El desenlace de la intervención americana en Afganistán ha permitido observar en toda su plenitud el cuajo de unos cuantos analistas que, con independencia del juicio que merezca la acción de los EEUU desde el 2001, se han apresurado a condenar el final de una intervención a la que se opusieron de manera furibunda. No todo el mundo tiene la soltura necesaria para sostener al tiempo dos ideas tan contrarias, hay quien asegura que con entrenamiento se consigue.

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Es indudable que la intervención de Afganistán, una guerra que algunos consideraron “buena” por oposición a la “mala” de Irak, empezó como una acción contra los terroristas del 11-S y ha terminado pactando con los mismos talibán que fueron corridos a gorrazos en aquella fecha. Es verdad que los taliban se presentan ahora como gente de paz, por emplear un sintagma que nos suene, pero disimulan peor que nuestros etarras o exetarras, y ya han empezado a matar al por menor a la espera de poder encargarse de todo de una manera más ordenada.

No hay forma de ganar una guerra sin llegar al exterminio o la rendición del contrario, que es lo que  ha sucedido por siempre en las guerras, y cómo ahora tanto en Europa como en los EEUU los electores parecen carecer de la energía moral y la determinación necesaria

Los EEUU se retiran culminando una estrategia iniciada por Obama y seguida por Trump a la que Biden ha decidido poner un final súbito. El hecho de que sea una retirada distinta a la de Vietnam, por más que haya similitudes gráficas, no logra borrar del todo la imagen de la derrota que puede considerarse desde diversos ángulos. Se vuelve a producir el fracaso de una fuerza militar muy poderosa frente a unas guerrillas decididas a no dejarse vencer. Los americanos no han tenido problemas con las armas sino con algo más grave, con la moral, con la falta de convicciones para aguantar un esfuerzo sostenido, doloroso y costoso, aunque tal vez no tanto como se dice.

Lo que me parece que merece una reflexión para quienes poco o muy poco podemos decidir en relación con este tipo de cosas es una triple realidad. En primer lugar, lo que comentaba más arriba, cómo hay personajes que piensan que lo único interesante es condenar siempre y sin matices lo que puedan hacer los EEUU, dando por descontado que sean cuales fueren los motivos que invoca esa Nación cuando interviene con sus ejércitos en cualquier lugar del mundo son falsos de toda falsedad.

En segundo lugar, dos detalles que no convendría ignorar, la evidencia de que no hay forma de ganar una guerra sin llegar al exterminio o la rendición del contrario, que es lo que  ha sucedido por siempre en las guerras, y cómo ahora tanto en Europa como en los EEUU los electores parecen carecer de la energía moral y la determinación necesaria para imponer una solución militar trátese de lo que se trate.

Por último, el espectáculo que están dando determinadas especies de pacifistas y/o feministas que se oponen a las guerras, pero ahora lamentan con enormes aspavientos que abandonemos (aquí emplean el plural pese a que esa fórmula incluya a los militares norteamericanos) a las mujeres afganas, por cierto que sin apenas mencionar el abandono de hombres, ancianos y niños.

Esas tres aristas de la realidad presente nos colocan ante un horizonte muy incómodo. Existe una incompatibilidad entre hacer una guerra a ver qué pasa y hacer una guerra en serio, pero no parece que estemos en condiciones de hacer ninguna guerra de verdad y ello por dos razones muy de fondo, porque nos sentimos libres de amenaza, pese a que el terrorismo islamista haya dado muestras de que va en serio y consideran sus ataques a Occidente no como los últimos sino como los iniciales de una guerra que sí piensan librar y ganar, pero también porque nos cuesta creer que se pueda imponer la libertad por las bravas.

Además, los mismos que claman en nuestro patio por derechos inalienables, imprescriptibles e irrenunciables, son los primeros en no querer saber nada de ejércitos ni armas. Por esto, tal vez, gritan con fuerza en nuestras plazas, donde nadie les lleva la contraria y se respeta sus ideas, aunque parezcan voluntaristas y fantasiosas, pero no han pensado nunca en trasladarse a Kabul, ni a lugares menos lejanos, para empezar una catequesis desde abajo. Alguno de estos seguro que está pensando que los talibán no son malos ni peligrosos sino meras víctimas de la sociedad (occidental, por supuesto) que podrían ser liberados de sus cegueras con un poco de generosidad y ayuda humanitaria. Pena que la experiencia no les de la menor probabilidad de acertar, aunque no hay que temer que vayan a organizar unas manifas preparatorias en suelo afgano, hay un clima horroroso.

