Ciertos intelectuales, bastante mediáticos, sostienen que la diferencia entre el patriotismo español y el de otras democracias (de EEUU a Finlandia) es que en éstas el patriotismo implica Orgullo y Vergüenza de lo que hacen tus compatriotas. Y que en España sólo practicamos el patriotismo del Orgullo y no el de la Vergüenza; por tanto, es necesario mantener este sentimiento a raya.

Pero lo cierto es que en España existe un temor reverencial a cualquier expresión patriótica, un complejo relativamente reciente que comienza con la Transición política de los años 70. No es necesario ser muy perspicaz para percatarse de que, al contrario de lo que sostienen esos intelectuales, lo que se ha impuesto entre los españoles es el patriotismo de la Vergüenza. La mera palabra “España” está fuertemente sujeta a censura o autocensura y su expresión como nación ha constituido uno de los tabúes más terribles… hasta el momento.

Es habitual que muchos intelectuales, artistas, actores, políticos y periodistas españoles hagan desprecio de España

Ha sido habitual que muchos intelectuales, artistas, actores, políticos y periodistas españoles hagan desprecio de España. Unas veces de forma sutil y otras ostentosa. Expresiones tan sonoras como “España de mierda” o “Puta España” son pronunciadas, no por personas corrientes en la intimidad de sus hogares, sino por personajes públicos ante los micrófonos y las cámaras, algo impensable en democracias donde existe un sano patriotismo.

El episodio más reciente lo protagonizaron los cantantes Amaia y Alfred, que representaron a España en el festival de Eurovisión 2018. Amaia aseguró entre risas en una entrevista llevarse al festival el libro titulado ‘España de mierda‘, que le había regalado su pareja. Una chiquillada, seguramente forzada por las expectativas de un entorno donde manda el patriotismo de la Vergüenza; es decir, el antipatriotismo.

Años antes, el ya fallecido actor Pepe Rubianes, en una entrevista en la televisión pública catalana TV3 profirió una frase tan ingeniosa y educada como: “que se metan a España en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario; que vayan a cagar a la puta playa con la puta España, que llevo desde que nací con la puta España, vayan a la mierda ya con el país ese y dejen de tocar los cojones“, siendo celebrada por los presentadores del programa.

También el director de cine Fernando Trueba tuvo un “recuerdo” para esa España que le galardonaba con el Premio Nacional de Cinematografía en 2015: “Nunca me he sentido español. Ni cinco minutos de mi vida“, declaró tras recoger el premio y embolsarse los correspondientes 30.000 euros.

Estos son sólo algunos ejemplos extremos. Lo más habitual no es el deprecio o el insulto explícito, sino los sutiles eufemismos con los que se evita pronunciar la palabra España. Así, se suele decir “este país” o “el estado español”, incluso la Selección Española de Fútbol ha pasado a ser “la roja”, probablemente para evitar el nombre maldito. Porque desde hace décadas, el concepto de España y sus símbolos, se han convertido en tabú, en elementos políticamente incorrectos, un fenómeno casi imposible de explicar a cualquier extranjero.

Por consiguiente, la corriente de opinión que justifica la represión del patriotismo por asociarlo a un peligroso y falso orgullo se equivoca, no por un pequeño margen de error, sino groseramente. Y yerra especialmente al limitar el patriotismo a esos dos aspectos pues existe un tercero, mucho más racional y fundamental, que en origen otorga sentido a la nación como comunidad de valores e intereses compartidos: el patriotismo de la Ejemplaridad.

El Patriotismo de la Ejemplaridad

Los chimpancés comparten el 99 por 100 del ADN con los seres humanos y son la única especie de primate que realiza incursiones en territorio enemigo, da muerte a los machos y se apropia de las hembras y del territorio. Sin embargo, al contrario que los humanos, un chimpancé no regresa para ayudar a un compañero que está siendo golpeado hasta morir sino que huye.

Según explica Sebastian Junger en War (2011), el valor es un rasgo exclusivo del ser humano, y tiene un sentido evolutivo al traducirse en una recompensa social. Pero la valentía solo aparece tras desarrollarse la capacidad lingüística: los actos de valor de un chimpancé, al igual que los actos de cobardía jamás podrán ser recordados en su grupo.

