Una persona con cierta experiencia política me comentó ante los resultados de las últimas elecciones generales que los españoles se habían vuelto locos, se supone que por no votar a su partido. No quise perder tiempo rebatiendo el diagnóstico, pero mi interlocutor debió sentir cierta extrañeza al no recibir un caluroso elogio por la perspicacia de su análisis. La política suele producir esta clase de desarreglos cognitivos. En la estupenda entrevista de Guillermo Gortazar que ayer mismo publicaba Disidentia, el historiador recuerda la sorpresa de Azaña ante la falta de apoyo de Francia y de Inglaterra, sin preguntarse jamás por las razones que llevaron a esas dos potencias a retirar el apoyo a la República. Tal vez Azaña pensase también que Francia e Inglaterra se habían vuelto locas.

Pero la derecha debiera caer en la cuenta de cuáles han sido sus errores, si es que tiene algún interés en no repetirlos, cosa que en ocasiones no está nada clara. Da la impresión de que la derecha sigue presa, de una u otra manera, de la idea de que existe una mayoría natural, una convicción que ayudó bastante a que el felipismo, cuya apariencia en 1982 no era mucho más radical que la que ahora ofrece la izquierda unida que nos gobierna, se mantuviese en el poder por casi década y media. Mientras tienda a predominar una derecha que asume sin apenas inmutarse los valores y los progresos de la izquierda, no es nada extraño que la gente prefiera al imitado que a los imitadores.

Estos días se ha producido un lance parlamentario bastante ilustrativo. Un diputado del PP argumentó que el proyecto de ley de eutanasia del Gobierno pretendía ahorrar gastos sanitarios eliminando arteramente a viejecitos con el fin de ¡¡¡reducir el gasto público!!!  Es difícil decidir que resulta más grotesco, si el tremendismo de que se está induciendo a la eliminación de los más veteranos, o la estúpida sugerencia de que al gobierno le preocupe tanto el gasto público como para iniciar una especie de episodio herodiano con los ancianos inocentes. La derecha tiende a presumir de buena gestión, pero no parece que esa virtud alcance a la administración de los argumentos en sede parlamentaria. Es lamentable que no se acierte a escoger una vía inteligente que permita evitar o aminorar los errores de una mala ley por escoger el enfrentamiento tremendista, sin duda que para ocultar el hecho de que, llegado el caso, ningún gobierno conservador tocaría esa ley, como no ha tocado casi ninguna de las decenas de similares que han producido los gobiernos progresistas.

El trabajo de la derecha, cuando se hace, es mucho más duro, porque su público nunca ha creído en los Reyes Magos y sabe que se necesita una gestión muy complicada y lenta para que las cosas vayan mejor de lo que irían sin hacer nada de nada

Todas las derrotas electorales tienen una causa común, la creencia ciudadana de que el voto a ese partido no va a servir de nada, que es lo que sucede cuando los dirigentes de los partidos olvidan los intereses de sus electores y el contenido de los mandatos que se les confiere, y esto es lo que sucede casi de manera inevitable cuando los partidos pierden contacto con los ciudadanos a los que tienen la obligación de representar.

En esto de la representación, la derecha y la izquierda difieren de manera sustancial y la razón es harto sencilla, porque la izquierda trata de politizarlo todo y puede triunfar con solo que se movilicen unos cuantos activistas capaces de ilusionar a los más crédulos con toda una maravilla de promesas que contrastan con la dureza de muchas vidas que se agarran a esa inverosímil esperanza como a un clavo ardiendo, además de ser muy abundantes personajes que encuentran en esa tarea de vender el crecepelo una remuneración mucho más atractiva que cualquier práctica de pico y pala.

El trabajo de la derecha, cuando se hace, es mucho más duro, porque su público nunca ha creído en los Reyes Magos y sabe que se necesita una gestión muy complicada y lenta para que las cosas vayan mejor de lo que irían sin hacer nada de nada, o si se cae en manos de los adalides del Paraíso. Su público tiene una cierta tendencia a ver la política como un mal, en el mejor de los casos, inevitable, y solo se moviliza si ve que el partido trabaja con seriedad, o si siente como una amenaza inmediata y grave el triunfo de los agentes revolucionarios. En España, por cierto y hasta la fecha, la izquierda se ha ocupado de atajar esos miedos, y de llegar a pactos muy pragmáticos con los grandes poderes económicos para evitar que ese temor les estropee el festín electoral.

La derecha, pues, no tiene nunca una mayoría natural. Todo lo que tiene es trabajo por delante, pero son muchos los que se engañan pensando en que recobrarán el poder a base de los meros errores ajenos. Necesita conseguir representatividad y eso solo se hace sabiendo interpretar las demandas sociales que surgen de los diversos conflictos que son inevitables en una sociedad bien compleja, de forma que se acierte a tratarlos en un programa político que suscite emociones y esperanzas en un público más propenso al escepticismo y al desengaño que el de los creyentes en el milagro perpetuo de la izquierda.