Los españoles hemos participado en esa misión de la OTAN y hemos pagado un cierto precio económico y, sobre todo, en vidas de unas docenas de militares y algún civil. No me extraña que los que han sobrevivido se pregunten sobre el sentido que ha tenido esta aventura que ahora se liquida bajo el peso de la realpolitik imperante que es la de los Estados Unidos.

Parece evidente que, dado que los conflictos en que estamos presentes abundan, hay que pensar bien en qué nos metemos y para qué sirve hacerlo, pero, sobre todo, no olvidar que una sociedad que no sabe defenderse acabará siendo atacada, derrotada y destruida, mal que les pese a esas almas bellas que cantan a la paz bajo la protección de ejércitos que ni quieren ver ni saben entender, pero que existen y les protegen. En este asunto, como en pocos, es muy cierto que la hipocresía de algunos que se tienen por progresistas es el merecido homenaje que el vicio de la cobardía le rinde a la valentía de quienes se juegan la vida por nosotros.

Foto: israel palacio.


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A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web

32 COMENTARIOS

  1. En 1944 la “Revista Geográfica Española” publico su nº 15, dedicado al “Marruecos Español”. Contiene un artículo de D. Manuel de la Plaza, Magistrado del Tribunal Supremo, cuyo título es “La Técnica Jurídica del Protectorado”. D. Manuel de la Plaza había servido durante muchos años en el Protectorado. Las ideas que expone, expresan el espíritu jurídico con el que España enfocó su labor en el norte de Marruecos. El testimonio de D. Manuel de la Plaza no es una excepción. Vayamos a sus propias palabras:
    “… Una de las obsesiones mayores de quien en ese caso se encuentra, es la de pugnar porque se profundice en el conocimiento de un sistema jurídico, que a veces sorprende por su originalidad, con el decidido propósito de que las realizaciones de hoy, estén presididas por una orientación cuya firmeza sea garantía del éxito que por obvias razones, debe procurarse.”
    “Es bien visible para el observador menos perspicaz, el profundo abismo que separa nuestro régimen familiar, sucesorio y aún inmobiliario, del que, solo por facilitar la aprehensión de la idea, puede llamarse <>, y que no es dudoso tampoco, que nuestras concepciones políticas, en nada se parecen a las que, con el abolengo de los siglos, han marcado su huella en las rudimentarias organizaciones que, bajo nuestro amparo, rigen la vida del país con el que fraternalmente convivimos.”
    “Por eso precisamente, es más vidriosa la obra que el país protector ha de realizar, ya que es una necesidad política, más que una exigencia jurídica …” … “ a despecho de las inevitables vacilaciones iniciales, engendradas en el desconocimiento del país sobre el que había de actuarse, se procedió siempre con respeto y con generosidad y, con harta frecuencia, se sacrificaron a un interés espiritual, otros más subalternos, entre ellos, los económicos y también los de los colonialistas a ultranza,” … “Más, de ese modo, en nuestro camino no se presentaron obstáculos con que han solido tropezar otros países, porque, equivocadamente, … so capa de mejorar los ordenamientos jurídicos indígenas, pretendieron sustituirlos por una legislación exótica, ni siquiera con el propósito, hasta cierta punto explicable, de lograr una identificación legislativa, sino con otros fines menos confesables, sin adivinar el peligro que implica hacer, sin más, tabla rasa, de un modo de ser, de estar, de discurrir y aún de juzgar, consagrado por los siglos.”
    “En el campo del derecho, … hay unos, afortunadamente los menos, que tienen una visión simplista del problema; para ellos, el toque está en trasplantar allá nuestras instituciones, que, según su peculiar y equivocado punto de vista, son las mejores.” A estos, “puede oponerse con razón, que el derecho, cuando ha de cristalizar en normas positivas que ganen el asentimiento general, y no por la sola obra de la coacción, no puede desentenderse del medio social en que ha de aplicarse, ni mucho menos de las situaciones singulares a que se acomoda la política legislativa; a costa de su prestigio, aprendió algún legislador colonial los inconvenientes … de pretender nacionalizar por vía jurídica a los habitantes de un país.”
    “… llegar a los ordenamientos legales de traza protectora, sin rozar el derecho del país, …” “Suele tener el musulmán, contra lo que comúnmente se cree, una fina percepción de lo justo y un sentido práctico que resbala sobre el arbitrismo fácil, y va a buscar, sagazmente, la verdadera entraña de las cosas.”
    El autor, recomienda: “respeto razonable, no ciego, por el derecho del país al que, en todo caso solo debe tocarse con el concurso fervoroso e incondicional de sus propios habitantes, nunca por aficionados que desconozcan sus esencia íntima, y carezcan de un instrumento tan indispensable como el exacto conocimiento del idioma, …”
    Pues bien, demos la vuelta a todos estos principios que España aplicó en el Protectorado, realistas, sensatos, casi de sentido común, y obtenemos el proyecto-experimento fracasado que Occidente, dirigido por los EEUU, la UE, la ONU, las ONG y compañía han intentado poner en marcha en Afganistán. Un proyecto de estúpidos, fracasado de antemano, en el que se han empleado billones de dólares corrompiendo más si cabe a la población, por no hablar de los cientos de miles de muertos. Un proyecto-experimento basado en implantar arquitecturas políticas exóticas, desarrolladas alrededor del Estado continental europeo, ignorando las formas históricas de Autoridad de Afganistán, que guste o no son islámicas. La Autoridad, que es la fuente que legitima lo político justificando el poder y la obediencia política, es una principio hierático de superioridad moral reconocido públicamente. En el Islam, la superioridad moral reconocida es la de los estudiosos de los textos sagrados de la revelación. Entre nosotros, la legitimidad ha girado a una regla mecánica de seguridad jurídica una vez convertida en legalidad, creando un sistema lógico cerrado que rechaza como irracional cualquier título de legitimidad que no sea susceptible de comprobación lógica.
    ¿Se ha hecho más estúpido el occidental postrimero? Me parece que sí, y el motivo es que ha convertido la política en una fe que funge como religión. Una fe fanática, tan “talibán” como la de los talibán.

