Cuenta Indro Montanelli en su famosa Historia de los griegos que el legendario legislador Licurgo, temeroso de que sus conciudadanos modificasen las leyes más perfectas posibles para su ciudad Esparta, fue lo suficientemente previsor como para hacerles jurar que jamás modificarían las leyes de Esparta hasta que regresase de su viaje. Tan seguro estaba Licurgo sobre la perfección de su obra que presuntamente se quitó la vida al abandonar Esparta y de esta forma obligó a los Espartanos a cumplir su promesa de no modificar sus leyes fundamentales.

Las constituciones son aquellas normas esenciales que fijan la constitución política de un estado. Son las reglas del juego que todos los actores políticos deben cumplir para garantizar la prosperidad de sus naciones. Las constituciones tienen una función social y política de primer orden, como es la de garantizar la trasmisión pacífica del poder político en el seno de una comunidad. Desde un punto de vista jurídico son las leyes supremas que determinan las condiciones de validez de las normas jerárquicamente inferiores.

Este carácter esencial de las constituciones determina que sean bastante rígidas en lo relativo a los procedimientos de reforma. La propia viabilidad del sistema político así lo exige. De hecho los sistemas políticos más estables son aquellos en los que las constituciones han sufrido un menor número de reformas. Esto no implica que las constituciones tengan que ser irreformables, como las famosas Leyes de Esparta a las que se refiere Indro Montanelli, sino que cualquier reforma debe ser objeto de un sosegado análisis que garantice que es la mejor manera de mantenerlas en vigor.

Esto es lo que ha sucedido con la constitución más famosa del planeta, la constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, que lleva en vigor durante más de 200 años y que sólo ha sido objeto de enmiendas parciales, cuyo sentido ha sido más el de garantizar la permanencia que el de proceder a una revisión profunda de la obra de los padres fundadores.

Una norma fundamental es constitución solo si responde a tres principios esenciales: la división de poderes, la soberanía popular y el respeto a los derechos individuales

Uno de los grandes logros del llamado constitucionalismo moderno, ese que arranca con la famosa revolución gloriosa de la Inglaterra de finales del siglo XVII, ha sido el de dotar a la idea de constitución de un sentido material. Según el famoso art 16 de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, aprobada durante la revolución francesa, una norma fundamental es constitución solo si responde a tres principios esenciales en el desarrollo de su articulado; la división de poderes, la soberanía popular y el respeto de los derechos individuales.

El caso español

La vida política española de los últimos años parece marcada por una exigencia irrefrenable de algunos partidos por reformar la constitución de 1978. Según el parecer del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o Podemos, esta constitución no responde a las nuevas realidades sociales y políticas en las que está inmerso el país. El nuevo feminismo, los nuevos derechos sociales o una nueva articulación territorial de España son algunas de las razones aducidas por dichos partidos para propugnar un cambio, que según su punto de vista parece ya ineludible.

Los proponentes de las reformas topan con un límite que viene marcado por el propio texto constitucional español, que en su título X prevé un complicadísimo procedimiento de reforma cuando se trata de aspectos esenciales del texto constitucional como puedan ser la corona, la organización territorial o los derechos fundamentales.

A diferencia de otras constituciones del entorno, como pueden ser la italiana o la alemana, en la española no existen contenidos irreformables, sólo existen mecanismos procedimentales que exigirían de amplísimos consensos para reformar aspectos capitales del texto constitucional. La explicación es lógica; aspectos fundamentales sobre los que se construyeron difíciles consensos no pueden quedar al arbitrio de mayorías parlamentarias necesariamente transitorias. De lo contrario entraríamos en  escenarios de profunda inestabilidad política.

