“Soy el espíritu que siempre niega [Ich bin der Geist, der stets verneint]”, dice de sí mismo el Mefistófeles de Goethe. La izquierda, sostuvo Roger Scruton en Fools, Frauds, and Firebrands, es mefistofélica: lo que la define es su “esencial negatividad”, su “grito contra lo vigente en nombre de lo desconocido”: critica implacablemente las imperfecciones reales o imaginarias de la sociedad actual sin proponer otra alternativa que, en el mejor de los casos, borrosas utopías (en el peor, la simple reedición de lo que una y otra vez –de Lenin a Mao, de Pol Pot a Castro o Chávez- ha desembocado en fosas comunes y colas para comprar papel higiénico).

La pobreza absoluta ha descendido en los últimos 25 años a una velocidad nunca vista en la historia, pero la izquierda se las ingenia para ver la economía global como un expolio sistemático de los “países empobrecidos” por los “explotadores” (y dentro de los países ricos, como un “austericidio” que tendría a “los de abajo” en la miseria). Las mujeres gozan en Occidente de una igualdad con el varón que habría resultado impensable hace sólo unas décadas: la izquierda nos dice que en realidad viven en un infierno de discriminación, “brecha salarial”, acoso me too y violencia de género. Y lo mismo podríamos decir de las relaciones entre las razas, la situación de los homosexuales, y otros asuntos.

Caracteriza al intelectual de izquierda una autoatribuida lucidez que le permite descubrir la enfermedad bajo la aparente salud

Caracteriza al intelectual de izquierda una autoatribuida lucidez que le permite descubrir la enfermedad bajo la aparente salud, la mentira que subyace a la engañosa verdad. La operación favorita de la izquierda es el desenmascaramiento, y su signo de puntuación preferido son las comillas irónicas con las que uno muestra que ha tragado la píldora roja y que no cree en “la libertad”, “los derechos” o “el bienestar” que nos ofrece “el sistema”. Por eso se suele decir que los padres de la izquierda son los tres “pensadores de la sospecha”: Marx, Nietzsche y Freud. Cada uno de ellos nos enseñó a desconfiar –en formas diversas- de nuestra racionalidad, nuestra percepción y nuestro sentido moral.

Pero hoy quiero volver a ese 1968 del que hemos tratado ya varias veces (y no sólo porque se cumpla el cincuentenario, sino porque entonces se abrió un ciclo histórico en el que seguimos inmersos). Del Mayo francés dijo Jacques Baynac que fue “la primera revolución de la historia producida, no por la miseria, sino por la abundancia”. En efecto, la generación que tenía 20 años en 1968 era la primera que había sido criada en la suficiencia (no en vano John K. Galbraith habló de “affluent society”) -con televisión, coche y electrodomésticos- y que había accedido masivamente a la educación superior. Europa vivía “los Treinta Gloriosos”: tres décadas con tasas de crecimiento que rondaban el 5% anual.

Entre los pensadores que inspiraron a los soixante-huitards destaca Herbert Marcuse. El hombre unidimensional fue publicado en 1964, el año en que llegaba a la Universidad la primera promoción de baby boomers, se desmantelaba definitivamente en EE.UU. la segregación racial y Occidente podía celebrar por fin la erradicación de la miseria. Ah, pero toda esta bonanza, afirmaba la “tercera M” del 68 (Marx, Mao, Marcuse) no era más que una sutil cadena: “la productividad [de la affluent society] destruye el libre desarrollo de las necesidades y facultades humanas; su paz se mantiene mediante la constante amenaza de guerra; su crecimiento depende de la represión de las verdaderas posibilidades de pacificar la lucha por la existencia”. Pese al espejismo de libertad, “la dominación de la sociedad sobre el individuo es inmensamente mayor que nunca”. El hecho de que las personas no se sientan oprimidas es precisamente la seña diferencial de la dictadura perfecta: “Los individuos y las clases reproducen la represión sufrida mejor que en ninguna época anterior, […] [pues la represión tiene lugar] sin un terror abierto: la democracia consolida la dominación más firmemente que el absolutismo”. Falsa democracia, falsa libertad, falso bienestar. No debemos creer lo que nos muestran nuestros propios ojos: el filósofo freudomarxista sabe más, y nos adiestra en la desconfianza universal.

