Hace pocos días nos tomó, sin sorpresa, la última polémica sobre los libros de texto. La noticia venía a decir que cada comunidad autónoma presionaba a su gusto a los editores para que incluyeran el contenido deseado por cada gobierno autonómico. Que si quítame unos Reyes católicos ahí; que si ponme un poco más de épica acá, inventando una inexistente corona catalano-aragonesa; que si, ya que en nuestra comunidad autónoma no hay ríos, para qué estudiar por dónde pasa el Duero.

El informe de la Asociación Nacional de Editores de Libros de Texto y material de Enseñanza (ANELE) es cristalino: “El acceso de los alumnos a contenidos actualizados, innovadores y de calidad está cada vez más condicionado por decisiones políticas y varía notablemente de unas Comunidades a otras”. Así lo afirmaron a principios de septiembre varios portavoces del mundillo editorial, si bien se desdijeron unos días después, tras su encuentro con la Ministra de Educación.

Solo puede calificarse de disparate que en España haya más de 33.000 libros de texto  diferentes en papel y cerca de 20.000 más en edición digital, con todo lo que ello supone de derroche económico y de utilización de papel. Pero el despropósito va más allá del inexplicable derroche, al impactar directamente en la calidad de la educación que reciben nuestros escolares.

Los libros de texto siguen siendo el material básico sobre el que nuestros hijos aprenden los contenidos que serán el sustento de su cultura general

Ahonda en la magnitud del problema otro de los datos reveladores que aporta el citado informe: en los últimos tres años se han publicado 450 textos normativos en las comunidades autónomas que afectan a la edición de contenidos educativos. El eterno problema de dispersión y abuso normativo sin el abrigo de un marco común.

Los libros de texto siguen siendo el material básico sobre el que nuestros hijos aprenden los contenidos que serán el sustento de su cultura general. Dicha base permitirá que en el futuro no hagan el ridículo cada vez que comienzan una conversación. Por eso es necesario poner orden en su contenido, visto que las comunidades autónomas tiran cada una por sus fueros, haciendo imposible en la práctica una enseñanza mínima común, que debería ser obligatoria en todo el territorio patrio.

En un debate en positivo y alejado de maximalismos, también parece razonable que no todas las enseñanzas sean comunes y haya un espacio para que la pluralidad y la diversidad de nuestras comunidades autónomas tenga un reflejo en los libros de texto. Con todo, ello debe ser compatible con la obligatoriedad de un porcentaje de lo que se denomina “enseñanzas comunes en sus propios términos”.

El problema viene cuando nadie pone un mínimo control ni en el rigor ni en la calidad de los contenidos y cada comunidad autónoma hace exactamente lo que le viene en gana sin ningún tipo de revisión. Bajo mi punto de vista, el problema viene de la mezcla entre la deslealtad de ciertos gobiernos autonómicos y la dejadez de un gobierno central que para evitar problemas competenciales no tiene una potente herramienta que permita evitar estos dislates.

Porque este debate no trata de castrar sin más una práctica enriquecedora, como es el hecho de que la diversidad de las distintas comunidades autónomas tenga un reflejo en los libros de texto. La clave de bóveda del problema al que nos enfrentamos es la falta de lealtad al proyecto común de país que vienen practicando desde hace años varios gobiernos autonómicos y que está poniendo en solfa el desarrollo de nuestro sistema autonómico.

Se trata por tanto “solo” de poner sentido común para que nuestros escolares tengan un conocimiento común y de calidad de nuestra geografía, nuestra historia, nuestra literatura y todo lo que nos ha hecho grandes como país a lo largo de muchos siglos en vez de perderse en el último endemismo; en segundo lugar, de que nuestros escolares tengan las mismas oportunidades (porque el perjudicado acaba siendo el escolar que carece de esos conocimientos mínimos); y en tercer lugar, de seguir construyendo el proyecto de país que eduque generaciones que reconozcan sus muchas cosas en común como propias del acervo conseguido durante siglos por todos, en conjunto.

