Usted tiene el poder… si quiere

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Quienes hacemos Disidentia queremos darle las gracias por la extraordinaria acogida que usted, querido lector, nos ha brindado, tanto en la propia web como en las redes sociales, donde la suma de interacciones nos ha desbordado por momentos. Pero queremos ofrecer un agradecimiento especial a nuestros mecenas, que han ido más allá del elogio, convirtiéndose por propia voluntad en parte del apoyo económico de Disidentia.

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Es a usted a quien pedimos permiso, no al poder

Permítanos contar una anécdota. Un conocido director y periodista dijo en una conferencia que había tenido que pedir permiso antes de lanzar su diario; ¿A quién? Nada menos que al poder político y económico por cuyas oficinas tuvo que peregrinar para obtener su venia, su aprobación. Nosotros, en cambio, podemos asegurar que no hemos pedido permiso a nadie, ni pensamos hacerlo. Disidentia será… o no será, pero solo depende de usted. Nos hemos puesto en sus manos.

La libre información y libertad de expresión se encuentran amenazadas; sólo podrán subsistir si usted como lector da un paso al frente

Lo que le ofrecemos, además de contenidos especialmente elaborados, inasequibles a la corrección política, es participar de forma activa en un experimento: demostrar que es posible cambiar el paradigma de la opinión y el análisis, eliminando de la ecuación la intermediación del poder político y económico. La libre información y libertad de expresión se encuentran amenazadas; sólo podrán subsistir si usted como lector da un paso al frente. Y más allá de elogiar tan amablemente esta iniciativa, se sube abordo y se convierte en un miembro más de la tripulación en este pequeño y audaz navío.

Un pequeño baño de realismo

Seamos realistas. Muy pocas personas se encuentran dispuestas a perder su trabajo, a quedar desempleadas o, incluso, a sufrir la indigencia para salvaguardar sus principios; tampoco muchos periodistas afrontarían estos sacrificios para permitirse escribir aquello que dicta su conciencia. Y los pocos que aceptarían el reto, no sólo deberían lidiar con sus temores y dudas, también tendrían que enfrentarse a sus familias que, lógicamente, no comprenderían del todo un altruismo que lleva aparejadas infinidad de penurias.

Reconozcámoslo, es injusto exigir a los demás que hagan aquello que nosotros mismos no haríamos

Reconozcámoslo, es injusto exigir a los demás que hagan aquello que nosotros mismos no haríamos. Casi nadie, sea periodista o no, aceptaría la pobreza severa, la marginación, el ostracismo o la muerte social por defender unos principios que, más allá de palabras y golpes en el pecho, casi nadie asume cuando llega la hora del verdadero sacrificio.

El periodista, el articulista o el analista, como la inmensa mayoría de nosotros, se debe a quien paga su nómina o las facturas que emite. Así pues, si el poder político y económico sostienen el medio donde trabaja, no tendrá más remedio que someterse a sus dictados. Se autocensurará, escribirá noticias a la carta, recados e, incluso, hará suyos enfoques que en realidad no comparte. Al menos, a fin de mes podrá llevar dinero a casa.

Que no le engañen: nada es gratis

Y usted dirá, «entonces no hay solución». Sí la hay, por supuesto que la hay: convertirse en un pequeño mecenas; es decir, por menos de lo que cuestan dos cafés al mes, puede contribuir decisivamente al mantenimiento de la independencia, de la libertad de expresión.

 Dejemos pensar que, si el poder político y económico «pagan» la información, la opinión y el análisis, a nosotros nos salen gratis

Es una solución sencilla, pero a la vez complicada; requiere que cambiemos nuestra forma de pensar: dejemos de dar por sentado que, si el poder político y económico ya «pagan» la información, la opinión y el análisis… a nosotros nos salen gratis. En efecto, pueden parecer gratis… pero la percepción es engañosa. En realidad ellos lo pagan con el dinero de usted sin que usted sea siempre consciente de ello, bien por la vía de las subvenciones y la publicidad institucional, que usted paga con impuestos, bien por la vía de la publicidad de grandes anunciantes que se otorga como un «favor» y que usted también paga a través de un sobrecoste en servicios esenciales.

Sin embargo, dado que usted no financia directamente los medios, como lector carece de toda influencia, no es más que un número en los datos de las audiencias. El trinomio de poder político, poder económico y periodismo le impone su agenda, los temas a tratar y las polémicas, cuando debería ser justo al revés. Esta es la realidad.

Usted es la palanca con la que mover el mundo

Cuando por fin tomamos la decisión de decir «ya es suficiente», de poner pie en pared, podemos caer en la tentación de pensar que uno, individualmente, no es imprescindible para cambiar este perverso mecanismo, porque, como somos muchos, ya habrá otros que den un paso adelante en nuestro nombre. De esta forma, al final, en lugar de ser muchos aportando un poco en bien de todos, son unos pocos los que aportan lo que buenamente pueden en nombre de todos.

Dividido entre todos, el esfuerzo es mínimo, casi inapreciable. Pero sumado se convierte en esa poderosa palanca capaz de mover el mundo

Hoy, las revoluciones más benignas y positivas no requieren grandes demostraciones públicas, manifestaciones multitudinarias o riesgos desproporcionados: es suficiente con un simple clic… masivo. Dividido entre todos, el esfuerzo es mínimo para cada uno, casi inapreciable. Pero sumado se convierte en esa poderosa palanca capaz de mover el mundo.

La otra opción es no hacer nada y quedarnos como estamos, limitándonos a quejarnos de cuando en cuando, desahogándonos en la redes sociales o en el bar de la esquina, o elogiando éste o aquel contenido atípico que aparece y desaparece con la marea del día. A nosotros no nos seduce la idea de continuar como hasta ahora. Sin embargo, la decisión es suya. Ojalá decida subirse abordo, porque estamos convencidos de que, juntos, haremos grandes cosas.

Usted tiene el poder… si quiere.

Muchas gracias.


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