Durante el rodaje de la película Salvar al soldado Ryan, los publicistas del estudio de cine publicaron una fotografía del protagonista, Tom Hanks, intercambiando opiniones con el director, Steven Spielberg, en el set de rodaje. En la imagen resultante, se mostraba a dos hombres con un fuerte contraste en su atuendo. Hanks aparecía vistiendo el uniforme de combate de los Rangers, mientras que Spielberg lucía una desenfadada camiseta y una gorra de béisbol.

A David Frum, aquella imagen le pareció una síntesis espléndida: los años noventa se reunían con los años cuarenta. De un solo vistazo, uno podía ir a delante y atrás en el tiempo, y saltar en un instante el medio siglo que separaba al hombre vestido de guerrero del hombre con el atuendo infantil. Este fuerte contraste llevaba implícita algunas preguntas: ¿a dónde se había ido uno y de dónde había venido el otro? ¿Cuándo, cómo y por qué?

Lo cierto es que en poco más de cuatro décadas, desde mediados del siglo XX a los albores del XXI, Estados Unidos y Europa habían cambiado radicalmente. Esta transformación, reflejo de un largo periodo de progreso y prosperidad, no sólo era externa, era también interior. Las personas trataban de dar sentido a su vida de una forma completamente diferente. Se había cambiado de una sociedad de individuos sacrificados, con un profundo sentido del deber, de la lealtad y el compromiso, a otra de seres egocéntricos y poco de fiar, para quienes esas sagradas convenciones se habían convertido en irritantes obstáculos.

Advertir sobre este cambio poco tenía que ver con la nostalgia y con esa afirmación recurrente de que cualquier tiempo pasado fue mejor

Para Frum, Paul Johnson, David Horowitz o Bruce Schulman, entre otros, advertir sobre este cambio poco tenía que ver con la nostalgia y con esa afirmación recurrente de que cualquier tiempo pasado fue mejor, que toda generación en trance de ser relegada expresa como reproche en la despedida.

Las nuevas generaciones no sólo vivían mejor que las anteriores, también vivían más tiempo. Su calidad y su esperanza de vida se habían visto incrementadas como jamás antes había sucedido a lo largo de la historia. El progreso tecnológico y científico había permitido al hombre pisar la Luna, convertir en simples contratiempos enfermedades que en el pasado tenían una alta tasa de mortalidad, comunicarse con la otra punta del mundo en tiempo real, recorrer enormes distancias a velocidad de vértigo, tener al alcance de la mano productos no sólo de primera necesidad, sino también lujos, caprichos y entretenimiento.

En cuanto alcanzaban la pubertad, los hijos solían ser más altos que sus padres, porque su cuidado y alimentación habían sido mucho mejores. Y accedían en masa a las universidades, en buena medida gracias al esfuerzo previsor de sus progenitores, pero también porque el progreso y la prosperidad habían democratizado el acceso al conocimiento.

En prácticamente todos los órdenes, el mundo occidental había dado un salto hacia delante sin parangón. Para todas las personas la existencia era mucho más gratificante, aún a pesar de las inevitables desigualdades. Sin embargo, algo no iba bien. El progreso había traído muchas cosas buenas, pero también se había cobrado un precio que pasó desapercibido. El espíritu sacrificado de las generaciones anteriores, acostumbradas a la lucha permanente por la supervivencia y la procreación, había cedido el paso a la búsqueda de la gratificación inmediata y la autosatisfacción.

Visto desde el interior de unas ciudades cada vez más confortables y seguras, el mundo ya no parecía un entorno hostil, parecía más bien un lujoso y cómodo supermercado donde todo estaba al alcance de la mano, tan cerca que se podía tocar con los dedos. Rápidamente se propagó la creencia de que la sociedad de la abundancia tenía una finalidad: de una forma u otra, de grado o por fuerza, debía satisfacer todos los deseos. Lo contrario era una inmoralidad, una injusticia e, incluso, un crimen. Y la búsqueda de la igualdad en todos los órdenes se convirtió en el nuevo Santo Grial.

La lucha por la supervivencia y la descendencia ya no daban sentido a la vida. En su lugar, lo que el hombre urbanita demandaba era bienestar y autoafirmación

La lucha por la supervivencia y la descendencia ya no daban sentido a la vida. En su lugar, lo que el hombre urbanita demandaba era bienestar y autoafirmación. Y exactamente eso es lo que los gobiernos prometían proporcionar elección tras elección, aún a pesar de que, más allá de unos hogares cada vez más confortables, el mundo no terminara de encajar con esa percepción.

Pero, precisamente, para lidiar con la otra desagradable dimensión estaba el Gran gobierno, que había ido creciendo al calor de tanta prosperidad. Esa era la misión de los cargos electos. Si acaso, la amenaza de la Guerra Fría permitía a estos mantener una cierta tensión existencial e informar de manera muy sucinta, sin agobiar a la población. Mientras el “gran supermercado” siguiera proporcionando bienestar a un ritmo creciente, la opinión pública daría por bien empleados el resto de los recursos y no haría demasiadas preguntas. Ese era el acuerdo tácito: una confianza ciega a cambio de más y más bienestar, de más y más autosatisfacción.