Una vez diagnosticado el problema y tomada conciencia de la necesidad de buscarle soluciones vayan aquí un par de propuestas: necesidad de unificar contenidos a nivel nacional que sean de obligatoria inclusión y hacer descansar sobre un organismo nacional el control y la sanción, en caso de incumplimiento, de los contenidos de los libros de texto.

Otro tema que se me queda en el tintero es la indecencia económica y ambiental  que supone que entre los hermanos no puedan heredar los libros ni tan siquiera al año siguiente de haber estudiado con ellos, pero eso ya, lo dejamos para otro día.

Foto: Darwin Vegher


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13 COMENTARIOS

  1. Los libros de texto son una pobre herramienta para la enseñanza.
    Para abrir la boca, no hacen falta, porque no enseñan prudencia.
    “Se trata por tanto “solo” de poner sentido común para que nuestros escolares tengan un conocimiento común y de calidad de nuestra geografía, nuestra historia, nuestra literatura y todo lo que nos ha hecho grandes como país a lo largo de muchos siglos en vez de perderse en el último endemismo; en segundo lugar, de que nuestros escolares tengan las mismas oportunidades (porque el perjudicado acaba siendo el escolar que carece de esos conocimientos mínimos); y en tercer lugar, de seguir construyendo el proyecto de país que eduque generaciones que reconozcan sus muchas cosas en común como propias del acervo conseguido durante siglos por todos, en conjunto.”
    Digo yo que eso de saber todo lo que nos ha hecho grandes como país, no se podrá aplicar universalmente, puesto que si uno es grande lo es en relación a algo que será mayor o menor. En el caso de ser menor, ¿no deben estudiar nada hasta que su tamaño histórico aumente?
    Lo de las mismas oportunidades, ¿hace referencia usted a un sistema de enseñanza pública?
    Y en la cuestión de seguir construyendo el proyecto de país; por favor, en cuanto los tenga, envíe usted los planos al congreso que parece que no lo tienen demasiado claro.
    Un saludo

  2. Interesante debate sobre la historia de España que tantas diferencias y desencuentros ha promovido y promueve, no ya entre los ciudadanos corrientes de uno u otro signo político, también entre los historiadores dispuestos a escribirla, a difundirla, pero sobre todo a descifrarla.
    Sí, por lo visto, en pleno siglo XXI, el CNI ha logrado descifrar algunas las cartas secretas entre Fernando de Aragón y el “Gran Capitán”, Gonzalo Fernández de Córdoba, que datan del siglo XVI y que tal como refería el historiador y biógrafo José Enrique Ruiz Domenec, pueden ayudar a entender mejor las decisiones estratégicas y las motivaciones que impulsaron a los protagonistas de nuestra historia para actuar como lo hicieron. Una duda que, por cierto, también planteaba en este foro nuestro comentaria Argantonio rey de tartessos.

    Creo que sesgado generalizar “la manipulación de la historia”, porque incluso admitiendo que haya podido darse e influir el sesgo ideológico del historiador que investiga, traduce e interpreta la secuencia de los hechos históricos que acontecieron en épocas pretéritas, no es lo mismo significar en exceso o exaltar ciertas gestas históricas que falsear deliberadamente los nombres, las fechas, las secuencias históricas que nos precedieron y a las figuras que las protagonizaron.
    No, no es lo mismo y referise a la supuesta ” corona catalana-aragonesa” es una burda falsificación de la historia. Y no por la simple referencia a ella, sino por el fraude inaceptable que implica la reconstrucción e invención del nuevo contexto histórico, para que justifique, haga versímil y encaje en la “corona catalana-aragonesa” de nuevo cuño nacionalista.

