Hay una frase que dice: “si quieres reducir a un hombre a la nada, convéncele de la inutilidad de todo cuanto haga”. El aserto es terrible pero verdadero, pues no hay nada más eficaz para destruir la voluntad que convencernos de su inutilidad, que nada de cuanto hagamos servirá para cambiar las cosas porque nuestro entorno obedece a fuerzas inasequibles.

Hay que dejarse llevar, girar con el mundo y estar del lado de la Historia, que es el lema del progreso, intentando aprovechar sus pequeños placeres y, acaso, expresando un sonoro sufrimiento para obtener la piedad de los otros. Aunque hasta la piedad puede ser un negocio.

No es nuestra voluntad la que manda sino la voluntad de un irritante todo, de una desesperante maquinaria que, a ratos, atribuimos a una conspiración y a ratos a la fatalidad. La idea de que somos, como humanidad, la encarnación de un mal que no tiene remedio es el manifiesto colectivo de la posmodernidad.

Así, nuestra vida discurre asediada por la culpabilidad y la angustia, impregnándonos de una sensación lúgubre, como un náufrago que bracea desesperado en un gran mar saturado de salitre sin ninguna esperanza de llegar al agua dulce para enjuagarse. Incluso aquel al que la vida le sonríe no puede evitar caer a menudo en la trampa de la incertidumbre, de la culpabilidad y su penitencia, y preguntarse angustiado: y si mañana cambiara mi suerte, ¿quién me salvará?

Solo así podría explicarse, por ejemplo, que Greta Thungber, una chica que, con a penas 16 años de edad, se erige en el símbolo juvenil contra el cambio climático, diga: “Cuando tenía 11 once años estaba muy deprimida: dejé de comer, dejé de hablar. Tenía mucho que ver con el cambio climático.”

La reivindicación de la “categoría mujer”, que es de todas las identidades colectivas la más amplia y, por lo tanto, la más apetecible para el poder, se convierte en una falsa liberación

Casi nadie se libra del poderoso pesimismo que parece apoderarse no del mundo, sino de  lo que llamamos “mundo occidental”. Porque para los habitantes de la República Centroafricana, Níger, Chad, Burkina Faso, Burundi, Guinea, Sudán del Sur, Mozambique y otros muchos países que, sin ser tan pobres, están muy lejos de nuestra calidad de vida, la depresión es un lujo, exactamente igual de inasequible que conducir un BMW.

“Hemos perdido la alegría”, me aseguraba un hombre sabio recientemente. “Antes”, añadía, “cualquier cosa podía ser motivo de celebración, porque la alegría era una característica de nuestro carácter. Pero esa alegría ha desaparecido”. Y creo que tiene razón. Vivimos en un perenne cabreo sordo, pendientes de la posibilidad de la catástrofe, de un inminente apocalipsis, impregnados de una cultura obsesionada con la muerte. Algo que se refleja en infinidad de películas y series, imbuidas de un realismo mágico dominado por las temáticas del terror, la psicopatía, la violencia y la conspiración.

En todos estos productos audiovisuales, y más allá de su inevitable corrección política, no hay lugar para las buenas vibraciones. Sus finales suelen ser tan deprimentes como lo son sus argumentos, porque está de moda la conclusión fatal. Es lo que demanda el público. En comparación, el Concierto de Año Nuevo, con sus alegres valses, es un fugaz ejercicio de nostalgia, un recuerdo desvaído del mundo de ayer.

Si al menos este sentimiento de fin de ciclo fuera acompañado de una cierta dignidad o, incluso, de la valentía desafiante del héroe que, erguido, ofrece su pecho a la lanza del destino, la esperanza existiría. Porque con ese gesto de gallardía el héroe demuestra que no teme el final. Y si llegar al final es los más terrible que puede sucedernos, no tener miedo es vencer.

Pero en este milenarismo posmoderno no hay ni rastro de coraje, solo un enojoso lloriqueo. Ya no hay sujetos sino identidades colectivas que suplantan la identidad personal, la que nos convierte en lo que somos individualmente, para bien y para mal. Esa identidad única sobre la que antes el sujeto se construía con más o menos fortuna, pero siempre resistente, o al menos más resistente que ahora. Y desde luego, más libre.

