El resultado de las recientes elecciones en Suecia ha constituido el enésimo toque de atención. Antes ya habíamos tenido constancia de lo mismo en casi todos los países occidentales, desde los grandes (Francia, Alemania, Italia) hasta los pequeños (Holanda, Bélgica), y eso por no hablar de que el Brexit, aunque con caracteres específicos, apuntaba y apunta en igual sentido. Del Este de Europa, empezando por Polonia y Hungría, mejor no hablar. Como dicen los sociólogos, más que los hechos puntuales de un momento dado, que pueden ser reversibles, importan las tendencias. Y la tendencia en todos los casos citados no deja lugar a dudas, por más que se utilicen conceptos diversos aunque a la postre convergentes: xenofobia, racismo, extremismos, populismo, nacionalismo, proteccionismo… En suma, una creciente y profunda desafección al sistema democrático establecido.

Observen cómo han recibido los medios de comunicación, las instituciones comunitarias europeas y buena parte de la opinión pública el susodicho balance de las elecciones suecas: “avance espectacular de la ultraderecha en Suecia”, “los ultraderechistas se perfilan como los árbitros de la política sueca”, “malestar en el Estado del bienestar”, “la ultraderecha se convierte en la tercera fuerza política”… “Resurge el fascismo”, decía un diario que se autotitula progresista para que no cupiera duda alguna. Es decir, en todas partes, toques a rebato, lindantes casi con el catastrofismo… Si eso ocurre en el admirado modelo sueco, ¿qué puede esperarse en el futuro inmediato en otros países menos desarrollados y más inestables?

Si eso ocurre en el admirado modelo sueco, ¿qué puede esperarse en el futuro inmediato en otros países menos desarrollados y más inestables?

Detecto en primer lugar una contradicción flagrante. No sé si ustedes la habrán advertido y les llama la atención como me pasa a mí. Al día siguiente de las elecciones, todos los diarios, radios, televisiones y boletines informativos en general abren con la noticia de los resultados electorales. Denominador común, como ya he señalado, el toque de alarma. Diré más: a menudo detecto una cierta delectación en el alarmismo. Los análisis más reposados rebajan el dramatismo presente pero en cambio acentúan las negras tintas –el pesimismo- con respecto al porvenir. Luego, a los dos días, desaparece el asunto, no ya de los titulares o primeras páginas, sino de las hasta hace poco llamadas páginas interiores o letra pequeña. A nadie parece importarle el asunto. O más bien, nadie se acuerda siquiera.

Se me dirá inmediatamente que eso pasa con todos o casi todos los temas de actualidad, incluso los de mayor impacto. La aceleración del tiempo que vivimos y la propia dinámica de los modernos medios de comunicación impiden que una misma noticia cope los informativos durante varios días. Hay excepciones, claro, como vemos de forma cotidiana con el conflicto catalán, pero no dejan de ser eso, situaciones singulares por múltiples motivos. Lo normal es que, por ejemplo, hasta los atentados más sangrientos y masivos se mantengan un máximo de cuatro o cinco días en primer plano. El periodismo actual se nutre de una urgencia atolondrada, así como de una sistemática impostación: como cada vez es más difícil atraer la atención, se necesita revestir de ropajes insólitos cualquier noticia, hasta la llegada de una borrasca.

¿Cuántas veces hemos oído que hay que adoptar disposiciones urgentes para que no resurjan los viejos fantasmas del Viejo Continente?

Ahora bien, concediendo que sea un defecto generalizado –o una constante inevitable, por expresarlo en términos neutros-, el diagnóstico no cambia, Yo diría que hasta se agrava, pues incide en uno de los grandes males de nuestro mundo. Me refiero a la inmediatez, la política del corto plazo, la búsqueda compulsiva de resultados inmediatos. O, lo que es lo mismo, la incapacidad para la reflexión sosegada, el menosprecio de la constancia y la relegación de las soluciones de índole estructural. La paradoja está precisamente en que cuanto más se olvidan estas últimas, más necesitamos enfatizar la gravedad de la coyuntura, poniendo así de relieve la vacuidad de nuestro análisis: si realmente creemos que la situación es tan explosiva como proclamamos, ¿cómo explicar que no se tomen medidas al efecto?