Pero este estado de gracia terminó con la Guerra de Vietnam. Un conflicto que comenzó en 1945, con la lucha contra el colonialismo francés, y terminó en 1975, con la conquista comunista de Saigón. Vietnam desencadenó una crisis de confianza de la que, no sólo Estados Unidos, sino Occidente jamás se recuperó. Curiosamente, se trataba de uno de esos asuntos de la Guerra fría que, tácitamente, el Gran gobierno debía solventar desde la trastienda política sin mayores sobresaltos. Pero no sucedió así.

El invento de la televisión y la ausencia de censura permitió que millones de personas contemplaran aquella guerra en directo, en toda su crudeza. Y muchos jóvenes descubrieron con estupor que, más allá de sus confortables hogares, la realidad podía ser pavorosa. Este sentimiento de pavor, claro está, fue alimentado por una prensa sensacionalista rendida a sus jóvenes promesas.

A los manifestantes no pareció importarles demasiado que otros jóvenes menos afortunados se sacrificaran por defender sus libertades. Muy al contrario, los tacharon de asesinos

Mientras la mayoría de los adultos asumían, aun a su pesar, el inevitable sacrificio, sus hijos tomaron las calles y protagonizaron protestas que, poco a poco, degeneraron en violencia y anarquía. A estos manifestantes, mayoritariamente universitarios, no pareció importarles demasiado que otros jóvenes menos afortunados se sacrificaran por defender sus libertades. Muy al contrario, los tacharon de asesinos. Argumentaban que Vietnam, además de ser un país insignificante, estaba demasiado lejos como para suponer una verdadera amenaza. Y concluyeron que la guerra obedecía a otros oscuros intereses, lo que explicaría por qué los presidentes mentían.

Pero no existían otros oscuros intereses, al menos no más allá de los consabidos cambalaches de la Guerra fría y, claro está, de los inevitables cálculos electorales de los sucesivos presidentes. Simplemente, Vietnam fue un desastre que la prensa elevó a la categoría de apocalipsis, lo que degeneró en una neurosis que se manifestó con virulencia en los jóvenes universitarios, pero no así en los adultos.

Estos últimos habían vivido la primera y segunda guerra mundial, además de la guerra de Corea (la guerra olvidada) y estaban curados de espantos. Pero, precisamente por ello, aprovecharon el posterior periodo de paz y prosperidad para trabajar duro, prosperar y mantener a sus vástagos a salvo de todos los padecimientos; es decir, criaron a sus hijos entre algodones. Por eso muchos jóvenes creían fervientemente en un mundo feliz, libre de guerras, amenazas y sacrificios. Porque ese era el único mundo que habían conocido gracias a la sobreprotección de sus progenitores.

Pese a su pretendida épica, aquella rebelión tuvo demasiado de pataleta infatil. De hecho, los policías más jóvenes que sofocaron las revueltas fueron los que se emplearon más a fondo, porque sentían hacia aquellos universitarios una rabia casi infinita. En su opinión, eran niños mimados sin motivo de queja. Justo lo contrario que ellos, que eran gente de origen humilde que realizaba un trabajo duro, peligroso y mal remunerado. Tampoco los trabajadores de la construcción y los estibadores veían con simpatía a esos defensores de la paz universal por razones idénticas. De hecho, llegaron a arremeter violentamente contra los manifestantes en diferentes ocasiones.

Pese a ser vulgares obreros, estibadores, policías o agricultores, muchos norteamericanos entendieron que el movimiento de “no a la guerra” había degenerado a su vez en una guerra cultural que amenazaba con arrasar las instituciones sobre las que se asentaba la “excepcionalidad americana”.

Pese a ser simples obreros, estibadores, policías o agricultores, muchos norteamericanos entendieron que el movimiento de “no a la guerra” había degenerado a su vez en una guerra cultural

No sólo en los Estados Unidos, sino también en las revueltas europeas de los 60, incluida la de mayo del 68 en Francia, sus promotores y protagonistas no fueron los trabajadores ni los jóvenes en general, sino los universitarios de clase media acomodada. Algo que molestaba sobremanera no sólo al común; también algunos intelectuales se situaron muy lejos del carácter afirmativo de la reivindicación juvenil. El modo a su parecer violento en que esos universitarios se dirigían a las instituciones, junto con el carácter burgués de sus reivindicaciones, les producía rechazo.

Es cierto que invocaban a la libertad de expresión y apuntaban a la destrucción de las instituciones, pero como advirtió Theodor Adorno, aquel movimiento ciertamente elitista pretendía desmantelar la tradición sin sustituirla por algo mejor, sin crear un círculo virtuoso de la cultura.

Todo esto no impidió, sin embargo, que, con el paso del tiempo, alrededor de los turbulentos años 60 se asentara una mitología desde la que se proyectaría en buena medida la mentalidad que hoy gobierna el mundo. La mentalidad de la autosatisfacción, los ideales etéreos, las identidades a medida y, sobre todo, el infantilismo travestido de erudición. Una mentalidad, en definitiva, egocéntrica, para la que tener hijos se vincula sin mayores problemas a la destrucción del planeta, como si la civilización occidental fuera una plaga y sus defensores ganado que, además, de emitir al medio ambiente toneladas de metano, como las vacas, provocara destrucción por doquier sin ofrecer contrapartida alguna.

