Circulaba no hace mucho por las redes un vídeo de Iván Redondo, el gurú de Pedro Sánchez, en el que este “spin doctor” revela los ingredientes mágicos para manipular a la opinión pública. Estos ingredientes serían las emociones. Y las desglosa en tres: el miedo, el rechazo y la esperanza. Su revelación pretende ser sublime, así que, para más énfasis, el genio Iván hace un breve silencio y, a continuación, confiesa con indisimulada vanidad haber conocido a los principales popes en la materia de los Estados Unidos.

“Estamos en una época de cambios… ¿o estamos en un cambio de época?”. Con esta petite phrase retoma su exposición y se encamina con paso triunfal hacia la conclusión. Para ello, saca a colación la célebre frase «La economía, estúpido» (the economy, stupid), utilizada durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre), con la que ganó las elecciones presidenciales. Esta frase se popularizó exactamente como «es la economía, estúpido» y así ha quedado para los anales. Pero Iván Redondo no escoge esa cita para reconocer el mérito ajeno sino para dar su redoble de tambor: no es la economía, son las emociones, ¡estúpidos!

Lo llamativo es que los supuestos perjudicados por las ideas de Iván Redondo contribuyan a acrecentar su mito, dando pábulo a sus súper poderes. Quizá les conviene que pensemos que no pueden vencer porque los brujos y los mass media se han conjurado contra ellos

“Yo antes me emociono y luego, pienso. Primero siento y luego, decido”, sentencia. Su fórmula del éxito es tan simple como alucinante: si dominas los sentimientos de la gente, dominarás sus decisiones. Lo que viene a ser poco más o menos una variación de la idea de que los favoritos de Facebook pueden convertirse en votos mediante un algoritmo.

Magos posmodernos

Iván Redondo pertenece a esa estirpe de estrategas posmodernos que afirman que la sociedad puede ser manipulada, que existen mecanismos, no ya de largo plazo —lo que algunos llaman “imposición cultural—, sino de acción inmediata, capaces de cambiar las preferencias partidistas, de tal suerte que quienes dominen estas técnicas esotéricas pueden aupar al poder a los que contraten sus servicios.

Para que resulte verosímil, esta idea de la manipulación suele asociarse a la “sociedad” para que el problema del individuo como dato desagregado, con sus diferencias, convicciones y resistencias, se desvanezca convenientemente en un ente impersonal, convenientemente moldeable y fantástico, no sea que alguien se percate de la dificultad que entrañaría manipular a millones de individuos que, se quiera o no, son bastante diferentes entre sí.

Apelando al ente impersonal «sociedad», aunque el sujeto se considere personalmente inmune al malévolo influjo, se le puede persuadir de que, en efecto, a los demás se les puede manipular sin que vea nada extraño en su particular inmunidad: «a mí no se me puede manipular, pero a los demás sí porque no son tan listos como yo».

Si entrevistáramos a todos los votantes y preguntáramos uno a uno si se consideran fácilmente manipulables, es seguro que la gran mayoría respondería de forma negativa. El problema siempre son los otros. El resultado de esa encuesta sería incompatible con su creencia de que, en efecto, la sociedad puede ser manipulada, porque si la mayoría de los sujetos que la constituyen están convencidos de ser resistentes a la manipulación, ¿cómo es posible que, a la vez, consideren fácilmente manipulable a la sociedad que ellos mismos conforman?

A partir de aquí podemos perdernos en disquisiciones y preguntas sin salida: ¿soy o no soy manipulable?, ¿lo es el otro?, ¿lo somos todos?, ¿lo son los demás? Afortunadamente no es necesario, podemos desdecir a Iván Redondo sin caer en debates cuya única forma de dilucidación sería monitorizar a cada persona por separado o someter una tras otra al polígrafo.

No, sentimiento y sentimentalismo no son lo mismo

Redondo no sólo parece ignorar la evidencia desde el punto de vista empírico (tiene fuertes incentivos para hacerlo), también yerra axiológicamente por cuanto no es capaz de distinguir el valor y la jerarquía de las cosas. Es cierto que cuando se afirma que la filosofía nace del asombro lo que se pone de manifiesto es que el sentimiento se antepone a la razón. Únicamente razonamos sobre cualquier asunto si con anterioridad hemos sido llevados a su esfera por un interés afectivo. Pero el sentimiento no es algo voluble sino muy consistente: determina nuestra posición frente al mundo. El sentimiento es algo profundo que se consolida en las convicciones, y difícilmente se desvanecerá por un simple impulso emocional.

