Sin ánimo de resultar exagerada, creo que una de las mayores amenazas que sufren las democracias liberales occidentales es el resurgimiento del identitarismo. Si bien es cierto que este movimiento surgió a finales del siglo XX como una variante del nacionalismo que, en lugar de exaltar la supremacía de la nación poniendo el acento en diferencias raciales, lo pone en elementos étnicos; su evolución en los últimos años evidencia que ha extendido sus oscuros tentáculos a otros ámbitos sociales.

Que existen diferencias entre los pueblos, y que estos tienen distintas tradiciones, culturas, y mentalidades es algo palmario, por lo que ponerlo de manifiesto no convierte a nadie en seguidor o gurú del identitarismo. Lo que de verdad define a esta corriente del pensamiento es su exigencia de que esa “diferencia”, que normalmente viene referida a una característica indisponible para la persona, justifique un trato legal e institucional distinto, de forma que aquellos que no reúnan todas o algunas de esas señas de identidad sean merecedores normativamente de un trato desigual. En resumen, lo que define al movimiento identitario es que promulga la institucionalización del privilegio por razones étnicas.

El identitarismo está muy presente en la escena política actual, y al contrario de lo que pudiera parecer, no es únicamente patrimonio de un sector de la derecha política. Efectivamente, desde la izquierda llevan años abrazando o, cuando menos, justificando esos mismos discursos identitarios que tradicionalmente solían provenir de la derecha nacionalista.

Pero si hay algo que resulta novedoso, más allá de la asunción por la izquierda de determinados eslóganes identitarios como propios, es que desde esa misma izquierda se le haya dado otra vuelta de tuerca al identitarismo para trasladarlo a nuevos ámbitos sociales para que los inicialmente no estaba conceptualmente concebido, como por ejemplo a las políticas de género.

Se trata de transformar una cualidad biológica del ser humano como el sexo, en una fuente de privilegios legales y laborales, aunque para ello se ponga en cuestión las bases en las que se asienta la democracia liberal y el Estado de Derecho

Efectivamente, esta mal llamada revolución feminista postmoderna, fruto en nuestro país de la tergiversación política y mediática de una sentencia recaída en un caso jurídicamente dudoso, es una manifestación palmaria de un nuevo constructo social: el identitarismo de género.

Mientras que el feminismo hunde sus raíces en el liberalismo, en tanto que propugna la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, instando a que desde las instituciones se remuevan los obstáculos y barreras que impiden o dificultan a la mujer desarrollarse personal y laboralmente en igualdad de condiciones; el identitarismo de género propugna el privilegio legal o, dicho de otro modo, la legalización e institucionalización de la discriminación por razón de género.

Es cierto que, constitucionalmente, no todo trato desigual determina la existencia de discriminación (la llamada discriminación positiva), siempre y cuando la finalidad de este trato discriminatorio sea, precisamente, la de alcanzar o fomentar esa plena igualdad ante la ley.

El identitarismo de género, al igual que el étnico, no persigue la consecución de la igualdad ante la ley, sino la subversión de dicha máxima de nuestro ordenamiento jurídico. Efectivamente, se trata de transformar una cualidad biológica del ser humano como el sexo, en una fuente de privilegios legales y laborales, aunque para ello se ponga en cuestión las bases en las que se asienta la democracia liberal y el Estado de Derecho.

Prueba de ello es que llevamos meses asistiendo atónitos a declaraciones de destacados líderes políticos y personas de relevancia institucional y mediática que, de forma más o menos directa, ponen en cuestión la presunción de inocencia en delitos relacionados con la violencia contra la mujer, afirmando sin pudor que cuando una mujer denuncie unos de estos delitos debe ser creída sí o sí por el mero hecho de ser mujer, lo que consecuentemente determina que sea el hombre acusado quien deba demostrar su inocencia. Ni que decir tiene que son conscientes de que, hoy por hoy, esta premisa tiene un encaje legislativo imposible en tanto que choca frontalmente con el principio acusatorio y la presunción de inocencia, ambos pilares sobre los que se sostienen las democracias constitucionales occidentales. Ello explica que su misión ahora sea menos elevada pero sin perder de vista el fin, esto es, la implantación sutil de medidas que propicien un cambio de mentalidad en la sociedad para que, llegado el momento, la modificación legislativa que los identitarios de género ansían no sea contestada, ni por los ciudadanos en general, ni por el poder judicial en particular. De hecho, muestran especial empeño en formar a los miembros del poder judicial en cuestiones de género, y hablan abiertamente y sin tapujos de la necesidad de que se imparta justicia con “perspectiva de género”.