    Y es así como los los falsificadores de “Nueva historia” han caído en el esperpento delirante de adjudicar el origen catalán a singulares figuras históricas de gran relevancia como Colón o Santa Teresa de Jesús, entre otros. Ya se sabe que para sostener una mentira en el tiempo hay que hay que crear e inventar otras muchas.De ahí que los “historiadores” de “Nova historia” hayan degenerado a marchas forzadas en el esperpento más datesco y despreciable.

    Y luego están los que se ríen o se niegan a aceptar que el matrimonio de Fernando e Isabel en 1469, con la unión de los reinos de Castilla y Aragón fue el germen que marcó el nacimiento del estado moderno y de España como nación. Si bien es difícil coincidir en una fecha concreta para referir el nacimiento de una u otra nación, si existe consenso en los historiadores para señalar elementos constitutivos del estado moderno en los reinados de Luis XI en Francia, de Enrique VIII en Inglaterra y de los reyes católicos en España.
    Esos elementos se traducen en una combinación de la autoridad monárquica con la unidad política en una creciente centralización del poder, a través de una concepción económica mercantilista, donde la capacidad de acumulación de metales preciosos por parte de los estados determinaba en buena medida la fortaleza militar y la capacidad de imponerse a otros estados.

    Si consideramos que la consolidación de los estados modernos se produjo entre el XVI y el XVIII, no puede pasar inadvertida la evolución que trajo consigo la unificación de los reinos de Castilla y Aragón, con su reforma administrativa y una activa política exterior dirigida a evitar la expansión francesa en el mediterráneo, a la creación de un imperio colonial ultramarino y también a la unificación peninsular, porque unificar a Europa bajo su indiscutible dominio imperial resulto a la larga una ambición frustrada de los monarcas Carlos V y Felipe II.
    El estado moderno se caracteriza por estar organizado, estructurado, centralizado y sobre todo por se reconocido como tal por otros estados. Y en su lenta pero firme consolidación, creo que hay suficientes elementos de organización, estructuración y centralización política en la corona de Castilla y Aragón para marcar un antes y un después en la conciencia y consideración de pertenencia a España como Estado- nación.

  3. El problema no son los libros de texto. Esa es la manifestación más evidente. Si en España no hemos conseguido siquiera tener una serie de consensos básicos en nuestra historia (de dónde venimos, cómo se ha construido nuestro país, cómo se insertó España en el contexto internacional, qué elementos culturales son determinantes en nuestra configuración actual, etc.), es imposible que haya un acuerdo en el tema de los libros de texto, Esto pasa especialmente en los libros de historia, que sítúan a los alumnos en sus coordenadas históricas, les dicen quiénes son y de dónde vienen. Por eso, la historia es la principal asignatura manipulada, aunque las demás también lo pueden ser en cierta medida, siempre que haya ingenieros sociales cerca e “historiadores” y pedagogos adictos a la causa. Por eso el origen del problemas es doble: intelectual y político.

    Intelectual porque en nuestras universidades, donde se forman los historiadores, la manipulación es evidente, totalmente dominada en la actualidad por la izquierda y los nacionalismos-regionalismos, que ofrecen una interpretación histórica totalmente sesgada en favor de sus intereses. Así, desde el machaque franquista con el Imperio Español, las glorias europeas de Carlos V (o Carlos I) y la Reconquista en su versión dura nacional-católica hemos pasado a idolatrar al-Andalus, la II República y la resistencia contra el franquismo. Exactamente la misma manipulación que antes y las mismas falacias.

