Stultorum infinitus est numerus advertía el Eclesiastés (1:15). Stultorum plena sunt omnia, reza un adagio latino. Pero quizá porque casi nadie lee ya la Biblia, considerada anticuada por bastantes eclesiásticos, y las humanidades están de capa caída, se olvida que la estupidez es un poderoso factor histórico. Es conocida la frase de Einstein «hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”. La estupidez puede condicionar o determinar una época o un momento histórico. Ortega recordaba que la gente se había vuelto estúpida al final del Imperio Romano.

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1.- El gran escritor austriaco Robert Musil percibió tras la guerra de 1914-1918 en El hombre sin atributos (1930 y 1943) el brote de la estupidez (de stupidus, aturdido) como un fenómeno colectivo. Después de la segunda guerra mundial vieron la época muchos más como cretinocrática. A Ortega no le pasó desapercibido el fenómeno. Pero como todos cometemos estupideces lo atribuyó a que «no se dan las circunstancias vitales que permitan tomar distancia». Sloterdijk coincide en cierto modo con él: no cree se esté perdiendo la capacidad de pensar, sino que la vida actual no invita a pensar. La causa sería, que se vive tan de prisa, que las noticias se atropellan sin dar tiempo a digerirlas. Ahora bien, al exceso y la rapidez de la información, relativamente recientes (radio, televisión, internet,…),[1] se unen el imperio del modo de pensamiento ideológico que tiende de suyo a idiotizar unilateralizando el pensamiento, la especialización excesiva que impone la técnica, la propaganda homogeneizadora y entontecedora  de los media que llega a todas artes, las continuas reformas para “democratizar” la enseñanza igualando por abajo, la “dictadura del relativismo”, o la burocratización de la vida. Estos y otros hechos, fomentan la idiocia colectiva como característica del Zeitgeist o espíritu del tiempo.

Con todo, el gran problema de la Europa actual no es tanto la estupidez colectiva cualesquiera que sean sus causas, trátese de la infantilización de las masas o lo que llamaba Christopher Lasch, completando La rebelión de las masas Ortega, la rebelión de las élites. [2] Lo peor es la estolidez de las clases dirigentes y que la potestas política sin el contrapunto de la auctoritas religiosa en franca decadencia (quizá por la estupidez) está desde hace tiempo en manos de demasiada gente más que mediocre, estúpida, como si fuese una condición necesaria del estado democrático de la sociedad. Una posibilidad de la democracia política intuida tempranamente por Tocqueville.

El estúpido, como es estúpido no se da cuenta de qué lo es, no descansa, le puede la vanagloria y, como un demagogo demente, poder perseguir fines disparatados para deslumbrar. Por ejemplo, la igualdad absoluta, que sólo puede ser efectiva en los cementerios

2.- El caso de España es especialmente llamativo. Javier Benegas y Juan M. Blanco diagnosticaron en 2016, que el sistema político instituido en España tras la muerte de Franco era “el régimen más estúpido de la historia de España”.  Y Jesús Cacho aseveraba el año siguiente que «España se enfrenta a una crisis de idéntica envergadura a la del 98 del siglo XIX, o a la que supuso el estallido de la Guerra Civil».[3] Los hechos parecen confirmar ambos diagnósticos a los que podrían añadirse muchos más y, tras la entronización del Dr. Sánchez, una consecuencia casi lógica  del espíritu -o falta de espíritu- de la Reinstauración juancarlista,  está subiendo la temperatura política. Su figura está despertando a mucha gente -incluso de ”izquierdas”- del sueño dogmático de la transición, pese a que Jesús Fueyo la desmitificó enseguida presentándola como una “transacción”.