    • Los ingleses en una ocasión trazaron un línea divisoria imaginaria y legal en la India para evitar los constantes enfrentamientos entre dos confesiones religiosas y causaron siete millones de muertos.

      El occidental suele ser un Salmón de pacotilla, perdón «Salomón», en eso de comprender culturas.

      Elmo occidental actual a mi me recuerdan al «Salomón» tribal que decretó la ablación de las mujeres de su tribu, algo muy parecido a la ley de violencia de género, pero aquí se las dan de progresistas. Suponemos que en aquella tribu se decretó cercenar el clítoris porque todas eran unas putas que creaban conflictos y aquí se culpa al hombre porque todos son unos terroristas asesinos. Igualito.

      Lo que más me asombra de España es que teniendo la experiencia, la cultura y el porqué, ya sé que algunos historiadores me llamarán analfabeto, de la expulsión de moros y judíos nos hayamos olvidado de las razones últimas de esa expulsión, no se integran, es imposible.

      Es tan imposible como integrar al catalán nacionalista, mosca cojonera errante expulsado de múltiples países europeos por tocapelotas, esa es la verdadera historia, antes de ser acogidos en Baleares, Valencia y por último en Cataluña por los bondadosos y «buenistas» españoles. Los de siempre.

  2. El problema de Occidente no se reduce a la cuestión de la procedencia del poder. Las creencias en el poder del pueblo o en el poder de Dios son sólo un aspecto de algo más importante que es el sentido de la experiencia humana, la experiencia de cada cual dentro de un ámbito cultural. Y esto no es reductible a ninguna racionalización. Occidente comenzó en el siglo XVIII, creyendo que hacía algo muy racional, la demolición de la tradicion judoecristiana. Los antropólogos de la vieja escuela sabían que ninguna civilización sobrevive a la destruccion de sus mitos. Occidente se ha desmitologizado por completo y las dos ideologías surgidas de la Ilustración tratan de cubrir ese vacío. Socialismo y liberalismo, con sus variantes y evoluciones cada vez más grotescas, han ido polarizando a las poblaciones de las naciones occidentales llevándolas a un empobrecimento intelectual cada vez más evidente. La polarización ideológica se ha convertido en una tradición que, en parte, se transmite generacionalmente. Confiar el sentido de la experiencia humana a esas ideologías es un síntoma de enfermedad mental grave, pero millones de personas lo hacen. En el siglo XX se pudo comprobar que ciertas ideologías fueron capaces de asesinar a millones de personas de la forma más racional. También de la forma más racional, los gobiernos preparan ahora planes masivos de reducción de la población porque su ideología les dice que la Diosa Madre Tierra no soporta tanta gente y tanto ruido.

    El Islam sabe que frente a este Occidente empeñado en autodestruirse, sólo tiene que esperar unas décacas para hacerse con todo.

    • Comparto a medias su comentario, precisamente por estar la espiritualidad muy por encima de la razón, el abrazo del oso a la razón condena al hombre a un círculo vicioso que en cada circunvalación degenera intentado explicar/razonar las constantes universales inmutables, sin aceptar que son inmutables.