    Con el nacionalismo-regionalismo, exactamente lo mismo: con la dictadura, España existía desde Altamira (ahora sería Atapuerca) y los reyes de Castilla, León, Navarra, Aragón y los condes de Barcelona (unos cabrones de campeonato en su gran mayoría) estaban por la unidad de España desde el minuto uno de la invasión islámica; pero hoy se enseña que España no aparece hasta la Constitución de Cádiz (o mejor hasta la Constitución del 78); todo lo anterior era opresión castellana inquisitorial y los reinos de la Corona de Aragón eran paraisos de libertades civiles (eso se explica también en el antiguo reino de Tartessos, vivido en primera persona). Además, por supuesto que “existió” la Corona Catalano-Aragonesa (que no aparece en ningún documento de la época), pero les olvidó decir que fue una invención del nacionalismo catalán en el siglo XIX, porque una región prospera e industrial como Cataluña no podía “depender” de un reino (actualmente región) pobre, despoblado y lleno de baturros (con todo el cariño, un saludo para los maños de mi parte) y encima castellanoparlantes.

    En el antiguo reino de Tartessos, la situación no es mejor a nivel de enseñanza universitaria y bachillerato. Al-Andalus fue la ostia: convivencia, progreso, ciencia, tolerancia, esplendor artístico… La conquista castellana de Andalucía fue un desastre: se acabó la tolerancia, se impuso la inquisición, se arruinó la economía, se impuso el latifundio. Todo ello aderezado con mucha pasta para promocionar Medina Azahara (que es un sitio espectacular), La Alhambra (que sobran las palabras) y dar caña a la Iglesia con el tema de la mezquita de Córdoba (la cual, por otro lado, le proporciona pasta a raudales al señor obispo que a saber en qué se gasta, en el mantenimiento del monumento no, desde luego). Todo ello estaría muy bien si no fuese envuelto en el falso mito de las tres culturas, especialmente cultivado por “guiris” incautos y nuestra progresía más rancia. Ahora bien, decir que Medina Azahara fue arrasada por las tropas bereberes del propio Califato de Córdoba, que Averroes fue expulsado a pedradas del mismo patio de la mezquita de Córdoba y tuvo que huir acosado por la multitud que quería matarlo y que la Alhambra se conservó precisamente por la estima que tanto los Reyes Católicos como Carlos V (Carlos I), como todos sus antecesores en el trono de Castilla-León-Aragón le tenían al lujo islámico, eso no: eso no está bien visto y se pasa de puntillas. Por suerte el “nazi-onanismo” de corte moruno no cala en Andalucía, aunque hay una gran cantidad de los actuales andaluces piensan que ellos descienden de los árabes: lo que les llevan contando cuarenta años. Cuando les dices que de eso nada, que ellos vienen del norte y descienden de los repobladores cristianos que conquistaron Andalucía entre los siglos XIII y XV se quedan perplejos por tener esa sangre intolerante, inquisitorial y, sobre todo, “facha”. Y que los andaluces actuales, de moros tenemos muy poco, por no decir nada. Pero siguen “erre que erre”: que si el gazpacho (ignorando que el tomate es americano), que si el aceite de oliva (fenicio, griego y romano) y los dulces con miel y almendras…. especialmente hechos para ¡Semana Santa!. Ahora expliquenme Vdes. qué tienen de musulmán, el tocino, la “pringá”, fantástico jamón de Huelva o de las Alpujarras y el lomo en manteca (de cerdo, por supuesto). De traca, vamos

    Y respecto al tema político en toda España, ya por todos es sabido: con una derecha analfabeta y oportunista, que no tiene ni idea de historia más allá de la grandilocuencia y las banderitas, unida a una izquierda cainita y guerracivilista que no hace otra cosa que manipular y unos nacionalista que no hacen más que arrimar el ascua a su sardina (a su buchaca, vamos), pues así nos va.

    • En parte estoy de acuerdo con usted. Discrepo en las comparaciones entre izquierda-nacionalismos y derechas. Usted más o menos afirma que la manipulación de la historia que hace actualmente la izquierda y los nacionalistas es exactamente igual que la que hacía antes el franquismo o la derecha. No, no es lo mismo, simplemente porque la segunda no existió. La primera, la de la izquierda y la de los nacionalistas, es una herramienta de control totalitario, de tipo orwelliano, ya sabe quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro. Usted ha puesto unos ejemplos bastante acertados. La segunda, la de la derecha o el franquismo, como decía no existió. Una cosa es exagerar grandilocuentemente ciertos hechos históricos odarles un barniz resultón y otra cosa es manipularlos o inventárselos directamente. La diferencia es muy importante. Por cierto la continuidad histórica de España, al menos desde el reino Visigodo, es defendida por Claudio Sánchez Albornoz, presidente de la II República en el exilio.

