Camille Paglia, una de las feministas más interesantes de hoy, insiste en que los gobiernos se empeñan en politizar la sexualidad desde las escuelas. A esos políticos, todos cortados por el mismo patrón, solo les interesa adoctrinar al alumnado en un comportamiento único, el hedonista, entendiendo por educación sexual la información sobre las variantes sexuales y los métodos anticonceptivos.

Al tiempo, indica Paglia, se inocula la teoría social de la revolución femenina, la hora de las mujeres, o la rebelión contra el patriarcado, en un supuesto ajuste de cuentas histórico con una finalidad política inmediata: el control de las conciencias y de las acciones. De esta manera, por ejemplo, el embarazo no deseado es presentado como una enfermedad ante la que la mujer tiene el derecho a curarse mediante el aborto.

El adoctrinamiento sexual en las escuelas es impartido a veces por profesionales y otras por propagandistas sin formación

Ese adoctrinamiento en las escuelas, añade Paglia, es impartido a veces por profesionales y otras por propagandistas sin formación. El resultado es una educación sexual que, lejos de haber mejorado a las personas y sus experiencias, de reducir las violaciones o los abusos, se ha convertido en un auténtico fracaso. Los chicos no reciben fundamentos éticos ni morales en las relaciones sexuales (no aprovecharse de mujeres ebrias, por ejemplo), y las chicas no distinguen entre ceder en el sexo y ser populares. Pero lo que es más llamativo: no se les muestra que deben planificar su paternidad o maternidad en función de su ambición laboral y gustos, sino que se les dice que ser padre o madre es un obstáculo para el verdadero objetivo de la vida, el imperio de los sentidos.

Todo comenzó en los 60

¿Cuándo empezó esta deriva? En la década de 1960. La lucha contra el capitalismo se convirtió en una guerra generacional. Derribar el orden moral era el clave para demoler el orden político. Por eso, un situacionista, medio trotskista y anarquista, y hoy ecologista, llamado Daniel Cohn-Bendit, saltó a la fama en 1968 al espetar al ministro de Educación que su Libro Blanco no hablaba de los “problemas sexuales de la juventud”. Abordar el amor en su amplio sentido era la condición objetiva moral para destruir el fundamento del capitalismo, el patriarcado donde la mujer desempeñaba un puesto subalterno.

La búsqueda de la igualdad se transformó en una sencilla “liberación sexual”. El sexo sin ataduras formaba parte de la rebelión. El puritanismo de los años 50, la Doris Day que atesoraba su virginidad, era un elemento de la represión de los viejos, del capitalismo, del sistema.

La generación del 68 resucitó al marqués de Sade como ejemplo vital. Incluso el libro de Joseph Fourier sobre el amor libre, escondido por sus seguidores desde su muerte en 1837, se publicó a bombo y platillo en 1967. Las discográficas hicieron millones con canciones sobre el amor, el sexo y la insatisfacción. Era la revolución a través del comportamiento amoroso o sexual, como decía Fourier: “He aquí el secreto de la moral: solo es hipocresía que se adapta a las circunstancias y se quita la máscara cuando puede hacerlo impunemente”. La hipocresía era colaboracionismo con el Capital y, por tanto, había que hacer explícita la otra moral.

También el naturismo anarquista de finales del XIX y comienzos del XX se presentó como un movimiento vanguardista, libre del encorsetamiento del capitalismo, que permitía la realización de las personas. En 1934, por ejemplo, se fundó en Madrid la Asociación Naturista, que decía: “asóciese si es verdadero libreculturista, ayudando a la Regeneración del mundo”. Las comunas donde la propiedad y el amor eran colectivos salpicaron entonces Estados Unidos como muestras de repudio al capitalismo y a su moral puritana. El sexo quedó politizado.