¿Cuántos años llevamos ya leyendo reacciones, comentarios y análisis semejantes o incluso intercambiables, frase a frase, a los que ahora han seguido a las elecciones suecas? ¿Cuántas veces hemos oído que hay que adoptar disposiciones urgentes para que no resurjan los viejos fantasmas del Viejo Continente? ¿Cuántas veces nos han alertado acerca del recrudecimiento de extremismos violentos, limpiezas étnicas, la intolerancia, el antisemitismo y toda la panoplia de actitudes que asociamos con las décadas centrales del siglo XX? Y ahora, díganme, frente a ese dictamen que a veces incluso se dramatiza hasta alcanzar tintes apocalípticos para llamar la atención, ¿qué determinaciones se han adoptado? ¿Qué planteamientos políticos para atajar el problema?

Se me dirá con toda la razón que no es asunto fácil, que nadie tiene la varita mágica, que ni siquiera nadie sabe muy bien cómo…. Bla, bla, bla… Todo eso es verdad pero creo que esa constatación se ha convertido en la coartada para no hacer nada. Claro, cómo no sabemos qué hacer, crucémonos de brazos. Vamos a esperar, como decía el otro, que el tiempo resuelva lo que nosotros aquí y ahora somos incapaces de resolver. El tiempo, sin embargo, lo único que hace es pudrir los asuntos largo tiempo pendientes. Siendo grave esta pasividad, esta inacción, más grave aún es lo que en mi opinión oculta: la indiferencia real, cuando no la complacencia o hasta la complicidad de determinadas élites europeas con la situación descrita.

En contraste con los ‘paganos’ de la globalización, esos sectores privilegiados de profesionales, ejecutivos y burócratas son los grandes beneficiarios de la complacencia

Indiferencia he dicho, porque estas élites se sitúan au dessus de la melée. Son las capas de la población que menos sufren la deslocalización, el desempleo, la inmigración masiva, el deterioro de los servicios sociales, las rebajas en las prestaciones sanitarias, los conflictos de sus hijos en las escuelas, etc., etc. Complacencia he escrito también, porque en contraste con los paganos de la globalización, esos sectores privilegiados de profesionales, ejecutivos y burócratas son los grandes beneficiarios de la misma. Y he aludido también a cierta complicidad, que es el término más arriesgado, porque muchos partidos del establishment, sean de derecha o izquierda, saben que es más fácil mantener el poder aireando el espantajo del fascismo y la ultraderecha. ¿O es que usted votaría a Marine Le Pen en vez de a Macron?

Conozco algunos casos de varios países europeos pero, por razones obvias, el que mejor conozco es el español que, además presenta circunstancias especialmente idóneas para reflejar el panorama de despropósitos que quiero trazar. Suele decirse que este es una rara avis en el contexto europeo –como siempre, se nos olvida Portugal-, porque aquí, afortunadamente no hay racismo, xenofobia ni ultraderecha en el Parlamento. El dictamen es muy discutible, por múltiples razones. Solo recordaré sin ir más lejos, que racismo, xenofobia, desafección y ultranacionalismo se dan de consuno ahora mismo en el independentismo catalán. Y no se trata solo de una amenaza, como en otros países europeos, sino de un movimiento que tiene el poder real, que gobierna contra la mitad de su población y con el Parlamento cerrado.

Añadiré un par de datos más: el buenismo, como ideología imperante en el debate público, impide en el conjunto de España una movilización con los rasgos presentes en otros países allende los Pirineos. Y, segundo dato, que nuestros populismos y grupos antisistema se legitiman en sentido opuesto, porque la izquierda radical, en contraposición a la ultraderecha, sí está aceptada social y políticamente. Con ello quiero decir en definitiva que carece de base el mantenimiento de una excepcionalidad española. Simplemente, la desafección hacia el sistema político presenta aquí caracteres no plenamente coincidentes con los estándares franceses o alemanes, con los que tanto nos gusta compararnos siempre.

