Desde que salieron a la luz acusaciones de acoso y abuso sexual por parte del poderoso productor de cine Harvey Weinstein, la igualdad de género y el llamado “empoderamiento de la mujer” se han convertido en reivindicaciones ya inapelables. Como suele suceder cuando se desencadena un pánico moral, nadie se atrevió a disentir; un sentimiento de culpa colectivo actuó como mordaza ante cualquier discrepancia, ante cualquier matiz que pudiera cuestionar, aun levemente, esa nueva verdad revelada.

Una vez la apisonadora políticamente correcta se pone en marcha, nadie está a salvo. Ni siquiera Woody Allen, hasta ayer incono progresista de Hollywood, se ha salvado de la quema. Denunciado por abusar sexualmente de su hija adoptiva, el director neoyorquino ha sido repudiado públicamente por sus propias musas, que ahora se dan golpes en el pecho y entonan el mea culpa. “¡Lo siento, Dylan! No puedo ni imaginar cómo te sentiste todos estos años mientras veías cómo todos —incluyéndome a mí e incontables personalidades de Hollywood— alababan una y otra vez a quien te había lastimado de niña”, ha declarado atormentada Mira Sorvino. Un sentimiento de culpa compartido por Evan Rachel Wood, que pidió perdón a su vez por haber trabajado con Allen durante años y juró no volver a hacerlo; o el actor Dave Krumholtz que, quizá por ser hombre, se mostró aún más tajante al afirmar que “trabajar con Woody Allen ha sido un error descorazonador”.

“Hay una diferencia entre una palmadita en el trasero y el abuso sexual o la violación”, declaró Matt Damon y exacerbó los ánimos

En todo el universo de estrellas de Hollywood sólo hubo una voz disonante: la del actor Matt Damon, quien se atrevió a declarar: “estamos en un punto de inflexión, y es genial, pero creo que hay algo de lo que no se habla, de que muchísimos hombres ­­­­­­­—la mayoría con los que he trabajado—  no hacen este tipo de cosas […]. Hay una diferencia entre una palmadita en el trasero y el abuso sexual o la violación. Ambos comportamientos deben erradicarse, pero no mezclarse”.

Un Hollywood de “infinitas” violencias

Como era de esperar, las matizaciones de Damon sólo sirvieron para exacerbar los ánimos. Inmediatamente su antigua pareja, Minnie Driver, respondió escandalizada: “Dios mío, con su distinción entre conducta inapropiada, agresión y violación, los hombres demuestran que están completamente sordos y, por tanto, que son parte del problema”.

No es necesaria la acción para que la violencia exista: basta con la predisposición o el mero pensamiento

Pero fue la actriz y activista Alyssa Milano quien proporcionó, aun sin querer, una de las claves fundamentales. Señaló que, en efecto, hay distintos tipos de cáncer, algunos más tratables que otros; pero todos son cáncer. Para Milano, una violación, una palmada en el trasero o una simple insinuación, son igualmente agresiones; la violencia está presente en todos los casos con independencia de su gravedad. Es más, no es necesaria la acción para que esa violencia exista: basta con la predisposición a determinadas acciones, con mantener un supuesto prejuicio o con tener pensamientos impuros. En consecuencia, el mundo de Hollywood es básicamente un entorno de violencia, de agresiones infinitas que adoptan mil y una formas, algunas evidentes, otras intangibles e indemostrables, pero aún así incuestionables.

La violencia estructural: cómo ser violento sin saberlo

El concepto violencia cambia de significado

Desgraciadamente, esta argumentación, esta manera de pensar, no se limita al mundo de las estrellas del cine: está presente en los más recónditos rincones de nuestra sociedad. Según el criterio dominante en muchos intelectuales, políticos y medios de comunicación, existe una violencia oculta, que no es fácil ver, que no es patente sino latente. Que sólo sale a la luz gracias a ciertos especialistas que, con su proverbial sagacidad, son capaces de identificarla. Y también por la labor de políticos y medios de comunicación que se dedican a denunciarla con gran insistencia y reiteración.

Determinados colectivos, como las mujeres, sufrirían violencia por el mero hecho de serlo

Así, determinados “colectivos”, como las mujeres, sufrirían esa violencia silenciosa por el mero hecho de serlo y, consiguientemente, adquirirían el estatus de víctimas, aunque no hayan sido objeto de ningún acto de fuerza. Es lo que estos expertos denominan “violencia estructural”, uno de los conceptos más burdos y manipuladores de todos los tiempos.