La “liberación sexual” se convirtió en signo de modernidad, pero el sexo no se humanizó: se politizó siguiendo la línea de la “lucha de géneros”

Esa generación del 68 llegó a las instituciones. Aquella élite cultural se convirtió en oligarquía y transmitió la “buena nueva” a través de la educación y los medios de comunicación. La “liberación sexual” se convirtió en signo de modernidad, pero se hizo mal. El sexo no se humanizó, no se normalizó tratándolo como una faceta más del desarrollo de la persona, ni mejor ni peor. La politización del sexo, proveniente de la lucha de géneros, ha sido una consecuencia más de la larga revolución del 68. Sin embargo, es tan fácil su reclamo inconsciente que pulula en todos los medios un eslogan publicitario que define perfectamente la idea: “Si tu vida sexual funciona, lo demás no importa”.

Foto: Michael Prewett


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13 COMENTARIOS

  1. “El resultado es una educación sexual que, lejos de haber mejorado a las personas y sus experiencias, de reducir las violaciones o los abusos, se ha convertido en un auténtico fracaso. Los chicos no reciben fundamentos éticos ni morales en las relaciones sexuales (no aprovecharse de mujeres ebrias, por ejemplo), y las chicas no distinguen entre ceder en el sexo y ser populares”.

    Me parece interesante su reflexión, Jorge, aunque no tengo claro si ese fracaso es el resultado de una pésima educación sexual o de la ausencia de ella. Y lo más importante, ¿A quién corresponde transmitir a los jóvenes los fundamentos éticos y morales en las relaciones sexuales? porque, de la misma manera que los padres o la familia son los responsables máximos de transmitir los valores éticos y morales a través del ejemplo y de la orientación adecuada a los hijos en las relaciones e interacciones de la vida cotidiana; parece que la educación sexual en la escuela es aséptica e insuficiente, mientras que en la familia sigue siendo un tema tabú en algunos aspectos y se da cierto malestar y pudor en asumir el papel de educadores sexuales o incluso en la aceptar y reconocer que los adolescentes puedan haberse iniciado en la vida sexual; aparte que, muchos padres y familias se relajan y agradecen que sea en las escuelas u en otras instituciones donde se impartan estas materias dentro de un marco responsable y cívico de convivencia.
    Por ejemplo en mi época, la educación sexual se recibía mayormente a través de la catequesis que se extendía hasta la adolescencia, y aunque por aquel entonces los límites no eran tan restrictivos ni los corsés tan constreñidos como antaño, sí se transmitían esos valores morales y éticos, y las familias confiaban esa misión a terceros. Los padres estaban encantados de que así fuera y sobre todo de quitarse ese marrón de encima, porque incluso hoy, en estos tiempos, en los procesos de crecimiento y maduración de los hijos hacia la vida adulta, no es habitual que los hijos compartan con sus padres las prácticas sexuales de sus relaciones íntimas.
    Lo natural es que se compartan esas experiencias con amigos o con terceros, ajenos a la familia; a no ser que a uno le hayan educado bajo la premisa progre de que la función de los padres es la de ser los mejores amigos y entender la relación de igual a igual. Una confusión de roles que además de irreal crea distorsiones en la edad adulta, al reducirse al mínimo la figura de autoridad y es fuente de conflictos en las futuras interacciones de todo tipo y condición.

    Pero dicho esto, si se deja la tarea de educar sexualmente a las instituciones del estado surge también el malestar y la incomodidad de pensar que se está adoctrinando y no educando, como ya ocurrió con aquella asignatura de “Educación para la ciudadanía”, que intuyo, pretendía cumplir con ese cometido, aunque no pudo evitar introducir un sesgo ideológico que fue rechazado por un sector de la población. La pregunta es: ¿Sería posible transmitir a los jóvenes en su tránsito a la vida adulta unos valores morales y éticos en su educación sexual bajo consenso unánime o al menos mayoritario de la sociedad o tenemos que estar a expensas de que el gobierno de turno imponga su doctrina ideológica o moral?

    Otro punto que viene a complicar el tema de los valores morales y éticos, y que merece un capítulo aparte por su extrema importancia es el uso creciente de la tecnología en nuestras vidas. Nuestros hijos son nativos digitales con acceso cada vez más temprano a redes y dispositivos digitales, en muchos casos sin criterio formado ni control de lo que ven, de lo que consumen o de lo que graban. Lo primero que se necesitaría es un manual de instrucciones para navegar por internet, sin peligros y de una forma responsable. Y en este sentido, las familias si que han perdido la batalla y el control sin necesidad de recurrir a las teorías posmodernistas de los 60. La evolución teconlógica de la sociedad nos pilla con el pie cambiado en muchos aspectos y el aumento de delitos sexuales también es propiciado por esta realidad, que habrá que afrontar más pronto que tarde.

