La expresión ex oriente lux, de Oriente viene la luz, se empleaba para significar, que las ideas fundamentales de la cultura europea provienen de Asia. La empleó, quizá por última vez en ese sentido, el pesimista Schopenhauer (1788-1860) -“el último de los budas” (J. Fueyo)-, uno de los maestros de Nietzsche.[1] Quien le debe seguramente su descubrimiento del nihilismo como el porvenir de Europa.

De Asia, venían también epidemias, uno de cuyos caminos solía ser “la ruta de la seda”. La del coronavirus, venida por rutas más modernas, puede también traer, junto con sus males, alguna luz a un Occidente, no tan nihilista como auguraba Nietzsche, pero bastante alejado de la realidad debido al predominio del modo de pensamiento ideológico.

El virus está sacando a la luz muchas cosas que pasaban desapercibidas para la mayoría de los ciudadanos. Una de ellas, la cristalización (W. Pareto) de las clases dirigentes unidas en el consenso socialdemócrata que dirige el Estado de [los] Partidos, forma de la estatalidad difundida durante la guerra fría para hacer frente al Imperio Soviético. Clases que, contagiadas del enemigo como si fuera un virus, han devenido nomenklaturas confirmando el diagnóstico del disidente soviético Vladimir Bukowski (1942-2020), «la Unión Europea es la nueva Unión Soviética».[2] EI impacto psicológico del virus ha dejado asimismo al descubierto entre otras cosas, la incuria típica de las nomenklaturas, el terrorismo intelectual del marxismo cultural reactivado por la political Correctness, el terrorismo mercantil de la política mundialista, el capitalismo de Estado peculiar del socialismo en el que es el Estado el único dueño capitalista al estilo soviético, o el centro de negocios de las oligarquías que explotan la sociedad, crean de clientelas servi-les a las nomenklaturas, utilizan la legislación para desintegrar la vida colectiva y jibarizar al ciudadano, etc. En suma, el virus puede haber consumado el fin de la “normalidad” anunciado por Gabor Steingart.[3]

Habiéndose cumplido este 23 de abril los famosos estúpidos cien días de gracia que se conceden a los nuevos gobiernos, por cierto un día después del aniversario de la muerte de Cervantes, más importante que el Día de Tierra inventado por la ONU, muy celebrado por la Iglesia de la Climatología, pueden tener interés algunas divagaciones sobre la situación cliopolítica del único Estado de las Autonomías y la única Nación de naciones existentes. Justo, los más afectados proporcionalmente por la pandemia.

La dirección de la transición se encomendó, casi era lógico, al partido socialista, que había acumulado tantos méritos en sus cien años de honradez y comenzó el revolucionarismo para cumplir el mandato constitucional de avanzar hacia la tierra prometida

España había permanecido bastante inmune al contagio sovietizante hasta la muerte del general Franco. Comenzó entonces el largo proceso bautizado “la transición”, sustituyendo su dictadura personal por la del consenso policrático formalizado en torno a la Monarquía. El consenso, que reduce la política a la disputa entre los consensuados por las plusvalías que acompañan a la posesión del poder, imitaba el consenso socialdemócrata existente en la futura Unión Europea, no demasiado sovietizada todavía. A la que se incorporó España después de aprobada la llamada Constitución “de la reconciliación” de 1978. Técnicamente una Carta Otorgada, introducía empero muchas novedades en la historia constitucional española e incluso en la universal. Desde considerar a partidos y sindicatos algo así como bienes del Estado, dividir la Nación –divide et impera– en 17 autonomías o estadículos, a la innovadora idea rectora del punto cinco del preámbulo: “establecer una sociedad democrática avanzada”. Los constituyentes -no el pueblo, que, confiado en su sabiduría y sus buenas intenciones, se limitó a aprobarla-, ofuscados quizá por la euforia del momento o encantados con el hallazgo,[4] no advirtieron que la sociedad democrática avanzada era el modo, método, camino o procedimiento recomendado por Lenin para llegar a establecer la auténtica democracia, die wahre Demokratie de Carlos Marx. Método que explica, lo que llamaba Carl Schmitt en su comentario al libro Eurocomunismo publicado oportunamente por don Santiago Carrillo, la revolución legal mundial que se hace perma-nente de modo que la revolución estatal permanente se hace legal.[5] La dirección de la transición se encomendó, casi era lógico, al partido socialista, que había acumulado tantos méritos en sus cien años de honradez y comenzó el revolucionarismo para cumplir el mandato constitucional de avanzar hacia la tierra prometida. La transición es, pues, un aspecto de la revolución mundial representada como progresismo, aunque los escépticos lo consideran profundamente reaccionario dados sus antecedentes y la finalidad que persigue.

