Cuando se hacen estudios de imágenes nacionales o, para expresarlo en términos más comerciales, de marca-país, se utilizan muy variados recursos. Uno de ellos, bastante conocido, es realizar encuestas en las que, entre otras cosas, se pregunta a una población determinada acerca de los símbolos con los que se asocia una nación. Ello da como consecuencia en la mayor parte de los casos una variada panoplia de tópicos. Pero, lejos de resultar despreciables o irrelevantes, esos lugares comunes constituyen una valiosa materia prima para los investigadores y sobre todo para diseñar a partir de ahí una estrategia política, económica o meramente explicativa.

¿Para qué sirven los informes de esas características? En primer lugar para establecer si un país tiene una imagen fuerte o débil, independientemente del valor positivo o negativo de la misma. En principio, es mejor disponer de un perfil vigoroso y definido, pero esto se convierte en obstáculo importante cuando los rasgos que lo acompañan generan un profundo rechazo. También depende de los objetivos que se persigan: el carácter festivo de una comunidad puede ser por ejemplo una baza magnífica para impulsar el turismo pero en cambio constituirá un lastre para atraer inversiones que requieran desarrollo científico y tecnológico o alta eficiencia productiva.

Las imágenes nacionales no son la foto fija que muchos intereses establecidos quieren hacernos creer, porque nada hay en la esencia de ningún pueblo que le obligue a ser siempre de una determinada manera y no de otra. Hay una abundante literatura ensayística –da igual en este aspecto que sea entusiasta como reprobatoria de España- que coincide en la premisa dogmática de que los españoles tenemos intemporalmente unas características particulares que nos distinguen en el contexto europeo. Tanto autóctonos como foráneos han cultivado con esmero esta imagen diferencial, asumiendo la paradoja de que la singularidad era permanente pero su contenido cambiante al compás de los tiempos, desde el fanatismo inquisitorial del siglo XV (Torquemada) a la sensualidad romántica de la Carmen decimonónica.

La democracia luchó desde su instauración contra esas expresiones del Typical Spanish, hasta el punto de que la llamada modernidad cultural en España, ya desde los tiempos de la «movida», se hizo bajo otros parámetros, más deudores de la transgresión que de la tradición

Expreso todo lo anterior con cierto énfasis porque, al contrario de lo que algunos postulan y muchos creen, esta perenne diferencia española no es un invento franquista, aunque forzoso es reconocer que el Caudillo y su régimen usaron y abusaron de tal marchamo con fines tanto justificatorios como promocionales. Tanto es así que en muchos sectores del país las corridas de toros, el flamenco y la sangría son considerados residuos casposos cuando no directamente expresión de un persistente franquismo sociológico. Véase a este respecto la propaganda de los nacionalistas catalanes y vascos (y no solo de los más radicales).

En cualquier caso, la democracia luchó desde su instauración contra esas expresiones del Typical Spanish, hasta el punto de que la llamada modernidad cultural en España, ya desde los tiempos de la movida, se hizo bajo otros parámetros, más deudores de la transgresión que de la tradición. Incluso cuando se recurría a esta última, esa recuperación –si así puede llamársele- se hacía sobre la base del guiño burlón e incluso la parodia iconoclasta. Las películas y, sobre todo, la estética de Pedro Almodóvar constituyen la plasmación más exitosa de esta actitud.

Este curso de los acontecimientos parecía haber generado -¡por fin!- un acusado consenso en los rasgos (históricamente problemáticos) de la identidad española. A estas alturas, pongo por caso, a nadie se le ocurriría identificar al español de a pie con el cateto de la boina: los tiempos de Gila o, peor aún, de Alfredo Landa, dicho sea con todos los respetos para el caché artístico de ambos, no solo aparecían como obsoletos sino que simbolizaban una época –la España de la posguerra o en el mejor de los casos, la España del seiscientos- definitivamente superada.

