[Artículo escrito conjuntamente con Víctor Lope, profesor de la Universidad de Zaragoza, España]

Armados por los accidentes de la vida, asolaremos las crueles certezas que nos acechan. Cargaremos contra ellas, embestiremos contra las verdades, atacaremos las luces que nos ciegan. Quiero vivir, y por todas partes salta el espíritu contra mí, defensor de las causas del no-ser”. Después de navegar por  la memoria y por la red de algunos autores, sentimos con Emil Cioran en su “Breviario de los vencidos”, estas palabras, cuando entramos en los bastidores de YouTube.

La convivencia de YouTube con las marcas y con los creadores de contenidos es bastante tensa en los últimos tiempos. Desde mediados de marzo de 2018, YouTube afronta una grave crisis de imagen. Numerosas grandes empresas empezaron a retirar su publicidad de la plataforma, al descubrir que muchos de sus vídeos exhibían contenidos racistas, violentos, yihadistas.

YouTube afronta una grave crisis de imagen, con retirada de publicidad, pues muchos de sus vídeos exhibían contenidos racistas, violentos, yihadistas

Con la opacidad que lo caracteriza, Google pone en marcha su máquina de algoritmos y establece un pago por canales. El primero, Family friendly, con contenidos blandos: canales de juguetes, cocina, infantiles. El segundo, canales de  belleza, deporte, incluso videojuegos, siempre y cuando no sean violentos. Un tercero de comedia y videojuegos, que han colocado junto al grupo de vídeos gore, terroristas y pornográficos.

La monetización se aplica según el canal, el tráfico que mueva y la retención que tenga, de modo que estar en el tercero supone una inmediata penalización. Es la respuesta de YouTube a las críticas recibidas por como gestionó la crisis de Logan Paul, el youtuber que se grabó con unos amigos riéndose al encontrar un cadáver en un bosque en Japón.

El nuevo proyecto de Youtube

El proyecto de YouTubeCreators for Change comenzó en 2016 y ahora, en 2018, está recibiendo una importante inyección económica de 5 millones de dólares para producir trabajos sobre el discurso del odio, la xenofobia y los extremismos. Los vídeos que forman parte de este programa desde hace dos años no acumulan unas grandes audiencias (oscilan entre las diez mil y las poco más de un millón en algunos casos), si se compara con el número de visionados que obtienen vídeos, no especialmente apoyados por la plataforma, pero con información interesante y no siempre políticamente correctos. Pongamos como ejemplo este simpático vídeo que se acerca al medio millón de visualizaciones: Las mujeres sobrantes de China.

Los vídeos que forman parte de Creadores por el cambio muestran el denominador común de la cercanía y la complicidad para mostrar a ciertas personas con sus problemas y aspiraciones pero con un objetivo muy preciso que es la promoción del multiculturalismo y la victimización de aquellos que la agenda de lo políticamente correcto señala como víctimas a ensalzar.

La estrategia discursiva de buena parte de los vídeos de este plan del cambio es la de mencionar asuntos de cierta gravedad pero sin proporcionar detalles ni datos de un contexto donde poder comprender un conjunto de relaciones causales y de efectos. Desde el punto de vista de la calidad informativa y de la necesidad de que exista y se proteja un periodismo de investigación riguroso que indague en los hechos, en sus causas, en su evolución, en sus consecuencias, en sus relaciones con otros hechos, el proyecto de YouTube, Creators for Change, resulta ser desincentivador tal como está planteado por ahora.  Que prefiera promover el cambio social por encima de la verdad de la investigación periodística debiera hacer saltar todas las alarmas.

Literalmente YouTube describe su proyecto así: Creators for Change de YouTube es una iniciativa internacional que ofrece apoyo a los creadores que, como tú, se implican en asuntos sociales y promueven la conciencia social, la tolerancia y la empatía desde sus canales YouTube. Todos tenemos el poder de hacer del mundo un lugar mejor, independientemente del tipo de vídeo que creemos.

Así que bien podemos deducir que Google tiene planes para el mundo y esos planes son inquietantes. Todas estas normas políticamente correctas aplicadas a un espacio que se pensaba libre de censuras acabarán con YouTube, al menos con una cierta idea de YouTube. Y es que hemos entrado en la era de la desconfianza hacia los grandes de Internet.

En España, nunca se habló tanto de transparencia como en el Boletïn Oficial del Estado , con la publicación expresa de una ley que, sobre el papel, reza como clara, gratuita, entendible, accesible. Lo paradójico es que nunca hemos presenciado una sociedad más opaca como la actual, y en esto Google y YouTube que son lo mismo, no son la excepción.

Los algoritmos, como base de la inteligencia artificial que gestiona millones de datos en un instante son escrituras que nunca son inocuas, pues, como toda escritura, es el espacio de construcción de un sujeto. Tal como lo cuenta Lev Manovich, podemos hablar de dos niveles o capas en el manejo de este nuevo medio digital “…la informatización convierte los medios en datos de ordenador que, según se mire, siguen presentando una organización estructural que tiene sentido para sus usuarios humanos: la imágenes muestran objetos reconocibles; los archivos de textos constan de frases gramaticales; los espacios virtuales quedan definidos por el familiar sistema de coordenadas cartesianas…Pero desde otro punto de vista, su estructura obedece ahora a las convenciones establecidas de la organización de los datos por un ordenador”

El internet de las cosas ha convertido nuestro cotidiano tecnológico en algo natural, por lo que es muy sencillo invisibilizar la complejidad de las conexiones que cada espectador establece con YouTube al hacer clic en cualquiera de sus vídeos. ¿El espectador es sólo el que presta su tiempo ante una pantalla? ¿Importan las diferentes relaciones que cada sujeto establece con las imágenes y los sonidos? ¿Importan los diferentes contenidos de las pantallas audiovisuales que pueden ir desde un grado cero de narratividad hasta relatos de gran densidad simbólica? ¿Importan los distintos niveles o registros (lo imaginario, lo semiocognitivo, lo real) en los que el sujeto se implica ante los discursos audiovisuales?

Un esfuerzo decreciente para el espectador

Cuando el cine era el gran espectáculo de masas del siglo XX, en especial los años 30, 40 y parte de los 50, que es  el periodo álgido del modo de representación clásico, antes de que la televisión se adueñara del espacio doméstico, si alguien quería ver una película debía dedicar un tiempo para acudir a la sala y un dinero para pagar la entrada. Esa relación entre el individuo y el cine tenía pues una densidad especial, un sentido para cada sujeto que hacía que mereciera la pena el esfuerzo económico.

Comenzó la televisión pero ahora YouTube y otras plataformas han rebajado todavía más el precio de nuestra relación con los flujos audiovisuales

La televisión comenzó a cambiar esa relación haciendo parecer mucho menor el esfuerzo por relacionarse con los programas. Ahora YouTube y otras plataformas han rebajado todavía más el precio de nuestra relación con los flujos audiovisuales. Se puede aplicar hoy a YouTube lo que Susan Sontag decía de la fotografía en los años 70 del siglo XX, que “es sobre todo un rito social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de poder

Recordaba Terry Eagleton en Brecht y la Retórica, que “Los enunciados no representan referentes sino prácticas, incluyendo otros enunciados: gestos, imitaciones, tonos de voz”. La eficacia manipuladora deriva de que, con la excusa de la información, se despliegan prácticas que dificultan el acceso a lo real, o más precisamente al saber sobre lo real, construyendo eso que se conoce como falsa conciencia.

Foto Frank Okay


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