Al dimitir misteriosamente el Sr. Rajoy, continuó la representación el Dr. Sánchez, personaje parecido a su amigo Macron. Tras dos intentos fracasados, consiguió instalar la estúpidocracia en el Estado al ser nombrado virrey del consenso como jefe de la cohorte socialista, gracias al apoyo de los republicanos independentistas, separatistas, ex-etarras, prosoviéticos y similares. Gente desagradecida, pues sigue siendo republicana a pesar de que, sin la paciencia del rey, que esperó al tercer intento, no hubieran accedido al gobierno o a condicionarle. Desde luego son todos “antifas-cistas”, pero tan profesionales, que, salvo los ilusos y sectarios, podrían ser lo contrario si lo considerasen más rentable.

El anarquizante gobierno del Dr. Sánchez es el resultado del avance de la democracia hacia la estúpidocracia durante cuarenta años. Un Links-Staat,[6] Estado de izquierdas y de las Autonomías desgobernado por impostores, resentidos, logreros, inútiles, chiquilicuatres, ganapanes, arribistas, feministas y feministos, ecologistas y ecologistos, sin que falten narcisistas, tarados, orates y los despistados habituales que le dan un aire liberal. Convertidos en hombrecitos de Estado, juegan infantilmente a revolucionarios y destruyen todo lo que no entienden, desde la sanidad a la economía, y lo que no les interesa, por ejemplo, la cultura.

El enjambre de viceministras y viceministros, ministras y ministros del gobierno del Dr. Sánchez, tan incompetentes con leves excepciones -algunas incompresibles- como su presidente y cada uno más ridículo que la otra y el otro, se las prometía muy felices en sus poltronas. Su felicidad y sus grandes proyectos se marchitaron al informar alguna o alguno en alguna de sus reuniones, que la palabra epidemia (επιδημια, relacionada con demos, pueblo), de la que habían oído hablar hacía meses a personas e instituciones competentes, significa estancia o asentamiento en una población de bichos generalmente invisibles, más destructivos que el peor gobierno imaginable incluido el del Dr. Sánchez. No obstante, el gobierno, fiel a sí mismo, lo que le honra, decidió no suspender las manifestaciones de los “individuos [e individuas] manquées” (M. Oakeshott) españoles y españolas contra el machismo ancestral, argumentando que “el machismo es mucho más peligroso que el virus” y dicharachos del mismo jaez. Paradójicamente, vistas las consecuencias, la alianza tácita con los coronavirus invasores fue una decisión supermachista. Hasta don Felipe González, progenitor político del Dr. Sánchez, le ha amonestado porque “el error en política es perdonable. Lo que no es perdonable es la estupidez». La estupidez vive en la irrealidad.

Abundan las conjeturas sobre las causas de la ineptitud y el desprecio sectario al pueblo acostumbrado a pagar, en todos en los sentidos de la palabra, las consecuencias de la democracia avanzada, de la LOGSE y demás experimentos pedagógicos del consenso