Si en algo ha habido acuerdo entre los españoles –entendidos como colectivo- en estas últimas décadas ha sido precisamente en aparecer y ser tratados como país moderno, aunque esta modernidad se haya entendido de modos distintos y no siempre compatibles. Como antaño los curiosos impertinentes, un extranjero zumbón quizá hubiera detectado una sospechosa impostación en esta tendencia, en tanto que un paisano se limitaría a recordar el refrán de “dime de lo que presumes…” De cualquiera de las maneras, como pasa con tantas cosas en la vida, unas circunstancias imprevistas nos fuerzan ahora a mirarnos en el espejo con otras luces y desde otra perspectiva. ¿Qué es lo que vemos?

Vemos en primer lugar un contraste llamativo entre el impacto letal de la pandemia –uno de los más altos, si no el que más, en términos relativos, en el conjunto europeo- y la aparente despreocupación, rayana en la frivolidad, con que se aborda la situación, sobre todo en las instancias oficiales y los principales medios de difusión (o propaganda, para ser más exactos). Un observador externo certificaría que esta nueva normalidad quiere a toda costa parecerse mucho a la antigua, en el sentido de actuar como si nada hubiera pasado. El contraste mencionado se acrecienta si confrontamos la displicencia reinante con una crisis económica inédita, la más alta en términos relativos –una vez más- de los países desarrollados.

Apelo nuevamente a ese observador distanciado que se asomara a las expresiones colectivas presentes de un confín a otro de la geografía española. Pese a la drástica contracción del turismo, en especial el turismo extranjero, tirón básico de nuestro sistema económico, el país se adentra en el verano recobrando sus pautas habituales de indolencia y diversión hortera: playas con sombrillas plantadas desde las ocho de la mañana, chiringuitos con las canciones del verano, paellas de encargo y terrazas de bares donde cuesta conseguir una mesa. Es verdad que este agosto el país no arderá en fiestas como antaño, pero no por falta de ganas, pues da la impresión de que las precauciones sanitarias, más que asumirse por el común, se decretan por las autoridades a regañadientes.

Lejos quedan ya los planteamientos bienintencionados de algunos ilusos que recomendaban aprovechar las crisis para acometer cambios radicales en nuestra estructura productiva. Hoy a nadie se le ocurre ya tal candidez. En términos macroeconómicos, jugamos en la segunda división de las naciones desarrolladas, proporcionando unos servicios turísticos competitivos pero muy rezagados como país en investigación, tecnología y, en general, las grandes apuestas de futuro. Somos lo que somos: un país de fiesta y siesta, de cañas y tapas, de palmas y olés, de ocio barato y bullanguero. No es ya solo que lo tengamos asumido: es que presumimos de ello.

Ahora que con la restricción de movimientos se ha interrumpido el flujo de visitantes, nuestras autoridades políticas se dirigen sin rubor a las instancias comunitarias europeas mendigando unas ayudas millonarias para salir del bache, como quien dice. Así de elemental. ¿Para qué está Europa si no?, claman los portavoces oficiales y su coro mediático. Como el mendigo que extiende su mano, España solicita ayuda como si todo lo acaecido constituyera una mera contingencia calamitosa, sin asumir responsabilidad alguna por supuesto. Pero si España no ha gestionado la crisis peor que otros países, como ha repetido hasta la saciedad la propaganda oficial, ¿por qué aquí el impacto es mayor?

No comparto ese tipo de diagnóstico, tan usual entre nosotros desde muy lejanos tiempos, que se recrea en los males de la patria: “y si habla mal de España, es español” (Bartrina). Admiro el genio creativo, me complace el vitalismo, comparto la alegría y disfruto el tipo de sociabilidad que prevalecen en este rincón del mundo. Pero ello no me lleva a estimaciones estúpidas –no, no “somos los mejores”, ni “España es la mejor”, como dice el pasodoble- ni a silenciar lacras y defectos que, por otra parte, no serían tan difíciles de superar con una organización política eficiente. No es malo ser un país acogedor y festivo, pero debemos recordar que hasta las mejores fiestas tienen su final. Y luego toca recoger y ponerse a trabajar seriamente.

