No sé si les habrá pasado a ustedes, pero a mí me han espetado en más de una ocasión aquello de que “cuando te veas en una situación crítica, verás como pides que vengan los bomberos o la policía a ayudarte”. Cada vez que se debate sobre la inutilidad o la ineficiencia del Estado alguien acaba saliendo con una aseveración parecida. El caso es que muchos hemos vivido ese tipo de situaciones y no estaba allí el representante público que, según algunos, seguro debiera estar para echarnos una mano. Ya he comentado esto en alguna ocasión, pero hoy me vuelve a la memoria, viendo las fotografías de ese matrimonio en San Luis, Misuri, defendiendo su casa con las armas en la mano.

Quizá cuando acabe la pandemia que estamos sufriendo y de la que aún no nos hemos librado, alguno caiga en la cuenta de que es mucho más importante la responsabilidad individual, en la que se incluye, por supuesto, la responsabilidad de cada uno de los funcionarios y trabajadores del sector público, haciendo su trabajo lo mejor posible, que la propia existencia del sector público. Qué duda cabe que si ese sector además está gestionado bajo criterios simplemente políticos y contrarios a la eficiencia su existencia es una losa más sobre los esforzados hombros de la ciudadanía. Comparar nuestros números españoles con los de Taiwán, con un peso en el PIB del sector público del 17%, da buena fe de ello. Además, cualquier organización humana se basa necesariamente en la responsabilidad de todos aquellos que la conforman, que acatarán sus reglas o apechugarán con las consecuencias de no hacerlo.

Por si esto no fuera suficiente, otro caso de mala praxis policial acaecido es Estados Unidos ha servido como excusa para perpetrar los más execrables actos contra la propiedad privada o contra todo aquello que la estrechez de miras de las hordas de manifestantes calificara como digno de censura, violencia y oprobio. Aquí, de nuevo, se ha puesto de manifiesto la falta de diligencia en la depuración de responsabilidades dentro del sector público y su corporativismo, tan nocivo para la sociedad. La utilidad de la res pública pasa, ineludiblemente, por una exquisita trasparencia y autocontrol, por la separación y atomización de los poderes del Estado y la existencia de tantos contrapesos sea posible, sin olvidar jamás, la presunción de inocencia de todos los ciudadanos. Es evidente que quienes quieren sacar tajada del desorden, solo pretenden establecer su propia agenda, ajena, por supuesto, a los principios que acabamos de enumerar.

La tozuda realidad es que la última instancia, la salvaguarda final, somos nosotros mismos. Este es un hecho del que no podemos escapar y que precisa ser tenido en consideración

La Segunda Enmienda de la constitución americana obtiene su sentido tanto del hecho de que los brazos del Estado no pueden llegar siempre a socorrer a todos sus ciudadanos como del peligro que supone para la Libertad que una organización tan poderosa esté en todo momento y en cada lugar a nuestro lado. La imposibilidad física de que todos tengamos la ayuda que necesitemos y que ésta esté disponible en cualquier momento, no puede ser vencida siquiera con un Estado tan poderoso que fuera capaz de superar este hándicap en teoría y que seguramente precisaría que le entregáramos todo cuanto somos y tenemos, renunciando a nuestra propia esencia como seres humanos. Como animales sociales podemos darnos reglas, pero, sin duda, cuanto más vertical es su creación, más se diluyen la transparencia, el autocontrol y los contrapesos.

Ante estos hechos, cabe preguntarse en qué medida o en qué situaciones la asistencia estatal puede estar recomendada. No obstante, la tozuda realidad responderá que la última instancia, la salvaguarda final, somos nosotros mismos. Este es un hecho del que no podemos escapar y que precisa ser tenido en consideración.

Por otro lado, no debemos olvidar el detalle de que la vida no existe sin un medio físico que la soporte. Nuestra voluntad, nuestras decisiones, han de ser trasladadas al entorno a través de nuestra propiedad privada. En nuestro cuerpo comienza y tiene lugar la vida, pero no acaba ahí. El resto de posesiones son también imprescindibles para mantenernos en perfecto estado de forma durante el mayor tiempo posible, por lo que no es posible anteponer unas propiedades a otras y cualquier agresión a la propiedad debe ser entendida como tal, sea hacia nuestro cuerpo o hacia nuestro patrimonio. Quizá mañana necesitemos vender la casa para poder comer, visto lo visto, así que su defensa hoy es la defensa de nuestro cuerpo en el futuro.

Los equilibrios sociales y morales son siempre difíciles e inestables. El mantenimiento de unos valores exige determinación e implicación, también aprendizaje y toma de conciencia, previamente. A los peligros inherentes a la existencia en un mundo hostil y lleno de peligros y enfermedades se une la injerencia de nuestros congéneres en nuestras vidas, con la pretensión de mantener sus vidas a costa de las nuestras, con la idea de aumentar su patrimonio menguando el nuestro o simplemente alardeando de su ignorancia y argumentando que la economía es un juego de suma cero y que si uno tiene es porque al otro le falta, así que mejor que no tenga nadie.

