Michel de Montaigne pasa por ser uno de los padres del moderno escepticismo. Sus famosos ensayos pasan por ser para muchos el comienzo del giro subjetivista a la hora de afrontar los problemas filosóficos. Montaigne, que ocupó durante buena parte de su vida cargos políticos, consideraba que existía una separación entre la vida pública y privada del político. Mientras que la política descansa en el cinismo, la mascarada y la mentira, la vida privada refleja la autenticidad del individuo. Es en la esfera privada donde se manifiesta la verdadera naturaleza del individuo. Esta concepción de Montaigne no debe interpretarse como una exaltación del cinismo en la política sino meramente como la constatación de que la política impide, por su propia naturaleza de juego de poder, mostrarse tal y como es uno realmente. Si lo que se persigue es triunfar en la política uno no debe mostrarse tal cual es. La postura de Montaigne es a todas luces comprensible, dados sus más que probables orígenes criptojudíos, en pleno siglo XVI marcado por la intolerancia religiosa y las guerras de religión que asolaban la Francia de ese momento.

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Recientemente hemos tenido constancia de hechos que ponen de manifiesto como la vida privada de muchos de nuestros políticos no parece compadecerse demasiado bien con la imagen pública que quieren transmitir. Óscar Puente, alcalde socialista de Valladolid, ha visto como ha trascendido ante la opinión pública informaciones relativas a sus pasadas vacaciones de verano en Ibiza y Formentera. Según las informaciones aparecidas en algunos medios, el regidor vallisoletano habría disfrutado de unas lujosas vacaciones costeadas, presuntamente, por el empresario Sergio Zaitegui. Éste había suscrito contratos públicos con el ayuntamiento de Valladolid durante la pandemia. Más allá de lo que nos pueda parecer de estético y de ético el hecho en cuestión lo que resulta de todas formas llamativo es la reacción del regidor pucelano ante las informaciones aparecidas. Puente alega su derecho a la vida privada para no tener que dar explicaciones acerca de la naturaleza, alcance y financiación de sus vacaciones. Estas declaraciones dejan a las claras dos cosas. Primero el escaso apego que tienen buena parte de nuestros políticos a la idea expresada por el pensador italiano Norberto Bobbio de la democracia como una forma de gobierno pública, en la los actores políticos deben en todo momento someterse al escrutinio riguroso de la opinión pública.

A aquellos ciudadanos que expresan su alarma por que unos octogenarios ex militares manifiesten su irrefrenable deseo de fusilar a buena parte de sus conciudadanos cabría recordarles lo siguiente: mientras que estos octogenarios no tienen acceso al BOE buena parte de los émulos de Robespierre en el gobierno, siempre tan dados a sacar la guillotina a pasear, sí que lo tienen

En segundo lugar la apelación a la disociación entre la vida pública y privada del político. Esta disociación sugiere, en la línea expresada por Montaigne, una diferencia entre la esfera de lo público, presidida por los eslóganes, las estrategias de comunicación y los protocolos institucionales, y la esfera de lo privado que reflejaría mejor la verdadera naturaleza del individuo. Este al asumir la condición de político simplemente asumiría un disfraz o un mero corsé que le obligaría a mostrar lo que no es para así lograr convencer al votante que “compra” discursos retóricos e ideologías y al que poco o nada le importa la verdadera catadura moral del político que lo representa. Circunstancias similares se han producido con otros políticos con ocasión de las restricciones a la libertad personal de los ciudadanos  durante la pandemia del COVID-19. En esta se están produciendo escenas en las que determinados miembros del gobierno desconocen en su vida privada las restricciones que éstos mismos, en cuanto políticos, imponen a los ciudadanos.

Junto a este fenómeno se observa justo el contrario cuando se trata de meros ciudadanos. Estos parecen tener una esfera privada cada vez más reducida de manera que mayores ámbitos de su vida privada pasan a ser objeto de escrutinio por parte de la opinión pública. Con la excusa de la pandemia el poder político aprovecha la circunstancia para inmiscuirse en aspectos cada vez más personales de la vida privada de los individuos. La polémica relativa al ámbito de personas que se van a poder reunir en las próximas fiestas navideñas lo pone de manifiesto. El concepto de allegado, que ha sido elegido por el gobierno como criterio de demarcación respecto a qué reuniones navideñas serán legítimas y cuáles no, es un concepto privado. En una sociedad libre deberían ser los propios ciudadanos los que determinaran la intensión y la extensión del concepto “allegado”.

