha escrito Andrés Trapiello está haciendo abuso de los esdrújulos con cuantas palabras puede  (sólidaridad, réparación, cómprometer, résponsabilidad, tránsversal, périmetrar) tal vez porque sus recursos oratorios no le permiten otros vuelos, pero su trumpismo no es tremendista sino de fondo, le importa una higa saltarse la literalidad de las leyes o los límites del presupuesto porque sabe muy bien que el Parlamento no le va a revocar, porque la mayoría Frankestein está encantada de conocerse y no se ha visto en otra igual en su vida. A él le va muy bien con esto y es muy generoso con sus colaboradores (su gasto en asesores bate récords casi cada día) y lo bastante cuco como para saber que en España no acaba de tener éxito lo que los asturianos llamamos ser grandón o hacerse el grandón. Es la hormiguita hacendosa que barre todos los días para adentro, que tiene más ministros que nadie y está dispuesto a hacer lo que sea para seguir en Moncloa cuanto convenga, como Trump con la Casa Blanca, así que no duda en ponerle el altavoz al trumpismo gestual de cierta derecha para que los electores, como en la famosa escena de Los Hermanos Marx en las carreras, sepan lo miserables que son esos tipos tan exagerados.

Un apunte más, lo que ha caracterizado a Trump ha sido enfrentarse a los problemas no para tratar de resolverlos sino para convertirlos en escabel de su fama y de su poder político. No le ha interesado la paz social, sino el conflicto, no ha querido apaciguar sino exacerbar, no ha querido escuchar, sino hablar sin parar, no ha estudiado nada distinto a la manera de tensionar la convivencia. Desde mi punto de vista, esa estrategia, el cuanto peor mejor, es típica de revolucionarios y Trump la ha convertido, por desgracia, en un signo de su acción política. Como es sabido, no le ha seguido todo su partido, pero sí la mayoría, y ese espíritu de guerra cultural, se ha contagiado todavía más a la izquierda del partido demócrata que se había dejado arrastrar por el extremismo intelectual (political correctness, critical race theory, etc.) y que deberá pensar si le va a convenir continuar en ese campo de juego. Lo que es indiscutible es que no resulta edificante ver a tifossi de ambos partidos gritando “con Rivera no” a las puertas de los colegios electorales. Si la política tiene que ver algo, como creo, con el arte de impedir la guerra, Trump ha sido un político lamentable, por muchos que hayan sido sus aciertos. Y hablando de guerra, aquí disfrutamos del espectáculo de que los mismos que nos dicen, y no les falta alguna razón, que hay que pasar página sobre los crímenes de ETA, que son de ayer, nos recuerdan lo necesario que es revisar los cometidos en la guerra civil, que ya es cosa de bisabuelos.


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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web

25 COMENTARIOS

  1. Lo que les faltaba a los medios de manipulación de masas para profundizar en su falta de credibilidad: declarar presidente a Biden a partir de sus particulares proyecciones.

    No sé quién ganará, pero lo cierto es que los norteamericanos no van a abandonar sus posiciones frente al progresismo destructivo pues la base social de apoyo al trumpismo se ha ampliado considerablemente. Los demócratas están que trinan.

    • Trump simplemente se percató de la existencia de un «movimiento» que necesitaba liderazgo. Ese movimiento representa la oposición al globalismo y a las políticas identitarias, y no estaba representado ni por los demócratas ni por los republicanos, era el movimiento social y popular patriótico de EEUU. Ahora que Trump ha perdido, porque ha perdido le hayan robado o no las elecciones, y que los republicanos no solo se han librado de él sino que han salido reforzados en el Congreso, en el Senado y en los gobiernos federales, creo que ese movimiento volverá a estar desamparado, aunque seguirá existiendo lógicamente.