  2. No sé porqué nos extraña que los ávidos de poder quieran acceder a todos los resortes económicos. ACS o El Corte Inglés (sólo por poner dos ejemplos conocidos), no desprecian ni la posibilidad del puesto de verduras; los que disponen de capital, quieren moverlo, y los que no lo tienen, acceder a él por los insondables caminos del señor.
    El sexo es una mercancía que algunos ilusos quieren dotar de un aura trascendente; cualquier pulsión inevitable, desde un bocata de calamares al deseo carnal, son productos con consumidores seguros, por eso, putas y pastores, convenientemente puestos al día, son oficios eternos.
    Todo es mucho más prosaico de lo que pretenden poetas y entes necesitados de lirismo para sobrevivir en atajos existenciales a la abierta conflagración por los bienes tangibles o nutrientes; una dulce ficción poética sólo accesible a santones torturados o incapaces de romper un plato, por no enfrentarse a cómodas normas ancestrales que evitan pensar (todos intentamos evitar lo que más nos vuesta).
    La emprendeduría de entrepierna no morirá nunca, porque venimos con el set de serie; pero eso sí, jamás construiremos un emporio del refocile, de eso se encargan los que tienen capacidad de inversión, corrupción y producción.
    Ya no hay nichos libres, la fiscalidad y la judicatura se encargarán de cumplir las necesidades de los inversores fetén:
    cárcel para proxenetas por libre y persecución a putones sin VISA.

  3. Lo que se conoce por “sexo” es una estrategia de la vida para su eterno retorno.
    Una complicada relojería neuronal lo regula. Si se la inhibe, o sea si se enfada Dionisos, se acabo la fiesta.
    Alguien desea al alguien con una fuerza mayor que los mares.
    Y quien se sabe objeto deseado también intuye, aunque posea un rudimentario sistema cognitivo, que ello le otorga poder y ascendencia sobre el sujeto.
    De ahí a otorgarle valor y consecuentemente precio es una volición al servicio de cualquiera.
    Hasta no hace mucho, aquellas que regalaban el “sexo”, o sea que lo practicaban a cambio de nada, eran denostadas cruelmente por sus compañeras de “genero” y sometidas a escarnio y némesis por todas las sociedades y religiones.
    Ellos, por su parte, tampoco hacían ascos al asunto por aquello de que sus genes tiraran para adelante sin competencia.
    Pero, en esto, en medio de este estado de cosas llegó el Estado con sus leyes y se metió en la cama, en medio de los dos, como buen voyeur, que es.

      • Si, en efecto, son comunes en el cosmos las polaridades, las simetrías y los hemisferios; dualidades que forman parte de una realidad ignota.
        Nuestra percepción de la realidad es singular y lo que entendemos como verdadero, tampoco es lo contrario de lo falso; ambos conceptos son simples representaciones de la “cosa en sí” kantiana, que forma parte del inmenso océano de lo no conocido. Si no conoces la verdad, tampoco su contrario.
        Por ello Popper popularizó el concepto de “falsación” como método cientico de verificación epistemológica.
        Las dicotomías es algo a estudiar, porque hay mentes singulares que solo entienden una cosa como lo cpntrario de otra, sin matices. (Asperger).
        Dicho lo cual, el propio cerebro que es una realidad dual elabora su cognición a través de una inmensa maraña de conexiones sinaptícas, moduladas a su vez por un sistema eléctrico y otro de transmisores neurales.
        El yo, nuestro patrimonio existencial es consecuencia de toda una trama de procesos hoy desconocidos.
        Pero: por que estamos hablando de esto nosotros ahora?
        El sexo nos llevo a ello.
        Que inmenso motor para la vida es este duende travieso!!

  4. ¿”Ecuménico”? El ecumenismo es una tendencia para unificar el cristianismo. Creo que ahí te equivocas o te refieres a otra cosa.

