Tus hijos no son tus hijos.

Son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti

y aunque estén contigo

 no te pertenecen

Kahlil Gibran

La práctica del alquiler de vientres, también conocida en la neolengua política del eufemismo de distorsión como gestación subrogada (en inglés surrogacy) o maternidad por sustitución, suscita un debate fundamental en nuestro tiempo. Este asunto obliga a proponer un estudio y un diálogo sobre los fundamentos de la existencia moderna, que exceden las realidades de esta práctica en sí, lo que permita un abordaje más honesto con la realidad fundamental de los vientres de alquiler, no como coartada de las grandes teorías políticas del presente, sino como empeño por una honda comprensión de la realidad.

El dilema de la libertad

El alquiler de vientres en la actualidad supone la contratación de la capacidad gestante de una mujer para alumbrar a una criatura que será entregada con filiación al cuidado de personas distintas a la mujer que la concibe. Para aprobar la práctica, la teoría liberal se atrinchera en la libertad individual para consentir ciertas condiciones mediante contratos entre partes. Al igual que para la prostitución, se aduce que una persona debe ser libre para elegir si quiere o no someterse a ciertas prácticas. El problema es que para el liberalismo la libertad individual de formar acuerdos sólo se materializa mediante contratos formales sujetos al marco del mercado. Es decir, se está diciendo que existe un mercado libre (o que debería ser libre) y que las personas pueden elegir formar parte de él o no. Pero la libertad individual puede verse transformada cuando coexiste con las lógicas mercantiles; el idealismo teórico de la libertad se ve acotado por el materialismo inmanente del mercado.

¿Puede suponerse hoy la libertad de conciencia como trinchera interior, como bastión impenetrable para una autonomía suficiente de la voluntad?

Por si fuera poco, la sociedad moderna occidental interviene de diversa forma la libertad de conciencia de las personas, por lo que, además de cuestionar bastante la libertad dentro del mercado, cabe cuestionarse la calidad de la propia disposición interior previa a cualquier acuerdo. ¿Puede hablarse de libertad de decisión en el individuo si diferentes centros de poder (organismos internacionales, Estado, escuela, medios de comunicación, publicidad, empresa) utilizan presupuestos multimillonarios para vehicular e inculcarnos hábitos e ideas de manera incesante? ¿Puede suponerse hoy la libertad de conciencia, fundamento primero sobre la toma de decisiones verdaderamente libre del individuo, como trinchera interior, como bastión impenetrable para una autonomía suficiente de la voluntad?

Contaminación ideológica: el derecho a la maternidad

Un claro ejemplo de esta masiva influencia en nuestra capacidad cogitativa se manifiesta en el cada vez más laureado derecho a la maternidad. La ONU y otros centros de poder trasnacional no elegidos y no elegibles han potenciado la teoría política sobre los derechos individuales, configurando una auténtica cosmovisión entera, dentro de la cuál cualquier facultad humana es propensa de ser entendida como un derecho, es decir, como una práctica sujeta a la supervisión de un poder que, ante impedimento o en ausencia de capacidad, garantice su cumplimiento. El marco teórico del “derecho a” no versa sobre la libertad o la calidad de la práctica en sí sino que pone el acento en la salvaguarda de su realización por un poder capaz de hacerla cumplir. El derecho a la maternidad, desarrollado dentro de los llamados derechos reproductivos (conferencias de Teherán, Bucarest, El Cairo), encumbra esa protección institucional por encima de cuestiones fundamentales de la existencia como puede ser una infertilidad circunstancial o congénita (parejas homosexuales). Así, para la International Association of Bioethics, “toda persona adulta tiene el derecho de procrear”. Con ello se dispone, para el fin de esa maternidad garantizada, toda consecuencia intrínseca a su práctica, en este caso, nada más y nada menos que las vidas humanas de la descendencia. El derecho a la maternidad, el “poder para realizar decisiones informadas sobre nuestra propia fertilidad” (en Reproductive and Sexual Rights: A Feminist Perspective), expresado como “el derecho a realizar un plan de procreación” (en Programa de Acción de la Conferencia Internacional de El Cairo, 1994) instrumentaliza la vida humana con arreglo a satisfacer el fanatismo por libertades individuales que están cuestionadas, en este caso, incluso por la propia biología de la existencia.

La esencia de la libertad humana precede a la política, y no al revés. Somos seres con libertad exigible desde lo inherente de nuestra condición, anterior a todo sistema político. La política no puede realizar libertades humanas impensables desde lo prepolítico, pues lo que hace con ello es supeditar cualquier aparente libertad, en este caso por la maternidad, a su marco hacedero y no a un derecho natural congénito a la especie. Con ello se convierte en un esencialismo normativo y cultural (esto es, subjetivo) desprovisto de apego a sustratos perennes de la existencia humana, por ejemplo, aquellas cotas de libertad que todos, de manera instintiva, podemos concebir sin entrar en contradicción con los demás. Nunca antes en la historia de la humanidad se tiene registro de algún grupo humano que, a pesar de una infertilidad manifiesta, clamase por un derecho a la maternidad. Es la tecnología moderna la que posibilita esa realidad, pero ello sólo explica las posibilidades concretas de este momento histórico y no la intemporalidad de un derecho humano como tal. Cuando un sistema político propone libertades que sólo se explican y realizan bajo su propia realidad subjetiva lo que de verdad está haciendo es construir un catecismo normativo que socava los principios de la libertad natural inherente a la vida humana.