Este colectivismo que llora y patalea, que nos hace depender intensamente del Estado, tiene su máxima expresión en un feminismo “nuevo”, donde la reivindicación de la “categoría mujer”, que es de todas las identidades colectivas la más amplia y, por lo tanto, la más apetecible para el poder, se convierte en una falsa liberación.

Escribía Lucía Méndez Prada, periodista del diario El Mundo, tal vez contagiada por la agitación de la masa, que “no hay ningún partido, ninguno, capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas. Sólo el feminismo y la Igualdad. Interpretar las masivas manifestaciones de este 8M en clave partidista es de miopes. A ver si abrimos los ojos a una realidad que no tiene vuelta atrás”.

En eso estamos, en abrir los ojos para contemplar con estupor lo que Lucía llama “realidad”. Y me vienen a la cabeza las palabras de Claudio Magris, que en 1999 anticipaba las contradicciones que traería consigo el nuevo milenio. Porque, aunque con su Utopía y desencanto pretendía romper el maleficio pesimista, también vio el peligro venir

“El milenio se anuncia con contradicciones llevadas al extremo. La derrota, si no en todos sí en muchos países, de los totalitarismos políticos no excluye la posible Víctoria de un totalitarismo blando y coloidal capaz de promover -a través de mitos, ritos, consignas, representaciones y figuras simbólicas – la autoidentificación de las masas, consiguiendo que “el pueblo crea querer lo que sus gobernantes consideran en cada momento más oportuno”.  

Para Lucía Méndez no hay ningún partido capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas, lo cual es muy discutible. Si repasamos las páginas más negras de la historia, ahí estuvo la masa politizada también, convencida de que su causa era una gran causa, la más justa de todas las causas. Es la ideología de masas al servicio del poder. Exactamente lo que es este feminismo, por más que algunos le añadan el sufijo liberal.

Es cierto, la realidad no tiene vuelta atrás. Pero si la realidad a la que alude Méndez es la proyección de ese totalitarismo blando y coloidal sobre el que advertía Magris, tal vez deberíamos rectificar. La regresión puede adoptar muchas formas; la libertad solo tiene una. Y no es esta, desde luego.

Foto: Paula Kindsvater


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27 COMENTARIOS

  1. El pesimismo, la culpabilidad, la angustia, la tristeza surgen de la ausencia de libertad.

    El estado actual es un monstruo manejado por políticos, medios, o por poderes ocultos que limitan la libertad, impide que prosperemos y ahorremos, asegura el futuro solo a quien quiere.

    Al no existir libertad, no hay esperanza. La maquinaria del estado nos lleva por donde quiere. Si consigues un trabajo, más de la mitad de los ingresos se los queda directamente el estado, siempre por tu bien. Si pretendes salir al mercado a competir, solo prosperaras en la medida que el estado (gestiona mas del 50 del PIB) te apadrine.
    No hay posibilidad de prosperar por uno mismo si no es con el apoyo del estado. Los mejores sueldos, que aseguran la vida más confortable, son los de funcionarios y administradores públicos. Fuera de ese entorno, solo hay trabajo muy duro, impuestos confiscatorios, imposibilidad de crear riqueza.

    Desde la política o desde los medios predicando ‘corrección’ se nos dice lo que tenemos que pensar. El estado provee directamente de puestos de trabajo a quien quiere, previa adhesión inquebrantable a sus intereses.

    Muy ‘democráticamente’ hemos creado una sociedad en la que el hombre no puede confiar en si mismo. Ser buena persona, trabajador y responsable es el mejor camino para terminar apisonado por la sociedad. O te dejas llevar y haces como si crees en las ‘políticas’ correctas y te posicionas a la sombra de algún centro de poder o el estado te castigará excluyéndote como apestado.

    Y esto no es….

    La alegría, la esperanza solo volverá con la libertad.

    • “La seguridad es el enemigo principal de los mortales.”, escribió Shakespeare, Macbeth, acto 3º, escena 5ª., a lo que añadiría que ahoga la libertad, sobre todo cuando la seguridad se transfiere íntegramente al Estado, un artefacto de seguridad que nace para evitar las guerras civiles del SXVII, pero que mediante todas las prótesis que le hemos ido añadiendo, se vuelve sin remedio contra la libertad.

  2. «No hay que darse por vencidos jamás, no hay que darse por vencidos jamás, nunca, nunca, nunca jamás, en nada, ni grande ni pequeño, importante o insignificante[…] No hay que darse por vencidos jamás, salvo ante las convicciones del honor y el sentido común».