Retomando en fin el hilo que nos ha conducido hasta aquí, la pregunta del millón es la de siempre: ¿qué hacer? Como mínimo, dos cosas: una, acometer reformas en la representación política para profundizar la democracia y adecuarla a los tiempos que corren y a las nuevas demandas sociales; segunda, repensar seriamente los límites y posibilidades de mantener un Estado del bienestar tal y como hasta ahora lo hemos concebido. Tanto una como otra cosa son incompatibles con las proclamas populistas, las ideologías buenistas, la universalización de prestaciones y la apertura de fronteras para todos. ¿Alguien está seriamente interesado en esto? Me temo que la xenofobia y la desafección tienen todavía mucho futuro.

Foto: Harri Kuokkanen


Ayúda a Disidentia, hazte Mecenas Disidente

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo con tu pequeña aportación puedes salvaguardar esa libertad necesaria para que en el panorama informativo existan medios disidentes, que abran el debate y marquen una agenda de verdadero interés general. No tenemos muros de pago, porque este es un medio abierto. Tu aportación es voluntaria y no una transacción a cambio de un producto: es un pequeño compromiso con la libertad. Muchas gracias.
Artículo anteriorUltraderecha o quizás ¿otra derecha?
Artículo siguienteParadise Lost: en quiebra la presunción de inocencia
Rafael Núñez Florencio
Soy Doctor en Filosofía y Letras (especialidad de Historia Contemporánea) y Profesor de Filosofía. Como editor he puesto en marcha diversos proyectos, en el campo de la Filosofía, la Historia y los materiales didácticos. Como crítico colaboro habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "Revista de Libros", revista de la que soy también coordinador. Soy autor de numerosos artículos de divulgación en revistas y publicaciones periódicas de ámbito nacional. Como investigador, he ido derivando desde el análisis de movimientos sociales y políticos (terrorismo anarquista, militarismo y antimilitarismo, crisis del 98) hasta el examen global de ideologías y mentalidades, prioritariamente en el marco español, pero también en el ámbito europeo y universal. Fruto de ellos son decenas de trabajos publicados en revistas especializadas, la intervención en distintos congresos nacionales e internacionales, la colaboración en varios volúmenes colectivos y la publicación de una veintena de libros. Entre los últimos destacan Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (Primer Premio de Parques Nacionales, 2004), El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto (Marcial Pons, 2010) y, en colaboración con Elena Núñez, ¡Viva la muerte! Política y cultura de lo macabro (Marcial Pons, 2014).

10 COMENTARIOS

  1. No estoy de acuerdo con el artículo. La inmigración descontrolada a Europa es un intento de borrar el factor nacional al intentar los grupos parásitos y masónicos de las oligarquías instaladas en Bruselas crear un estado europeo, que fracasó. Un proyecto de un edificio sin cimientos sólidos. Una eurocracia con superpoderes no democráticos, que no respondían ante nadie. Los Estados Unidos de Europa es una gran falacia. Por esa razón con la inmigración descontrolada de Africa e islámica tenía la finalidad de destruir las identidades nacionales. Pero al final el resultado del experimento está conduciendo a un estruendoso fracaso de la estrategia planeada para imponer unos poderes supranacionales antidemocráticos.
    La C.E.E. que se fundó en en tratado de Roma ha sido prostituida. El presidente francés Charles De Gaulle hablaba de la Europa de las naciones con intereses comunes y en coordinación. Ésa era la esencia de la C.E.E. de los fundadores. Haber pasado de ahí, sólo puede fracasar, como lo ha hecho. Es probable que surja una nueva C.E.E. con el grupo de Visegrado más Austria, Italia. Probablemente Alemania con AxA también forme parte. Quienes nos quedaremos fuera, creyendo en una entelequia, que le queda ya poco es España y Portugal. Pero Portugal está trabajándose su comunidad de naciones lusas. Lo de España es grave, porque es un país sin objetivos y por tanto sin futuro ni viabilidad. Pues los planes de desnacionalización tienen un gran éxito y con la inmigración, de la que los llamados socialistas, los cabos de varas de la plutocracia, piensan que estarán en el poder para siempre, nacionalizando a toda esa gente. (alrededor de 1.000.000 de “nuevos ciudadanos”/año). Acabará volviendo al mundo islámico de nuevo.
    Por último, en las llamadas “extremas derechas identitarias europeas” “racistas y xenófobas” no dejan de ser etiquetas falsas. En AxA es un partido donde hay gente que no es étnicamente alemana, pero son alemanes culturalmente. Lo mismo ocurre en los demás países, al menos de la parte occidental. En Europa oriental, el primer ministro eslovaco ya dijo que su país, no quería que se convirtiera en África. Que es en lo que se convertirá España antes de 10 años.
    Yo a los únicos africanos que querría en España es a los boers, que se están marchando de la República Sudafricana antes de que los maten a todos de modo salvaje y atroz. Muerto Mandela, sus sucesores convierten aquéllo en un nuevo Zimbawe. El único país africano, que ha resultado ser un estado exitoso es Botswana. Su índice de transparencia es mejor que el de España. Una democracia y estado de derecho desde su independencia. Un nivel de vida en comparación con el resto, bastante bueno.