Si esperan que la seguridad del Estado les acoja eternamente en su manto, es problema suyo. Tendrán ánimos, banderas y ministerios hasta que se cansen… o se acabe el dinero. Si toman un poco de perspectiva y atienden a la realidad, quizá se den cuenta de que defenderse uno mismo no es una mala idea, es una idea necesaria. Incluso puede que lleguen a la conclusión de que defender su propiedad tiene tanto sentido como defender su físico, como me pasa a mí, pues lo segundo no existe sin lo primero. Entonces habremos dado un pasito más en favor de la Libertad.

Foto: Max Kleinen


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticamente correctas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo tú, mediante el pequeño mecenazgo, puedes salvaguardar esa libertad para que en el panorama informativo existan medios nuevos, distintos, disidentes, como Disidentia, que abran el debate y promuevan una agenda de verdadero interés público.

Apoya a Disidentia, haz clic aquí

2 COMENTARIOS

  1. La segunda enmienda a la Constitución de USA garantiza la libertad del ciudadano y por ende la democracia del único país que la tiene.
    No sé si me repito pero la covid19 nos ha dejado tres enseñanzas:
    – Los vecinos son gente encantadora.
    – La poli esta para protegernos.
    – El murciélago hay que cocerlo más tiempo.

  2. “se acabe el dinero”,
    El dinero fiduciario no se acaba, se acaba la fe de “los constructores de pirámides”, al dar de bruces con la realidad. Es decir, cuando se genera una hiperinflacción por escasez de productos básicos.

    La visión del individuo es la típicamente liberal,…, que bajo la supuesta individuación e individualización “personalísima” se erige una epopeya ideológica del Estado. La historia es la prueba, la ideología es ya centenaria. Con lo cual, muertas varias generaciones, ya ha permeado totalmente a la población. El hoy, es la representación viva de los mundos liberales.

    Un individuo “responsable”, preso del “responsum” (deuda/obligación) es falaz en si mismo.
    Los individuos no nacen en “la sociedad” (ese mito), ni forman parte de “la humanidad”. Los individuos nacen en lugar concreto, donde los pobladores tienen vínculos constitucionales entre ellos.

    Con lo cual, la “virtú” es una forma constitucional en toda comunidad humana.
    Es decir, la defensa propia (y otras cosas) no son solamente cosa propia, sino parte de un conglomerado humano. Actualmente el Estado ha acaparado muchas cosas, esa es una de ellas.
    El que piense que con su rifle va defenderse “del mundo” es un absoluto ignorante, muy probablemente un peligro.

    Por otra parte, resulta realmente curiosa “la agresión” a la propiedad. Teniendo en cuenta que “agredir” no se aplica a cosas,…, parece indicar que la propiedad tiene un espíritu o es considerada una prolongación del ego.

    Le puede asegurar que los corzos los cuales se comen las frondosas y las arruinan, no me agreden, ni agreden “mi propiedad” (si puede existir tal cosa hoy); simplemente se comen las frondosas. Ese es el hecho objetivo.

    Es mi “responsabilidad”, el corzo no se coma las frondosas, ahora bien, también puede ser culpabilidad del Estado. Dado este, no me permite cazar sin estar en el “tecor societario”, tecor que tiene un dominio sobre “mi propiedad” concedido por el Estado (Liberal). Pero, el tecor puede clausurarse,.., Además ciertos gastos son de tal importe que no sufragan los costos burocráticos; pero suman al final de año.

    “Mi responsabilidad” no es enfrentar un aparato legislativo/ejecutivo con casi 500000 efectivos armados y “criterios” muy “solidus”. Donde “el legislador” genera reglamentos, mandatos y leyes lamentables. Por razones obvias, por mucha consulta pública, …

    La continua “reinvención de la rueda”, la cual presenta al individuo como excepcional, tan presente en películas épicas chinas y americanas, es literalmente propaganda.
    Los sistemas políticos son complejos, las dinámicas de los diferentes modos de dominación tienen miles de años de trayectoria. Por ello, los temas políticos deben tener especial precisión. Sirva para ejemplo la diferencia entre “representante” electo, representante imperativo o votación en asamblea. O mismamente la diferencia entre asamblea de personas/individuos/ciudadanos o pobladores/vecinos. Son diferencias sutiles, las cuales marcan una diferencia importante en el comportamiento grupal.

    No es mi deuda u obligación (responsabilidad), tampoco es una virtud o valor “civilizacional”; es una simple necesidad. Gran parte de lo que sucede se debe a ello,…
    La “épica” acción de poner una malla, aunque reducir la población de animales salvajes atajaría ese costo.

    “concordia res parvae crescunt» => “Just est in armis”

Comments are closed.