La preguntas que deberían hacerse los partidarios de las reformas son básicamente dos. La primera hace referencia a sí existe o no la supuesta demanda social de cambios constitucionales. Muchas veces se atribuyen a las constituciones poderes cuasi taumatúrgicos por parte de los políticos, que creen que por declarar solemnemente ciertos criterios en la constitución, la realidad va necesariamente a conformarse con sus deseos. Alusiones al derecho al medio ambiente o al pleno empleo presentes en ciertos estatutos de autonomía españoles o en constituciones puramente semánticas, como la Venezolana de 1999 son claros ejemplos de esto último.

Las constituciones que mejor funcionan son aquellas que establecen reglas claras y precisas sobre qué pueden y no pueden hacer los políticos

El voluntarismo político encuentra en el constitucionalismo retórico un asidero con el que garantizarse un buen puñado de votos a costa de importantes dosis de demagogia. Generalmente, las constituciones que mejor funcionan no son aquellas que predeterminan las políticas al legislador, sino aquellas que establecen reglas claras y precisas sobre qué pueden y no pueden hacer los políticos. Es contradictorio declarar solemnemente el pluralismo político y luego pasar a prescribir recetas, generalmente de corte socialista, a cualquier potencial legislador que resulte elegido por las urnas.

La segunda pregunta que deberían hacerse nuestros políticos es la de sí su propuesta de reforma de constitución va o no va a resultar constitucional, no en el sentido procedimental, sino en el sentido sustantivo del término constitución, es decir en el fijado por el famoso artículo 16 de la declaración de los derechos y del ciudadano al que nos referíamos con anterioridad.

La idea de orden constitucional que tienen ciertos políticos en España no respeta la división de poderes, los derechos individuales ni la soberanía popular

Parece que la idea de orden constitucional que tienen políticos de Podemos, e incluso ministras del gobierno de España, como Carmen Calvo, no casa demasiado bien con esa triada constitucional de respeto de la división de poderes, los derechos individuales o la soberanía popular.

Derechos a colectivos, no a individuos

En general tanto PSOE como Podemos postulan un modelo de sociedad donde el ciudadano no sea, en si mismo considerado, el protagonista de la acción política: solo en la medida en que pertenezca a determinados colectivos. Propugnan una vuelta a una realidad anterior a la revolución francesa donde el individuo pasa a engrosar las filas de de colectivos sociales, que ahora  serían los verdaderos titulares de derechos.

PSOE o Podemos postulan un modelo donde el ciudadano es protagonista de la acción política solo en la medida en que pertenezca a determinados colectivos

En esta nueva sociedad que propugnan PSOE y Podemos, el género, la raza o la condición de migrante tienen más trascendencia que la individualidad a la hora de conferir derechos. Esta visión neofeudal de la sociedad cuadra muy mal con la idea constitucional de los derechos individuales como fundamento del orden político.

Tampoco parece muy respetuoso con la idea de la división de poderes, esa pretensión de “reformar las mentes de los jueces” para dotarlas de una “perspectiva de género”. Estas declaraciones, que de plasmarse en el texto constitucional constituirían un atentado a la independencia judicial, hubieran escandalizado al barón de Montesquieu de haberlas escuchado. Esta visión populista de la democracia representativa, presente en los discursos de las formaciones de izquierda españolas, no es muy respetuosa con la soberanía popular.

Sin embargo mucho más peligroso que estas reformas poco constitucionales en el fondo, sería la pretensión de proceder a una mutación constitucional. En la misma no se modifica el texto constitucional sino su espíritu. Las recientes declaraciones de la ministra Carmen Calvo urgiendo a una  nueva redacción no sexista de la constitución parecen apuntar en esa dirección. Introducir una visión fundamentalista del feminismo en la constitución, sin preguntarnos a los ciudadanos nuestra opinión, valiéndose de la extravagancia de atentar contra la gramática española.

No debe sorprendernos que ciertos partidos propugnen constituciones no constitucionales, pues el propio constitucionalismo es el mejor antídoto contra cualquier pretensión totalitaria del poder político y por lo tanto un impedimento contra ciertas pretensiones totalitarias.


