Ha vuelto a ocurrir en Italia. En Alemania lleva sucediendo durante las últimas tres legislaturas. Y lo experimentamos en España, durante varios meses, después de las elecciones celebradas en diciembre de 2015 y su repetición en junio de 2016 (aún lo padecemos en la Comunidad Autónoma de Cataluña donde seguimos instalados en la parálisis de un parlamento recién elegido que es incapaz de formar Gobierno). Y, como precedente emblemático de este tipo de experiencias “anárquicas”, tenemos lo acontecido en Bélgica en los años 2010 y 2011, donde pasaron 541 días sin que fuera posible elegir un ejecutivo. Bélgica ostenta, por el momento, el “honroso” récord mundial de vacío de poder por impotencia del parlamento.

En todas las anteriores ocasiones, se celebraron elecciones, el pueblo votó y, sin embargo, no quedó resuelto el problema del poder. Y eso ocurrió porque, en cada uno de los supuestos señalados (Bélgica, España, Alemania e Italia), el pueblo no elige directamente a su Gobierno. Su forma de Gobierno es parlamentaria y el jefe del ejecutivo es elegido por el parlamento. Ante esta forma de organizar los poderes del Estado (elegir, en este caso, a su ejecutivo), si la ley electoral no contribuye a la formación de mayorías parlamentarias solventes, se llega a la situación enmarañada, a veces durante largos periodos de tiempo, de la no elección de un nuevo Gobierno.

La ingobernabilidad no ocurre cuando el parlamentarismo une a su forma de Gobierno una ley electoral mayoritaria, como es el caso británico: distritos uninominales y sistema electoral mayoritario

Esto ocurre, como sucede en el caso español, italiano, belga, alemán y en otros muchos, cuando al régimen parlamentario se le une una ley electoral proporcional o más o menos proporcional. Así lo demuestran los casos recientes de Alemania e Italia, que han reformado sus sistemas electorales para convertirlos en mixtos (proporcionales con un porcentaje de mayoritario), pero donde continúa produciéndose el mismo efecto: inexistencia primero e inestabilidad después del ejecutivo. Lo anterior no ocurre cuando el parlamentarismo une a su forma de Gobierno una ley electoral mayoritaria, como es el caso británico: distritos uninominales y sistema electoral mayoritario.

La forma de Gobierno es más importante que la ley electoral

Por eso llama la atención la proposición realizada por los partidos políticos españoles, Podemos y Ciudadanos, de reformar la ley electoral para hacerla todavía más proporcional. La clave principal de la reforma consiste en variar el sistema de reparto de escaños. Se quiere enterrar la famosa ley D`hont para instaurar una fórmula, la conocida como Saint Lagüe, que incide aún más en el reparto proporcional de los votos emitidos con los escaños que se atribuyen.

El resultado final, de aplicarse esta reforma, resulta evidente: más dificultad para formar Gobierno y, en caso de elegirse uno, más inestabilidad en el nuevo ejecutivo

Tomando como modelo la cita electoral de 2016, el nuevo sistema haría que el PP perdiera 15 diputados, el PSOE reduciría en un escaño su presencia en el parlamento, mientras que Podemos y Ciudadanos verían incrementados su representación en 7 y 12 diputados respectivamente. El resultado final, de aplicarse esta reforma, resulta evidente: más dificultad para formar Gobierno y, en caso de elegirse uno, más inestabilidad en el nuevo ejecutivo. Dos circunstancias para nada deseables.

La cuestión fundamental es, por tanto, establecer ¿cómo se alcanza el poder ejecutivo de un Estado? ¿Cómo se organiza su forma de Gobierno? Y ¿qué sucede, en un régimen parlamentario, cuando el resultado de unas elecciones no permite la conformación de un nuevo poder?

La primera de estas preguntas tiene sencilla respuesta: el presidencialismo establece que sea el pueblo quien elija directamente (en una o dos vueltas) al poder ejecutivo; mientras que en el parlamentarismo (monárquico o republicano) la elección del gobierno (primer ministro o presidente) es realizada por el parlamento.

