Los políticos supuestamente liberales han olvidado uno de los elementos claves del impulso de la libertad de los años ochenta: la desregulación.

En lugar de oponerse a la regulación, los administradores públicos europeos legislan de manera compulsiva con el objetivo de la “igualdad”, la intervención en los asuntos privados de los ciudadanos y en obtener más recursos vía impuestos y deuda pública.

Llama la atención lo poco que se apela a la libertad, al derecho de propiedad y a la intimidad personal, completamente violada. Ejemplo: fin del secreto bancario, otrora sagrado.

Se impone, al menos, una protesta y una solicitud de que algún partido enarbole la bandera de la desregulación

Cada día los ciudadanos estamos bombardeados por miles de diputados europeos y nacionales (elaboran enfrebecidos el Diario Oficial de la Unión Europea), el BOE (ayer 26 de octubre, 70 páginas de regulaciones diversas, decreto-ley, etc,) los 17 boletines oficiales de la CC. AA, los 52 boletines oficiales de las Provincias e importantes y detallistas disposiciones regulatorias para la vida diaria en 11.000 ayuntamientos españoles.

En las democracias liberales del siglo XIX e inicio del XX, las leyes era muy eficaces, pocas y breves. No tenían exposición de motivos y, por su calidad, duraban decenas de años.

Ahora la Exposición de Motivos constituye una suerte de verdad oficial y excusa para la propaganda política. Si leen la exposición de motivos de la ley LGTBI de la Comunidad de Madrid o el de la Memoria Histórica verán que, además de regular nuestras vidas y visiones de la realidad, nos intentan someter a la corrección política que es un transgresión de la libertad.

Dado que esta fiebre regulatoria e intervencionista es tanto de la izquierda como la derecha política, se impone, al menos, una protesta y una solicitud de que algún partido enarbole la bandera de la desregulación.

Foto: Luke Palmer


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Guillermo Gortázar
Nací en Vitoria en 1951 pero en 1953 mi familia se trasladó a San Sebastián donde realicé mis estudios. En 1970 aterricé en la Universidad Complutense de Madrid. Me interesa la historia y la política. Creo que la Política es la dedicación (temporal) más importante para una sociedad, siempre que se haga con altura de miras y con el objetivo de  un proyecto de libertad sometido a la ley, a la representación y al control de los electores. He sido “político” cinco años contra el franquismo por las libertades, entre 1970 y 1975. Licenciado en derecho y en historia,  después de trabajar tres años en el Banco de Vizcaya, en 1978, gané por oposición una cátedra de Instituto de Geografía e Historia. Disfruté muchísimo dando clases en Vélez Málaga, Las Palmas y Madrid. Poco después obtuve una beca Fulbright, con la que amplié estudios sobre Historia de Europa en el final del siglo XIX y principio del siglo XX. De Madrid llevaba conocimientos; en la Universidad de California, La Jolla, comprendí el secreto de la excelencia universitaria americana y allí me hice historiador profesional. Pasado un periodo de quince años en los que trabajé en banca, enseñanza media y universidad, retorné a la actividad política en 1990, fui diputado en tres legislaturas, hasta  mi dimisión en 2001; inmediatamente después, volví a mi plaza de profesor de historia en la Universidad. El cesarismo y la manía de nombrar los expresidentes a los presidentes terminaron por convencerme que aquello (esto) no terminaría bien. He dedicado buena parte de mi obra reciente a criticar la deriva partitocrática que, a mi juicio, es la base de la crisis política española. Para ampliar estos puntos de vista les sugiero consultar mi página web personal.