¿Podremos celebrar que la clase baja goce ahora comodidades y diversiones antes reservadas a los muy acaudalados? No, pues eso significa que todos hemos quedado igualmente atrapados por la red de “falsas necesidades”: “Si el trabajador y su jefe se divierten con el mismo programa de TV y visitan los mismos lugares de recreo; si la mecanógrafa se viste tan elegantemente como la hija de su jefe; si el negro tiene un Cadillac […], esta asimilación indica, no la desaparición de las clases, sino la medida en que las necesidades y satisfacciones que sirven para la preservación del sistema establecido son compartidas por la población subyacente”.

¿Es Marcuse simplemente un crítico del materialismo consumista, y está proponiendo un retorno a la religión y lo espiritual? Pues no, ya que reconoce que las iglesias están llenas (hablamos de 1964), pero eso es una señal más de la alienación general: “El dominio de tal realidad unidimensional no significa que reine el materialismo y que desaparezcan las ocupaciones espirituales y metafísicas. Por el contrario, hay mucho de “oremos juntos esta semana”, “¿por qué no pruebas a Dios?” […]. Pero estos modos de protesta y trascendencia ya no son contradictorios del statu quo y tampoco negativos”.

 Como el Pablo Iglesias que “se emociona” al ver cómo es pateado un policía, Marcuse vibra con las guerrillas tercermundistas capaces de poner en jaque a Occidente

Por tanto, no se reprocha –o no sólo- al statu quo que sea materialista, sino que sea… el statu quo. El pathos del freudomarxismo es la negación mefistofélica, la rebeldía por la rebeldía, el “gran rechazo”: “Tener miedo de ser demasiado negativo, el deseo comprensible de ser un poco más optimista […] son buenas intenciones que alimentan ilusiones, desvían y debilitan a la oposición, al tiempo que favorecen al régimen establecido”.

Marcuse, por otra parte, constata el aburguesamiento de la clase trabajadora y sabe que tendrá que reclutar en otros sectores a los individuos capaces de un rechazo radical a todo lo vigente. Como para Michel Foucault, su esperanza está en los marginados, los desequilibrados, los inmigrantes, los homosexuales… (“el sustrato de los proscritos y extraños, los explotados y los perseguidos de otras razas y otros colores”): afortunadamente, todavía “existen fuerzas y tendencias que pueden hacer estallar la sociedad”. Como el Sartre del prefacio a Les damnés de la terre –y como el Pablo Iglesias que “se emociona” al ver cómo es pateado un policía- Marcuse vibra con las guerrillas tercermundistas capaces de poner en jaque a Occidente: los argelinos del FNLA (que, tras expulsar a los pieds noirs y masacrar a los harkis, conseguirán sumir al país en la dictadura y la pobreza), los norvietnamitas del Vietcong (Marcuse morirá en 1979, justo cuando cientos de miles de boat people intentan huir del Vietnam finalmente entregado al “gran rechazo”): “Estos “condenados de la tierra” […] son pueblos enteros y no tienen de hecho otra cosa que perder que su vida al sublevarse contra el sistema dominante”.

Y cuando hayamos conseguido destruir esta sociedad tan represiva, ¿qué pondremos en su lugar? A la hora de dibujar alternativas, Marcuse se muestra tan impreciso como los demás pensadores de la Gran Negación (incluido el Marx que dijo que el comunismo consistiría en “cazar por la mañana, pescar a mediodía y ejercer la crítica al atardecer”). La destrucción de la sociedad productivista-competitivo-agresiva permitirá la eclosión espontánea de un paraíso en el que la automatización nos descargará de la necesidad de trabajar y donde las “falsas necesidades” serán sustituidas por las “verdaderas”. En uno de esos juegos de palabras a los que también era tan aficionado Marx, Marcuse nos explica que entonces ya no tendremos (falsa) “libertad económica”, sino (verdadera) “libertad de la economía” (es decir, que estaremos liberados de la obligación de trabajar y ganarnos la vida).