    WINSTON CHURCHILL. Discurso ante los alumnos de Harrow School, 29 de octubre de 1941

    • Churchill fue un hombre con coraje que sabía que la libertad no se concede sino que se tiene y se defiende.

  3. Lo que nada es, no necesita predicados. Este aforismo de un viejo amigo de otros siglos parece una obviedad, pero es lógica de primer orden.
    El feminismo no es nada, porque es un asunto sin substancia, algo lampedusiano, o dicho de otra manera, la pugna de una secta de flautistas para ocupar lugar preferente en la variopinta tropa que empuja la bola de estiércol que unos y otras, o sea, esta nueva estirpe de urbanitas criados en tiempos de paz, arrastraban, como escarabajos peloteros, hacia la nada.
    Y quien enarbola estandartes de algo que no es nada, no es nadie.
    Como en otras ocasiones, unos vemos este fenómeno como uno mas de los múltiples banderines de enganche para tener a la gente movilizada en la calle, que cría la gusanera de la bonanza. Han caído en la entropia mas formidable de mucho tiempo, los asideros existenciales que otorgaban las viejas certezas, mediante las cuales, y a través de delicados equilibrios, permitieron a esta estirpe de monos llegar hasta aquí y sublimar unos “roles” mediante los cuales se reproducían y criaban a la tropa. Momento apropiado para el advenimiento de nuevas religiones paganas.
    A no dudarlo, a la procesión se unirán, una vez mas, los eternos oportunistas, golfos comerciantes de las emociones, epígonos de los cantantes, artistas, titiriteros y filantrópicos importados de toda laya, que antes se bañaban en el ganges que portaba el barniz de superioridad moral con el que hacia pingues negocios la izquierda y que les permitió hacer patrimonios multimillonarios.
    Las mujeres, con sus poderosos argumentos otorgados por el sublime arquitecto de la vida, siempre han influido, a través de la historia, en cruciales decisiones de varones principales, cuyas decisiones inauditas no tenían otra explicación basta en la razón. Por recordar, cítese a Livia Drusila, Lady Macbeth, Lou Salomé, la siniestra George Sand entre otras prendas.
    Una parte de las que siempre han dirigido este cotarro eran significadas frustradas en su empatía de genero, cuyo fracasos y traumas personales los elevaban a categoría. Pero, con el paso del tiempo, como siempre ocurre, percutir a una sociedad abúlica, es triunfar y es innegable que con ello han conseguido afeminar y con ello debilitar, a una casta blandita de varones acomodaticios, para después abominarlos, precisamente por ello.
    Porque ellas, en e fondo de su subconsciente conservan, como resultado de un determinismo biológico, el anhelo de compartir su aventura vital con un varón fuerte, valiente, con voluntad férrea,que les asegure el éxito reproductor. O sea, su razón primera de existir. Todo lo demás son constructos sociales, y si hay que fingir que se les quiere, pues fenomenal, porque ellos lo necesitan desde que mama se fue. Lo decía Freud.
    En fin, querido Fary, acabo esta carta que te dirijo porque veo, desolado a muchos que eran de los nuestros, pero que se les ha aflautado la voz y estrechado los pantalones. No te pierdes nada.

  4. En el plano estético y artístico tal vez sea la arquitectura el territorio donde con más claridad se evidencian los rasgos de la postmodernidad. Se trata de declarar muerto el movimiento moderno de principios del XX y que ya concebía los edificios como máquinas de habitar para ir un paso más allá en el desprecio a lo humano. Todas las operaciopnes socialdemócratas han dado mucho dinero a edificios y planificaciones urbanísticas postmodernos. Si el movimiento moderno acabó con el valor simbólico de los edificios, el postmodernismo ha encumbrado el capricho absurdo recuperando, no pocas veces de forma banal o irrisoria, los órdenes clasicistas. Es decir, la arquitectura postmoderna ha ido creando el paisaje de una socialdemocracia que quiere borrar la Historia de Occidente, quiere borrar el sentido de esa Historia. Es el paisaje de los zombies.