Cuando nuestros antepasados aprendieron a hablar, comenzaron a relatar historias que convertirían a las personas en responsables de sus actos y que otorgaban al valor una recompensa social

Cuando nuestros antepasados aprendieron a hablar, comenzaron a relatar historias que convertirían a las personas en responsables de sus actos y que otorgaban al valor una recompensa social. Lo que uno hiciera o dejase de hacer ya no sería olvidado, los actos trascenderían el presente, creando un poderoso incentivo para no darse la vuelta y huir mientras otros afrontaban el peligro. Mejor asumir el riesgo de la lucha que exponerse al desprecio y la segregación.

Cuando las comunidades eran pequeñas, cualquier acto de valor se recordaba fácilmente en las reuniones tribales alrededor de una hoguera. Conforme las comunidades se hicieron más amplias e impersonales, las proezas debían ser mayores para trascender los entornos personales. Incluso, en ocasiones, se magnificaban. Pero el fin siguió siendo el mismo: no tanto el reconocimiento o la exaltación del valiente como el ejemplo, la guía para los más jóvenes. Surgió así el patriotismo.

Hasta hace unos sesenta o setenta años, la gloria adjudicada a los héroes era la razón por la que los jóvenes se sentían compelidos a acudir voluntariamente a la guerra o a luchar con entusiasmo si eran enviados involuntariamente. Conforme las sociedades se volvieron más seguras y prósperas, y los ejércitos se especializaron y profesionalizaron, el heroísmo en el combate dejó de servir de inspiración.

Sin embargo, la ejemplaridad permaneció como un valor crucial asociado al patriotismo. Ya no era necesario jugarse la vida para obtener el reconocimiento de la comunidad. Otras cualidades ocuparon su lugar, como el altruismo, la honradez, el esfuerzo y la capacidad de iniciativa. Los salones de la fama se vaciaron de héroes militares y se llenaron de grandes científicos, empresarios, artistas, literatos. Pero el verdadero patriotismo preservó su esencia: no se trataba de que el ciudadano sin méritos hiciera suya la gloria de otros (patriotismo del Orgullo), sino de que se sintiera estimulado a obrar de manera justa y altruista siguiendo el ejemplo de sus más destacados compatriotas .

España como excepción

Este patriotismo de la ejemplaridad, aunque tienda a languidecer, sigue vigente en la mayoría de las sociedades desarrolladas. Sin embargo, en España, lejos de entenderse como un valor positivo, el patriotismo ha tendido a asociarse con aspectos deplorables, salvo cuando se aplica a los nacionalismos regionales: entonces no sólo es aceptable y políticamente correcto sino que se toleran sus formas más extremas, excluyentes y xenófobas.

Todo este despropósito comenzó en la Transición Política que culminó en la Consitución de 1978, proceso en el que Adolfo Suarez y sus camaradas cedieron a cuantos deseos y reivindicaciones planteaban los nacionalistas regionales, con tal de que aceptasen la Monarquía y al rey Juan Carlos. Surgió así un Sistema Autonómico disparatado en el que la idea de España no sólo desapareció en lugares como Cataluña o el País Vasco, oficialmente fue borrándose también en el resto de España mientras se entregaba el poder a oligarquías locales corruptas, que pretendían trocear el territorio y la ciudadanía para engullirlos con mayor facilidad.

La desatinada propaganda de la Transición no tuvo mejor ocurrencia que identificar autonomía territorial con democracia, relegando la palabra España, y sus supuestas connotaciones centralistas, al purgatorio de lo políticamente incorrecto. Se llegó al extremo de que en algunas autonomías ya no es posible para los niños realizar sus estudios en español y en otras es cada vez más difícil.

Mientras los separatismos proliferaban en un caldo de cultivo especialmente propicio, los partidarios de la unidad de España reaccionaron durante décadas de manera acomplejada, sin atreverse a romper el tabú de lo políticamente correcto

Apaño tras apaño, cambalache tras cambalache, al final hemos desembocado en el caos actual, con un independentismo absolutamente descabellado en Cataluña. Los secesionistas no hicieron más que aprovechar todo el impulso disgregador que, sin freno alguno, proporcionaba el marco constitucional.

Pero, y aquí estuvo el tremendo error, mientras los separatismos proliferaban en un caldo de cultivo especialmente propicio, los partidarios de la unidad de España reaccionaron durante décadas de manera acomplejada, sin atreverse a romper el tabú de lo políticamente correcto. En lugar de reivindicar la idea de España, el patriotismo, se declararon defensores de la Constitución.