      Piense en el hombre actual, atemorizado por la robótica que cazará el faisán por él y no lo compartirá con la tribu, o asustado de la tecnología vigilante que no está destinada como el antiguo vigía de la tribu para alertar del peligro sino para coartar la libertad.

      Estos ridículos puntos de vista convertidos en realidad en redes sociales, algoritmos y reconocimientos faciales o biológicos, hombres acojonados por un robot que los censura y los manda al paro.

      La ciencia ha pasado de buscar la verdad a cavar hacia el infierno, y avanza, claro que avanza, la ciencia misma se encuentra atrapada en un sistema de pensamiento que le impide elevarse.

      ¿Puede haber algo más ridículo?

      Es impensable que un hombre espiritual le ceda su libertad a un robot. Es ridículo, tan ridículo como la sociedad actual, el idiota millonario tecnológico o el politico con el pin 20-30 en la solapa.

    • Por supuesto que el origen del poder político no es el problema de Occidente. Pero sí que es el problema de Occidente en sus relaciones con otras culturas, sobre todo con el Islam. En Occidente es ya casi una res iudicata hasta para los creyentes más celosos. Una larga historia nos ha llevado ahí y hoy nos parece la cosa más natural del mundo. El cristianismo siempre diferenció la «ciudad de Dios» de la «ciudad terrenal» ( o del César) y pregonó desde etapas muy tempranas de su historia, que el hombre era libre para hacer la «ciudad terrenal» según sus necesidades y conveniencia. En el cristianismo no se especifica ninguna forma política en concreto. El Creador no dirige el mundo, como en el Islam, en que Dios es el primer motor de un gigantesco mecanismo.

      Saint-Simon, Comte, Durkheim y muchos otros en el S. XIX, señalaron la función de lo religioso en la sociedad y su necesidad. Otros, como Rousseau, ya se plantearon este tema con anterioridad. La religión civil de Rousseau, la científica de Comte, de la que él mismo se proclamó pontífice, etc. Todas inmanentistas. Pero lo real es que la época actual es más comtiana de lo que parece, y hoy la política, que ha neutralizado, destruido o asimilado a la Iglesia dentro del Estado, no para de intentar construir religiones políticas que rellenen el vacío dejado por la religión tradicional. Unas son las ideológicas que Ud. menciona, otra es la democrática cuya fe es que todo se arregla con la democracia, la democracia panacea, otra es la científicista y su salvación mediante la tecnología, que incluso ha construido su propia versión del Apocalipsis con el asunto del calentamiento, otra es la de la cosmópolis humanitaria que fía la salvación a un gobierno mundial, etc. Luego, unos mitos se desvanecen para construir otros. Probablemente, Occidente nunca ha sido tan crédulo como en la época actual, aunque nos creamos lo contrario. Las religiones tradicionales son una vacuna a la credulidad. Al desaparecer, el hombre cree cualquier cosa.

      • «Las religiones tradicionales son una vacuna a la credulidad. Al desaparecer, el hombre cree cualquier cosa.»
        Lo re-escribo como:
        «Las religiones tradicionales (o no) son la credulidad. El hombre (religioso o no) cree cualquier cosa.»

        Existe una diferencia significativa entre lo que usted llama religión y creencia. La religión siempre «organiza y une» (re-liga); por su parte la creencia puede hacer cualquier cosa; unir, separar o nada. Una creencia de las que une es una necesidad material basada en una cosmovisión previa: el interés pecuniario. Pero este puede unir individuos, separar o no provocar ningún tipo de distribución.
        El proselitismo es típico de las religiones, bien sean tradicionales, revolucionarias, …, o incluso el ateísmo militante.
        La mayoría de las religiones tradicionales o revolucionarias tienen poco de voluntarias. Las cuales crean una presión ambiental para que la gente «se vacune» contra «el mal»,….Usted pretende construir un todo; como si TODAS las partes («el hombre») formasen parte activa del resultado (causalidad). Lo cual no necesariamente es cierto; de hecho generalmente no es cierto. Si bien usted es partidario del «buen pastor», por lo cual es comprensible esa causa-efecto. Cuando puede ser «cualquier cosa»,…, desde el azar natural, a un simple rumor, pasando por ruptura por evidencia de creencias,…, no es determinístico, cualquier cosa.

