Los Estados Unidos son la democracia moderna más longeva del mundo y su constitución todavía en vigor, la de 1787, muy breve (7 artículos) ha sido solamente reformada en veintisiete ocasiones en los más de 226 años que lleva en vigor. Una constitución que, como puede apreciarse de la lectura de los artículos de El Federalista, fue diseñada con el firme propósito de garantizar la libertad de sus ciudadanos frente a las arbitrariedades y los abusos del poder político. John Adams, uno de los llamados “founding fathers”, tenía muy presente la idea de que no sólo un monarca podía constituir una forma de tiranía.

También la democracia, en sus manifestaciones más extremistas como las vividas en algunos momentos de la época clásica, podía constituir una amenaza para la libertad. Adams tenía muy presente las prevenciones que con respecto a la democracia había presentado el Barón de Montesquieu en El Espíritu de las leyes. De ahí que Adams al diseñar la constitución de Massachusetts, y posteriormente el modelo federal, tuviera muy presente los riesgos asociados a dicha forma de gobierno. La constitución americana, por lo tanto, parte de la idea de que el poder político para ser legítimo debe tener un respaldo popular pero que éste no puede ser en ningún caso absoluto.

Su sistema político ha soportado presidencias autoritarias como la de Andrew Jackson, la terrible herida de una guerra civil que partió a la Unión en dos y cuyas cicatrices se prolongaron durante la llamada era de la reconstrucción, una división brutal en el seno del partido demócrata en los años 60 durante la llamada lucha por los derechos civiles, la infiltración del marxismo cultural durante los años de la guerra de Vietnam, el famoso caso Watergate o más recientemente la crisis derivada de la intervención armada en Irak, sólo por citar algunos de los episodios más traumáticos de la historia de este país.

El socialismo, aunque se catalogue de democrático, sigue siendo socialismo. La principal diferencia entre el llamado socialismo autoritario y el democrático es puramente estratégica

Nadie, ni los paternalistas progres de la envejecida socialdemocracia europea, puede dar lecciones de cultura democrática a los norteamericanos. Los Estados Unidos, con sus fallos y sus aciertos, nos han permitido a los europeos entre otras muchas cosas librarnos de dos sanguinarios totalitarismos en el siglo XX o poner fin a dos cruentas guerras mundiales. La democracia moderna más antigua del mundo ha logrado sobrevivir a presidencias cuestionables, abusos de poder, brutales ataques terroristas y al más primario antiamericanismo de la aburguesada izquierda europea, sin embargo hoy se escuchan discursos muy alejados del espíritu de los padres fundadores, de candidatos a la nominación demócrata como Bernie Sanders o Elisabeth Warren que abrazan una noción tan confusa como contradictoria como es la del llamado socialismo democrático.

Ni el candidato demócrata más escorado a la izquierda de la historia, Mike Dukakis, que se presentó a las elecciones en 1988, se ha atrevido nunca a catalogarse como socialista. Incluso Obama no pasó de reconocerse como fabiano y liberal (progresista) pero jamás como socialista.Sin embargo, en esta carrera hacia la nominación demócrata parece que prácticamente todos los candidatos, con las excepciones de Joe Biden o Michael Bloomberg, coquetean en mayor o menor medida con la expresión socialismo.

El cambio sociológico experimentado en los últimos cuarenta años en los Estados Unidos, con unas universidades tomadas al asalto por versiones postestructuralistas de la llamada New Left, la crisis de legitimación del capitalismo a raíz de la crisis financiera del 2008 o la transmutación del socialismo desde posiciones obreristas hacia el cultivo del voto de las minorías, son factores que explican el auge del socialismo en los Estados Unidos. Lejos quedan los certeros análisis del sociólogo Sombart que destacaba la imposibilidad de que el socialismo calara en aquellos parajes americanos. Mucho antes que Sombart, Tocqueville ya advertía que la sociedad americana descansaba en una visión individualista de la democracia.

Según Alexis de Tocqueville, en los Estados Unidos «el pueblo reina sobre el mundo político americano, como Dios sobre el universo”. Por el contrario, la izquierda europea siempre se inclinó por el despotismo democrático que exhibiera RousseauPara descubrir las mejores reglas de sociedad que convienen a las naciones, sería preciso una inteligencia superior”. En la utopía rousseauniana, la comunidad política es concebida como una comunidad de hombres virtuosos que han “renunciado” a los egoísmos particulares, de forma que están dispuestos a confluir en una sola “voluntad general”, en virtud de la cual anteponen el bien del otro, el bien general, al suyo propio. Esta voluntad general no es una voluntad cuantitativa, obtenida a partir de la suma mayoritaria de las voluntades particulares. Se trata de una noción “ética”, no “aritmética”. Quien determina en la visión rousseauniana, de la que es heredera la izquierda actual, qué ha de ser el interés general no es la voluntad libre expresada en el voto. Es el legislador pedagogo que decía Rousseau, o la vanguardia del proletariado en la versión marxista-leninista.