Muchos de los contrarios al nacionalismo disgregador dieron en llamarse constitucionalistas, defensores del marco legal e institucional, una desafortunada metonimia dirigida a esquivar el término prohibido. Así, durante años, el vocablo Constitución ejerció de sustituto de la palabra tabú: España. Pero la identificación de España con su marco institucional, de la nación con la Constitución, de la comunidad con un marco legal contingente y transitorio, condujo a un falso silogismo de consecuencias demoledoras: percibir como fracaso de España como nación lo que no era más que el descalabro de un disparatado diseño Constitucional.

Cuando la nación cultural es un tabú y la nación política está en manos de oligarquías y grupos de intereses, se produce un vacío, una orfandad que es aprovechada por los nacionalismos regionales. La necesidad que tienen las personas de sentir su pertenencia a un ámbito social más amplio, de encontrar esa ejemplaridad positiva, es entonces aprovechada por los nacionalismos, que rellenaron el vacío creado por la renuncia a España con una nueva identidad. No fue la afirmación de la nación española sino su negación lo que habilitó y exacerbó el secesionismo regional.

La nación Española ha existido durante siglos, aun con todas las diversidades que se quiera. Y sigue existiendo pese al contumaz empeño por llevarla al limbo

Pero la nación Española ha existido durante siglos, aun con todas las diversidades que se quiera. Y sigue existiendo pese al contumaz empeño por llevarla al limbo para, una vez allí, permitir que sea desguazada lentamente. Tal como se ha demostrado con la intentona secesionista en Cataluña: no han sido los políticos sino la gente corriente la que ha recuperado la bandera de España y sus símbolos a pesar del tabú y la autocensura que pesaban sobre ellos.

El sano patriotismo no es ese nacionalismo que vocifera, que afirma la superioridad sobre sus vecinos, que excluye a quien no pertenece a la tribu, que otorga mérito tan sólo por ser o pertenecer. Es aquel que impulsa a aceptar la propia comunidad, a tratar de emular los actos nobles, el que no genera desprecio hacia el extraño. El verdadero patriotismo es generoso, altruista, induce a los ciudadanos a actuar en bien de los demás, de la comunidad, siguiendo el ejemplo de aquellos cuyo comportamiento estuvo marcado por elevadas dosis de valentía y tesón. Lo definió muy bien John F. Kennedy: “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregúntate lo que tú puedes hacer por tu país“.


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19 COMENTARIOS

  1. “El episodio más reciente lo protagonizaron los cantantes Amaia y Alfred, que representaron a España en el festival de Eurovisión 2018.”

    Acaba de saltar una ventana (banner) con este artículo.

    Solo comentar, que TVE nos saca todos los días a la empalagosa pareja. Cada vez que los veo se me retuercen las tripas. Cómo puede ser que la TVE de todos los españoles nos manipule de esta manera, olvidando que esta pareja se alinea con los que denigran a España.

    Es que a los “españoles de mierda” nos jode que nos presenten como pareja fantástica a estos dos pollos anti-españoles. Ojo, ellos pueden pensar lo que quieran, hacer lo que quieran. Pero que TVE les venda el producto, es demasiado…

  2. La verdad es que comparto lo que expresan en su relato, J&J.
    Se diría que los términos: “España, patria, nación” están más vivos que nunca. Para bien o para mal, no resultan indiferentes. Al menos, en el debate político y social. Por supuesto que estos términos siguen estando en crisis y son tan prohibitivos como siempre. Cuenta la leyenda que el simple hecho de mentarlos despierta la mofa, la hostilidad y la ira de innumerables ciudadanos que, indignados y ofendidos, se rebelan contra ese “fascismo opresor” que representa todo símbolo identitario e identificativo de lo español.

    “¿A qué llamamos España? Basta sacar la cartera y mirar el DNI. Fuera de eso, cada uno llama “España” a lo que le da la gana, sea a la cárcel que aprisiona su maravillosa identidad, sea al sitio con sun, bullfights and flamenco donde libera esa misma identidad. España es sentimentalmente indefinible: cada uno la sueña a su manera. En resumen: nada como el DNI, esa irrefutable verdad administrativa”.