La liberación social permitirá una liberación sexual inédita, que incluirá la desaparición de la odiosa familia tradicional

Además, la liberación social permitirá una liberación sexual inédita, que incluirá la desaparición de la odiosa familia tradicional. Freud había llegado a reconocer –en El malestar en la cultura– que la contención del instinto sexual era necesaria para el equilibrio psíquico y para el progreso de la civilización (pues el instinto sexual reprimido puede reconvertirse –mediante el mecanismo psíquico de la “sublimación”- en creatividad artística o científica, y en denuedo laboral). Marcuse, freudiano inconsecuente, afirma que la represión sexual no es consustancial a la especie humana, sino sólo al modelo económico capitalista. Tras la revolución gozaremos, no sólo de la holganza infinita, sino también del fornicio indiscriminado. Además, volveremos a una sexualidad polimorfa e imaginativa –que incluirá todo lo que actualmente es rechazado como “perversiones”- pues la centralidad del coito es también una imposición cultural del capitalismo, necesitado de una alta natalidad que asegure la renovación de la fuerza laboral.

Este es el orate que inspiró –en mayor medida que cualquier otro- la gran revolución contracultural de los 60-70, en cuya estela todavía vivimos. Consiguió inocular a toda una generación de jóvenes el desprecio hacia su propia sociedad y cultura. Los exhortó al amor libre y a la deconstrucción de la familia. Pero el paraíso post-productivista no llegó. Las “verdaderas necesidades” del hombre liberado resultaron ser las de pasar el día abismado en el móvil y el ordenador. Y hoy Occidente, que desechó la “imposición cultural de la natalidad”, se asoma a la insostenibilidad por falta de relevo generacional.

Foto: Marcuse family, represented by Harold Marcuse


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Francisco José Contreras
Soy catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, donde he ejercido la docencia desde 1996. He escrito y/o dirigido diecisiete libros individuales o colectivos, tanto de cuño académico como dirigidos a un público más amplio. Entre ellos: La filosofía de la historia de Johann G. Herder; Kant y la guerra; Nueva izquierda y cristianismo; Liberalismo, catolicismo y ley natural; La filosofía del Derecho en la historia; El sentido de la libertad: Historia y vigencia de la idea de ley natural; ¿Democracia sin religión?: El derecho de los cristianos a influir en la sociedad; La batalla por la familia en Europa; Una defensa del liberalismo conservador. Activo conferenciante, colaboro regularmente, además de en Disidentia, en Actuall y esporádicamente en Libertad Digital, ABC de Sevilla, Diario de Sevilla y otros medios. He recibido el Premio Legaz Lacambra, el Premio Diego de Covarrubias, el Premio Hazte Oír y el Premio Angel Olabarría. Pertenezco al patronato de la Fundación Valores y Sociedad.

19 COMENTARIOS

  1. “La pobreza absoluta ha descendido en los últimos 25 años a una velocidad nunca vista en la historia, pero la izquierda se las ingenia para ver la economía global como un expolio sistemático de los “países empobrecidos” por los “explotadores” (y dentro de los países ricos, como un “austericidio” que tendría a “los de abajo” en la miseria)”.

    Vaya, Francisco José, con ese indicador absoluto, además de tranquilizar la conciencia y darnos por satisfechos, lo que no sea conformarse y plegar velas, son ganas de incordiar y marear la perdiz.
    Y por cierto, qué me dice de la pobreza relativa: ¿también ha descendido, ha aumentado, se ha mantenido estable o acaso medirla resulta más inverosímil, complejo e incómodo para el observador o el experto que la mide? Y lo más importante, ¿Quién o qué refleja esa supuesta realidad? ¿Los datos estadísticos, los análisis “imparciales, completos y absolutos” de los mismos expertos sociales a los que se acusa de manipular la realidad a su antojo en otros ámbitos? ¿Existe alguna razón de peso para no cuestionar y poner bajo sospecha los datos que nos presentan en relación a los índices de pobreza en el mundo mundial? Y si la hay, ¿Es la misma que nos sirve para no cuestionar los resultados de los sondeos demoscópicos o de otros estudios sociales que señalan, confirman o desmienten en una determinada dirección?