Como expresó el profesor José Luis González Quirós, no es que la historia la escriban los vencedores, sino que los que aspiran a reescribirla quieren vencer. Y no cabe duda de que, frente a aquellos obreros de la construcción, estibadores, policías y jóvenes soldados convertidos en carne de cañón, los infatilizados universitarios que aspiraban a vencer llevaban las de ganar en el largo plazo. Los hillbillys de este mundo dan fe de ello.

No en vano, de las universidades salen los periodistas, los politólogos, analistas, expertos, jueces, abogados, empresarios, políticos, gobernantes e, incluso, directores de cine. Y son ellos quienes a la larga escriben la historia o, si es necesario, la reescriben. Incluso se colocan en un plano de superioridad, luciendo al lado de la vieja figura del héroe una desenfadada camiseta y una gorra de béisbol.

Imagen: fotograma de la película “Salvad al soldado Ryan”


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25 COMENTARIOS

  1. Ciertamente me dejó sorprendido como en una plataforma giratoria entraban sobre unos 100 cerdos y salían todos muertos por una pequeña puerta que conducía a una cinta transportadora.

    Como sabrán, ahora está prohibido que el animal sufra, pues parece ser ello cambiará su destino, su realidad. Resulta realmente chocante, justamente porque los animales que han sufrido una muerte tradicional (“cruel”, la matanza) suelen llevar una buena vida, pues se tratan con cariño aparte del interés obvio y necesario.

    Esa parte primera, incluye la parte de la vida, del rito, se sustituye por la eficiencia, el servicio al Estado, el capitalismo (militar-productivismo con soporte estatal), o para aquellos menos dados a los eufemismos: El servicio al dinero (promesas de pago bajo soporte estatal). Por lo cual las relaciones personales pasan a ser mayoritariamente militares (contractuales remuneradas), más claramente: todos somos mercenarios.
    Ello hace centrípeta toda moral hacia el Estado (el crupier que posee, y vive, del mercado). Que no está separado de la Iglesia, sino que él mismo es la Iglesia…

    Ese “rito”, acción, reunión social, ahora es prohibido por cruel (el cerdo sufre),…., y, se ha sustituido por la eficacia del técnico, la técnica salvadora, la técnica Dios, pulsión por el dinero (servicio al Estado). Con ello se deben matar los cerdos a tiros, con balas de fogueo (no es una metáfora).

    Parece indicar el articulista, esa muerte de los cerdos marca lo adulto, rito del sacrificio (hecho sagrado). Para el, parece ser, la guerra y la crianza son lo que marca la “edad adulta”.

    Si bien, sabemos que tanto Vietnam como, por ejemplo, la guerra de Cuba fueron forzadas por un auto-golpe de EE.UU. La imagen de unos cerdos (de buena vida) los cuales van al matadero emerge en la cabeza, todo ello difuminado por la bondad que se le adjudica al campeón, al fuerte, al jefe, al ganador, al Estado. La pluralidad de la nación que como Espíritu Santo conciliar emerge en el gobierno.

    Debido a ello, las bombas imperiales aunque maten niños, mujeres, hombres y niños tienen poco eco en los medios.

    Lo adulto como en las tribus más primitivas es hacer sagrado, sacralizar, …
    Sacralizado el rito y mezclado con el jacobinismo de nación (y representación) sale un bonito popurrí donde las personas mueren y sangran como el cerdo, por el interés y en beneficio de otros.

    No cabe pues pregunta, ¿es el sistema de convivencia (“el sistema”) el problema?
    Dado como sabrán esta palabra no existe en el imperio, dado convivir carece de traducción en inglés. Lo más aproximado es coexistir, como coexisten la ovejas y las vacas, ambos animales domésticos, pacíficos y,…, de matadero.

    • Madre mía, ni se te ocurra soltar este discurso si te invitan a una matanza. No llegas a las morcillas… Estoy contigo en que la industrialización de la ganadería es un horror; pero al menos tiene una cosa buena, y es la forma legal de sacrificar a los animales. El sufrimiento del animal está prohibido, pero además es inconveniente. Un directivo de El Pozo, cadena que sacrifica más de diez mil cerdos AL DÍA en su factoria murciana, me contó ya hace 20 años que el sacrificio con estrés o sufrimiento no lo practicaban porque afecta a la calidad de la propia carne; por no hablar del trauma para los propios empleados. Lo que se hace es: Tenerlos 24 horas en una sala para relajarlos, y luego se les duerme antes de la electrocución. El requerimiento del sacrificio sin dolor es producto de la propia industrialización y producción masiva. Debería extenderse a los sacrificios familiares, porque no hay excusa para que un matarife profesional no tenga medios de sacrificio no traumático. Y sobre todo a los animales sacrificados a Alá, que son cada vez más a nuestro país y mantienen el degüello y el desangrado en vivo, con el animal consciente; las turistas escandinavas horriblemente asesinadas en Marruecos fueron muertas de forma parecida a como he visto matar los corderos según el rito del desierto. No debería sacrificarse ni un sólo animal en España con dolor o estrés. La matanza ética es un sacrificio a una divinidad mucho más compasiva y justa.

  2. Sí, es penoso reconocerlo: yo solía suicidarme cada dos fines de semana, porque a veces me sentía mal, al mirarme al espejo con barba de dos semanas y me decía a mí mismo:

    -Vaya, otra vez parezco un hombre y, lo que es peor, no puedo disimular este maldito acento español, ni siquiera me tomarían por burgués criollo liberal, como a Vargas Llosa, si seseara correcta y elegantemente.

