Cuando intento analizar la palabra “Amor” llego a la conclusión de que es una de las palabras más usadas pero que en pocas ocasiones se puede coincidir en su definición.

También creo que se ha llenado de connotaciones que, muchas veces, salen de lo racional y te hacen olvidar la importancia de la felicidad individual, de poder intentar hacer feliz a alguien más y que ese alguien más, a su vez intente hacer lo mismo contigo, como en un intercambio voluntario de Mercado, en donde los dos individuos salen satisfechos.

Es por eso, que me gustaría dar mi propia definición, basada en los dos autores que han marcado mi crecimiento intelectual: Adam Smith y Ayn Rand.

El amor es la expresión de los propios valores, la mayor recompensa que puedes ganar por las cualidades morales que has logrado en tu carácter y tu persona, el precio emocional que paga un hombre por la alegría de recibir virtudes de otro.

El amor romántico, en el pleno sentido del término, es una emoción posible solamente para el hombre (o la mujer) de autoestima inquebrantable. Tal individuo es incapaz de sentir un deseo sexual divorciado de valores espirituales.

“No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses.” Adán Smith

Entonces el amor es… una emoción que procede de la evaluación de un existente cómo, siendo un valor positivo y una fuente de placer, una respuesta integrada de mente y cuerpo, de amor y deseos sexuales. Asimismo, el amor no es auto sacrificio, sino la afirmación más profunda de tus propias necesidades y valores.

Un amor generoso y desinteresado es una contradicción en términos: significa que uno es indiferente a lo que uno valora. Cuando se trata de amor, la más alta de las emociones, permites que te acusen a gritos de ser un delincuente moral por ser incapaz de sentir amor sin causa. Para poder decir yo te quiero, primero uno tiene qué saber cómo decir el “YO”.

Como bien dice Rand, las necesidades sexuales forman una parte fundamental del amor. Son el hecho de no negar una necesidad a esa persona, mediante conductas cariñosas o en un determinado momento románticas o simples acciones que llevaron a ver a una persona como la materialización de ese sentimiento máximo de cariño. Si el hombre cambia modifica su conducta y así, negando o eliminando acciones que formaron los pilares de ese apego que llamamos amor y que en un momento fueron cosas que llevaron a la materialización del mismo y decides seguir, es como si pasaras a ser un animal de sacrificio. El hecho de que un individuo no se sienta considerado el medio para ningún fin más que su propia felicidad, es un derecho innegable. Al aceptar que las cosas que te pusieron en la condición de amar han desaparecido y continuar solo por el hecho de un gran apego, puede convertirse en un acto irracional. Entonces estás enamorado de un recuerdo, no de un presente, y esas cosas  no están en el presente sino en un pasado.

Adán Smith dice:

“No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”. Así, es “la mano invisible del mercado”, la que hace que “toda la sociedad se beneficie del hecho de que los individuos busquen su propio beneficio particular”.

Esto se traduce en que somos personas que actuamos con un interés en particular, jamás por la benevolencia de que alguien más sea feliz con tus actos, sin recibir algo a cambio; eso es antinatural. El hombre siempre actúa, no como un ser “buenista”, sino por el hecho de sentirse mejor, mejorar una condición inmediata, ya sea emocional, moral, sentimental y/o sicológica, y siempre pensando en satisfacciones que se obtienen por determinadas acciones. Estas acciones son respuestas individuales, es decir: una reacción es una acción con carga emocional a la acción que la originó.

En una relación es igual, es como en el Mercado: un intercambio de bienes y servicios de manera capitalista. El amor tiene que ser merecido, tiene que surgir en respuesta adecuada a los valores que observas en otro ser. Es entonces una respuesta a valores para que efectivamente sea amor y ser merecido. Al decir manera capitalista me refiero a libre (como bien dice A. Rand): “Las personas son libres de regodearse en cualquier tipo de amor que se quiera. Y si es amor sin causa, amor inmerecido, deben tener sus razones pero el amor apropiado, el amor romántico, cualquier tipo que sea una emoción erótica, está basada en lo que algunos consideran comercial.”

Si el amor se gana en ese intercambio de virtudes, es ahí cuando puedes convertirte en ese hombre irracional que desea seguir en una relación donde ya no hay más ese juego de intercambios de virtudes, y donde una persona pasa a ser solo un motivo para los fines de alguien más.

Por eso es importante entender que la base del ser humano es vivir para buscar su propia felicidad. Entender lo importante que resulta amarse a sí mismo: si tú no te amas y no te valoras a ti mismo, al decir “YO TE AMO” puede que el “te amo”, al ser subjetivo, sea comprensible, pero al decir “YO” debes entender la vital importancia de ese “YO” a fin de adquirir y tener amor propio. Sólo así aceptarás que en una relación es primordial el intercambio o, de lo contrario, te conviertes en un ser de sacrificio.

