Hace semanas que decidí abordar este tema que tantas confrontaciones y discusiones trae consigo. Sólo con echar un vistazo en medios de comunicación y redes sociales, se puede apreciar que hay dos bandos: uno a favor y otro en contra de impartir educación sexual en las escuelas. Cierto es que, dentro de cada bando, hay múltiples formas de abordarlo y matices sobre qué es la educación sexual.

La educación sexual “busca dar a las personas jóvenes el conocimiento, las habilidades, actitudes y valores que necesitan para definir y disfrutar de su sexualidad (física y emocional) individual o en relaciones” (UNESCO, 2010). Del mismo modo, según la OMS (2002), los programas de educación sexual deberían iniciarse tempranamente, ser específicos para cada edad y constituir una actividad continua de promoción de la salud durante los años escolares. Deberían empezar en la familia, con los niños en edad preescolar, y estar en conexión con la escuela. Existen recomendaciones de la UNESCO, investigaciones de la OMS, así como estadísticas y recomendaciones europeas, que defienden la necesidad de impartir en los colegios y escuelas educación sexual a los más pequeños. Además, los derechos sexuales se encuentran reconocidos en el derecho fundamental a la vida que está recogido en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. Siendo de este modo las relaciones íntimas una cuestión política y de la que ya hablé cuando explicaba que las políticas de género matan al erotismo.

La sexualidad es parte fundamental para pensarnos como individuos biológicos con impulsos sociales, o como individuos sociales con impulsos biológicos

No obstante, la sexualidad es parte fundamental para pensarnos como individuos biológicos con impulsos sociales, o como individuos sociales con impulsos biológicos, como más sea de su agrado. Pues como especie hemos desarrollado un comportamiento sexual que no es exclusivamente reproductivo, sino que también buscamos el placer. En esta mezcla de intenciones reproductivas y/o placenteras, la desinformación, el miedo, los tabúes y las presiones sociales son una constante a la hora de intimar. Nos encontramos con una sexualidad condicionada por elementos ideológicos, culturales, morales y/o religiosos que, en ocasiones, generan desconcierto y/o desinformación. Cabe preguntarse, entonces, qué se entiende por educación sexual.

Qué es la educación sexual

La literatura al respecto es variada y, dependiendo de la vertiente ideológica y de creencias, contiene unas cuestiones u otras y con diferentes matizaciones y profundidades a abordar. Por ello, hace semanas pregunté en Twitter y en Facebook qué se entiende por educación sexual, si es necesaria y quién debe enseñarla. Me llegaron más de 70 respuestas (públicas y privadas) y quiero compartir con vosotros una muestra de las mismas.

«Tengo 36 años y entiendo que los tiempos han cambiado, pero cuando era chica había mucho contagio de SIDA. Entonces todo giraba a la salud, a cuidarse a uno y a los demás. Me permitió no contagiarme nuca de ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) y eso espero para mi hijo. Pero desde que se discute sobre género eso no pasa. Pasó a segundo plano».

«La educación sexual es aquella que te hace consciente de que el sexo está ahí, que es por lo que estamos aquí. Que educar en sexualidad también es educar en valores, que la gente varía en gustos y que no hay solamente un ejemplo de vida sexual. Que el aparato femenino y masculino difieren a la vez que son iguales. Que la penetración no es el objetivo del sexo y que el clítoris existe. Que el sexo no sólo consiste en el acto sexual y que muchas más maneras de llegar al éxtasis. Y por último y no menos importante, las ITS y precauciones son indispensables dentro de esta educación. A su vez, esta ha de ser impartida por todos los sectores que a la educación se refieren. Aunque la familia y la escuela sean instructores directos, la sociedad no deja de ser una herramienta que influye, la cual crea cánones y estereotipa las relaciones»

«La educación sexual se debe de llevar a cabo adaptándose a los tiempos. Es decir, hace algunos años era impensable que una joven de 12 años de edad tuviera relaciones sexuales, pero a día de hoy es bastante común. A los niños normalmente les cuesta hablar estos temas en casa, así que lo mejor es que aprendan esto en el colegio con profesionales que seguro que sabrán explicarlo mejor que los padres…»

