En 1933 Fran Striker y George Washington Trendle, dos hombres de radio de la ciudad de Detroit en los Estados Unidos, dieron vida a un exitoso personaje que aún permanece en el imaginario colectivo como uno de los héroes por antonomasia más populares del siglo XX.  La historia cuenta que John Reid, un Ranger de Texas, después de sufrir una emboscada por un grupo de forajidos en la que casi que pierde la vida, es rescatado por un indio de etnia potawatomi que lo salva de una muerte segura. Reid, una vez recuperado, decide dedicar su vida a la lucha por la justicia en el salvaje y lejano Oeste. El personaje en cuestión es conocido mundialmente con el nombre de El Llanero Solitario.

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The Lone Ranger -su título original- al grito de “Hi-yo, Silver!”  y con los inconfundibles acordes de la Obertura de Guillermo Tell de Gioachino Rossini de fondo, pasó de la radio a la literatura popular, la televisión, el cine y el cómic. El Llanero Solitario se convirtió inmediatamente en un icono de la ley, el coraje y el bien común, en un personaje modélico que cautivó a varias generaciones con valores hoy cada vez más cuestionados, relativizados y cancelados por la corrección política.

Tampoco es tan difícil, ni se le pide demasiado al gallego en cuestión: solamente inspirarse mirando una película de este personaje de aventuras realmente popular

En esos relatos de aventuras se cuenta que el Ranger John Reid es dado por muerto y adopta una identidad secreta para luchar por la Justicia. Para ello oculta su rostro con un antifaz negro, usa un elegante sombrero blanco, pañuelo rojo al cuello, un ceñido uniforme de un bonito azul celeste, y monta un caballo blanco llamado Silver. El Llanero Solitario se caracteriza también por utilizar balas de plata y lo más importante, por estar acompañado del indio que le cuidó y salvó su vida, cuyo nombre -curiosamente para quienes hablamos la lengua española- es Tonto.

Hasta aquí todo muy bien y entretenido, pero ¿a qué viene la referencia al tan querido personaje de ficción de la cultura popular? Es que hoy en España ante una grave crisis institucional y social, una situación política excepcional y rodeados de villanos y malvados sin escrúpulos, aparece un personaje que apela curiosamente a la soledad para “poner en orden las cosas”. Su nombre es Alberto Núñez Feijoo y viene de Galicia, no de Texas.

A día de hoy, el Partido Popular, después de las elecciones autonómicas y municipales del 28M, insiste en “gobernar en solitario” a toda costa, donde sea y como sea. Feijoo cree que ese es el camino para imponer “su ley” en la actual Salvaje y Lejana España, que está en manos del villano de la Moncloa llamado Pedro Sánchez.

El tiempo corre sin parar hacia la fecha clave del 23J. Todo indica que el 24 al amanecer, uno de los dos, Sánchez o Feijoo, deberá abandonar el pueblo. El duelo no será nada fácil y como en las viejas películas del oeste, los maleantes sin escrúpulos ni moral, están atrincherados y dispuestos a todo. Feijoo, el Solitario, deberá tener en cuenta esto y sobre todo que necesita de la ayuda de un compañero si pretende realmente acabar con la maldad, la injusticia y las tropelías de los malvados. Curiosamente, parece desconocer que en solitario le espera una caja de madera, algunos clavos y el polvo del desierto…

Sin embargo, El Gallego Solitario, a diferencia del héroe tejano, insiste en la soledad de las mayorías absolutas, no cuenta con la sabia y necesaria ayuda de un compañero al que rechaza una y otra vez y ningunea, porque en realidad es un acomplejado con falso orgullo que peca de una estupidez suicida.

En esta película Santiago Abascal parece ocupar el rol del indio Tonto -que de tonto no tenía absolutamente nada- y que, por cuestión de lealtad, responsabilidad, sentido común y supervivencia, permanece ahí cerca, con una mano tendida al galaico solitario. la otra mano sobre la cartuchera, listo para desenfundar y resistir hasta el final en su afán por restablecer la ley y el orden en esta Lejana España. Así es el personaje. Sin embargo, la tozuda, egoísta y errónea soledad de Feijoo, el Solitario, será la que desencadenará el verdadero drama, ya que, si sigue por ese camino, el pueblo estará perdido y seguirá sometido bajo el reinado de malhechores, truhánes y pistoleros…

En verdad, quien haya seguido las aventuras del Llanero Solitario sabe muy bien que el personaje no sería nada ni nadie sin el indio Tonto -aquí conocido como Toro-, ya que ni siquiera estaría vivo después de esa emboscada mortal que dio origen a su leyenda. Muchas son las semejanzas de la ficción con la realidad política actual, pero lamentablemente también muchas son las diferencias en lo más importante de esos héroes imaginados por Striker y Trendle. Gran parte de nuestros dirigentes políticos carecen de coraje, valentía y compromiso con el bien común. Feijoo, evidentemente, no es el Llanero Solitario.

A pesar de ello aún se está a tiempo de evitar el fracaso si el gallego repasa la historia del Ranger enmascarado de Texas y entiende que la soledad no es lo esencial, pero sí lo es su socio, si en verdad pretende restaurar la paz y el bienestar del pueblo. Su soledad obcecada nos hace dudar de su inteligencia e incluso de sus verdaderas intenciones. Enfrente tiene a villanos de poca monta que no son invencibles, pero sí peligrosos y parece no tenerlo muy en cuenta.

Tampoco es tan difícil, ni se le pide demasiado al gallego en cuestión: solamente inspirarse mirando una película de este personaje de aventuras realmente popular, cuyo aliado lleva por nombre Toro. Y el toro en España no deja de ser todo un símbolo, y una buena señal a tener en cuenta.

Foto: carátula de presentación de El llanero solitario en su adaptación a serie televisiva en 1949.

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