  3. En el Afganistán ocupado por los ejércitos occidentales se enfrentaban dos culturas/religiones políticas que no pueden ser más que antagónicas. De un lado, la de los afganos, al igual que la de muchos pueblos de la tierra, es una cultura/religión política que cree en que el poder viene de Dios, directamente revelado, siendo los que mandan vicarios del Profeta. De otro lado, la cultura/religión política del círculo cristiano-occidental desteologizada y postrimera, que creen que el poder viene del pueblo y que los que mandan le representan. Una cultura que rompió en la Modernidad con el origen sagrado del poder, detentado por el pueblo en tanto que cuerpo místico de Cristo. La genealogía de ambas culturas/religiones políticas es el apasionante campo tematizado por la historia y el pensamiento político, incluyendo las herejías, las quimeras, las fantasías, las guerras, los mitos, la teología, los rituales, la liturgia, etc.

    En ambos casos se produce una transfiguración del poder, puesto que no hay nada que el hombre aborrezca más que ser mandado por otro hombre. El afgano está dispuesto a obedecer la ley de Alá. Y el occidental de hoy, está dispuesto a obedecer la ley del demos. En el fondo de esta transfiguración del poder para hacer aceptable la obediencia a los ojos del hombre, se encuentra la ley trascendental de la política: siempre mandan “los menos” sobre “los más”. Y no hay otra, porque el orden del hombre es siempre un orden en autoridad. Y esto no es una cuestión circunstancial, como han predicado y predican los utopistas, sino constitutiva de la comunidad de vida del hombre. El orden en autoridad no es más que una consecuencia de la libertad del hombre como ser que puede querer esto o aquello. Un termitero no precisa autoridad que lo ordene. Cada miembro de la comunidad de hormigas tiene un comportamiento determinado e ineludible fijado por la naturaleza.

    La primera fase del proyecto afgano, tenía el objetivo militar de destruir las fábricas de yihadistas que amenazaban la seguridad del mundo. Se podrán objetar errores operativos aquí o allá, pero fue un éxito. El peligro de una yihad internacional se redujo, y su mito, siempre vivo en el islam en tanto que elemento constitutivo de esa cultura/religión política, comprobó con desilusión que la quimera utópica de su expansión no era tan fácil como llegaron a creer sus entusiastas combatientes.

    Es en la segunda fase, la reconstrucción de un Afganistán conforme a la mitología política de Occidente, en donde el fracaso es atronador. Unos hombres creyentes, que no reconocen otro poder legítimo salvo el que viene de Alá, y que viven en la certeza de que la forma política está revelada en el Corán, la Sharía y otras fuentes sagradas de tradición, nunca aceptarán el mito del contrato constitucional, las arquitecturas políticas occidentales, el Estado y su legislación racionalista, la representación política del demos, el «valor universal» de las declaraciones de “derechos humanos”, ni el fundamento «democrático» de la legislación. Ni siquiera mediante una violencia extrema sería posible transformar a un afgano normal en un buen occidental. Unos 3.000 soldados y varias decenas de miles de afganos muertos no han conducido a nada. La fantasía occidental de la democracia representativa universal, es una quimera hiperviolenta y fracasada de antemano, porque intenta transformar el êthos de otras culturas, partiendo del supuesto de que el hombre es una tabula rasa. Una alucinación política que genera más antagonismo del que es normal entre creyentes de diferente fe, sobre todo porque hoy es el enfrentamiento entre creencia y ateísmo. Entre pueblos creyentes en Dios, tendría más posibilidad de éxito a largo plazo, predicar el mensaje de Cristo que la fantasía política racionalista de la democracia representativa.

    La ONU, las ONG, la UE, y otras estructuras de Occidente, lo que le predican al Afgano es; saque Ud. el Corán del espacio público y métalo en la mesilla del dormitorio para leerlo en la intimidad, imitando a un buen luterano, y la prosperidad florecerá. Olvídese Ud. de la Sharía, aquí tiene la declaración de derechos del hombre. El poder no viene de lo sagrado sino del hombre mismo y su razón. ¡Olvídese de Dios! como hicimos nosotros que incluso decretamos su muerte. Si esto no es una máquina de engendrar violencia, ¿qué es?
    De otro lado, el experimento político de Occidente en Afganistán ya tiene un largo historial de fracasos en el mundo musulmán: La Turquía de Atatürk, la Persia de Reza Pahlaví, el Túnez de Bourguiba, la Argelia del FLN, el Egipto de Nasser, las repúblicas musulmanas de la URSS y o la provincias musulmanas de la China maoísta, etc. Experimentos a los que habría que añadir los de Francia y otros países europeos que hace 30 ó 40 años dieron la nacionalidad plena a poblaciones musulmanas residentes, con la esperanza ilusa de que mediante la instrucción pública obligatoria y las zanahorias del estado de bienestar, iban a fabricar un buen europeo a partir de un musulmán.