Hasta hace sólo unas décadas, el concepto “violencia” resultaba inequívoco para todo el mundo. Constituía violencia cualquier uso de la fuerza para dominar o imponer algo. Pero el contexto comenzó a enturbiarse en los años 70 del pasado siglo, cuando el noruego Johan Galtung publica su famoso artículo Violence, Peace, and Peace Research (1969) en el que propone cambiar nada menos que el significado de la palabra paz y, en consecuencia, el significado del concepto violencia. El objetivo de Galtung no era científico sino político: como todo el mundo está a favor de la paz, el término podría utilizarse como banderín de enganche para lograr múltiples objetivos sociales.

Galtung descubre que muchas situaciones pacíficas no son aceptables… para sus criterios y, por tanto, piensa que la idea de violencia debe ampliarse radicalmente. Propone definirla como “cualquier situación que reduzca el rendimiento físico o mental de los seres humanos por debajo de su potencial máximo”. La violencia puede ser entonces directa o personal, si alguien la comete, pero también estructural, cuando no puede identificarse a nadie que la ejerza: el responsable sería el sistema o algún grupo amplio.

Una distribución injusta de los ingresos, el desempleo o una crisis económica constituirían violencia estructural

De esta forma, una distribución injusta de los ingresos, el desempleo, una crisis económica, la dificultad para acceder a la mejor sanidad o educación… constituirían violencia estructural. El propio Galtung reconoce que su definición de violencia crea más problemas de los que resuelve… pero quizá de eso se trataba.

Tratan de identificar injusticia con violencia

No hace falta ser muy perspicaz para percatarse de que la nueva definición de violencia es equivalente a la de injusticia, a la violación de cualquier derecho. Como era de esperar, el argumento acaba reducido a una tautología: violencia es todo lo malo e injusto y paz todo lo bueno y justo. Por tanto, la paz positiva, esto es, la ausencia de violencia estructural, debe ser el objetivo que movilice las conciencias y guíe la acción de todos.

Pero la retorcida intención se adivina rápidamente: los conceptos de violencia y paz dejan de ser objetivos para pasar a ser subjetivos y, por tanto, manipulables políticamente. Por ejemplo, la aparición de “nuevos derechos”, cada vez más artificiales, torna en violentas situaciones que antes no lo eran. Si, por ejemplo, se reconoce un “derecho a la vivienda”, quien no disponga de casa será víctima de violencia, eso sí, de violencia estructural: la culpa la tiene el sistema o, en su defecto, determinados grupos sociales.

El concepto de violencia deja de ser objetivo para pasar a ser subjetivo y, por tanto, manipulable políticamente

El concepto permite ir creando grupos víctimas, a los que el sistema conculca supuestamente algún derecho, y grupos verdugos, a los que se acusa de violar este derecho, de ejercer violencia. Por ello, la violencia estructural es un término de neolengua orwelliana, instrumento imprescindible para dotar de sustrato a la ideología de la corrección política.

Pero el enfoque resulta muy discutible e inconsistente porque, en realidad, ni la mayor parte de las injusticias son violentas, ni toda violencia implica quebranto de derechos. La corrupción política es por naturaleza injusta pero no suele ser violenta. Por el contrario, un jugador de rugby que resulta placado y cae al suelo con cuatro contrarios encima, está siendo objeto de evidente violencia; pero nadie viola sus derechos pues eso entra dentro de las reglas de juego.

La ruptura del principio de responsabilidad individual

Más graves son todavía las consecuencias de este cambio de significado. Se trata de una ruptura de los principios fundamentales de responsabilidad individual por los propios actos y de intencionalidad. Alguien, especialmente un grupo social, puede ser culpable de violencia estructural sin haber cometido ningún acto de fuerza, sin intención e, incluso, sin ser consciente de ello. Si, por ejemplo, se considera que las mujeres han ocupado en la sociedad una posición subordinada, entonces, el simple hecho de ser hombre implica ser culpable de violencia latente, algo así como estar contaminado por un pecado original. El nuevo enfoque de la violencia conduce al totalitario concepto de culpa colectiva, sea de un grupo determinado o de toda una sociedad. Ya es sencillo y automático obtener el título de violento… gratis y sin esfuerzo.