La política debe dar respuesta a la realización de libertades primitivas anteriores al hecho político, como la libertad de conciencia, de expresión, de culto, de reunión, etc., libertades que configuran órdenes políticos posteriores mediante el hacer de los individuos, y si ataja cuestiones coyunturales, como la conjugación de la infertilidad circunstancial de algunas parejas con la ingeniería tecnológica de la fecundación artificial, no puede configurar para ello el dispositivo de un derecho, pues esa libertad no existe por sí misma y su evocación conduce a nuevos conflictos irresolubles bajo su misma lógica. El Programa de Acción de la Conferencia Internacional de El Cairo establece como un derecho humano universal el acceso a “métodos para la regulación de la fecundidad que no estén legalmente prohibidos”. ¿Qué hay de la libertad de las criaturas nacidas con arreglo a este derecho a la maternidad? ¿Por qué un poder debe garantizar la libertad de unos por tener descendencia y no la de otros por tener ascendencia? El debate es irresoluble bajo la lógica del derecho a la maternidad y por eso la opción de sus defensores es imponer este derecho por encima de cualquier consideración sobre la ascendencia. Es por ello que existen dos opiniones irreconciliables entre quienes ponen el foco en los individuos adultos y los que fijan la exigencia del derecho a la vida (paradojicamente, también formulado en El Cairo) de las criaturas.

Todo ello nos permite comprobar que desde la ONU y otros organismos internacionales como la CEDAW o la OIT se irradia un discurso no consensuado de manera democrática que los Estados suscriben, un discurso que cuenta con miles de millones como presupuesto para su difusión e implementación, una ideología que termina por permear en la sociedad y produce, en casos donde se asume de manera casi inconsciente, que la aproximación subjetiva al hecho de la reproducción asistida no esté exenta de intervención. Pero, además, los defensores de la libertad de elección de las personas adultas para someterse a prácticas de gestación subrogada inscriben esa capacidad decisoria en el mercado y aducen que esa firma de contratos entre partes contratantes es libre y no está sujeta a condicionantes del propio mercado. Se quejan de la intervención exógena del Estado, pero no abordan la coerción intrínseca que ejerce el mercado capitalista actual.

¿Libertad de mercado?

A esta realidad mercantil se agarra la izquierda y algunos feminismos para denostar la práctica del alquiler de vientres. La cuestión que subyace es hasta qué punto la necesidad de mercado (la necesidad de dinero) en las sociedades modernas convierte o no en libre las decisiones de personas que deciden firmar estos contratos. Ignorar que una mayoría de personas acuden a estos mercados movidas por una necesidad asfixiante de dinero es una temeridad. El dinero funciona como incentivo-coacción, una ambivalencia temible, que sirve tanto al propósito de justificar la libertad que otorga como para denostar la esclavitud a la que somete. Más de un 30% de las gestantes en subrogación durante los primeros años 2000, en pleno boom de la industria en Estados Unidos, fueron mujeres de orígenes raciales minoritarios, mientras que las madres intencionales, quienes encargaron un hijo, eran mujeres blancas de clase alta (en Ideologies and Technologies of Motherhood, Helena Ragoné). Las realidades en torno a la prostitución reproducen estas lógicas. La misma situación ocurre en la actualidad alrededor de las clínicas de subrogación en India, donde mujeres infértiles de fuerte poder adquisitivo acuden para pagar precios reducidos a gestantes locales, para las que la ayuda económica supone una cuantía elevadísima. El mismo caso se da en Ucrania. ¿Es equiparable la autonomía de la voluntad, clave de la libertad individual, entre personas adineradas nacidas en un entorno propicio para ello, y las realidades humanas de personas nacidas bajo estructuras de desamparo, que no ofrecen las mismas oportunidades objetivas y materiales para incluso una vida plena, no digamos para la capacidad de acumular riquezas?

La falacia del liberalismo es deducir que la voluntad entre las personas que firman un contrato de subrogación es una voluntad liberada, que aun sin regulación el mercado no genera asimismo una presión exógena sobre la decisión del individuo, y además, el liberalismo reduce todo acuerdo entre partes a las condiciones de mercado, eliminando de la ecuación la posibilidad de acuerdos no mercantiles que rechacen inscribirse en el mercado, por ejemplo los acuerdos entre personas cercanas, como familiares. Por ello aún en el caso de la subrogación por altruísmo, el liberalismo aduce que debe existir disposición mercantil para que clínicas privadas supervisen el proceso (adjudicándoles un nicho de mercado y un rédito, como ocurre en Estados Unidos). Evidentemente, lo concreto de la subrogación requiere de una tecnología de reproducción asistida específica que no puede darse en la intimidad aislada y no mercantil entre dos partes, pero ello no quiere decir que el discurso deba constreñirse a esta realidad discreta, relegando la verdad como meta; no, el discurso debe tener por fin la verdad, si no quiere después adolecer de contradicción; y, con vistas a la verdad, después debe descender a la realidad con soluciones o dilemas bien reflexionados, para al menos poder entender y pensar la compleja realidad de estos asuntos. El liberalismo acota su cosmovisión sin apego por lo verdadero, obedece a una monomanía perpetua por lo económico y el mercado, olvida las dimensiones de la conciencia, la moral, la ética y la coerción inherente al sistema del dinero y, con ello, sólo ofrece soluciones parciales que relegan muchas realidades al olvido.

En un escenario ideal, los acuerdos de gestación por sustitución quizás sí estarían nada más definidos en lo discreto de las circunstancias, como intercambio acordado exento de condicionantes degradatorios de la voluntad como el dinero, pero en el sistema de mercado-dinero actual los contratos mercantiles están tamizados por el patrón monetario, una muy cierta necesidad de retribución para afrontar la vida, el derecho mercantil, la aprobación del Estado, etc. Por lo tanto, justificar la mercantilización de la gestación subrogada con arreglo al idealismo liberal sin atenerse a la realidad actual es una temeridad. La libertad individual puede adquirir formas de acuerdo no mercantiles (fuera de los estándares de mercado concretos del momento) con los demás, y es ahí donde la invocación de la autonomía individual adquiere coherencia, en un escenario donde las lógicas mercantiles no degraden esa libertad en lo suficiente.