Foto: Guillermo Latorre


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Rafael Núñez Florencio
Soy Doctor en Filosofía y Letras (especialidad de Historia Contemporánea) y Profesor de Filosofía. Como editor he puesto en marcha diversos proyectos, en el campo de la Filosofía, la Historia y los materiales didácticos. Como crítico colaboro habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "Revista de Libros", revista de la que soy también coordinador. Soy autor de numerosos artículos de divulgación en revistas y publicaciones periódicas de ámbito nacional. Como investigador, he ido derivando desde el análisis de movimientos sociales y políticos (terrorismo anarquista, militarismo y antimilitarismo, crisis del 98) hasta el examen global de ideologías y mentalidades, prioritariamente en el marco español, pero también en el ámbito europeo y universal. Fruto de ellos son decenas de trabajos publicados en revistas especializadas, la intervención en distintos congresos nacionales e internacionales, la colaboración en varios volúmenes colectivos y la publicación de una veintena de libros. Entre los últimos destacan Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Primer Premio de Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto (Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Marcial Pons, 2014).

9 COMENTARIOS

  1. El artículo me ha gustado, quizás estaba predispuesto, lo estaba esperando. Creo que la pregunta nos la llevamos haciendo todos desde hace tiempo, pero aún más desde la formación del último gobierno y sus salidas de pata de banco. Más que cómo nos ven yo me pregunto cómo nos veríamos nosotros desde fuera tras el despropósito político, autonomías, corrupción, nacionalismos, negocios turbios, ineficiencia absoluta del estado, prevaricación, prevaricación y prevaricación constante en todos los estamentos de la administración, despilfarro, trabas administrativas, pésima educación, ningún proyecto de futuro que no sea desmantelar la nación para convertirla en un suburbio con cacique incluido. Las Delcys y los Zapateros, los fiscales y los abogados, los supremos y las ensoñaciones, la corrupción, la corrupción y la corrupción. Eso es España, una gran alcantarilla por donde se dilapida la riqueza de los pocos españoles que la producen.

    El otro día escuché un hecho ocurrido a un español que presentaba un gran proyecto a un ministro de un país extranjero, para mi es la mejor definición de la España actual que he escuchado. El ministro extranjero le dijo al español, nos gusta vuestro proyecto, nos parece el mejor, pero es difícil confiar en personas de un país que está en guerra consigo mismo, por lo que no podemos aprobarlo.

    Esa es la imagen, la radiografía perfecta. Sin contar a los Pujol, los Bonos, los Sebastianes, los Borreles y todos los Junteros y Generalifes.

    Viví una movida madrileña que nunca existió, mi precocidad, la facilidad para ganar dinero y un afán desmedido por las copas, las mujeres y la fiesta unido a la capacidad física para empalmar el trabajo o las cañas me permiten enumerar todos los garitos de Madrid por orden de apertura desde el año 1.974.

    Jamás tomaba dos copas en el mismo local, jamás trabé amistad con propietario de local alguno, jamás estuve en ningún grupo. Me recorría Madrid de punta a punta cada noche, durante casi veinte años, como me lo pasaba, aún no me explico cómo conseguía el dinero, podría contar la supuesta movida vista desde fuera, en realidad no fueron más que unos cuantos provincianos perdidos en Madrid pretendiendo ser originales.
    Nunca me han gustado los dramas, a mi me gustaba la noche, las copas y las mujeres extraordinarias. Nada más, y perderme con el coñac Duque de Alba, que bien sentaba. Diez, venite, treinta copas, al saco. Y a observar,

    Era capaz mostrar el Madrid festivo en un solo día a cualquier visitante mucho más intensamente que toda la supuesta movida completa a lo largo de los años.
    ¿Que aprendí de todo aquello? Nada, solo a conocerme a mi mismo.
    Dime el nombre de un personaje conocido y te contaré una anécdota de primera mano, y eso que siempre trataba de evitarlos, dime una actriz, una cantante conocida de la época y te diré si intentó ligar conmigo. Daba igual el garito, daba igual el ambiente, siempre y cuando a la puerta sin conocerte de nada me dijeran, buenas noches señor, aunque todavía no hubiera llegado a joven.