La llamada “tiranía de la minoría” impone sus condiciones para poder conformar un gobierno o negociar un “pacto de gobernabilidad”

La segunda de las cuestiones planteadas, ¿qué sucede cuando un parlamento no puede elegir un ejecutivo? tiene más difícil contestación. No solamente por las diferentes mecanismos que en las distintas constituciones se establecen para solventar esta coyuntura, sino porque en la práctica es, en este momento (falta de una mayoría suficiente en la cámara), cuando el parlamentarismo pone en marcha todos sus subterfugios, maniobras y artimañas potenciales. Es en esta situación cuando surge el momento álgido de poder de los partidos políticos, especialmente de los minoritarios. La llamada “tiranía de la minoría” que impone sus condiciones para poder conformar un gobierno o negociar un “pacto de gobernabilidad”. Una solución parlamentaria absolutamente antidemocrática donde se elige un poder, o unas políticas de gobierno, que nadie ha votado (ya sea un gobierno de concentración, una gran coalición o apoyos puntuales).

Lo habitual, por tanto, es escoger una salida a la crisis de falta de Gobierno en contra de lo manifestado electoralmente por la mayoría, favoreciendo, eso sí, los intereses de las minorías. En España, lo anterior ha quedado suficientemente demostrado durante las últimas décadas por el papel que han jugado los partidos separatistas a la hora de votar a favor (o abstenerse) en una investidura o aprobar, posteriormente, unos presupuestos anuales.

Con las llamadas “primarias obligatorias” se deja en poder de los militantes de los partidos la facultad de decidir sobre una cuestión, el poder, mientras al resto de los ciudadanos se nos hurta

En Alemania viene ocurriendo lo mismo durante los últimos años con una especialidad: se configura un Gobierno “contra natura” donde el partido ganador (la CDU de Angela Merkel) pacta con el partido perdedor (SPD de Olaf Scholz) formándose la llamada “grosse koalition” (gran coalición) conocida popularmente como “groko” que consigue la peculiaridad de anular la oposición y, al mismo tiempo, formar un Gobierno cuyo programa no han elegido los electores y sí, como hemos visto, los militantes de los partidos. Algo parecido a lo que quieren presentar ahora en España, determinadas fuerzas políticas, como medida “regeneradora” con las llamadas “primarias obligatorias”: se deja en poder de los militantes de los partidos la facultad de decidir sobre una cuestión, el poder, mientras al resto de los ciudadanos se nos hurta la capacidad de realizar este tipo de elección.

En Italia han hecho de la crisis de gobierno un modelo específico de forma de poder. Lo cual no es ninguna virtud. La mayoría de las ocasiones, las sucesivas crisis llevan a la conclusión, tras varios intentos de investiduras fallidas, de convocar nuevas elecciones. Nuevos comicios que, en muchas ocasiones, no consiguen resolver nada y, en otras circunstancias, incluso empeoran las posibilidades de elegir un nuevo ejecutivo.

Cualquier sistema político cuyas reglas institucionales no permitan solucionar, de una manera definitiva, el problema del poder no puede ser calificado como auténticamente democrático

La organización de las formas de gobierno, los sistemas de gobierno en su terminología más clásica, es un fundamento esencial en la estructura política de un Estado. Y, al decidir por una u otra forma, se determina la existencia o no de una verdadera democracia. Los padres fundadores de la democracia americana así lo entendieron y, junto al principio de representación política que estableció Alexander Hamilton, se aplicó el principio de la separación de poderes con la elección directa del ejecutivo por parte del pueblo. Lo relató Alexis de Tocqueville en su obra “La Democracia en América” al resaltar la importancia en EE.UU. de la existencia de una separación de poderes desde su origen (a partir de su elección). La finalidad de este tipo de organización de los poderes es crear límites al ejercicio de éstos y marcar una división entre quien legisla, quien aplica la ley y quien gobierna. Aspectos estos que no se cumplen en un régimen parlamentario.

