Que los jueces puedan discrepar, es humano, que tengan que hacerlo más parece cosa del diablo, pero dejemos las causas lejanas y miremos de cerca el caso, entre otras cosas porque ya se sabe que la mayor habilidad de los diablos consiste en hacernos creer que son leyenda.

Se necesitaría la sabiduría de Salomón, y un tiempo infinito, para no tropezar en alguna de las piedras con las que la logorrea legislativa ha ido sembrando el camino de la Justicia. No es sin causa que la Justicia tenga fama de lenta, pero pese a su prudencia, llamémoslo así, hay legisladores empeñados en que ruede ridículamente por los suelos en cuantas ocasiones sea conveniente a los altos intereses del tinglado.

Crujen las cuadernas del sistema financiero mientras mesnadas de abogados de fortuna se lanzan a por su parte del botín

En España asistimos atribulados a un rifirrafe judicial in altissimo loco, y crujen las cuadernas del sistema financiero mientras mesnadas de abogados de fortuna se lanzan a por su parte del botín, un tesoro que siempre abunda en la oscurísima confusión de la superabundancia legislativa.

No es poca cosa que haya disputa acerca de quién haya de pagar un impuesto, pero no se atribulen los beneméritos defensores del orden, porque lo que sería terrible es que hubiese dudas acerca de que haya de pagarse, pero no hay riesgo, de momento, en que la bondad intrínseca de quienes nos vacían los bolsillos se ponga en cuestión en sedes que viven razonablemente bien de lo que se deriva de esas sacas.

Los ciudadanos hemos vivido soportando estoicamente el hecho de que habían de pagar unos recibos de la luz absolutamente incomprensibles, aunque, al menos, luz había, mientras que en una buena mayoría de los infinitos recovecos legislativos que amenazan al ciudadano es muy difícil obtener la menor claridad. El ejemplo de la factura de la luz se ha hecho popular porque la mayoría de los ingenuos contribuyentes nunca osa asomarse a los abismos de disposiciones que tienen a bien procurarnos nuestros benditos órganos legislativos. Fíjense cuál es la eficacia de los tales aparatos que en los meses felices que se consigue vivir sin gobierno apenas disminuye el peso de los boletines, y eso que los ministros vagan como sombras sin ninguna sabrosa ley en la que solazarse.

Que el Tribunal Supremo se convierta en simulacro de un club juvenil de debates debiera hacernos caer en la cuenta de la imposible tarea que encomendamos a nuestros jueces

Que el Tribunal Supremo se convierta en simulacro de un club juvenil de debates, que las salas compitan y se amenacen con un proceso judicial eterno, debiera hacernos caer en la cuenta de la imposible tarea que encomendamos a nuestros jueces, rescatar el recto proceder de la Justicia en un mar de indicaciones y contraindicaciones, en una selva que ha permitido a los jueces más audaces hacerse un nombre a base de arbitrariedades coloreadas al gusto del público sin miedo alguno a que nadie pueda descubrir dónde está el fallo, tal es la balumba de leyes, decretos e infinitamente diversas disposiciones que un juez habilidoso puede utilizar en su favor cuando ceda a la tentación de hacerse famoso o rico, mejor ambas cosas, por supuesto.

Gobernar es, incluso etimológicamente, dirigir el timón del barco hacia puerto seguro, pero aquí lo hemos convertido en un arte retórico, de modo que el que más gobierna es el que más dispone, especialmente para no llegar a parte alguna que ya se sabe que las ambiciones son peligrosas.

Atacamos los males, reales o supuestos, con una inagotable invención de nuevos delitos, una figura amenazante que crece imparable y, a base de tener un código penal lleno de nuevos crímenes, se nos dice que la intención es que las parejas se amen eterna y tiernamente, que cada día más mujeres gobiernen lo que fuere, que los menesterosos dejen de serlo, y que el medio ambiente alcance su máximo esplendor, todo ello por el arte legislativo de birlibirloque.

Así hemos edificado muchas más cárceles que en períodos crudelísimos y poco respetuosos con los derechos humanos, y en ellas se han construido celdas, piscinas y gimnasios, que compiten favorablemente con los hoteles de pago y reserva, tal vez por aquello tan bonito de que hay que odiar el delito y compadecer al delincuente. Esa infinita compasión por los malvados que sienten las almas nobles que nos gobiernan es el inagotable carbón que alimenta las linotipias del BOE, que transforma las mazmorras de castigo en aulas de ejemplaridad, sostenibilidad y eficiencia.

La legislación protege universalmente, a perros y gatos, incluso a sabandijas, entre otras cosas porque es la fórmula infalible para aumentar el tamaño y abundancia de las multas

La legislación protege universalmente, a perros y gatos, incluso a sabandijas, entre otras cosas porque es la fórmula infalible para aumentar el tamaño y abundancia de las multas, ese invento de los que mandan para castigar al margen de cualquier control, porque, como sabe cualquier sufrido contribuyente, las multas solo saben crecer en monto y en especie si te atreves a discutirlas. No hay juez que se atreva con las eficacísimas multas, entre otras cosas porque están absorbentemente ocupados tratando de desentrañar la razón de la sinrazón que a la razón aqueja en asuntos de muchísima mayor importancia.