    Y entonces, pues claro, cómo no, me daban ganas de suicidarme.

    Realmente empezaba a estar muy acomplejado con los anuncios de cremas hidratantes, compresas extrafinas y superadherentes y lencería de lujo… y no me quedaba más remedio que pensar en lo poco que se me tenía en cuenta en esta sociedad.

    Y cada dos semanas, cuando la barba ya me había crecido y parecía un buen zagalejo de villorrio, no podía salir a la calle y me sentía muy humillado cuando la gente me reconocía y me saludaba.

    Y uno no tiene más remedio que suicidarse cuando su autoestima sufre tanto… y la cosa no mejoraba tampoco cuando, por motivos profesionales, en la oficina de la editorial me veía obligado a leer los manuscritos de las jóvenes escritoras españolas…

    Aunque existe todavía otra opción menos trágica: puse mi confianza liberadora en un nuevo partido político, porque, sin duda, esta vez ya sí, de verdad que sí, la cosa se va a solucionar, yo podré dejarme por fin la barba… y los fines de semana podré dedicarlos a acompañar a mi mujer a comprar cremas hidratantes, compresas finas y lencería de lujo.

    • Espere un poco a suicidarse. Aún hay un poquito de esperanza!!!

      Aunque cuidado con los partidos políticos, la mayoría nos salen ‘rana’.

    • Por eso España no tiene nigún futuro la mayoría se toma todo a chiste mientras viven ese espejismo del bienenstar social que no les durará ni dos telediarios debido al tinglado clientelar que hay montado, sigan con las risas que aquel que rie de último reirá mejor y francamente tus relatos son muy entretenidos pero la verdad es que no aportan absolutamente nada, más bien demuestan el nivel de infantilismo social que padecemos.

      • En cierto modo, da en la diana. Yo no aporto “absolutamente nada”. No es ésa mi intención. Lo que reflejo es la nada del discurso público hoy dominante, sus temáticas, sus categorías, a las que hay que devolverles su propia inanidad, arrojándosela en la cara con el gesto de la frivolidad, la ligereza y la risa. Es una actitud satírica que deja leer entre líneas muchas otras cosas.
        La realidad, más exactamente, el “principio de realidad”, es siempre una imposición violenta de la clase dominante. Es real lo que ella considera “real” en cada caso y en cada momento de la Historia “civilizada”: el “individuo”, la “sociedad”, el “Estado”, la “política”, las “ideas”, el “Hombre”, “la democracia”, “la economía”, la “ciencia”… y lo peor de todo “los valores morales”.
        En fin, todas las cuestiones “serias” son apenas un mero ritual inhibitorio de la angustia ante el apenas entrevisto destino individual: la muerte. “Tomarse en serio” estas cuestiones “serias” del orden civilizatorio actual es una forma secularizada de “religión”: una fe y una consolación que pretenden hacernos creer que el “Hombre” es redimible por “Dios” o, lo que es todavía más estúpido, por su propia racionalidad.
        Sin duda, hay una “crisis de civilización” (y la categoría del “infantilismo cultural” es ella misma producto de un análisis infantil), pero cualquier hombre culto, sensible y conocedor de sí mismo sabe que el Destino ya lo ha atrapado antes de toda decisión y antes de toda elección.
        Los dioses homéricos simbolizan con su risa olímpica aquello que merece recibir en homenaje toda realidad histórica. Y “España”, más que ninguna otra realidad, a causa del grotesco sistema institucional que la degrada, es mucho más merecedora de la risa que cualquier otra realidad.

  3. El día que esos hillbillys de occidente dejen de producir para los demás y produzcan solo para ellos haciendo uso de ese egocentrismo que promueven los urbanitas desde las ciudades, literalmente el mundo “civilizado” y progresista va a tener que comer mierda.A la vista está como en estos parasitarios Estados clientelares del bienestar muchos creen que ese mundo de supermercados llenos de productos baratos, comprados además con subsidios o al menos con un salario precario de camarero les va a durar toda la vida, pero la historia nos muestra que una sociedad parasitaria no puede tener bienestar por mucho que crea que el Estado es Dios.

  4. El infantilismo, el buenísmo, son las posverdades de las sociedades inmersas en el mas desaforado y letal nihilismo que recuerdan los tiempos.
    El pensamiento débil y sus consecuencias deletéreas.
    Las democracias han empoderado a sus peores criaturas instalándolas en la ficción del paraíso de los derechos, sin nada a cambio.
    Toda la creación intelectual y científica y el total de su epistomológia es mercadotecnia mentirosa sin falsación con la realidad.

    La vuelta a los valores probados del merito y el esfuerzo y las cosas bien hechas es la nueva frontera o el caos.

  5. Cómo dice Enrisav, con quién no puedo estar más de acuerdo, España tiene hoy dos problemas gravísimos: el demográfico y el educativo. Soy enormemente pesimista con lo que veo a mi alrededor.