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21 COMENTARIOS

  1. Un artículo de análisis claro, actual. En lugar de los “extremadamente sesudos”, que nos brindaban los distintos articulistas últimante. Alejados del día a día.
    Realmente da pánico, como la última hornada de políticos indigentes, salidos, criados y educados desde adolescentes en las “casas-cuna” de los partidos, sin más misión que medrar hacia el de arriba, para impulsarse. No tienen ni puñetera idea de lo que quieren y carecen de cualquier conocimiento. Pero van de “científicos” sociales y/o leguleyos.
    “El PP ha vuelto” dice Casado, un “carromero” más. Le he seguido a ver, qué PP ha vuelto. No sé lo que ha vuelto. La propuesta de un refuerzo de una oligarquía de partidos a dos “con el PSOE como socio”. Reforzando el sistema electoral actual no representativo y por tanto NO democrático con una prima de +50 diputados al más votado es una broma de mal gusto.
    Realmente tenemos una mala constitución, de un montón de artículos, que no se pueden cumplir. Donde existe un desequilibrio hacia el poder ejecutivo (más bien el presidente del gobierno), que se parece más a un “césar” cutre investido por un senado, que carece de poder real.
    La soberanía nacional no puede “residir” en las Cortes, porque los que por allí pululan. Son los lameculos de los oligarcas de un régimen facistoide, que llaman socialdemocracia,l formadas por “familias” con los mismo intereses hacia la defensa de la plutocracia.
    La reforma que necesitamos, es: O nos vamos a la separación de poderes completa, eligiendo al presidente y un vicepresidente de gobierno en urna aparte nacional y dos mandatos con unas Cortes unicamerales por distritos uninomimales a doble vuelta. El fiscal general podría ser un cargo electivo, cumpliendo requisitos profesionales de idoneidad.
    Para eso hay que reformar la constitución, para sacar la ley electoral, que está completa en su articulado y pase a ser una ley de primer rango, que cualquier cambio requiera un referendum vinculante. Hay que acabar con el sistema partitocrático, como se acabó en Francia por iniciativa del último presidente de la IV República René Coty. Llamó al general De Gaulle y lo impuso como primer ministro, amenazando a una asamblea inoperante y un país hundido por la guerra de Indochina y Argelia, con su dimisión irrevocable. De ahí salió un régimen republicano representativo de la V República. Sesenta años lleva y una reforma de reducción del mandato presidencial de 7 a 5 años.
    Una opción posibilista sería desbloquear las listas y todos tuvieran las mismas posibilidades independiente del orden. Que cada votante elija de una lista a quiénes quiere como diputado desde uno a todos los de la lista seleccionada. Luego la obligatoriedad de salir votado diputado, como condición previa para ser jefe de gobierno o ministro. Y si se pierde el escaño se sale de ministro o jefe del gobierno. Es decir un régimen parlamentario puro.
    ¿Cuál es nuestra situación? Yo la llamo “la monarquía de Weimar”. Si el jefe de estado no toma alguna iniciativa con una operación “De Gaulle”, que acometa los cambios constitucionales, que desmonte la oligarquía de partidos, no sobrevivirá. Caeremos en un régimen “bolivariano” o en manos de un general autoritario. Tal como van las cosas prefiero eso último como mal menor y en ambas situaciones la monarquía “kaput”. Es política-ficción. No se espera ninguna iniciativa de Felipe VI, por tanto será el último monarca.