    El humanismo que invoco es el que nace en el Renacimiento para defender la dignidad del Hombre por encima de adoctrinamientos y dogmas, de prejuicios y dictaduras. Parece evidente que los casos que cuentas -enhorabuena por tu labor, eh- demuestran la importancia de lo que estoy defendiendo: a esas personas no se les ha enseñado que la dignidad, fundamento de la ética, del bien y del mal en el comportamiento humano, es la base de su existencia como seres libres. Sin ese concepto serán personas esclavas, ya sea de otra persona o de una ideología.

    Feliz día, Emme :)))

    • Bien verdad que no puedo hacer dos cosas a la vez…Neocatecumenales, vamos los Kikos, es lo que quería decir y no ecuménicos. Aunque creo que Benedicto, también andaba en lo de humanizar la sexualidad.

      Sí, te he entendido en lo de humanizar, pero me hace gracia meterme contigo (pardón).

      Podría contar bastantes anécdotas en este tema, por lidiar diariamente con ellos pero eso de que internet es una ventana abierta al mundo, no deja de ser bastante más pequeña de lo que pensamos y mejor no entrar en detalles no vaya a ser el demonio que alguno se reconozca en ella, también me sorprenden por los temas y los blogs que llegan a leer, no todo es tan crudo como pensamos, simplemente conozco bien el problema que planteas, incluso puede que más, al fin y al cabo no soy madre, ni profesora de colegio donde no tienen confianza para contar “sus hazañas”, soy alguien con quien se lo pasan bárbaro y encima pueden hablar de lo que les de la gana aunque les eche más broncas que sus propios padres.

      Maduran demasiado pronto para algunas cosas y en otras se infantilizan hasta demasiado tarde, incluso como bien dices presumen de ser modernos y libres cuando ves que no es así, todo lo contrario.

      Igualmente buen día y buen puente de Mayo. :))

  5. Uy Jorge , eso de humanizar la sexualidad me da un poco de yuyú los ecuménicos también lo piden. :))

    Hoy en día se quiere humanizar todo, desde las ciudades hasta el sexo. A veces creo que deberíamos empezar por humanizar a los humanos, pero entiendo el artículo y estoy de acuerdo que la educación sexual en las escuelas está siendo un rotundo fracaso. No sé si el sexo se está politizando o que hemos llegado a un punto que ya todo da igual, asusta en una época donde hay tantísima información, tantísimos medios para evitar embarazos no deseados y en edades preocupantes que existan tantos números de abortos. Es de una irresponsabilidad tremenda. Llevo años dando una serie de actividades extraescolares a niños y a adolescentes, en estos últimos sobre todo en las chicas me asusta la forma de pensar de muchas de ellas, a pesar de ese feminismo que parece que inunda las calles, yo no lo veo tanto. Alguna vez he tenido que parar las clases para poner los puntos sobre las íes cuando entre ellas están hablando de sexo o cuando me cuentan algunas de sus historias, por supuesto siempre en tercera persona, como que con ellas no es. Una no nació ayer y ve quien es la protagonista del cuento. Recuerdo hace un tiempo, que contaban que las chicas de su edad no usaban preservativo en las relaciones, yo asustada, primero porque tenían 14 años y segundo por no usar ningún tipo de protección para evitar embarazos o enfermedades, pues la conversación con ellas aún me asustó más, lo hacían porque los chicos no querían preservativo y si no lo hacían ellas lo iban a hacer otras.

    Es terrible esa forma de pensar, por no hablar de las prácticas sexuales que tienen en grupo o prueban si les gusta más con chicos o con chicas. Quieren saber si son gays, lesbianas o hetero.

    Una locura. Cierto, los hay y las hay con los pies en el suelo, pero una parte preocupante no sé si está con ellos en la luna o en el infierno.

    Las campañas de prevención, de información no funcionan, están siendo un rotundo fracaso pero no se fomenta la responsabilidad y evitar el problema, sólo se da la solución que lo único que hace es destrozar personas.