    Me sorprende el artículo de hoy, no por la fijación sistemática que tiene Disdentia con “la revolución del 68”, sino por el enfoque peyorativo que se da a la actitud saludable de poner el sistema o el orden vigente “bajo sospecha”. Digo que me sorprende porque, aparte de considerar la “vocación” de disidencia de este medio y de sus colaboradores habituales para deconfiar de lo que sucede alrededor de nuestro entorno social y mediático, la historia de la humanidad es lo que es, precisamente, por no haberse conformado con el orden establecido en su tiempo y lugar o por haber cuestionado directamente y puesto bajo sospecha la evolución de su cultura y su repercusión en la sociedad de su época.
    Y al igual que en términos ecológicos la producción de energía ha discurrido a través de sucesivos estadios de competencia técnica, la historia de la humanidad, en su alternancia de avances y retrocesos o no exenta de periodos de clara involución, también ha evolucionado a través de distintos estadios de competencia espiritual, intelectual y científica.
    De manera que, la Ilustración no puede entenderse sin el conocimiento de un periodo renacentista previo y éste a su vez se entiende y cobra más sentido después un largo periodo Medieval. Incluso los efectos de ese periodo renacentista que cuestionan el orden vigente y ponen todo patas arriba, no solo se dan en el ser humano, sino que también se da en el ámbito espiritual y religioso. A mitad del siglo XVI aparece la iglesia luterana en Alemania y poco después aparece la calvinista en Francia. Inglaterra rompió con la obediencia de Roma y fundó la iglesia anglicana, al tiempo que la misma iglesia católica sufrió una profunda reforma en el Concilio de Trento. Ya ve, en el orden moral y religioso, dentro del seno de la iglesia, también se atisban brotes incontrolables de disidencia, amén de haberse inoculado el virus de la duda que les permitió renacer, después de cuestionar, escindir y reorganizar ese orden moral supremo que había sido vigente hasta ese momento.

    Dice que: “La gran revolución contracultural de los 60-70, en cuya estela todavía vivimos. Consiguió inocular a toda una generación de jóvenes el desprecio hacia su propia sociedad y cultura”.

    Quizás influyera en ello el hecho de que las ciudades norteamericanas estallaron en diversos conflictos raciales y crímenes callejeros. Por no hablar del fracaso que supuso el proyecto CAMELOT en ciencias sociales, cuando dejó de ser un secreto para la opinión pública y los gobiernos extranjeros denunciaron el proyecto como una” injerencia en los asuntos internos” y los científicos sociales, en lugar de investigadores imparciales, eran vistos como marionetas del gobierno norteamericano. El presidente Lyndon Johnson lanzó un plan de “Guerra a la pobreza” para apaciguar los ánimos, pero los disturbios, el crimen, las protestas contra la guerra del Vietnam o la lucha por los derechos civiles eran claros indicios de que los norteameriacono no se conformaron y pusieron ciertos acciones de su gobierno bajo sospecha.
    Estaba justificado entonces y a juzgar por lo que ocurre actualmente en nuestro país, en Europa y en el resto del mundo, parece justificado ahora, desconfiar o dudar de la realidad política y social que se nos presenta; parece justificado acombatir ese discurso imperante y moralizante del Estado, enredado en el dogma de lo políticamente correcto y sin caer en la paranoia, parece saludable y edificante poner bajo sospecha los hechos oficiales que nos presentan si no coinciden con la realidad de la experencia.

