Coleman Silk había sido el único judío en ser decano de la facultad y uno de los primeros judíos en enseñar en el departamento de lenguas clásicas de una universidad estadounidense. Tenía predilección por el teatro griego y por las tragedias en particular. A propósito de ello, justamente, en una clase, realizó una broma que sería su error trágico. Es que ante la ausencia de dos alumnos que figuraban en la lista pero que Silk no conocía porque nunca habían asistido a clase preguntó: “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han hecho negro humo?”

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Habría pasado como lo que era (una humorada) si los dos alumnos en cuestión no hubieran sido negros. Así, claro, lo que era una broma se transformó, para una audiencia sensible y una universidad sensible a la sensibilidad de los alumnos, en un insulto racista que comenzaría una serie infinita de peripecias que conforman la trama de La mancha humana, libro que Philip Roth publicara en el año 2000 y que tendría su versión cinematográfica pocos años más tarde.

Vivir en los años 50 en Checoslovaquia no se parece a vivir en los años 90, o en la actualidad, en Estados Unidos o en el mundo occidental. Sin embargo algo en lo que sí parece haber una coincidencia es en la incomodidad que generan las bromas en contextos donde hay un poder que busca legitimarse en causas nobles

La mención viene al caso porque son cada vez más los que afirman que Roth es probablemente el escritor que mejor ha descrito a la sociedad norteamericana y es de celebrar que el éxito de la serie The plot against America, basada en su libro homónimo, invite a que tenga cada vez más lectores. Es que muchas de las preguntas que nos hacemos hoy encuentran una respuesta en la pluma de Roth.

En este caso específico, escrito algunos años después del affaire Lewinsky, Roth expone con precisión el modo en que las universidades comenzaban a irradiar hacia el resto de la sociedad el espíritu de un nuevo puritanismo que se transformaría en hegemónico a nivel planetario poco tiempo después. La absurda denuncia contra Silk, que culminó con la renuncia de éste, había sido impulsada por una joven profesora que respondía a todos los canones de la corrección política y es en este contexto que el abogado de Silk le indica a nuestro protagonista: “Anoche tuvo usted un buen atisbo del mundo que la ha formado [a esta profesora], que la ha reprimido y del que (…) jamás escapará. Todo esto puede terminar en algo peor (…) Ya no se pelea en un mundo donde quieren destruirle, echarle de su puesto y sustituirle por uno de ellos; ya no está luchando contra una banda de elitistas de buenos modales que aparentan ser partidarios de la igualdad social, política y civil y que ocultan su ambición tras unos nobles ideales. Ahora pelea usted en un mundo donde no hay nadie que se moleste en esconder su crueldad bajo el manto de la retórica humanitaria”.

Este universo cultural que está muy bien desarrollado en el libro La transformación de la mente moderna, que publicaran los estadounidenses Jonathan Haidt y Greg Lukianoff en el año 2019, es descrito por Roth con una agudeza encomiable. Es que en La mancha humana ya está presente cómo se estaba conformando la generación de la ultraseguridad con su victimización y sus espacios seguros; aquella capaz de exigir a profesores y a la universidad que quiten textos por considerarlos ofensivos para la nueva moral.

Sin ir más lejos y si bien el eje de la novela tiene que ver con el racismo, Roth, por ejemplo, dedica un pasaje a la controversia que Silk tuviera con la mencionada profesora a propósito de una alumna que le exigió a ella que intercediera en tanto directora de departamento para que Silk quitara de su plan de estudios dos tragedias de Eurípides por considerarlas ofensivas para con las mujeres. Allí se da un diálogo en el que Silk le dice a la profesora haber leído estas obras y haber reflexionado sobre ellas toda la vida, a lo cual su colega le espeta que eso puede haber sido así pero que esas lecturas nunca fueron desde una perspectiva feminista. Frente a ello Silk responde con sarcasmo: “[Tampoco lo hice] desde la perspectiva judía de Moisés. [Ni] desde la elegante perspectiva nietzscheana sobre la perspectiva”.

Evidentemente a Roth no le importaba demasiado la corrección política y las citas podrían seguir pero quisiera tomar una última pronunciada por la hermana de Silk cuando se le revela aquello por lo que había tenido que pasar su hermano. Ella dice “Cada época tiene sus autoridades reaccionarias” y esto nos permite pegar un pequeño salto en el tiempo para conectar con otro texto, en este caso de 1967, escrito por Milan Kundera. Se trata de La broma, su primera novela y aquella que le valió una temprana persecución del gobierno comunista en Checoslovaquia. Ludvik, el personaje principal, un joven estudiante universitario y miembro del partido comunista checo, no hace un chiste sobre negros sino una ironía sobre el optimismo imperante y sobre la interna entre trotskistas y stalinistas fingiendo tomar partido por los primeros. Más específicamente, en su intento por agradar a Marketa, una joven compañera, Ludvik, que siempre creyó tener un sentido del humor sutil no apto para tiempos de pocas sutilezas, le escribió una carta que culminaba de la siguiente manera: “¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotsky!”.