  5. “Es la ideología de masas al servicio del poder”

    Sin duda alguna, Javier. Una regresión total que, aparte de visibilizarse el 8M, se escenificó ayer en el debate de la Sexta Noche, con una naturalidad pasmosa. La periodista Lucía Méndez, que menciona en su artículo, al igual que otras periodistas defensoras de la causa (Elisa Beni, Angélica Rubio, Teresa Viejo…), calificaban esta huelga feminista como una auténtica “revolución” de las mujeres, como si existiera algún “movimiento revolucionario” en la historia, auspiciado y tutelado desde las instituciones gubernamentales que ostentan el poder.

    De la misma manera, otra se atrevía a ir más allá y darle al feminismo un significado político, que por supuesto coincidía con el credo de la izquierda. Otra periodista quitaba hierro a los postulados políticos, sectarios y excluyentes que se encontraban en el manifiesto, alegando que lo que allí se proclamaba era lo de menos, que para apoyar la causa feminista “global y transversal” ese manifiesto importaba muy poco y que nadie se acordaba del manifiesto del año pasado.

    Es decir, que aparte de poder escribir en él las burradas que a una se le antojen, las mujeres convocadas a las manifestaciones no necesitan leer ni saber por qué se manifiestan realmente, basta con que se fíen de sus “mentoras” para apoyar esa causa noble de la izquierda, salir a la calle para hacer bulto, adherirse a la masa homogénea y compacta, y dejarse llevar por el fervor revolucionario de sus ilustradas feministas de salón y “pijogrogres” que sientan cátedra desde sus privilegiados púlpitos, con el propósito de impartir doctrina sobre el feminismo desde la lógica binaria del “estás conmigo o contra mí”, “feminismo es lo que yo te diga, no lo que tú me cuentes”.

    Y no importa que ese “manual de la buena feminista”no sea apto para el consumo por caducado y enmohecido, porque las fieles devotas se lo zampan sin rechistar y no necesitan leer ni saber si el manifiesto está pasado de fecha o es indigesto, no necesitan saber qué clase de movimiento están apoyando, no necesitan pensar por sí mismas, porque las “Kent” del “movimiento” ya lo hacen por ellas selecionando las consignas a reivindicary el tipo de mujeres deben excluir y rechazar.

    La impostura de las nuevas “Kent” de pacotilla se ha revelado con todo su esplendor en la huelga del 8M, por menospreciar, dividir y excluir a las mujeres que no se identifican con ese engendro sectario, panfletario y político en el que ha degenerado el feminismo en el día internacional de la mujer. Y no importa que las representantes políticas discrepantes se hayan adherido o no a la huelga, porque las”Kent” del supuesto “movimiento transversal” han exhibido el mismo prejuicio, la misma supremacía y el mismo desprecio por señalarlas y denigrarlas.

    Por fortuna, este año, han sido múltiples las voces discrepantes de mujeres que se han dejado oír desde los distintos estamentos políticos, sociales y mediáticos, aportando distintas visiones del asunto, sin ningún complejo. Además de distanciarse y señalar esa impostura infame, les han dejado bien claro a las “Kent” de turno que ni representan a todas las mujeres como ellas creen, ni van a dejar que hablen en su nombre.

    • 100% de acuerdo con su comentario. No me sorprende que las portavoces oficiales del feminismo siempre sean las mismas periodistas de cuota. Esta claro que viven de esto. Estamos ante las nuevas “papisas” de la fe revelada y cuya liturgía del 8M ya ha quedado canonizada para el futuro. Contra las/los herejes claman, según su desviación de la nuevo dogma: “excomunión” o directamente “a la hoguera” y contra las/los infieles: “O conversión o ejecución” (ésta última de momento solo social, esperemos que se quede ahí).

  6. Tamuda tiene toda la razón en lo que comenta. Hoy todo es pesimismo. Los medios y las redes nos informan que hay amenazas por todas partes (violaciones, asesinatos, robos, alimentos cancerígenos, contaminación mortal, ondas electromagnéticas, crisis económica, psicópatas, enfermedades al acecho constante, cambio climático, impacto de asteroides). Se ha creado una atmósfera de pesimismo, a la que contribuye el cine con el tema del catastrofismo. Antes eso solo era cosa de cuatro pirados existencialistas, que formaban el club de los suicidas.

    La gente va por la calle con una cara que le llega hasta el suelo y en los trabajos ni les cuento. Parece que somos una sociedad donde se practica poco el sexo en pareja y la gente ha perdido la alegría de vivir y escasean las sonrisas y abunda la mala leche, pese al buen rollito totalmente falso de la TV. La sociedad ha encontrado su “soma” en mirar constantemente el móvil y en el mainstream. Quitas eso y estallaría la violencia. Posiblemente, este tema del feminismo radical va por ahí, tener pastoreadas a las masas. El enemigo es el hombre (en genérico), no tu jefa que es una explotadora, pero va la manifestación y se pone el pañuelo morado.