    • Aparte de todo lo que escribe Emme (muy buenos comentarios a los que poco más puedo añadir) yo quería añadir un ejemplo más:
      Lo último en cuanto a prácticas en el sexo parece ser la normalización de la idea degradante de que(irónicamente en un mundo cada vez más feminista) violar y ser violado/a, el ansia de dominar y la violencia en el sexo, no son algo malo ni raro sino aceptable, (y no sólo normal sino hasta erótico, progresista y de moda). Eso sí, no es violación mientras se racionalice firmando un papel, se sexualice todo al máximo -sobre todo el cuerpo femenino- y se ritualice la violencia al máximo (todo esto para evitar tener que enfrentarse al hecho de que, debajo de todo el glamour y la atmósfera alienante, el acto mismo y la intención con que se hace no difieren de una violación de madrugada en un callejón de mala muerte)

      *Una nota: A pesar de esto, que se puso de moda gracias a uno de los peores bestsellers jamás escritos hace ya algunos años, por suerte estas prácticas, que son en el fondo violaciones y torturas consentidas, no se han normalizado (de hecho las adaptaciones al cine del mencionado libro no han acabado, pero ya ni han atraído la atención de los medios).

      Y respecto a este tema me hace mucha gracia como los progresistas de “El País” en una página claman, pontifican contra la hipersexualización y la pornografía que crean una atmósfera de violencia sexual sobre todo contra las mujeres, y en la página siguiente encuentras un suplemento glorificando el hedonismo, discutiendo en todo detalle como aumentar el placer en tu vida sexual (este aspecto generalmente unido a un mensaje consumista) e informando con pelos y señales sobre todo tipo de parafilias, con el mensaje general de que todo esto es deseable y normal (aquí entra en juego el relativismo moral), y que el lector es un pobre mojigato con una aburrida vida de sexo convencional y monógamo.
      Lamento si saco un ejemplo desagradable, pero creo que no obstante una actitud liberal no consiste en censurar y prohibir, no al menos sin debate o análisis. Este ejemplo me afecta personalmente en que brevemente me sedujo todo esto (a través de la pornografía; debo añadir que soy relativamente joven y ello era nuevo para mí). Eventualmente sin embargo me he dado cuenta de que el sexo sólo tiene sentido para mí unido a un vínculo emocional e íntimo con una pareja, basado en la igualdad.
      A pesar de ello nunca he pensado en que todo esto deba ser castigado, o censurado o prohibido, al contrario que algunas feministas y en la izquierda paternalista; lo necesario es desarrollar la responsabilidad necesaria para poder ejercer nuestra libertad, y una conciencia moral para guiar nuestra vida.
      Actualmente veo la pornografía y prácticas como la que describo como una expresión de los instintos “bajos”, “animales” del ser humano. La cuestión es que no se pueden ocultar o avergonzarse de ellos, porque no van a desaparecer; hay que reconocerlos y controlarlos. Uno de los peores errores del feminismo extremista es la total ignorancia sobre la naturaleza del ser humano. Esta visión, compartida con la izquierda y el marxismo utópico ve a los seres humanos como seres “buenos”, racionales, que no actúan nunca mal a sabiendas o de forma antisocial. Esta visión tiene la consecuencia de que cuando inevitablemente los impulsos destructivos, “malos” de la naturaleza humana, que todos llevamos dentro, se manifiestan, no pueden explicarlo, y la única solución es buscar chivos expiatorios que cargan sobre sus cabezas con todo el “mal”. Y creen que eliminándolos dejarán de ocurrir cosas “malas”, pero no, porque todos somos seres humanos imperfectos, capaces del bien y el mal.
      En este sentido se puede ver la pornografía como un medio para dar salida a instintos perjudiciales de la naturaleza humana sin dañar directamente a otras personas; y el sadomasoquismo sería el ejemplo extremo y patético de alguien controlado por sus vicios, degradado por el hedonismo, en un intento desesperado por racionalizar sus actos y desahogar sus instintos.

      He descubierto hace muy poco este diario y me alegra mucho descubrir que existen opiniones racionales opuestas al feminismo extremista y el populismo totalitario que predominan, y evitando al mismo tiempo caer en los extremismos opuestos. Y todavía más sorprendido por las discusiones inteligentes e interesantes en los comentarios, en vez de ser una guerra de insultos como en el resto de medios que leo. Seguiré leyendo con interés, y comentando.