Desde la aparición de las primeras sociedades humanas, hace más de diez mil años, éstas han tenido que resolver el problema básico de la motivación laboral: ¿Cómo conseguir que la gente haga un trabajo agotador, aburrido o incluso peligroso que es esencial para la continuidad de la comunidad?

Publicidad

Hay que limpiar las carreteras, eliminar la basura, extraer el mineral, talar los árboles, labrar los campos, construir muros. En cualquier sociedad compleja, hay miles y miles de frustrantes tareas administrativas. Alguien tiene que desatascar las alcantarillas, curtir el cuero, cuidar la piara de cerdos, llevar la nómina del ejército… y así sucesivamente. Probablemente, la mayoría de los trabajos que se han realizado en diversos estados del mundo a lo largo de la historia entraban en al menos una de estas categorías: aburridos, agotadores o peligrosos.

La miseria a gran escala conduce casi inevitablemente a la agitación social, a las revueltas e incluso a las revoluciones. Por lo tanto, había que idear métodos para ayudar a los desempleados de alguna manera. Hasta mediados del siglo XX, los sindicatos, las asociaciones, las iglesias y otras organizaciones privadas intentaron llevar a cabo esta tarea. Pero se vieron desbordados, ya que sus medios para combatir la miseria eran sencillamente inadecuados

Se idearon varios métodos para encontrar y estimular a los trabajadores. En la antigüedad, la esclavitud estaba muy extendida. Conquistaban una nación extranjera, secuestraban a la población y les inculcaban: “trabaja para nosotros o no tendrás comida, serás azotado o incluso asesinado”. Un método burdo, pero bastante eficaz de motivación. En el Imperio Inca, la pereza se castigaba con la muerte incluso para sus propios ciudadanos. Del mismo modo, en la Edad Media europea, los campesinos en régimen de servidumbre tenían que trabajar duro no sólo para alimentarse a sí mismos y a sus familias, sino también para pagar las cuotas exigidas al señor noble. En aquella época ya había quien decía que los campesinos no tenían que trabajar duro todo el tiempo: en invierno había menos cosas que hacer y podían hacer descansos más largos durante los meses de frío.

Al mismo tiempo, en las ciudades surgía un nuevo sistema de motivación, con sus gremios artesanales y cámaras de comercio, que poco a poco se convirtió en el capitalismo moderno a través del mercantilismo en el siglo XVIII: el énfasis ya no estaba en el castigo sino en la recompensa. Los trabajadores y empleados recibían un salario por su rendimiento. Los que trabajan mucho reciben un gran salario y, por tanto, disfrutan de un alto nivel de vida; los que trabajan menos también tienen menos bienes y servicios a su disposición (o al menos así debería funcionar en teoría). Este esquema de motivación demostró ser extremadamente eficaz, por lo que desde entonces se ha aplicado de diversas formas en la mayoría de los países del mundo. Basándose en el enfoque de recompensa capitalista, el nivel de vida pudo aumentar de forma fantástica y se lograron enormes avances tecnológicos.

Los estados comunistas del antiguo bloque del Este intentaron un esquema de recompensa diferente, es decir, no tenían realmente uno: se suponía que los trabajadores realizarían sus tareas por su propia voluntad una vez que fueran dueños de los medios de producción. Así, el trabajo se recompensaría a sí mismo. Sin embargo, para la mayoría de las tareas, eso no funcionó. La construcción de una carretera no es en sí misma una actividad motivadora; en última instancia, es agotadora y aburrida. Dado que los trabajadores no podían aumentar sustancialmente su nivel de vida esforzándose, ni se les amenazaba con el despido si eran descuidados, a menudo veían pocas razones para trabajar con rapidez y eficacia. Los observadores occidentales hablaban a veces del «fenómeno de los puestos de trabajo inmóviles» cuando veían a los obreros de la construcción de los países del Este de pie, sin hacer nada, fumando, charlando, en lugar de levantando muros.