    • La soberanía nacional no reside en las cortes, sino en el pueblo español. Las Cortes es donde está representada esa soberanía nacional. Nuestro régimen político es el parlamentarismo, donde se produce un equilibrio de poderes entre el parlamento y el gobierno. Separación de poderes de verdad solo hay en EEUU, no en Francia. No entiendo muy bien cuando dice que el presidente del gobierno “carece de poder real”, me parece que no se ajusta mucho a la realidad de nuestro sistema. Respecto de Francia y el general De Gaulle, sin entrar en la auténtica traición que cometió con cerca de 1 millón de franceses a los que expulsó de su tierra argelina después de decir que no lo haría, calificar su régimen como “representativo” bueno es mucho decir. Existen millones de franceses sin representación o prácticamente sin ella en el parlamento francés gracias al sistema electoral de doble vuelta. Millones de franceses que votan al Frente Nacional son laminados en la segunda vuelta por coaliciones de fuerzas políticas con objetivos, en teoría diferentes, simplemente unidos para expulsar a esta fuerza de la vida política. El sistema mayoritario es una opción tan válida como otra, pero la segunda vuelta no garantiza la representación.
      “Luego la obligatoriedad de salir votado diputado, como condición previa para ser jefe de gobierno o ministro. Y si se pierde el escaño se sale de ministro o jefe del gobierno. Es decir un régimen parlamentario puro.” Eso no es parlamentarismo. Es otra cosa, válida por supuesto, pero no lo califique como parlamentarismo. El parlamentarismo es lo que es, y esencialmente es lo que tenemos en España. El gobierno controla al parlamento (posibilidad de disolución) y éste al gobierno (moción de censura). Otra cosa es que el parlamentarismo esté ocupado por la partitocracia.

  2. Buen artículo, el asunto es tan complejo y sencillo al mismo tiempo que se necesita de un García-Trevijano para explicar con sencillez lo esencial. No entiendo por qué los autores no citan la fuente Trevijana cuando citándolo literalmente nos ahorramos trabajo y esfuerzo, ahora que está muerto solo queda el magnífico regalo de su obra, no hay reproche para el que se fue dándolo todo.

    Para los comentaristas, el plural de nación es naciones. Nacionalidad es la relación legal de un individuo con el estado, nada tiene que ver con nación si no es para indicarnos la relación jurídica existente entre el individuo y el estado. Cuando hablamos de nacionalidades hablamos de individuos y su relación legal con distintos estados.
    La RAE traidora, ignorante y corrupta donde las haya se inventó una segunda acepción al gusto de Pujol y demás corruptores de naciones. Creo que rectificó un poco pero no lo suficiente.

    Y por último, lo que se quieren inventar el PSOE y Potemos es la primera constitución de la historia que destruya el sujeto constituyente, bien inventándose un nuevo ser constituyente a sus gusto, bien decidiendo lo que ya es por sí mismo. No saben sin embargo algo que hay que que tener muy en cuenta, toda nación que se ha decidido ha terminando exactamente igual que antes de la guerra provocada por decidir una nación que ya es. Por lo tanto es un asunto inútil que solo puede provocar un enfrentamiento civil como el que a modo de ejemplo estamos experimentado en Cataluña.
    Votar una nación significa provocar un conflicto de incontroladas consecuencias, inventarse una nación al modo zapateril sanchista es ir directos de cabeza al enfrentamiento armado.

    Ahora solo hay que esperar a ver cuan de gilipollas, irresponsables e ignorantes son esta gentuza.

    Un cordial saludo para todos.

    • Creo también que una vez que a Pedrito Sanchssss le han sacado a la feria, ha montado en los caballitos del ejército del aire, le han llevado a ver los payasos catalanes, ha dado la mano a Trump el forzudo, su amiguita juega a decorar la casita con sus amigas, se ha hecho un álbum de fotos para presumir; y puede contar sus nietos, si no sale a gorrazos como Zapatero, que ha sido presidente, pues pienso yo que es hora de irse de la feria a casa y convocar elecciones. Vamos, digo yo, que los niños se ponen muy pesados cuando están cansados.