  2. Silvia, perdone que le haga una observación. Comete usted uno de los errores más comunes cuando se habla del sistema electoral español y es creer que sobrerepresenta a los nacionalistas: no es así, en absoluto. De hecho, las circunscripciones en las que hay nacionalistas, que, por fortuna, no son todas, son las que salen menos deformadas en la proporcionalidad votos/escaños por el sesgo del sistema que solo hace dos cosas, primar bastante al primer partido, y algo menos al segundo, en detrimento del resto y primar más a los distritos (provincias) pequeños en los que el voto pasa a ser mayoritario, en la práctica. El hecho de que el PNV pueda tener más escaños que una fuerza nacional pequeña teniendo menos votos, se debe a esos dos factores, sin más. Lo que ha dado fuerza a los nacionalistas en el Congreso es que tanto el PSOE como el PP han preferido apoyarse en ellos antes que pactar con su gran rival, pésima práctica que Sánchez ha llevado ya a un nivel sangrante. Este es, por cierto, un grave problema del sistema político en España, pero no se debe a que el sistema electoral prime de ningún modo a los nacionalistas. Saludos cordiales

    • Amigo Beramendi, la ley electoral sí que beneficia y sobre-representa a los partidos nacionalistas en el parlamento. Los votos no valen ni cuentan lo mismo. Puede observarse fácilmente en la proporción de votos y escaños. Algo que ocurrirá mientras la circunscripción electoral sea la provincia.
      De hecho, en Cataluña que tanto despotrica con el estado español y siempre barre para casa, mantienen el mismo procedimiento y no piensan en cambiarlo porque les beneficia claramente. https://www.abc.es/espana/abci-ley-electoral-espanola-prima-nacionalistas-201712150236_noticia.html
      Los votos de los ciudadanos españoles no valen lo mismo. Los escaños del PNV, del PDcat y de ERC están sobre-representados en el congreso si se analiza y compara con otros partidos la proporción de votos y escaños.
      Además de esta circunstancia, tal como usted comenta, el PP y el PSOE les han reforzado al apoyarse y pactar con ellos.
      Un cordial saludo,

  3. «…todo parece indicar que el trumpismo es una especie política que menosprecia valores básicos de las democracias (ecuanimidad, respeto a las instituciones, a la ley y a la libertad de opinión, etc.) y que es un partidario feroz de cualquier ley del embudo»

    Comparto y suscribo el análisis de su artículo, Quirós. El trumpismo español es bien reconocido por la vía de los hechos en el desprecio a los valores de la democracia, aunque prescinda del exabrupto y de las formas rudas de un estridente como Trump. Genio y figura hasta la sepultura. «Tongo, tongo, nos han robado las elecciones».

    La demonización que de él han hecho demócratas ha alimentado su leyenda de «hombre duro e implacable de gobierno» que no se pliega a los intereses ni a la corrección política del estabishment. Un «modelo» y «ejemplo» a seguir por otros partidos en Europa que han identificado al personaje como el libertador del yugo de la izquierda que domina en Europa.

    La realidad ha ido por otro lado, porque a pesar de los aciertos o la buena gestión económica que haya podido desempeñar en su país y que sus seguidores y grupos de referencia se encargan de señalar, su desprecio por Europa y sus tics autoritarios se han dejado ver a lo largo de su gobierno, al que ha manejado como a una empresa familiar, prescindiendo de todos aquellos colaboradores que han osado contradecirle; mientras él, desde el poder, mantenía sus chanchullos e ilegalidades debajo de la alfombra, a salvo de sus enemigos.

    Una especie de Sánchez que eclipsado con su propio ego consigue subyugar a su partido, laminar a los varones y convertirlo en una camarilla de incompetentes y aduladores que le ríen las gracias y le consienten toda suerte de atropellos.

    El pasado de Trump, en su rol de millonario y hombre de negocios, ha dejado un rastro que ahora sus enemigos van a utilizar en su contra. De hecho, hasta podría ir a la cárcel una vez abandone su cargo de presidente. Así se entiende mejor su actitud reaccionaria y combativa contra la victoria de sus oponentes y su mal perder.
    No olvidemos que además de criminalizar el voto por correo, lo declaro «ilegal» porque sí, más en función de su mandato «divino» que no en atención a las leyes estadounidenses. Y justamente la pandemia ha favorecido que el voto se produjera a través de esta vía, acelerando el final de su mandato trumpiano. Pero no solo eso, el partido republicano no ha querido sumarse a esas acusaciones sin pruebas y sin fundamento de fraude electoral, a las que Donald se ha agarrado como una lapa para evitar lo inevitable.

    Es curioso, durante su mandato, cómo desde algunos sectores se enaltecía la democracia norteamericana como un ejemplo a seguir, en detrimento de la nuestra y sin cuestionar su sistema electoral. Un sistema electoral que tiene más en común con el nuestro de lo que parece a simple vista y que, efectivamente, no es todo lo justo y representativo que debiera. Aquí sobre-representa a los nacionalismos periféricos y en Estados Unidos a los estados con núcleos rurales sobre los urbanos que concentran el grueso de la población.