Por otra parte, la izquierda tiene razón cuando define la inscripción de la capacidad gestante de una mujer en el mercado como proceso de objetualización, compra-venta y mercadeo de las mujeres, pero se olvida de invocar la libertad individual como decisiva ante cualquier dilema moral y encumbra la prohibición expresa como catecismo moral exigible al Estado para impedir la práctica. La izquierda tiene razón en su análisis estructural, pero adolece de un marco axiológico dispuesto por la libertad y por ello propone prohibir y perseguir. Por su parte, las opciones liberalizadoras camuflan bajo un llamamiento a la libertad un sometimiento al mercado y proponen permitirlo todo. Un ejemplo que ilustra que ese “todo vale” del liberalismo más exaltado es imprudente (sin que por ello haya que invocar la prohibición sumaria) se produce en el mercado de la clonación humana. Con arreglo a la libre mercantilización de todas las empresas humanas, la clonación de seres humanos sería una realidad palmaria, ya que la tecnología para ello ya existe (una tecnología basada, de hecho, en los mismos principios de reproducción artificial en que se basa la gestación subrogada, como bien se expone en Baby Business, Retorno al planeta prohibido: los problemas de la clonación humana).

El verdadero debate está más allá de este maniqueísmo arribista al uso. El relativismo moral absoluto de la liberalización del mercado y la ortodoxia moralista de la prohibición institucional, al albur de la realidad del capitalismo y el desarrollo tecnológico, jamás estarán exentos de contradicción. Es precisamente el terreno de la moral el que se debe potenciar como fundamental y decisivo. El liberalismo versa sobre la libertad estructural de los agentes de mercado por constituirse como tales, pero no entiende que será la calidad moral de dichos agentes lo que constituya en primera instancia la realidad de ese mercado. Es decir, el mercado no sólo lo regula el Estado sino la propia disposición de sus agentes, para bien o peor. Los mercados de embriones y de la clonación humana pueden ser una realidad social no sólo porque una autoridad no se pronuncie en su contra, sino porque existan personas cuya moralidad apruebe esas prácticas. Por tanto, es mucho más primordial desarrollar un discurso y un estudio sobre qué elementos constituyen nuestra moral, antes que diseñar la arquitectura objetiva y externa de un sistema económico que, además, se olvida del elemento sustantivo, el elemento humano. El debate por la libertad debe entonces orientarse hacia la constitución de una convicción moral autónoma en el individuo, como rechazo al aciago relativismo moral y a la prohibición expresa externa a la persona, lo que le permita discernir en base a su propia integridad sobre las decisiones a afrontar. Sólo entonces, y en ausencia de una prohibición expresa no consensuada, podremos hablar de un mercado libre que sea reflejo de la autonomía moral construida de las personas.

Este debate sólo puede realizarse con apego por la verdad, sobre la intención de desentrañar hasta lo posible la complejidad de las realidades humanas modernas, y no con arreglo al vicio de inscribir la práctica de la gestación por sustitución en alguna de las dos grandes escuelas políticas de la actualidad. Pero la aproximación moral, la necesidad de generar un debate honesto no con arreglo al credo político sino a la realidad, en el caso de la práctica de alquiler de úteros agrega nuevos elementos hasta ahora no mencionados, acaso más importantes: las criaturas en gestación, la realidad social de la infertilidad, la propia ontología de la reproducción artificial, su significado último y sus consecuencias en lo que son los fundamentos de la especie, asunto que expone la propia ciencia médica como ejemplifica Michel Odent en Nacimiento y la evolución del homo sapiens y que se tratará en una futura segunda parte de este análisis.

Foto: Cassidy Rowell


Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticas. Garantizar que esta libertad de pensamiento pueda existir sin muros de pago depende de usted, querido lector
Muchas gracias.

Apadrina a Disidentia, haz clic aquí

Artículo anteriorContrarrevolución
Artículo siguienteLa gente y lo políticamente correcto
Avatar
Superviviente de la Universidad, del pensamiento gregario y del rapto de alguna de las nuevas religiones políticas. Filosofía, política e historia, pero también mundalidad, convivencia, sabiduría popular. Ni trivialidad terrenal ni erudición ilustrada. Amigo de todos aquellos que incluso en desacuerdo sepan compartir y debatir. A veces apocalíptico, a veces integrado. Trascendencia e inmanencia, construcción y disolución del individuo. Siempre dispuesto a aparcar diferencias en el pensamiento para estrechar lazos de afecto. "Sé sensato y aprende a dudar" Sexto Empírico.

26 COMENTARIOS

  1. “¿y si el niño que nacer por la técnica de vientre de alquiler resulta que nace por ej, con Síndrome de Down?
    En esos contratos¿ cómo se decide quien se queda con un niño que no cumple las expectativas? ¿ ni para unos ni los otros?”
    Comento estas cuestiones más abajo, Emme. Anoche no me dio tiempo. Saludos,

  2. “La práctica del alquiler de vientres, también conocida en la neolengua política del eufemismo de distorsión como gestación subrogada (en inglés surrogacy) o maternidad por sustitución, suscita un debate fundamental en nuestro tiempo”.

    Lamento decirle que no ha tenido un buen comienzo, Alexis. Y referirse a esa práctica como “alquiler de vientres” resulta lo suficientemente peyorativo e inapropiado para condicionar el debate en una sola dirección. No se trata de buscar “eufemismos” ni de cargar moralmente el lenguaje con juicios de valor innecesarios, sino de ser lo más preciso y ajustado posible a la práctica en cuestión que no puede llamarse en ningún caso “maternidad por sustitución”. Imagino que quería referirse a la “gestación por sustititución”
    Hay que saber separar el concepto de maternidad del de gestación, porque en el caso de los niños que son adoptados ¿quién cree que ejerce la maternidad o paternidad la madre biológica que lo ha parido y lo ha dado en adopción o la madre que se hace cargo de su cuidadado o protección? ¿Acaso no puede retirarse la tutela a un padre y a una madre biológica cuando no se responsabiliza de ese cuidado y protección? la maternidad y paternidad son actos de responsabilidad ética separados de la gestación por sustitución.
    Al igual que se generan nuevas formas de familia se generan nuevas formas de nacer. En nuestro sistema público de salud se facilita la reproducción asisitida a personas lesbianas que tienen el deseo de ser madres, sin embargo, se discrimina por razón de género a los hombres y también a las personas de bajo nivel socioeconómico que por enfermedad o infertilidad no pueden concebir hijos. Vaya que, no tienen oportunidad ni recursos para desplazarse a los países que sí tienen regulada esta práctica de gestación por sustitución.
    La prohibición no afronta ni resuelve el problema, solo lo deja de lado, creando inseguridad jurídica y dificultando la protección, regulación, control y registro público de la personas nacidas con esta técnica de reproducción asisitida.

