Eutanasia: la política de la buena muerte

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De pronto la eutanasia se ha convertido en un objetivo prioritario de la política. Se trata de otro debate que trasciende el ámbito ideológico y golpea de lleno las convicciones más profundas de las personas. Es, en definitiva, una nueva incursión de la política en la cultura social. Una vez que las ideologías han perdido vigencia, los políticos del mundo desarrollado han ido trasladando las viejas luchas ideológicas al terreno cultural, un terreno que pertenece al ámbito privado de las personas y resulta bastante resbaladizo.

Como explica el sociólogo Donald Black, la cultura es un juego de suma cero, y rara vez sus conflictos pueden resolverse mediante el compromiso entre las partes porque las discrepancias culturales generan reacciones aún más viscerales que las disputas ideológicas. Así, la politización de la cultura tiende a plantear problemas que es imposible resolver mediante el acuerdo, sólo se «resuelven» mediante la imposición de una de las partes. Una vez las disputas ideológicas se han ido trasladando al terreno cultural, los acuerdos se han ido volviendo imposibles. La razón es que estos cambios afectan a valores y cuestiones morales que trascienden el orden meramente administrativo. Las personas, aun a disgusto, pueden, adaptarse a una subida de impuestos, pero difícilmente aceptarán ver violentadas por ley sus convicciones más íntimas.

Con todo, trasladar la política al terreno cultural es una estratagema. Sirve para asegurar tu mercado de votos polarizando de forma permanente a la sociedad y haciendo que ésta, en vez de controlar al poder, esté en permanente confrontación, al servicio de los partidos.

Foto: Steinar Engeland


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3 COMENTARIOS

  1. «Una vez que las ideologías han perdido vigencia, los políticos del mundo desarrollado han ido trasladando las viejas luchas ideológicas al terreno cultural, un terreno que pertenece al ámbito privado de las personas y resulta bastante resbaladizo…Con todo, trasladar la política al terreno cultural es una estratagema. Sirve para asegurar tu mercado de votos polarizando de forma permanente a la sociedad y haciendo que ésta, en vez de controlar al poder, esté en permanente confrontación, al servicio de los partidos».

    El partido político del panorama actual que mejor ha entendido eso de trasladar las viejas luchas ideológicas al terreno cultural, sin duda, es VOX. Está claro que con el PSOE se retroalimentan artificial y perfectamente desde los opuestos, para asegurar su mercado de votos, polarizando de forma permanente a la sociedad. Y mientras tanto, por sus obras, los vamos conociendo mejor. Porque ideológica, cultural y socialmente ni los unos son tan «demócrata» y «progresistas» como suelen venderse, ni los otros son tan liberales como dicen ser.
    Bueno, en lo económico seguramente sí que son extremadamente liberales, lo que contrasta con lo extremadamente conservadores que son con las tradiciones, la cultura y los temas sociales.
    El caso es que, los ciudadanos no tienen porque plegarse a la estratagema utilizada por ambas formaciones para llevarnos al huerto de uno u otro extremo. Tampoco tienen porqué creer que solo es posible quedarse con uno u otro lote. Al final, parece que la polémica el pin parental explotada interesadamente por el Psoe, tenía una base de lo más artificial.
    Me refiero a que en realidad, no había una demanda en la sociedad ni de los padres para «controlar» la educación que recibían sus hijos. Ni había denuncias ni prácticamente los padres habían denunciado nada, pero fue VOX quien impuso esa «necesidad», presentándolo como si fuera un clamor de la sociedad, cuando eran ellos los que elevaron las anécdotas al debate público.
    Lo que usted decía; Javier: Trasladar las viejas luchas ideológicas al terreno cultural. Y a veces sin mucho sentido. Imagínese tratar de comparar o poner en el mismo plano de realidad el derecho colectivo del pueblo de Cataluña a la autodeterminación con el derecho individual a tener una muerte digna.

    Y yo no sé si la legalizar la eutanasia es un tema prioritario o si afecta a muchas personas para que se tome ahora la iniciativa, pero lo que tengo claro es que su regulación no va a obligar a nadie a terminar con su vida antes de tiempo. Las especulaciones exageradas y tramposas sobre el particular solo contribuyen a alimentar la polémica de forma absurda y estéril, sin el menor respeto y consideración a la libertad de los otros.

    La dura oposición a esa legalización se escuda en el dogma de unas firmes convicciones religiosas y al deseo de imponerlas a los demás. También es una forma de eludir el debate y la realidad de muchas personas que por desgracia sufren unas condiciones físicas o psíquicas tan incapacitantes y severas que a ninguna de las personas que se oponen a la eutanasia le gustaría estar en ese pellejo, por mucho que se desgañiten y traten de mostrarse racionales.

    Basta con mostrar un poco de empatía y ponerse la mano en el pecho para entender que la situación con la que uno no querría verse a si mismo, tampoco querría verla en los demás. Y si uno en su lucidez y conciencia, es honesto consigo mismo y se ve firme de aguantar sin pestañear todo el dolor y sufrimiento que le venga encima, hasta que Dios quiera, pues que sea su elección libre y respetable como ser humano, independientemente de que la eutanasia se regule o no, pero que no coarte la libertad de los otros en arreglo a sus dogmas más estrictos.

  2. Las ideologías no han perdido vigencia en absoluto y forman parte esencial de la cultura actual profundamente desorientada. La cultura actual es muy pobre, muy poco creativa, precisamente porque lo ideológico se ha apoderado de la cultura hasta convertirla en incultura. Las culturas siempre han tenido un fuerte componente religioso que es lo que les ha permito sobrevivir. La estúpida cultura contemporánea occidental considera erróneamente que basta con la tecnología, la ciencia y las polítcas culturales políticamente correctas para hacer cultura. Por eso se habla de cultura ecologista o de cultura feminista, porque no hay cultura sino operaciones de ingeniería social.
    Así, la muerte pasa a ser una cuestión técnica como en el nazismo o en el comunismo.

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