      • Brigante: Leyendo su comentario, creo que tiene Vd. razón en lo que comenta sobre la manipulación de la historia en el franquismo. Quizás lo dije en trazo grueso y posiblemente estuvimos ante una exageración grandilocuente del pasado (que tampoco fue original, porque venía ya del nacionalismo del siglo XIX en su idea de España, que en muy poco se diferenció de la construcción ideológica de otros estados-nación europeos, lo que pasa que aquí solo hacemos mirarnos el ombligo). Creo que la versión franquista adolecia de su falta de buenos historiadores, cosa que la izquierda sí tiene (ayudada por una legión de autores extranjeros, muchos de los llamados “hispanistas”, con excepciones). Una cosa esta clara: independientemente de que sean magníficos historiadores en el manejo de las fuentes y en su presentación, así como su interpretación, su capacidad de manipulación es mucho más notable. Por eso su discurso triunfa.

        Respecto a cuándo hay continuidad histórica de España, apasionante y largo debate. Sintentizo mi posición: no creo que se pueda hablar de España desde los visigodos.

        Este pueblo vino aquí como administradores del Imperio Romano de Occidente y simplemente se quedaron con la finca; bueno, unas veinte familias de la aristocracia goda y los hispanorromanos a trabajar para ellos. Intentaron adaptarse porque eran muy pocos, pero su sistema era muy endogámico (pese a los intentos de algún rey más lúcido como Recesvinto). Tres cuartas de lo mismo con los musulmanes (Abderramán I fue un tipo con suerte) y afianzó el Emirato por falta de enemigos externos (que no internos). Abderramán III fue el que tuvo una idea más clara de lo que era un estado (árabe y musulmán, por supuesto, no español) y tuvo un digno heredero en su hijo al-Hakam II, pero después se acabó ya el gordo de navidad, porque el islam lleva siempre en sí la semilla de la discordia.

        Los primitivos reinos cristianos estuvieron sometidos a al-Andalus hasta finales del siglo X y la idea goticista solo está arraigada en un grupo de intelectuales de la corte asturiana, leonesa y luego castellana, vamos cuatro gatos intelectuales y todos clérigos, que se refugiaban en un pasado ya legendario. La grandilocuencia de algunos reyes leoneses y castellanos (Imperator Hispaniae) era pura propaganda. Los condados catalanes y el reino de Aragón eran hasta muy avanzado el siglo XII meras prolongaciones de Francia, deseando construir un reino transpirenaico y pasando de Castilla, León y Portugal. La “Reconquista” se hubiera acabado en el siglo XI si todos los reinos cristianos realmente hubieran estado por la idea de “reconquistar España”, porque después de la caida del Califato de Córdoba, al-Andalus solo se sostuvo por el apoyo de sus correligionarios de Africa (almorávides, almohades y benimerines). Pero los reyes cristianos preferían guerrear entre ellos y mantener sus “fincas” para luego repartirselas a sus hijos y joder más el invento, mientras que los nobles se hacían con más poder.

        Ni los Reyes Católicos lo tuvieron claro, cuando palmó Isabel, Fernando se casó con Germana de Foix y en sus capitulaciones matrimoniales señaló que el hijo que hubiera de esa unión heredaría Aragón y Navarra, separados de Castilla, con lo cual a este señor la unidad de España le importaba un pito. Las circunstancias impidieron que el rey Católico preñase a la Sr. de Foix. Y ahí estamos.