  2. El espantajo del populismo y la xenofobia…Esto de los espantajos es bastante antiguo.

    La pregunta: ¿es el populismo un resultado de la falsa democracia parlamentaria proporcional (partitocracia)? El sistema es populista (en sentido peyorativo, no cultural) dado es oligárquico. ¿O es cosa de “las masas”? “Populismo” esconde generalmente un prejuicio clasista, una forma de “racismo de la propiedad” o “xenofobia a las clases populares”.

    ¿De dónde viene el espantajo?,…., el espantajo es una recreación CENTRALISTA del concepto “mal”, diablo, herejía,…, paganismo. Centralista y poderoso es luz, derecho, bien, mientras que descentralizado y difuso es oscuridad, maldad, delito.

    “San Constantino” establece la Iglesia como brazo ejecutor de la dominación (deriva en propiedad) del nacido espíritu (fruto del cristianismo entre otros); de este surgen los paganos. Los perdidos en los pagos,…,
    Este nuevo concepto, espíritu (estructurado religiosamente), sublima la persona en un ente atemporal, no terreno, etéreo y eterno (vida terrenal + más allá); con el cual se establece el concepto de representación del alma, el espíritu. Es una forma sutil de matar la rebelión del cuerpo dado se supone este se debe a un alma, del cual surge una voluntad. A la postre toda la utopía de la representación política tiene esa base.

    Lo más inquietante es que el cristianismo de base, el de rigor, poco tenía que ver con la centralización. Si bien Prisciliano, el asceta, captó el mensaje de la centralización cuando fue decapitado. Después la difamación,…,a pesar de ello, a las clases populares (especialmente galaicas) les parece correcta la doctrina de prisciliano y perdura por siglos.

    Los representantes de la centralización lo son “Por la Gracia de Dios” (Rey) o directamente el representante de Dios en la tierra (Papa); el Estado Liberal hereda toda la mitología.

    En los inicios de la Edad Moderna, momento en el cual empieza a despuntar el “Capitalis-mo” comercial (el cual deriva en los actuales capitalismo liberal y capitalismo de Estado) se producen dos hitos importantes. El primero es el retorno a la esclavitud y el segundo la intensificación de la busca del diablo; la centralización del mal.

    Este espantajo de la centralización del mal cobra especial relevancia en la caza de brujas y herejías, cuya persecución máxima se da en lo rural no por casualidad. Sino bajo la inoculación, adoctrinamiento y manipulación de un brazo del poder con fines claros. El mal efectivamente estaba centralizándose, pero no en las mujeres viejas y solas (“las brujas”); y por supuesto tampoco en el cada vez más recurrente diablo.
    Simplemente se debía “limpiar el terrero” y el Antiguo Régimen tenía especial complejidad en la forma de propiedad (dominación), con su legitimidad multipolar, difusa, oscura,. En Hispania la re-centralización de la Edad Moderna extingue el auto-gobierno local y regional (concejos) y el proceso de abolición de la esclavitud.

    Diablo es el espantajo contra el bien, representado por Reyes y Papa y su “aparato”; cuyo sucesor es el Estado Moderno y posteriormente el Estado Liberal.

    La propiedad en el Estado Liberal es simple y bicéfala; por un lado el individuo y por otro el Estado.
    Propiedad individuo-Estado frente al dominio territorial y jurisdiccional anterior, complejo, amplio, difuso y difícil de manejar.