También tenemos ejemplos en el ámbito laboral. Todos recordamos a una alta responsable institucional afirmar en una entrevista que, desde el punto de vista laboral, debe exigirse a las empresas públicas y privadas cuotas femeninas, al igual que con los discapacitados, porque favorecen al más débil.

Amén de encontrarnos ante un nuevo intento de instaurar un privilegio por razón de género, los identitarios parten de una concepción frágil y condescendiente de la feminidad y de un modelo estereotipado de mujer que nada tiene que ver con el feminismo. Para el feminismo no puede ni debe existir un modelo correcto, uniforme y social y políticamente aceptable de mujer, sino que existen MUJERES a secas, libres para desarrollarse personal y profesionalmente de la manera que estimen oportuna y sin obstáculos que, por razón de su sexo, les hagan más difícil su camino o las detengan.

El identitarismo, tanto en su vertiente étnica como en su vertiente de género, necesita de la división social como caldo de cultivo, porque es consciente de que encuentra su fuerza en la confrontación. La historia nos ha dejado numerosas muestras de ello y no podemos dejar que triunfe. No esta vez.

Foto: “Pinto_8M19_074” by cgt.sovzonasur is licensed under CC BY-NC-ND 2.0 


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9 COMENTARIOS

  1. Una de las cosas interesantes de la ideología de género, es que es compartida y promovida tanto por la izquierda como por la derecha, excepto con matices VOX, que siempre pone excusas y da muchas explicaciones cuando se le pregunta algo. Que izquierdas y derechas se pongan de acuerdo especialmente su clase política, el pueblo en realidad no comparte tanta tontería, es algo realmente notable y para mi significa que es un sistema muy bueno de mantener al pueblo sometido y entretenido, además de enfrentado, con lo cual es más fácil de dominar. Yo veo que cada vez más uno de los principales problemas de la clase política es dominar al pueblo, que cada vez está más insolente y desconfía de sus políticos, que por otra parte no paran en crear miles y miles de empleitos para enchufarse ellos y sus familiares más queridos.
    La política se ha convertido hoy en día en una manera de sacar el dinero a la gente, en Francia se ha llegado al 55% del PIB, que por otra parte en su mayor parte se invierte en buenos empleos, prebendas y pensiones jugosas, y otra parte en gastos sociales para gente que no ha trabajado nunca ni piensa hacerlo. En España somos más afortunados, el estado solo nos saca el 45%, pero el PSOE-Podemos quiere llegar a más como bien nos vamos a enterar después del 26-m

  2. La institucionalización de las identidades de determinados colectivos sean de género, o mismamente de los llamados hechos diferenciales sólo lleva a actitudes victimistas, déspotas y de conflicto, en esa institucionalización no se busca precisamente una identidad individual donde cada sujeto tenga sus propios pensamientos, no, lo único que se busca con esos identitarismos institucionalizados es el control absoluto sobre sus miembros para que el pensamiento sea uniforme.

  3. Tanto la izquierda como el tecnocapitalisno necesitan etiquetar al personal pues desde hace décadas a la gente le gusta que se note que lleva etiquetas ya se trate de marcas comerciales, ya se trate de poscionamientos ideológicos que parecen ventajosos. Lo que ahora llaman empoderar es un proceso de etiquetado para controlar más a la gente y restarle poder individual para ceder poder a estructuras intermedias como los chiringuitos feministas. La aplicación de la noción de género a la diferencia sexual es una forma de tratar de silenciar lo que acaba gritando porque es real, que hombres y mujeres somos muy diferentes y que, porque somos muy diferentes, podemos llegar a establecer relaciones de complementariedad, de lealtad, de confianza, incluso de amor, de intenso goce y de entrega.
    El feminismo nunca ha sabido qué hacer ni qué decir de y con la diferencia sexual pues ha pensado las relaciones en términos de poder y de víctima. El final de ese camino es la nociva noción de género para dinamitar las relaciones entre los sexos.

  4. “Divide y vencerás”
    La familia siempre ha sido el lugar donde el niño aprende a desenvolverse en el mundo que le rodea.
    La pareja, el lugar donde se resuelve a sí mismo.
    La estrategia perfectamente desarrollada por mentes peligrosas ya ha conseguido crear recelo, miedo y sospecha entre dos seres que se necesitan para alcanzar la plenitud.