    Esa misma “indefinición sentimental” a la que se refería David Bown en el artículo de Zenda: “Me duele España” y que reducía España a una “irrefutable verdad administrativa”, me hizo comprender que, a falta de un relato común, nacional e identitario con el que sentirnos representados para llenar ese vacío nacional-existencial, la verdad administrativa no es suficiente. Me ha hecho comprender que la fuerza de nuestra nación nace siempre en la adversidad y que no hay estímulo más poderoso para despertar el espíritu patriótico que la perversión desigual de los valores identitarios, junto al abuso, la discriminación y la humillación permanente a los símbolos que nos representan en beneficio de otros.
    No, la “verdad administrativa” como el mundo para James Bond, nunca es suficiente. Funciona plácidamente mientras no haya conflicto, razón o motivo que sugiera activar como mecanismo de defensa otros resortes.

  3. El concepto de nación es un concepto romántico; y, como todos los conceptos románticos, tiene más de mito de que realidad. La nación no existe más allá de quienes se sienten pertenecientes a ella. Es muy parecido a dios, dios existe sólo en la mente de quienes creen en él.
    ¿Cuál es el origen de la nación? Como muy bien dicen los autores, la tribu. Por lo tanto la nación no es más que la extensión del concepto de tribu.
    Podemos entender, entonces, la nación como una tribu venida a más. Una vez dicho lo cual cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿son mejores las tribus grandes o las tribus pequeñas? Pues mire usted, esa es una pregunta que depende de tantos factores que uno no puede responder más que: depende de las circunstancias.

    Desde mi posición libertaria creo que, lo más apropiado para la defensa de los derechos del hombre como individuo, es que las naciones sean lo más pequeñas posibles. De esta forma cada individuo tiene más poder sobre el conjunto de la nación y no cabe la posibilidad de que el gobernante de la misma acumule la fuerza suficiente para aislar a la población mediante la imposición de fronteras impermeables o idiomas inútiles, privándole así del progreso que trae consigo el comercio sin fronteras.

    Al margen de lo dicho, los cuentos de héroes y de superioridades raciales no son más que gilipolleces para gente de condición lanar.

  4. Para no equivocarnos y perdernos en cuestiones insondables tan profundas como el patriotismo, lo primero que debemos entender es la diferencia entre nacionalismo y patriotismo, el Maestro Trevijano nos lo explica con sencillez y claridad. Dice:

    “El patriotismo, sentimiento natural de la especie, pide respeto y piedad por todo lo que la necesidad humana ha hecho común. El nacionalismo, sentimiento cultural de la ambición de poder, pide desprecio e impiedad por todo lo que la libertad o la naturaleza hacen distinto.” “El sentimiento natural de la patria no produce voluntad de poder. Es la ambición de dominio del nacionalismo la que se apodera de aquel sentimiento tranquilo y lo convierte en emoción rencorosa y ardiente de envidia del Estado.”

    No estoy de acuerdo con el artículo aunque todo lo que dice es cierto, puede parecer una contradicción pero no lo es en absoluto. Conocer que es y hasta donde alcanza el patriotismo es tarea imposible para ninguno de nosotros, el patriotismo español es aún más dificil de comprender, quizás sea uno de los más complejos del mundo. Como nos dice Trevijano el patriotismo es un sentimiento tranquilo y por lo tanto no tiene ninguna necesidad de expresarse.
    Cuando Trueba reniega de la nación española lo único que está expresando es su españolidad y su ignorancia, de la misma manera que cuando Rita Maestre entra en una capilla con las tetas al aire está expresando su catolicismo defectuoso. Cualquier hombre medianamente inteligente sabe que esto es así.

    La mayoría de las personas tienden a pensar que el patriotismo es definible y cuantificable, es un tremendo error, tal es el error que han cometido todos los políticos, analistas, politólogos y expertos en golpes de estado en los últimos cuarenta años en España y especialmente en los últimos dos años. La portada del periódico El País es un ejemplo diario de lo que acabo de decir.

    El patriotismo no es manipulable por no ser cognoscible, el patriotismo nos trasciende a la manera de un arquetipo jungiano.
    Pensemos solamente una cosa, si Napoleón se equivocó con los españoles hasta donde pueden equivocarse Évoles, Ferreras, Sánchez, Rajoys, Arriolas o Puigdemones.