    Después de varios siglos de re-centralización, del feudalismo imperial romano (que provocó el colapso de este como ya apuntaba Tiberio Graco), de nuevo vuelve a emerger una gran figura (jurídica como novedad) con similar comportamiento. Cobra impuestos y tilda de “populismo” cualquier inquietud de los paganos o herejes; el nombre Estado Moderno. Formado por personas con cara y ojos, también llamados funcionarios (los que cobran del Estado como contraprestación). Lo llaman democracia y casi todos los países del mundo se denominan como democracias. Incluso la propia dictadura de Franco se denominaba como democracia orgánica.

    Si ustedes se lo creen,…, no seré yo quien les diga que el diablo no existe. El diablo (populismo, xenofobia) prueba la existencia de Dios (democracia, “estado de derecho”,…); aunque es un “non sequitur”.

    En general el proceso de centralización siempre consideró a los pueblos o el Pueblo como algo despreciable, por ello, su uso peyorativo. Dado pueblo, aún tiene homonimia, y en parte denomina una unidad de convivencia de varias familias, una comunidad. Cuyos vínculos de reciprocidad erigieron entre otras la polis griega, con su Constitución de la costumbre.

    La estructura elitista supranacional, con la ayuda del Estado Moderno está extinguiendo los pueblos europeos. Es un hecho, a los datos me remito, lo demás cuentos.

  3. Desde el móvil resulta incómodo escribir.
    Un par de apuntes: “estado de bienestar” y “nuestras democracias”.
    Estado de bienestar. Un mantra que se han apropiado los progres y hasta Girón hablaba de ello en España.
    ¿Que democracia tenemos en nuestro país? En este momento de ínfima calidad bordeando con un autoritarismo soviet-like.
    Me acuerdo de un libro llamado “El ocaso de las ideologías” escrito por alguien que, como los actuales políticos, no creía en la democracia y lo justo en la libertad (vigilada).
    Un saludo cordial y disidente.

  4. “Me temo que la xenofobia y la desafección tienen todavía mucho futuro”

    Además de coincidir con los comentarios, también lo veo de este modo, Rafael. Y lo peor es que ese mal pronóstico en Europa, además de avanzar imparable, se fundamenta más en hechos objetivos y reales que en meras suposiciones o especulaciones. Curiosamente también seguí las informaciones sobre las elecciones suecas, antes y después de que se produjeran, y la mayoría de análisis más o menos elaborados se camuflaban perfectamente bajo los titulares onerosos y alarmistas. Imagino que no ha interesado seguir con ello para no alimentar el hartazgo de cada vez más ciudadanos europeos que ven reducidas o incluso negadas sus prestaciones en servicios básicos por parte de los “Estados del Bienestar”, siempre en favor de ciudadanos inmigrantes que al final se acaban cargando de incontables derechos y de pocos deberes.
    Fíjense en la soberbia y la altivez con la que el “representante sindical” de los manteros de Barcelona, arropado por Colau, defendía el “derecho” del mantero a “comprar” y vender sus mercancías, al tiempo que exhibía un victimismo vomitivo. Vaya que, este caso insólito en nuestro país (manteros sindicados), llevado al extremo, además de producir un efecto llamada, como ha ocurrido este verano con la Barceloneta desbordada, es el camino más seguro para acelerar la desafección y el hartazgo del ciudadano medio que no acaba de entender que pagando sus impuestos correspondiente se le excluya de las políticas sociales, cuando él también las pasa canutas y a veces no llega a fin de mes.

    Porque cuando los autóctonos encajan mayormente en el asiento del DEBE y los inmigrantes en el asiento del HABER y a los políticos les da completamente igual, está claro que no están haciendo bien sus cuentas ni sus balances. Y para más inri, apuntar ese desbalance y esa desigualdad en detrimento de los autóctonos es lo que alimenta mayormente las actitudes racistas y xenófobas es uno de esos tabús de pésimo gusto que nadie quiere mentar ni abordar en su justa medida.