    • “Al igual que se generan nuevas formas de familia se generan nuevas formas de nacer.” Por ejemplo en fábricas….
      Usted en su argumentación a favor de los vientres de alquiler utiliza casos extremos para justificarlo, como por ejemplo la pérdida de la custodia o patria potestad. Son casos tan distintos que nomerece la pena deternerse a comentarlos. Tampoco la adopción es un supuesto similar. Con los vientres de alquiler de lo que se trata es de atender a los caprichos, disfrazados de derechos, de determinadas personas que por las razones que sea no pueden tener hijos, olvidándose que el fruto de sus caprichos es un ser humano dotado de dignidad, y no una mercancia.

      • Insisto en que referirse a la “Maternidad por sustitución” es erróneo. la maternidad y la paternidad no siempre la ejerce la madre biológica y eso se asume con naturalidad en las adopciones.
        “Al igual que se generan nuevas formas de familia se generan nuevas formas de nacer.” Por ejemplo en fábricas…” o en “granjas” que diría la lideresa de Unidas Podemos. Si es que rebajar el nivel de debate es de lo más fácil y tentador que existe. Resistirse es una opción. Pero bueno, nunca podrá decir que no comparte nada con la ideología del feminismo militante. Y es una lástima que el único fin que ven en esta forma de filiación sea un mero “intercambio de mercancía”. Por fortuna siempre habrá personas que eviten referirse a esos extremos indeseables e hirientes que tanto daño hacen a las personas que, habiendo agotado todos los recursos para ser padres biológicos, optan por buscar a una gestante que de forma libre, voluntaria y consciente está dispuesta a darles esa esperanza de vida. Por fortuna siempre habrá personas más interesadas en dignificar la vida de ese ser humano gestado por otra madre y no calificarlo frívolamente de “mercancía”.

        • Los seres humanos nacemos de la unión sexual entre un hombre, llamado padre, y una mujer, llamada madre, que es a la que le corresponde llevar en su seno al nuevo ser, hasta que está lo suficientemente formado para poder sobrevivir, pero no de manera independiente, proque solo, ese ser humano moriría, por eso necesita el cobijo y la protección de sus padres, y como no somos seres irracionales, cuando el niño es mayor necesita la guia de sus padres. Esto es lo natural y lo deseable. Si nos olvidamos de esto todo esta permitido, así que no diga quie bajamos el nivel del debate cuando ante la afirmación de que “se generan nuevas formas de nacer” yo diga que por ejemplo en fábricas, ¿por qué no?. Es como los llamados matrimonios homosexuales; si se justifican solo por el amor, ¿por qué no se admite el matrimonio entre hermanos, o la poligamia o cualquier combinación qué se le ocurra?
          Es muy importante aclarar lo de la libertad. Con independencia de que su idea de mujeres que libremente y altruistamente aceptan gestar un hijo y entregarlo, es un poco ingenua, se olvida de varias cuestiones fundamentales. La libertad tiene que tener un sentido y cuando en el ejercicio de la misma realizamos un acto o tomamos una decisión, debemos asumir las consecuencias. Cuando solo afecta al que ha tomado la decisión pues apechuga, pero si esa decisión libérrima afecta a un tercero de tal manera que le condiciona toda su vida, no tiene derecho a ejercer esa libertad. Esta archidemostrado que entre la madre y su hijo se crean vínculos fundamentales durante la gestación, vínculos que nos condicionan durante toda nuestra vida. Pero para usted esto no es importante, porque lo que importa es el capricho de alguien que en lugar de asumir como un ser adulto que no puede tener hijos y afrontarlo, exige que se le de un hijo. Ya nos explicará a todos que le diremos a ese niño cuando le digamos que su madre no es su madre, que su madre está en Ucrania. Algo parecido ocurre con la inseminación artificial, otra forma de nacer, cuando una mujer acude a un banco de semen y es inseminada. Luego va a usted y le explica al fruto de esta “forma de nacer” quien es su padre.

          • Brigante, parte de mi respuestas las encontrará en el comentario a Emme. No veo necesario reiterarme, pero sí que quiero comentar que sobre: “Esta archidemostrado que entre la madre y su hijo se crean vínculos fundamentales durante la gestación, vínculos que nos condicionan durante toda nuestra vida”
            Veamos, eso no es exactamente así. De ser cierto, todos los niños que son adoptados o cuya madre biológoca muriera al nacer, estarían condenados de por vida a una existencia limitante y desgraciada, al ser separados. Evidentemente, no es así y el vínculo del apego que establece el niño no tiene que corresponderse con la madre sino con la figura que ha establecido ese vínculo en las primeras etapas y que le ha dado protección y seguridad. La maternidad o paternidad es un ejercicio responsable de afecto cuidado y protección al recien nacido, que sea capaz de garantizar su adecuado desarrollo. Por fortuna, el derecho vela porque se cumpla esa garantía. un saludo,

          • Insiste con la adopción. Pero la adopción no tiene nada que ver con los vientres de alquiler. La adopción es la consecuencia de una situación ni buscada ni deseable: un niño que por las razones que sea se queda sin progenitores y para que no quede desamparado se le busca protección y cobijo en otra familia. Pero esto no es lo deseable, ni es comparable con que alguien que no puede tener un hijo encargue a una mujer que geste un hijo y en el momento del nacimiento se lo quiten y se lo den al que ha formulado el encargo. Por favor no es lo mismo

          • ¿La adopción no es una situación buscada ni deseable por parte de los padres que desean ejercer la paternidad? ¿Los padres que adoptan a través de un proceso legal y regulado pagan por ello o les dan a su nuevo hijo a coste cero?
            A la mujer que gesta no le quitan ningún hijo. Sustituye a otra madre en la gestación voluntariamente, podría revocar su decisión en el último momento si así lo decidiese y puede decidir si quiere mantener un vínculo con su hijo biológico. Los nuevos padres de la criatura no podrían oponerse a ello. Eso en el caso de que esta práctica que tanto le repele fuera regulado con la responsabilidad moral y ética que requeriría este material sensible. Fuera de ese control y esa legalidad los riesgos entrarían en el terreno de lo imprevisible.