Si atendemos a su definición más popular la democracia es entendida como “el gobierno del pueblo”. Queda claro que el objetivo, al convocar a los ciudadanos para que expresen su preferencia a través de una votación, es solucionar el problema del poder. El dilema del poder consiste en contestar a la pregunta de ¿quién gobierna? Cualquier sistema político cuyas reglas institucionales no permitan solucionar, de una manera definitiva, el problema del poder no puede ser calificado como auténticamente democrático.


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Javier Castro Villacañas
Nací en Madrid en 1964. Estudié Derecho y realicé un postgrado de periodismo. He sido profesor de Derecho de Constitucional y Asesor Jurídico de la UCM y de la cadena de televisión Canal +. Fui uno de los fundadores de la revista Generación XXI. He colaborado en diversos periódicos y revistas como Iniciativa, La Razón, ABC, La Gaceta de los Negocios, El Mundo en sus suplementos Crónica y LOC (La Otra Crónica). He sido productor y director de los Servicios Informativos de Radio Intercontinental de Madrid durante los años 2002 al 2004. También fui director de los Servicios Informativos de CITY FM Radio y del programa Claves de Actualidad en la misma emisora durante los años 2004 al 2009.  He escrito varios libros: una biografía sobre la figura de José María Gil Robles en la colección Cara & Cruz de Ediciones B (2004); el libro El fracaso de la Monarquía sobre la crisis final del “juancarlismo” editado por Planeta (2013);  Miguel Blesa, el lobo de Caja Madrid sobre la crisis financiera de la que fuera cuarta entidad financiera de nuestro país con La Esfera de los libros (2014), y El expolio a las clases medias donde se analiza el hundimiento de las clases medias en nuestro país durante la última crisis económica con Stella Maris (2015). Después de una excedencia no voluntaria, reaparezco aquí, como siempre, en la disidencia.

13 COMENTARIOS

  1. “La organización de las formas de gobierno, los sistemas de gobierno en su terminología más clásica, es un fundamento esencial en la estructura política de un Estado. Y, al decidir por una u otra forma, se determina la existencia o no de una verdadera democracia”.

    Ahí está la clave del asunto.

    Los inspirados por Trevijano hacemos la opción del sistema de gobierno presidencial, supongo que cada uno por sus razones.

    En mi caso, está muy claro que la relación entre el Estado, como puro aparato procedimental, técnico, administrativo debe estar fuera del control permanente de los partidos, por lo que la única salida histórica es una forma de gobierno presidencial con unas características muy específicas adaptadas a la situación española, que es la única que debe dictar esas condiciones formales y no ninguna imitación de modelos extranjeros.

    La experiencia del Régimen del 78 ha concluido y ya no sirven subterfugios: el Estado ha intentado y sigue intentado destruir a la Nación a través de uno partidos que, como tercero en discordia, necesitan, para subsistir como organizaciones burocratizadas de poder, apoderarse del Estado y neutralizar a la Nación.

    El proceso secesionista no tenía otro sentido y respondía a esta lógica inmanente al funcionamiento de los partidos, dada su posición intersticial entre Estado y Nación, entre pura administración y sociedad civil administrada.

    La discusión sobre el “parlamentarismo”, incluso reducida a la pura técnica de elección del poder ejecutivo encarnado en el Gobierno como factor estratégico que conduce el todo funcional unitario del Estado, no es anecdótica, es de hecho una cuestión de una profundidad que todavía apenas se ha planteado y que es la más vital para la supervivencia de España como Nación política independiente y como Nación estatalmente unida.

    Porque en efecto, todos debieran saber que donde la Magistratura suprema, integrando Jefatura del Estado y Jefatura de Gobierno, limitada en mandato y revocable por diferentes procedimientos de garantía constitucional, no tiene un fundamento electivo directo, no hay en ningún sentido “democracia”, pues ésta es su definición máxima y la única posible. Y esto no es opinable ni debatible: es o no es.