Ocurre que Redondo confunde sentimiento con sentimentalismo, y adjudica a la voluble y fugaz emoción una posición superior a las convicciones o creencias que anidan en el sentimiento, cuando en realidad son éstas las que condicionan nuestra plástica cerebral, es decir, la forma en que razonamos y tomamos decisiones no instintivas antes de ser siquiera conscientes de que las estamos tomando. El hecho de que tengamos arrebatos no significa, por tanto, que nos entreguemos ellos a la hora de depositar una papeleta en la urna.

Redondo parece no entender siquiera que una persona indecisa no es aquella a la que le cuesta decidirse, sino aquella a la que le cuesta exteriorizar sus decisiones. Los indecisos no deciden su voto en el último momento, simplemente descubren en el último momento la decisión que ya habían tomado. La consistencia de sus elecciones, aun cuando sean equivocadas o estúpidas, la expresó Antoine de Saint-Exupéry cuando dijo que el mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.

La consultoría política… y esotérica

Iván Redondo, en cambio, no tiene que apartarse porque ha ideado un sortilegio para que los hombres obedezcan como autómatas, se detengan y giren sobre sí mismos. Una pretensión que entra en colisión no ya con la jerarquía de las cosas, sino también con la evidencia empírica que proporcionan Joshua Kalla y David E. Broockman en un estudio publicado en 2018 en American Political Science Review.

Se trata de un metaanálisis sistemático de 40 experimentos de campo con campañas electorales cuyas conclusiones no pueden ser más elocuentes: la mejor estimación de los efectos del impacto de las campañas electorales en cualquiera de sus fórmulas, incluidas, claro está, las emocionales, es cero. Por si no fuera suficiente, Kalla y Broockman añaden además nueve experimentos de su propia cosecha para aumentar la evidencia estadística diez veces… y el efecto promedio de estos experimentos sigue siendo cero.

Las personas prefieren mensajes generales sobre creencias compartidas. No cambian su voto llevados por la emotividad del momento. De hecho, las llamadas a la acción emocionales que se sustentan en particularismos y sucesos específicos, pueden generar rechazo. Los electores darán su voto a los candidatos que crean que se ajustan más a determinadas ideas genéricas que comparten o, en su defecto, se lo prestarán de forma interesada a aquellos que les prometan ventajas y privilegios directos e inmediatos.

El trabajo del estratega consiste pues en contactar y movilizar a los votantes afines, aquellos cuyo sentimiento coincide previamente con el mensaje o, en su defecto, averiguar quienes lo son pero todavía no han sido contactados, lo que requiere un duro y sistemático trabajo de prospección. Pero en ningún caso existe un método psicográfico con el que modificar las convicciones de los votantes a voluntad. Eso sí, se puede mentir, engañar, prometer proporcionar ventajas y privilegios que luego no se proporcionarán. Pero eso no es moldear las mentes. Eso es tomar el pelo a los votantes.

El evidente fiasco de los relatos

Pese a todo, diríase que la política y los políticos flotan en la ficción redondiana, braceando de forma atolondrada en un océano de sortilegios fantásticos, donde nada es lo que parece y hasta la ley de la gravedad puede ser alterada mediante la magia. A ese otro lado del espejo, dominar el relato, afirman los sumos sacerdotes, es la clave de la victoria: quien cuenta el mejor cuento, gana. Curiosamente, los campeones del relato, aun con los mass media a su favor, apenas son capaces de reunir los votos suficientes para no caerse del alambre. Y diríase que sus pírricas victorias son más consecuencia del demérito de los adversarios que del mérito propio. Así que, a la vista de tan pobres resultados, no cabe otra cosa que concluir que los presuntos súper poderes son decepcionantes.

Apuntaba Javier Torrox que los tipos como Redondo existen porque son el recurso con el que los actores políticos suplen su carencia de carácter y de ideas propias. Es esa ausencia de carácter y de ideas lo que ha convertido el juego político en una plaza de vendedores de humo que construyen ruidosas realidades paralelas para que la realidad permanezca muda.

Lo sorprendente es que los supuestos perjudicados por las ideas de Iván Redondo contribuyan a acrecentar su mito, dando pábulo a sus súper poderes. Quizá sea que les conviene que pensemos que no pueden vencer porque los brujos y los mass media se han conjurado contra ellos. De otra manera podríamos acabar deduciendo que son tanto o más necios que quienes pagan a un tipo como Redondo para que sea su gurú.