    Yo personalmente me lo estoy pasando muy bien en estos últimos tiempos, ya me han cambiado la nacionalidad Española por la Facha y en TVE ya no soy español sino unionista.

    Todo el juego mediático y político por ningunear el sereno patriotismo español, todo el esfuerzo por desacreditar la unidad de la nación cultural lo único que consigue es fortalecer los lazos que nos unen. Asi de cabrón y de listo es el patriotismo, juega con nosotros como quiere, y encima se permite el lujo de mostrarnos a nuestros compatriotas gilipollas. Estamos obligados a comprenderlos si a lo largo de nuestra vida hemos sido capaces de comprendernos mínimamente a nosotros mismos.

  5. Aquellos que lo malgastan para sus exclusivos afanes, han reducido la idea del patriotismo a un mero constructo semántico.
    Moldean a su antojo el concepto como una bola de pasta y, hoy, es uns instrumento manido y nauseabundamente manipulado al servicio de mercaderes de la “cultura” de la opinión bastarda y de la política oportunista. En la conciencia de todos ellos no se encuentra ya una sola brizna de valores morales.
    La patria se ha reducido a vulgar materia prima de la soez charlatanería “intelectual” por cuyas fauces envenenadas se rapea la mas deformada visión de un sentimiento noble, que ya solo anida de manera inmanente en muchos seres sencillos, a los que estos miserables ofenden a diario, unas veces malversándolo y otras, creándoles, como brutal paradoja, un sentimiento culposo
    Unos y otros, son la excrecencia purulenta, de un roble orgulloso y antiguo, a la que resulta de toda urgencia identificar, para una vez señalada y condenada, combatirla sin denuedo, porque en ello nos va, ni mas ni menos, que la idea acuñada sobre nosotros mismos a lo largo de la história, no de las siniestras ucronías del enemigo.
    Situados aquí, la representación genuina del patriotismo se alberga en el “factum”, en lo que hacemos u omitimos; los conceptos éticos y morales que inspiran nuestras voliciones y, por ende, nuestra distinción como pueblo.
    El hecho moral, la conciencia del deber, de la ética formal. El cielo en la tierra del trabajo bien hecho.
    A las naciones se las reconoce, en términos comparativos por la resultante, por el sumatório, de los logros individuales de sus gentes.
    Cuando en el ámbito de las ciencias, de las letras, del arte o del deporte, se da la emergencia de logros de los individuos o sus empresas, ello contribuye, sin duda, a la representación mejor de la imagen de su país. No hay duda.
    Pero tiene que estar secundada con una miriada de actos virtuosos de la gente anónima en su relación con los demás, de su sentido del civismo, de la aportación a su familia, a su trabajo a todo cuanto suponga ponerse a la altura de cualquier expectativa favorable de que sea objeto, orientando todos sus actos a la excelencia, sin por ello vincularlo al reconocimiento de los otros, como altar moral al servicio de sí mismo.
    Cuando esto ocurra, y ello estará siempre a nuestro alcance, quedaran al descubierto las caras de los impostores, de todos los bribones y farsantes que hoy mísmo se han apropiado, al exclusivo beneficio de sus ambiciones, de la idea de España como plataforma indisimulada de sus fines, que no son, ni serán nunca, los que nos distinguieron y ensalzaron como pueblo depositario de una grandeza antigua en el concierto de las naciones.

  6. Buen análisis B&B

    Hagan la prueba de hablar en público sobre las Taifas de mierda, veran cómo son censurados.

    Lo peor de ese intento de destruir España es que además nos está saliendo carísimo. Construir 17 Taifas Potemkim llenas de pirados subvencionados es ruinoso.

    Pero tengan claro una cosa. O ellos o nosotros. ahí no valen puntos medios.