La sustitución de la Dictadura por la Monarquía democrática fue formalmente correcta según la experiencia histórica: la Monarquía es una institución de gobierno que garantiza la estabilidad como contrapunto a la democracia, régimen de opinión fluctuante y plural. Pero constituye una contradicción, que la democracia tenga que ser “avanzada” -es decir, “revolucionarista” en el sentido de Jules Monnerot)- a tenor del preámbulo de la Carta Otorgada de 1978,[4] que funge como Constitu-ción,  y que la Monarquía sea cuasi imperial al transformarse el Estado en Estado de las Autonomías y las Nacionalidades. Una forma estatal inédita en la historia de las formas de lo Político. Ideada sin duda para asegurar el Estado de Partidos y la Monarquía -dependiente de ellos al no ser Constitucional sino Parlamentaria-[6] alentando la multiplicación de oligarquías locales clientelares. Antonio García-Trevijano definió el sistema establecido como una Monarquía de Partidos, otra forma inédita de Monarquía, cuyo papel parece reducirse a legitimar a la clase política con su presencia y anuencia.[7]

3.- Por otra parte, una cosa es la forma del Estado -Monarquía (Hereditaria, Presidencia-lista, Dictatorial, etc.) o República (también Presidencialista, Dictatorial, etc,)-,[8] otra la del gobierno y otra la del régimen. La del gobierno es siempre oligárquica en virtud de la ley de hierro de la oligarquía.[9] En cambio, nunca ha estado clara la diferencia entre la forma del gobierno y la del régimen. Lo reconocía, por ejemplo, Julien Freund, uno de los mayores pensadores políticos del siglo XX.[10]

Ateniéndose a los hechos, es bastante evidente en el caso español, que el régimen ha devenido una oligarquía crisocrática (mando del oro o del dinero) basada en el consenso entre los partidos, que utiliza el Estado  como un centro de negocios (el capitalismo de Estado de los regímenes socializantes), y, como es también obvio, cleptocrática (mando de los ladrones); no tanto por los escándalos más o menos conocidos, como por la explotación económica de las clases medias y, por implicación a las bajas, a las que dice favorecer.[11]  Es el resultado de la ideología de la III Instauración monárquica desde la guerra de la Independencia -Amadeo de Saboya, Alfonso XII, Juan Carlos-, en la que la España europea se rebeló contra la estúpida clase política y la sumisión a Napoleón, restaurando empero la Monarquía que se la había regalado. En cambio, las provincias de la España de ultramar se independizaron como Repúblicas.[12]

4.- Se dice que, con el gobierno del Frente Popular Separatista, presidido por el Dr. Sánchez,  legitimado políticamente por la Monarquía después de tres intentos -otra innovación en los usos parlamentarios-. comienza una II Transición. ¿No será más bien la culminación del proceso de la Instauración y la estabilización definitiva del régimen como una democracia totalitaria que proscribe la Monarquía?[13] El régimen es definitivamente idiocrático en el doble sentido de la palabra griega idiotés, de idión, privado, particular: un régimen que vive para sí (y sus parientes, amigos y clientelas) sin importarle la cosa común, o sirviéndose de ella en el sentido en que se usa el término en castellano. Basta considerar los nuevos ministerios -nada menos que cuatro vicepresidencias- y organismos y las figuras de las gobernantas y los gobernantes que rodean al Dr. Sánchez para dirigir y administrar el Estado, el Gran Artificio de Hobbes. Nudistas políticos, mentales y morales la mayoría -en la que abundan por cierto los efebócratas sin oficio en busca de beneficio-, cabe concluir científicamente, que la palabra adecuada para designar la innovadora forma del gobierno coherente con la del régimen es estúpidocrática. Una innovación en la clasificación tradicional desde los tiempos griegos de las variantes impuras de la aristocracia, en la que los gobernantes son virtuosos y anteponen a todo el bien común de la res publica o comunidad política. La estúpidocracia o mando de los estúpidos se distingue de las demás formas de la oligarquía en que hay que interpretarla aplicando la ley o principio de Hanlon: «no atribuir a la maldad lo que pueda ser explicado por la estupidez».

El Dr. Sánchez cuenta con la ventaja de que el pueblo “soberano” está acostumbrado a la estúpidocracia gracias a la ímproba tarea de infantilización llevada a cabo por el consenso político entre la derecha y la izquierda durante los casi cuarenta años de transacción.