    A España, como comunidad nacional, sustentada sobre una base étnica y cultural común le quedan no más de cuatro décadas, a no ser que se produzca un acontecimiento de proporciones cósmicas que provoque un cambio radical: un país de viejos que verán como todo su mundo se derrumba ante ellos sin que puedan hacer nada y atemorizados por jóvenes de otras culturas, a los que la herencia española no les dirá nada (eso ya le pasa a nuestra juventud, totalmente globalizada culturalmente) y que sólo verán aquí un nuevo territorio a ocupar, por mucho español que hablen.

    Somos una comunidad en declive, que está viviendo sus últimos días de plenitud, pero los síntomas de decadencia don evidentes y se agravan día a día. Los culpables: nosotros mismos y una clase dirigente absolutamente estúpida y rapaz, que solo mira por sus intereses como grupo endogámico que es.

    Nosotros porque nos hemos dejado llevar por la propaganda del hiperconsumo, del despilfarro, de la comodidad, de no exigir a los hijos, de convertirlos en auténticos niños sobreprotegidos. Sólo hay que ver el tratamiento que ha dado la prensa al tema del niño Julen caído en un pozo en Málaga: vendían un milagro y la sociedad española (absolutamente infantilizada) lo ha seguido sin que se oyera un solo atisbo de crítica. Ha sido de vergüenza ajena y como en otras muchas cosas que hace que toleremos lo intolerable.

    Nuestra clase dirigente es una verdadera mafia, desde la casa real hasta los partidos políticos y las ONGs que piensan que los españoles somos imbéciles. No hay ni uno solo que diga claro lo que se nos viene encima de aquí a poco más de una década, porque este pueblo no le votaría ni por equivocación, no solo la crisis económica, que ya asoma la patita, sino nuestro irreversible cambio social, hacia un país muy diferente, para peor, de lo que hemos conocido, que tampoco era una maravilla. Cuando las cosas se pongan feas, se largarán a otra parte a pasarlo bien y nos dejarán aquí a los demás con el marrón.

    Como decía Alfonso Guerra, a España no la va a conocer ni la madre que la parió, además para los que van a hacer suyo el país, esa madre les importa un carajo.

    • El único problema de España se llama Estado del Bienestar los demás problemas son consecuencia del mismo, mientras la sociedad no acepte y sobre todo no comprenda que estamos ante un Estado fallido que ha prometido el cielo y acabará trayendo finalmente el infierno, pues la decadencia será imparable.

      Por lo tanto el problema demográfico y educativo no hubiese sido problema en una sociedad de personas responsables, ahorradores e inversores, pero lo que nos mola en estas sociedades del bienestar es eso de vivir del cuento y que el bienestar nos lo paguen los demás, así que ahora tocar pagar las consecuencias de tal sinvergüenza, irresponsabilidad y oportunismo.

      • Pienso que el Estado del Bienestar en sí mismo no es el problema, sino el Estado del Bienestar sin responsabilidad ni ética. Hay que dejar muy claro que todos los servicios y las pensiones tienen un coste (a veces elevado), pero la clase dirigente ha vendido la mentira del gasto infinito. El gratis total no existe. No se puede ir regando de pasta a miles de ONGs, asociaciones, ayuda al desarrollo, observatorios, comisiones de dudosa utilidad y que solo son prolongaciones de la oligarquía partitocrática. Por no hablar de nuestro mastodonte político-administrativo y hiperinflación de cargos públicos de representación con buenos sueldos y dedicación un tanto abstracta. No hay arroz para tanto pollo. Por otra parte, pedir responsabilidad individual en el país de la picaresca es un imposible, el culpable siempre es colectivo (la sociedad, los políticos, la banca, la escuela, los taxistas, los fachas, los rojeras, etc), por lo cual aquí la máxima es “tonto el último”. Una sociedad infantil, lo que le conviene a los que de verdad mandan.

  6. Un ejemplo de cómo se abunda en la decadencia suicida está precisamente hoy en el periódico antiespañol de Pedro J. Es una entrevista a una tal Clara Serra. En ella se va desgranando todo un proyecto de alienación totalitario en el que sólo el que manda decide qué es la libertad. Para ello es necesario inventar y repetir hasta la náusea que hay algo así como una “libertad sexual”.

  7. Por casualidad, ayer mientras cenaba estaba escuchando en BBC 4-radio una mesa redonda sobre Newt Gingrich y su importancia en la política USA.

    Sobre este antiguo congresista, solo sabía que se había presentado a las primarias en las elecciones presidenciales de 2012 sin éxito.

    Su paso por la política aporta algo importante, la creación de los cimientos de la ‘nueva derecha’ USA.

    Gingrich es miembro del partido republicano, congresista desde 1979 hasta 1999 por Georgia. En 1995 fué elegido Speaker del Congreso (Presidente del Congreso) que es lo que él siempre quiso ser. Para eso tuvo que conseguir que el partido republicano ganara la mayoría del Congreso, cosa que no había sucedido en los 40 años anteriores.

    El Congreso USA tiene la potestad de hacer leyes, y controlar el presupuesto.

    Aquí es donde mi comentario enlaza con el de Javier, qué había pasado durante los 40 años anteriores? Muy sencillo, el partido demócrata había tenido la mayoría del Congreso y había impuesto su agenda. Ronal Reagan había sido presidente republicano con un Congreso demócrata que le restó capacidad de maniobra.

    Es quizás durante el periodo de Reagan cuando los republicanos se dan cuenta que necesitan hacerse con el Congreso y revertir el proceso destructivo en el que los 40 años de control demócrata han sumido a USA. En esos años han pasado muchas cosas, unas las que cuenta Javier, y otras las que afectan a valores y principios del ciudadano americano.

