Eutanasia: la política de la buena muerte

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De pronto la eutanasia se ha convertido en un objetivo prioritario de la política. Se trata de otro debate que trasciende el ámbito ideológico y golpea de lleno las convicciones más profundas de las personas. Es, en definitiva, una nueva incursión de la política en la cultura social. Una vez que las ideologías han perdido vigencia, los políticos del mundo desarrollado han ido trasladando las viejas luchas ideológicas al terreno cultural, un terreno que pertenece al ámbito privado de las personas y resulta bastante resbaladizo.

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Como explica el sociólogo Donald Black, la cultura es un juego de suma cero, y rara vez sus conflictos pueden resolverse mediante el compromiso entre las partes porque las discrepancias culturales generan reacciones aún más viscerales que las disputas ideológicas. Así, la politización de la cultura tiende a plantear problemas que es imposible resolver mediante el acuerdo, sólo se «resuelven» mediante la imposición de una de las partes. Una vez las disputas ideológicas se han ido trasladando al terreno cultural, los acuerdos se han ido volviendo imposibles. La razón es que estos cambios afectan a valores y cuestiones morales que trascienden el orden meramente administrativo. Las personas, aun a disgusto, pueden, adaptarse a una subida de impuestos, pero difícilmente aceptarán ver violentadas por ley sus convicciones más íntimas.

Con todo, trasladar la política al terreno cultural es una estratagema. Sirve para asegurar tu mercado de votos polarizando de forma permanente a la sociedad y haciendo que ésta, en vez de controlar al poder, esté en permanente confrontación, al servicio de los partidos.

Foto: Steinar Engeland


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