Como se comentaba anteriormente, esta ironía no captada le costaría muy caro a Ludvik quien se transformaría, a los ojos de los stalinistas, en un “trotskista” que acabará expulsado de la universidad y del partido para luego ingresar en un tortuoso régimen de conscripción que implicaba trabajos pesados y lo ubicaba dentro del grupo de “enemigos del régimen”. Pero él no lo era y de hecho se sentía identificado profundamente con el partido. Sin embargo, lo importante era que los demás ya no lo veían así. No había wikipedia, ni algoritmos, ni redes sociales para los tiempos en los que la novela estaba ambientada. Tampoco cultura de la cancelación. Pero al igual que ahora a nadie le importaba la verdad o la verdad era la que determinaba el partido, lo cual “no es lo mismo pero es igual”. De aquí que Ludvik realice una reflexión demasiado acorde a nuestros tiempos: “Comencé a comprender que no habría fuerza capaz de modificar esa imagen de mi persona que está depositada en algún sitio de la más alta cámara de decisiones sobre los destinos humanos; comprendí que aquella imagen (aunque no se parezca mucho a mí) es mucho más real que yo mismo; que no es ella la mía sino yo su sombra; que no es a ella a quien se puede acusar de no parecérseme, sino que esa desemejanza es culpa mía; y que esa desemejanza es mi cruz, que no se la puedo endilgar a nadie y que debo cargar con ella”.

Asimismo, no debemos pasar por alto que en su broma, más allá del comentario sobre Trotsky, lo que Ludvik hacía era poner en tela de juicio el optimismo. Ese punto es interesante porque cuando Kundera describe a la joven idealista Marketa, la ubica como una persona dispuesta a entusiasmarse por cualquier cosa pero manteniendo la seriedad de las personas afligidas cuya lucha es tan incesante que no debe olvidar la importancia del gesto adusto; y ese entusiasmo bobo es otro de los signos de enorme actualidad. Hay una suerte de vacío profundo que necesita ser rellenado por un entusiasmo vertiginoso sobre causas más o menos nobles. Este tipo de entusiasmo adolescente también abrazado por adultos tiene buena prensa más allá de que sea tan intenso como efímero.

Lo cierto es que la broma y la ironía, incluso el eventual cinismo, no tenían lugar en una generación demasiado comprometida como para darse el lujo de reír. Los espíritus demasiado graves necesitan un mundo sin bromas o, al menos, un mundo donde no se pueda bromear sobre determinadas cosas. Basta fijarse de qué no nos podemos reír para entender dónde está el poder. A su vez, en la novela, estos espíritus entienden que la alegría no puede ser individual sino siempre colectiva. Ludvik lo dice así: “sí, aquellos años afirmaban ser los más alegres de todos los años y quienquiera que se no se alegrara era inmediatamente sospechoso de estar entristecido por la victoria de la clase obrera o (…) de estar individualistamente sumergido en sus tristezas interiores (…) Porque mis chistes eran excesivamente poco serios, en tanto que la alegría de aquella época no era amante de la picardía y la ironía, era una alegría, como ya he dicho, seria, que se daba a sí misma el orgulloso título de ‘optimismo histórico de la clase triunfante’, una alegría ascética y solemne, sencillamente la Alegría”.

La única “Alegría” llevaba mayúscula y era la del conjunto. Una “Alegría” seria, distinta de la alegría con minúscula, burguesa, corrosiva e individualista.

Para concluir, entonces, quiero retomar el “Cada época tiene sus autoridades reaccionarias”. Eso no significa comparar lo incomparable, claro está. Vivir en los años 50 en Checoslovaquia no se parece a vivir en los años 90, o en la actualidad, en Estados Unidos o en el mundo occidental. Sin embargo algo en lo que sí parece haber una coincidencia es en la incomodidad que generan las bromas en contextos donde hay un poder que busca legitimarse en causas nobles. Es ese poder el que determina qué es lo risible y en la prohibición establece una nueva sacralidad, un nuevo canon de moralidad que comienza como una gran invención y luego se literaliza en base a repetición. Sobre x no se puede bromear porque en la disputa, en la indignación, en las acusaciones cruzadas la nueva hegemonía se posiciona pero lo que no puede tolerar nunca es la broma. La broma es la gran deconstructora de las construcciones impuestas. Es tal la potencia de la broma que en determinados regímenes podía costar la vida a quien la ejecutara. Hoy, en el marco de sistemas más o menos republicanos, más o menos democráticos y más o menos liberales, por suerte no se llega a tanto. Apenas se condena al bromista a la muerte civil y a una separación de hecho de la comunidad como gesto de disciplinamiento para el resto de potenciales bromistas.