    El resto es “Parlamentarismo” en su versión más degradada y destructiva, la del Estado de Partidos. Pero es que jamás en ninguna parte antes de 1945 el parlamentarismo clásico de tipo inglés,modelo originario de todos los demás, fue reconocido como “democracia” por ningún teórico, sino que entonces, hasta el periodo de entreguerras, se sabía perfectamente que el parlamentarismo era una de las formas de prohibir y proscribir ya en la forma del sistema de gobierno cualquier tentativa de gobierno “democrático”, el verdadero horror de las oligarquías político-empresariales y de los grandes rentistas.

    Castro Villacañas, siguiendo a Trevijano, lo explicó muy bien en su libro “El fracaso de la Monarquía”: el trasfondo histórico de la persistencia anacrónica de la figura del Rey en toda Europa entre 1789 y el presente es el impedimento que instaló la forma de Gobierno parlamentaria en toda Europa occidental, en vez de la forma democrática, por miedo a las masas controladas, supuestamente por las izquierdas obreristas, como “fuerza de choque” contra el orden social.

    De ahí todas las extravagantes alianzas por la “estabilidad” entre forma de gobierno parlamentaria, monarquías y reformismos sociales varios, a cambio de la renuncia de los socialismos al mito irrisorio de la Revolución: las oligarquías de las sociedad civil y de la sociedad política aceptan todo antes que el gobierno democrático electivo directo.

    Para acceder a los poderes del Estado y controlarlos, la forma de gobierno parlamentaria, reforzada e invertida por la partidocracia, es ideal.

    El caso español es un objeto teórico modélico de esta verdad, que ya lo era en los años 20 bajo la República de Weimar, hacia cuyo horizonte caótico caminamos a pasos agigantados sin apenas percibirlo, por muchas señales difusas esparcidas ya por todas partes.

    • El ejemplo de la república de Weimar para este régimen, al que muchas veces en misa comentarios denominé “monarquía de Weimar” por la similitud con el régimen republicano de entreguerras, diseñado por el PSD Alemán. Sabemos como acabó en tragedia nacional para Alemania, que perdió al menos la mitad de su territorio. Nuestra monarquía “de Weimar” se precipita también hacia el desastre. Pero la incógnita es el futuro, que nos aguarda. Si una dictadura militar o un régimen neocomunista. Probablemente lo veamos pronto. El regimen se precipitará al vacío por causas exógenas de coyuntura internacional. Fin de la compra de la deuda soberana, la subida de los intereses ya anunciada. En la república del 31 el ejército era una fuerza poderosa. Hoy no lo es. Por tanto que España pendulee hacia la extrema izquierda “bolivariana” es una posibilidad bastante grande. Y por ahí fuera, no harán nada, ni moverán un dedo. Excepto exigir que se pague lo mucho, que se debe.
      El que se pueda marchar, debería hacerlo ya. Debieron hacerlo hace años, cuando lo escribía en los comentarios de V.P.

  2. Si tal y como dice el artículo en su último párrafo “El dilema del poder consiste en contestar a la pregunta de ¿quién gobierna?” tampoco es tan determinante la forma de gobierno.
    Si a la hora de elegir al Jefe del Ejecutivo no se opta por el sistema mediante el que se elige en la actualidad al Presidente del Gobierno de España y en su lugar se adopta el que rige en el Principado de Asturias no solo no es necesario el cambio de forma de gobierno, sino que ni siquiera se necesita cambiar el sistema electoral.