Otro ejemplo lo tenemos con la polémica acerca de una desafortunada conversación de chat de un grupo de militares retirados. En la vida privada un ciudadano tiene el derecho a decir lo que le parezca conveniente. La reprobación social de dichas conductas en una sociedad libre no debería trascender del ámbito privado  del propio ciudadano y jamás debería alcanzar el nivel del linchamiento mediático. Hay que tener presente para analizar con objetividad y desapasionamiento este asunto, que por muy desafortunadas e inaceptables que nos puedan parecer ciertas manifestaciones estas han sido realizadas por militares retirados y en su esfera más íntima. Este linchamiento mediático contrasta con las justificaciones que se exhiben por parte de los mismos críticos de estos militares jubilados cuando son los propios políticos los que profieren expresiones semejantes. En dicha circunstancia se apela al carácter metafórico de la guillotina o sencillamente se alega el carácter privado de dichas manifestaciones. Una vez más se pone pues de manifiesto que  mientras que el político tiene derecho a disociar su vida pública de su vida privada, el ciudadano de a pie cada vez tiene menos derecho a su vida privada. Cada aspecto de su vida privada puede ser objeto de escrutinio público si desde el poder político o instancias cercanas a este se considera que tienen dimensión político.

A aquellos ciudadanos que expresan su alarma por que unos octogenarios ex militares manifiesten su irrefrenable deseo de fusilar a buena parte de sus conciudadanos cabría recordarles lo siguiente: mientras que estos octogenarios no tienen acceso al BOE buena parte de los émulos de Robespierre en el gobierno, siempre tan dados a sacar la guillotina a paseo, sí que lo tienen. Esta no es una pequeña diferencia: mientras unos pueden afectar la vida y la propiedad de los ciudadanos, los otros no pueden hacerlo.

Quentin Skinner, unos de los historiadores de la política que más y mejor ha estudiado los orígenes del republicanismo, sitúa el origen del republicanismo moderno en la lucha de los caballeros democráticos (partidarios del parlamento inglés) contra el absolutismo regio. Estos partidarios del poder del parlamento apelaban al magisterio de autores como Salustio o Tácito cuando afirmaban que la peor amenaza a la libertad es vivir en una condición de servidumbre. Esta condición se produce cuando se está sometido a una voluntad política puramente arbitraria no sujeta a reglas de ningún tipo. Una situación similar es la que se está empezando a vivir en España donde los ciudadanos están cada día más cerca de ser siervos que verdaderos ciudadanos.

Foto: Asqueladd


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9 COMENTARIOS

  1. «Con la excusa de la pandemia el poder político aprovecha la circunstancia para inmiscuirse en aspectos cada vez más personales de la vida privada de los individuos. La polémica relativa al ámbito de personas que se van a poder reunir en las próximas fiestas navideñas lo pone de manifiesto»

    Nunca mejor dicho, Carlos. En Disidentia se ha hablado muchísimo en estos años de la infantilización creciente de la sociedad, aunque viendo como está el patio, era difícil llegar a imaginar que podía evidenciarse de manera tan gráfica como en esta pandemia. Y el problema no lo tienen dos jetas como Illa y Simón que ya han dado sobradas muestras de desfachatez, negligencia y estulticia en sus ámbitos de actuación, aconsejando lo contrario de lo que conviene hacer y constituyendo por sí mismos un verdadero peligro para la salud pública.
    El problema lo escenifica la sociedad española que, no contenta con acatar sin rechistar la infinidad de normas arbitrarias y contradictorias que regulan su actividad, sus desplazamientos y actuaciones a nivel nacional, autonómico y local, ante el visto bueno del ejecutivo para celebrar la Navidad con los nuestros, necesita que el gobierno precise y le diga exactamente qué personas formarían parte de sus «allegados».

    Es una vergüenza pedirle a este gobierno fake que aclare esta cuestión. Un gobierno autoritario que sigue sin asumir su responsabilidad política y sigue obstaculizando la auditoria de su gestión en la pandemia para eludir el hachazo judicial. Es preocupante y patético incidir en que aclarase esta cuestión de los «allegados».
    Moncloa pone el cebo, echa el anzuelo y una cantidad ingente de gilis pican de la forma más tonta. Y en el gobierno, encantados de la vida, oíga! Que la ciudadanía no sepa mover un dedo sin preguntarles y les pida permiso para cenar en Navidad con este o con aquel demuestra que el nivel de tolerancia con los dictados y arbitrariedades gubernamentales es altísimo.
    La aclaración de marras solo sirve para reforzar la autoestima del gobierno en su permanente control y vigilancia de nuestro movimientos, al tiempo que satisface ese paternalismo infumable y pernicioso con el que nos ha tratado durante la pandemia.