    ¿Es todo esto claro síntoma de una sociedad en declive, que sabe que está abocada a ir a menos, o es efecto inducido de algún tipo de ingeniería social, para que todos desconfiemos de todos? Yo lo único que veo es que España es uno de los países con los índices de delitos más bajos del mundo por cada 1000 habitantes, pero nuestras empresas de seguridad son de las que más facturan de Europa. Y si recuerdo la vida de mis abuelos bajo el Franquismo tardío, solo veo de niño un país gris y triste, que poco a poco fue cambiando, pero que ahora ha vuelto. Parece que con lo desenterrar a Franco ha vuelto el ambiente de aquellos momentos. A esta atmósfera de pesimismo actual la política aporta mucho caudal: es penoso escuchar a los “padrastros de la patria” echarse m. unos a otro y crispar a la sociedad.

    ¿La salida? Quizás pasar de la política, de los medios de comunicación, tener las redes sociales solo para cosas verdaderamente importantes, tejer red social (pero la de verdad no Facebook), el móvil solo para llamar, empezar a leer (como dice Marijenge), oir la música que te gusta y ver las pelis que te gusten (huyendo de los panfletos ideológicos) y alejarte de toda la porquería que nos rodea. Quizás te vean como un raro, pero a lo mejor la felicidad está en alejarse del rebaño tal y como están las cosas. ¡Vaya, me estoy poniendo pesimista!

    • Lo que usted plantea no es otra cosa que evadirse de la realidad y es justamente lo que hace ya la mayoría en esta suerte de “mundo feliz” a medio camino entre Huxley y Orwell, el problema de no querer ver lo que pasa es que al final la realidad te termina tocando la puerta de una forma u otra, así veo más factible y beneficioso si se quiere pasar de todo prepararse para una especie de apocalipsis “zombi” que traerá justamente esta sociedad infantilizada y cada vez más improductiva que se cierra en sí misma consumiendo ocio y sobreviviendo a duras penas sin que le importe el futuro, ya que para la mayoría el futuro es hoy y a la vista está que actualmente muy pocos tienen proyectos a largo plazo, como formar una familia, abrir un negocio o al menos darse el lujo de soñar en prosperar, ya que el sistema principalmente el Estado con sus leyes, impuestos, burocracia, clientelismo y corrupción aplasta cada vez más cualquier iniciativa individual de emprendimiento y familiar, ya que justamente no le interesa al sistema tener una sociedad de personas o grupos independientes, le interesa la servidumbre ya sea de aquellos que viven de los impuestos o de aquellos que viven coaccionados a pagarlos.

      Aunque sea duro aceptar la realidad, no hay que rendirse ya que justamente eso es lo que ellos quieren que dejemos de pensar, de criticar, de meternos en política, de llevarles la contraria y de romperles sus falaces argumentos, más bien hoy más que nunca hay que luchar contra el pesimismo y mostrarle a la sociedad que otro mundo es posible, ya que esta decadente socialdegracia del supuesto bienestar no es el fin de la historia como muchos piensan.

      • Posiblemente tiene Vd. razón, pero ¿Qué más podemos hacer? Los que ya hemos estado en política y nos hemos ido, escandalizados de lo que hemos visto; los que hemos formado una familia, más allá de dar ejemplo a nuestros hijos, darles pautas de conducta y ayudarles a levantarse cuando han caido; los que conocemos ciertos ambientes de poder, donde la podredumbre lo invade todo.

        Seguimos luchando contra la mediocridad y la estupidez, pero ¿cuánta gente lee, por ejemplo, este medio? Somos pocos, muy pocos. Yo en mi vida personal soy optimista a vuelta de los años, pero en la vida colectiva soy pesimista, aunque no sé qué parte de pesimismo es inducido y qué parte deriva de mi percepción de la realidad. Hay muchas formas de evadirse de la realidad, la mayoritaria es la de “Un mundo feliz”, como Vd. menciona. Otra es la del estoico, que sabe que todo se está hundiendo a su alrededor, mientras la orquesta del Titanic sigue tocando, pero acepta el desastre porque no hay salvación.