Pero para llevar algo de optimismo digamos también que hay otra cosa en común que puede inferirse de los ejemplos de las novelas mencionadas y es que este tipo de procesos llevan siempre hacia un mismo destino: aquello sobre lo que no se puede bromear cada vez es más amplio y en un contexto donde todos competimos por tratar de demostrar que somos más víctimas que el prójimo, llegará un momento en que habrá un límite. Es como si por su propia naturaleza la burbuja que intenta proteger los nuevos principios sacros necesite ser más grande para mantener alejada de la crítica a esos principios que han dado lugar la burbuja. Y cuanto más grande sea esa burbuja, cuanto más pretenda abarcar, más injusticias y más opresión creará. Hasta que un día, sin saber exactamente por qué, lo que estaba al límite, explota.

Foto: Muhmed El-Bank.


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8 COMENTARIOS

  1. «..algo en lo que sí parece haber una coincidencia es en la incomodidad que generan las bromas en contextos donde hay un poder que busca legitimarse en causas nobles. Es ese poder el que determina qué es lo risible y en la prohibición establece una nueva sacralidad, un nuevo canon de moralidad que comienza como una gran invención y luego se literaliza en base a repetición»

    Un tema que cobra actualidad y que se expande a la cultura de la cancelación, Dante. El constante revisionismo sobre producciones del arte y la cultura de otras época, incluidas las del humor en todas sus variantes, no deja de escandalizar a los guardianes de las esencias moralistas que buscan legitimarse en la causa noble de la corrección política de un modo obsesivo y hasta enfermizo.

    Bromas, chistes o letras de canciones que hace treinta años nos divertían, nos hacían reír o pasaban desapercibidas, hoy no pasan el filtro de los nuevos inquisidores. Las ponen en su lista negra, les marcan la cruz y presionan a los actores sociales para que sean ellos los que juzguen y las quemen en la hoguera. Con los cuentos infantiles ni siquiera tienen que pedir permiso. Los transforman y reescriben a su gusto directamente.

    Por fortuna, los autores de esas letras que ya tienen un recorrido y no siempre están dispuestos a ceder a los caprichos de la corrección política. Le ocurrió al grupo musical Mecano cuando a las jóvenes promesas de la música sensibilizadas con los dogmas de la izquierda identitaria les daba cosa reproducir el término «mariconez» cuando cantaban una de las canciones de Mecano. A David Sumers, el vocalista de Hombres G, también lo tuvieron en su punto de mira y no tardaron en señalar el machismo de letras como:
    «Sufre mamón,
    devuélveme a mi chica…»
    En una tertulia televisiva bromeaban sobre la gilipollez de este particular (entonces y ahora) con el mismo David Sumers. Y como suele ocurrir, siempre hay alguna afectada, respetuosa con los dogmas moralistas de la izquierda que se pasa de políticamente correcta e incide en el «sentido de posesión» imperdonable que lleva implícita la letra viéndola en nuestro contexto actual. Si recuerdan como sigue la canción: «Sufre mamón, devuélveme a mi chica o te revolverás entre polvos pica pica», se evidencia más la ridiculez, lo absurdo y la mente retorcida de los nuevos inquisidores. No quiero imaginar la reprimenda si en lugar de Hombres G analizan las letras de Loquillo.

    Es evidente que no siempre compartimos el mismo sentido del humor ni tampoco tienen por qué hacernos gracia las mismas bromas ni las mismas personas. Incluso, algunas bromas pueden resultar de mal gusto en función de cómo nos afecte personalmente o también porque nunca llueve a gusto de todos. Pero de ahí a transcender, fiscalizar y elevar a los altares cualquier banalidad para su crucifixión, hay un largo trecho.

  2. Hago otro comentario solo por poner un ejemplo de esa burbuja que estallará, si no lo ha hecho ya, en cualquier momento.

    El otro día me encontré buscando otra cosa en internet éste artículo,

    «El lepenismo asoma en Cataluña» https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lepenismo-asoma-cataluna_129_7217549.amp.html

    Juro que no leo los periódicos ni veo la televisión, de no haber sido por casualidad nunca lo podría haber leído, algo de lo que me alegré después. Debo hacer un esfuerzo y volver a leer los periódicos, uno puede encontrar la clave de bóveda en cualquier disparate.