    Saludos,

    • Marcuse y demás ideólogos de cualquier ideología no es que estén en “contra del sistema”, sino que ponen en duda el orden natural de las cosas, quieren destruirlo y sustituirlo por una abstracción imaginada por ellos en sus cerebros, por eso ponen todo en cuestión porque quieren construir un mundo nuevo habitado por un hombre nuevo, que no tiene absolutamente nada que ver con la realidad, con el ser humano real. Como el mundo hoy está dirigido por la ideología progresista el disidente es el conservador, aquella persona que cree en la tradición (de traditio, entrega) de la experiencia, que cree que hay un orden natural y que ese orden natural es bueno (“Y vio Dios todo lo que había creado y vio que era bueno”). Por poner un ejemplo, hoy la disidencia consiste en decir que los hombres tienen pene y las mujeres vagina y que eso es bueno. Esta afirmación es un acto de rebeldía conservadora en defensa del orden natural
      Respecto a la pobreza es evidente que ha disminuido, esos son datos objetivos. El problema es qué entendemos por pobreza y como medirla. Hoy en día llamamos pobreza a situaciones que hace 30 o 40 años en ningún caso se considerarían pobreza. Y la razón de ello es que al aumentar el nivel de vida aumenta también el umbral por debajo del cual se considera que hay pobreza, convirtiendo a la pobreza en algo relativo.

      • “Marcuse y demás ideólogos de cualquier ideología no es que estén en “contra del sistema”, sino que ponen en duda el orden natural de las cosas”
        No dudo que en algunos casos pueda ser así (bien traída la disidencia de “los niños tienen pene y las niñas vagina”), pero en la mayoría de las ocasiones, las ideologías y las visiones alternativas de la realidad circundante son perfectamente naturales en su esencia, además de legítimas en sus manifestaciones y lo que suelen cuestionar es el sistema vigente que impera en ese momento, el status quo o el orden establecido con poder y dominio sobre la economía, la moral, la cultura, las tradiciones o las prácticas sociales. Cuestionarlas, querer cambiarlas y ponerlas bajo sospecha a través de la disidencia es un impulso natural del ser humano y una constante a lo largo de la historia.
        Por otro lado, referirse a la pobreza en términos absolutos no deja de ser una generalidad en la que apoyarse para eliminar el problema y evitar el debate que usted plantea: ¿Qué entendemos por pobreza en la época que nos ha tocado vivir y cómo medirla?

  2. Nietche no era un utópico “los filósofos han venido manejando desde hace milenios momias conceptuales, de sus manos no salió vivo nada real” y tampoco era judio.
    “El cristianismo es una moral de esclavos que tienen su origen en el resentimiento contra la vida” , aquí se refería al socialismo.
    El análisis linguistico de la verdad, genealógico lo llama, descubre que han mutado los significados de lo que consideramos bueno o verdadero: la transmutación de los valores: surge la necesidad de una auténtica moral de señores, Aquí se refiere al lenguaje políticamente correcto actual. Un visionario

      • En primer lugar perdone el tono pero es que lo que normalmente se comenta de Freud clama al cielo. Supongo que no le he leido bien, y si ha leido el ” Moisés ” pues entenderá los puntos que comento sobre este autor y que lo diferencian de los otros dos, bastante paranoicos por cierto pero también grandes pensadores. Pero además hay que considerar el momento histórico en que Marx, Nietzsche y los demás piensan como piensan. Yo veo más grave que después de lo que ha caido haya gente creyendo en ” El sistema que nos vigila y castiga” y esas cosas. Sobre Freud: es ya muy repetido lo que dijo Freud sobre que la religión era una ” ilusión “; esto ha calado bien entre los ignorantes, pero para eso en el ” Moisés ” Freud se corrige, como otras veces, y dice, más o menos explicitamente, que la religión cristiana supuso un progreso en la espiritualidad y que es el máximo exponente cultural que ha alcanzado el hombre. Sobre las utopías Freud no es un utópico sino todo lo contrario. Él siempre defendió la ” normalidad ” y decía que era feliz con su familia, su trabajo y su ramo de flores todos los días. Respecto al tema del ” Sujeto “, Freud nunca usó este término pero con otras palabras creía en un sujeto ético y esa ética, por supuesto, se encontraba en el Nuevo Testamento. El hombre es libre y decide. Y por último la verdad existe y hay una verdad histórica, la verdad está en la historia del hombre. Gracias y perdone.