    • En efecto Tamuda.

      Pero el problema se complica con unos cuantos factores mas:

      1/ Los que querían en teoría «evangelizar» en el «demos» a los de Alá en realidad lo que querían era quedarse allí el mayor tiempo posible, para que esa estructura corrupta per se «El Complejomilitar/Estado profundo» tuviera de donde surtirse durante una buena temporada.

      2/ Los «misioneros/evangelizadores» no estaban dispuestos a jugarse el cuello. Gran parte de la estructura anterior (la del punto 1/) se basaba en la necesidad de estar sin arriesgarse, y sin matar… algo imposible per se. Pero no por motivos éticos (respeto a la vida) si no por que ello facilitaba un gasto mayor y de ahñi una mayor corrucpción.

      3/ La nula disposición de los «evangelizadores/misoneros» a procurar lo mismo que predicaban allí en el propio territorio ocidental.

      4/ Si a eso añadimos «valores» occidentales como los que ahora vemos aquí ligados a la Agenda… promoción de la pansexsualidad entre los niños en los colegios, peridad de la propiedad individual, ataques continuados a la institucion familar con el aborto y eutanasia, etc (que le voy a contar) para que todos acabameos dependiendo «espiritualmente» de un Estado inicuo…

      Cómo narices se les podría haber «convencido». Que «demos» ni que leches, pensará cualquier «cadete» de un equipo masculino de futbol de allí después de jugar contra un equipo femenino (sin trasvestis) del ejército dominante al soccer y darles pa el pelo.

      El problema no estaba allí. Habiendo allí muchos problemas.

      El problema lo tenemos nosotros con nuestra decadencia. Que es lo que no se quiere ver. Pero que ellos si lo han visto. ¿Para que van a abdicar de su cultura si la que viene no se sostiene?.

      Cualquier parecido con nuestra CONQUISTA DE AMÉRICA donde si se ganó, estando en minoría clara aunque se tuviera mejor ejército, fue porque los vencidos vieron claramante su inferioridad cultural. La evangilizacion vino después y asentó aquello. Pero lo primero fue la derrota cultural.

      Y allí, en Afganistan, no ha habido ninguna derrota cultural.

      Un cordial saludo

      • Si, si, los intereses. Pero los intereses forman parte de todo lo que el hombre hace, son un corolario de su actuar. Lo que explica algo es cómo se legitiman esos intereses, pero no el hecho de que los persiga. También los talibán tienen sus intereses materiales. El asunto clave analíticamente es cómo los justifican. El materialismo histórico es una reducción fútil.

        Por lo demás, estoy de acuerdo: el problema es nuestro. Una cultura en descomposición, desfundamentada, pero que pretende expandir sus virus tóxicos por toda la tierra creyéndose universal.

    • Tamuda, es usted un hombre sabio, pero razona de manera un tanto contradictoria, demasiado guiada por una pasión frustrada. Si lo que usted describe como civilización occidental moribunda es una máquina de generar violencia, ¿cómo explicar la violencia afgana, la de las tribus de creyentes y la de los terroristas que inicialmente fueron reducidos por las tropas? Por supuesto que no parece posible fabricar europeos a partir de islamistas, y menos por la fuerza, pero o esperamos que los islamistas aprendan a debatir entre humanos, como los decadentes europeos y norteamericanos, o será mejor disponernos a que nos reeduquen y dominen. Yo creo que no pasará porque sabremos defendernos y/o acabará apareciendo algo similar al luterano piadoso y tranquilo. Dejemos que pase el tiempo y, mientras tanto, aunque decadentes y perversos, no renunciemos a defendernos por mucho que nuestras ciudades se llenen de pacifistas inconsecuentes y de gentes bastante absurdas.