    En cuanto a la separación de poderes.
    En un sistema presidencialista dicha separación está establecida de antemano y en un sistema parlamentario no ocurre lo mismo ya que el ejecutivo es elegido por el legislativo.
    Pero para que dicha separación de poderes deje de ser algo formal y sea real se necesita un sistema electoral que lo favorezca.
    En España tenemos un sistema parlamentario y en teoría el poder ejecutivo estaría supeditado al poder legislativo ya que el segundo es quien elige al primero, y sin embargo ocurre todo lo contrario. Es el poder legislativo el que está supeditado al ejecutivo.
    Si esto ocurre es debido al poder que el sistema electoral da a los partidos políticos por lo que con este sistema electoral aunque cambiásemos a un sistema presidencialista el poder legislativo estaría supeditado al ejecutivo.

    • El único modo y la más determinante para una democracia representativa de acuerdo con García-Trevijano, es que la representación vaya de abajo hacia arriba. Sólo eso es posible con un sistema de distritos uninominales a simple o doble vuelta. Ésa es la parte principal y central del problema. Si cambiásemos a un sistema presidencialista implicaría, que los diputados no elegirían al presidente del gobierno, sino los electores directamente en urna aparte. Así se hace en Israel.
      ¿Tendría posibilidades Rajoy en un sistema de elección directa? Si se presentan sólo los jefes de las oligarquías actuamente. Fuese a doble vuelta, para producir una mayoría clara, para mí sería presidente con más probabilidad nuestro “macroncito” barcelonés, aunque pudiera haber una ligera mayoría pepera.
      No quieren cambiar el sistema de listas cerradas y bloqueadas por uno de elección directa de alcalde en municipios. Aguirre hubiera sido alcaldesa de Madrid y la Ada Colau no lo sería de Barcelona.

      • Sinceramente, que Rajoy tenga, o no, posibilidades de ser elegido en un sistema de elección directa no es algo que me preocupe. Supongo que en un sistema a doble vuelta lo hubiese tenido complicado, no así en uno a simple vuelta.
        Si cambiamos a un sistema presidencialista pero mantenemos el sistema electoral actual para la elección de los miembros del poder legislativo avanzaríamos poco. El avance sería más teórico que práctico.
        Soy partidario del sistema presidencialista y de la elección de los diputados en distritos uninominales, pero si tuviese que elegir entre un sistema presidencialista con elección de los diputados mediante un sistema proporcional o un sistema parlamentario con elección del poder legislativo mediante distritos uninominales me quedaría con el segundo.

        • Básicamente pienso lo mismo que Ud. Pero tiene que ser un sistema parlamentario puro. Es decir primer ministros y ministros, que sean diputados electos como condición obligatoria previa.
          Con un sistema uninominal se produciría un modo de “primarias” indirectas. El líder del partido conservador en U.K. lo elige su grupo parlamentario exclusivamente. En el partido laborista votan las bases, pero los apirantes a la jefatura del partido, tienen que ser diputados del Paralamento. No estar en el Parlamento es un problema.
          Aquí Pedro Sánchez al no ser diputado, (renunció) no puede encabezar los debates con Rajoy, Iglesias o Rivera.