    ¿Se puede exhibir una conducta más sumisa, infantil y dependiente ante la autoridad gubernamental? ¿Se puede mostrar una inmadurez mayor al pedirle al gobierno que le aclare a quién debe considerar o no un allegado? ¿qué será lo próximo, que marquen la distribución de los comensales en el salón o que nos indiquen el menú navideño?

    • No puedo estar más de acuerdo con su comentario, pero por favor no de ideas que me veo consultando el BOE o el boletín autonómico correspondiente para averiguar el sitio que me corresponde en la mesa.

      • Amigo Brigante, es que es muy fuerte que en lugar de aprovechar ese amplio y genérico «allegados» para disfrutar las navidades en libertad con quien a uno le venga en gana, los «ciudadanos» con actitud sumisa y servil pidan limitar y constreñir el término a lo que dictamine el gobierno. Le juro que no daba crédito a la absurda polémica.
        El escarnio público que se ha hecho con el chat privado de los militares retirados también es de vergüenza ajena. Los tertulianos y periodistas más hipocritones y serviles con el sanchismo escandalizados por una conversación privada subida de tono que seguro que se reproduce en los grupos de watssap de media España y en los que nadie dice en serio ni toma al pie de la letra las «barbaridades», los mensajes o los memes que circulan, se personalizan o se comentan sobre los miembros de la coalición de gobierno.
        Faltaría más que en chats privados con personas de confianza no pudiera uno desahogarse y despotricar contra toda la morralla gubernamental o los políticos infames que se ponen a tiro de piedra. Lo que da verdadera náusea en este asunto, aparte de la instrumentalización política y mediática que hacen los «afectados» y asimilados solo por tratarse de un grupo de militares (los chats privados mío o suyos les importarían menos), es el papelón indigno del espía y chivato que ha filtrado esta conversación privada para agradar a sus amos y señores. Este sí que tiene delito, aparte de ser un triste, un aprovechado y un traidor. Y de la misma calaña que sus amos.

  2. Lo mejor de la libertad es que es muy divertida, Cervantes incluso decía que por ella se debe aventurar la vida. Si no es para partirse de risa. Si Jesucristo tuviera YouTube tendría más de mil millones de visitas, mil millones más que el papa Paco Pancho.

    Dostoyevski estaba equivocado, el Gran Inquisidor no tuvo éxito en Venezuela, la gente prefirió quedarse sin comer a votar al inquisidor. El imbécil iba con la cruz dictatorial y un mendrugo por todas las televisiones ofreciendo un trozo a la UE. Tomad y comed todos de él, decía Zapatero, al parecer los políticos europeos prefieren jamon pata negra y pan recién horneado.
    Maduro se quedó sin pueblo, demasiada gente ha leído a Dostoyevski. Que divertida es la vida.

    Cada día tengo más claro que el mundo es una segunda oportunidad para los idiotas, el resto hemos venido a sufrir y aventurar la vida.

    Escucho a un filósofo decir que las vacunas son buenas, nadie ha dicho lo contrario, excepto los médicos y enfermeros neoyorquinos que le han dicho al político de turno que se vacune su puta madre. Feijoó, Moreno y Fiilósofo deberían reconocer que algo más que ellos sabrán los médicos y enfermeros de la metrópolis. Digo.

    ¿Cuanto tiempo transcurrió desde la existencia de la viruela hasta la vacunación obligatoria, hombre de papa Paco?

    Algunos de los idiotas que recomiendan las vacunas deberían leer las biografías noveladas de sus descubridores.

    Nadie dice no a las vacunas, ni a los antibióticos, pero todo lleva su tiempo, su circunstancia y su contraindicación.

    La libertad siempre la he tenido presente, la conozco desde niño, ella me conoce tan bien que incluso ha dirigido mi vida. La libertad y la cobardía son incompatibles, anda que no se ha reído de mí la libertad, «te has rajado, te has rajado»
    Cuando más se rió de mi fue cuando temeroso de las sorpresas de la vida decidí asegurarme una vida confortable. Ahí la libertad no pudo aguantar la carcajada. Que eres español, no pensarás pasarte la vida pagando el expolio de los corruptos, me dijo.

    La libertad y yo llegamos a un acuerdo hace mucho tiempo, ella me enseña a ser libre a cambio de que yo no tenga miedo. Por ahora el asunto marcha sobre ruedas, aunque últimamente nos aburrimos mucho. Me decía la libertad el otro día que los inspectores de Hacienda nos han tenido que perder la pista. Estoy pensando en ponerles un señuelo.