        • Pero es lo que he dicho en mi artículo: que Freud NO fue un revolucionario; no pensaba que ningún cambio social pudiese acabar con la represión sexual, y sí que ésta resulta imprescindible para la civilización (porque el instinto sexual reprimido es sublimado en creatividad cultural). He intentado explicar que Marcuse no fue un freudiano consecuente. Marcuse distinguió entre la “represión básica” inevitable y la “represión excedente” que es fruto del modelo capitalista. De ahí la promesa de una revolución sexual cuando acabemos con el capitalismo y podamos eliminar la “represión excedente”. (Respecto a Freud y la religión: me temo que su actitud frente a todas las religiones -incluido el cristianismo- fue enormemente hostil. La religión es para Freud “fijación en un infantilismo psíquico y participación en un delirio colectivo” (“Malestar en la cultura”).

          • Leí a Marcusse en su momento, en los setenta, y tiene ya poco interés para mí. Efectivamente hay una represión de instintos ( si no, seríamos animales y nada más ). Hay dos prohibiciones primordiales: el incesto y la violencia. La Ley Paterna se encarga de esa función, que incluye además el nombramiento del hijo mediante los Textos Primordiales, básicamente el Edipo, el relato del héroe, que así se construye como Sujeto ( cosa que no consiguen los niños autistas por ejemplo ). Una vez constituido el Sujeto la pulsión, la animalidad, habrá encontrado un cauce simbólico para poder gozar y a la vez el deseo permitirá el dissfrutar de los placeres. La ” represión excedente” no se lo que es, pero a lo mejor se refiere a la practicada por los puritanos protestantes en sus centros de culto. Y la religión, precisamente, la nuestra, la cristiana, no solo no es un delirio sino que nos evita caer en el delirio. ESto ocurre, claro, incoscientemente; yo soy ateo pero mi incosciente no. Ahí es donde habita el ser mítico, religios¡o que llevamos dentro. Ahí están nuestros principios éticos cristianos. Y esos mitos nuestros los podemos encontrar en nuestro libro de mitos que es la Biblia. Pero, repito, hay que leer al cuarto ( según Jesús Gonzalez Requena ) y definitivo Freud, el del ” Moisés “.

          • El tratamiento que Freud concendió a la sexualidad como uno de los principales impulsos humanos fue un soplo de aire fresco en una época tan rígida, represiva y moralizante que no aceptaba la parte animal de la naturaleza humana y la condenaba al infierno del fuego eterno.
            Celebro que cite la obra: “El malestar de la Cultura” que viene a representar en lo esencial el trabajo desarrollado por Freud y en el que retoma el problema de la Ilustración, en su vano intento de reconciliar la felicidad humana con el avance de la civilización. El pesismismo que muestra en este sentido coincide con la visión de Hobbes.
            En el siglo XIX la religión era considerada una poderosa aliada de la civilización y Freud, dando rienda suelta a su ateismo, tuvo oportunidad de utilizar el psicoanálisis para desentrñar sus entresijos en “El porvenir de una ilusión”, obra precursora de “El malestar de la cultura”.
            Para él la religión era: “Una ilusión peligrosa porque las enseñanzas dogmáticas atrofian la inteligencia manteniendo a la humanidad en un estado infantil”. La actitud que los creyentes muestran en público es distinta a la que muestran en privado (aquí dudan de la fe y se sienten atormentados e infelices al plegarse a esos preceptos religiosos)
            Freud está convencido de que: “A medida que la civilización progresa, la felicidad disminuye”. Sin embargo, de acuerdo con Hobbes, cree que la civilización es necesaria para la supervivencia de los humanos y ejerce una función protectora de la humanidad, dándonos una vida más segura y más cómoda (filosofía, ciencia, tecnología…), pero el precio a pagar a nivel individual, según Freud, es “la infelicidad y las neurosis”.