        Para colmo llegaron poco después los Habsburgo (aqui llamados más castizamente Austrias), una familia centroeuropea advenediza que solo le importaban sus intereses familiares en Europa y desangró a Castilla en guerras interminables que ni nos iban ni nos venían. En ello, quemaron la pasta que venía de América como si no hubiera un mañana, porque la Corona de Aragón no aflojaba el bolsillo ni por equivocación; los castellanos ya habían aprendido lo que era sublevarse contra “su señor el Rey” y perder la guerra, porque eran reinos independientes y la unión era meramente personal y dinástica. Resultado: todos los enemigos de los Habsburgo coincidieron en señalar que tenían enfrente a los “españoles” (en su mayoría mercenarios de todas partes del mundo que luchaban bajo la Cruz de Borgoña por la soldada), ya que estos señores de allende los Pireneos no sabían mucho de como era la estructura política de la monarquía “hispánica” de Carlos I y Felipe II.

        Quizás a partir del siglo XVII, cuando la oligarquía cortesana entendió que en Europa no se nos había perdido nada (hubo que sufrír el desastre de Rocroi y tener enfrente a un fulano sin escrúpulos como Luis XIV de Francia) y el efecto de llevar viviendo ya un siglo y medio bajo los mismos reyes pudo crearse una cierta conciencia “española” en los habitantes de los reinos peninsulares (Portugal dijo bye bye con el apoyo inglés). Incluso los catalanes entendieron que bajo la monarquía “hispánica” estaban mejor que bajo Francia, porque después de la Guerra dels Segadors y todas esas mamarrachadas probaron a tener un verdadero ejercito de ocupación ¡francés!.

        A partir del siglo XVIII y del XIX y XX, todos sabemos lo que ha venido pasando. Por eso, creo que lo de los visigodos es un mito que hay que desterrar. Ello no quita a que bajo una España unida vivamos todos mucho mejor y con mayores cotas de libertad, bienestar y convivencia, con unas mejores condiciones para el progreso y ser conscientes de lo que ha costado llegar hasta aquí: mucha sangre, sudor, lágrimas, leyendas negras, enemigos internos y ruina económica. Lo triste es que hoy, en 2019, hay quienes quisieran inseminar artificialmente el cadáver de Germana de Foix y volver al siglo XV, para empezar de nuevo. Allá ellos.

        Saludos y disculpas por la longitud.

        • Trata usted muchas cuestiones. Discrepo afectuosamente. Yo sí creo que España es una realidad histórica al menos desde Recaredo y con una identidad propia que se fue forjando a lo largo de los siglos. Evidentemente no fue una nación como la entendemos ahora, es decir como sujeto político titular de una soberanía absoluta sobre un territorio y que no admite intermediación entre su soberanía y el individuo, pues ésta es una creación del Estado Liberal. La idea de la España perdida está presente en la Reconquista, y al menos desde el siglo XV es evidente que existe una realidad política, histórica y cultural llamada España. Los testimonios son innumerables, y no solo de extranjeros. Cortés nombró a su conquista como Nueva España y en los relatos de los conquistadores los protagonistas son “españoles” (también castellanos es cierto). Quevedo es otro buen ejemplo. Y en la Corona Aragonesa ocurre lo mismo. Para mí uno de los más esclarecedores no es el famoso de Jaime I el conquistador, sino el del cronista valenciano Moncada en su Expedición de catalanes y aragoneses contra los turcos. En la misma, este valenciano del siglo XVII compara las hazañas de los catalanes almogavares con la de los conquistadores castellanos de Cortés, y no decantándose por ninguno, concluye “españoles eran todos sea común la gloria”. Es usted muy injusto con Fernando el Católico, su matrimonio con Germana fue forzado por las circunstancias y las probabilidades de que tuviese un heredero era escasas. Fue una más de las magistrales jugadas de Fernando cuando parecía derrotado por el Hermoso, jugada arriesgada, pero ya se sabe que la fortuna favorece a los audaces. En fin trata usted muchos temas que daría para un largo debate como la política exterior de España en Europa durante los siglos XVI y XVII; política exterior continuadora de la aragonesa, no ajena a los intereses de España. Un saludo