  3. Estamos asistiendo simplemente al principio de la consolidación del nuevo orden mundial. Arriba, en la cúspide las élites con todos los derechos y privilegios. Abajo, un colectivo de individuos aislados y desarraigados, solo aptos para el consumo de lo que la élite diga, y la producción bajo las condiciones que la élite diga. Pero dentro de las élites también hay clases. En la parte inferior se sitúan los políticos y periodistas, serían como el partido interior de 1984. Estos pueden volver a ser «proles», individuos desarraigados en cualquier momento. Su misión es ejecutar las decisiones de la cúspide de la élite: las multinacionales, los grandes intereses financieros internacionales que son dueños de los medios de comunicación, que crean la opinión pública que interesa, y de las grandes tecnológicas.
    PD: Por supuesto no todos los políticos, periodistas y comunicadores forman parte de esta élite, este medio es una prueba de ello, pero cada vez quedan menos resistentes.

  4. «Una vez más se pone pues de manifiesto que mientras que el político tiene derecho a disociar su vida pública de su vida privada, el ciudadano de a pie cada vez tiene menos derecho a su vida privada.»

    En la vida privada hay que incluir el pensamiento de cada cual. Como se vigila cómo te expresas respecto de la calentología, o de la inexistente violencia de género, se vigila cómo piensas.

    El verdadero propósito de las leyes ideológicas, da igual si las promulgan los nazis o los comunistas, es controlar el pensamiento de la gente. Es decir, el objetivo de la leyes ideológicas es producir más ideología, o sea creencias obligatorias. Esa es la razón por la que los dirigentes deben exhibir su poder incumpliendo en su comportamiento los dictados que hacen obligatorios para los demás. Esa exhibición del incumplimiento es parte de la demostración de poder. Lejos de ocultarlo, los tiranos hacen gala de que las leyes son sólo pra los súbditos.

    • No es sólo una cuestión de tiranía apreciado Catlo

      Es algo peor.

      Es una cuestión estamental, vista la Edad Media hacia la que derivamos.

      No es que haya un tirano que se vea libre de cumplir las Leyes que obliga a seguir al resto. Es que de lo que se trata es de que haya una serie de estamentos, castas, que sigan leyes diferentes cada uno.

      Y según a que casta pertenezcas te tocará apechugar con unas cosas o librarte de otras.

      Y así cómo en el sistema hindú se justificaba en que uno había elegido ese tipo de condición, o karma, para purificarse y así poder aspirar a una casta mejor en la siguiente reencarnación. Ergo uno NO debía interferir, echar una mano, a los que peor estaban porque se estaba interfiriendo en su purificación.

      Algo parecido se inventarán, ahora ligado a la pachamama, climatología, y a saber que mas .. para que los intocables, siervos de la gleba, o cómo se los quiera llamar acepten su condición. Para después, en otra vida, ser campesinos; después comerciantes..etc etc..

      Arriba los nuevos brahmanes serán los Soros, Gates, .. y un escalón mas abajo estarán los Sánchez, Iglesias, Junqueras y demás.

      No pongo a Casado y a Arrimadas.. porque no se exactamente en que se hubieran podido reencarnar. Puede que en el que les lleva la jofaina a los Sánchez et al.

      Un cordial saludo

      • El mundo que se avecina no tiene nada que ver con la Edad Media. Desde luego los gobernantes de entonces no se consideraban con poder para cambiar la naturaleza de las cosas, como ocurre hoy con los omnipotentes estados democráticos, eran conscientes que estaban sometidos a límites. Tampoco olvide que la Edad Media es la era de las catedrales y de las universidades, de los fueros y libertades (no de los privilegios y el concierto vaso no tiene nada que ver con los fueros), y de las primeras cortes representativas. Más allá de todo lo artificioso que tiene la división de la historia en edades, sin Edad Media no existiría el Renacimiento. Yo al menos entre la tiranía deshumanizada y cibernética que se nos viene encima y la Edad Media, me quedo con esta última sin dudarlo

        • En España, la Edad Media está especialmente ligada a la lucha por la libertad contra la tirania islámica. Se concedían fueros bastante razonables para repoblar los territorios. Ya cansa ese empeño en ver la Edad Media como como una época triste, estéril o bárbara. Era bastante creativa.

          Estamos entrando en una distopía en la que hay algo de feudalización por vía tecnológica y es muy poco ceativa.

          En el plano intelectual el gran problema es que las categorías que se vienen usando para pensar la filosofía, la historia, la política y el derecho ya no dan más de sí. El gran ciclo de alucinación racionalista iniciado en la Ilustración está agotado. Quienes están diseñando la distopía tienen gran poder pero son bastante imbéciles. Basta escuchar al Gates por ejemplo para darse cuenta de su gran ignorancia.

          La resistencia debe organizarse desde la sabiduría ancestral, no desde postulados ideológicos. Las ideologías se estrellan siempre contra lo real. Y este es un buen momento para pensar el fracaso de las ideologías cilmáticas, de género y demás.

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