    Gingrich puso en marcha la maquinaria que permitió a los republicanos recuperar el Congreso. Según él, los demócratas habían tenido éxito durante 40 años porque dominaban el lenguaje. Así se podía entender que el pais avanzara por el camino de la perdición a la que conducían las políticas demócratas sin que la gente lo detectara y se revelara. El lenguaje anestesiaba a los ciudadanos, les llevaba a conclusiones falsas o al menos les producía confusión.

    Gingrich propone construir un relato utilizando un lenguaje que tenga la capacidad de enfrentarse y ganar al de los demócratas. Con esta técnica se hacen los republicanos con el Congreso después de 40 años, y ponen los cimientos de lo que después han sido Banon-Trump. Aunque Trump parece más un hijo ‘populista’ que legítimo de Gingrich.

    Sobre el relato que construye Gingrich, tenemos un perfecto resumen en su ‘Contract with America’ de 1994 y del que les dejo un enlace:

    https://www.u-s-history.com/pages/h2052.html

    Sobre el lenguaje que Gingrich recomienda, tenemos un resumen en el siguiente enlace:

    http://www.informationclearinghouse.info/article4443.htm

    Después de oir el programa radio en BBC4, y leer ‘el relato’ y la propuesta de lenguaje de Gingrich lo que me llama extraordinariamente la atención es que esa misma técnica es la que utiliza nuestra izquierda-progre, mientras que lo que no es izquierda-progre ni se entera.

    Los relatos que la izquierda-progre construye alrededor de Franco, la inmigración, el odioso patriarcado o la federalización son más falsos que un euro de madera, pero ahí están. Nuestra izquierda-progre se hace al monte de la política con media docena de eslóganes y la reiteración del lenguaje, técnica que pretende copiar Gingrich para la derecha.

    He escrito esto pensando en VOX. Sres de VOX necesitamos que creen un relato capaz de enfrentarse a los relatos falsos de la izquierda-progre. Ya saben la técnica, copien a Gingrich. Pero, por favor, utilícen esa técnica para el bien de todos los españoles, creen un relato transversal que llegue a todos, y que efectivamente haga frente a nuestros problemas con probabilidad de éxito…

    Si VOX no fuera esa partido, la necesidad de un partido que haga frente a los relatos y al lenguaje de la izquierda-progre es vital para la supervivencia de España. Supervivencia amenazada por una gran parte de los partidos con representación parlamentaría. Cosa totalmente incomprensible, si no fuera por que la manipulación del relato y el lenguaje de la izquierda-progre no encuentra oposición real.

    Y digo VOX porque parece ser el único partido que aunque incipiente, podría tener capacidad de enfrentarse a las mentiras de la izquierda-progre. Algo que necesitamos urgentemente si queremos evitar seguir avanzado por el camino de la perdición que el PSOE y la izquierda-extrema nos lleva. Ni Ciudadanos ni el PP han demostrado capacidad de conjurar ese peligro. Ciudadanos está más por aliarse con el PSOE, y PP hundido en sus complejos franquistas no les hace frente.

      • Banon está en la órbita de Ginrich, y aplica sus técnicas con éxito.

        Pero no debemos olvidar que Banon es americano y que los relatos y las soluciones que propone son muy específicas de USA.

        España tiene problemas muy diferentes a USA, por lo que las soluciones deben ser diferentes.

        Creo que VOX debe utilizar las técnicas que propone Gingrich y que utiliza sistemáticamente la izquierda-progre. Pero los relatos y las soluciones no pueden ser los de USA, deben ser específicos para nosotros.

        VOX no le conviene alinearse ciegamente con Banon u otras derechas extranjeras. Ello dará pie para que la izquierda-progre trate de extrema-derecha a VOX, y la gente vea que hay motivos.

        Necesitamos que todo lo que no es izquierda-progre sea consciente del problema ‘existencial’ que nacionalismos e izquierda-progre (entre las que está desgraciadamente el PSOE) han creado. Y esa no-izquierda articule un relato que desenmascaré el de la izquierda, y proponga soluciones a nuestros problemas.

        La izquierda-progre ha convertido todo en una lucha por el poder, olvidandose de España y los españoles. El resultado es que España está en peligro y puede desaparecer.

        Los españoles tenemos hoy una necesidad urgente: Salvar España. Una vez salvada, que cada uno se alinee con quien crea más de acuerdo con sus intereses y creencias.

        Banon, Le Pen, Farage juegan en otra liga….

  8. Desde el otoño de 2014 sigo la política española, poseído por el morboso placer estético de experimentar por anticipado una tragedia futura.

    Observo con deleite incomunicable la producción mediática de esta atroz mentira y la cobertura “intelectual” de las ideologías que buscan hacerse un lugar bajo el sol en el chusco papel de fuerzas vivas para la relegitimación del Régimen del 78 por su ala derecha, habida cuenta del agotamiento de las temáticas “izquierdistas” con que se encubre la dominación de la clase burocrática de este desfalleciente Estado de Partidos español. Alfonso Guerra ya se apunta a la defensa del “Orden Constitucional”: el personaje de Pirandello en busca de autor. Más vale esta veleidad que ir dando tumbos por el mundo en avión oficial cobrando comisiones…

    Por supuesto, el tema de la “guerra cultural” que patrocina Benegas ofrece más consistencia estratégica que el ilusorio revisionismo histórico de un Pío Moa, el brutal discurso anti-inmigración de un Enrique de Diego, la exhausta rentabilización de los tópicos del liberalismo tardío de la Escuela Austriaca, la crítica anti-negrolegendaria de los discípulos de Gustavo Bueno, pero es bastante trasparente en lo que se refiere al horizonte que dibujan todas estas tendencias.