En tiempos inmemoriales se pintaba ciega a la Justicia, ahora habría que pintarla como a un runner temeroso que trata de librarse, casi nunca con suerte, de la avalancha legislativa de disposiciones de la más diversa ralea, que lo aplasta inmisericorde, de la misma manera que los dioses derribaban a Sísifo cuando amenazaba vagamente con lograr sus propósitos.

Foto: Poder Judicial


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12 COMENTARIOS

  1. “Se necesitaría la sabiduría de Salomón, y un tiempo infinito, para no tropezar en alguna de las piedras con las que la logorrea legislativa ha ido sembrando el camino de la Justicia”

    Hoy ha estado sembrado, Quirós. Me quedo con esta frase, aunque su artículo merezca aplauso y elogio de principio a fin.

  2. Me encanta este medio, y los artículos que publicáis; sólo hay una cosa que me enerva muchísimo de vuestros artículos y son las odiosas letras rosas gigantescas que interrumpen el artículo cada pocos párrafos. ¿Por qué los medios ahora añaden esos extractos que o bien se han dicho anteriormente en el texto, o bien, como es el caso aquí, se va a decir palabra por palabra en los siguiente párrafos? ¿Qué utilidad tienen? A mi me cortan el ritmo de lectura, ya me he acostumbrado ni leerlos, saltarlos, pero aun así hacen que la experiencia no sea fluida y a poco que te descuides te desconcentran de lo que de otro modo sería un texto unitario y fluido. Por favor, considerad no seguir añadiendo esos incisos o extractos. Prefiero leerlo todo de una vez a que me digan spoilers de lo que me voy a encontrar.

  3. Interesante Quirós.

    De haber tenido el Imperio romano a nuestros adefesios de legisladores acompañándose del fatal fruto de sus mil paridas etílico reguladoras tal vez hoy Pilatos no sería juzgado moralmente por su cinismo político y mezquina conveniencia por la crucifixión y antes bien sería un interesante modelo de probo funcionario tomando la decisión correcta en función de las circunstancias.

    En cualquier caso lo más interesante del asunto hipotecario ha sido ver a las rameras de la prensa salir al rescate de la banca.

    ….¿los periodistas ya la chupan gratis?

  4. El Derecho dejó hace tiempor de ser una ciencia, una herramienta dirigida a regular la convivencia humana o de búsqueda de soluciones pácificas a los inevitables conflictos. Para los romanos los prinicipos del derecho eran muy sencillos: vivir honestamente, no hacer daño a otro y dar a cada uno lo suyo. Así de simple y así de complejo al mismo tiempo. El Derecho se encontraba con realidades preexistentes y estudiaba sus elementos esenciales, los elementos objetivos que no creaba sino que se encuentran en la naturaleza de las cosas, y a partir de ahi determinaba sus efectos. El Derecho se asimilaba al sentido común. Todo eso pasó y ahora el derecho, las leyes, son instrumentos de transformación social, herramientas coactivas a manos de los ideólogos que tratan de imponer sus experimentos sociales, y si es necesario alterar la naturaleza de las cosas o de las intituciones se hace porque para ellos la única realidad es la que está en sus mentes. Nadie en la historia ha tenido el poder que tienen actualmente los parlamentos modernos que en nombre de una omnipotente “soberanía” se arrogan la capacidad de alterar a su conveniencia la naturaleza, respectando únicamente, y a veces ni eso, las formalidades legales. Esa es la razón de la proliferación normativa no solo en número sino en extensión. Si un profano, o incluso un profesional del derecho, se acerca hoy a cualquiera de las inmumerables leyes que nos rigen, será incapaz de comprender en su totalidad cual es la materia que se regula, los efectos, derechos, obligaciones; si profundiza un poco encontrará contradicciones no ya con otras normas sino con la propia norma. Pretender mantener hoy que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento es una injusticia manifiesta hacia el ciudadano, porque es materialmente imposible conocer lo que está vigente. La inseguridad jurídica creada es una de las manifestaciones más evidentes de que nos dirigimos hacia una tiranía, “dulce”, pero tiranía al fin y al cabo.

    • ¿sabes cuántos casos de corrupción y disputas y reclamaciones privadas o contra las administraciones, de toda índole, se quedan sin pasar por los juzgados porque la gente ya pasa una mierda de la justicia del sistema?

      Supongo que será imposible adivinar el número ni por aproximación.

      …pero sospecho que esos números que acreditan el fracaso de esta coña de democracia han sido el abono de gran parte de la desafección civil contra las instituciones y el mal ambiente actual.

      • “…Supongo que será imposible adivinar el número ni por aproximación”
        Es lo que pasa en muchas ocasiones, especialmente con las reclamaciones que suponen una pequeña cuantía. No merece la pena complicarse la vida, perder tu precioso tiempo en litigios inútiles, ni compensa el arriesgarse a perder más dinero del que estabas dispuesto a reclamar inicialmente. Pero claro, la suma de muchas cuantías pequeñas que se quedan sin reclamar ya sabemos a quien acaba beneficiando.

    • “Pretender mantener hoy que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento es una injusticia manifiesta hacia el ciudadano, porque es materialmente imposible conocer lo que está vigente”
      De eso se aprovechan, con nocturnidad y alevosía, para que traguemos todo lo que nos echan, sin rechistar. La impotencia ante ese engendro legislativo es tremenda.