          • Pero vamos a ver Silvia, el niño adoptado lo es porque está en una situación de desamparo, ¡nadie nace para ser adoptado!
            Usted se mueve en este tema en un mundo de fantasia y de absoluta irresponsabilidad. Mujeres maravillosas que de forma altruista y desinteresada, solo por ayudar a alguien que no puede tener un hijo, realiza la función natural más importante de una mujer, y después de llevar en su seno a un ser humano lo da alegremente a otros ¡oh! ¡ah! qué maravilla, y además si en el último momento se arrepiente ¡no pasa nada! ¡para eso están los caprichos! ahora sí, después no. ¿y el niño? nada, no pasa nada, todos le van a querer un montón. Ahora eso sí, todo perfectamente regulado por papá Estado…solo le puedo decir una cosa ¡qué horror!

    • Silvia, estoy contigo en que la prohibición no resuelve ni afronta el problema, no es mi opción y no defiendo eso. No veo tampoco que denominar a la práctica “alquiler” de vientes sea peyorativo ni oriente el debate en una dirección. El lenguaje designa realidades, y la realidad, objetiva bajo las condiciones socioeconómicas hoy, es que la inmesa totalidad de las personas que se someten a estas prácticas ponen en alquiler de mercado su capacidad gestante, las funciones de su vientre, mediante un contrato mercantil con compensación: acuden a centros de facilitación (tampoco te gusta denominarlo “granjas humanas”, quizás porque Podemos utilice el término, aunque en puridad es lo que son, criaderos de seres humanos de manera artificial), existe una industria potentísima que es un apéndice del gran negocio de la infertilidad y de la reproducción asistida. En fin, no se puede temer designar la realidad con objetividad. Distinto es que en lo ideal la práctica superaría las condiciones de mercado y se asentaría en un altruísmo de no-intercambio, sin dinero, ni compensación, pero esa es la realidad de otro mundo, donde el dinero no mueve las voluntades. Mi postura es plantear el debate en términos reales, mucho antes de descender a si hay que regular o no, y para promocionar esa reflexión, nada hay mas justo que llamar a las cosas por su nombre. Un saludo!

      • “El Programa de Acción de la Conferencia Internacional de El Cairo establece como un derecho humano universal el acceso a “métodos para la regulación de la fecundidad que no estén legalmente prohibidos”. ¿Qué hay de la libertad de las criaturas nacidas con arreglo a este derecho a la maternidad? ¿Por qué un poder debe garantizar la libertad de unos por tener descendencia y no la de otros por tener ascendencia?”
        Alexei, es que no es cierto que “un poder garantice la libertad de unos por tener descencia sin garantizar la de otros por tener ascendencia”. Relea de nuevo su párrafo, por favor. Se establece el derecho humano de acceso a esos métodos para la regulación de la fecundidad si no están prohibidos legalmente, porque si lo están no se otorga ese derecho, aunque algunos puedan pasárselo por el forro. Cuando se trata de legalizar y regular el tema, a la descendencia se le garantiza la ascendencia automáticamente.
        El derecho de un recien nacido a tener unos padres es lo más claro y contudente que existe en los ordenamientos jurídicos de los países civilizados por encima del derecho a ser padres. De ahí los conflictos, el vacío legal y la sensación de abnadono que se produce cuando estas criaturas nacen en un país donde es legal esta práctica de gestación por sustitución pero los padres desean registrarlos en el país donde viven y donde esta técnica de reproducción asistida es ilegal.
        Pero, fíjese que, aún en ese caso, lo que prima por encima de las ilegalidades y del fraude de ley es el interés del menor y su derecho a tener unos padres que asuman su paternidad, su protección y su cuidado. Se hace la vista gorda sobre esa ilegalidad y se les registra civilmente con todas las garantías. No se puede temer designar la realidad con objetividad y más cuando se quiere promover un debate serio sobre el tema.
        ” (tampoco te gusta denominarlo “granjas humanas”, quizás porque Podemos utilice el término, aunque en puridad es lo que son, criaderos de seres humanos de manera artificial)”
        ¿Conoce la experiencia en el Reino Unido desde 1985 y en Grecia desde 2004? ¿Diría también que en “puridad son criaderos de seres humanos de manera artificial” o es que en realidad no le interesa reconocer los innumerables casos que de forma regulada sí funcionan? ¿Acaso referirse a la gestación por sustitución en los términos de “granjas humanas” o “criaderos de seres humanos” no es una táctica moralizante, peyorativa y disuasoria del verdadero debate en el que de momento no quiere ni oír hablar de regulación?