            Y lo cierto es que no iba tan desencaminado, porque, “las enseñanzas dogmáticas”, sean del signo que sean (no necesariamente religiosas) además de ser ilusiones peligrosas, lo que hacen es atrofiar la inteligencia y perpetuar el estado infantil de la sociedad. Y por otro lado, las tensiones individuales y sociales que se acaban traduciendo en la frustración y ansiedad actuales, suelen producierse cuando se muestra más empeño en satisfacer o adaptarse a las necesidades culturales que a las propias necesidades reales y humanas.
            Según Freud, los tres golpes a la autoestima humana eran:
            “1- la demostración de que los seres humanos no vivimos en el centro del universo.
            2- La demostración darvinista de que los seres humanos somos meros animales, concretamente simios evolucionados.
            3-La demostración de que el ego humano o la conciencia de uno mismo pueda estar a merced de unos impulsos primitivos que no nos atreveríamos a reconocer en público”.

            Saludos,

  3. Lo que comentamos siempre y nadie es capaz de ponerle el cascabel al gato.

    Recientemente Tucker Carlsson ha publicado un libro llamado “Ship of Fools” en el que destaca un dato.

    Google tiene 20.000 ingenieros y científicos (20.000!!!!!) contratados para hacer cada vez “mejor” y más “sabio” su motor de búsqueda….ya no hablemos de otras aplicaciones o productos suyos

    Otro “dato”: uno lee los artículos de la Wikipedia y parecen escritos por un individuo cruce entre las tesis de Marcuse y las de Soros

    Se habla mucho desde la crisis del “Crony Capitalism” (capitalismo de amiguetes) pero es que es todo es “crony” la “cultura” las artes la academia…todo

    Y no sigo que enciendo.

    Me acaba de llegar una foto de unos escolares belgas de unos seis años presenciando un coito en directo y a dos metros como parte de su “educación” según la “ideologia de género”. No sé si será un montaje o realidad,,,, como sea real voy a tener que salir corriendo al aeropuerto…

    Saben de una buena tienda de lanzallamas en el entorno de Bruselas o pregunto directamente en Mollenbeck?????

    Ah!!! por cierto si consigo hacer acopio a lo mejor me paso por Waterloo a hacerle una visita a Carles

    • Las economías de escala en los aprovisionamientos son obvias.

      2 por el precio de uno.

      El coito ¿sería en flamenco o en valón?. No es coña, en la cataluña nazi comenzaron (con tal de subvencionar a la causa) doblando las pelis porno al catalán (el de la Pompeu y Fabra)

  4. TWO GUNMEN AND THE BURIDAN’S DONKEY

    Estaba el pistolero acodado a la barra de aquella cantina polvorienta, cuando entró el vaquero y le dirigió una mirada retadora. El “barman” corrió a esconderse detrás de un espejo y los dos o tres parroquianos habituales se apartaron de sus mesas. En las habitaciones de la segunda planta cesó el alboroto de las plumas y los colchones, y grititos y sofocos del placer alquilado no volvieron a reanimarse en largo rato.

    El pistolero se ajustó el cinturón, se puso en jarras, sacó un reloj del bolsillo de su chaleco y a continuación encendió un pequeño puro. El vaquero repitió los mismos gestos y además extrajo un libro que llevaba en el bolsillo inferior de su pantalón, abriéndolo por donde al parecer lo había dejado horas antes. El pistolero no confundió este movimiento con una amenaza, pues él mismo solía portar en esos bolsillos ocultos libros igualmente desafiantes y peligrosos.

    El pistolero se acercó con preventiva lentitud al vaquero y, al estar apenas a un metro, cara a cara, le espetó con una voz irritante que denotaba abiertamente provocación y malevolencia:

    -¿”Razón y revolución”?

    -No, amigo, “El hombre unidimensional”.