Margaret Thatcher comentó una vez que el problema del socialismo era que sus defensores se quedaban sin dinero … sin el dinero de los demás. Más correcto hubiera sido: se quedaron sin formas de motivar a los trabajadores. Habían confiado en que en el sistema económico socialista se pondrían a trabajar por su propia voluntad para construir juntos el nuevo mundo. Pero muy pocos tipos de trabajo son suficientemente auto-motivadores. Sólo la ciencia, el arte y la filosofía podrían entrar en esa categoría, pienso. La gente traza las curvas de luz de las estrellas en su tiempo libre sin cobrar, pinta cuadros o escribe obras filosóficas porque una necesidad interior les impulsa a hacerlo. Esto no se aplica a la construcción de carreteras, la agricultura, la fundición de acero y casi todo lo demás.

El capitalismo se extendió por todo el mundo, no porque tuviera virtudes misteriosas y místicas, sino porque su esquema de motivación resultó eficaz; aparentemente armonizaba con la psicología humana básica. Pero el capitalismo también presentaba un problema crucial: ¿cómo mantener a aquellos que no podían (o no querían) mantenerse a flote con su propio trabajo, por ejemplo, los desempleados? Se utilizaron varios enfoques para resolver este problema.

Las razones del desempleo pueden ser muchas. Un trabajador puede ser tan poco fiable y cooperativo en el trabajo que el jefe decide despedirlo. O tal vez se ha inventado una máquina que permite que menos trabajadores hagan más, haciendo que gran parte de la mano de obra sea redundante. Las empresas pueden quebrar, con lo que todos los empleados se quedan de repente en la calle. En caso de crisis económica, las empresas de toda una región pueden verse obligadas a reducir su tamaño, lo que provoca despidos.

Las multitudes hambrientas suelen reventar empezando por una fiesta de cócteles molotov. La miseria a gran escala conduce casi inevitablemente a la agitación social, a las revueltas e incluso a las revoluciones. Por lo tanto, había que idear métodos para ayudar a los desempleados de alguna manera. Hasta mediados del siglo XX, los sindicatos, las asociaciones, las iglesias y otras organizaciones privadas intentaron llevar a cabo esta tarea. Pero se vieron desbordados, ya que sus medios para combatir la miseria eran sencillamente inadecuados. Por ello, presionaron a los gobiernos para que crearan un sistema universal de prestaciones por desempleo, lo que condujo a la creación del Estado del bienestar en muchos países.

La semana pasada repasando fuentes en mi búsqueda de alternativas de futuro me reencontré con Jacque Fresco, arquitecto, inventor y futurista que dirige el Proyecto Venus en Florida, un cruce entre un centro de investigación y un museo, donde presenta su proyecto para el futuro de la humanidad. Fresco es el creador del término «Economía Basada en Recursos». Al igual que los partidarios del “Ingreso mínimo vital”, Fresco parte del principio de que el trabajo no es en absoluto un bien en sí mismo, sino que debe ser asumido en la medida de lo posible por ordenadores, robots, impresoras 3D, etc., para que las personas puedan seguir formándose, desarrollándose y aprendiendo a desarrollar su verdadero yo.

Fresco no recomienda la introducción de un “Ingreso mínimo Vital”, sino la supresión total de los medios de pago. Dado que las máquinas no exigen un salario, sino que proporcionan bienes y servicios de forma incondicional, hacen superfluo el sistema de recompensas desarrollado bajo el capitalismo. Una vez que el esfuerzo humano puede ser eliminado de la ecuación de valor, el dinero ya no es necesario. Los productos pueden distribuirse gratuitamente. Ningún robot se pondrá en huelga porque esté insatisfecho con su salario. Fresco ve su economía basada en los recursos como la respuesta a un desarrollo que ni Karl Marx ni Adam Smith podrían haber previsto: la llegada de una era de mano de obra casi infinitamente disponible que rinde al máximo las 24 horas del día sin ninguna motivación: los nuevos esclavos del acero, el plástico, el cobre y el silicio.

Se puede sonreír ante este concepto, tacharlo de hippie ingenuo y plantear mil preguntas: ¿Cómo se recompensa a los técnicos que supervisan los robots? ¿Y los profesores, educadores y psicólogos? ¿Trabajan gratis y de forma voluntaria? ¿Deben los investigadores que han hecho grandes descubrimientos o inventos contentarse únicamente con la fama? En lugar de enviar al trabajador a casa con las palabras: «Cuídate, el robot ocupará tu lugar, ¡como consuelo recibirás un poco de dinero cada mes!», Fresco le diría: «¡Ya has trabajado bastante! Vete a casa. Ya no necesitas dinero, porque las máquinas te traerán ropa, comida y otros bienes tanto como necesites. Edúcate, lee libros, cuida de los ancianos de tu vecindario, únete al proyecto de reforestación de las zonas en peligro de desertización».