Para arreglarlo, el gobierno -sin dejar de respon-sabilizar a la oposición como es preceptivo entre los niños-, impuso, mejor, decretó, pues le gustan tanto los decretos como los dulces a los bebés, el estado de alarma. Tal vez una exageración con un gobierno normal, pero justificado teniendo en cuenta que el gobierno no sabía que hacer y que está en rebeldía una parte de la Nación. En todo caso, tardío después de las advertencias conocidas e incluso notificadas por la OMS. Abundan las conjeturas sobre las causas de la ineptitud y el desprecio sectario[7] al pueblo acostumbrado a pagar, en todos en los sentidos de la palabra, las consecuencias de la democracia avanzada, de la LOGSE y demás experimentos pedagógicos del consenso. Hay quien desconfía de que sean improvisadas. El periodista Salvador Sostres, no cree que se impusiera el confinamiento para evitar muertos, sino para evitar una revuelta en la que se dan cuenta hasta los tontos que podrían perder el poder, sus beneficios y tener que dejar de jugar a la política. Otros aún más desconfiados recuerdan que el caos es una técnica revolucionaria leninista.[8] La misma tendencia del gobierno a interpretar, a la verdad algo confusamente, el estado de alarma decretado para compensar la ineptitud y la desidia, como un estado de excepción en el que armas silent leges,[9] es sospechosa. Le sirve ciertamente para intensificar el miedo colectivo, imponer sus intereses y pulsiones partidistas y establecer un poder totalitario tan pasadista y reaccionario por muy infantil que sea -se dice que “quien con niños se acuesta…” y que los niños son muy crueles- como el del tipo leninista o “socialismo del siglo XXI” que subsiste en algunos países. Dada la personalidad de los protagonistas, es probable, que sea un efecto de la ley de Hanlon.[10]

Decía Mises, que el socialismo es un error intelectual. El de los nuevos socialistas hispanos ni siquiera es un error, sino una confusión. Pues para equivocarse hay que tener alguna inteligencia. Pero si carecen de inteligencia política y sus amigos arribistas son sólo listillos sin sustancia, la cuestión es como consiguen tener cierto apoyo popular, por lo que cabe especular que les den instrucciones elementos extraños.[11]

Si el gobierno es un problema lo es también la oposición legal. Quizá por respeto al consenso, el partido popular no demuestra tener inteligencia y voluntad políticas. Salvo excepciones personales, compadrea con el gobierno, le deja hacer sin más reticencias que las protocolarias, y, en lugar de atenerse a la realidad, apelar al pueblo y rebelarse contra el consenso que atenaza a la Nación, se rinde a su adversario -que la trata en cambio de enemigo-, como si considerase la coalición gobernante una imposición del Destino. Vox será una excepción coyuntural mientras no rompa abiertamente con el consenso.

Lo importante es romper el consenso que conserva el sistema para que no perezcan, dicho con exageración, la Nación y el pueblo. La situación es desconcertante, la crisis del coronavirus ha colmado el vaso y empieza a ser desesperante.[12]

“Después de mí las instituciones”, decía Napoleón satisfecho de haber creado el Estado. Que sigue siendo sustancialmente el napoleóni-co, aunque devenido totalitario. En unos casos de tendencia y modos bolchevique y nacionalsocialista. En otros “liberal” porque hay elecciones libres para votar al partido estatal que se considere menos nocivo o del que se depende por alguna razón o cuya propaganda es más demagógica y seductora, y se consiente la libertad de expresión. Cada vez menos como en España, pues la mayoría de los medios de comunicación simpatizan con el consenso socialdemócrata o los controlan directa o indirectamente los gobiernos. La epidemia está abriendo los ojos a mucha gente.

El pueblo más inerme en la Unión Europea frente al peligro del totalitarismo sin retorno es sin duda el español, como ha puesto también de relieve el virus chino. La pandemia –ex oriente lux– ha obligado a los gobernantes a reconsiderar la realidad de las naciones incluso en la Unión Europea. «Es ist die Stunde der Nationalstaaten« (es la hora de los Estados-nación) dice el eurodiputado del AfD Jörg Meuthen.