      • La violencia afgana no necesita explicación; es palpable, física, brutal. Un celo religioso sin contemplaciones. La violencia Occidental es racionalista, se basa en la idea de revolucionar el êthos de los pueblos tradicionales desde arriba. Aunque haya abandonado los métodos del Comité de Salud Pública y los de los Bolcheviques, sustituidos por la paciencia burocrática del social-demócrata, no es menos violenta. Se basa en la ingeniería política y social: Constituciones, Estado, democracia representativa, legitimidad de la mayoría, lo que niega radicalmente el origen sagrado del poder, que es el fundamento de su comunidad de vida histórica en el caso Afgano. ¿Le parece poca violencia? ¿No cree que esta arrogancia engendra más violencia? Por eso hacía falta un ejército para sostener esa quimera. En cuanto se fue, se desmoronó el experimento.
        Para Ud. y para mí toda esa transfiguración del poder democrático, es lo más natural del mundo pues pertenece a nuestra tradición política, aunque algunos pensemos que se ha descarriado. Para un afgano es una aberración y jamás aceptará ser gobernado por leyes que fabrican los hombres, siendo la ley revelada de Alá la única que está dispuesto a obedecer.
        Por supuesto que tenemos que defendernos de ese celo religioso y destruir su potencial ofensivo e incluso dominar sin reservas a esas poblaciones. Pero dejemos ya de una vez de plantearnos proyectos imposibles de fabricar occidentales con materia prima musulmana y retórica humanitarista lacrimógena sobre los derechos humanos, la articulación de los sexos y las libertades de baratillo que aquí expende el Estado. Porque todo esto engendra más rechazo y violencia que la pura dominación.

        • Excelente debate

          Le felicito por sus comentarios Tamuda.

          » Para un afgano es una aberración y jamás aceptará ser gobernado por leyes que fabrican los hombres, siendo la ley revelada de Alá la única que está dispuesto a obedecer»

          Ese es el gran problema y francamente no sé que pretendemos cambiar en una sociedad que no está dispuesta a hacerlo. Supongo que estos años en Afganistán han sido fructíferos económicamente al menos para los grandes y eso es lo que ha mantenido allí a EEUU.

          Saludos

    • Cien por cien de acuerdo. La ceguera de Occidente, especialmente del mundo anglo y de sus lacayos de la Unión Europea, es brutal. Han acabado por creerse sus propias mentiras y discursos impostados. Lo de España en esta crisis afgana ya es de traca. Pero me preocupa más lo que vendrá después, con la incompetencia y venalidad de nuestros políticuchos españoles, por lo que nos toca.

  4. Buenos días Don José Luis

    No importa que sea molesta, si no que sea real.

    Hemos vivido en una mentira durante mucho tiempo. Y esa mentira es anterior a lo de Afganistán, muy anterior me temo.

    La mentira es «Las americanos, la NATO, Uropa, etc… son unos amigos en los que se puede confiar».. No son unos enemigos, cierto. Pero cómo estamos viendo ello no significa que sean amigos, y mucho menos que se pueda confiar en ellos, como se sigue confiando (usted incluido).

    La pregunta del millón es ¿Desde cuando no se puede confiar en ellos?; es decir ¿desde cuando sus intereses son muy otros de los que nos queremos creer que son?

    Y la pregunta del millón, ¿lo eran durante esas conversaciones de Kissinger, donde se trataba de arreglar el problema sucesorio de Franco antes de que falleciese?

    Pero ese tipo de preguntas a los liberales como usted les «acongojan»…

    Y lo hacen porque van a la raíz de la cuestión que es la cuales son (y ha sido) los verdaderos intereses de la política exterior del universo anglo. Ése que ustedes identifican con liberal.. y que de liberal no se si mucho.

    Por lo pronto y para ser coherentes si nos decidimos a dar algún apoyo a quienes hemos abandonado allí, en Afganistán, lo primero que deberíamos hacer es combatir a los talibanes aquí. Aquí es España, Uropa, USA, Canadá.. porque aquí estamos «full» de «no go zones» y sitios donde ellos hacen lo que les da la gana y además los financiamos.

    Cuando los talibanes de allí vean como les ponemos las pilas a los talibanes de aquí, sólo entonces, es posible que empiecen a respetar algo a esas pobres gentes a quienes hemos dejado en el mejor de los casos colgadas de la brocha, cuando no de una soga.

    Un saludo

  5. «Sociedad» esa falacia tan extendida,…, ¿socios de qué? De estar bajo una jurisdicción que requiere un QR para viajar (por ejemplo, de una residencia a otra). Sociedad ese bonito eufemismo hobbesiano para ocultar un sistema de dominación concreto.
    Otro tanto de lo mismo sucede con la «sociedad» norteamericana. Quizá con un poco de memoria sí se conoce «la sociedad». Recordemos por ejemplo los palets con miles de millones de dólares (creo recordar 50000 millones) que desaparecieron en Irak; eso sí es una comunidad de socios («socius-et»). O mismamente, los 2,2 billones de dólares que han sido quemados en Afganistán solo por EE.UU. Quizá, de esa forma, se entienda realmente que la guerra era y es contra «las masas». Base y fundamento no solo del Estado con su soldado-masa (una especie de inmortal moderno), sino también del «capitalis-mo». Bien sea de Estado (comunismo); o de mercado, es decir, el Estado capitalista.