    Un cordial saludo

  7. Uno de los problemas es que , por analfabetismo insalvable o por interés o por los dos cosas , la “izquierda” española piensa que a España la inventó Franco , que la Marcha Real la compuso Franco , que la bandera roja y gualda la diseñó Franco y que el “roman paladino en el que suele hablar el pueblo a su vecino” lo estableció Franco.
    Y luego los mierdecillas como el bisojo aquel que nunca se había sentido español han contribuido a denigrar a España y hasta hace poco no solo les salía gratis , sino que cosechaban los aplausos de los analfabetos.
    Pero las cosas están cambiando , ya lo sufrió en su bolsillo el bizco apátrida o el gilitoledo al que ni la Secta ni la Kuadra se atreven ya a sacar a polucionar las ondas.
    Y muchas empresas están cosechando lo que han sembrado en paelladas (Tous) , complicidades (Nestlé) , colaboracionismo (Pans , Yatekomo ,Codorníu , Casa Tarradellas…) o financiación directa (La Caixa) , por poner unos pocos ejemplos.Por cierto , censura total en todos los medios sobre el derecho a decidir a quien compramos y sus efectos.
    Porque este es el único voto que no pueden prostituir

    • precisamente se trata de eso; de que la porción sobre la que podamos decidir con nuestra cartera sea cada vez menor.

      1/ De su renta bruta ¿cuanta se va en impuestos?, se hace algo lejanamente patriótico con sus mpuestos o todo lo contrario.

      2/ De su renta neta, esa magra que le queda. ¿Cuanta se gasta en consumir productos o servicios en libre concurrencia, fuera del monopolio de los de siempre?

      Electridad, telecos, gas, bancos, .. cuanto se le va ahí. Cree usted que esos están precisamente por la patria, por muy marca España que digan predicar.

      De eso ya super magro, que le queda, es de donde usted y yo podemos decidir si compreu o no compreu.

      Lo tenmos complicado. Y en el futuro, si nos quitan el dindro en metálico y nos dan la “paguita” que nos habrán robado antes. Ni eso podremos.

      Nos llegará un whataspp diciendo que nuestros 963,25€ en el banco pueden desaparcr si no dedicamos el 70% de ellos a comprar Tarradella, Codorniu, Nestlé…

      Y el próximo mes el 80%.

      Y la “paguita” reducirse en un 20%…

      Las galletas verdes las hará Gallina Blanca, no lo dude.

      Un cordial saludo

  8. El anti-hispanismo lleva imperando desde hace muchos siglos, desde que no nos perdonan que nosotros, la “África en suelo europeo”, con un “golpe de suerte” hubiéramos descubierto América, convirtiendonos en la superpotencia global, y encima evangelizar al nuevo mundo en la fe católica. Pero es que además el pueblo español se rebeló contra las tropas de Napoleón con una indómita ferocidad que no se había visto en el pueblo llano del resto del continente. No sólo el patriotismo está asociado a la dictadura franquista, sino que los imperios se alzan y caen, y el hispano es el que tiene más posibilidades de volver a levantarse, si los demás no lo evitan a base de sabotear nuestras economías. No quieren que levantemos cabeza y acabemos siendo demasiado influyentes, amenazando con hacernos con la hegemonía cultural que actualmente se disputan los anglosajones protestantes y los progres-comunistas-anticapitalistas.

    Quieren rompernos las alas, quebrar nuestro espíritu, quitarnos nuestra fe en nosotros mismos, hacernos creer que como somos tan patéticos, necesitamos un nuevo tratado de Fontainebleau, que otros de fuera nos digan lo que tengamos que hacer para poder progresar. Pero ya es hora de dejar claro que hace falta un correcto equilibro entre la autocrítica y la autoestima, ambas necesarias, pero potencialmente dañinas en exceso.

  9. “El patriotismo es un invento de las clases poderosas para que las clases inferiores defiendan los intereses de los poderosos” Miguel Gila.

    Su disertación es de lo más extraña en lo relativo a la naturaleza del patriotismo, cuanto menos fantasiosa. Los conflictos de masas (involucran gran parte de la población masculina) son muy recientes en la historia, y, esos mundos de guerra permanente un puro invento.
    Las guerras en las cuales la población (motu propio) defiende con las armas un sistema de valores/ intereses es ínfima en comparación con los conflictos generados por las oligarquías.

    Por otra parte, debemos recordar, a Pepe Rubiales lo imputaron por “ultraje a España”. Esa, quizá, sea una de la razones por la cual se usa poco “España”.

    “El verdadero patriotismo es generoso, altruista, induce a los ciudadanos a actuar en bien de los demás, de la comunidad, siguiendo el ejemplo de aquellos cuyo comportamiento estuvo marcado por elevadas dosis de valentía y tesón.”