Esta certidumbre debiera llevar a la derecha a preocuparse por alcanzar formas más abiertas y participativas de hacer política, sin dejarse llevar por el modelo de control desde arriba que mejor cuadra en la izquierda. Por esa misma razón sus partidos deben ser más abiertos y representativos que en la izquierda que admite sin demasiados problemas el liderazgo cesarista. En este punto no ayuda nada la tradición autoritaria de parte de las derechas españolas que creen que el liderazgo carismático de algún advenedizo podrá evitar su subordinación política a las iniciativas y programas de la izquierda. Cuando la derecha se limita a imitar a la izquierda, a salir a la calle, a seguir a un líder diga lo que diga y haga lo que haga, está confundiendo su función política y traicionando al ideal de libertad que es el único capaz de oponerse al modelo de sociedad intervenida, tutelada y administrada de la izquierda que ya no quiere limitarse a controlar los medios de producción o a limitar las rentas privadas, sino que aspira a meterse en la cama y en los armarios del público para darle toda clase de lecciones de civismo progresista.

Volviendo al lamentable ejemplo de la reciente forma de argumentar contra la eutanasia, ¿es que no existe en España gente bien informada acerca de esos problemas y que ha pensado de manera razonable en las objeciones de mayor peso en esa clase de asuntos? Claro que existe, el problema está en que el partido ni los busca ni los escucha, porque se concibe no como una casa común de los que comparten valores, sentimientos y objetivos, sino como un coto cerrado en el que pequeños grupúsculos suponen saber de todo y lo controlan todo. Esa derecha jibarizada y reducida a pequeños grupos de amiguetes ha perdido casi cualquier atractivo para sus posibles electores, pero no porque los españoles estén locos, sino porque, tras décadas de ensayos, esperan que, por fin, un partido moderado sepa escucharlos, respetarlos e interpretar correctamente lo que piensan, sienten y desean, y eso hay que aprender a hacerlo, como lo hacen, unas veces bien, otras no tanto, los grandes partidos conservadores y liberales de todo el mundo.

Hay que esperar que no pase mucho tiempo antes de que esa derecha estupefacta sepa convertirse en lo que debe de ser. La alternativa no es nada agradable, porque los que ahora mandan no tienen ningún plan para dejarlo pronto, se imaginan una permanencia por décadas, y luego ya veremos.

Foto: Partido Popular de Galicia


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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web

6 COMENTARIOS

  1. En España, desde hace años, los padres responsables dejan al hijo tonto a las puertas de un partido político como una madre sin recursos dejaba en el canasto a su hijo expósito.

    A veces uno se pregunta que aprendieron allí, y si no fueron más picardías de truhanes que valores de hombres de estado.

    Yo no sé como funciona el Estado español, bueno, la teoría la conozco más o menos, pero la práctica me pongo a repasarla y me apabullo. Que cosas más feas se me ocurren, y lo peor es cuando explican la ocurrencia, circunvalan patinando la lógica elemental que la razón nos exige para explicar los hechos.

    Yo suelo perdonarles sus zafias explicaciones por eso de ser adultos expósitos, para mi es una discapacidad como otra cualquiera, al menos así lo veo yo. Hay gente que se queja, pero que vas a pedirle a un discapacitado en funciones, ¿Qué funcione? Podemos sentirnos satisfechos de que al menos estén a buen recaudo en la política sin causar males mayores a la sociedad.

    Alguien se podría imaginar a uno de estos elementos de maestro de nuestros hijos, a cargo de un negocio, conduciendo un autobús o peor aún, barriendo nuestras calles. ¿Se imaginan vaciando los cubos de basura en los portales de las casas para robar el combustible del camión.

    Mejor no sé lo imaginen, los tenemos bien colocados dónde están.

  2. “Su público tiene una cierta tendencia a ver la política como un mal, en el mejor de los casos, inevitable, y solo se moviliza si ve que el partido trabaja con seriedad, o si siente como una amenaza inmediata y grave el triunfo de los agentes revolucionarios”

    Es cierto que “la derecha no tiene una mayoría natural”, como sí tiene la izquierda. Porque ser de “izquierda y progresista”, que son los mantras que dominan la sociedad tienen mejor prensa y aceptación entre el grueso de los electores.
    De hecho, si se analiza objetivamente el triunfo de Aznar y Rajoy, no puede decirse que fuera por ejercer un liderazgo carismático con la masa social, tampoco porque los electores percibieran un trabajo serio, extra y concienzudo detrás de la escena. Fue precisamente por el declive corrupto del Psoe de González, junto al fracaso de su política económica. Y lo mismo puede decirse del triunfo de Rajoy sobre Zapatero.