  3. Efectivamente como ha señalado algún comentarista nuestra Constitución está llena de contradicciones. Cuando Anguita subía al estrado en el Congreso de los Diputados enarbolando nuestra norma suprema y defendía que su programa económico estaba en la Constitución tenía razón. En la Constitución española cabe todo, el libre mercado (art. 38) y los planes quinquenales (art. 131); la unidad indisoluble como fundamento de la constitución y la existencia en su seno de algo denominado “nacionalidad”, concepto que el constituyente incluyó en el artículo 2 para contentar al abogado de la Infanta Elena y que provocó la dimisión de Torcuato Fernández Miranda, pero muy cuco él, el legislador digo no el abogado, se olvidó de decir cuáles eran las “nacionalidades” que integraban España y que narices las diferenciaba de las “regiones” el otro componente. Luego aparecio el término de nacionalidad histórioca que no se recoge en la Constitución para complicar un poco más el panorama. El resultado es que hoy en día, prácticamente todos los Estatutos definen sus autonomías como nacionalidades, históricas por supuesto, por lo que el otro elemento constitutivo de la Patria, las regiones, parece que se han volatizado, bueno creo que el “rompeolas de las Españas” sigue siendo región. En fin nuestra Constitución creó un tipo de Estado muy peculiar, el Autonómico, que realmente estaba pensado para dos o a lo sumo tres regiones, Cataluña. País Vasco y Galicia, con la idea de contentar unos supuestos anhelos mayoritarios de las poblaciones autóctonas e integrar a los nacionalistas entonces minoritarios. Luego todo aquello se desmandó y llegó el café para todos. Hoy se puede afirmar que el modelo ha fracasado. Nuestra izquierda considera que lo que hay que hacer es profundizar en el error, para ver si así nos cargamos esta anomalía de la historia llamada España; la derecha no se entera como de costumbre y además hay muchas canonjías que repartir en las Autonomías, tampoco nos vamos a cargar la gallina de los huevos de oro. Mientras el centro ciudadano opina que la solución es la mítica Europa y que si Macron no puede gobernarnos, siempre puede venir Vals ¡qué grandes estos nuevos afrancesados! En fin que parece que entramos en un proceso constituyente, y me da a mí que como la reforma no será muy popular y es mucho lío, nuestros políticos emplearan el truco de la reforma pero sin reformar y para ello que mejor instrumento que el glorioso Tribunal Constitucional que es capaz de hacerle decir a la suprema norma lo que no dice, véase el caso del artículo 32 y el llamado matrimonio homosexual. Y si esto es muy complicado no resolvemos los recursos, en la mejor tradición administrativista española, y punto y final…porque claro hacer coincidir el artículo 15 con la Ley Aido y con su propia doctrina es bastante complicado, pero todo se andará.
    PD: se puede vivir sin Constitución (Gran Bretaña) y sin Tribunal Constitucional (EEUU), pero muchos años de formación kelseniana haría que la desaparición de estas instituciones provocará un cortocircuito en todos los licenciados en derecho en España que como todos sabemos son innumerables

  4. Un artículo muy bueno con conocimiento de causa, que es dificilísimo encontrar.

    DEMOCRACIA FORMAL NO PARTIDOCRACIA ES FACIL

    Primero.
    Se disuelve el parlamento.
    Se anula el congreso, el senado y demás abrevaderos.
    Se deja al rey suspendido ingrávido, como está, y ya se verá.
    Se deroga “la constitución tan buena y democrática que nos hemos dado”. Así se llega a un Periodo de libertad colectiva.
    Después.
    Desaparece TODO TIPO de subvención por parte del estado a cualquier tipo de forma política, gubernamental o no gubernamental.
    Se convocan elecciones a cortes constituyentes: se abre un proceso constituyente en el que se proponen TODAS las alternativas constitucionales. Se votan y se elige.
    Los elegidos determinan el TIPO y el TAMAÑO del estado.
    NOTA: la constitución USA tiene ¡Siete artículos! La nuestra 169
    Se determinan los distritos electorales a los que se presentan diputados que tendrán mandato imperativo de sus electores (y el sustituto por si se le olvida el elegido quién manda): adiós al robo, a los sobres y la corrupción; a las puertas giratorias; a las empresas estatales; a las malditas ONGs de las niñas pijas burguesas y demás chusma que no trabaja.
    Se disuelve el parlamento y se convocan elecciones legislativas sin ningún tipo de subvención del estado, a pelo; el que quiera peces que se moje el culo.
    Se convocan elecciones para elegir al presidente que formará gobierno a doble vuelta igualmente sin subvención por parte del estado. Esto es: INDEPENDIENTEMENTE del legislativo. De esta forma SE SEPARAN LOS PODERES. El legislativo controla al ejecutivo y viceversa. Adiós a la corrupción, al nepotismo, a la plutocracia, nosotros los electores somos los soberanos.