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6 COMENTARIOS

  1. Expone un análisis redondo sobre los super-poderes de este gurú endiosado de la izquierda, Javier. Un gurú que, por cierto, también lo fue de la derecha cuando tuvo ocasión. Y lo sería del partido o de la causa que se terciase si con ello consiguiera aumentar su chequera y satisfacer su ambición de poder y su narcisismo latentes. Ya se sabe que en la política de los ciegos, el tuerto es el amo.
    Lo mismo que Iglesias es el amo en el mundo de los ciegos de Podemos. Y ni siquiera necesita asesor de estrategia como Pedro, porque se basta el mismo con su ego para bunquerizarse en el partido, antes de que lo pueda echar su parroquia. De Vallecas a Galapagar no hay más que el toque de un hechicero o vendedor de humo.

    En otra época no muy lejana, el tuerto al que también se le adjudicaban poderes de brujo en la estrategia política era Arriola. Solía asombrar a propios y extraños y aunque era más inofensivo y discreto en sus victorias, era lo más. Un bálsamo de fierabrás o un oráculo al que Rajoy acudía fielmente para saber por donde soplaba el viento.
    Los mas media de la izquierda estaban que trinaban con el poder del hechicero Arriola detrás de las bamablinas. Hasta que un día llegó otro tuerto llamado Iván para hacerle sombra, y usurpar su papel de hechicero mayor del reino. Llegó, vio y dijo en campaña: «Haz que pase». Y pasó. Lo peor imaginable.

    El caso es que apelen a la emoción, a la razón o al más instintivo cerebro reptiliano, son tipos mediocres y con suerte que acaban triunfando y causando un destrozo enorme muy por encima de sus posibilidades. De ellos es el mundo. Carmen Posadas lo explicaba así bien en este artículo.

    https://www.xlsemanal.com/firmas/20170102/carmen-posadas-mediocres.html

  2. Y yo que lo que pienso es que Redondo a lo que se dedica es a hacer colar como auténticos los sucesivos pucherazos que ha habido.

    No hay un excel que refleje MESA POR MESA, cotejable con el acta, el resultado electoral. Resultado que una vez sumado nos de ese número mágico que nos dicen los medios que ha habido en cada municipio y luego provincia.

    Y por favor, que no me hablen de que si los partidos se pondrían cómo panteras porque les hayan birlado nos diputados aquñi y otros allá, cuando vemos a Cs encamarse con Sanchez que a su vez se arrejunta con Esquerra mientras el PP pacta la lista de los Jueces y el reparto de otros cargos. Y mientras VOX es incapaz de poner uno o dos interventores en cada mesa gallega («para qué si no queremos ganar»)

    Insisto.

    Hay fraude, pucherazo,.. cómo lo queiran llamar.

    Y el papel de estos popes y de las encuestas es convecernos de que ese fraude no existe.

    Por lo demás. Cada loco con su tema.

  3. Si el Iván Redondo presume de manipulación de masas es que es bastante tonto. Lo de emporcar y amedrentar, que es lo que están haciendo desde el gobierno, es lo que siempre hacen los matones, las mafias y los comunistas. Sobran relatos y cuentos, asunto sobre el que el Redondo no parece tener mucha idea. El celofán para envolver la porquería es el feminismo, el ecologismo, el antifranquismo, que no son relatos sino sólo etiquetas. Se saquea la tumba del dictador benefactor y se presume. Sólo es espectáculo porque el relato que pusieron en marcha con Zapatero con la memoria histórica lo que consiguió es que la gente empezara interesarse por Franco y por la Guerra Civil. Y empezó a resultar que Franco no era tan malo como decían. Ahora, con la nueva ley lo que quieren es amedrentar al PP y a Vox para que no se canteen. El relato les importa un pimiento, el miedo que puedan generar no.

    El proceso es amedrentar, torturar, confinar, empobrecer a las masas para que acepten el poder caprichoso del amo.

  4. “la sociedad” tal como se usa hoy en día ya es en sí mismo una forma de manipulación; dado no existe tal cosa de la sociedad (liberal). Otro también interesante es “la humanidad”, versión humana de “la ovejidad”.

    “son bastante diferentes entre sí.”
    Permita establecer la duda, dado un Sistema de Dominación requiere siempre una conducta común. En caso contrario el sistema no funciona. Quizá cabría puntualizar que una cosa es lo que dice y otra muy distinta lo que se hace.

