“Los gobernantes sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos cómo ser reelegidos si lo hacemos”, dijo Jean-Claude Juncker en una ocasión. Hay frases que deberían ser enmarcadas y recordadas cada día.

La objetividad es un bien escaso. Por supuesto, todos tenemos sentimientos y, para bien o para mal, nos influencian en temas que deberían estudiarse con la razón y no con el corazón. Sin embargo, a algunos les afectan más que a los demás. Por ejemplo, aunque la democracia no es un sistema perfecto, muchos la admiran de forma dogmática, lo cual es un error, cuyas consecuencias nos pueden costar mucho. Como advirtió Edward Osborne, tenemos emociones del paleolítico, instituciones medievales y tecnología propia de un dios.

Debemos preguntarnos a qué se debe esta falta de objetividad o incluso el desprecio por la objetividad en nuestro país. Creo que muchos medios de comunicación son, en parte, responsables de esta degeneración. El titular es lo que vende. La gente quiere quedarse con lo importante. Pero ¿realmente lo hacen? Tenemos unos medios de comunicación que no cuestionan el sistema ni en lo más obvio, aunque se crean revolucionarios. Son medios del activismo, no de la información. ¿Qué ocurre cuando la gente está desinformada? Toda la información que consumen y que consideran cierta les influencia a la hora de votar. Con el gobierno de Rajoy tuvimos buenos ejemplos de ello. Los medios criticaban sin piedad la reforma laboral, las manifestaciones en contra eran constantes. Pero la mayor flexibilidad laboral que supuso fue beneficiosa, y de haberse aplicado en 2008 se habrían conservado 1.800.000 puestos de trabajo (Doménech, García, Ulloa, 2018).

Sólo el 11% de españoles cree que la pobreza extrema a nivel mundial se ha reducido en los últimos 20 años

También es cierto que, pese a los denostados recortes, que fueron bastante tibios, la sanidad española es la tercera más eficiente del mundo, sólo superada por Hong Kong y Singapur, teniendo este último país el sistema sanitario más privado del mundo. Tampoco se suele decir que, a nivel mundial, más de 130.000 personas salen de la pobreza extrema cada día. Sin embargo, según Our World In Data, sólo el 11% de españoles cree que la pobreza extrema a nivel mundial se ha reducido en los últimos 20 años. Ante la evidencia que contradice los dogmas más propagados en nuestra sociedad, me pregunto: ¿cómo la mayoría de los españoles desconocen estos datos?

Como decía al principio, lo que vende es el titular, la frase fácil y corta. La mayoría de la gente no de detiene a leer la noticia. Tampoco en los diarios se proporciona toda la información que los periodistas, en ejercicio de su responsabilidad, deberían proporcionar. ¿Manipulación premeditada? Quizá. Tampoco debemos olvidar que las noticias sensacionalistas o falsas son el caldo de cultivo de los populismos. No es lo mismo pretender agitar a las masas sin medios de comunicación que disponer de todo un ejército de “desinformadores” dedicados al activismo político. Puede que se deba, al menos en parte, a las subvenciones. No se muerde a la mano que te da de comer. Pero no todo es achacable a los medios. La sociedad española es, desgraciadamente, bastante conformista. Muchos perciben ese ruido como si de verdad fueran noticias y opinión. No cuestionan nada y mucho menos sienten la necesidad de pensar por sí mismos, de cuestionar los dogmas. Creen que discrepara frente al pensamiento hegemónico es un problema, una amenaza para el “progreso social”. Y ven con buenos ojos la persecución exclusión de quienes cuestionan el consenso.

La percepción de la mentira como verdad y de la verdad como mentira tiene consecuencias sociales. Y, ahora, también legales

La percepción de la mentira como verdad y de la verdad como mentira tiene consecuencias sociales. Y, ahora, también legales. Ya se están tomando medidas para impartir “formación de género” a los jueces, como si estos pudieran tener otra función que la de respetar y hacer cumplir la ley, como si ser feminista supusiera un mayor y mejor conocimiento jurídico. También se adoptan medidas económicas equivocadas, como demuestra la evidencia, para contentar siquiera temporalmente a las masas. Total, ¿qué más da? Si los españoles salen perjudicados, les dirán que fue culpa del neoliberalismo, de los empresarios o cualquier excusa que les permita continuar tomando decisiones equivocadas y costosas. Y las masas se lo creen.

Al final, cuando creemos que lo sabemos todo, en realidad no sabemos nada. Hoy todo el mundo es juez, político, economista, historiador… Pero lo más grave no es que unos pocos individuos crean poder hablar de cualquier tema con sólo leer titulares, sino que la mayoría renuncia a la objetividad y se deja llevar el rumor, el bulo, las mentiras que corren de boca en boca. Y se indignan con sucesos como el de La Manada, y claman contra los jueces… sin leer la sentencia. La ignorancia es muchos más confortable que la íncomoda realidad.

Tenemos, pues, un doble problema. Unos medios de comunicación que siempre están en campaña electoral. Y una sociedad que se conforma con el ruido, en lugar de buscar la verdad. ¿Seremos lo suficientemente perseverantes como para no dejarnos acobardar por la mentira? Espero que sí, pero nada está escrito. La presión social es poderosa, pero es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros hacerle frente porque, de no hacerlo, todo estará perdido, y será, al menos parcialmente, nuestra culpa. La lucha sigue.

Foto: Kayla Velasquez