        Otra es la de mantener la cordura, intentando al menos salvar los muebles, sabiendo que vamos hacia el abismo, pero intentando ser feliz y hacer felices a las personas que tenemos cerca y que queremos. Y sobre todo, no añadir más mala ostia al mundo.

        • Pues sí Argantonio, mantener la cordura, eso es esencial para sobrevivir en una sociedad que cada día es más inculta, mediocre y con unas comeduras de cocos terribles derivadas de la alarma social continúa que desde los medios se está creando en la población.

          No es usted solo el único que a veces desea desconectar de esta sociedad, pero sabemos que esa tampoco es la solución, la esperanza nunca se puede perder y mucho menos la ilusión de poder mejorar las cosas aunque sea en pequeños espacios que nos rodean. El mundo no lo podemos cambiar pero si podemos aportar un grano de arena.

          Estoy leyendo el foro y se me está cayendo el alma a los pies de los comentarios tan pesimistas, que no, eso no lo podemos permitir, es lo que pretenden, hundirnos en la miseria, nunca. Jamás de los jamases podemos perder la cordura y la ilusión por ver lo bueno del mundo que nos rodea, sólo quieren que veamos la negrura, la noche , las tinieblas, me niego, la vida es jodida pero es la que tenemos, por lo tanto hay que vivirla lo mejor posible, la alternativa es peor.

          Qué les den a todos y a todas que quieran vivir en un mundo gris, yo me niego a seguirles el juego

  7. Coincido con el sabio, se ha perdido la alegría.
    Más de una vez lo he comentado con amigos; los españoles están tristes, las ciudades son tristes, los hombres deambulan tristemente. Viene de lejos y es producto de la estupidez dominante, no se admira al sabio, y eso mata la alegría.
    El ambiente del 8M era más que triste, quizás sórdido. Miles de gallinas cluecas incubando una felicidad estéril. Realmente daban pena.
    Amo lo femenino, como no voy hacerlo si soy masculino, lo de ayer repugnaba, lo peor de la mujer esparcido por las calles, televisiones y colegios. Imaginemos una manifestación de hombres reivindicando su masculinidad, ¿Patético, no? Pues eso.

    Alguien dijo que el hombre que no tiene miedo a morir no tiene miedo a nada. Quizás en eso consista ser hombre.

  8. Quizá el pesimismo Occidental no sea otra cosa que el modo de soportar la decadencia. El modo más elevado de consolación filosófica de que puede ser capaz una cultura, una vez que ha perdido la dirección del mundo.
    Hoy todas las imágenes del mundo que construye la “ciencia” europea, desde la física a las llamadas “ciencias sociales”, es pesimista. Catástrofes cósmicas, destrucciones de la Naturaleza, futuros inciertos y aleatorios, concepciones cientifistas oscuras sobre el intelecto del hombre regidas por el instinto, la biología o la química, el sexo, el poder, la economía, la materia etc. Una inteligencia que se concibe como un arma para cazar en la Naturaleza, reduciendo al hombre a su animalidad específica. Unas imágenes del mundo paralizadoras, que se expresan como zoología desarrollada apuntalada en la “ciencia”.

    La concepción pesimista viene de lejos, aunque hoy ha llegado a su zenit. Shopenhauer, un eremita del pesimismo, se recreaba escribiendo que “el único fin que podemos señalar a la existencia es el de convencernos de que valdría más no existir”. No se trata de una filosofía de la razón vital, sino de la razón biológica, por lo que necesariamente tiene que concluir con una apología de la muerte. Su paralizante actualidad, y la de todos los locos que siguieron, entre ellos ese loco genial de Nietzsche, preside la leucemia de nuestro mundo coloreado por la técnica. Un mundo que se liberó del determinismo de la Naturaleza tras un largo periplo que culmina con la revelación cristiana, y que ha vuelto a enfangarse en ella para construir con empeño el penúltimo capítulo de una zoología general que explique al hombre y su Historia.