    FACIL

  5. Abrir ahora el melón constitucional, cuando el estado está mostrando todas sus vergüenzas con el asunto catalan, nos salpicaria a todos de fruta podrida.

    Lo que necesitamos es que se cumpla la ley y la constitucion y el TC deje de hacer interpretaciones creativas, como la que hicieron para aprobar el matrimonio guei.

    Lo terrible es que tenemos una democracia bananera. Bastó que llegara el bambi de León para que todo el estado temblara. ¿Pero qué M. de separación de poderes tenemos ?
    Nos cuentan que el individuo y no Dios, debe ser el centro, para colocarnos una CE, la del 78, donde el estado tiene casi un poder omnímodo.

  6. La Constitución española es un compendio de contradicciones. Es un sí y no puedo. No voy a decir que hay que echarla abajo, pero que necesita un reforma vaya si la necesita, por supuesto no en los términos populistas de las corrientes e ideologías en boga. Ni mucho menos.

    Art 2
    “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”

    ¿Esto qué es? ¿Una muñeca rusa? ¿El Cantar de los Cantares?

    El Título de la Corona, necesita una reforma urgente, si la forma de gobierno es una Monarquía Parlamentaria, las funciones del Jefe del Estado han de aclararse así como esa inviolabilidad y no responsabilidad de sus actos. Otra reforma en el Título de las Cortes Generales, ¿qué es eso de inmunidad de diputados y senadores salvo casos de flagrante delito? ¿ni inculpados ni procesados sin la autorización de la Cámara respectiva?. Vergonzoso
    No hablemos de otros Títulos constitucionales como el del Poder Judicial (aquí Montesquieu nació muerto y Guerra lo enterró).

    El Título de la Organización Territorial, éste nos está matando a todos, menos mal que aún se les ha ocurrido en su momento incluir la prohibición de la federación de las CCAA, eso nos va salvando , ¿pero qués eso de los privilegios forales en detrimento de otros territorios que no lo son e incluso de prevalencia de la ley foral ante la estatal? ¿Qué es eso de llamar País Vasco a una CCAA?.

    No sé si es necesario una Constitución nueva, pero una reforma profunda vaya si es necesaria. Claro qué, con el circo que tenemos en España, casi es mejor que la dejen como está. Ninguno de los 17 caciques, más todos sus correveidiles desean modificar lo que realmente hay que modificar, ellos sólo quieren más privilegios e incluir ideologías vestidas de derechos que a lo único que nos llevan es al caos social.

  7. ¿Sosegado análisis?¿Soberanía popular?¿Podemos? Va a ser que olvida la modificación sin consenso del artículo 135 y la aplicación del artículo 155.
    Las enmiendas a la constitución de los padres fundadores no han sido todas contrafuertes de sus virtuosas y libertarias intenciones, aunque citadas así, tan elogiosas, pueda caber en un artículo que, otra vez, en vez de análisis crítico, demuestra propaganda ideológica.
    También contradictorio me parece, en esta publicación, el constante ir y venir con el concepto del feudalismo que pasa de ser exaltado, en nuestra sacra y santa idealizada y gloriosa memoria de protonación, a ser vilipendiado como cualidad de partidos populistas.