    Ciertamente, la derecha española necesita un “nuevo relato” si quiere hacerse con el poder institucional, rompiendo amarras con el “consenso” ideológico que hasta ahora mismo la había hecho partícipe del sistema de cuotas de poder de las facciones oligárquicas, tanto las de partido como las patrimoniales.

    Ahora bien, el “crack” en la cúspide de la pirámide del “juancarlismo” como método de ocultación de la naturaleza del Régimen, la precipitada aventura de la facción catalanista de la gran burguesía, que pone de relieve todo el entramado grosero de las relaciones de poder auténticas, siempre ocultadas a la opinión (el relato “identitario españolista” va a cumplir ahora esa función de salvar las apariencias, como refuerzo del “Orden Constitucional”); el agotamiento de las reservas presupuestarias para la expolio de las burocracias autonómicas; el hecho mismo de que cada vez hay más comensales sentados a la mesa que no se satisfacen sólo con migajas, junto a la pérdida de la libertad relativa de movimientos de estas burocracias políticas, al ligar su destino a los dictados tácitos del eje Berlín-Bruselas-París, en fin, todos estos factores y muchos otros de parecida índole, inciden en esta renovación forzada del discurso derechista desde diferentes frentes de ataque.

    De todos modos, se percibe ya de cerca, ya de lejos, ese aroma a cosas desempolvadas, esos recién estrenados guardamuebles, esa extrañeza hacia todo lo que retorna debilitado con un aire senil, como maquillaje que envuelve las facciones arrugadas de una anciana que nunca fue ni siquiera de joven agraciada…

    Almodóvar, Venezuela, Blas de Lezo, vaya semanita, y eso que Villarejo todavía no ha hablado del conocido “affaire” de la princesita putativa: primero disparamos la flecha, luego pintamos la diana, reactividad de una conciencia enajenada que sólo puede producir síntomas de huida ante cada afrontamiento de la realidad indeseable, aparato mental inhibitorio para una desilusión consigo mismo nunca confesada.

    Y no me digan que no fue divertido el intercambio epistolar entre Julio Ariza y José María Lasalle (el intelectual orgánico del PP, habermasiano “patriota constitucional” y lector alevoso de Rawls, ¡el ex-esposo de la niña Ricitos Meritxell, la negociadora infrasorayesca!…) a cuenta de la “Revolución Conservadora”, aquí en esta España, en la que lo único revolucionario sería el mero hecho de que Belén Esteban articulase una oración subordinada con verbo en subjuntivo… y Pierre Mannequin confesase por fin su disfunción eréctil.

    «De donde las cosas tienen su origen, hacia allí deben sucumbir también, según la necesidad; pues tienen que expiar y ser juzgadas por su injusticia, de acuerdo con el orden del tiempo» (Anaximandro).

    Por eso, quizás, esta España se parece tanto a sí misma y a la vez no: lo que retorna es el tiempo detenido, pero con otro aire de época.

    https://www.lavanguardia.com/opinion/20190119/454199430391/vox-o-la-brutalidad-politica.html

    https://gaceta.es/opinion/propisito-vox-respuesta-julio-ariza-jose-maria-lasalle-20190121-0820/

  9. Los móviles te la juegan…………ni de su final. Nadie ha dado la batalla sobre la verdadera historia, como está ocurriendo con la Guerra Civil Española.

    Simplemente con explicar la “Teoría del Domino” se aclararian muchas cosas. y

    Pero el relato ya está hecho y ganado por muchos periodistas, intelectuales y políticos, que no quieren reconocer que fueron manipulados por la URSS y sus satélites .

    La guerra de Vietnam acabó cuando chinos y soviéticos se estaban tiroteado en la frontera de río Amur. LA “Teoría del Dominó ” había sido derrotada.

    Saludos disidentes.

    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Es que no va a ser posible enviar esta continuación.!!!!!!!!

  10. Los móviles te la juegan…………ni de su final. Nadie ha dado la batalla sobre la verdadera historia, como está ocurriendo con la Guerra Civil Española.

    Simplemente con explicar la “Teoría del Domino” se aclararian muchas cosas.

    Pero el relato ya está hecho y ganado por muchos periodistas, intelectuales y políticos, que no quieren reconocer que fueron manipulados por la URSS y sus satélites .

    La guerra de Vietnam acabó cuando chinos y soviéticos se estaban tiroteado en la frontera de río Amur. LA “Teoría del Dominó ” había sido derrotada.

    Saludos disidentes.