        • “creo que lo de los visigodos es un mito que hay que desterrar.”
          El mito de los visigodos es similar al de los suevos (Suabia en Alemania hoy). Algo que usaron los decimonónicos nacionalistas gallegos como fundacional. Como si 30000 suevos domeñaran alegremente a medio millón de galaicoromanos. Y estos últimos se sintiesen parte del foedus romano con los suevos por “la gracia de Dios” (catolicismo año 550)…

          En este aspecto, algunos ponen la realidad en La Corona, la ley, en el poder. Mas bien parece ser el tiempo y las costumbres; la cabeza y no la capital. Por ello, torna importante el adoctrinamiento (digo educación) en el Estado Liberal,…, a falta de pegamento civilizatorio el palo es buena alternativa.

        • Pues, a mi parecer, el vuela pluma del señor Argantonio, es más agradable de entender y compartir, porque es mucho más polifacético que la concepción patría que usted, señor Brigante, sostiene y en la que parece sostenerse su ser.
          Creo que el talante personal en estos casos es muy importante. El suyo, señor Brigante, sin querer ser ofensivo, me parece claramente romántico.
          La Historia, tiene esas cosas. una mirada lúcida y desafectada es prácticamente imposible porque como especie parece que necesitamos legitimar nuestro ser y darle sentido, incluso histórico. Por eso, tanto aquí como en Bután, la gente se cuenta sus historias.

          • ¿Romántico? no se muy bien a que se refiere, estoy seguro que eso del romanticismo tiene muchas acepciones, es como se dice ahora una palabra polisémica. En cualquier caso mi concepción de la historia de España es fruto de muchas lecturas y de alguna que otra reflexión. Entre los autores que han influido en esa visión se encuentra por ejemplo Claudio Sánchez Albornoz. Detesto la visión de la historia de España de Ortega, aunque soy un entusiasta de su Rebelión de las Masas, en cambio comparto la de su discípulo Julián Marías. Las obras de Salvador de Madariaga sobre la conquista de América y el imperio español también han influido en mi visión, y tengo también una deuda con el humilde soldado Bernal Diez del Castillo y su maravillosa Verdadera Historia, donde mete unas cuantas puyas a nuestro gran Cortés. En fin muchas lecturas de autores de lo más variopinto. No se si eso me convierte en romántico pero sí me permite debatir sobre nuestra historia.

          • Romántico lector, por tanto. Romántico, en el sentido de ser subyugado por la pasión, la creencia, la trascendencia, la sensación. Usted siente España con pasión, pero no se cree que eso le pase a otros en otras partes del mundo, con o sin grandes gestas patrias que leer en esas tardes frías de invierno, si las tuvieran.
            Conviene, sin dificultad, en entender su sentimiento legítimo como prueba irrefutables de la verdad de la existencia de las ideas que defiende.
            Está claro que al señor Argantonio, tampoco le faltan lecturas, pero sus conclusiones, más laxas en relación a la unidad española a lo largo de los últimos siete siglos de historia peninsular, a usted no se le hacen simpáticas. A mí, sí. No he leído tanto como ustedes, pero los absolutos me hacen recelar y suelo guardarlos para menesteres matemáticos. Será por ello que me adhiero con mayor facilidad al discurso iconoclasta del rey de Tartessos.