El establecimiento de la estúpidocracia como la forma progresista ideal del gobierno ha sido posible por el trabajo incansable del socialismo y el comunismo contemporáneos, que han impuesto su sello a la época

5.- El establecimiento de la estúpidocracia como la forma progresista ideal del gobierno -cual-quiera puede ser ministro, sentenció el Licenciado Sr. Rodríguez Zapatero, uno de sus preclaros representantes, al parecer en el sentido amplio de “un” cualquiera-[14] ha sido posible por el trabajo incansable del socialismo y el comunismo contemporáneos, que han impuesto su sello a la época. Al principio fueron ideas de origen cristiano, que inspiraron movimientos de solidaridad para paliar las consecuencias de la revolución tecnológica, industrial y la urbanización. Pero como «toda sociedad constituida por hombres dependientes unos de otros evoluciona conforme a las leyes de la naturaleza orgánica»,[15] está sometida a la ley inexorable de la anaciclosis de Polibio y acaba degenerando, hoy no son más que la voluntad de obtener el  poder como un botín: demagogia, desgobierno, corrupción, mentira, cinismo, explotación, desprecio, persecución,  represión y si es preciso violencia física o moral contra el discrepante, resentimiento, deshumanización, destrucción de la familia, la institución natural fundamental sobre la que descansan los órdenes políticos (promiscuidad sexual, pornografía,  aborto, eugenesia, homosexualidad), y de las relaciones naturales entre las personas, controladas y reguladas por la infinita legislación detallista, etc. En el fondo,  el nihilismo anunciado por Nietzsche, en el que lo único permanente es la voluntad de poder.

Lo que queda del socialismo y el comunismo, religiones del modo de pensamiento ideológico que presumen de su superioridad moral a falta de otros argumentos, es el caos multicultural de las ideologías absurdas, que llama Sloterdijk “modales”. Generalmente son bioideologías, modas heréticas para compensar el aburrimiento que produce el colectivismo socialista, muy rentables para los dirigentes igual que en las nomenklaturas. Las de género, ecologista, higienista, climática, etc., son por cierto más deudoras del biologicismo nacionalsocialista que del mecanicismo leninista, del que conservan sus tácticas.

Las ideologías modales florecen como religiones histéricas, que atribuyen también la estupidez de los incrédulos al “Capitalismo”. El Satán de las religiones totalitarias[16] en una civilización que ha perdido el sentido común, la base del entendimiento y la inteligencia.[17] Un rasgo de todas ellas es que, al fundamentar científicamente su superioridad moral,  «las estupideces modernas, son más irritantes que las antiguas, porque sus prosélitos pretenden justificarlas en nombre de la razón» (Nicolás Gómez Dávila).

6.- No escasea la literatura sobre la estupidez y los estúpidos. Los estúpidos, aunque sean científicos, son más peligrosos para la sociedad que la mafia, decía en Allegro ma non troppo Carlo Cipolla. Quien, preocupado por el creciente acceso de estúpidos a los puestos de directivos y de mando, investigó Las leyes fundamentales de la estupidez humana (ambos escritos en internet)Pedro Voltes escribió una interesante Historia de la estupidez humana, que no es la única. Etc. [19]

Pero, ¿en qué consiste la estupidez? El estúpido no es exactamente el tonto, el “corto de luces”, el necio [de ne scio, “no sé”], el imbécil, el resentido de Scheler o Marañón, el psicópata, el arribista o el malvado, aunque puedan estar asociados con la estupidez. La estupidez colectiva, ¿es genética, es una patología, un producto del ambiente, de la cultura, del azar siempre presente? Probablemente es un precipitado histórico resultado de multitud de causas concu-rrentes.

7.- Voltaire retrataba al estúpido como un narcisista incapaz de percibir su propia estupidez, «una enfermedad extraordinaria». Lo malo, continuaba, es que «no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás». Ortega comparaba el estúpido con el malvado: “el malvado descansa algunas veces; el necio jamás”. «En mi vida he visto muchos malos volverse buenos, pero nunca he visto un necio volverse sabio», reza un dicho anónimo.[20] En efecto, el malvado prescinde de escrúpulos para alcanzar sus fines: “el fin justifica los medios”. Pero es realista y cuando consigue lo que quiere, descansa e intenta incluso parecer bondadoso. No obstante, a Voltaire y Ortega les faltó añadir, que los estúpidos convencidos de su superioridad, incluso moral, si tienen poder se convierten fácilmente sin darse cuenta en canallas.