    Y mientras tanto, el problema se pudre un poco más, alimenta un poco más el racismo y la xenofobia y crece sin cesar el número de inmigrantes que, en comparación con sus países de origen, encuentran en nuestro Estado del Bienestar su paraíso en la tierra.

    No se ha incidido más en el tema de Suecia porque a los de la casta les da vergüenza admitir la decadencia permanente de sus fallidos Estados del Bienestar y también las ineficaces, cuando no inexistentes políticas de inmigración. El objetivo es el de contener y tratar de que no se extienda más la mancha de aceite que ya impregna a demasiados ciudadanos. Porque cuando en un país como Suecia, que mantiene altas prestaciones a los autóctonos y apenas acusa desempleo un porcentaje importante de ciudadanos suecos señala el problema de la inmigración, definitivamente algo huele a podrido en Europa.

  5. ” El periodismo actual se nutre de una urgencia atolondrada”…, atolondrada?, estúpida más bien. El stablisment, la socialdemocracialiberalismo, se nutre de la estupidez globalizada, siempre ha habido pero ahora supera el 80% clásico. Un libro muy bueno recomiendo para ilustrarse sobre la estupidez “ALLEGRO MA NON TROPPO” de Carlo Cipolla. La cosa no es de ahora pero está pero que nunca.

  6. Hay sociedades enteras mamonas, sociedades que se aferran al seno materno, sociedades que chupan y chupan los jugos de la vida sin haberse dignado a pensar ni por un solo momento que mamá ha envejecido y de su pecho ya sólo puede manar una leche cada vez más agriada y escasa, una leche entre grumos y suero acuoso que hacen la digestión pesada y alimentan poco, originando unos gases que al acumularse irritan las paredes del intestino.

    Mamá Europa, casada con Papá Estado, tiene hoy muchos hijos de diferentes razas y religiones y, en las postrimerías de una relación otrora apasionada, a los chavales les cuesta ya reconocer a sus hermanitos e incluso los hijos legítimos ni siquiera saben que lo son y andan confundidos a trompazos con los bastardillos que Papá Estado le hacía a su esposa con una meretriz de lujo, la princesa imposible de las noches del Gran Casino en que se conocieron durante la posguerra, la voluptuosa y voluble vampiresa de voracidad insaciable: la Economía financiera trasnacional, que siempre ofrece su cuerpo a cualquiera a cambio de un dividendo elevado.

    Y los chicos han crecido, pero no han logrado independizarse de los padres, así que ahora legítimos y bastardillos se miran de reojo en las agitadas reuniones familiares, esperando en silencio embarazoso la próxima muerte de sus seniles progenitores, mientras sus abogados se preparan para la épica lucha por una herencia cargada de onerosas deudas, procedentes de un pasado irresoluble.

  7. Buenos días Don Rafael

    En general de acuerdo con su artículo pero usted da por hechas una serie cosas que yo veo tan claras.
    “En suma, una creciente y profunda desafección al sistema democrático establecido” lo pone en negrita, ergo es posible que lo diga con segundas y yo haya sido capaz la ironía.

    Porque yo simplemente no creo que ese sistema sea democrático, o tan democrático como dice. Y ese es el quid de la cuestión. Y por eso esas élites proglobalistas, esas castas realmente privilegiadas (perfectamente descritas por usted, paso del copy/paste) que no se sienten afectadas miren a otro lado y se hagan las locas.

    Respecto a si los medios dicen mas o menos, y cuanto dura una noticia.. pues verá, hay “noticias” que duran y duran y duran.. parecen el conejito de Duracell. En España tenemos el tema de la manada, no hay semana en la que antes o después nos saquen el temita. Supongo que cada país tendrá su casuaistica. Hay una internacional, que es la del malvado Putin haciendo presidente a Trump. También recurrente y coñazo hasta decir basta. Noticia que de ser cierta diría muy poco de la democracia USA, mas que mucho de Putin, lo cual puede que tampoco esté tan lejos de la verdad (me temo)

    Hay una cosa en sus conclusiones que me desazona.

    Usted comienza su artículo comentándonos acerca de có,o esa casta que no está afectada por la globalización mira por encima del hombro lo que pasa pero después en sus dos concluisones se olvida por completo de la globalización. Intuyo que lo da por sobre entendido.