Ya es sencillo y automático obtener el título de violento… gratis y sin esfuerzo

Una cosa es aceptar que existen injusticias y que debemos hacer lo posible por corregirlas; otra distinta es señalar con el dedo a determinados grupos como malos y violentos por definición. Si se trivializa el concepto de violencia, cualquier cosa acaba siéndolo. Y tal como señalan los famosos actores y actrices de Hollywood, matar o violar entraría en el mismo saco que una mala mirada, un comentario soez, una palabra despectiva, un menosprecio o esas “microagresiones“, que, según nos dicen, todos cometemos incluso sin ser conscientes de ellas.

En esencia, seríamos igual de culpables por negarnos a colaborar con una ONG que matando a los niños que esa ONG pretende ayudar. La manipulación consiste en extender el sentido de culpa incluso a actitudes completamente involuntarias o a la propia pertenencia a un grupo; por ejemplo, ser hombre. Dará igual lo que usted diga o haga, sea de pensamiento, palabra, obra u omisión: si usted forma parte de un grupo malo o verdugo… cometerá violencia, quiera o no.

Definir como violencia cualquier injusticia es una forma de restar importancia a la auténtica violencia

Con todo, lo peor del enfoque de la violencia estructural es que, en sus casos más extremos, puede justificar la violencia terrorista o revolucionaria para derribar cualquier sistema político pues, al fin y al cabo, sea democrático o autoritario siempre podremos encontrar injusticias que justifiquen la contraviolencia. En resume, definir como violencia cualquier injusticia o desigualdad, real o inventada, no sólo otorga excesiva gravedad a ciertos actos que no la tienen: también resta importancia a la auténtica violencia.

Quizá por todo ello, sólo quizá, Matt Damon tenga razón al advertir a sus compañeras de profesión que mezclar todo en un mismo saco no es buena idea. Y también, quizá y sólo quizá, no sea él sino Minnie Driver la que está sorda… y puede que ciega.


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20 COMENTARIOS

  1. […] Esta campaña tiene tres peligros, que para algunos son muy bienvenidos. Uno de ellos es el de la sinécdoque; tomar el todo por la parte. Si un número suficiente de mujeres, sobre todo públicas, pero no sólo, se reconoce como víctima, los culpables ya no serán quienes las hayan asaltado, sino todos. Ya hay aplicaciones que permitirán denunciar anonimamente a los acosadores, con todo el peligro que ello puede suponer. Todos los hombres serán violadores, aunque sea en potencia. La violencia ya no se referirá a actos concretos; será estructural. […]

  2. Sobre no mezclar la palmadita en el trasero y la violación, está el mismo ejemplo de la carta de Deneuve atacada muy duramente incluso por “feministas” radicales. No es que una este 100% de acuerdo con este manifiesto, pero en aquel se llamó a no mezclar un toque en el muslo con abuso sexual, y además se alegó que la torpeza en el flirteo existe; con ambas cosas concuerdo, no se debe uniformar el coqueteo ni ceñirlo a una conducta esperable y masificada. <>, una pena que el feminismo de la tercera ola haya convertido ese movimiento de sustancia y no de tanta teoría, en sororidad hacia todas las mujeres porque siendo tales tienen el privilegio de contar con camaradas que siempre deben darles la razón, pues son víctimas de antemano, y sin saberlo, de los hombres y de su club de Toby. Y sobre considerar violencia el hecho de que en ciertos empleos no haya igual porcentaje de mujeres y de hombres, incluso en países como Noruega que han implementado excelentes programas para combatir estas “brechas”, en realidad estas diferencias aún existen porque no se trata de igualar porcentajes y dejar un 50 y 50 (Esto es desviar el asunto y no enfocarse en lo importante), sino de entregar las oportunidades a cada individuo sin discriminación sexual: La paradoja Noruega de la igualdad de género dice bastante de la realidad en si misma.

  3. Hollywood es una máquina de picar carne, por unos segundos de atención y falsa superioridad moral son capaces de hundirle la vida a un ser humano. Ha degenerado en industria caníbal.

    • Ja, ja, ja, cierto; pero ya sabes: <>. Es cosa también de ver lo que le hicieron a su descubridor, entre comillas que ni era un santo, Griffith, que terminó alcohólico y sin trabajo por no poder adaptarse al cine sonoro. A su funeral casi nadie fue, los pocos que le eran fieles, después de todo lo que hizo por cimentar la industria del cine, nadie lo recuerda.