    Al autor del artículo lo he escuchado en alguna ocasión, prefiero ahorrarme comentar mi impresión al respecto.
    Mis padres me lo prohibieron de niño.

    Tras leer el artículo me vino uno de esos recuerdos infantiles que últimamente me avisan con frecuencia del disparate, bien sea recordándome una lectura, un consejo, una lección, una anécdota o sencillamente una experiencia.

    Siendo un niño, no tendría más de cinco o seis años me encontraba de visita acompañando a mi madre en la casa de una señora anciana a la que yo tenía mucha simpatía, me gustaba mucho escucharle hablar y contar historias, era una mujer muy culta y entretenida, había ejercido de maestra y por lo visto había sido amiga de grandes escritores, artistas e intelectuales.

    Ese día me desencanté y comencé a hacerme la pregunta de hasta donde podemos creer lo que nos dicen las personas que respetamos.

    Hablando con mi madre dijo refiriéndose a la mujer que trabajaba en su casa, «quién se habrá creído que es para comprarse un sofá»

    Cuando leí el artículo de este sujeto pensé lo mismo que aquel día.
    El artículo traducido a la comprensión natural de un niño de cinco años sería algo así:
    Que se habrán creído estos miserables pobres andrajosos que son para votar a VOX cuando ellos solo deben sentarse en la silla, y de anea, de la izquierda.

    Y es que son tan idiotas que ellos mismos pinchan la burbuja.

    • Muy bien traido ese artículo de la izquierda que se escandaliza de que los obreros pasen de la izquierda.

  3. Excelente artículo y geniales citas. También buenos comentarios.

    No se lo digáis a nadie pero tengo un alfiler.

    «Ahora pelea usted en un mundo donde no hay nadie que se moleste en esconder su crueldad bajo el manto de la retórica humanitaria”.»

    Y esto no es nada, ya están en la siguiente idiotez llamada transhumanismo, pues ya verán cuando tengan que llevar el móvil al siquiatra porque se ha vuelto loco. No teníamos suficientes con los «pensantes naturales» y ahora quieren volver locos a los ordenadores. La verdad es que el nombrecito se las trae, «Ordenadores». ¡¡¡Que miedo!!!

    Antes de reírnos despejamos la idiotez, todo este asunto no es más que un asunto de dinero, poder y presuntuoso y petulante egocentrismo llevado a el extremo por los idiotas de las big tech, como siempre, nada más.
    Ahora tienen un problema, y es que se utilice el oro, la plata o una criptomoneda como moneda de cambio marginal que se escape a su control antes de que nos impongan, si es que lo consiguen, el dinero electrónico con chip lanar y control biologico. Los próximos meses observaremos una caída del oro, la plata y el Bitcoin. Ni caso, acumula pepitas y josefas.

    Y ahora que hemos hablado de las cosas del comer vamos con las cosas de la risa.

    Tengo que reconocer que a mí toda esta historia me molestó cuando se comenzaron a implantar las leyes de género, raíz de todos los demás despropósitos. Es ahí cuando percibo que hay todo un plan para convertir a los hombres y mujeres en niños miedosos, idiotas, caprichosos y eternos frustrados.
    Una vez que comprobé que el disparate se había impuesto me lo tomé como Dante hoy, y me acordé que en algún sitio de mi memoria tenía un alfiler, cuando fui a buscarlo encontré que no sólo tenía un alfiler sino una caja de costura al completo.

    Últimamente cada vez que escucho un disparate me viene a la memoria un cuento, una fábula, el pasaje de un libro o una anécdota vivida o relatada que lo desmonta.

    Cuando estaba leyendo me ha venido a la cabeza «el Badililla», personaje de mi infancia que asumía con dignidad su condición de acosador cada vez que alguien le llamaba por su alias.

    El Badililla era un aristócrata venido a menos que acosaba a una de sus criadas aprovechando la posición que ésta adoptaba cuando removía las brasas. Harta la muchacha le golpeó sus partes con la badila incandescente, momento en que se acabaron los problemas para la criada y él tuvo que asumir con toda la dignidad posible su nuevo alias. Cuánto dinero ahorrado en pleitos y que justo castigo.