  9. Muy bien descrito el mundo de hoy. Yo disiento de Magris en alguna cosa: no hay nada de mitos y ritos en esta gente del 8-M; sí que hay pseudomitologías, esta gente no habita un mundo simbólico ( ojalá ), el mundo del héroe, viven en un mundo imaginario: el de la psicosis, el mundo de la paranoia. ” Totalitarismo blando” sí; pero también violento y peligroso. Regresión a la primera infancia. A mi me dice gente cercana que estoy en un bando, en el otro bando, que solo leo ciertas cosas; y no es cierto, yo me defiendo del monstruo de las ideologías donde mis amigos y examante de toda la vida, sesentones, siguen instalados ( no estoy en ningún bando ). Y he vencido a ese monstruo violento después de muchos años y lecturas. Yo les digo: lee ( porque tus amigos han abandonado la lectura y se han entregado a consumir ideología ). Y algunos han vuelto a leer y con ello a pensar, porque Franco ha muerto y algunos no se han enterado. Así que yo tengo la esperanza de que todo se revierta y retomemos la cordura. Pero hay que enfrentarse a esta gente feminista y demás con argumentos y también con las leyes ( las que no han cambiado ya ).

  10. Ese totalitarismo blando y coloidal ya existe desde hace mucho tiempo y se llama socialdemocracia o Estado del Bienestar, justamente Roland Huntford en 1971 había descrito Suecia con estos mismos términos. En su libro “The New Totalitarians” había pintado una imagen del país como una distopía socialista en la que las libertades personales, la ambición y la humanidad habían sido sacrificadas por los ideales socialdemócratas. «La Suecia moderna ha cumplido las especificaciones de Huxley para el nuevo totalitarismo. Una administración centralizada gobierna a las personas, que a su vez aman la servidumbre». En los años ochenta, el autor alemán Hans Magnus Enzensberger también había detectado algo de esto, y en su libro ¡Europa, Europa! describe cómo el Gobierno sueco había regulado «los asuntos de los individuos hasta un grado incomparable en otras sociedades libres», y había erosionado gradualmente no solo los derechos de sus ciudadanos, sino que de alguna manera también había aplastado su voluntad: «Realmente parecía que los socialdemócratas habían conseguido domesticar al animal humano, allí donde otros regímenes muy diferentes, desde la teocracia al bolchevismo, habían fracasado. Todo aquel que se opone a los socialdemócratas suele pedir perdón por su postura, a menudo de manera inconsciente». Enzensberger hacía referencia a los extraordinarios niveles de conformismo y consenso que había observado durante unas elecciones generales, pero también al hecho de que los socialdemócratas suecos habían disfrutado de un dominio prácticamente indiscutible del poder durante casi todo el siglo XX. Como en un verdadero modelo totalitario, los socialdemócratas dominaban el poder judicial, dirigían los monopolios estatales de radio y televisión y guiaban la cultura sueca gracias a la influencia de un extensivo programa gubernamental de financiación artística. «En el cambio de siglo, la mayoría de los obispos, generales, directores generales, profesores universitarios y embajadores eran socialdemócratas o simpatizantes», escribe el veterano periodista sueco Ulf Nilson en su libro What Happened to Sweden?.

    Por lo tanto el problema de fondo no es el feminismo sino el Estado clientelar o socialdemócrata, de donde se alimentan todos estos grupos de interés que sólo sirven para obtener y retener el poder. Así que mientras no se desmantele el Estado Social con sus grandes ministerios de planificación y políticas públicas esto simplemente no se acabará, por fortuna o por desgracia la economía es muy sabia y sus leyes no perdonan a sociedades clientelistas de este tipo, a las vista está como ya a los obreros les cuesta llegar a fin de mes y a medida que menos personas produzcan más complicado lo tendrán ya que los precios no harán más que subir y el dinero será cada vez más escaso o tendrá menos poder de compra.

  11. El articulista como siempre muestra su visión épica de la vida, idealista y por supuesto falsa.

    La realidad es normal y vulgar. Y eso impuesto que llaman Estado, ni es voluntario ni está dirigido por eso que llama “democracia liberal”. El Estado se acerca bastante más a una mafia aristocrático-burocrática (el cual es el diseño inicial del Estado Liberal, privado + público) cuyo principio de legitimidad es la cuenta de resultados; al igual que en el mercado.
    —No hay más verdad que la cuenta de resultados,…—

    Y si el feminismo da dinero, ¿por qué parar?

    Yo como soy populista lo explico más simple con mi idioma materno: “A cabra co vicio dá cos cornos no cu” (https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/Ficha.aspx?Par=58701&Lng=2).