¿Pero qué instituciones políticas -aquellas que se supone están al servicio exclusivo de los intereses y el bien común de la Nación- funcionan aceptablemente en España?¿Ha reaccionado alguna políticamente al patente desgobierno o antigobierno tan infantilmente sectario que puede llegar a ser siniestro? Le preocupa más el proyecto de ley sobre la eutanasia, mintiendo como ocurrió con la primera ley del aborto en tiempos del modernizador Sr. González sobre su demanda social, y mantener abiertos los hospitales de abortos, una idea socialista, mientras la natali-dad se derrumba; inventar impuestos cuando se derrumba también la economía (en parte gracias a sus medidas absurdas o intervencionistas); multas disparatadas, etc. El gobierno no sólo se desdice, contradice y miente continuamente, sino que anima empresas difusoras de bulos confiando en el éxito propagandista de la “bulocracia”, al mismo tiempo que ordena a la guardia civil perseguir a quienes le critiquen: “el que se mueva no sale en la foto” amenazaba el también socialista don Alfonso Guerra. Y como “el dinero público no es de nadie” (la vicepresidenta Dra. Calvo Poyato dixit), destina 15 millones de euros a comprar los medios de comunicación, 100 millones para la lucha contra la violencia de género, varios miles para pegatinas igualitarias, se dice que tiene previstos 100.000 millones para combatir el mítico cambio climático del que nadie sabe nada concreto salvo quizá el Papa y sus acólitos, etc. Y no hay que descartar que haya comisiones y malversaciones de fondos en los gastos que está haciendo. Otro de los hombrecitos de Estado, el hablador vicepresidente Iglesias, dice, evocando el caos de la táctica leninista, que hay que “aprovechar los momentos de excepción” y consignas del mismo jaez.

Hasta ahora, ninguna institución competente, si queda alguna, se ha inmutado. Y, por supuesto, en un Estado tan intervencionista como el español, las instituciones privadas, si no colusionan con la administración, los partidos o los sindicatos de la policracia consensuada, dependen de la buena o mala voluntad de los gobernantes. La misma Iglesia da la impresión de considerar más importante la Carta que funge como Constitución, que el Evangelio, e invoca como solución a los problemas suscitados por la pandemia y los previsibles, recuperar el espíritu de la transición-transacción. La Iglesia es sustancialmente caridad y las excepciones particulares, sobre todo en el bajo clero, son numerosísimas y calladas. Pero como institución jerárquica, ha colaborado con su atronador silencio ante la legislación inicua, a la rápida descristianización de la Nación como si fuesen una exigencia de la modernización y al auge de los nacionalismos. Las excepciones entre la jerarquía, desasistidas por la mayoría, son intrascendentes. Llama la atención, que, dada la sumisión del episcopado al poder político, haya recordado por si acaso el dicharachero vicepresidente Dr. Iglesias, a los obispos, que “hasta nueva orden [¿del gobierno?], el Papa es el jefe de la Iglesia católica”.[13]

La situación empieza a parecerse, emocional-mente, a la que precedió a la guerra de la Independencia, cuando el pueblo, abandonado y traicionado por la Monarquía y las clases dirigentes, decidió ejercer por sí mismo el derecho de resistencia. En este momento, la enconada lucha sanitaria entre los buenos y los malos del consenso (en realidad, todos se consideran los buenos) parece centrada al terminar esta divagación, en qué niños “deses-calar” y cómo desescalarlos.[14] Pero el virus oriental está aclarando muchas cosas. El consenso revolucionarista es incapaz de hacer frente a la pandemia, que no se sabe cuánto durará ni cuanto daño puede hacer además del paro previsible por la recesión económica en una España desindustrializada por el consenso, una agricultura mediatizada por el ecologismo y excesivamente dependiente de la construcción y el turismo. El monto de la factura de la epidemia se desconoce. Pero podría causar más víctimas que el virus.

Salus populi suprema lex esto. El pueblo y la Nación necesitan un gobierno que no juegue a ser de derechas o de izquierdas. Un gobierno realista, es decir, político, que, libre del compromiso del consenso y del virus de la ideología invisible que les carcome y jibariza, inspire confianza y les sirva. Wait and see.

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[1] El poema «Ex oriente lux» (1890) de Sergio Vladimiro Soloviev, amigo de Dostoiewski, partidario de la unión de la ortodoxia rusa y el catolicismo romano, es posterior, pero la expresión tiene aquí un sentido distinto al tradicional.