«Explícitamente nunca me han enseñado un concepto de la educación sexual en el colegio. Lo que me enseñaron eran cosas muy, muy superficiales. Pero la manera en la que la entiendo es así: una educación de la sexualidad responsable, conociendo sus límites (en cuanto a salud, no del goce), sus funciones (la recreación o la reproducción), sus peligros (ITS), los métodos anticonceptivos, etc. En cuanto a las cuestiones sociales: en primer lugar, énfasis en la enseñanza de diversas orientaciones sexuales y el respeto a esta diversidad. Por otro lado, la enseñanza del significado de consentimiento. Creo que la educación sexual debe estar a cargo de profesionales preparados para enseñar tanto a niños como jóvenes. Los conocimientos psicológicos, médicos y sociales que deben tenerse en cuenta, muchas veces los padres no los poseen y educan a los hijos desde la ignorancia…»

«Educación vertical/de Ministerio no, y mucho menos en temas íntimos como la sexualidad. Yo hablaría de autoeducación sexual, sin mojigatería ni tabús, para poder hablar, pero tampoco promoción y exhibición, algo comedido»

«Educación sexual es decirle a tu hijo, hija, hije, hiji o hiju que el sexo existe, que no es un tema tabú como los Bilderberg, que es algo que él tiene que explorar con precaución y respeto y, que para cualquier duda, estás tú que eres su padre o madre. La educación en casa»

«Sexo seguro con métodos anticonceptivos y prevención de ITS. Inculcar el respeto hacia uno mismo y hacia el otro. Crear un entorno en el que se encuentre apoyo y al que acudir cuando haya dudas (desmentir mitos, aconsejar) o problemas (presiones sociales, estereotipos, abusos)»

«En el colegio sólo enseñanzas de materias técnicas y humanidades. La educación sexual es algo que se debe hacer en familia. Luego en materia de sexualidad los valores deben venir de casa y a partir de los 14 años de edad no me parecería mal pinceladas»

«Creo que la pregunta clave es ¿cuándo enseñarla? La educación sexual es hablar explícitamente de sexo como de sus consecuencias, ITS, respeto por la pareja, etc. Lo único que cada punto debe tratarse en etapas diferentes, tanto padres como colegio»

«La erótica de ver desde niños que el sexo tiene algo de “prohibido” y que son cosas de mayores tenía su cosa. Explorar por uno mismo, conocerse, el primer beso en la boca… mirar… enseñar»

«Educación sexual es crear conciencia de que somos seres sexuados y de las funciones del sexo (reproductiva, placentera y afectiva). Hay que enseñarla acorde el desarrollo cognitivo del niño y por etapas secuenciales: el propio cuerpo, funciones y más tarde la relación con otros»

«Los adultos no deberían hablarles a los niños de sexo, en el colegio te enteras de todo por tus amigos. Los padres y profesores deberían limitarse a decirte que no hagas cochinadas. Así ha funcionado muy bien siempre, el yin y el yang»

«Si hay algo necesario, aparte de lo típico de prácticas poco seguras, métodos anticonceptivos y demás historias, creo que debe ser la responsabilidad de lo que puede acabar ocurriendo si algo sale “mal”. Creo que no se le da la importancia suficiente, la verdad»

«La educación sexual es necesaria, y en mi opinión se debería limitar a enseñar qué el sexo existe, que no es un tema tabú, que se basa en el respeto y en el consentimiento y también que hay que protegerse para practicarlo. También creo que estos valores se deben enseñar en casa»

«La educación, incluida la sexual, debería ser responsabilidad exclusiva de los padres que deberían poder elegir libremente el colegio que mejor responda a su opción personal»

«Solo decirte que yo creo que no es necesaria, todos en mi generación aprendimos sobre la marcha y fue una maravilla descubrir por ti mismo el mundo del sexo. Padres-advertir y controlar. Profesores-anatomía»

Siempre hay agentes sociales y políticos que quieren regular el comportamiento de las personas

«Yo tuve educación sexual en un colegio católico en su momento, consistió principalmente en inculcarnos respeto por nuestra pareja y el uso de preservativos para prevenir ITS. Personalmente considero que es el mejor enfoque que se le pueda dar a la educación sexual»

«Lo entiendo como la adquisición de conocimientos sexuales necesarios para valorar comportamientos de tipo sexual, en solitario o entre pares, y saber actuar en consecuencia de una forma prudente y reflexiva. Lo deberían enseñar los padres y los profesionales. Es necesario»

Son una humilde muestra de la diversidad de opiniones al respecto y que, para mí, evidencia que no hay posibilidad de consenso al respecto. Habrá quienes no quieran que se de una educación sexual en las escuelas, quienes no lo vean mal y quienes acepten un punto intermedio entre enseñar y cuánto enseñar.