          • Es muy complicado adivinar el carácter de una persona a través de unos comentarios a unos artículos, algo se puede averiguar evidentemente, pero es complicado. Yo creo que usted, y me aplico lo dicho anteriormente sobre la dificultad de determinar intenciones o caracteres, “prejuzga” en base a estereotipos. Sí es verdad siento a España con pasión, es mi tierra, aquí nací, es la tierra de mis padres (patria) y forma parte de mi identidad, ¿por qué no iba a sentir pasión por ella? Pero donde se equivoca y entra en los estereotipos es cuando dice que “no se cree que eso le pase a otros en otras partes del mundo” ¡claro que lo creo! no solo lo creo sino que me parece lo natural, lo normal, lo humano. Yo no creo en las ideologías, no me gustan las abstracciones, prefiero la realidad, así que en la naturaleza humana esta el querer a la tierra en que naciste, por lo í que me parece lo más normal del mundo que la gente quiera a su patria. Porque el patriotismo no tiene nada que ver con el nacionalismo. Para, como usted dice, sentir pasión por España no es necesario odiar a nadie ni tener agravios hacia nadie. Como le he dicho antes yo quiero a mi patria pero no soy nacionalista, no divinizo a España, entre otras cosa porque mis creencias religiosas, católicas, me lo impiden. A usted le hacen simpáticas las reflexiones del amigo de Tartesos porque coinciden con su visión de España, cosa que me parece fantástica, pero me da la impresión porque usted mismo lo reconoce, que su visión no se basa en hechos y posteriores interpretaciones de esos hechos, sino en ideas preconcebidas. A mi la visión de Argantonio me parece muy pesimista y es muy española, porque ese pesimismo sobre nosotros mismo es muy español. No la comparto pero la respeto porque es honrada y no se basa en un prejuicio

  4. “Otro tema que se me queda en el tintero es la indecencia económica y ambiental que supone que entre los hermanos no puedan heredar los libros ni tan siquiera al año siguiente de haber estudiado con ellos”

    No sé en otras CCAA en Galicia existe desde hace un par de años el llamado Banco de libros, los libros los da el colegio y los recoge a final de curso para darlos el próximo curso a otros alumnos. No es universal, influye la renta y según dicha renta se dan todos los libros o parte.
    Sobre el año 2012/2013 la Xunta obligó a que la vigencia de los libros fuese al menos de cuatro a 6 años, con ello evitaba que los libros fuesen cambiados todos los años y los hermanos pudiesen heredarlos . Las familias, parte o todos los libros los pueden obtener del colegio, con esta iniciativa se fueron acostumbrando hasta los propios chavales a pedirlos y dejarlos tanto a familiares como a hermanos de compañeros más jóvenes. Hay un intercambio de libros importante. Quien quiera los compra y quien no, siempre tiene el banco de libros o el préstamo entre conocidos.
    El gran problema de estas medidas es que cada legislatura entra una ley educativa nueva y otra vez a editar nuevos libros pero de momento aquí al menos se garantiza que durante unos cuantos años no se modifique el contenido de los libros.
    Urge un pacto educativo a nivel nacional y si el Estado tiene que recuperar competencias en materia educativa pues no me parece mal. Me parece interesante que en las distintas CCAA se imparta alguna asignatura relacionada con su lengua, historia pero creo que debería ser comparativa, si se analiza una lengua, una costumbre , una edificación típica, los productos autóctonos… pues hacerlo comparando distintos sitios de España. Lo que no es normal es lo que ocurre en este momento y no sólo en Cataluña. En Galicia en materia educativa priman las asignaturas impartidas en gallego y el dichoso hecho diferencial se está mamando desde la cuna. De hecho la canastilla por nacimiento que regala la Xunta va “adaptada á nosa idiosincrasia” (palabras de Feijóo) , entre su contenido va un CD con nanas en gallego y un libro de cuentos también en gallego.

    Tenemos un gran problema en la enseñanza española tanto en libros y su contenido como en el uso partidista que se está haciendo de las competencias educativas

  5. Los libros de texto son una herramienta de manipulación, en mi opinión la mejor solución es dejar total libertad de elección de textos a los centros e instaurar exámenes de nacionales de grado al finalizar cada ciclo formativo.

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