[2] El judío Raya Epstein lo dice de otra manera: la Unión Europea es “la nueva iglesia del totalitarismo”. Israel and the postzionists. Sussex Academic Press 2003. Cf. entre otros, J. Laughland, La fuente impura. Los orígenes antidemo-cráticos de la idea europeísta. Santiago de Chile, Andrés Bello 2001.

[3] Das Ende der Normalität. Nachruf auf unser Leben, wie es bisher war. Munich/Zurich, Piper 2011..

[4] O quizá despreocupados, porque las constituciones, sean malas, buenas o regulares, no se hacen en España para cumplirlas, como sugirió Salvador de Madariaga a propósito de la de 1876, sino para utilizarlas como armas en la lucha política.

[5] “La revolución legal mundial. Plusvalía política como plusvalía sobre la legalidad jurídica y superlegalidad”. Revista de Estudios Políticos. Nº 10 (julio-agosto 1979). 1, p. 7. Cf. N. Koch, Staatsphilosophie und Revolutonstheorie. Zum deutschen und europäischen Selbstbestimmung und Selbsthilfe. Hamburgo, Holstein 1973. 10,1, pp. 99 y 100. El Estado es de suyo revolucionario al ser un ente artificial.

[6] C. Jung y T. Gross, Der Links-Staat. Rottenburg Kopp Verlag 2016

[7] Televisión española, que depende del gobierno, aprovechó la ocasión para estrenar una comedia sobre el coronavirus.

[8] Plinio Corrêa de Oliveira reconocía la importancia de provocar el caos en su gran libro Revolución y contrarrevolución (1959). Está en Internet.

[9] Es muy significativo el episodio del general que desveló la misión encomendada a la guardia civil por el gobierno de perseguir a los críticos. El gobierno rectificó al verse en entredicho, pero la ministra Celaá volvió a ratificar en seguida contundentemente: “no podemos aceptar que haya mensajes negativos, mensajes falsos, en definitiva”. Es decir, las críticas son falsas si son contra el gobierno. Como ni siquiera saben mentir, mienten y se contradicen continuamente.

[10] Es curioso el paralelismo de la actitud del Dr. Sánchez con la del megalómano Macron tal como la describe Guy Millière, otro desconfiado, en “Pandémie: que veut Macron?” Dreuz.info.com (23.IV.2020)

[11] Se atribuyen a Putin toda clase de injerencias, como si no tuviese graves problemas en Rusia, empezando por el de superar ochenta años de bolchevismo, y se dedicase a intrigar en todas partes para no aburrirse. Puestos a especular, es más probable, por ejemplo, la injerencia Mr. Soros -enemigo de Putin- quien se considera un hombre de Estado sin Estado. Su visita al Dr. Sánchez a las tres semanas de okupar el poder no sería para hablar de baloncesto. Parece que no ha sido el único encuentro, directo o indirecto y que su fundación Open Society tiene algo que ver con los independentistas catalanes. La ideología invisible es como el coronavirus

[12] La encrucijada histórica y política en que se encuentra España es increíble. Buscando una explicación histórica, es pertinente preguntarse desde el punto de vista de la historia contrafactual, si la situación sería la misma en el caso hipotético de que hubiera instalado Franco una República, probablemente presidencialista a lo de Gaulle, en vez de la Monarquía, que es en España la clave del consenso. Razón por la que quieren prescindir de ella los revolucionaristas radicales: Unidas Podemos, los independentistas, el partido comunista, etc.

[13] Infovaticana.com (23.IV.2020). El motivo de la papolatría podemita es, que los obispos parecen tener dudas sobre la demagógica renta mínima que han inventado para crear clientelas adictas imitando el PER de los socialistas. Pues, en cambio, el misericordioso papa Francisco, un gran economista, es pide instituir una rente básica nada menos que universal.

[14] Desescalar es un palabro inventado por el gobierno (¿quizá por la catedrática Sra. Celáa, experta en lenguaje inclusivo y en inglés?). Los que no sabe todavía este idioma, lo interpretan como prohibir a los niños encerrados subir y bajar escaleras dependiendo de las edades. El gobierno pensaba, es un decir, seguramente en los bebés al utilizar ese término, no en los escaladores de montaña.