  3. A mi el sistema de USA no será perfecto, pero sin duda a mi modo de ver es el más democrático. El sistema de primarias en la mayoría de los estados y sobre todo en el partido republicano son de verdad, porque son abiertas.
    El requisito para votar es estar en el registro de votantes. Se ha de registrar como militante de un partido político, aunque su militancia real sea nula. Pero le da derecho a votar en las selecciones a candidatos a todos los puestos políticos elegibles del partido por que haya optado. Quién quiera presentarse, lo hace, pagándolo de su dinero y las aportaciones privadas, que quieran hacerle, tanto personas como empresas. Eso tiene que ser completamente transparente con nombres y apellidos. Si no sería un delito muy grave y el aspirante a candidato o cargo electo tendría muchos problemas, que acabarían en una pena de prisión. Se eligen directamente los alcaldes, el fiscal del distrito judicial, en muchos estados los jueces, el fiscal general del estado de cada estado. El jefe de la policia del condado.
    ¿Se puede importar ese sistema a Europa? Parte de él, sí. Pues los partidos USA no son estructuras orgánicas permanentes. Una vez que el candidato gane o pierda, su comité electoral se disuelve. Es un sistema político, que elige y se basa en personas, no en siglas u organizaciones cerradas.
    En Francia en las últimas presidenciales, han importado un sistema de primarias abiertas a no afiliados al partido. Por el pago de una cuota se le daba derecho a votar para elegir un candidato presidencial. Lo vimos en el partido de la derecha. No sé, si el PSF hizo algo similar.
    En España, donde el poder piramidal es absoluto y el supremo jerarca tiene un control total. El asunto clave está en lo que no quieren tocar: El sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas administradas por la cúpula, que no es democrático por no ser representativo. Con el sistema electoral francés o inglés, Mariano estaría ya jugando al dominó en el casino de Pontevedra. Incluso hasta en lo único que permitiría reformar el sistema electoral, sin reformar la constitución: Quitar el bloqueo de las listas y poder elegir uno por uno a los componentes de la lista que se quiera votar, desde el primero hasta el último, dando las mismas oportunidades. Pero antes, el cutre sistema político de cesarismo romano habría que modificarse. Exigir que ministros y el jefe de gobierno fuesen diputados obligatoriamente. Eso sería algo de progreso. Si Mariano no obtiene suficientes votos dentro de su lista en los escaños a repartir, entre los más votados de su lista, se tendría que ir a su casa.
    La idea de liquidar la ley d’Hondt, el fraccionamiento en grupúsculos extremistas haría ingobernable al país. En Israel hicieron una reforma constitucional, en que se separó la elección de primer ministro en urna aparte, de la de los diputados. Ya que el parlamento israelí se elige proporcionalmente puro todos los diputados en colegio electoral único. Al final partidos con 2 ó 3 diputados condicionaban la elección de un primer ministro con mayoria suficiente.
    Por último querría decir, que el titular del artículo es falso. El sistema electoral es lo más importante. Pues es el que acaba configurando el sistema de gobierno. En “la democracia, que nos hemos dado”, ni siquiera los referenda son vinculantes. Si uno, dos, tres o más millones de personas firmaran una petición someter a refereréndum el cambio de sistema electoral y ganara muy apliamente, tanto en quorum como en síes. El gobierno puede ignorarlo, declarándolo “no vinculante”. La duda es que si una petición de ese tipo un gobierno tiene potestad para incluso ni siquiera considerarla.

  4. No estoy muy seguro de lo que nos quiere contar Don Javier

    En mi opinión lo mas importante es que los ciudadanos tengan clarito lo de la separación de poderes. Y eso, en los paises de escasa tradición democrática, ergo el nuestro, sólo se consigue votándolos por separado.

    Votando Ejecutivo por un lado y Legislativo por otro. Cómo en Francia. (Que tiene tradición democrática, pero que tiene este sistema porque De Gaulle dijo que por sus santos cataplines se hacía así, pese a que los gringos, que son los promotores (en Uropa, después de la II GM) del sistema mayaoritorio y mezclado, les desagradaba.

    Lo del Judicial da para varias columnas de ustedes así que lo dejamos estar. Pero cuanto mas independeentes sean Legislativo y Ejecutivo mas lo será el Judidcial, de cualquiera de las maneras que sea elegido, de eso no le quepa duda.

    En mi opinión la mejor manera es la francesa. Porque se presentan por separado, y ademas con la DOBLE VUELTA, que el sistema británco no tiene.

    Los británicos tieien una larga tradición democrática, por ello aunque no tengan doble vuelta y sea el parlamento quien eleija al Presidente salen adelante.

    Si el Rugby lo hubieran inventado otros provablemente acabaría en algo parecido a una carnicería.

    Con la política y su sistema pasa algo parecido.

    Un aspecto muy importante a detallar sería hasta donde mandan Ejecutivo y Legislativo. El como se controlan el uno al otro, sin caer en una dictadura de unos sobre otros. Y sin que hubiera un caos por ausencia de mando.

