¿El problema es la fragmentación del centro y la derecha o es la consecuencia de otro problema mayor? 

Ya en 1969, una relevante figura política apuntaba una cuestión clave, hoy olvidada, al afirmar que los partidos y las elecciones son algo más que listas rivales de promesas variadas; de hecho, si no fueran algo más que eso, la democracia apenas valdría la pena preservarla . 

Así pues, ¿la solución es desplazarse más a la derecha o más bien romper con el pensamiento dominante que se impone en todos los partidos y que consiste en entender la democracia como una competición de magos? Dicho de otra forma, ¿deben los partidos del centro y la derecha perseguir a los votantes y colmarles de promesas, como hace la izquierda, o quizá deben evitar la imitación y trabajar para que los electores vean que la política puede y debe ser diferente?

Todas estas preguntas están presentes en esta nueva entrega de los podcast de Disidentia, en esta ocasión con la participación de José Luis González Quirós y Javier Benegas.  


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Jaque mate al centro derecha. ¿Y ahora qué?

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2 COMENTARIOS

  1. Los análisis basados en izquierda, derecha y centro son una forma de engañar al lector, lo cuál no excluye que el autor también se auto-engañe. Las categorías de división de la realidad sólo sirven si nos permiten comprender mejor la realidad.
    ¿Qué diferencia a los partidos supuestamente de derecha y de izquierda que justifique esa discriminación demagógica?
    Los ejes que realmente cuentan son: individualismo-totalitarismo; antropocentrismo-biocentrismo; tendencia a unir o tendencia a separar; localismo-globalismo; preservar-destruir. Estos son los ejes que dibujan donde está realmente cada formación política. Lo de izquierda-derecha son cuentos, el ciudadano inteligente debe prescindir de ese análisis dirigido a las masas.

  2. Empecé a escuchar el coloquio esta madrugada nada más colgado. Observo una cierta tendencia partidista: los problemas domésticos del PP absorben toda la atención.

    Uno, que no votaría jamás a una autoritaria o despótica lista de candidatos a una institución representativa bajo la coacción del sistema proporcional, se siente, como mínimo, sorprendido por esta preliminar falta de criterio.

    Personalmente, me la trae floja el PP, el PSOE o cualquier otra siniestra organización del hispánico Cartel de Sinaloa: todos trafican con sustancias tóxicas y clandestinas.

    Unos promueven un buen colocón, cierto que con asesinatos de por medio y feas coacciones y chantajes; otros hacen lo propio, pero con un presupuesto de medio billón de eurillos y la Agencia Tributaria y su muy discutible interpretación de los «derechos» del contribuyente o lo que sea.

    Dado que tengo un dedo más nervioso que una casada insatisfecha, el antedicho miembro articulatorio de mi mano ha pinchado o cliqueado en un viejo programa, casi prehistórico, con fecha del del 16 de octubre de 2011 en un canal de Youtube cualquiera, pues una, que es una casquivana, se lo hace con cualquiera y a cualquier hora.

    Se trata del programa número 45 de no sé qué emisión televisiva titulada «Lágrimas en la lluvia».

    Allí, en el estudio de grabación, convocados para emitir su autorizada y biográficamente fundamentada opinión, aparecen nombres y hombres de prosapia española ilustre: Ignacio Camuñas, José Antonio Velo de Antelo, Fernando Suárez y Antonio García-Trevijano.

    Yo, espectador que nada sabe de historia, política, filosofía y derecho, los escucho mientras paladeo el segundo café de la inhóspita madrugada del casi insomne.

    Y entonces, en un momento del desarrollo de la comedia, me doy cuenta de algo que ya he escuchado antes.

    Cierta moderada trifulca se levanta entre el «búnker», la derecha liberal y los viejos oportunistas, adaptativos a lo que sea: Carrillo bien vale una misa.

    El republicano ateo sonríe maliciosamente.

    Hoy, 40 años después de los acontecimientos subjetivamente interpretados por quienes los vivieron, seguimos atrapados en las mismas discusiones de familia entre herederos del cadáver sobre cuyos restos fúnebres siempre presentes (España, su riqueza, su trabajo, su lengua, su cultura, su territorio y su capital simbólico y material) los mismos de siempre siguen discutiendo, sin darse cuenta de que nosotros no somos suyos ni les pertenecemos en propiedad hereditaria.

    La izquierda, vuestra izquierda, existe para continuar el linaje y que los señoritos no os mancheis las manos con las burdas tareas de gobierno, esto es, de estabilizar a esos pobres puercos cuyos jamones ricos en sabroso tocino os coméis, regados en exquisito Vega Sicilia.

    Capisci, my friends?

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