    Fomentar los traumas, miedos, inseguridades de uno y otro sexo ensalzando lo peor de cada caso parece ser la estrategia para tener una sociedad más insegura, dividida y manejable.

    Por suerte para todos nosotros el hombre es inmutable y la pareja es algo que uno elige voluntariamente, los jóvenes tendrán que espabilar si no quieren que su vida amorosa sea manejada por las élites que los enfrentan, es probable que en un par de generaciones todo este disparate contribuya a una relación entre sexos mucho más profunda, quizás una mayoría llegue a comprender por qué la pareja es sagrada.

    • Alguna vez ya lo hemos dicho por aquí Henry, hombres y mujeres que decidan procrear serán unos valientes y tendrán descendencia fuerte, quienes se odien mutuamente simplemente ayudarán a que sus genes desaparezcan .
      Al final hasta será una bendición para la humanidad que sólo procreen los valientes.

      Eso sí el mundo occidental va a tener que poner límite a otro tema tan o más preocupante que éste del género y es la inmigración. Corremos el riesgo que los del género no procrearán, occidente será invadido por inmigrantes que procrean a mansalva y al final quedarán cuatro gatos occidentales no pertenecientes al género que o se van a poblar las tierras que surjan del deshielo del ártico o sino también va a ser complejo perpetuar su adn. Eso les quedará a esos cuatro gatos conquistar algún planeta donde puedan satisfacer sus deseos sean carnales o de cualquier índole.

      (cada día soporto menos tanta ideología progresista marxista)

      • A mí me sucede lo mismo, pero he comprendido que las personas deben experimentar por si mismos su estupidez, como los venezolanos.
        Van a pagar la fiesta de la destrucción de España con su pobreza y cuando alcancen la miseria estoy seguro que votarán a Errejón para comer tres veces al día.
        Rivera hará de MUD venezolana y los antiguos votantes del PP lo votarán pensando que viven en una democracia, mientras, los caciques regionales se repartirán los feudos. El problema es que el tonto español y la tonta española se sentirán muy a gusto por estar enfrentados mientras su animadversión paga la fiesta.

        Es momento de viajar en carroza o de ir a la guerra.
        Llevo siguiendo las redes sociales de Venezuela varios años y desde hace tiempo creo que son el último invento del sistema para tener a la gente tranquila en casa.

        No pise el barro. Viaje en carroza y descienda de ella cuando las puertas de su palacio estén bien cerradas. De momento es la única solución.

        A principio de los setenta yo era un niño, pero aún me acuerdo de una frase que leía en octavillas lanzadas a la carrera:
        “Los coletazos del franquismo son terribles”
        Los coletazos de este régimen parecen los de un atún y España una almadraba.

        Un saludo.

  5. Buenos días,

    El identitarismo de género ya ha triunfado, precisamente porque ha conseguido sustituir lo objetivo (el sexo) por lo subjetivo e ideológico (el género). En algunos casos esta distinción es meramente nominativa, pero en otros es el concepto que está detrás de la denominación el que ya ha calado en la sociedad. Este artículo es buena muestra de ello.

    Un saludo.

  6. Yo, como periodista, me complazco en destacar a toda aquella mujer que ha crecido como persona y escalado puestos en la sociedad sin necesidad de que le aplicaran cuota ninguna. Y cuando se trata a estas admirables mujeres en persona, se nota perfectamente cómo reaccionan con cierta irritación a cualquier clase de discriminación, así sea positiva para ellas. Es muy lógico: ellas no lo necesitan. También la mayoría de estas féminas reconocen no haber sufrido discriminación alguna por el hecho de ser mujer. Al contrario, se mueven entre los hombres como pez en el agua, y hablan y actúan con una seguridad admirable. Sólo echo de menos que se resistan a criticar a esas otras mujeres que, como muchas de aquellas del “me too”, prosperaron rápidamente en Hollywood no precisamente por sus talentos interpretativos. Estimo que esas señoras a quienes más dañaron fue a sus compañeras que se negaron a complecer al productor de turno.

    ¡Animo, amigas! No necesitáis a las feministas radicales, y ellas a vosotras menos aún. Venid a luchar codo con codo con vuestros hombres para que entre todos logremos construir un mundo mejor. Un fuerte abrazo.

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