  11. De la Guerra de Vietnam no se ha contado ni escrito una mínima parte de su origen, motivo y fi

  12. Y en España, la infantilización de la juventud alcanza cotas inimaginables y eso por dos graves problemas que afectan negativamente a la sociedad española de hoy: la demografía y la educación. España es el país con menor natalidad del mundo desarrollado (1,3 hijos por mujer, primer hijo a los 32 años). Habría que hacer políticas de natalidad, proteger a la familia, aliviar la irracional presión fiscal dándoles a las parejas las condiciones económicas para poder tener por lo menos dos hijos. Formar familia y tener hijos resulta un imperativo si no queremos que España se convierta en una sociedad de viejos asustados con los inmigrantes inundando sus barrios y okupando sus pisos. Y lo alarmante es que se ha destruido la familia tradicional con las ideologías del feminismo, eliminando vínculos afectivos y criminalizando al hombre por violencia de género sin necesidad de pruebas. Hoy día la mayoría de los hombres evita formar una familia por temor a que cualquier denuncia arbitraria y abusiva les pueda arruinar la vida.

    Pero antes habría que solucionar el otro problema existente aguas arriba: la enseñanza. ¿Para qué necesitamos más población con el sistema educativo que tenemos? ¿Con un paro juvenil del 42% y queremos más jóvenes en paro? Nuestros chavales llevan, de media, dos cursos académicos de retraso respecto a los de Singapur. Un estudiante universitario español está al mismo nivel que un bachiller holandés. El abandono escolar (España es el segundo país con mayor abandono escolar de la UE) y la degradación de la enseñanza no nos permiten competir en igualdad de condiciones con otros países. A tal punto llegó este desastre que en algunas regiones de España hasta es imposible estudiar en la lengua de la nación.

    Los inmigrantes sin cualificación que recibimos son una solución para la natalidad, pero no para la economía. ¿Qué preferimos, cantidad o calidad? Mejorar los índices demográficos con un recambio de etnia y cultura distintas a las nuestras manteniendo la falta de excelencia y competitividad en las aulas solo dará origen a más bocas que alimentar con menos recursos para hacerlo. Si no fuera así, los países con la mayor tasa de fecundidad serían necesariamente los más ricos del mundo.

    Señala Francesc Solé, vicepresidente de la Fundación Conocimiento y Desarrollo: «Estamos en un momento histórico desde el punto de vista del conocimiento, porque la revolución digital va a cambiar los modelos de enseñanza, las competencias y las profesiones. Es imposible que la educación siga siendo como hasta ahora. Las universidades se dan cuenta de que no pueden hacer lo que tienen que hacer, con plantillas envejecidas y laboratorios con instalaciones que no se renuevan desde hace años. O gestionamos esto o nos quedamos atrás». Más claro, agua.

    ¿Pero alguien se cree que la vocera prodigiosa Isabel Celaá y el astronauta Pedro Duque van a querer o ser capaces de acometer el necesario cambio profundo que lleve a la modernización del sistema de enseñanza? La élite de Silicon Valley lleva a los hijos a escuelas donde teléfonos móviles y calculadoras están prohibidos, todo es con pizarra negra, tiza, los libros de papel de toda la vida, escribir a mano, memorizar la tabla de multiplicar, etc., pero eso sí, laboratorios equipados con la última tecnología. Nosotros, seguimos mariposeando de la LOECE a la LODE a la LOGSE a la LOCE a la LOE a la LOMCE y ahora por fin, a decretar «un sistema democrático y plural» con el que Celaá quiere modificar los puntos que, a su juicio, son «lesivos» para la educación [vd. Jesús Rul: «La ley de educación Sánchez-Celaá: más socialista que educativa» en Vozpópuli, 27/12/2018]. Una «ética de Estado» cargada de ideología en la enseñanza, la «Educación Para La Ciudadanía» huérfana de instrumentos de aprendizaje, la «coeducación de género» imponiendo el feminifanatismo y promocionando la lucha de sexos en las aulas. Estamos engendrando una generación híperprotegida, infantilizada, inadaptada, carente de las armas necesarias en la lucha por la vida e incapaz de competir en el perro mundo que le tocará vivir. Una inexplicable deriva autodestructiva que, de seguir así, llevará a la extinción de nuestra identidad cultural y comprometerá nuestra independencia como nación libre y soberana.

  13. Excelente repaso nos ofrece el señor Benegas para repensar la historia reciente de nuestra civilización suicida. Bien harían las universidades en dedicar tiempo y esfuerzo estudiar estos procesos de la decadencia en lugar de extender basura ideológica.
    Como el debate merece la pena me permito señalar solamente que las dinámicas de infantilización son fenómenos urbanos ligados a los sucesivos impactos que los modos de industrialización vienen ejerciendo en la vida de la gente. Y es a lo largo del siglo XIX cuando en las ciudades más avanzadas van emergiendo movimientos de tipo estético y lúdico que estallarán en foma de vanguardias artísticas a principios del XX. Esas vanguardias proporcionan una base discursiva que se ha ido haciendo hegemónica y que encumbra lo infantil.
    Otro detalle para la reflexión: el antimilitarismo de la juventud alemana tras la Primera Guerra Mundial fue el caldo de cultivo sobre el que prosperó el nazismo más militante.

  14. Excelente repaso nos ofrece el señor Benegas para repensar la historia reciente de nuestra civilización suicida. Bien harían las universidades en dedicar tiempo y esfuerzo estudiar estos procesos de la decadencia en lugar de extender basura ideológica.
    Como el debate merece la pena mepermito señalar solamente

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