    Era tanto el tiempo que le dedicaba a las copas que durante un tiempo cuando me.preguntaban la profesión decía, copero. Ahora digo vago profesional que jode más.
    Con la política me pasó algo parecido, pero a los.pocos años de morirse el abuelo Paco me desencanté, las copas tienen eso, que enseguida conoces a la gente.

    La primera vez que entré en un puticlub lo hice acompañado de tes ministros de la UCD, yo había hecho de anfitrión en Madrid de una diputada regional que no conocía la ciudad y luego le pedí que me llevaran en su caravana electoral a la provincia donde yo iba a pasar las vacaciones. De repente se paran en un puti de carretera con unas tías estupendas y pa dentro que se metieron los ministros, diputados y diputadas en campaña. Ahí tengo que reconocer que todas las fantasías que yo tenía sobre los hombres rectos, serios y responsables desaparecieron, verles gastar cantidades ingentes de dinero para tener sexo con unas tías que no llegaban a la suela de los zapatos a cualquiera de mis amigas casuales fue una decepción importante.

    Cuando queráis os cuento la movida desde la barra de enfrente. Es mucho más divertida e interesante. Pero sin nombres.

  2. Almodóvar documentaba en los 80 un Madrid progre y desorientado, de vacuidad y perifollo, de poses y de drogas. En la madrugada, con el rimel corrido y la frustración en la ojera, la gente movida acababa desayunando en las viejas tascas de antaño. A la hora de la verdad, al amanecer, el trasnochador movido se debía codear con el currante madrugador que se parecía tanto a Gila y a Landa.

    Si ustedes ven la última película de Almodóvar, «Dolor y gloria», comprobarán que lo más sano de los propios recuerdos de Almodóvar son los de esa España de pueblo con mujeres que lavaban la ropa en el río. Esos recuerdos, aún con pobreza y dificultades están bañados en una limpia luz que nunca tuvo la «Movida».

    La imagen de España tiene un serio problema y es que la fabrican los ingleses y los franceses. Por eso Amancio de Inditex se avergüenza y no vende adecuadamente la españolidad.

    • Veo que se ha tomado más de una copa desde la barra de enfrente. Así fue,
      «con el rimel corrido y la frustración en la ojera» buena estrofa para los letristas de Sabina.

  3. El artículo es bueno pero voy a hacer un apunte a un párrafo

    «A estas alturas, pongo por caso, a nadie se le ocurriría identificar al español de a pie con el cateto de la boina: los tiempos de Gila o, peor aún, de Alfredo Landa, dicho sea con todos los respetos para el caché artístico de ambos, no solo aparecían como obsoletos sino que simbolizaban una época –la España de la posguerra o en el mejor de los casos, la España del seiscientos- definitivamente superada»

    Pues sinceramente fue una pena no modernizar a Gila o Landa en vez de relegarlos y sustituirlos por la movida y la horterada de Almodóvar, así ahora tenemos España llena de paletos horteras. Irán sin boina pero verlos a pecho descubierto vociferando llenando los restaurantes en bañador y cuanto más borrachos mejor que mejor ufffff

    Una pena dejar de lado esa España interior, de Landa para sustituirla por Benidorm y similares.
    Hoy con el patrimonio tan enorme que tenemos por toda España, en esa España que fue la cateta de la boina (esto catalogada por cuatro burgueses que se avergonzaban de los parientes del pueblo), pues si hubiéramos modernizado esa España otro gallo nos cantaría. En otros lugares lo hicieron y eran tan o más catetos que los pueblos de España.
    Hoy hacemos la Ruta de la Provenza para ver sus campos de lavanda o la ruta de los molinos en Holanda, cuando aquí tenemos campos y pueblos que le dan mil vueltas, por no hablar de molinos que tenemos de todo tipo y colores por toda la península . Tenemos un patrimonio que en pocos sitios existe pero claro destrozado, abandonado, vendía más la movida o la «modernidad» de Almodóvar y ahora lo vamos a pagar bien caro.