Descubrir y aprender antes que enseñar

Se puede observar que la sexualidad no es un asunto privado a pesar de darse en la intimidad, pues a la vista está que desafía el orden establecido y siempre hay agentes sociales y políticos que quieren regular el comportamiento de las personas. Así, la educación sexual se imparte o no, en función del ideario e interés de familias, centros educativos y entidades políticas relacionadas. En definitiva, nos encontramos con que unos y otros, por múltiples razones, quieren imponer su deseo o no de educar y cómo en este aspecto a los menores.

Sí tengo claro que es necesario unos mínimos en relación a cuestiones de salud e higiene. Pero esos mínimos no deben imponerse en las escuelas sino brindarse en espacios complementarios donde los jóvenes puedan acudir sin tener encima el juicio social de familias y profesores. Espacios digitales con referencias contrastadas e información veraz. Mientras que aspectos como la autoestima, la seguridad, la toma consciente de decisiones, el fomento de los buenos tratos en las relaciones y la diversidad sí deben de enseñarse desde casa. Quizá podríamos hacer uso de las normas de etiqueta de la mesa en el sexo. Es lo que Gema Goldie explicó haciendo un símil divertido entre las diferentes maneras de comportarse en la mesa y la actividad sexual:

“Antes de sentarse a la mesa es necesario lavarse las manos.

Primero se sirve a los demás, no empieces sirviendo tu plato.

No digas que algo no te gusta hasta que lo hayas probado.

No se levanta nadie de la mesa hasta que todo el mundo haya acabado.

Es más interesante quedarse y charlar en la sobremesa, que encender la tele nada más acabar.

Aprende a utilizar correctamente todos los cubiertos.

No obligues a nadie a comer algo que no le gusta.

Friega bien los cubiertos antes de utilizarlos en otra comida.

Da las gracias al chef por la deliciosa comida.

Si la otra persona cocina, tú friega los platos.

Los gustos culinarios de los demás son personales y perfectamente válidos. No te rías de nadie.

Donde caben dos, caben tres.

No importa cuántas personas se sientan a la mesa, lo que importa es que se levanten todas satisfechas.

Innovar y probar cosas nuevas es la mejor manera de ampliar tus gustos y tu paladar.

No comas del plato de los demás sin que te den permiso.

Si ves a alguien que está comiendo en una mesa, pregunta si eres bienvenido antes de sentarte con ellos.

No robes comida por mucha hambre que tengas.

Puedes comer solo, pero si estás acompañado, no comas como si no existiera la otra persona y no te vayas nada más acabar.

Aunque esté la comida puesta en la mesa, no empieces solo. Espera a que todo el mundo esté sentado para empezar juntos.

Pregunta a los demás si está todo a su gusto, si hace falta sal o si quieren más agua.

No des por hecho que tus gustos culinarios son los mismos que los de la otra persona.

Antes de cocinar, pregunta por alergias, si alguien es vegetariano, etc.

Que te hayan invitado una vez a comer no significa que puedas autoinvitarte siempre.

Si ves que alguien cocina mal intenta decírselo con tacto. Hay quien va por la vida pensando que cocina estupendamente porque nadie le ha dicho que eso no es cierto.

No pienses que porque disfrutas de la comida ya sabes cocinar.

Existen cursos donde puedes aprender nuevos trucos y recetas.

Pregunta a los demás cómo cocinan ellos y cómo les gusta la comida”.

También ayudaría quitarse las gafas politicistas de la moderna sociedad ideológica y recuperar la capacidad de dialogar, de entablar una relación con lo distinto y de salvar lo bello. Pues el Eros no se aprende, se descubre y ni la escuela ni la familia son sitios para enseñar lo que se ha de descubrir.

Foto: John Schnobrich

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Soy Cuca, para las cuestiones oficiales me llaman María de los Ángeles. Vine a este mundo en 1986 y mi corazón está dividido entre Madrid y Asturias. Dicen que soy un poco descarada, joven pero clásica, unas veces habla mi niña interior y otras una engreída con corazón. Abogo por una nueva Ilustración Evolucionista, pues son dos conceptos que me gustan mucho, cuanto más si van juntos. Diplomada en enfermería, llevo poco más de una década dedicada a la enfermería de urgencias. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con diversos estudios. Entre ellos, me adentré en la Psicología legal y forense que me llevó a realizar un estudio sobre La violencia más allá del género. He tenido la oportunidad de ir a Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo), donde he asistido a los encuentros «Mujeres fuertes, hombres débiles» y «Understanding Intimate Partner Violence against Men». En estos momentos me encuentro inmersa en la formación en Criminología y dando forma a mis ideas y teorías en relación a la violencia, para recogerlas en un libro. De momento me podéis leer por aquí, en Espacios Inseguros y también en Twitter. Otros medios y redes para saber más sobre mí.

