La frase más mentirosa de la historia dice así: “Esta vez es distinto”. No me refiero al novio que vuelve a prometer que no engañará a su amada, sino a los anuncios del fin del mundo. La escatología ha pasado de alimentar la febril imaginación de los teólogos, a formar parte del apero de mensajes amenazadores lanzados desde el poder. Y hoy hablamos de “emergencia climática”. El “cambio” ha quedado atrás, porque como lema no tiene fuerza, de modo que optan por hablarnos de “emergencia”, una emergencia que no tiene fin, como si viviésemos saliendo permanentemente de un edificio en llamas.

El ecologismo actual es escatológico, pero en el sentido terrenal de la palabra. ¡Como podría ser de otro modo! Porque el centro de su religión no es el Dios supremo, una de las mayores creaciones (o de los hallazgos, que ahí no me meto) de la mente humana, sino Gaya, esta bola imperfecta que gira sobre sí misma y en torno al Sol, y a la que el atávico antropomorfismo ecologista le otorga voluntad, capacidad de acción, y, dicho sea de paso, muy mala leche. Y así llegamos a que el supremo sacerdote de la ONU, Antonio Guterres, dice que Gaya “está enfadada y te devuelve el golpe”.

Ya sea por una Gaya vengativa, o por nuestra acción irracional, nos abocamos al desastre. Una sociedad abierta y libre, que hace lo que le da la gana sin seguir las indicaciones del poder, es un mal que hay que nos conduce al desastre. Pero claro, la reprimenda de esta desvergüenza nuestra de querer vivir libremente tiene que articularse de forma efectiva. Y uno de los modos que hacerlo es indicarnos que si no nos reconvenimos, nuestro fin está cerca.

El famoso “The Limits of Growth” (1972), de los caraduras del Club de Roma, es un despropósito. Dijo que el mundo se quedaría sin oro en 1981, sin mercurio en 1985, sin aluminio en 1987, sin zinc en 1990, sin petróleo en 1992 y sin cobre, plomo y gas natural en 1993

Contamos con la suficiente perspectiva histórica como para recoger multitud de ejemplos de previsiones catastrofistas, dichas en contra de la ciencia pero en nombre de ella, y que sencillamente, no se han cumplido. Uno de los que más me gusta es el ejemplo del genial economista William Stanley Jevons. En 1866 publicó un libro titulado The Coal Question en el que relacionaba las existencias de carbón con su acelerado ritmo de consumo en la Inglaterra de la “revolución industrial”, y veía que se cernía un abismo energético. Hoy las existencias de carbón se cuentan en centenares de años de consumo futuro. También preveía que se esquilmarían los bosques y que el papel escasearía hasta desaparecer. Y compró tal cantidad de papel que sus nietos seguían utilizando las toneladas de papel del abuelo.

El US Geological Survey lleva prediciendo el agotamiento inmediato del petróleo desde 1920. El Informe Paley (1952) dijo que en 20 años los Estados Unidos apenas podría producir plomo o cobre, pero la producción real más que dobló las previsiones. El famoso The Limits of Growth (1972), de los caraduras del Club de Roma, es un despropósito. Dijo que el mundo se quedaría sin oro en 1981, sin mercurio en 1985, sin aluminio en 1987, sin zinc en 1990, sin petróleo en 1992 y sin cobre, plomo y gas natural en 1993. Aunque nada supera al catastrofismo del entomólogo Paul Ehrlich. En 1969 dijo que la esperanza de vida en los Estados Unidos se rebajaría en 1990 a los 42 años.

El Competitive Enterprise Institute ha recabado varios ejemplos de esta escatología ecologista, en la que no puede faltar el inefable Ehrlich. “La dificultad con casi todos los problemas ecológicos”, decía en 1969, “es que para cuando se acumula suficiente evidencia para convencer a la gente, ya está muerta”. Y es lo que ocurrirá, sin duda, pues en 20 años “todos desapareceremos en una nube de gas azul”.

En 1970 se empieza a perfilar la gran catástrofe climática: “La polución ocultará el sol y causará una nueva era glacial en el primer tercio del próximo siglo”, decía The Boston Globe. Brown University le envía un informe al presidente Nixon en 1972, advirtiéndole de que “la principal conclusión de la reunión fue que el deterioro global del clima, de un orden de magnitud mayor de lo que jamás haya experimentado la humanidad, es una posibilidad real y, de hecho, comenzará pronto”. Un enfriamiento, dice The Guardian en 1974, que ya se observa gracias a los satélites. En ese año un reportaje de Time titulaba “¿Una nueva era glacial?”. The Guardian, ese antiguo periódico hoy irreconocible, advertía en 2004: “Ahora el Pentágono le dice a Bush: el cambio climático nos destruirá”. Un cambio con estas características: “Gran Bretaña caerá a un clima siberiano en 2020. Habrá conflictos nucleares, mega sequías y hambrunas en todo el mundo”. Hasta que Hensen, desde la NASA, le da la vuelta y dice que lo que hay es calentamiento: “Científico de la NASA: nos tostamos”, titula un periódico en 2008.