Foto: Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa

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7 COMENTARIOS

  1. «Pero el virus oriental está aclarando muchas cosas. El consenso revolucionarista es incapaz de hacer frente a la pandemia, que no se sabe cuánto durará ni cuanto daño puede hacer además del paro previsible por la recesión económica en una España desindustrializada por el consenso, una agricultura mediatizada por el ecologismo y excesivamente dependiente de la construcción y el turismo. El monto de la factura de la epidemia se desconoce. Pero podría causar más víctimas que el virus.»

    El problema ahora es que las cloacas del estado van a montar algaradas callejeras con el sello de una extrema derecha inexistente pero a la que necesitan como el oxígeno. Están pensando en una especie de 15 M asambleario para inflirtrarlo y desactivar la protesta y por eso están rescatando las fotos de la Puerta del Sol. Espero que la gente no pique ese anzuelo.

  2. Es un placer leer a D. Dalmacio, aunque echo en falta su sentido del humor habitual. Tras leerle uno tiene la sensación que la inteligencia «es algo que sucede en el pasado» como la lluvia.

    Si eso es triste, aún es peor no poner una nota de humor a las muertes calentitas. Como no hay muertos, y muchos menos muertas, solo fallecidos que decrecen pertenecientes a una generación ‘heteropatriarcal» contaminada de los nocivos gases del machismo, deberíamos estar contentos. La desinsectación de la ancianidad nos hará libres e iguales, aunque un poco más brutos. Ni lo notaremos, ya estamos acostumbrados.

    Señala D. Dalmacio entre otras muchas cosas, menudo repaso con lejía le ha dado a las circunstancias, la volatilización de presidente a ectoplasma que sufrió el gallego andarín en una sospechosa trasmutación a manos de algún oscuro alquimista… «la cuestión es como consiguen tener cierto apoyo popular, por lo que cabe especular que les den instrucciones elementos extraños.»

    Yo no tengo ni la inteligencia de D. Dalmacio ni su admirado y respetado conocimiento, pero siempre he tenido la cualidad, no se a que es debido, de tener un gran olfato político y económico.

    En realidad es una capacidad sencilla, poco tiene que ver con teorías conspirativas o con la capacidad de adivinar, es más bien una sencilla capacidad de observación y la suma de factores que mi desmemoria selecciona de manera instintiva.

    Es algo así como observar una cornisa en mal estado y pensar que se va a caer sobre la cabeza de alguien, por lo que procuras no pasar por debajo, luego viene una ráfaga de viento y los periódicos dicen que una cornisa se ha desprendido como consecuencia de un vendaval y ha matado a varios transeúntes. El hecho primario es que la cornisa estaba en mal estado, el viento es un factor secundario, múltiples factores podrían haber provocado el mismo desenlace.

    D. Dalmacio nos ha hecho un plano con todos los edificios potencialmente peligrosos, y el huracán ha llegado, pero también el viento nos ha traído, memoria selectiva, «el tercio laocrático» del maestro Trevijano.

    Esto está tan podrido que hasta una «escisión» del PSOE ha montado un partido para intentar apropiarse otra vez, de nuevo, de la sociedad civil. Ecologistas, escaños en blanco, asociaciones de toda índole y condición, sociedades civiles paridas desde el estado de partidos canalizan las protestas amansando a las fieras. «Esto no es un circo romano» suelta el burócrata comprometido con sus compromisos.

    ¿Qué pasa aquí?

    Quien sepa leer ya se lo contado el artículo, para los bueyes que se lamen las heridas se lo pongo más fácil.

    El PSOE estaba desprestigiado, tras el zapatazo se hacía difícil volver al poder. Para alterar el estado de ánimo de una sociedad se necesita un detonante. Los atentados estaban descartados por estar aún presentes en la memoria, solo quedaba Cataluña.
    Digo que solo quedaba Cataluña porque años antes pensé que solo agitando los nacionalismos y creando un partido nuevo que adelantara al PSOE por la izquierda podría el PSOE volver al poder.

