Facebook acaba de dar un puñetazo en la mesa, y todo lo que hay sobre ella se ha sacudido. Su anuncio de que va a crear una nueva moneda ha despertado asombro y curiosidad, indignación y pavor. Particularmente he acogido la noticia con desconfianza, la que despierta en mí la plataforma de Marc Zuckerberg. Pero la noticia ha hecho que la temperatura haya caído 10 grados en el Capitolio, lo cual ha calentado mi corazón libertario.

El Comité de Servicios Financieros de la Casa de Representantes, formado por legisladores de ambos partidos, le ha enviado una carta a la jefa de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, y a David Marcus (cofundador de la moneda), que es un primor. Exige a la compañía una “moratoria inmediata” en su implantación hasta que ellos, los políticos, le digan a Zuckerberg qué puede hacer con su invento. Tiene gracia que aleguen como motivo que tenga Facebook un cuarto de la población mundial, argumento que le vale a FB para dejar claro que su carácter global le permite asentarse en cualquier país y no estar sometida al control de Washington. Algo que desde Menlo Park parecen haber resuelto. La sede de Libra, que así se llama el invento, será Suíza. ¿Dónde, si no?

Hay reacciones muy graciosas y que muestran el temblor de manos en Washington. Sherrod Brown, del Comité de Banca del Senado, ha declarado que la Reserva Federal y el resto de agencias reguladoras han de actuar en comandita para “proteger la economía y a los consumidores del dinero de Monopoly de Facebook”. Cualquiera puede comprar los billetes del Monopoly y nunca han despertado el interés de la Fed ni del Comité de Banca del Senado, porque no tienen ningún valor. Si temen a Libra es, precisamente, porque no es dinero de juguete.

No. El motivo de preocupación es muy otro. La presidenta del Comité de Servicios Financieros de la Casa de Representantes, Maxine Waters, ha expresado con todo candor el motivo de sus cuitas: “Yo, junto con otros Demócratas del Comité, he expresado la preocupación de que los productos planeados por Facebook puedan estar encaminados en última instancia a establecer un sistema de política monetaria y bancaria rival al del dólar”.

Descentralizadas y automáticas, estas monedas son una alternativa sin posibilidad de ser manipuladas por el sistema político. Ese es su fuerte

Pero, ¿qué es lo que provoca tanto canguelo? ¿Qué tiene Libra que no tenga Bitcoin u otra moneda virtual?

Bitcoin, Ethereum y el resto de criptomonedas suponen un reto para la teoría económica. La mejor concepción del origen y la función del dinero enseña que hay bienes que adquieren el carácter de dinero porque se pueden intercambiar con facilidad y sin pérdida de valor, y adquieren una nueva función como medio de intercambio. Pero las monedas basadas en cadenas de bloques (blockchain) no parecen responder a ello. ¿Cuán es su valor como bien de consumo o industrial previo a su función de intercambio? Algún autor ha señalado que la propia cadena de bloques provee funciones que aportan valor y podrían ser sostén de la moneda. Por otro lado, la artificial limitación de su número y el coste energético de la “minería” aseguran su escasez. O ese es el propósito de su diseño.

Descentralizadas y automáticas, estas monedas son una alternativa sin posibilidad de ser manipuladas por el sistema político. Ese es su fuerte. Su punto débil es que nunca han sido dinero. Nunca se han aceptado de forma generalizada como dinero, y en consecuencia su valor fluctúa con grandes sacudidas.

Libra es distinto, y es lo interesante del caso. Tiene una base tecnológica como el resto de criptomonedas, pero no serán eslabones etéreos de una cadena que sólo se contiene a sí misma y cuyo valor vaga como barco sin capitán. Las libras estarán respaldadas por una cesta de activos líquidos, denominados en las mejores monedas del momento. Los compradores de libras aportarán los fondos, en sus propias monedas, que los gestores (“guardianes”) de Libra convertirán en esos activos que respaldan la propia moneda. Libra, en tal caso, es la faz de un acervo de riqueza real, con referencias refrendadas al minuto por el mercado. Por eso no son billetes del Monopoly, y por eso sí es una alternativa al dólar y al resto de monedas.

En realidad, son un rival, más que una alternativa, ya que se basa precisamente en esas monedas fiat. Sí es una alternativa a los bolívares y demás monedas absurdas de este poblado mundo nuestro. Y es la base para un sistema internacional de pagos alternativo. Las remesas, por ejemplo, las gestiona la banca internacional con unos costes escandalosos, que están entre el 7 y el 10 por ciento del dinero enviado, cuando se puede hacer por una fracción de ello, gracias a la base tecnológica de las criptomonedas.

Los Estados han librado una guerra para arrebatar del proceso social la creación de dinero. Se han ido desembarazando uno a uno de todos los frenos a monopolizar el fraude de la inflación, en un camino que culminó en la suspensión de pagos en oro por parte del dólar, bajo la Administración Nixon, en 1971.

Es significativo que poco después, en 1976, un economista de nombre Friedrich A. Hayek, propone romper el cerco estatal y desnacionalizar el dinero. Y lo que propone es que los bancos que creasen las monedas (no pudo imaginar un Facebook) lo hiciesen con el respaldo de varios activos líquidos. Exactamente lo que propone Zuckerberg.

Libra puede ser un engranaje más de un sistema inflacionario, ya que su base es una cesta de activos en las monedas fiat actuales. Expresamente, Libra renuncia al oro, que es el verdadero dinero, en un momento en el que la desconfianza del mercado hacia el dólar, el euro, el yen y demás es muy notable. Tanto, que la producción de oro es la mayor en décadas. Pero es una iniciativa muy bienvenida, por cuanto nos conduce hacia la desnacionalización del dinero.

Foto: geralt