Le siguieron otros temas de los que también se ha dejado de hablar. “Grave peligro para la vida”, titulaba la agencia UPI antes de explicar que los aerosoles habían creado un agujero en la capa de ozono. Año 1974. En 1980 la catástrofe climática tenía el nombre de “lluvia ácida”.

Al Gore, una versión espigada de Ehrlich, dijo en 2008: “En cinco años se habrá fundido el polo norte”. El Príncipe Carlos, que para eso espera convertirse en cabeza de una iglesia, aunque sea tan peculiar como la anglicana, también quiere su aportación escatológica: “Tenemos 96 meses para salvar el mundo”, dijo en julio de 2009. Pero en julio de 2017 no nos enteramos de que el mundo había sucumbido. Laurent Fabius fue más radical: “Tenemos 500 días para evitar el caos climático”, dijo el 14 de mayo de 2014.

En esta ocasión la emergencia climática, dictada desde el diario The Guardian, es real. No como todas las predicciones catastrofistas anteriores. Esta vez es distinto, ya saben.


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13 COMENTARIOS

  1. Escatológico, por lo visto hace referencia al más allá, a la otra vida. Mas concretamente, por lo visto a la muerte.
    Un recurso retórico más humano que el recurso de la creación e igual de fascinante.
    Un recurso desesperado. Algo así como “ya veréis cuando vuelva vuestro padre”, zapatilla en mano materna a un tiempo.
    No hace falta Gaya, es cosa de atinarle un poco al sentido de la vida. Si ésta no lo tiene, que más da todo, no? pero ¿quién es capaz de vivir sin imaginarle uno?. Arruinar el huerto, seguro que a nadie le parece que es un buen sentido.
    Pero no se vuelvan tan escépticos con Odisea 2001, con 1984 o un mundo feliz. No todo pasa exactamente. Tanta presunción seguro que yerra pero hacia todos los futuros posibles.
    Prudencia vital, no escatológica. Seguro que se puede llegar a un buen acuerdo.
    Cuando vayan a Pekin y pedaleen, hagan el romano y copien el pañuelo que algo hará.
    Si les toca Chernobyl, sean prudentes.
    Un saludo

  2. Cuando un tema se convierte en obsesión, en fobia y día sí y día también está en boca de todos se corre el riesgo de que te paralicen la capacidad de pensar con coherencia.

    Mejor continuar viviendo sin agobiarse o preocuparse demasiado por todos estos vendedores de humo que muchos se llevaron por el camino demasiadas vidas, a las que previamente manipularon y ante el inminente fin del mundo terminaron con su vida en suicidios colectivos y después de muchos años, siglos , el mundo aquí continúa.

    Hoy está de moda el cambio climático y las consecuencias que va a tener para la humanidad, es otra forma de que surjan nuevos negocios y que muchos se aprovechen de esa moda para hacer grandes fortunas, otros se irán arruinando por el camino ya que sus negocios no serán moda y sólo les queda desaparecer.

    La tierra ha cambiado a lo largo de miles de millones de años, se separaron continentes, surgieron islas, nacieron civilizaciones, se desarrollaron y desapareciendo, como especies de animales y de plantas .Y el humano, esa especie con mente privilegiada , para el bien y el mal, sí, pero como vamos a conocer la felicidad si no sabemos lo que es la infelicidad, hemos construido tantas cosas a lo largo de nuestra existencia como otras veces las hemos destruido que no dejamos de ser fascinantes nos hemos adaptado a espacios y a climas muchas veces complejos para la supervivencia pero aquí continuamos.

    Un día de estos hasta puede venir un meteorito y matarnos a todos, pues que se le va a hacer, yo no voy a estar preocupada cada día de mi vida por la llegada de ese meteorito, sería una obsesión que no me permitiría disfrutar de ese día a día, mi mundo terrenal se acabará cuando muera, luego, quien sabe si San Pedro me abrirá la puerta o me echará algún que otro sermón o me mandará a vagar entre las estrellas o hacerle alguna visita al vigilante del Hades.

    Ya se verá.