        “existe una industria potentísima que es un apéndice del gran negocio de la infertilidad y de la reproducción asistida”
        Ya, el turismo sexual reproductivo está a la orden del día. Por ello se hace imprescindible no dejar esta práctica a merced del mercado sin el menor control. Por otro lado, ¿El hecho de que gente sin escrúpulos tráfique con órganos justificaría para usted acabar con el sistema legal donación de órganos? un saludo,

        • Silvia, es que para mi el “verdadero debate” que mencionas, como he expuesto en el texto, no es regular o no regular. Ese abordaje extrínseco, con fijación por las estructuras objetivas sociales, siempre estará lleno de contradicción, como intento ilustrar. La creencia de que estructuras externas a la persona, el Estado o el mercado, son suficientes para garantizar el orden moral no es nada más que el triunfo del formalismo utilitario de Hobbes, el determinismo de la moral hegeliana, esto es, en realidad, el olvido del orden moral. La moral subjetiva de Kant o el idealismo ético clásico por ejemplo en Cicerón, el rechazo de los “derechos” y la defensa de los “deberes”, orienta el debate no hacia un pragmatismo en donde las consideraciones morales estén ausentes o, digamos, queden relegadas a la acción inmediata, prohibir o no (que como digo, no es que relegue la cuestión moral sino que la anula); orienta hacia una defensa de la verdad, antes de cualquier acción, y esa exposición es la que intento hacer. Este rollo teórico puede resumirse: hay que rescatar la moral, no como imposición de uno u otro signo sino como dimensión digna del debate. Yo te pido que vuelvas a leer el artículo en esta clave, y verás que, por ejemplo, lo que mencionas del tráfico de órganos, a mi me espanta, pero no abordaría esa durísima realidad mediante el prohibir o no, sino en potenciar una aproximación ética que entienda, antes que nada, que cualquier determinación normativa ahonda en nuevas contradicciones y que por tanto la única forma real que acabaría con esas prácticas, por utópica que sea, sería la disposición interior de la persona como rechazo hacia ellas.

          Existe la posibilidad de conciliar ese pragmatismo desentendido y un idealismo moral, que resolvería buena parte de la contradicción, aunque no toda, que sería que la cuestión de regularizar o no un asunto (también, por ejemplo, el aborto) fuese decidido en democracia real, mediante la participación activa y expresa en la norma. Si una comunidad decide libremente prohibir, por ejemplo, los contratos de subrogación, esa norma contendría el libre ejercicio moral de la comunidad y además supondría un abordaje tremendamente práctico. La democracia representativa no promociona esa dimensión popular de derecho, yo estoy con Jefferson cuando afirma que la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, no el gobierno del pueblo por representantes del pueblo para el interés y beneficio de esos representantes y del Estado. En nuestra situación, un mal menor podría ser una consulta popular vinculante. En fin, a esta profundidad del debate me refiero cuando digo que abordar el tema como “regular o no” es una mutilación lamentable de nuestra existencia. Un saludo y seguimos

          • “Pero la aproximación moral, la necesidad de generar un debate honesto no con arreglo al credo político sino a la realidad, en el caso de la práctica de alquiler de úteros agrega nuevos elementos hasta ahora no mencionados, acaso más importantes: las criaturas en gestación, la realidad social de la infertilidad, la propia ontología de la reproducción artificial, su significado último y sus consecuencias en lo que son los fundamentos de la especie…”

            A ver, Alexei, copio su último párrafo del artículo por reconducir un poco el debate y no perderme en las ramas de su artículo que son frondosas y abundantes, además de impedirme ver su visión real del asunto o el bosque que pretendía plasmar en el artículo. En su comentario vuelve a irse de nuevo por esas ramas que enredan el paisaje. Si se tienen las ideas claras, no creo que sea tan difícil bajarse del idealismo abstracto y pisar la tierra firme de la concreción.
            Le recuerdo que mis comentarios sobre el tema están inspirados precisamente en las exposiciones argumentadas, confrontadas y sintetizadas por diversas profesionales conocedores de esa realidad y en representación de diversas disciplinas: filosofía (con un abordaje ético y moral del tema) la sociología, el derecho y la psicología, y en ningún caso se inspiran en ningún “credo político”. No es que tome su observación como algo personal, pero me sorprende que incurra en esa apreciación cuando desde el “credo político”, más allá de poner el tema encima de la mesa, estar a favor o en contra del asunto, apelando a “las granjas” o al “altruismo”, que yo recuerde no se ha ampliado o generado ningún tipo de discurso o debate.

            Si decidí compartir mis impresiones en el foro fue en base a esa experiencia real de debate orientada a contrastar las distintas miradas y perspectivas, con gran sentido de actualidad, y en el que descubrí situaciones que desconocía completamente. Puedo entender que personas como el amigo Brigante, con una visión más conservadora, sean coherentes con sus pricncipios y se muestren contrarias a la gestación por sustitución, y a todas las técnicas de reproducción asisitida, pero no percibo claridad en su postura, ni acabo de entender qué tipo debate plantea. Porque las libertades individuales y colectivas no pueden desvincularse de la organización estatal en la que se inscriben. Esos códigos de conducta que regularían las normas de convivencia en una sociedad, desde el derecho, permitiendo unas conductas y sancionando otras, se inscriben en una moral y una ética determinada que suele adecuarse a la época, al contexto y a las innovaciones que se producen.

            Las “regulaciones” de ciertas prácticas y acciones de los indivuos obedecen a principios objetivos de reconocimiento de esas prácticas y acciones. Ya no es que se necesiten esas regulaciones para sacar a ciertas prácticas y acciones del pozo del oscuntarismo o para que puedan inscribirse en el plano de la realidad terrenal, es que son fundamentales para garantizar el principio de respetabilidad a la libertad individual y colectiva, que se cumple con la dignificación del procedimiento estipulado. Saludos,

  3. Soy totalmente contraria a los vientres de alquiler, me parece regresar a tiempos pasados donde muchas mujeres tenían que dar sus hijos o llevarlos en el vientre para que otros que no podían tenerlos pudieran presumir de herederos, de aquella era el hambre quien llevaba a tener que tomar esa decisión, hoy supongo que viene a ser lo mismo, la necesidad de dinero.

    Es una compraventa de un ser humano, incluso peor que eso, por vanidad, orgullo, afán de perpetuar el adn se utiliza un vientre como si fuera una mera incubadora durante 9 meses y cuando el niño nace simplemente se le quita a esa madre a la cual se le ha pagado previamente.
    ¿Esa madre , muchas de ellas casadas,no ha sentido nada por ese bebé durante ese tiempo, ese marido que se acuesta con ella todas las noches como puede tener valor para pasar 9 meses al lado de una mujer embarazada y que se va a desprender de ese niño para siempre?