    Lo que se suele citar con desvergüenza como patriotismo, no es otra cosa que estulticia. Donde los jóvenes van a morir por intereses de otros sin tener opción empujados por un sistema maligno. Acaban al final defendiendo o muriendo por intereses contrarios a los suyos propios.

    O, como decía un famoso mil-millonario: al que no vale para otra cosa lo mandamos a luchar (y morir) por este país.

    Los mitos, ese olor de los futuros muertos por la causa (héroes), es muy manido en la historia. Y es efectivo a la hora de cortocircuitar el pensar y reclutar “los constructores de pirámides”,… Pero ni patriotismo, ni ciudadanía (valentía + moderación + justicia) van a solventar la papeleta de los individuos.

    Por ello, más bien, lo benigno es hablar de supervivencia del individuo y comunidades de individuos. Todo lo demás un insulto al “areté”.

    • Creo que está usted bastante equivocado, a mi personalmemte me agrada lo que dice, se que a la hora de defender su nación, sus valores o a su familia saldrá corriendo, y eso me alegra porque me garantiza que nadie de los que pretenden romper la unidad la nación está dispuesta a morir por ello.

      Gracias por huir.

  10. En el pasado Primero de Mayo las unicas banderas que gastó la izquierda sindicalista fueron la de la URSS y la 2a. republica, aparte de las sindicales.

    La izquierda española, concretamente el PSOE ha sido el terminator de la idea de España como nación. Ha sido un proceso paulatino pero imparable.

    Todo tiene su sentido: desde la izquierda saben que la revolución social que traiga el paraíso terrenal pasa primero por la aniquilacion de los valores actuales.

    El dia que desaparezca el PSOE haré fiesta como 14 champions seguidas. No ha habido partido que haya causado tanto mal a España.

  11. El antipatriotismo de algunos, como los separatistas catalanes, es una falacia dirigida a eludir responsabilidades por los males que aquejan a España.
    Nadie como los ricos han tenido mas responsabilidad en los casos de corrupción y nadie como los comunistas han estado mas cerca de la gente para evitar toda la mierda en politica que padecemos; y en lugar de aprovechar sus posiciones de poder para mejorar la sociedad, lo que hicieron fué lo que todos los malos de pelicula, aprovechar su influencia para destrozar todo lo bueno que había.
    Ahora huyen hacia adelante dándoselas de no tener nada que ver, así de cobardes y traicioneros son.

  12. En reino de Galapagar, nuestro Camelot, será pronto el germen de la nueva España, la de sus valores, la de sus tradiciones, la de sus gentes laboriosas y abnegadas, que se libraron, al fin, del lastre histórico de la picaresca y la chapuza.
    Arturo y Ginebra serán el espejo, los arquetipos fecundos de los valores de la familia y el honor. No en vano han sido ellos quienes han inspirado a las potencias extranjeras el camino hacia el futuro.
    Lanzarote, ese caballero que nos legó la grande y hermana Argentina para que fuera la luz de los nuevos partidos de la política, singularmente en el primero en el que militó y al que le ha cedido su impronta e insuflado los valores que hoy ostenta.
    Perceval, ese lancero imponente que tras sus gafas y faz homuncular esconde la fiereza y el arrojo que iluminará a las nuevas generaciones.
    Y tutelándolos a todos, Morticia, la bruja maga, la singular y castiza Doña Rogelia madrileña que transmutará con sus poderes áulicos la podredumbre de la Corte hacia el esplendor de la nueva frontera que nos espera tras siglos de ignominia y degeneración de todos los valores.

  13. La clasificación de España de mierda es un término relativo, dependiendo de los ingresos anuales de cada cual y sus percibidas necesidades. Si uno está enrocado con un grupo digamos masónico con acceso a cargos de poder, posiblemente asevere que España es maravillosa por los altos sueldos que se embolsan por hacer teatro y seguir directrices. Lo que parece claro es que este sistema tarde o temprano explota y eso lo saben los altos grados, están preparados para ello y probablemente saquen ventaja, como siempre ha sido.

    • En eso están, estamos viviendo el intento de instaurar una España federal y lo cierto es que son persistentes, tras fracasar estrepitosamente por la respuesta española insisten con todos los medios a su alcance, que son muchos, casi todos, y aún así van perdiendo, excepto en Cataluña donde tienen a los mozos y a la justica para impedir a los españoles ser españoles, aún así perderán también.