Sanders, que parece tener todas las papeletas para convertirse en el elegido por el Partido Demócrata para disputar a Trump la presidencia de los  Estados Unidos, se ha dado cuenta en parte de eso y ha virado en la forma, más que en el contenido de su discurso que sigue siendo rabiosamente anticapitalista y profundamente contrario a los valores que sirvieron de inspiración a los padres fundadores a la hora de diseñar la democracia representativa más estable que ha conocido la modernidad.

Sanders ha añadido a sus soflamas en favor del socialismo, esas que lleva pregonando con poco éxito desde comienzos de los años 70, el apelativo «democrático» en un intento de convencer a buena parte del electorado de centro del partido demócrata de que su apuesta está en consonancia con buena parte de la tradición del socialismo democrático de corte escandinavo. Sanders ha logrado pasar de ser un outsider del sistema político norteamericano a convertirse en una firme amenaza para los valores del sistema político norteamericano, caso de resultar elegido presidente de los Estados Unidos.

El socialismo, aunque se catalogue de democrático, sigue siendo socialismo. La principal diferencia entre el llamado socialismo autoritario y el democrático es puramente estratégica: relativa a los medios con los que implementar su programa. El socialismo descansa en una visión elitista de la política, su aversión al emprendimiento y al funcionamiento libre de los mercados y sigue siendo presa de las críticas epistemológicas que Mises hizo respecto al cálculo económico y la planificación centralizada. El socialismo sigue hipostasiando la idea abstracta de «justicia social» por encima de cualquier mecanismo institucional o derecho individual que pueda constituir un obstáculo a la acción política colectivista.

Aunque importantes columnistas de medios americanos, como Krugmann, Jonathan Chait o Matt Fuller, intenten ahora presentar a Sanders como un liberal (progresista en el sentido europeo) verde, comprometido con las minorías y el feminismo, lo más peligroso del discurso de Sanders sigue siendo su apelación al socialismo como receta con la que curar los males o supuestos males de la sociedad americana.

Sombart alegaba que la sociedad americana había abrazado con gran entusiasmo el capitalismo en buena medida porque había abandonado el “sentimentalismo y el romanticismo superfluo” que estaba en la base de buena parte de los discursos socialistas que había germinado en el viejo mundo. No deja de resultar paradójico que la reintroducción en la sociedad americana de esos mismos valores caducos europeos se haya producido a través de la nefasta influencia del pensamiento francés de corte postestructuralista, y que ahora estén cerca de poder constituir una alternativa política que acabe con el sueño de los padres fundadores.

Imagen: ArtTower


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6 COMENTARIOS

  1. La razón de que se eternice cualquier debate sobre el capitalismo es la creencia en su existencia real, cuando no se da en ningún sitio del mundo (no sé tanto de historia para afirmar que nunca se ha dado). Para que el libre mercado exista no puede haber ninguna clase de intervención que lo distorsione, lo que incluye subvenciones o contratos públicos. No hay libre mercado completo, lo que es lo mismo que decir que no hay, punto. Hay sistemas mixtos más o menos intervencionistas, lo que significa que todo el mundo es más o menos socialdemócrata. También es necesario comprender que el lado oscuro del mercado es el corporativismo, que la mayoría confunde con capitalismo.

    Otra cosa, en lo que no terminaron de acertar los Padres Fundadores fue en como evitar la “tiranía de la mayoría”, o sea, que por mayoría se pueda regular el comportamiento individual que no afecta a terceros. Esto ni siquiera se cuestiona actualmente, yo que conduzco moto, estoy obligado bajo pena de multa a llevar casco para mi exclusiva protección, quiera o no (que no me venga nadie a hablarme de costes para la sanidad pública de mis lesiones, que eso se arregla de otra manera).

    Buen artículo, por cierto.

  2. La democracia formal de USA es la única que existe en el MUNDO. El resto de sistemas son como son pero no son demócratas: elección, representación y separación: “el pueblo reina sobre el mundo político americano, como Dios sobre el universo”.
    Por mucho que esté en boca de todos y todos se llamen demócratas, no hay país con democracia formal hoy, lo que demuestra su incultura política. La democracia no tiene ideología.
    Los USA, efectivamente, nos libraron de dos totalitarismos, aunque nunca sabremos a donde hubiéramos llegado, pero hay un ley: quien primero te protege después te somete. Y así ha sido y es.
    Un gran artículo como siempre.

  3. A Adams le importaba mas bien poco lo que Montesquieu* dice en uno de los párrafos más claros, certeros y escuetos de la literatura política, simplemente genial. Se refería más bien a “los desdentados de Hollande”.

    EEUU era/es un lugar vacío** lleno de recursos naturales de todo tipo con una sociedad*** en expansión casi permanente, cuyo cinismo entre las élites es/era extratosférico.
    Los esclavistas de la libertad no comienzan con Jefferson.