    Hemos llegado a un punto de vacío en nuestras vidas que ya no tenemos ni aprecio a lo que tenemos al lado.

    Hay muchos niños para adoptar, incluso muchos con enfermedades que necesitan de una familia que los cuide.

    ya eso no interesa, los quieren bebés bonitos y sanos

    ¿y si el niño que nacer por la técnica de vientre de alquiler resulta que nace por ej, con Síndrome de Down?

    En esos contratos¿ cómo se decide quien se queda con un niño que no cumple las expectativas? ¿ ni para unos ni los otros?. Aquí todo el mundo habla de la parte “bonita”, incluso algunos hasta presumen de que es “guay”, un avance de la ciencia se atreven a decir, pero nadie habla de los casos de niños que nacen con enfermedades

    • Hay mujeres que aunque no lo creas están dispuestas a hacerles el favor a otras mujeres que no pueden tenerlos de una manera altruista. Hay mujeres a las que el parir les resulta muy fácil y no les representa ningún drama como a otras enclenques. De todas formas, el semen o el ovulo de la pareja que recurra a otra mujer para tener su hijo garantiza que al menos uno de los dos será el padre o la madre biológica del hijo, lo que daría una cierta tranquilidad a la madre gestante.
      De todas formas, ¿quién puede tener derecho a decirle a una mujer que no puede tener un hijo, sea de manera natural por coito o por inseminación artificial? El cuerpo de la mujer es sagrado como la vida privada de los ciudadanos y nadie puede decidir por ella lo que puede o no puede hacer con su cuerpo. Lo mismo ocurre con la prostitución, nadie puede decirle a nadie con quien se acuesta o con quien no, haya regalo de por medio o no. Estos programas de gran hermano y sálvame están menospreciando uno de los mayores derechos que tenemos que es la libertad para hacer con nuestra vida privada lo que nos de la real gana.

      • Si por supuesto que cualquier persona puede hacer con su vida privada lo que le de la gana, le aseguro que soy la primera en defender eso, luego cada uno que se atenga a las consecuencias, aunque algunas de esas consecuencias a la sociedad nos salen bien caras, desde no decir no a las drogas, no al alcohol, no respetar las normas de tráfico etc etc

        Ahora, en este tema de los vientres de alquiler hay más de una parte, no está haciendo con su vida privada lo que le da la gana, lo está haciendo con la suya y con la vida de un bebé, ese niño se supone que tiene derecho a la defensa de su vida privada ¿verdad? e incluso tiene derecho a saber como ha nacido ¿verdad? y tiene derecho a que no sea vendido ¿verdad?, le recuerdo que hay una compraventa por medio y no barata en muchos casos. Si le parece podemos montar un mercado de bebés, como si fuera una tienda de animales, unos compran gatos o perros pues oiga podemos poner venta de bebés ¿le parece?

        Y usted mucho criticar mi comentario, que está en su perfecto derecho, pero no me contesta que pasaría si el niño nace con deficiencias? ¿se lo queda la gestante? ¿se lo quedan esos padres que lo han comprado? o tienen derecho a rechazarlo como una mercancía defectuosa?

        El cuerpo de la mujer es sagrado…..ya es el lema de hoy en día, mi cuerpo es mío y con él hago lo que quiero……ya…….ya……..¿y usted , mera curiosidad, es hombre o mujer para hacer esa afirmación

    • Buenas, Emme. Anoche era tarde y me quedé sin tiempo para ahondar un poco más en el tema.
      “¿y si el niño que nacer por la técnica de vientre de alquiler resulta que nace por ej, con Síndrome de Down?
      En esos contratos¿ cómo se decide quien se queda con un niño que no cumple las expectativas? ¿ ni para unos ni los otros?”
      Lo cierto es que plantea interesantes interrogantes. Tuve la ocasión de asistir en mi colegio a un debate sobre el tema desde diversas disciplinas, en el que se abordaron estas cuestiones desde la ética exigible en esta práctica. Las reflexiones que se hicieron desde el derecho y la ética coincidieron en la ineficacia de la recomendaciónes del comité de bioética de España al prohibir esta práctica en nuestro país, en el sentido que tienen que aceptar, reconocer y registrar finalmente a niños nacidos con esta técnica en otros países, porque negar la existencia de estas personitas que han venido al mundo no tiene demasiado sentido, aparte de ser una forma hipócrita de negar el problema. Es cierto que la práctica está muy estigmatizada por la intervención del mercado que la mercantiliza y la instrumentaliza como una forma de “trabajo” y que el modelo altruista no es el que prima ni el que más abunda, por ello es importante que pueda regularse esta nueva forma de filiación con todos los derechos y todas las garantías, especialmente para el menor y para la madre gestante.

      En España la gestación por sustitución no es un delito pero sí que es ilegal, los contratos son nulos y constituye fraude de ley. En Reino Unido la práctica está regulada desde 1985 y es el juez el que revisa el proceso y determina que se cumpla el contrato. Aquí, la madre gestante puede revocar su decisión en el último momento y la compensación económica está entre los 5000 y 10.000 euros. En Grecia, desde al año 2002 está aprobada esta nueva filiación y reconocimiento legal. Aunque hay ligeras diferencias en los dos casos, lo que prima es el interés del menor, después el de la gestante y por último de los padres que ejercerán la maternidad y paternidad, los cuales, lógicamente no pueden desvincularse de la criatura por capricho.

      Los argumentos deontológicos que se esgrimieron fueron por un lado, evitar los extremos (el exceso que constituye prohibir esta práctica y el defecto liberal que promueve la mercantilización pura y dura sin control ni regulación estatal), también la trasparencia en el proceso y que puedan garantizarse plenamente los derechos del menor y de la gestante. Por supuesto que el niño tendría derecho a conocer a la madre gestante y a conocer su historia biográfica. Poder regular estas cuestiones de la manera adecuada siguiendo el modelo de los donantes de órganos fue la solución que propusieron las profesionales que intervinieron desde la deontología y el derecho, lo cuál no me pareció nada descabellado.