Foto: Priscilla Du Preez


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9 COMENTARIOS

  1. Hay una tendencia atmosférica a confundir la estupidez con el amor y este, a su vez, con aquello.

  2. “El hecho de que un individuo no se sienta considerado el medio para ningún fin más que su propia felicidad, es un derecho innegable”
    Si usted lo dice.
    ” la base del ser humano es vivir para buscar su propia felicidad”
    Puede ser, quizá leyendo otras cosas se le pase el subidón, señor Briones.
    Pongamos, unos cuantos contra ejemplos. ¿Qué piensa usted de la venganza? ¿Qué piensa del odio? ¿Qué piensa de la verguenza, de la envidia?
    Usted hace un ser humano plano y encima con la apisonadora cutre del amor de mercado.
    Y el resto, a jalear la redacción de 3º de la ESO!!
    Si la base del ser humano es la felicidad, ¿no existe una base inferior, que es la supervivencia? ¿Por qué la felicidad es humana? Si sustituye felicidad por amor, reduce el diccionario, pero aporta poco a la filosofía.
    Para sus conclusiones, le sobran Smith y Rand, vaya directo a la sección de autoayuda.
    Un saludo

  3. Si lo que se entiende por amor fuera un impulso ciego de la voluntad, sería el de la voluntad de vivir.
    La vida necesita de la belleza o de los sentimientos como ardid para perpetuarse.
    Lo que atribuimos al albedrío, como tantas cosas, es simple determinismo biológico.
    Que pintarían sino los neurotransmisores, cosa con fórmula química, en un asunto tan sublime?
    Y porque dopán al individuo, de manera similar a cualquier droga, dependencias incluidas?
    Y si fuera la sublimación de la libertad, porque los instintos de propiedad que acompañan por doquier a tantos amantes, como exclusividad forzada entre sujeto y objeto?
    La lírica nos pone bonitos, pero solo es un recurso semántico, para dar cobertura épica a un trasunto de la propia escenografía de los afanes de supervivencia. Un diseño más del Supremo Arquitecto, quizá el que más nos acerca a nuestros compañeros de aventura, los animales. Ellos también, aman. A su manera, como todos.
    Es así, don Sigmund?

  4. Compruebo con agrado que se empiezan a hacer cosas «literarias» en nuestra querida y «mecenada» revista, que no mercenaria, todavía.

    La estética debe sustituir a la política, tal vez lleguemos algún día a ser buenos fascistas, porque demócratas no lo somos ni llegaremos a serlo jamás.

    Me pregunto sorprendido qué tiene que ver lo único humano que nos queda, el amor, con todo este lío corrupto y degenerado de una civilización puramente material que no es sino otra manifestación temporal de los poderes del ubicuo y todopoderoso Maligno.

    La técnica y el dinero, pobre burgués, mon ami, apenas pueden disimular nuestra condición diabólica.

    Una respira aire puro cuando se aparta de la vida pública española y contempla agradecido en la costa mediterránea una puesta de sol o un amanecer.

    Los hoteles de lujo y los «ressorts» viven de eso. La felicidad del progreso necesita colores de diseño para resultar creíble y los retoques de las arrugas bajo los ojos se los puede permitir cualquiera.

    Pero yo recuerdo que leí en Lope un viejo verso con el que comenzaba su obra más bellamente lírica: «Amor, no te llame amor/el que no te corresponde…».

    Sí, es duro decirlo ahora, pero Europa se erigió sobre una cierta idea del amor. Basta leer el Banquete platónico, basta seguir la pista de los trovadores, debe indagarse en la línea petrarquista, desteñir de banalidad la cultura cortesana y galante que culmina en «Sans lendemain», la dichosa novelita rescatada por Kundera, nuestro amado «Werther», fundador de nuestro linaje, el de los suicidas por amor que envejecieron preguntándose por qué no tuvieron el valor de su modelo, en fin, ese amor romántico que no es sino la búsqueda insensata del sentido en el cuerpo de lo que no puede manifestarse como cuerpo: nuestro espíritu creador sólo puede reconocerse en otro espíritu creador.

    Es cierto, la mujer crea vida, es para nosotros el puro símbolo exuberante de la vida, pero es el símbolo de una vida sin espíritu.

    Amar a la mujer siempre resultará problemático. Los griegos lo sabían mejor que nadie, Nietzsche, el más griego de los europeos modernos, también lo supo: lo que debemos amar, eso siempre está por venir y lo femenino es la idea que nos atrae hacia lo alto, lo mejor de cada uno, en términos de manual de autoayuda.

    Me temo que Eric Voegelin me tacharía de «gnóstico», pero qué es la vida si uno no se permite estas trasgresiones…

    • Estaba leyendo el artículo y diciéndome , bueno algo diferente a este vil mundo “politiquero” y de género, leo su maravilloso comentario (me ha gustado cierto) pero dice usted” Amar a la mujer siempre resultará problemático” y digo yo, “Amar al hombre siempre resultará problemático”. A lo mejor los griegos no lo sabían pero las griegas fijo que sí, hasta creo que las y los neandertales pensaban lo mismo; Que problemático es amar a esta hembra y la hembra pensando, que dolor de cabeza me produce amar a este macho.

      El amor……es un lío de tres pares de narices, pero que sería el mundo sin amor.

      • No sé lo tome usted así, ya sabemos que el Sr. Der empeña su tiempo en dotar de amor a su sumisa muñeca robótica, algo que resulta a todas luces problemático.
        Póngase en su lugar, ni los versos de Lope logran conmoverla. Este hombre es un mártir del amor.

    • Yo no sé mucho de espíritus pero me ponen en alerta los sublimes pregoneros de su existencia.
      Con Teresa de Jesús, lo debe usted pasar de lo lindo. Un espíritu mal ubicado en cuerpo exuberante de vida.
      Su espiritualidad macarra, un torpe destilado petrarquista reconociéndose, toma ya, en otro espíritu creador y negando la exuberancia de la vida. Vida, sí, pero sin esa sustancia sublime que a usted le desborda y busca ansioso ver reflejada. Ay, mi narciso, es para comérselo a besos.
      A usted las mujeres le gustan por fuera, como en interviú. Pero no se deja engañar. Usted es más profundo, más del alma y de esas cosas. Obstinada su materia que no le deja flotar como corresponde a tan elevado ser. Gnóstico y algo presumido, creo yo. Habré de leer a Voegelin.

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