    Yo no me identifico con Almodóvar, ni con los que la ceja, ni con determinado turismo que me espanta, denme mil veces a un Gila o a un Alfredo Landa que esos sabían lo que era currar de sol a sol, sin subvenciones.

    Yo me identifico con ese Landa amante de su familia, de su trabajo, del respeto, de las tradiciones, creo que si Amancio Ortega le ponemos boina bien podría hacer el papel, pero claro es el Alfredo Landa del Siglo XXI pero en valores y en sentido común no veo que exista mucha diferencia

    En eso debimos convertirnos, modernizar lo nuestro, no olvidarnos de esa España que hoy muchos reivindican, esa España que se quedó vacía porque la movida estaba en otra parte.

    Mucho tenemos que trabajar para salir de ésta y me da que más de uno tendrá que volver a sus raíces

  4. Cómo nos vemos y nos ven.

    Tenemos una empres puntera, española, lider mundial en lo suyo: Se llama ZARA, (Inditex, Stardivarius, Massimo…)

    Pues tengan ustedes la seguridad de que en muchos paises no tienen ni puñetera idea de que su matriz es española. Y pese a la españolidad indudable de los Ortega, Isla y demás y de que además la sienten, no harán ningún espfuerzo por que se sepa de la españolidad de Zara mas alla de nuestras fronteras.

    Ellos saben que es un handicap.

    Por otro lado tenemos Suecia.

    Y una de sus empresas de referencia, también lider mundial en lo suyo.

    IKEA

    Cualquiera que haya ido a un Ikea sabe que ir allí es cómo darse una vuelta por Suecia. Desde el logo, con los colores de la bandera sueca, hasta cualquier etiqueta, pasando por el método «didactico» con el que te explican .. ese socialismo «amable» donde una estantería estandard te sale por 40€ pero cómo te quieras significar poníendole dos estantes mas te costará 60€. Algo fuera de cualquier lógica excepto de la de cómo opera la socialdemocracia sueca. La de siempre.

    Y hay que reconcer que funciona.

    Y hay que reconocer que en Suecia optaron por el método mas racional en la lucha contra el bicho, delegando en el sentido de la responsabilidad de sus ciudadanos lo que aquí se enconmendó a la policía y la Guardia Civil.

    Y les ha ido mejor, sanitariamente, y les iré mejor económicamente.

    ZARA e IKEA

    Para una es un handicap que la asocien con su pais y para la otra un activo.

    Eso no se lo explicarán en las escuelas de negocios.

    • No vendemos Marca España y eso nos mata.

      Aquí predominan las denominaciones de origen y la lucha entre ellas. En otros países también existen denominaciones de origen pero se venden como marca país.

      De entrada aquí ya se dice Zara es gallega, y así se la conoce en muchas partes del mundo pero pasa igual con otras marcas y tenemos buena materia prima y buenas empresas, tenemos un país excelente con un patrimonio y una Historia inmensa pero claro nosotros mismos lo machacamos como leñes vamos a crear seguridad , atraer inversiones o turismo de calidad que se deje un dineral.