    • Una pequeña pero importante precisión. La modificación del artículo 135 contó con el apoyo del 90 % de las Cortes…si esto no es consenso ya me dirá usted lo que es. Esto es un dato no una opinión. La aplicación del artículo 155 no es una modificación sino la ejecución de una previsión constitucional que procede cuando primero se da el supuesto se hecho previsto en la norma y en segundo lugar el Gobierno decide ejercer esa facultad. Si la abierta rebelión del representante del Estado en Cataluña, pues eso es constitucionalmente el Presidente de la Generalidad y el desacato reiterado tanto del gobierno autonómico como de la Cámara autonómica al cumplimiento de las resoluciones judiciales, incluyendo las del Constitucional, no tienen cabida en el supuesto de hecho previsto en el artículo 155, entonces esta previsión constitucional es inaplicable. No caigamos en la demagogia al tratar estos asuntos.

      • Buenos días, Brigante.
        El dato, que lo es, no es equivalente al consenso, sino a mayoría parlamentaria, que no es lo mismo. Ese es uno de los grandes defectos de la democracia, se confunde mayoría representativa con consenso y así hemos sido gobernados a golpe de decreto ley de mayorías absolutas.
        No sé, con la seguridad que usted muestra, si la aplicación del 155 en el caso que nos ocupa, es inevitable. Siendo el senado lo que es, probablemente, sí, fuera inevitable.

        • Buenos días, pero el consenso se tendrá que manifestar de alguna manera en una democracia parlamentaria. Yo creo que a veces nos olvidamos de que nuestro régimen político representativo es el parlamentarismo. En el Parlamento, Cortes en España, es donde está la representación de la soberanía nacional no en otro sitio.
          Respecto de la aplicación del artículo 155 si la situación de deslealtad absoluta y de franca rebeldía que adoptaron las instituciones del Estado en Cataluña, pues eso, insisto, son las instituciones autonómicas de acuerdo con nuestro régimen constitucional, no se me ocurre otro supuesto que exija su aplicación.

    • Hola. Muchas gracias por tomarse la molestia de leer el artículo. Le comento.El artículo pretende ser una reflexión general, desde el punto de vista del constitucionalismo, que indudablemente es ideológico. Lo que diferencia a una constitución moderna es el respeto de esos tres principios rectores a los que hace referencia el artículo, que indudablemente son patrimonio de la tradición liberal de pensamiento. Segundo las mejores constituciones suelen ser muy breves y suelen recelar del poder político. Es mejor que sean asi para no interferir en las opciones políticas en juego. Por ejemplo la constitución de la V República francesa. La española de 1978 es muy larga y tiene un marcado carácter socialdemócrata, como lo son casi todas las europeas posteriores a la 2 guerra mundial. Esto plantea ciertos problemas, pero eso quizás sea el tema de otro artículo. tercero, las constituciones no tienen que ser irreformables sin duda , sólo que las reformas deben obedecer a intereses reales de la sociedad y tener un amplio consenso. ¿ Cree usted que los españoles demandan una perspectiva de género en la misma?.La famosa reforma del 135 fue exprés porque gozaba de amplio respaldo de los dos grandes partidos, además no afectaba a ningún aspecto sensible del articulado. Se hizo por la sencilla vía del 167. El referendum en dicho caso es potestativo, quizás fue un error no plantearlo a los españoles, aunque obedece a razones técnicas presupuestarias. En cualquier caso creo que muchos progresistas confunden estabilidad presupuestaria y recortes. No hay nada más regresivo que los deficits públicos que ponen en riesgo la salud financiera de los estados. Sin esa reforma el reino de estado no podría acudir con normalidad ahora a financiarse al exterior. Se trataba de ofrecer garantias de pago a los tenedores de deuda española. El 155 es un articulo similar al 37 de la ley fundamental de Bonn, que lo único que busca es garantizar es la lealtad federal. ¿ No cree razonable obligar a una CCAA a cumplir sus obligaciones constitucionales, cuando esta reiterada y manifiestamente las incumple?. Respecto a la idea de nación política, no es feudal justo lo contrario es una conquista de la modernidad. Hegel apunta a la idea de que el estado es la realización concreta de la idea de igualdad, hace abstracción de las particularidades de sexo, raza o religión y solo tienen en cuenta a los individuos en cuanto ciudadanos. La exaltación posmoderna de la diferencia, hasta extremos delirantes, lleva a poner en cuestión ese logro civilizatorio. La izquierda esta en una importante crisis de ideas y ha abrazado esta exaltación de la diferencia como salva vidas ideológico. Espero haber respondido a sus inquietudes. Un saludo