  4. La progresía internacional actúa como una Inquisición laica contra todo el que se atreve a pensar fuera de su pensamiento único.

    El fuego mediático – social es la nueva hoguera de los modernos autos de fe, en los que son inmolados aquellos a los que los jueces moralmente superiores condenan y “cachirulean” en la plaza pública de los media y redes sociales, por trasgredir los mandamientos enunciados por sus infalibles popes.

    Lo importante es el rebaño y no la persona. Hay que laminar al disidente que no piensa, habla, escribe, lee, viste, como, beba,… según los dictados de lo políticamente correcto.

  5. Si no recuerdo mal creo que fue Tennessee Williams el que definió a los actores como “factorías de emociones” para evitar decir que eran tontos. Si alguno tiene dudas puede ver una entrega de premios “Goya” y si quiere emociones más fuertes puede seguir completa la entrega de los “Óscar”.

    Shakespeare recomendaba a sus actores que no añadieran nada de su cosecha al texto del autor, en este caso me temo que muchas actrices se han sentido identificadas con la protagonista y no han seguido la recomendación del dramaturgo poniendo su granito de arena al guión “Adán mordió la manzana”

  6. La lógica perversa de esta “falsa violencia”, tan certeramente encuadrada por Benegas y Blanco, lleva a la perversión del concepto de culpable. Esto no es nuevo. Desde la vieja teología moral católica hasta la corrección política de nuestros días, se identifica la condición humana con su dimensión pecadora, o transgresora. Lo expresan muy bien los autores: “para algunos y algunas por el hecho de ser hombre (quiero decir varón) ya eres culpable de acoso sexual”, que viene a ser casi lo mismo que la declaración, contenida en el “Yo pecador”, de que “he pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión”, cuatro categorías que el conocido texto mezcla quizá maliciosamente, intentando pasar por encima de lo radicalmente diferentes que son. En ambos casos de ”corrección”, el religioso y el político, se transparenta una intención profunda que es domesticadora. Y si bien es verdad que gracias a la domesticación cultural de las religiones los humanos nos civilizamos en su día, también lo es que la voluntad de domesticación persiste en los nuevos lenguajes, y que la corrección política no es sino un instrumento domesticador, que intenta vendernos la libertad como una marca más, sometida a las leyes y las técnicas del marketing. No hay nada nuevo bajo el sol.

  7. La gran adaptación de la novela de James Ellroy, llevada al cine por el recientemente fallecido Curtis Hanson, “L. A. Confidential” nos muestra un Hollywood de los cincuenta no muy diferente de los de hoy.

    Una verdadera “rat race” en todos los sentidos. Ellos y ellas.

  8. Creo que este tema de la violencia se está analizando muy mal desde cualquier corriente. No podemos negar que la violencia existe tanto física como psíquica, de hecho creo que aquella no puede existir sin ésta, al menos cuando es prolongada en el tiempo, pero dicha violencia no es exclusiva sobre las mujeres, a lo mejor la física afecta más a la mujer, pero primero se da la psíquica, la anulación de la persona para luego proceder a la violencia física y por fuerza el hombre la ejerce más habitualmente, pero la psíquica es ejercida por igual o incluso más por las mujeres sobre el varón. También existe violencia sobre los niños, sobre ancianos.

    Esta denominación de violencia estructural no me parece mal, me explico, si aceptamos que en el mundo existe violencia física y psíquica a mi personalmente me gustaría leer estudios rigurosos sobre ella para saber cuales son las causas y las posibles soluciones o por lo menos que cada vez vayamos a sociedades menos violentas.
    Cuando se habla de violencia hecho de menos un análisis por capas sociales, por niveles culturales, por zonas, por edades…todo se está centrando en la violencia de género y mismamente en ella, me gustaría saber en que sectores sociales abunda más o por ejemplo en países como el nuestro si abunda más en nacionales o en inmigrantes. De todo ello se debería ocupar la violencia estructural, al fin y al cabo es una violencia por grupos, pero claro si dicha violencia sólo se centra en la violencia sobre el género femenino pues es más de lo mismo.