    A lo largo de mi vida cuando me he topado con un niño caprichoso, tirano, quejica o sencillamente malcriado, le he contado el cuento de «el niño ñoño», mano de santo, a partir de ahí el niño se convertía en un hombrecito responsable orgulloso de su condición.
    Hace tiempo que ya no cuento este cuento a ningún niño, ahora se lo cuento a los adultos adornándolo un poco, que mal les sienta. No paro de crearme enemigos

    En la literatura universal podemos encontrar múltiples obras que nos describen la moral asfixiante de una pequeña ciudad de provincias llamada Twitter. Si, esto ya lo hemos vivido, pero de otra forma, menos provinciana, ahora las redes se han convertido en el pueblomás grande del mundo.

    El problema es que siempre nos salvamos los mismos, los idiotas siempre se encargan de hacernos exclusivos. Gracias.

    Como decía antes toda esta historia parte de las leyes de género, el que lo hizo sabía lo que hacía, no del todo, es cierto, pero si había oído campanas aunque no sabía dónde.

    Yo tengo bien claro que todo el orden universal se basa el lo masculino, lo femenino y la unidad. No voy a tratar de explicarlo ya que es un conocimiento al que solo se puede acceder individualmente, y además tendría que trabajar demasiado para hacerlo y es hora de la cerveza.
    Algo que ya han tratado de explicarnos con todo lujo de detalles muchos grandes hombres.

    Pongo un ejemplo de mi menestra favorita.

    «Hay que acabar con el estereotipo del amor romántico: es machismo encubierto»

    De un plumazo se carga la Divina comedia, el Quijote, el Fausto y no cuántas obras más y nos deja sin Beatriz, Dulcinea y Margarita. Joder, menestra, no me haga usted esto o le pincho con el alfiler.

  4. La injusticia y la opresión irán en aumento, pero no confío en que eso llevará a un estallido de ninguna burbuja, pues no se trata de ninguna burbuja sin base material, se trata de totalitarismo que se refuerza a cada paso y ahora con aliados como las tecnológicas, la banca, la China comunista, la ONU y así. Lo que pasará es que la vida inteligente, las bromas, el sentido del humor, pasarán a ser actividades clandestinas. De hecho ya lo son. Para reírme de las atrocidades de esta gentuza sólo quedo presencialmente con amigos de verdadera confianza, por separado, a tomar cafés sabiendo que lo que digamos en esos encuentros no saldrá de ahí. Es muy bueno para la salud incumplir las normas de lo políticamente correcto y recordar los chistes más bestias.

    Por otro lado procuro hacer acopio en librerias de viejo de libros que posiblemente irán prohibiendo.

    El artículo es muy bueno, pero no soy muy optimista.

  5. Coincido con Tamuda plenamente en su comentario. Excelente artículo. Pero no soy tan optimista respecto a que la burbuja del neopuritanismo vaya a pinchar. Esto no ha hecho más que empezar y veo que por todos lados va a más. Sinceramente, solo un cataclismo civilizatorio haría que se acabe tanta tontería. Ahora, en cualquier cosa que tenga un mínimo de visibilidad pública (enseñanza, cultura, comunicación, redes sociales, política etc) la Inquisición progre está con los radares puestos en su caza de brujas. Todo los términos que se usan se tienen que pensar muy bien para evitar que las hordas de la neoinclusion, el neofeminismo, el neoantirracismo, el neocomunismo, el neoantieurocentrismo y todos los neos del mundo se lancen a ordenar causas generales, con sentencia asegurada de crucifixión y muerte «civil». Ojala yo este equivocado, pero veo que en todo Occidente no cabe un tonto más (y en España el tontimetro ya no da más de sí).

    • Sea usted optimista, si hay algo inalterable en la vida es lo masculino y lo femenino. Cuando escuche las barbaridades de alguna menestra o de algún idiota del PP o Ciudadanos al respecto no se ofenda ante el disparate, compadézcale, está usted ante un idiota.

  6. Excelente artículo.
    La burbuja se ha hinchado muy deprisa. En apenas 20 años. Casi era difícil darse cuenta de los avances de este puritanismo. Parecía una cosa de cuatro locas. Pero en los mundos políticos «donde hay un poder que busca legitimarse en causas nobles», – yo diría más bien que necesita legitimarse-, el puritanismo ha adquirido una intensidad insólita. Las empresas temerosas puestas bajo sospecha, la política sin sentido, feminizada, y los políticos enclenques, se intentan agarrar al salvavidas de «las causas nobles» como fuente de legitimidad. Esta unión del poder económico y político ha impulsado al puritanismo como un cohete. Antes Davos era un escenario de protestas callejeras. Hoy Davos es el escenario del puritanismo.

    Me parece que la burbuja está a punto de pinchar. Cada día resulta todo más irrisorio y fuera de la realidad. Su retórica empalagosa se hace inaguantable.

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