      • Muchas gracias por su contestación.
        Sí, efectivamente. ha respondido a mis inquietudes con sus aclaraciones. Me parecen oportunas porque dibujan una situación constitucional algo distinta de la que a priori, en su artículo, parece existir. Como dice usted, existe el artículo 167, por tanto, queda recogido en la ley el mecanismo de reforma de la misma sin citar ni una vez el término consenso ni soberanía popular (entiendo que no es estrictamente necesaria su cita, pero es curiosa su ausencia).
        Por lo demás, comparto su opinión en lo que se refiere al número de artículos que una constitución debiera tener; los mínimos posibles. En general, sería aplicable a casi cualquier ordenamiento jurídico o normativo, bajo mi punto de vista.
        Lo que no me vale es su pregunta, lo que yo crea de la mayoría de los españoles no tiene que estar así representado en las cortes y como la constitución permite que se decidan por mayoría en las mismas, pues no es demasiado importante. ¿O sí lo es?

  8. “En esta nueva sociedad que propugnan PSOE y Podemos, el género, la raza o la condición de migrante tienen más trascendencia que la individualidad a la hora de conferir derechos. Esta visión neofeudal de la sociedad cuadra muy mal con la idea constitucional de los derechos individuales como fundamento del orden político.”

    Vuelve a aparcer el tema de la medievalización. De nuevo, se trata de abolir al individuo. Lo curioso es que los promotores de estas antiguallas políticas son los que más abusan del término “ciudadano”, del mismo modo que las empresas abusan del término “usuario”. Cuando usan esas retóricas están pensando en los siervos de la gleba.

  9. El tinglado de intereses creados a lo largo de estos 40 años es gigantesco y la oligarquía va a luchar con todas sus fuerzas por defender «lo suyo». Es un colectivo de millones de clientes del sistema que verían sus vidas afectadas por un giro hacia una democracia real basada en la división de poderes, los derechos individuales y la soberanía popular. ¿Cómo van aceptar cambiar el orden constitucional en contra de sus intereses?

    De proponer algún cambio sería siempre en sentido contrario, conducente a un poder político más totalitario que les permita aumentar sus rentas y favorezca la consecución de sus fobias.

    Así que el pesimismo es de rigor. Todo apunta a que al final vamos a llegar a las manos.

  10. Una Constitución tiene que legitimarse en la mente de los ciudadanos a partir de un mito fundacional. Sin ese mito fundacional, es sólo papel mojado, como muchas constituciones de países fallidos. La magia no está en el libro de hechizos, sino en la representación del brujo o bruja. En España necesitamos una nueva Constitución, porque el mito que la legitima no se lo cree ya casi nadie. Por eso necesitamos un proceso constituyente participativo, pero esto no ocurrirá sino después de un periodo de caos seguido de otro autoritario, del color que sea. Ahora no podemos tener ese proceso, pero es importante que haya personas empezando a pensarlo para cuando el temporal amaine y haya suficiente serenidad, si es que llegamos a conseguirlo…