Einstein, interesado en el tema, decía también, que “la diferencia entre la estupidez y el genio consiste en que el genio tiene límites”

El estúpido, como es estúpido no se da cuenta de qué lo es, no descansa, le puede la vanagloria y, como un demagogo demente, poder perseguir fines disparatados para deslumbrar. Por ejemplo, la igualdad absoluta, que sólo puede ser efectiva en los cementerios, el Estado o la Sociedad Perfectos o la “verdadera” democracia, la forma utópica definitiva de esta forma del régimen como forma también del gobierno. Einstein, interesado en el tema, decía también, que “la diferencia entre la estupidez y el genio consiste en que el genio tiene límites”. Lo que vale asimismo para la gente normal, aunque no la libra de cometer estupideces. El mismo enamoramiento se presta a la estupidez.

La estupidez no es incompatible con ser “listo” -palabra de origen incierto que podría estar relacionada con la alemana List, astucia- y el estúpido más temible es el que tiene influencia o poder público. La estupidez del listo o la listeza del estúpido con poder puede ser muy rentable para él unida a la falta de escrúpulos, como ocurre en un ambiente amoral o nihilista, aproximándole a la figura del psicópata narcisista. No es el necio, pero puede describirse con Yolanda Couceiro, como “el necio que no atiende a consejos ni prevé los frutos de sus acciones: es terco en su proceder y no escucha ni entiende otras razones, argumentos o incluso evidencias de su error; siempre buscará una interpretación alternativa -y errónea- para explicar los desastres que normalmente ocasiona, en una mezcla a partes iguales de desmedida soberbia, de firme convencimiento de su superioridad moral y de inalterable creencia de poseer la verdad absoluta”.

En fin, el mando de los estúpidos es una inversión de las jerarquías naturales: «el que es necio servirá al sabio» (Proverbios11, 29). Pues, como decía Oliverio Cromwell,  «un hombre nunca va tan lejos como cuando no sabe a dónde va». Alguien ha sugerido la urgencia de un movimiento para sobrevivir a la estupidez humana.

[1] Karl Steinbuch publicó en 1966 Die Gesellschaft informierte. Geschichte und Zukunft der Nachrichtentechnik, La sociedad informada. Historia y futuro de la técnica de las noticias (Stuttgart, Deutsche Verlagsanstallt 1966) sobre la necesidad de que la sociedad estuviera suficientemente informada. En 1989, publicó Die Gesellschaft desinformierte, La sociedad desinformada (Stuttgart, Seewald 1989), quejándose de que la abundancia de noticias destruía la educación, cuyo desastre predijo, y desconcertaba a la gente. En 1992 publicó Kollektive_Dummheit.Streitschrift gegen den Zeitgeist, Estupidez colectiva. Disputa contra el espíritu del tiempo presente. Munich, Herbig,1992.

[2]  La rebelión de las élites y la traición a la democracia (1991). Barcelona, Paidós 1996.

[3] Ambos diagnósticos en vozpopuli.com (16. I. 2016 y 1. X. 2017).

[4] “La democracia avanzada” es un concepto leninista. Lenin se había referido en Dos tácticas a las “tareas democráticas avanzadas de la clase de vanguardia” y el jefe del partido comunista uruguayo Rodney Arismendi utilizó la expresión democracia avanzada en Lenin, la revolución y América Latina. Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos 1970. No es un secreto que hizo de “clase de vanguardia” el ínclito partido socialista. Cf. G. Bueno, Fundamentalismo democrático. La democracia española a examen. Madrid, Planeta 2010. “Democracia de guardería”, llama Javier Benegas a la “restaurada” en la transición-transacción.

[6] Se omitió absurdamente -igual que la convocatoria de Cortes exclusivamente constituyentes, es decir para hacer la Constitución, que es por eso formalmente una Carta Otorgada- un referéndum sobre la forma del Estado, que hubiera sido favorable a la institución en aquel momento y, vinculándola al pueblo, la habría independizado de los partidos.

[7] La legitimidad -inconfundible con la legalidad- tiene velis nolis un carácter sagrado y la capacidad legitimadora de la Monarquía deriva, como observó entre otros Bertrand de Jouvenel, del imaginario derecho divino de los reyes, inventado en el siglo XVI para justificar la Monarquía Absoluta vinculando a una familia el derecho a reinar. La legitimidad dinástica por derecho divino de la Monarquía Absoluta desvió el curso natural de la historia política europea. Vid. P. Manent, Cours familier de philosophie politique. París, Fayard, 2001. (Hay trad. española).