    Al igual que en la conquista de la América española (0,4%), como en la posesión de esclavos en USA (menos del 20% de la población podía permitírselos), y tantas otras cosas, la inmensa mayoría de la población (los no-ricos) no participaron en esas acciones de Gobierno.
    Dado es el Gobierno quien estable la capacidad mediante la violencia para poseer a otras personas, lo que llaman ley. Atribuir esas acciones al pueblo**** es parte de la mentalidad de esclavo. Dado el esclavo voluntario no quiere la libertad sino ser el amo (el más rico para entendernos).
    Si bien suele ser usual la (falsa) abstracción de Lutero, gente mala príncipe malo, gente buena príncipe bueno.

    Ya no en sus comienzos puritanos/asamblearios, EE.UU no tiene absolutamente nada que ver con lo actual. Ni a nivel político ni a ningún nivel. La república de las leyes de EEUU es un imperio con muy malas artes. Y muchos genocidios a sus espaldas, entre ellos el de Filipinas, en especial a los que hablaban español.
    Decenas de años de historia demuestran que no son trigo limpio, dado la república de las leyes baila al son de la plutocracia, de democracia tienen lo mismo que el resto de democracias del mundo (solo Arabia Saudita, Brunéi, Fiyi, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Ciudad del Vaticano se declaran no democracias). Si bien su sistema institucional es uno de los mejores del mundo, sino el mejor para lo que hacen.

    La definición usual del capitalismo basada en conceptos circulares me la han colado durante decenas de años. Cuando hablan de capitalismo o socialismo (capitalismo de Estado), realmente hablan de la forma en la cual quieren coartar la libertad de las personas mediante esquemas mentales absurdos.

    Lo que está detrás de todo esto es en esencia la famosa salvación “intra-mundana”.
    Lo está en el socialismo como inversión del cristianismo a través del Dios mortal de Hobbes (el Estado) y en todas las ideologías de raíz liberal, las cuales necesitan machacar el hombre satánico (el mito del estado de naturaleza).
    “EEUU es bueno porque le va bien, el socialismo es malo porque le va mal”. Salvo si es China, o Singapore con su gestión del suelo y la vivienda. Teniendo en cuenta que este paraíso capitalista tiene una tendencia exagerada a la pena de muerte,…

    Desafortunadamente, esas simplezas revientan al abrir los ojos y ver como uno de los mayores agentes económicos es el ejército de los USA, con millones de mercenarios regulares(a) (de pago) en activo.
    Y este patrón se replica por todas partes. Ya no en el aspecto activo de la acción sino en el pasivo, como por ejemplo en la gestión del montón de mierda no útil (vertedero, residuos tóxicos, contaminación del aire, radiactivos, pago/limitación de responsabilidad de catástrofes de origen empresarial,…, etc) que genera el sistema; los cuales no se desvanecen en la historia por acción mágica del progreso.

    Sirva para ejemplo, en España se maneja oficialmente un 43% del PIB, aunque seguramente supere el 50% por mucho.

    *:
    “Después de todo lo dicho, parecería natural que la naturaleza humana se resolviera con indignación y se sublevara sin cesar contra el gobierno despótico. Pues nada de eso: a pesar del amor de los hombres a la libertad y de su odio a la violencia, la mayor parte de los pueblos se han resignado al despotismo. Esta sumisión es fácil de comprender: para fundar un gobierno moderado es preciso combinar las fuerzas, ordenarlas, templarlas, ponerlas en acción; darles, por así decirlo, un contrapeso, un lastre que las equilibre para ponerlas en estado de resistir unas a otras. En esta obra maestra de legislación que al azar produce rara vez y que rara vez dirige la prudencia. El gobierno despótico, al contrario, salta a
    la vista, es simple, es uniforme en todas partes; como para establecerlo hasta la pasión, cualquiera sirve para eso.»

    **: Después del casi exterminio de los indios y con la aplicación del derecho de propiedad de las armas organizadas (Estado), es decir, el típico derecho de propiedad privada liberal.

    ***: Si bien el concepto es falaz (la suma de individuos no es una sociedad, dado estos no son cosas aisladas y sumables).

    ****: unidad básica de la democracia, conjunto de familias, organizadas en torno a lugares o aldeas, agrupadas en partes de una polis.

    (a): la principal distinción “metafísica” entre la violencia de dos individuos, la establece su dependencia jerárquica de algún poder (auto-legitimado) a través de un vínculo contractual. A través de un sueldo el mercenario se transforma en soldado (o policía) y adquiere un estatus legal.
    Sin esa relación contractual suele denominarse mercenario o terrorista, etc. Estos últimos fuera del status (status, stato, Estado) de soldado.
    Se debe recordar, los mercenarios guardan la mercancía, originan pues el “co-mercado” (comercio) y cobran por ello.

  4. Probablemente la denominación mundial de «demócrata» ha ocultado la verdadera raíz de ese partido, al que ya se le conoce por sus hechos. Pero como socialistas pertenecen a la III Internacional, mismo himno, mismo símbolo, mismo color que los denominados comunistas, de los que solo se diferencian por su estrategia. Unos usan la violencia y otros por el terror. Ya sabemos lo que dice: «la violencia es la partera de la historia». Si pierden el asalto en USA han perdido al mundo.

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