    El terrorismo islamista exógeno es una amenaza menor. Por ejemplo en EE.UU es bastante más probable que un policía te pegue un tiro.
    Si bien, como debemos recordar, para abrir el mediterráneo al comercio (Estado mercantilista, ahora capitalista) hay que acabar con los berberiscos (Guerras de Trípoli). Ya de paso, solo de paso, también con una potencia esclavizadora,…, por intervención del Estado Moderno Liberal jacobino francés.

    A recordar, la bomba afgana la cebó EE.UU desde un principio. Acorde con las guerras de masas, donde la primera víctima es la salud mental de las personas.
    En una tierra como la de Hispania, con una larga tradición de campesinos-guerreros (que no soldados de solidus); se debería saber.
    Seguir a mal guía, «A-dalid», no puede llevar a buen lugar. Algo similar sucede con el «deep state», cuyo «modus vivendi» es fabricar interminables enemigos de «su-sociedad». El enemigo en casa y estos no son almogávares.

    La loa al «soldado-masa», u otras formas de «función-masa» (el trinitario funcionarial, padre, hijo y espíritu santo del Estado) es más antigua que la épica. No obstante, es menos melifua cuanto se abalanzan sobre alguien que corre por la calle tranquilamente, o piden un certificado de vacunación*, o exigen sin ningún sentido un tapabocas-bozal en exteriores,…, o aplican alguna de las diversas disposiciones del Estado de Derecho. Es decir el derecho del Estado, la legislación.
    El chiste del derecho a la vida de un muerto. Mismamente un Estado de Alarma claramente inconstitucional, ¿qué ha pasado? ¿La ira del Estado de Derecho ha caído sobre el Estado?
    El pensamiento moderno (liberal) es a partes iguales patético y cómico. Típico del individuo-masa, el perfecto civilano y su civilanía.

    *: De un experimento génico cuyos efectos secundarios son aún en gran parte desconocidos. Experimento completamente anti-científico dado se ha eliminado la muestra de control. Algo que debería ser punible,…, pero «aquí no pasa nada».

  6. La guerra que en estos momentos libra occidente es una guerra civil. Hay occidentales que no quieren verlo pero solo es necesario ver un telediario o escuchar a un idiota con el pin 20-30 en la solapa para conocer al verdadero enemigo.

    Me importan tres cojones las mujeres afganas, ese es su problema, a mí me preocupa la madre española que no puede pagar la luz o el padre español en paro. Eso es lo que preocupa y lo que voy a defender

  7. Yo soy guerrero,.siempre he creído que el gen guerrero te toca como cualquier otra cualidad, quizás por eso no me pareció nunca una buena idea invadir Afganistán.
    Las guerras se ganan y si no se ganan es porque estás muerto., «ir por ir es tontería» y a Afganistán se fue por ir.

    Cómo guerrero soy pacifista, esa es la misión del guerrero, mantener la paz,.advertir al enemigo que estás ahí y que no le vas a permitir traspasar el espacio que no le corresponde.

    Para guerrear hay que estar convencido y dispuesto a morir por un bien mayor, tu familia, tu clan, tu nación. De no existir razones suficientes terminas horrorizado, con estrés postraumático, inválido o muerto sin razón alguna. Ver cuerpos desmembrados, sesos esparcidos, tripas colgando o las más viles acciones revuelven el estómago de cualquiera que no sepa por qué guerrea.

    Lo de Afganistán ha terminado como tenía que terminar, lo único incomprensible es que el primo de Zumosol haya dejado solo en el patio del colegio al acosado y se haya puesto de parte de los acosadores instigando a los macarras para llenar los telediarios con carne desterrada y cobarde.

    Yo lo dije aquí en el momento que Biden anuncio a bombo y platillo la retirada, no tenía sentido hacerlo así a no ser que quisieran fomentar el caos, el éxodo y la contraproducente invasión de Occidente

    EEUU, la OTAN y la UE han abandonado un simulacro de guerra para traer la guerra a occidente, la verdadera guerra híbrida que le interesa librar ahora, la importante, donde el enemigo somos los propios occidentales.

    En España están a volar la Cruz como sus amigos, socios y aliados Talibán volaron los budas para la industria militar en el prólogo radiado del 11S.

    Ya lo dije aquí, en unos días tendremos «Welconme» con pantalones cagados para que la guerra híbrida del buenismo, el virus, el control y el dinero digital avancen posiciones en ésta guerra que occidente libra en estos momentos y desde hace meses en su propio suelo.