Pero la reforestación de las llanuras de secano, un poco de ayuda social al vecino y el compromiso con la cultura clásica no son suficientes para inspirar a la gente a largo plazo. La inercia se extendería. Aquí -y no con acusaciones de ingenuidad o falta de realismo- radica mi principal crítica al «Proyecto Venus» de Fresco. De hecho, imagina un mundo «sostenible» -como reclaman en muchos sectores los movimientos ecologistas- en el que el statu quo se mantiene casi indefinidamente, malinterpretando el concepto de sostenibilidad. Los nuevos descubrimientos son bienvenidos, pero sólo mientras puedan cimentar el «presente paradisíaco diseñado». En estas condiciones, la mayoría de la gente probablemente sólo utilizaría la economía robotizada para que le trajeran comida y bebida al sofá. Esta mentalidad de comodidad, de evitar cualquier cambio, es lo que me atrevo a identificar como la causa de la decadencia generalizada en los países occidentales.

En lugar de reflexionar sobre qué tuerca hay que girar para mejorar el sistema actual en unos pocos puntos porcentuales, deberíamos aventurarnos de nuevo en diseños grandiosos, de hecho, diseños que dejen atrás todas las limitaciones anteriores de la humanidad. Durante milenios hemos estado encadenados a un planeta del sistema solar y a diversos esquemas coercitivos e incentivos diseñados para hacernos trabajar. «¡Así va a ser en el futuro, hay límites de principios que son infranqueables para los humanos!», gritarán algunos. «Nunca me atraparán ahí dentro», dijo la oruga, fijándose en la mariposa que tenía al lado.

Les soy sincero: desconozco la respuesta. Sigo buscando las ideas fuerza que alimenten la locomotora que nos lleve al siguiente paradigma.

Foto: History in HD.


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticamente correctas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo tú, mediante el pequeño mecenazgo, puedes salvaguardar esa libertad para que en el panorama informativo existan medios nuevos, distintos, disidentes, como Disidentia, que abran el debate y promuevan una agenda de verdadero interés público.

Become a Patron!

12 COMENTARIOS

  1. El articulo plantea el mayor problema que tiene la sociedad actual: como motivar a la gente al trabajo dentro de un sistema que impone una productividad cada vez mayor, y con una competitividad creciente. En principio una sociedad necesita inmigrantes, personas que creen que ganan mucho más que en su país de origen y no hacen el vago en el trabajo, porque saben que cobran mucho en relación a su país. El problema surge cuando se trata de jóvenes cualificados nativos o inmigrantes, con una formación adecuada, con unas buenas habilidades técnicas y sociales, pero que no hay trabajos tan cómodos como ellos persiguen, y no les quedan más que trabajos pesados y mal pagados. No veo la manera fácil de solucionar el problema sin recurrir a la inmigración porque como se ve los jóvenes con bachillerato o lo que es cada vez más frecuente, con carrera universitaria no se conforman con trabajos malos. Cada vez que voy a un restaurante veo más gente extranjera trabajando el ellos, incluso el director. El problema de las desmotivación en los trabajos ya lo vieron muchos economistas hace tiempo y salvo la inmigración no veo otra solución, incluso los robots necesitarán supervisión, necesitarán gente que haga acciones aburridas y que los señoritos con carrera no querrán hacer. El problema se agrava en España por la falta de una FP decente en lugar de las 54 universidades públicas, aparte de un montón privadas que generan graduados que no sirven para otra cosa que quejarse.

    • No se haga trampas ni permita que se las hagan, la solución de la inmigración es una falacia, hay cincuenta mil soluciones posibles sin necesidad de inmigración, basta ser más rico, el problema es que los.politicos solo saben crear su riqueza a costa de los idiotas. La inmigración es un negocio que se hace con su dinero y va parar a los inventores del asunto, propietarios de ONG, mafias, chiringuitos, políticos, etc. Hoy día la trata de esclavos o el tráfico de drogas es un negocio que dirigen los mismos.