    PSOE y podemos obedecen a un mando único, la ingenuidad periodística haciendo de tonto de pasillo, Constantini, Constantini, avergüenza al más torpe lector.
    Sólo es posible comprender las acciones políticas ejecutadas por el PSOE y Podemos teniendo esta premisa presente. Al mando único le es indiferente el presidente, lo será quien sea más útil en el momento dado, nada más. Por eso se odian, son dos subalternos que luchan por el favor del jefe. No hay otra explicación a los pactos PSOE-Podemos. Digo esto porque desde el año dos mil dieciséis y más intensamente desde el 28A pasado vengo avisando y soportando la sorna desconfiada de quienes se creen analista informados y políticos expertos.

    Hay un jefe superior, no hay duda, el jefe en realidad pueden ser dos, no llega a Santísima Trinidad, solo dos, pero como Ésta, es un misterio. Uno concreto, Soros, y otro difuso, Globalismo, pasillos de la ONU, UE. Contactos internacionales con derecho a llamada, mis contactos, mis fuentes,.mis filtraciones, mis intrigas. Mi interés y mi servidumbre.

    España estaba quebrada antes del coronavirus, quién no quisiera verlo es que es tan tonto como los que no vieron la evidente crisis financiera en el año 2005.

    España es el punto débil por el que el «llamémosle, golbalismo» puede hacerse con Europa. Ya veréis la nacionalizaciones a lo Galerias Preciados que vamos a ver, la compra de mascarillas van a ser juegos de niños.

    La derecha española es tan tonta de pasillo como los periodistas expertos en determinados partidos políticos.

    Algo que he podido comprobar a lo largo de mi vida, es que los políticos expertos y con mando siempre se excluyen de la ecuación del análisis político. También le pasa a empresarios que se creen conocedores de los entresijos del poder. Es por eso que el verdadero analista político solo tiene que tener presente a la hora del análisis toda la sabiduría humana disponible ¿Difícil eh? jamás podrá hacer un análisis certero desde la ideología o estando inmerso en la acción política y económica, ahí siempre estará confundido con sus necesidades, aspiraciones o deseos.

    Sólo nos queda esperar, y que lo español, si aún vive, se muestre como lo hace de tarde en tarde de toros.

    «Salió en quinto malo y quemaron la Iglesias» a lo mejor les da por crear la Universidad de Salamanca, en España nunca se sabe, pero Soros no puede salirse con la suya.
    Casado, espabila o dimite antes de formar parte de la plantilla como Rajoy.
    Abascal, medita, tu nobleza te hará comprender, no aceptes ningún contrato.
    Arrimadas, dedicate al niño, «elegir entre Guatemala y guatepeor» no lo dice ni un adolescente, ni tan siquiera un niño inteligente. Puedes buscar a una niñera calva que eduque al niño en el feminismo radical y embotelle su orín.

    A ver si estas alturas de mi vida me va a tocar a mi deshacer el entuerto. Es mejor que me quede en casa, de verdad,

  3. Dice: «Los constituyentes -no el pueblo, que, confiado en su sabiduría y sus buenas intenciones, se limitó a aprobarla-, ofuscados quizá por la euforia del momento o encantados con el hallazgo,…»

    Pero que alternativa teniamos los ciudadanos? Votar sí y esperar que el sentido común terminara de construir la Constitución, o votar no y quedarnos con los 4 fueros del movimiento.

    Yo voté si porque las dos alternativas que nos daban a elegir no eran comparables. Sin embargo, hoy viendo lo que está pasando (autonomias desleales, comunistas en el gobierno, estado de amiguetes, incompentencia aupada a la más alta magistratura) hubiera votado NO. Prefiriendo los 4 fueros del movimiento a la nueva Constitución.

    Es lo que hay…

  4. La situación del Gobierno de España tiene parecido con la de aquellos chalados que encerrados en un bunker en Berlín, movían ejércitos y recursos inexistentes sobre unos mapas, durante los meses de marzo y abril de 1945. De monetizar los destrozos, eurobonos, plan Marshall, etc., a posibles préstamos sin concretar y al remake de los pactos de la Moncloa, penúltimo intento de disolver responsabilidades. Vanas ilusiones que se han ido evaporando casi de inmediato. Esperemos que como aquellos chalados de 1945, terminen suicidándose, políticamente. Es decir, quitándose de en medio.