    Yo obligaría a que en caso de haber unas elecciones anticipadas por ser imposible el gobierno, que los que han llegado a ser representantes quedaran inahbilitados para la siguiente elección.

    Me extraña que usted no comente el tema del VOTO EN BLANCO, y su repercusión.

    En España hay un partido que propone que se iguale el voto en blanco a escaños vacíos, los que habría conseguido un partido con pareja cantidad de votos, pero que las mayorías lo sean por la cantidad original de puestos.

    Se llama Escaños en Blanco.

    En su programa dice que en asuncia de esa Ley ellos se comprometen a hacerlo.
    http://escanos.org/
    Imagine que en el estado actual 20 escaños lo fueran así, el juego que darían. No hace falta que fueran muchos, pero lograrían que la suma cero que hcen que los partidos actuales se pongan de acuerdo para que sus intereses no se vieran comprometidos, no sumara cero; sino negativo..

    un saludo cordial

    • Ya lo comenté varias veces en V.P. y una vez aquí. En Europa después de la II Guerra mundial los americanos, para controlar mejor a sus aliados, impusieron regímenes partitocraticos. El caso francés no fue el general De Gaulle, quién lo impidió. Pues Francia se organizó una república partitocracia similar a las restantes de Europa con la efímera IV República. Una constitución con elección oroporcional por listas de partido. El presidente de la República era elegiodo mediante un colegio electoral especial. Tenía más o menos las atribuciones de las demás repúblicas, arbitraje y representación y ningún poder ejecutivo. El ejecutivo salía de la asamblea a través de un primer ministro, que conformaba una mayoría parlamentaria. En 1.958 la IV República entró en crisis definitiva, a un promedio de un primer ministro por año desde su inicio. Vino la guerra de Indochina en que el ejército francés fue derrotado por las tropas comunistas de Ho Chi Min y la guerra de Argelia, que se consideraba parte de Francia. La iniciativa de llamar a Charles De Gaulle retirado en su casa desde el fin de la II Guerra Mundial, partió del último presidente de la IV República, que de acuerdo con De Gaulle, se dirigió a la asamblea legislativa y les impuso a De Gaulle como primer ministro y el encargo de revisar la constitución, bajo amenaza de su propia dimisión irrevocable.
      Se redactó de hecho una nueva constitución. Un híbrido entre un régimen presidencialista y un régimen parlamentario. El presidente pasó a elegirse en votación por sufragio universal tiene potestad completa sobre la defensa y otros asuntos y un gran poder. La Asamblea nacional pasó a elegirse por diputados de distrito uninominales a doble vuelta. El gobierno lo ejerce un primer ministro y ministros, que ha de ser diputados electos como condición previa. Así que perder el distrito, significa la renuncia al ministerio.
      Al promulgarse la nueva constitución, De Gaulle se presentó a la elecciones presidenciales y ganó sin dificultad. También la reelección a los 7 años. Pero vino los acontecimientos de la revolución de Mayo de 1.968. Después de eso Francia, que era una gran potencia económica, las huelgas hicieron mucho daño al país. En el 69 De Gaulle convocó un referendendum intrancesdente sobre un proyecto de regionalización, que perdió y dimitió. Ya siendo ex-presidente vino en visita privada a España y tuvo una larga entrevista con el general Franco.

  5. Si queremos conquistar la Democracia no podemos anteponer formas de gobierno ni ley electoral a las leyes que rijan nuestra convivencia.Es en el periodo constituyente donde Elegiremos a nuestros representantes para que plasmen las leyes a iniciativa de los ciudadanos para dotarnos de una Constitución,donde se recoge la forma de gobierno del Estado.
    El R78 no es regeneráble desde el momento en que todos los partidos están integrados en el Estado,sin separación de poderes en origen,son los jefes de partido los que eligen a los diputados con mandato de obediencia y los votantes se adhieren a sus listas.Luego el control del poder lo ejercen los jefes de partido.