    Quier decir que, si su público se movilizó fue más por la amenaza de bancarrota que había provocado la gestión del Psoe, que por la “ilusión” que pudieran despertar Aznar y Rajoy con su “proyecto”. Un proyecto que, al igual que el de otros líderes del panorama político se desvirtuó y quedó en papel mojado, una vez alcanzado el honor de gobernar la nación.

    La diferencia con la situación política de ahora para que los electores se movilicen es la amenaza de una nueva bancarrota, por la coalición de gobierno, a la que se suma el triunfo de los agentes revolucionarios, sin respeto a la ley ni a los valores constitucionales y con el propósito firme de mantener y aumentar sus privilegios feudales y territoriales sobre el el resto de comunidades.

    Digamos que, a pesar de la insistente propaganda gubernamental que distorsiona la realidad y que groseramente pretende manipular y tergiversar los hechos objetivos, las acciones del nuevo gobierno y sus satélites representan los indicadores más claros del deterioro político, territorial y económico que asola a nuestra querida España, incluida su política exterior.
    Marrones varios a digerir por el gobierno que no pueden impedir ni frenar las protestas ciudadanas en la calle de los diferentes sectores, en diversos puntos de España y en especial del sector agrícola. Hechos objetivos e impensables en otros tiempos cuando gobernaba el Psoe o la “izquierda progresista” como dicen ellos.

    La realidad tozuda se va imponiendo y los acontecimientos siguen su curso, imparables, para evidenciar cada día que pasa lo insostenible de la situación, las consecuencias lógicas de un mal gobierno. Cada día que pasa se pone de relieve que cuando la mentira grosera campa oficialmente en el gobierno y escampa con el propósito de callar y hurtar la libertad a los disidentes, estos, lejos de volverse locos, se rebelan con más fuerza y eficacia.
    También se organizan de manera más eficiente, natural e instintiva, dando su confianza a los partidos que están fuera de la órbita del actual gobierno. Y es que, precisamente, el hecho de que el gobierno haga de la mentira permanente su let motive y ponga el listón tan bajo, facilita sobremanera la labor de la oposición y su liderazgo.
    Bueno, igual no siempre es así. Las argumentaciones del PP y de Vox para oponerse a la legalización de la eutanasia, además de volverse en su contra, hacen dudar al elector sobre si el proyecto que defienden es realmente liberal como dicen. Es por ello que yo, a pesar de las bajas sufridas en la anterior contienda electoral, me sigo reafirmando en mi apoyo a los naranjas.

  3. España tiene un problema cultural muy serio que hace que ni la derecha ni la izquierda política dispongan de referencias intelectuales y morales a la altura de los problemas que esas mismas derechas e izquierdas generan a los españoles. Los partidos tiran de apaños idelógicos de tres al cuarto y que consiguen ir dosificando las putadas que perpetran contra los españoles con un ritmo sostenido. Un par de trastadas por semana, por lo menos, es la cadencia de amenazas que el actual gobierno dirigido por Maduro y por Soros nos lanza. La idea de la eutanasia se asocia con la idea de que los mayores de 65 años no puedan votar porque son muchos los viejos y tienen ideas que no son modernas. Y claro que es un problema económico de cojones en un país como España que tiene una esperanza de vida cada vez más alta. Si meten inmigrantes poco cualificados, las pensiones no habrá forma de pagarlas, pero eso es lo que quieren porque se trata de un proyecto de destrucción cultural donde el hedonismo y las drogodependencias se venden como libertad.

  4. Excelente columna Don José Luis

    Demasiado optimista, en cierto modo.

    El sistema está organizado para que las organizaciones (partidos ) que propsperen lo hagan al modo cesarista leno de pelotas que usted denuncia, y donde tiene mas acomodo la izquierda; por ser su ecosistema natural.

    Y seamos claros no es porque sea una partitocracia, usted muy bien lo ha visto “En España, por cierto y hasta la fecha, la izquierda se ha ocupado de atajar esos miedos, y de llegar a pactos muy pragmáticos con los grandes poderes económicos para evitar que ese temor les estropee el festín electoral.”

    Porque son esos poderes económicos quienes realmente mandan; no los partidos. Ni siquiera los de “izquierda”. Porque sólo así se entiende que sean partidos de “izquierda” quienes antepongan los intereses de unos pocos en unas determinadas partes de españa sobre los de una mayoría en el resto. O la destrucción de la familia (tener una familia unida es lo tiìco de “pobres”), el timo mediambiental, la defensa de la “mgración” a mansalva (que acaba con el estado de bienestar).. eso es incompatible con lo que hace 50 años se consideraba izquierda. Aquí, en Uroopa y en la URSS.

    El problema de la derecha española no sólo es que se quiera meter en el rebufo de la manera de hacer política de la izquierda. Es que esa izquierda ni siquieras es de izquierdas.

    Lo peor es que muchos de ellos (de los que figar que mandan en las cúpulas de izquierdas y derechas, lo saben, y callan)

    Un cordial saludo