    • Una metáfora terrible que por desgracia se ajusta como un guante a la ratonera en la que nos encontramos ahora. Solo ha faltado el anuncio ese plan de desescalada ilusorio que va a tropezar con la primera piedrecita en el camino, para devolvernos a la casilla de salida y servir de excusa para encerrarnos de manera perpetua «hasta que encuentren la vacuna». Un plan perverso ejectutado con la mayor frialdad que amenaza con arruinar nuestra economía, nuestra salud y nuestras libertades.

  5. Los hechos y los datos son tan demoledores que no parece que la intensa propaganda del Gobierno consiga ocultarlos, maquillarlos o diluirlos.

    El taller de reparaciones de la sanidad pública luce el dato más catastrófico del mundo, comparado con países del mismo nivel técnico y económico e igual pirámide de población. Los aplausos a los esforzados sanitarios, muchos de ellos desencantados ya, y críticos con la desorganización para la que trabajan, no podrán ocultar el desastre.

    Los fracasos repetidos en la gestión de aprovisionamientos de protección, no hay quien los tape.

    Los procedimientos utilizados para aprovisionarse, totalmente al margen de los medios ordinarios del Estado (ICEX, agregados comerciales en las embajadas, etc.), inducen a la sospecha de corrupción, o peor aún, a la inutilidad del propio Estado y sus estructuras. Hipótesis más que posible.

    Las medidas de fijar precios y su consecuencia de desabastecimiento, no hace falta ser crítico para verlas.

    Las incautaciones de stocks privados y otras intervenciones sin sentido, carecen de justificación racional.

    La torpeza de no gestionar las capacidades nacionales de producción de test, materiales de protección, respiradores, logística de aprovisionamientos, mercados exteriores, etc., ha empeorado la situación y sorprendido a muchos. Además, dibuja un escenario de precariedad ante la continuidad de la epidemia, situando a España en el mismo punto que al comienzo de la misma. Sus consecuencias se verán muy pronto en el segundo brote.

    Las estúpidas diatribas internas del propio Gobierno sobre las peluquerías, los niños mayores o menores de X años, lo que éstos pueden o no hacer, la distancia al domicilio de los paseos, las mascarillas, …. destruye cualquier pretensión de seriedad que se pueda atribuir a un Gobierno.

    La intención de suspender cualquier crítica y el manejo burdo de los medios de comunicación, no avala la credibilidad del Gobierno, desvelando su vocación totalitaria.

    Los paliativos económicos, gestionados por una burocracia indolente con procedimientos enrevesados, llegan tarde y mal. Una experiencia que ya tienen millones de españoles y que será mucho más masiva de aquí a nada.

    Los créditos ICO, también con un procedimiento lento y complicado, llegarán cuando miles de empresas hayan cerrado sus negocios.

    Y los destrozos no han hecho más que empezar a manifestar sus consecuencias. Pero ya en lo que llevamos, y con la carrera de fracasos del Gobierno, solo cabe la esperanza; ¡ex oriente lux!

    • Ahora bien, como dice el maestro Dalmacio Negro; «wait and see». Las realidades del desgobierno nos pueden parecer muy evidentes a algunos. ¿A cuántos? El hombre se hace cargo de las realidades de la política en un complejo sistema cósmico-simbólico referido a un supramundo ideal. De ahí que la política siempre se ancla en la noción de trascendencia, por muy secularizada que se entienda esta, por muy inmanentista que sea. Es lo que hoy con cursilería y superficialidad denominan «relato». Y hoy el ideal parece ser casi exclusivamente de inspiración socialista basado en el igualitarismo radical. Los no socialistas, si es que existen de modo relevante, no parece que hayan formulado un ideal alternativo. Se centran en la crítica al cosmopolitismo como origen del mal y poco más. Pero, ¿quién se atreve a poner el igualitarismo en su lugar real?

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