      • Pues sí, Henry tiene razón. La inmigración no soluciona nada tal y como está planteada, porque no se trata de que venga la gente de fuera controlada y con criterios racionales, sino de un sálvese quien pueda. Si nos llevarnos por el buenismo y la tontuna de que vienen huyendo del hambre, estamos «apañaos». A los que llegan no se les ve muy hambrientos, no. Y además después de haber soltado una pasta gansa a las mafias, pues tampoco eran pobres. No vale el cuento de aquello de que ahorra toda la familia para que el hijo joven se venga a España o Europa. Ya cansa un poco los tópicos de Adú y sus amigos. La inmigración (especialmente la ilegal) solo perpetúa el subdesarrollo, pues priva a los países de origen de su gente más activa y joven. Alivia la presión sobre gobiernos corruptos, que se quitan gente activa y molesta de encima. Es un robo de juventud para nutrir una Europa decrépita, que no tiene hijos, donde cada vez habrá menos trabajo (salvo cuidar personas mayores, ya que sus hijos los largan a una residencia y adiós). Pero eso también se irá acabando, sencillamente por extinción. La inmigración masiva solo le facilita cierta labor a los que mandan durante un cierto periodo de tiempo (sobre todo en los años iniciales del proceso migratorio, léase Aznar, por ejemplo) y a mucho explotador, que tiene mano de obra barata y chacha a precio de saldo. Luego los costos se derivan a toda la sociedad y el que venga detrás, que espabile.

        • Coincido con Uds. en que la inmigración no debería ser la solución de la falta de puestos de trabajo de tipo pesado manual, repetitivo y mal pagado, pero a corto plazo se ve que muchos empresarios no encuentran trabajadores entre los españoles. Yo veo que las cafeterías de cerca de casa solo tienen personal extranjero, el taller a donde voy hay mecánicos extranjeros, lo de mancharse con grasa no les debe gustar a nuestros bachilleres, y en general si paso cerca de una obra veo que todos son extranjeros. Hasta hace unos años existían trabajadores españoles procedentes de regiones con desempleo que aceptaban estos trabajos, especialmente del campo, pero se ve que este tipo de mano de obra se ha agotado. Veo también que los chicos hijos de inmigrantes que hacen el bachillerato también siguen la tendencia de sus compañeros españoles de no hacer aprecio de los trabajos pesados y aburridos, y aspiran a metas más agradables. El sistema ir tomando trabajadores del tercer mundo para explotarlos en trabajos malos no es sostenible por razones obvias, la solución debería estar en la educación para que los jóvenes acepten trabajos más modestos, pero por lo que veo no se va en este sentido. Una de las reformas sería restringir el acceso a la universidad y disminuir el número de las mismas, es España hay una auténtica inflación de universidades, la mayoría sobrantes, pero estas cosas son muy difíciles de hacer, hay demasiados intereses en juego.

          • Totalmente de acuerdo y especialmente en lo de que sobran Universidades. Quizás en España, por no ir más lejos, ha vuelto una especie de neo-hidalguía, que desprecia el trabajo manual. Lo que ignora mucha gente es que un buen electricista, un buen fontanero y un buen albañil está rifado y no les falta curro. Mientras muchos universitarios están a verlas venir.

  2. A mí me encanta trabajar en cualquier cosa siempre que no sea ocho horas en una oficina, promesa que me hice antes de cumplir los veinte, es cierto que procuro no darme este placer constantemente ya que pudiera convertirse en vicio, el trabajo es jodido cuando sustrae tu tiempo de manera obligada, cuando el trabajo es un reto voluntario se convierte en placer.
    Hay gente que levanta pesas gratis en lugar de sacos de cemento y se siente tan feliz, y otros que se ponen a correr gratis disfrazados de modernos de manera inútil y castigando sus rodillas cuando podían aprovechar para repartir el correo. «Hay gente pa tó»

    Si hay algo que he detestado siempre son los inventores de mundos, me parece una actitud juvenil, el mundo estaba inventando mucho antes de llegar nosotros, solo hay que descubrirlo.

    Detesto a los «inventores» de mundos, el problema del hombre no es el mundo sino el propio hombre, «conócete a ti mismo», el afán de ésta época por inventarse la sociedad perfecta me parece que ha sido el problema más grave del último siglo, que una cosa es imaginar un mundo perfecto o una distopía y otra muy distinta intentar ponerla en práctica, algo que siempre sale mal.

    Si antes se decía «le gusta más que a un tonto un lápiz» dentro de nada se dirá, le gusta más que a un tonto un pin de la agenda 20-30.