    Aquí en España el voto de cualquier nacionalista vale más que el voto del resto de españoles. Y aun así, son los desleales que más braman contra contra el «abuso y la opresión del Estado» y contra los principios democráticos y constitucionales que les confieren sus privilegios frente al resto. Estos son a los que se ha arrimado el sanchismo para desgobernar y azuzar el odio y la división en la sociedad.

    En EE.UU, el sistema electoral permitió y benefició ejercer a Trump su poder, aunque la mayoría social no estuviese con él. Una realidad que si no aceptó entonces cuando fue ganador de las elecciones, ahora, le retrata definitivamente como un mal perdedor y un peligro para la democracia, dispuesto a cambiar las reglas del juego a mitad del partido porque no favorecen sus intereses.

    El hostigamiento que ha recibido por parte de los demócratas ha sido constante, igual que lo fue en las pasadas elecciones. Un acoso y derribo que no consiguió desalojarle entonces de la casa Blanca y que ahora, si no hubiese interferido la variante de la pandemia tampoco lo hubiera hecho. Así que, su intento desesperado e interesado de infectar la democracia estadounidense con el virus de la sospecha, anula y desmerece la buen gestión que haya podido hacer, al tiempo que engrandece torpemente la leyenda que sus oponentes demócratas han vertido sobre él.

    • Hay que reconocer que el sistema electoral americano es francamente mejorable. Además es bastante sospechoso lo que pasó la noche del recuento: en los estados decisivos, gobernados por demócratas, va ganando holgadamente Trump, de repente se para el recuento y cuando se reanuda se invierte la tendencia de una manera que desafía las leyes de las probabilidades, aparecen cientos de miles de votos nuevos todos a Biden, oiga ni uno a Trump ni a los otros candidatos marginales ¡ni uno!, la curva de Biden deja de ser ascendente para convertirse en vertical. Hombre yo creo que antes esas sospechas, los gobiernos federales, porque en EEUU no hay administración única electoral, deberían revisar el escrutinio de manera rigurosa, creo que en Georgia así lo han decidido. Si Biden ha ganado no hay nada que temer, saldrá reforzado y Trump definitivamente desacreditado

      • Se ha dado la circunstancia que con la pandemia el voto por correo ha tenido mayor incidencia y protagonismo en el proceso. No obstante, no me parece mal que se revise el escrutinio allí donde pueda haber más dudas, tal como se ha hecho en otros procesos electorales. Aunque me temo que no servirá para despejar la «paranoia» de Trump, quien ya alertaba de «fraude electoral», incluso antes de las elecciones. Imagino que en modo calculado y preventivo por si se cumplían los pronósticos de las encuestas o por si perdía las elecciones.

  4. Como soy buen amigo del autor voy a defenderle, aunque no creo que haya sido atacado, simples discrepancias, pero leídos los comentarios anteriores alguien podría pensar que este medio debiera llamarse «Unanimidad» y no «Disidentia», aunque imagino que se trata de un efecto óptico. A mí, desde luego, ser disidente pero nunca con los míos me gusta lo justo, y hasta algo menos. Yo no sé con certeza qué hubiese votado de ser norteamericano, pero de haberlo hecho por Trump sería por puro egoísmo, no por convicción, y de haberlo hecho por Biden sería para decirle a los republicanos que para proteger a los ciudadanos olvidados por la izquierda exquisita, para tener una política exterior coherente, o para combatir las excesivas tonterías de la corrección política no es necesario ser un bocazas y saltarse normas de cortesía elementales. Y, por supuesto, Trump ha dado la tabarra con el Muro, pero Obama desterró a cerca de 3 millones de hispanos, si la cuenta está bien hecha.

    • Una cosa es que Trump sea un maleducado, que como no le conozco personalmente no me atreveré a opinar, u opinar que sus políticas sean una basura, teniendo que explicar en tal caso por qué son una basura. O que sus ideas son malas. Pero lo que en mi opinión no se puede hacer son caricaturas de personajes políticos. No es cierto que Trump sea quien haya dividido la sociedad americana o que no haya otro como él, porque es desconocer cuál era la situación en EEUU después de 8 años de Obama, y es desconocer la «ideología» identitaria contra la que precisamente se ha alzado Trump. Si la sociedad norteamericana está dividida desde luego no es por Trump ¿acaso él es el culpable de la ola de violencia de este verano? para el deep state y sus medios por su puesto…aunque ellos hayan sido los que la han alentado y financiado. Y recuerdo que hemos estado cuatro años con los derrotados demócratas junto con toda la prensa mundial intentando convencernos de que Putin manipuló los resultados de 2016. Y si firmo mis mensajes como un deplorable, es porque los educados demócratas, guardianes de las esencias y purezas del sistema, no como el patán de Trump, calificaron a los votantes de Trump como tales.

