Resumen

El populismo tiene un ingrediente clave: el antielitismo. Si una reacción no tiene este ingrediente, por más que parezca popular, no es populismo. Es otra cosa.

Es este factor, el antileitismo, lo que convierte al populismo en una reacción que desborda la división convencional izquierda-derecha. Eso es lo que le permite en ocasiones ganar a los partidos de un lado y otro del eje ideológico.

Pero cuidado, el antielitismo es bastante más complejo de lo que el término en sí puede inducir a pensar. Élite no es cualquiera que tenga una buena posición, económica y/o intelectual. El antielitismo apunta contra los sistemas de élites enclavadas.

El antielitismo, que anida en los populismos auténticos, es un mecanismo de reacción en sociedades que, formalmente democráticas, han experimentado una cierta regresión hacia un orden estamental, por un problema de élites enclavadas.

Estas élites, según la consistencia institucional (instituciones formales frente a instituciones informales) pueden haberse establecido mediante la transmisión directa de posiciones de padres a hijos (Noruega) o mediante un sistema de relaciones (España).

En España, a pesar de que ocasionalmente, ese factor antiélite puede haber existido, no ha permanecido en los supuestos populismos. En Podemos fue un sucedáneo. En la derecha directamente no existe.

Foto: Heng Films


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3 COMENTARIOS

  1. El término populismo es como el de la democracia cada quien tiene el suyo, para mí el populismo no es más que una herramienta para ser popular y alcanzar o retener el poder, inclusive se puede ser populista en la vida privada más aún si se tiene dinero.

    La democracia y más aún la socialdemocracia por lo tanto al menos para mí es un populismo de baja intensidad, vemos como en cada campaña los candidatos intentan convencer e inclusive comprar votos para ser populares y por lo tanto ser elegidos, de allí es que ha derivado la proliferación de derechos sociales y justamente esa falsa idea de que la política lo soluciona todo y que debe estar en todas partes.

    Por otro lado al parecer para el consenso está muy bien ser populista mientras se sea socialdemócrata pero una vez las ideas estén fuera del consenso, el populismo es un peligro más aún si trae la intención de desmantelar el tinglado. Así que ver a un socialdemócrata tildar inclusive a sus primos hermanos los podemitas de populistas me parece un gran acto de hipocresía, ya que el populismo es parte esencial del circo “democrático”.

  2. Su epígono de hoy sobre este intemporal asunto, merece una cita, con perdón, cual es el tratamiento que le otorgo el bardo de Stratford upon Avón, en su libro “Coriolano”, tras cuya lectura, quedan pocas dudas.
    No es otra cosa que el empoderamiento de los peores, a cambio de su vil sufragio, sin que les sea exigida ninguna virtud, ninguna contraprestación al bien común. Nada.
    Con el paso del tiempo, la degradación llega al limite de la paciencia, y del asco, porque Caio Marcio es ahora un tipo de la ralea de Sánchez.