    Cuando igual es ahí donde está la madre del cordero.

    Que vamos a un mindo globalizado nadie lo niega y no se puede parar. Que ese mundo se está construyendo a costa de la destrucción de los estados nacíon, la familia, la propiedad privada, para pasar a ser una cosa amorfa y medieval donde haya unas leyes que rijan para unos y no para otros también.

    El liberalismo de toda la vida, está amenazado por esa globalización, esos tratados transnacionales, esa dumpización de economías con dictaduras que cada vez pesan mas en el gobierno mundial, para precisamente esas castas privilegiadas de aquí puedan moverse con mas facilidades sin tener que dar cuentas.

    Las castas de aquí se tratarán con las de allí, China, India.. todo bajo la religión/dictadura del NOM, y punto pelota.

    El liberalismo en esa concepción global SOBRA.

    Pero no veo que ustedes, o muchos de ustedes, por miedo a que los confundan ( o a saber que) con los histericos del contraneoliberalismo, los perrofalutas habituales, digan mucho.

    Los perroflautas habituales, los antiglobalización, .. sn un ejercicio perverso de psicologñia inversa de libro. Un hacer que si yo no quiero que me confndan con esos tenga que aceptar lo otro, que canta cada vez mas.

    Y lo que es exigible a ustedes, que para eso tienen estudios y saben, es que lo desmonten de una vez.

    Y lo primero es atreverse a nombrarlo.

    Un muy cordial saludo

    PS. Espero haberme explicado, uno no es tan habil cómo le gustaria. Pero la idea intuitiva me parece que ha quedado clara.

  8. Los medios suecos siempre procuraron ignorar las noticias negativas sobre inmigrantes «para no hacer el juego a los racistas». En Suecia, hablar de los problemas de la inmigración oponiéndose a la política migratoria de su Gobierno, te convierte en un ciudadano socialmente marginado. El cordón sanitario con el que los medios intentaron acorralar al partido anti inmigración Demócratas de Suecia (en sueco, Sverigedemokraterna, SD) ignorándolo por completo a punto de negarse a aceptar su publicidad electoral, no ha funcionado. El buen resultado de este partido en las elecciones de domingo (17,7% de los votos) demuestra el total fracaso de la censura mediática.

    Tienen razón los medios para manifestar alarmismo. La invasión de Europa por los inmigrantes hace que la UE se resquebraje. El modelo autocrático está ganando terreno, primero el Brexit, luego los gobiernos autocráticos en Italia, Austria y el Grupo de Visegrado y ahora hasta el edén sueco, destacado bastión del buenismo y de la corrección política, está empezando a hacer aguas.

    Y, como muy bien ha advertido el autor, el asunto desaparece de los medios a los dos días porque la inmediatez es la norma. Y no es porque haya parálisis política en la UE, lo que ya no hay es política en absoluto, fue sustituida por la burocracia. Como se acelere el visible tambaleo de Merkel y Macron, el último que apague la luz en Bruselas. Una lástima, sería un auténtico desperdicio de tanto talento burocrático, solo para fabricar mantequilla en la UE la Comisión alumbró 1900 páginas de reglamentos y directivas.

  9. Estoy de acuerdo con el argumento, que no se está haciendo nada sobre esta llegada de ilegales y delincuentes(no respetan las leyes de entrada en España, ni de Europa).
    Los políticos no hacen absolutamente nada porqué sucederá lo peor y ellos saldrán ganando.Los que no consigamos arrimarnos a la “teta estatal” seremos los paganos y los grandes perdedores del Gran Conflicto que se avecina. Porqué la liada que tenemos, solo con los que ya han entrado, no se arregla con “tiritas”. Y además creciendo.
    Los políticos actuales, sean europeos, nacionales,socialistas, social- demócratas(neocomunistas), extrema izquierda, centristas y demás patulea, ni hacen nada, ni se les espera, solo agitar el miedo, el odio y rechazo hacía los que no piensan como ellos. A sí consiguen medrar y tirar la pelota hacía adelante (sí no estoy hoy en el poder, ni como hoy, ni mañana) Malos tiempos para la lírica.
    Saludos disidentes.