      • Gracias Silvia por la explicación.

        Por mucho que se regule este tema, me pasa como con el aborto libre, simplemente no puedo aceptarlo, en vez de un adelanto como sociedad me parece un pleno retroceso.

        Aún no estando de acuerdo con dicha práctica agradezco su comentario.

        Igualmente gracias Brigante por estar de acuerdo conmigo, en este tema a veces me siento un poco perdida, tengo la sensación que la sociedad lo acepta sin darse cuenta que ni es una donación, ni una adopción, es alquilar un vientre humano para comprar un ser humano. No hay altruismo por medio, hay dinero que compra miseria y una mafia de clínicas y asociaciones por medio que se quedan con unos porcentajes altísimos de dicha compra. A mi me parece terrible y como sociedad vamos años para atrás.

        Saludos

        • No vamos hacia atrás, vamos hacía un mundo desconocido en la historia de la humanidad. Un mundo materialista, egoista, de productores-consumidores a los que se les incita a satisfacer sus caprichos de eternos adolescentes incapaces de asumir la realidad de la vida; caprichos que por supuesto serán satisfechos por grandes corporaciones que obtendrán, y obtienen, ingentes beneficios. Un mundo que ha olvidado la base de nuestra civilización occidental: todos los seres humanos desde su concepción hasta su muerte son seres dotados de dignidad. Una vez olvidado esto la cosificación del ser humano es sencillo.

        • Bien traído lo del aborto. A mí no deja de llamarme la atención que los mismos que afirman que no se puede disponer para comerciar con un nasciturus defienden a un tiempo que lo que sí puedes es disponer de su vida sin limitación alguna.

  4. ¿La libertad de decisión del adulto de tener descendencia por cualquier método garantizada y apoyada por los centros de poder? Y el nasciturus ¿no tiene libertad de decisión?

    Cirugías plásticas, medicamentos antienvejecimiento, criogenia, clonación, la robotización de los humanos y la humanización de los robots, pronto dejaremos de ser humanos y nos transformaremos en monstruos. Contrariar las leyes de la naturaleza solo nos puede llevar a la extinción como especie. Y, al parecer, por el camino que llevamos se la tenemos merecida.

  5. Probablemente lo que diré a continuación suene como una basta simplificación. Pero lo tomo de un amigo mío bastante simplón y, no obstante, muy agudo. Él dice algo así como que las dos herejías contra las que más lucha el feminazismo son la prostititución y los vientres de alquiler. “Poder irme de putas cuando quiera me permitiría obtener un placer satisfactorio a un coste razonable, mucho menor que el de mantener a una esposa. Por otra parte, nunca correría el riesgo de esos pobres divorciados a quienes las leyes y los tribunales les dejan en la p… calle sin un céntimo. Y los vientres de alquiler, bien que debería pagar una alta tarifa por dicho servicio, también haría imposible que el día de mañana, por una falta de acuerdo, mi costilla me robara a mis hijos sin dejarme posibilidad de disfrutarlos y educarlos”.

    Lo lamento pero estoy bastante de acuerdo con él. Reconozco que no todas las relaciones humanas pueden estar sometidas a las leyes del mercado. Pero díganme una cosa: ¿Quién o quienes serían los gurus que dictaminaran la moralidad o inmoralidad de cada acción?

    • Completamente de acuerdo contigo, Abel.
      En cuanto a la ética feminista de los vientres de alquiler, yo estoy a favor de los úteros artificiales. Destruida la paternidad por el feminismo, los hombres hemos de garantizarnos dicha paternidad al margen de las mujeres. Que ellas tengan sus hijos solas (en Suecia hace ya años que cualquier mujer soltera puede comprar su kit de embarazo y quedar preñada sin intervención de hombre alguno), y por tanto y del mismo modo que nosotros los hombres tengamos vía úteros artificiales también solos nuestros propios hijos. Que luego cada sexo con sus respectivos hijos quieren convivir juntos, perfecto, pero en caso de separación de esas parejas a los varones ellas no nos quitarán nuestros hijos como lo hacen ahora en millones de casos.

      En cualquier caso las feministas ahora están en contra de los vientres de alquiler porque dicen que eso es explotación del cuerpo de la mujer, y cuando salgan los úteros artificiales (que espero no tarde mucho), también estarán en contra porque los hombres ignoramos a la mujer para tener nuestros hijos. Lo que realmente están en contra es que no dependamos de la mujer para desarrollar nuestra paternidad.

      • Exacto, fnogales. Cuando dices que “cuando salgan los úteros artificiales (que espero no tarde mucho), también estarán en contra porque los hombres ignoramos a la mujer para tener nuestros hijos”, recuerdo uno de esos debates sobre la maternidad subrogada, cuando una señora ya mayor gritó con evidente signos de alarma “¡Es que a este paso no van a NECESITAR a las mujeres para nada!” Pues si, señora, ojalá sea así. Ojalá nos juntemos con una hembra porque la queramos o la deseemos, pero no por NECESIDAD, la cual es mala consejera.

        No sé si viene a cuento o no, pero incluso en ese caso de que vayas a elegir una dama como compañera de tu vida, no elijas la opción de “bienes gananciales”. Si, ya sé que si se lo dices a ella, te mirará con cara rara y te dirá si no confias en tu amada palomita. Pues la verdad es que quién se iba a figurar en tantos casos que aquella chavala dulce y linda se podría convertir en una vieja bruja avariciosa y parásita… No, no. Siempre separacion de bienes. Y lo mismo de antes. Si elegís tener algunos bienes en común, fantástico, pero que no tengas que cumplir forzosamente los mandatos de un juzgado de divorcios.

Comments are closed.