    • La verdad no he entendido su comentario, no veo yo a Benegas épico e idealista y menos falso, de hecho se está quejando de la falta de héroes para que exista un atisbo de esperanza

      Eso que dice “Y si el feminismo da dinero, ¿por qué parar?”, ¿lo dice en serio?, es decir usted considera que si estos movimientos llamados feministas que están fracturando la sociedad dan dinero a unos cuantos bienvenidos sean ¿eso es lo que usted quiere decir?, entonces como la droga da dinero, la corrupción da dinero, las estafas dan dinero, ¿por qué parar?

      • Resulta chocante, en sus propias preguntas se vislumbra la respuesta.
        ¿Y por qué ha de parar?¿Cual es ese motivo superior?¿Y por qué no para?

        En este momento no tengo explicación estructural razonable del “feminismo a full time”, no obstante la razón coyuntural (en este momento) es el dinero.
        Dinero/leyes que recauda el Estado Moderno Liberal (y Terapéutico), sin ningún tipo de control, como corresponde a este tipo de Estado aristocrático-burocrático. El cual, mantiene un conjunto legal incongruente con su supuesta doctrina (no discriminación por razón de sexo) simplemente porque el dinero fluye…

        Por otra parte, que la cosmogonía de un cura sea falsa (que lo es), no convierte al cura en falso; cuyo trato puede ser excelente. Simplemente es falso lo que dice,…, es decir no es acorde a la realidad.

        • No para, como no paran muchas otras cosas porque a la gente le han hecho un lavado de cerebro, llevan años en ello, vivimos en una sociedad bastante ignorante, que lo único que le ha preocupado durante muchos años fue tener dinero en el bolsillo se consiguiese como se consiguiese, para consumir y consumir y por supuesto una sociedad que jamás se paró a cuestionar que esas siglas que votaban lo único que estaban haciendo es destrozar con su política, la educación, el futuro de una sociedad civil que hoy por hoy son pocos los que se salvan de tener un pensamiento de masa lleno de consignas ideológicas que lo único que sirven es para comeduras de coco y rencillas sociales.

          No para porque el lavado de cerebro es inmenso y la gente no se cuestiona lo que es verdad y lo que es mentira. Devoran consignas.

  12. Como dije hace unos días, la imagen más precisa de esta postmodernidad, a la que ya le queda poco recorrido, es la de los zombies, la de la muerte andante. Claro que no todos los sujetos sufren el mismo nivel de gangrena. El día 8 pasado salieron a la calle muchos cerebros gangrenados en cuerpos amoratados. Tenían entre sus síntomas, a partes iguales, entumecimiento sensorial y agresividad contra el discrepante que camina solo y sano. De este modo está terminando esta postmodernidad que apesta a cadaverina y que quiere ser acompañada por el cadáver del general Franco. Así, en esta postmoderninadad que no cree en absoluto, no ya en la resurrección, sino en la sanación o en la dignidad de la muerte, ni cree tampoco en la restauración de lo que estúpidamente se ha deconstruido, se ha instalado el sinsentido para todos, la garantía de la catástrofe ineviatable como creencia obligatoria que se inculca por medio de películas y de series.
    La postmoderninad terminal que padecemos es ya un andrajoso y patético deambular. Pero se acabará más pronto que tarde, los zombies ya se dirigen por su propio pie al abismo oscuro y definitivo que anhelan desde hace tiempo. No les acompañemos. Veamos la procesión a cierta distancia.

    • “El día 8 pasado salieron a la calle muchos cerebros gangrenados en cuerpos amoratados. Tenían entre sus síntomas, a partes iguales, entumecimiento sensorial y agresividad contra el discrepante que camina solo y sano. De este modo está terminando esta postmodernidad que apesta a cadaverina y que quiere ser acompañada por el cadáver del general Franco…”
      Tan diáfana y certera, como aterradora, es la imagen que evoca, Catlo. Como bien apunta, aunque “los zombis se dirijan por su propio pie al abismo oscuro y definitivo, no les acompañemos. Veamos a la procesión a cierta distancia”.

    • Es imposible mantenerse a distancia si nunca lo has estado. Yo lo intento y me digo me voy a dedicar a lo que me gusta, pero nada.

  13. Señor Venegas, tiene razón. A nuestro alrededor existe un sentimiento de melancolía y desánimo difíciles de combatir. Cómo sociedad, nos hemos ablandado tanto que, cualquier dificultad, nos parece imposible de vencer.

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