  5. Trump no me resultó simpático, creí conocerle por su tupé y la imagen que daban los periódicos, dicen que rectificar es de sabios y algunas de sus decisiones me hicieron prestarle atención, cuanto más le observaba más interés despertaba.

    Siempre he sabido que la primera imagen que tenemos de alguien puede llevarnos a error al estar sustentada en nuestros propios prejuicios, también he aprendido que las formas son importantes pero no significativas para conocer su verdadera esencia, hay personas simpáticas de las que es conveniente alejarse, hay hombres con una extraordinaria verborrea y ágiles en la réplica sin fondo intelectual alguno, hay personas que se trabucan al hablar por un exceso de ideas contrapuestas en su cabeza que les impiden decir una simpleza. Hay personas hoscas con una visión clara de las cosas…

    Y es aquí donde Trump comenzó a caerme bien y a prestarle más atención. Comenzó a caerme tan bien que le denominé «el último mohicano de la democracia».
    Observé que detrás de sus formas había un hombre de acción capaz de percibir una nación en su conjunto con la capacidad de tomar decisiones beneficiosas para la sociedad real.

    Si el progresismo rampante se fundamenta en teorías absurdas que se desmontan con un solo empujón a la neurona que tengas más a mano, la actitud de Trump corresponde a la desesperación del que sabe que esas teorías no funcionan porque él conoce la práctica.

    Trump no es un intelectual teórico, es un hombre inteligente y práctico con un fondo mucho más humano que cualquier progres teórico de la felicidad 2030.

    Trump conoce al malvado porque lo ha tratado, sabe cómo actúa el sibilino y no confunde las necesidades primarias de la vida con felices utopías totalitarias.

    Por lo que a mí respecta siempre seré Trompetero. Espero que Dios reparta suerte y los tribunales le den la razón, aunque con este papa creo que tenemos cortada la línea con el cielo.

    • Que mejor forma de eliminar tensiones sociales que comprobar los votos y asegurar la limpieza del recuento, sin embargo parece que los «demócratas» no están por la labor cuando deberían ser los primeros interesados en desmontar que sus votos se han obtenido limpiamente.

      El hecho que los «demócratas» se opongan para mí es suficiente prueba de pucherazo.

      • A Trump le odian a muerte porque les ha desenmascarado y le ha hecho perder muchos millones. Yo no se si ha habido fraude, o mejor dicho si el fraude que debe de haber en todas las elecciones norteamericanas es realmente significativo, lo que sí se es que las élites han hecho todo lo que han podido para cargárselo

        • Yo tampoco sé si ha habido fraude, aunque si recuerdo lo que decían los demócratas hace unos meses, «no hay que aceptar el resultado electoral ni reconocer a Trump como presidente el día de las elecciones» estaba claro que pretendían luchar en los tribunales para ganar tiempo y colocar temporalmente al mando de la nación a gente de su cuerda.
          Lo que está claro es que es una lucha encarnizada por el poder en la que no han escatimado medios, desde las revueltas hasta el ridículo y nada fundamentado «Impeachment», pasando por los bulos rusos contra Trump y que más tarde se ha demostrado que quien ha tenido tratos corruptos con Rusia ha sido la familia Biden.
          Lo que más me preocupa de todo esto es la opinión publicada y la censura que las redes totalitarias, llamadas sociales, han hecho con el Presidente de los EEUU, si son capaces de censurar a un presidente de los EEUU que no harán con cualquiera de nosotros.

  6. Por cierto, se me olvidaba, recuerdo que cuando Trump asumió la presidencia estábamos abocados a la hecatombe nuclear…es lo que decían todos los sesudos analistas…cuatro años después EEUU no ha iniciado una sola guerra, para disgusto del complejo militar industrial y de las élites mundialistas…..bueno tranquilos mis queridos neocons en breve se reanudarán los bombardeos y podréis escribir brillantes justificaciones de la intervención americana por la libertad…mientras millones de personas son desplazadas hacía las fronteras de Europa ¿le damos ya el premio nobel de la Paz a Biden o esperamos un poquito?