      Miren, el Camino de Santiago es un éxito, lo es pero no deja el dinero suficiente y esto dicho por alemanes que lo hicieron, aquel viaje de Merkel a Santiago caminando con Rajoy unos metros del camino fue un boom en Alemania y los peregrinos de ese país se dispararon, gente que traía dinero pues se llevaron la sorpresa de la poca rentabilidad que tenía, pueblos abandonados, o con restauraciones pésimas, rutas sucias, poco sitio donde dormir, incluso comer en condiciones y sobre todo en algunos sitios, donde se comía bien pues le parecieron baratísimos.

      El año pasado hice una ruta por Galicia (madre mía, de esta tierra y el año pasado hice una ruta intensa) por zonas que no conocía lo suficiente , Fragas do Eume y las montañas de Lugo………..me volví loca para encontrar casas rurales y en alguna zona loca para encontrar hasta pensión y eso no solo pasa en mi tierra pasa en muchísimos puntos de España donde no se ha aprovechado el potencial

      Una pena

      • Esto lo corroboro al 100 por 100. Me gusta la España rural. De norte a sur y de este a oeste. Pero a dormir alas capitales de provincia o a las cabeceras de comarca (no a todos) porque el nivel de la hostelería de muchos pueblos deja mucho que desear. Solo todavía me adapto, pero con la familia, ni de coña.

  5. Estaba esperando este artículo desde hace varios días, por fin. Supongo que en eso estamos todos los españoles que nos preguntamos cosas.

    La pregunta era inevitable ¿Cómo nos vemos? Pero si España ya nos ha respondido. España se ha puesto delante de nosotros y nos ha dicho «esto es lo que hay»

    Lo hace de tarde en tarde, «salió el quinto malo y quemaron las iglesias'» contaba Dalí que decía un familiar.

    Dice el autor «…ni a silenciar lacras y defectos que, por otra parte, no serían tan difíciles de superar con una organización política eficiente. »

    Si algo ha quedado claro es que el Estado actual no es una organización política-administrativa eficiente sino un almacén de despropósitos, y el gobierno no es que haya gestionado bien o mal un acontecimiento imprevisto, que en eso precisamente consiste gobernar, es que no ha gestionada nada.

    No hace falta hacer muchos cálculos para darnos cuenta que España es el país que peor ha gestionado la epidemia, NO HA HECHO NADA, excepto dar palos de ciego que han descalabrado a unos cuantos miles de españoles en varias parcelas de sus vidas.

    La sanidad es una mierda, tercermundista, caótica, sin recursos, los sacas de un transplante pionero o una mamografía publicitada y te matan de un resfriado. Y que no protesten los que se llevan material sanitario a casa, tampoco los que contratan médicos extranjeros para ahorrarse unas perrillas.
    Que aquí uno toca plaza o silla y parece que ha llegado al Olimpo. Todo está pocho o corrompido.

    Un ejemplo, al principio de la epidemia añadí en mis comentarios las tablas estadísticas de fallecimientos y causas de muerte, algo fundamental para saber la incidencia real de la pandemia,. Yo siempre fui partidario del método Boris Johnson pero protegiendo a los ancianos y reforzando la sanidad, así como repartir un panfleto sencillo con unas cuantas mediadas básicas sin alarmismos ni alarmas. Parar un país es el ejemplo que yo ponía a quienes presumían de saber de economía, por lo tanto tenía bien estudiadas sus consecuencias.

    El gobierno ha desmantelado los datos que proporciona el estado a los gobiernos para poder gobernar correctamente, eso es España. Registro civiles, estadísticas sobre causas de muerte han sido silenciados, prohibidos o destruidos en un grave delito de prevaricación. ¿Cómo se puede justificar un confinamiento parcial o total sin tener todos los datos reales? Cualquier argumento que se pueda esgrimir ante un juez para justificar un confinamiento puntual no puede apoyarse en los datos que se ha ordenado ocultar o destruir. Lo que deja nuestra libertad a expensas del corrupto prevaricador de turno.