      • Mon dieu ya se ha levantado usted de mañana temprano con el carcaj lleno de flechas con la punta bien afilada y de veneno cargadas

        Caray, muy bueno no debe ser eso para la salud.

        ¿he hablado yo acaso de que la obsesión es sólo de los demás?, yo que sepa hice un comentario generalista
        ¿No será que le encanta disparar flechas a todo aquello que se mueva con tal de meter cizaña?. ¿Por qué de eso se trata verdad?. Ah no usted disiente, ya jajajjaja

        Pobriño.

        En fin, usted mismo, pero le recomiendo levantarse con alguna otra sonrisa y dejar las flechas envenenadas para otras presas. Hay tropecientas webs, periódicos, foros, revistas donde a lo mejor les va el jaleo, le puedo asegurar que a mi no, y usted ya me ha tirado demasiadas flechas llenas de obsesiones.

        Qué tenga buen día, y no le quite la puntilla a todo hombre, que esta vez ha errado y bien el tiro.

        • “¿he hablado yo acaso de que la obsesión es sólo de los demás?, yo que sepa hice un comentario generalista”
          “Mejor continuar viviendo sin agobiarse o preocuparse demasiado por todos estos vendedores de humo que muchos se llevaron por el camino demasiadas vidas, a las que previamente manipularon y ante el inminente fin del mundo terminaron con su vida en suicidios colectivos y después de muchos años, siglos , el mundo aquí continúa.”
          Siglos no, eónes. Algunos de ellos sin vida, pues estaba Dios trabajando el proyecto de su gran creación y lo tenía todo en barbecho.
          El que no se preocupa, no escribe en relación a ello, señora Emme. Recuérdeselo a los que aquí publican para que puedan sonreír.
          Consejos doy y para los míos no tengo.
          Disidente, el que disiente, sí. A lo mejor usted no leyó bien el cartel de entrada en este club “el lector no conformista, crítico, con inquietudes culturales, con inclinación a participar, a discutir racionalmente, a expresar sus criterios.”
          Un sonriente saludo que no tiene la intención de agriarle el día pero sí remover su autocomplacencia bienpensante.

  3. Mi forma de leer y recordar no es ni sistemática ni lineal, algo que teniendo muchas desventajas tiene algunas cosas a su favor. Recordar de forma aleatoria un cuento, la primera vez que leíste sobre el agujero de ozono, la glaciación inminente o la inundación de las playas sirve para descubrir la intencionalidad y parcialidad del texto que lees en un momento dado, así como para percibir las contradicciones elementales que pretende esparcir.

    Ayer le preguntaba al comentarista Currucuqui en el artículo del maestro Quirós a propósito del escepticismo y la lógica que me dijera por qué era estúpida por imposible la famosa frase de Einstein,

    “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro sobre el universo”

    Basta leer despacio la divertida e ingeniosa frase para darse cuenta de la contradicción científica que encierra.

    Si el contenido es infinito el continente debe serlo de igual manera, meter la estupidez infinita en un universo finito nos va a costar más trabajo que vaciar el mar en un una botella de Rioja vacía.

    Claro, que también puede ser que la estupidez comprenda el universo y entonces la frase tendría sentido. Algo que por cierto ya decían los herméticos “todo es mente”

    Esta reflexión no es impedimento para que la frase cumpla su función y nos sirva para ampliar nuestro universo.

    Cuando la literatura o la ciencia se comportan de manera finita debemos ponernos en guardia, alguien pretende imponernos su verdad.

    Decía el gaucho que “todo hombre nace con la astucia que ha de servirle de guía, sin ella sucumbirá, pero según mi experiencia, se vuelve en unos prudencia y en los otros picardía”

    Los pescadores construían sus pueblos en alto, más que nada porque nunca sabían cuando podía venir un tsunami. Ahora nos asustan con que la primera línea de playa corre peligro cuando la orden de demolición judicial es anterior al tsunami.

    Ayer observaba como en la televisión el ”meteo” de turno intentaba introducir con cuña y a martillazos algo de terror a propósito del famoso huracán de las Azores que todos hemos conocido durante toda la vida.

    El asunto es que con la boca pequeña y avergonzado dijo sin pestañear, “debido al cambio climático el huracán Lorenzo se ha producido en una zona en la que no es habitual con un peligro inminente para Europa” no le llegaba la voz al cuello.
    Basta teclear en Google huracán Azores y el año que deseemos para encontrarnos un huracán de más o menos intensidad. Así están las, cosas, así se las hemos contado.

    Esta claro que hasta los expertos meteorológicos han perdido el honor por una nómina.