    Un «deplorable»

  7. Una burda caricatura de Trump y de lo que representa, y no diré de lo que ha representado, porque Trump simplemente lideró una movimiento nacional de protesta ausente de liderazgo…y ese movimiento continúa vivo. Decir que Trump ha dividido a la sociedad estadounidense es opositar al comité de la verdad de Sánchez-Iglesias. Quien ha dividido la sociedad norteamericana (y europea) son las élites mundialistas con sus políticas identitarias, y el instrumento en EEUU de esas élites es fundamentalmente el Partido Demócrata, y los «never Trump» del Republicano. Trump simplemente ha aceptado el reto y por eso le siguen millones de estadounidenses que no quieren ver convertida su patria en una sector más del gran mercado mundial de individuos desarraigados. A lo mejor al señor Quiros le gusta más el republicano amaestrado que goza de los parabienes de las grandes cadenas de televisión y del New York Times y Washington Post y que nunca será censurado en las redes sociales por los señoritos ricos de la costa este y oeste….creo que Pablo Casado es de la misma opinión
    Tiene gracia eso de que Trump «se va a dedicar a poner a Biden y a Harris como chupa de dómine, cosa que ningún presidente ha hecho nunca con su sucesor»….¿ha estado informado de lo que ha pasado y se ha dicho de Trump y de sus votantes desde la campaña de 2016?
    Afectuosamente se despide un «deplorable»

  8. El problema de Trump es mediático. Es sencillamente un patán, un bocazas… A pesar desde el presidente bajo cuyo mandato ha bajado el paro a niveles de los «años dorados», ha mirado por los intereses de unas clases olvidadas durante décadas (pese a que no les regala nada, ni subvenciones ni sanidad) y no ha metido a su país en nuevos conflictos. Todo ello con la enquina del NOM, lod medios, las universidades y del «establishment» norteamericano, que es una parte fundamental de ese NOM. Estados Unidos es un país con una fractura muy profunda. Realmente siempre lo ha sido, pero esas diferencias estaban tapadas por tonelada de propaganda. Si Biden gana y Trump es una persona inteligente, Trump debería irse a su casa, ponerse a salvo él, su familia y su patrimonio, pero como mucha gente con mucha pastaaaa está un poco ido de la cabeza y la va a liar con tribunales y demás. No entro en los pucherazos y pucheritos, que tampoco sabemos a ciencia cierta que es verdad y que es bulo. Todo es una confusión de órdago.

    Aquí tenemos a nuestro dictador patrio, que es muy fino, educado (y chulo), que ha perpetrado atentados contra la democracia que a Trump no se le hubieran ni ocurrido. Y ahí lo tenemos, en Moncloa, de dueño y señor de nuestras vidas y haciendas. Lanzado cada día una medida para acabar con la poca libertad que tenemos los españoles y la mayoría del parlamento aplaudiendo y el pueblo riendole las gracias y «parando a la ultraderecha», mientras todo se hunde a nuestro alrededor: sanidad, enseñanza, servicios públicos, economía. Se nos impone el ministerio de la verdad, hacienda podrá entrar en cualquier domicilio sin orden judicial y los inmigrantes ilegales invaden Canarias (con pasaporte y exigen alojamiento gratis total en hoteles). Sánchez si que está siendo una apisonadora para Ex-paña (pero el malo es Trump para los medios). Y encima, en el antiguo reino de Tartessos, el taifa Moreno Bonilla (que no es más tonto porque no se entrena) quiere ampliar el toque de queda a las 7 de la tarde. Pero nosotros seguimos debatiendo sobre Trump o Biden, mientras nuestro país se va al garete.

  9. Don José Luís.

    Discrepamos.

    Trump no ha dividido nada que ya no estuviera dividido. Simplemente ha señalado la divisón que ya existía y que los «Demócratas» negaban.

    Y Sánchez ha continuado dividiendo, simplemente ha seguido, he incrementado, las poíticas de Zapatero. Las que Rajoy no quiso parar.

    Este articulo (co el que no estoy al 100% de acuerdo) va mucho mas allá:

    https://www.miciudadreal.es/2020/11/03/%ef%bb%bftrump-vs-biden-el-destino-del-mundo/

    Un cordial saludo