    Muchas veces se nos dice que el nivel cultural influye, la dependencia económica, la clase social…pero realmente en las estadísticas sobre la violencia no aparecen reflejados esos datos, se van intuyendo pero no hay nada fehaciente. En la violencia de género aparecen el número de mujeres asesinadas , número de denuncias hechas por mujeres pero poco más , a mi incluso en esta violencia me gustaría saber en que estrato social es más abundante, tanto el estrato de quien la ejerce como de quien la recibe.

    Sí, parece que cuanto más pobre es un país o menos avances culturales tiene más violencia hay, pero en un país europeo, como el nuestro, tal vez sería necesario un estudio riguroso sobre la violencia por grupos sociales más que por género que es totalmente discriminatorio tal como se está haciendo. Si se hace en situación de igualdad, se sabría la violencia que muchos hombres soportan diariamente. Si todo esto no se analiza de una manera imparcial la verdadera violencia y sus causas nunca saldrán a la luz.

    • Lo que usted está diciendo es sobre estudiar de qué estratos viene la violencia(psíquica y física) y hacia qué estratos va, pero eso no tiene relación con la mal llamada violencia estructural. Los estudios sobre la naturaleza y aplicación de la violencia son necesarios para comprenderla y erradicarla.

      La violencia estructural a la que se refieren grupos feministas y similares no es ni psíquica ni física, ni tan siquiera activa. Es una “violencia pasiva” que, como bien dice el artículo, ni tan siquiera es violencia a no ser que torturemos al lenguaje. El término no se usa para ahondar en el problema, sino para ponerlo al nivel de la auténtica violencia. Se usa para simplificar el problema y discriminar, no para estudiarlo seriamente.

      Un saludo.

    • La información que pide Emme existe, pero procuran que quede escondida.

      En un documento del Instituto Centro Reina Sofía se puede ver este gráfico en la página 12

      https://i.imgur.com/MPHxTi3.jpg
      (sería cómodo que cuando se pone una foto saliera en el comentario sin tener que pinchar)

      Aquí puedes descargar el documento:

      http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/nacional/Informe%20Femicidios%202000-2009.pdf

      Hay que tener en cuenta que ahí salen como españoles los extranjeros que han matado a una mujer pero ya se han nacionalizado como españoles.

      • Gracias por las molestias Francisco. Buscaré información si existe algo tan detallado en el género masculino y en niños y ancianos. Aunque mejor no saturarse con este tema, no se puede ser tan negativos y en Disidentia, en el poco tiempo que lleva en cartelera, ya llevan un par de artículos sobre dicho tema y el mundo está llena de personas excelentes. Cierto no se puede permitir que determinados movimientos desvíen la atención hacia su causa dejando de lado otras igual de importantes.

        Sí, tal vez JovenDisidente, el término violencia estructural lleva a demasiada confusión.

        Saludos.

  9. Es satisfactorio, aunque no es una sorpresa, que Disidentia aborde estos temas que no se encuentran en otros medios digitales, desde la realidad más objetiva, bien fundada, bien razonada y sobretodo, vivimos en la época de lo “políticamente correcto”, con valentía.
    Se nota perfectamente que no transigen principios por subvenciones.
    Enhorabuena a mis admirados Benegas y Blanco.

  10. Vengo observando que cada vez que hay una campaña de este tipo, contra el acoso, el racismo o cualquier causa de esas que dan superioridad moral al progrerío, se monta una especie de competición victimista.
    Actrices acusando a Weinstein de presumir de sus conquistas, esa acusación contra Aziz Ansari por no saber interpretar las “señales no verbales” de su ligue, o llamar violencia machista a un piropo.
    Al dividir la sociedad entre victimas y agresores terminan convirtiendo cualquier comentario o acción malinterpretable en una agresión, y así victimizarse y pasar a formar parte del bando correcto.

    Y mientras tanto casos de violencia real son ignorados si la victima y el agresor, sobre todo el agresor, no pertenecen a la categoría social correcta. Y ahí ya no hablamos de comentarios en redes sociales o editoriales en los medios, hablamos de hechos que tienen consecuencias reales y muy peligrosas.

  11. Lo mejor que he leído sobre tan manoseado asunto. No me sorprende, por otra parte.

  12. Excelente!

    La guinda perfecta a todo lo que ya se ha escrito y a lo que DISIDENTIA ha prestado tanto y justa atención.

    Me quedo con esta frase:

    “Definir como violencia cualquier injusticia es una forma de restar importancia a la auténtica violencia”.

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