[8] La diferencia entre Monarquía y República consiste en que la primera es una institución, la segunda el concepto o la idea de formar una comunidad de los iguales con libertad política, los ciudadanos.

[9] Vid. G. Fernández de la Mora, “La oligarquía, forma trascendental del gobierno”. Revista de Estudios Políticos. Nº 205 (1976). La partitocracia. Madrid, Instituto de Estudios Políticos 1977.  J. M. Ortí Bordás, Oligarquía y sumisión. Madrid, Encuentro 2013. D. Negro, La ley de hierro de la oligarquía. Madrid, Encuentro 2015.

[10] Vid. El gobierno representativo. Madrid, Encuentro 2017. “Régimen y clasificación de las instituciones”.

[11] García-Trevijano distingue tres tipos de corrupción: la ocasional, la consecuencial y la constitutiva. Entre la literatura sobre el tema, son todavía interesantes, por ir al fondo de la cuestión en el momento en que empezaba a ser notoria la corrupción constitutiva o estructural de los Estados socialdemócratas europeos, H.-E. Richter, Die hohe Kunst der Korruption. Erkenntnisse eines Politik-Beraters (Hamburgo, Hofmann und Campe 1989) y el premonitorio de R. Lay, Die Macht der Inmoral. Oder der Implosion des Westens. Dusseldorf/Wien, ECON Verlag 1993. En Europa, se llega a utilizar las palabras democracia y antifascismo para justificar la corrupción política.

[12] El principal problema político de España es probablemente la falta de una clase política competente y al servicio de la nación desde Carlos III. Se atribuye a Bismarck la frase “lo increíble de España, es que exista todavía con una clase política tan inepta”, y el gran historiador Macaulay recomendaba estudiar la historia de España para entender cómo se debilita y arruina una gran nación. Les pasa lo mismo a las repúblicas iberoamericanas.

[13] Clásico sobre esta forma de la democracia, J. L. Talmon, Los orígenes de la democracia totalitaria y Mesianismo político. Madrid/México, Aguilar 1956 y 1969.

[14] «Sabe muy bien lo que quiere y a donde va”, dijo el entonces rey Juan Carlos.

[15] E. Jünger, El teniente Sturm. Barcelona, Tusquets 2014. 2, p. 21. Como es sabido, Jünger recomendaba emboscarse para huir del creciente intervencionismo estatal. Vid. La emboscadura. Barcelona, Tusquets 1988.

[16] Como demostró Otto Hintze, el Capitalismo no existe. Vid. “Der moderne Kapitalismus als Historisches Individuum”. Historische Zeitschrift. 1929. Tomo 139, 3. El único “Capitalismo” es el Capitalismo de Estado.

[17] Vid. M. Crapez, Défense du bon sens ou la controverse du sens commun. París, Éds.  du Rocher 2004. A. N. Whitehead había notado ya que la crítica del sentido común comenzó en el siglo XIX con el Romanticismo

[19] Alguna bibliografía: M. F. Sciacca, L’oscuramento dell’intelligenza. 2ª ed. Milán, Marzorati 1971. A.Finkielkraut, La derrota del pensamiento. Barcelona, Anagrama 1987. C. Castoriades, El ascenso de la insignificancia. Universitat de València, 1998.  A. Glucksman hacía responsable al postmodernismo en El poder de la estupidez (1985). Barcelona, Crítica 2010. Giancarlo Livraghi examina el poder de la estupidez en La estupidez. Ideologías del postmodernismo. Barcelona, 3ª ed. Península 1997. J. L. Trueba Lara, La tiranía de la estupidez. Madrid, Taurus 2012. R. Moreno Castillo, Breve tratado sobre la estupidez humana. Madrid, Forcola Ediciones 2018.

[20] Citas de Y. Couceiro Marín en su sugerente artículo  “La superioridad moral de los necios”. Latribunadelpaisvasco (13. IX. 2018).

Foto: Hadi Yazdi Aznaveh


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