    El tipo, un triunfador (lo dice el “merc-ado”), ¿quien pasará a la historia como presidente del Gobierno de España en este 2020 (con peste ligera incluida)?
    Como dice “aquel” francés, pone y sabe triunfadores, los cualidades femeninas. Lo cuales incrustado en el Estado crean una “sociedad del sentimiento”; decadente* y liquidadora de la “vir-tud” (p ej: importa ganar no las formas, las “reglas”).
    En esencia, una dictadura de la caricatura de lo femenino, lo cual es tan o más descarnada que las caricaturas de lo masculino; debido a la sutileza con la cual se aplica (por “el bien” de la “sociedad”, “la humanidad”,…). Entre lo cual, y como arma de piquero se incluye el sentimiento (espurio).
    Pero implacable…. Recordemos lo femenino tiende a lo gregario más que lo masculino. Lo viril, con potencia para la oposición a algo, sean ideas, gobiernos, conductas, …,que en último término denominamos “vir-tud”.

    El tipo ya ha ganado (entró con Sánchez en 2017), rehacer la historia es imposible. Se puede rehacer el “cuento de la historia”; pero es un cuento.

    *: por “extraños motivos” muchos ponen el inicio de esa decadencia en la Primera Guerra Mundial. Primer choque violento de los valores liberales de masa y centralismo. Cuyo colofón sería la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, España no participó; por lo cual esa humillación gubernativa de los valores masculinos no ha tenido lugar, aparentemente. Salvo esas guerras sean la última guerra civil española (una de tantas). En la cual, se establece definitivamente el Estado de corte burgués, con Franco, en España. Liquidando las resistencias centrífugas que permanecían activas durante la república.
    Lo cual en esencia sería una humillación de los valores masculinos (independencia, libertad,…) mediante el gregarismo del concepto de Nación (1812) liberal, con valores masculinos espurios a la par que patriarcales (Código Civil Francés). Cuyos resultados ya son conocidos en la 1ª y 2ª guerra mundial como masacre. El varón occidental actual, es un varón humillado por unos barones (hombres fuertes, al estilo de las oligarquías teocráticas) y baronesas. De ahí el amaneramiento afeminada de lo masculino y el desprecio “unisex” de la “vir-tud”.

  5. Yo me quedo con este párrafo de Benegas:

    «Lo sorprendente es que los supuestos perjudicados por las ideas de Iván Redondo contribuyan a acrecentar su mito, dando pábulo a sus súper poderes.»

    Esto es quizás lo que más me ha sorprendido, un halago absurdo de algo que poco tiene que ver con el conocimiento prohibido, secreto y por lo tanto intrasmisible, nota para masones, y si mucho que ver con el conocimiento exotérico más vulgar, mezquino y al alcance de cualquier miserable. En resumidas cuentas, el trabajo de Iván Redondo consiste en meter cizaña, despreciar a la población y pervertir voluntades cobardes con unas monedas, como podemos observar de esotérico no tiene nada.

    No por eso desprecio la estrategia política que se ha llevado a cabo, estrategia que parte del principio de dar por quebrada la nación, el objetivo es expoliar a las clases medias la poca riqueza acumulada, crear el caos económico para hacerse con el botín a precio de saldo, la misión de Iván Redondo es entretener a la población con ocurrencias que crispen y la enfrenten, para ello no tiene limites, desde humillar a la jefatura del estado hasta silenciar las colas del hambre y la ruina de los españoles.

    Solo con observar como han respondido a la epidemia los distintos organismos del estado… con publicidad han pagado los viernes sociales, pensiones, rentas mínimas, ERTES, hecho felices a todas las mujeres de España, evitado cuatrocientas mil muertes, claro, que todo eso se puede venir abajo porque un adolescente responsable del virus no se pone la mascarilla y debe ser detenido con violencia por la policía.

    La verdad es que Disparate Iván no sabe lo que le espera a él y a sus secuaces. Eso no se puede explicar, pertenece al conocimiento esotérico.

    Ya lo veremos. De momento yo noto en la calle que solo engaña a quienes quieren vivir engañados o vendidos.

  6. Pues muy de acuerdo con el análisis que se hace del personaje. Redondo no es más que un mercenario, al servicio de uno que tiene todavía menos escrúpulos que él. Con mucha pasta enchufada en los medios para ensalzar a Sánchez y hablar a todas horas del Coronavirus para ocultar la verdadera agenda de este gobierno, cualquiera es gurú. Les recomiendo que escuchen Radio Gibraltar para que vean lo que se habla del Coronavirus pegaditos pegaditos al antiguo reino de Tartessos: las noticias son otras.