    Lo penoso es que los supuestos expertos profesionales justifican el hurto de la Libertad Politica:https://www.youtube.com/watch?v=ERkdlyCHIJY

  6. Aquellos que propugnan un plan privado de pensiones yo les recomendaría que recordaran que estamos en España y que la supervisión de la garantía de los mismos estará a cargo de politícos españoles con lo que el problema puede ser mayor. Cuando el régimen de Franco opta por este sistema es por ser conocedor del ambiente cañí, de la misma manera que cuando el Banco de España ponía límites a la banca era porque sabían hasta donde pueden llegar, como hemos podido comprobar recientemente. A mi me gustaría que todos aquellos que defienden este sistema repasen el monto de las pensiones pagadas tras años de cotización. Mi madre me comentaba que le daba mucha vergüenza que la suya le enviara a cobrar una peseta allá por los años cuarenta, resultado de unos de esos fondos de pensiones que tan maravillosos les parecen a algunos. ¿Quién nos dice que no seguiría siendo un sistema piramidal o una burbuja capaz de estallar en cualquier momento?
    Personalmente creo que la dignidad de los mayores es una cosa de todos y por lo tanto también del estado. Yo al menos con estos políticos no me fiaría de las garantía de estos fondos, creo que todos estamos avisados con lo sucedido en los últimos tiempos.

    • Inevitablemente se debió de ir a un sistema mixto con un fondo de capitalización complementario debidamente garantizado. En los años 40, 50 y 60 la espectativas promedio de vida eran bastante menores. Había empleo y por tanto en un ambiente de prosperidad económica generalizada el sistema de reparto funciona. En cuanto se genera un crisis económica y el paro se dispara el sistema de pensiones de reparto en crisis. Lleva en crisis prácticamente desde que Felipe González hizo “la reconversión industrai” y se generó un paro estructural del 25%. La única vez en que hubo superavit fue en los años de la explosiva burbuja inmobiliaria. Luego dejaron llegar a más de 10 millones de inmigrantes, que con las leyes “generosas” (a costa de los nativos) permitía un total agrupación familiar, que incluía ascendientes tanto de del inmigrante, como los de su pareja. Estos sobrevenidos, mayores de 65 años, se les dieron por la cara, pensiones no contributivas. Hoy más de 100.000 extranjeros cobran pensiones no contributivas, sanidad igualitaria y gratuita total.
      Resulta que los dejaron venir, porque “venían a pagarnos las pensiones”. Y las pensiones siguen “sin poder pagarse las pensiones”. Aunque las no contributivas a entranjeros no hay problema. Tampoco hay problema en pagar la sanidad de las familias, que viven en Marruecos, de sus inmigrantes aquí (un acuerdo firmado por Felipe González). No hay problemas en dar una “renta de inserción” a inmigrantes ilegales empadronados y muchas muy superiores a la pensión media española. Una tarjeta sanitaria sanitaria gratuita, incluido medicamentos y preferencia en ayudas al aquiler de viviendas. Tampoco hay problemas.

  7. De acuerdo en general con los problemas que menciona, pero me parece que hay un fallo lógico en el razonamiento: es verdad que los procedimientos de democracia interna de los partidos permiten elegir a unos ciudadanos los candidatos, mientras que otros no pueden más que votarlos, pero ese problema no se da solo con las primarias porque también los jefes de los partidos, sin consultar a nadie, pueden elegir los candidatos que votaremos, de forma que el problema no está en las primarias, o, dicho de otra manera, es menor en las primarias que con el sistema actual. En cualquier caso, es la ley quien establece quién puede y quién no puede ser candidato, y con primarias hay, en cierta medida, un freno al poder absoluto de los dirigentes. El problema de fondo es, desde luego, que los regímenes parlamentarios para elegir el ejecutivo disminuyen de manera notable la separación de poderes, de forma que no es el legislativo quien controla al ejecutivo, sino al revés.

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