    ¿Y que vamos a hacer con los funcionarios? En España desde que se utilizan ordenadores se han quintuplicado. Este dato seguro que no lo conoce el pensador futurista.

  3. Muy buen artículo, que plantea una serie de reflexiones que nos debemos hacer. Solo hay dos cosas que tenemos que tener claras: la primera es que la tecnología es (en teoría) imparable y crea fuertes vínculos de dependencia; la segunda es que la condición humana es la que es (y eso no es teoría, es realidad).

    Un mundo hipertecnológico al alcance de todos solo será posible con energia abundante y barata. Hasta ahora la historia de la Humanidad ha sido, básicamente, como aprovechar mejor la energia disponible: humana, animal, agua, viento, vapor (carbón), petróleo, sol, etc. buscado cada vez un mayor rendimiento. Lo que nos tiene que quedar claro (al menos en mi opinión) es que vamos a un mundo con una energía cada vez más escasa y cara. Si no que se lo digan a los españoles de borregolandia con la nueva factura de la luz (latrocinio gubernamental incluido). Más allá de la broma, no podemos olvidar que nuestro mundo se mueve básicamente con energía fósil, que es la fuente de energia primaria más importante. Las fósiles van a declive, ya sea por agotamiento de las reservas más abundantes y fáciles de explotar o por decisiones políticas (contaminación, cambio climático y demás historias). Pienso que buena parte del discurso ambientalista, tiene su raiz en que los que mandan saben que hemos alcanzado ya el «peak oil» y muy pronto vendrán otros «peaks». Lo que pasa que contar la verdad sería muy duro para la sociedad-colmena. Todo se reviste de ecologismo y buen rollismo, pero las energias renovables no dan el rendimiento de la fósil ni en broma. Además no todo se puede electrificar (ni la maquinaria pesada, ni la agro-industria y el transporte pesado por tierra y mar, de la aviación civil ya ni hablo). No hay litio en el planeta para sustituir todos los coches de combustión interna que actualmente estan rodando en este mundo. Conclusión: sin energia barata la sociedad tecnológica quedará muy mermada o solo al alcance de pocos… O no ser qué: bingo, haya una reducción drástica de la población del planeta. Ya me estoy yendo por las ramas.

    La condición humana es el segundo inconveniente para esa economía robotizada. La gran mayoría de los seres humanos (y lo siento y yo debo incluirme también) no están preparados para ese «dolce far niente» de los robots y te doy todo lo que quieras sin dinero (o sin cualquier otro medio de cambio). Me van a decir que soy moralista, antiguo y aguafiestas, pero no. La pereza es la madre de todos los vicios. Una sociedad donde nadie tenga nada que hacer sería una verdadera distopía, porque una buena parte de nuestros congéneres no se dedicarían a leer, a formarse, a perfecccionarse como seres humanos. Pero ¿de qué planeta viene el que piensa eso? Una buena parte (no digo que la gran mayoría) se dedicarían a «joder» al vecino, al vicio, al alcohol, a las drogas, a pasarse el día viendo porno por internet, echados en el sofa y viendo series (gratis, of course). Sería una sociedad que pronto entraría en declive sencillamente por asfixia, donde el progreso tecnológico se detendría. No habría incentivos para mejorar nada, para arreglar nada, para cambiar nada. Sería una sociedad de toxicómanos del ocio (que en buena parte lo somos ya).

    Por eso, yo estoy en contra del capitalismo (que no se me diga facha y tal). Pero pensándolo bien, el capitalismo es lo más util que se ha inventado para que las cosas no se salgan de madre. Pero el capitalismo de verdad, no el de los financieros y el capitalismo de amiguetes de BOE y barra libre IBEX 35. Todo el resto de experimentos socio-económicos bienintencionados han fallado, porque o han pisoteado la libertad e implantado régimenes terribles o bien porque han llevado al atraso a muchos países. Y muchas veces, atraso y régimenes tiránicos juntos. Y han fallado por una cosa: por no pensar en la puerca condición humana. Pero, tranquilos, seguro que volvemos a meter la pata. Saludos.