    Se midieron con la vista una vez más, ambos guiñaron los ojos, el sudor se agolpaba en su frente y en sus sienes, requemadas largamente por soles extranjeros. Ninguno se atrevió todavía a entablar el diálogo socrático que tanto tiempo llevaban aguardando. En un mismo movimiento de unas manos ágiles y acostumbradas extrajeron los revólveres de sus fundas, tantas veces acariciadas… y los dejaron encima de la mesa de billar. Así pues, el pistolero tosió, escupió en el suelo una sustancia negruzca y pegajosa, abrió su libro y con voz pastoral de barítono recitó de una tacada, ante la sabia complicidad del vaquero, que guardaba un silencio eucarístico:

    “El conferir la universalidad a las ideas de la clase dirigente forma parte, pues, de los mecanismos de la sociedad clasista, y, por ende, una crítica a este tipo de sociedad destruiría también sus exigencias filosóficas. Los conceptos universales utilizados son, en primer lugar, aquellos que hipostasian formas deseadas de existencia humana, es decir, conceptos como los de razón, libertad, justicia y virtud y también los de Estado, sociedad y democracia. Todos estos conceptos consideran que la esencia universal del hombre se encuentra materializada ya en las condiciones sociales predominantes o más allá, en un dominio suprahistórico. Marx señala también el hecho de que dichos conceptos se vuelven cada vez más universales en alcance con el avance de la sociedad. Las ideas de honor, lealtad, etc., que caracterizaban a los tiempos medievales y que constituían las ideas dominantes de la aristocracia, tenían una atracción mucho más restringida y se aplicaban a menor número de personas que las ideas de libertad, igualdad y justicia de la burguesía, lo cual refleja el hecho de que la base de esta clase es mucho más amplia. De este modo el desarrollo de las ideas dominantes se alinea con la creciente integración económica y social y al mismo tiempo la refleja”.

    Y el burro, atado a la entrada del establo junto a la cantina, que no se decidía entre comer paja o cebada, repuso en correcto alemán:

    -Ja, ja, ja…

  5. Gran análisis, pero un poco parcial. Ni mil libros como el de Marcuse lograrían los efectos descritos si no hubiese, además, una ola real, mucho más fuerte que meramente pensada, de fondo. El análisis de HM es bueno desde un punto de vista de izquierdas, pero penoso si se olvidan esos prejuicios. Sin embargo, su simple contradicción no ayuda lo suficiente a entender lo que nos pasa. ¿Sería nuestro mundo distinto si un famoso como Marcuse hubiese hecho un análisis como el de Contreras? Me temo que no mucho. ¿Por qué “triunfa” Marcuse? Se le puede echar la culpa a algún diablo, pero eso no acaba de estar bien. “Triunfa” porque su descripción es un retrato distorsionado de la realidad, pero no por serlo deja de referirse a ella.

  6. “Pero el paraíso post-productivista no llegó. Las “verdaderas necesidades” del hombre liberado resultaron ser las de pasar el día abismado en el móvil y el ordenador. Y hoy Occidente, que desechó la “imposición cultural de la natalidad”, se asoma a la insostenibilidad por falta de relevo generacional.”

    Lo que se dice en estas dos frases merece varias tesis doctorales de las de verdad, no de las fradulentas del Sánchez y compañía. Me temo que la culpa no es sólo de Marcuse. Puede ser que el conjunto de la sociedad, llegado a cierto nivel de desarrollo, se entregue a procesos de autodestrucción por complejos mecanismos donde el narcisismo toma las riendas. Un rasgo de ese narcisismo siniestro está en la creencia generalizada de que la humanidad influye en los cambios del clima, por ejemplo. Por otro lado, hay una curiosa confluencia de intereses entre la extrema izquierda y el tecnocapitalismo actual.

    • “Por otro lado, hay una curiosa confluencia de intereses entre la extrema izquierda y el tecnocapitalismo actual.”

      Eso también merecería varias tesis doctorales.

      He lamentado varias veces en Disidentia que sus autores rehuyan ese tema como la peste. Muchos de ellos cayendo en la adoración de ese neoliberalismo al que de liberal veo muy poco.

      un cordial saludo