    Los datos deben ser públicos, veraces y transparentes, si no conocemos la realidad difícilmente podremos decidir correctamente. Pero eso está prohibido, lo han prohibido. No hay más que ver los telediarios oficiales hablando de Brasil o USA, un simple cálculo nos indica que España tiene una mortalidad tres veces superior a estos países. Si no se educa en la verdad y la responsabilidad y se prefiere ocultar el peligro real o conocido no puedes pedir responsabilidad a quien no has advertido con sinceridad. Todo ha sido, y sigue siendo aún más un auténtico disparate de gobierno.

    Andan ahora haciendo análisis sobre las elecciones del otro día, pero si es el análisis más sencillo del mundo.
    Que Frijol haya arrasado en Galicia es como si Vara gana en Extremadura, lo mismo. «Animal de costumbres» y ahora que la costumbre es ser separatista, pues también han votado la costumbre. No hay más análisis, excepto que el español ha dicho que no quiere imbéciles en el poder que le alteren su siesta cordobesa. ¿A ver qué pasa con la fresca?

    Quizás Ortega y Gasset hiciera el mejor análisis de las elecciones gallegas y vascas hace noventa años.

    «Yo confío en que los partidos (…) no pretenderán hacer triunfar a quemarropa, sin lentas y sólidas propagandas en el país, lo peculiar de sus programas. La falsa victoria que hoy, por un azar parlamentario, pudieran conseguir caería sobre la propia cabeza. La historia no se deja fácilmente sorprender. A veces lo finge, pero es para tragarse más absolutamente a los estupradores.»

    Ya está, si ya está dicho, ahora solo hace falta comprender. España es inmutable, en lo bueno y por desgracia también en lo malo.

    Parece que el viernes el presi de a diario se marcha a Breda a por víveres, esperemos que los holandeses se cobren su venganza y nos den una nueva victoria a los españoles aunque el Felón se ponga de rodillas. Ni un euro, porfa, aquí necesitamos un sitio tan eficaz como el de Breda.

    Ayer dediqué mis tres minutos de televisión a TVE 24h, cada vez los presentadores son más lerdos, han purgado a los válidos y se les cae el chiringuito de la manipulación encima.

    Sobre «La Movida» poco hay que decir, solo hay que ver a sus protagonistas convertidos en bofe de la SectaTV para saber cómo se veía desde la barra de enfrente bebiendo Españas de Duque de Alba y siendo el único clandestino antifranquista del local.

    Del rey del pollo frito a bofe de la Secta. Era inevitable aún habiendo leído a Baudelaire y aunque Umbral los echara un capote.

    Ahora empieza lo divertido para los que se hacen la pregunta adecuada, siempre la pregunta encierra la repuesta. «España y yo somos así, señora» si hay algo que los políticos españoles actuales no conocen de España es la verdadera parte inmutable que está a punto de mostrarse a los más tontos. Y ahora toca Ortega otra vez:

    «El radicalismo sólo es posible cuando hay un absoluto vencedor y un absoluto vencido. Sólo entonces puede aquél proceder perentoriamente y sin miramiento a operar sobre el cuerpo de éste. Pero es el caso que España –compárese su historia con cualquier otra– no acepta que haya ni absoluto vencedor ni absoluto vencido.»

    Pedro, Pablo, menos Chomsky y más Ortega.

  6. Uno de los problemas de España es que es un país muy cansino para todo lo que signifique fiesta, calle, bar, fútbol, espectáculo. Eso pasa en el norte y en el sur, a la izquierda y a la derecha, en la meseta, en el Cantábrico, Atlántico y Mediterráneo. A la mayoría de los españoles les metes el tópico en la cabeza, bien regado por los medios de manipulación de masas y ahí tenemos el resultado: la republica fue muy buena y España vive en la calle, junto con muchas otras mentiras. El espíritu de este país me lo dieron algunas de las polémicas post estado de alarma con la apertura de la hostelería. Un país donde la liga tiene que reanudarse «como sea» y es más importante abrir los bares que los colegios tiene poco futuro.

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