  4. Este tema es muy peliagudo, el artículo es muy interesante.
    No conocía a Jacque Fresco, leeré algo sobre sus teorías, pero así de entrada me recuerda a Rifkin y su libro «El fin del trabajo» e incluso me recuerda a mi abuelo, que siempre consideró el trabajo algo que en vez de dignificar al hombre lo mermaba, consideraba que el hombre si tenía cerebro era para lograr pensar como mecanizar determinados trabajos y no para herniarse como un esclavo, lo he comentado días atrás en otro artículo de Disidentia . Sólo hay que mirar hacia la agricultura y cómo se ha mecanizado desde el Neolítico,
    Rifkin, es un tema que explica muy bien en su libro, escrito en 1995, la esclavitud en los campos de algodón no terminó por la conquistas sociales, es que se inventó el tractor. Duro pero real.

    Los oficios, como la alfarería, tuvieron su fin con las fábricas en serie de porcelana. En nada una impresora 3D nos fabricará la vajilla que queramos.

    Estamos en una transformación social tremenda, 2nuevas tecnologías contra puestos de trabajo, el nacimiento de una nueva era». ¿Hacia dónde vamos?, ni idea, lo viejo se resiste a desaparecer pero esa transformación está ahí aunque nos cueste verla e incluso aceptarla. Desgraciadamente el problema será tantísimas personas que van a quedar sin un puesto de trabajo.
    Trabajadores de cuello azul, de cuello blanco y de cuello verde. Ese es el futuro y me da que los de cuello azul lo van a tener crudo, salvo en trabajos de mano de obra muy especializados e insustituibles

    Rifkin trataba un tema ,creo que no se ha equivocado, sus teoría son de 1995, y es el llamado tercer sector que va a tener una importancia vital en la sociedad . Las ONGs, el voluntariado , para mi la nueva esclavitud del Siglo XXI vestido de solidaridad.
    Antes era caridad, se ayudaba al necesitado como un acto de caridad, siempre hubo gente caritativa. Ahora no es caridad es solidaridad y esclavismo, horas pasan los voluntarios haciendo un trabajo gratis que le correspondía solventar a los Estados.

    Creo que me estoy alargando en el comentario, es muy interesante el tema pero no voy a escribir aquí una tesis. Estamos viviendo tiempos complejos, pero tengo la sensación que no muy diferentes a otros donde nuevas transformaciones tuvieron lugar.

    Leeré a Jacques Fresco

    • «nuevas tecnologías contra puestos de trabajo, el nacimiento de una nueva era» *
      ( delante de nuevas he escrito un 2)

      Forma parte esa frase del título del libro de Rifkin . «El fin del trabajo .Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era» publicado en 1995

      Libro que recomiendo leer, en algunas cosas podremos discrepar pero es un libro que me parece esencial para entender muchas cosas en este tema.

      • Añado que me he olvidado y me parece esencia, tiempo ha que llevo diciendo que vamos a la era del conocimiento y creo que así será. Todos los campos relacionados con el conocimiento serán el futuro, los trabajos manuales quedarán aquellos muy especializados e imposible de sustituir por máquinas

  5. En la línea que describe el artículo va el pateador Errejón:
    «Errejón propone pagar hasta 3.500 euros por trabajador a las empresas que reduzcan la jornada»
    – Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/

    Claro que ese dinero nunca llegaría a las empresas porque ya sabemos en qué consisten los planes comunistas.

    En fin, coincido con el autor, en que hay que conjugar imaginación y verdad, pero ambas cosas han sido prohibidas. Los chinos han imaginado su propio virus pero todo lo que nos han contado en torno a su origen es mentira. Por ahí no vamos a ningún sitio. Los chinos serán los primeros en colonizar el espacio exterior así que extenderán el totalitarismo por ahí fuera.

  6. Buenos Días Don Luís

    No quiero ponerme trascendente pero ¿Y la religión?

    ¿Cual ha sido el papel de las religiones en todo lo que ha comentado?
    ¿Cómo han influido unas y otras?

    El problema de los «Frescos» de turno (va sin segundas) es ese elefante en la habitación. Yo creo que es por la necsidad de que sea una religión cutre, amparada en el estado y que lo justifique, una espacie de libro de autoayuda…

    Esa pereza existencial que usted comenta me parece que tiene mucho que ver con la pereza teólogica, instalada incluso en el Vaticano.

    Lo que no se es si será causa o consecuencia. Huevo o gallina.

    Un cordial saludo

Comments are closed.