11 COMENTARIOS

  1. En todas las épocas y culturas, la educación sexual siempre se ha utilizado como medio de control social. Obviamente, ha ido mucho más allá del ámbito de la salud. Su objetivo siempre ha sido el control de los impulsos que, a diferencia de lo que muchos creen, son instintivos e innatos.

    Los impulsos instintivos, o pulsiones como decía Freud, no solo gobiernan nuestra conducta sexual, también estructuran otras necesidades primarias, como la supervivencia, la protección de la prole o incluso la lucha por ascender en el grupo. Los instintos constituyen una parte fundamental de nuestra programación natural, y componente mayor de nuestra emociones. Son, por así decirlo, nuestro ser animal.

    Por mucho que nos definamos como posmodernos, en realidad solo somos una especie mas del planeta. Desgraciadamente, este ser animal siempre acaba chocando con las necesidades de organización y control social del poder dominante. Nuestra innata agresividad debe ser reprimida y la competitividad social regulada y controlada.

    Lo mismo sucede con la sexualidad, que aunque podría ser libre, no lo es. El poder no tolera la libertad individual. La siente como una amenaza a su seguridad y continuidad. El sometimiento integral del individuo requiere el control, no solo de su conducta, sino sobre todo de su naturaleza, incluida la sexual. Nuestra animalidad, nuestra naturaleza, nuestra libertad, es lo que mas teme el poder. De ahí la necesidad de educación/control sexual, y de la abolición de lo privado e intimidad (“lo privado es público”). El precio que pagamos por ser civilizados siempre es emocional. El poder nunca nos dejará ser felices como animales.

  2. Lo único bueno sería si enseñaran a los hombres a no ser unos babosos respetando los límites y a las mujeres a no comportarse como prostitutas teniendo sexo siempre con los mismos machos alfas o con dinero.
    Es fundamental comprender que cuanto más sexo tengamos todos menos machismo habrá y más compromiso social por satisfacción personal.

  3. La mayor parte de las cosas pueden aprenderse sin necesidad de ir a la escuela. Simplemente, como dicen algunos, preguntando a los compañeros de colegio mas veteranos sobre aquello que ignoras. Lo que nos lleva a una peligrosa premisa. Si son los compañeros los que te instruyen y enseñan ¿ para que sirven los profesores, solo para poner notas?

    Yo soy de la generación en que determinadas prácticas xexuales o eran delito o eran pecado, y en muchos casos, las dos cosas a la vez. La educación sexual existía, pero era prohibicionista hasta extremos ridículos. No solo en el aspecto sexual concreto, sino que se extendía a la censura en cine, teatro, televisión, literatura, etc.

    La educación sexual debe formar parte de nuestra experiencia educativa, luego cada uno que investigue por su cuenta. Por definirlo mejor, el profesor puede hablarte de Miguel de Cervantes y su obra, ahora bien leerte el Quijote es iniciativa de cada uno de nosotros. Y que te haya gustado leerlo, pues también.

  4. Ahora en serio, cada niño tiene su tiempo, sus intereses, su mundo. La evolución de cada niño varía según sus capacidades más destacadas y a eso es a lo que hay que estar atento cuando puedes influir de manera positiva. La protección, el afecto y la confianza le permiten desarrollar sus capacidades con seguridad.
    La cuestión es si lo que pretendemos es que el niño sea Nacho Vidal o lo que él quiera.

  5. Estoy con Derondat. Nunca tuve educación sexual, y eso no me ha impedido aprender por mi cuenta.
    Llámame raro, pero lo que las políticas actuales llaman “educar en la sexualidad” a mi me suena a “adoctrinar en algo donde el estado jamás debería meterse”.
    Primero, el sexo. Luego… ¿Clases de educación familiar adaptadas a los tiempos modernos? ¿Cómo pensar? No, gracias.

    Cada día que pasa, el buenismo rampante de nuestra sociedad, y la necesidad de legislar aspectos íntimos de la vida de los ciudadanos me recuerda más a la distopía de Orwell.

  6. A mí no me enseñaron sexualidad ni en la sobremesa en familia ni en la pizarra del colegio, gracias a dios….me enseñaron las mujeres. Y no le veo el problema. Lo hicieron bastante bien. En ello siguen.

    Pero puedo imaginarme el trauma que sufriría si un profesor me hubiese animado a masturbar a un compañero de pupitre, como parece andan ahora los zumbaos de la pedagogía moderna. Sospecho que hubiese quemado el colegio e iniciado una carrera criminal.