Caminaba por la ciudad de Ostia Antica, a unos treinta kilómetros de Roma, cuando una amiga amante de la etimología me señaló una pequeña pila de ramas e inmediatamente la tomó entre sus manos. “Ahora forman un grupo homogéneo y, si las anudásemos, formarían un fascio. Este es el origen de la palabra fascismo”. Y comenzó un relato que ahora comparto y amplío y que me interesó especialmente, considerando la facilidad con la que algunos ‘eruditos’ la arrojan a la cara de quien se atreve a discrepar de sus ideas.

La carrera política de Benito Mussolini comenzó con su afiliación al Partido Socialista Italiano (PSI) con sólo 17 años. Su trayectoria política estuvo acompañada por su actividad sindical y, no menos relevante, por sus múltiples publicaciones en periódicos. Primero en ‘Avanti!’, periódico oficial del PSI, del que dimitió como director debido al desencuentro respecto a la posición del partido, defensor de la neutralidad italiana en la Primera Guerra Mundial. Su expulsión del PSI tras este evento fue lamentada por el mismísimo Lenin, quien llegó a decir: “En Italia, compañeros, en Italia sólo hay un socialista capaz de guiar al pueblo hacia la revolución: Benito Mussolini”. Inmediatamente después fundaría el periódico ‘Il Popolo d’Italia’, convertido unos años más tarde en el medio oficial del régimen fascista.

Su descontento con la postura de los partidos de izquierdas ante el Tratado de Versalles y la situación de la clase obrera le llevaron a crear los Fasci italiani di combattimento, cuyo símbolo son los fasces romanos: la unión de 30 varas con una cinta que sujetan un hacha y que, en la república y el imperio romano, representaban poder militar. Y el término fascismo se empleó finalmente para referirse al movimiento creado por Mussolini y la ideología del Partido Nacional Fascista.

Una gran parte de quienes se denominan antifascistas ignoran las raíces comunes entre el fascismo y el comunismo que abanderan. Tanto fascistas como comunistas son partidarios del monopolio estatal y, por tanto, de la centralización del poder. Esta centralización lleva inevitablemente al exterminio de la libertad

Una de las primeras acciones de los Fasci di combattimento consistió en la destrucción de la sede del diario Avanti! así como en el ataque a diversas sedes del PSI. La violencia de los camisas negras se extendió rápidamente hacia todo aquello que tenía relación con el PSI: sus dirigentes, sus escuelas, los sindicatos… aterrorizaban a la población con porra en mano. Cada vez son más los grupos autodenominados antifascistas que actúan de un modo similar buscando imponer con la violencia, al igual que sucedió en la primera etapa del fascismo italiano, lo que no han conseguido implementar desde la política. Cuántos honorables partisanos agonizarían si escucharan su Bella Ciao en tono liberticida y al calor de los contenedores quemados.

Más grave aún es el hecho de que una gran parte de quienes se denominan antifascistas ignoran las raíces comunes entre el fascismo y el comunismo que abanderan. Tanto fascistas como comunistas son partidarios del monopolio estatal y, por tanto, de la centralización del poder. Esta centralización lleva inevitablemente al exterminio de la libertad, ya que el orden social viene determinado por el planificador y no por las decisiones libremente consideradas de los individuos.

El socialismo tampoco se libra de su condición liberticida en tanto que requiere un cierto nivel de planificación económica que permita redistribuir la renta: en este sentido explicaba Friedrich Hayek que “esta planificación no es menos indispensable si la distribución de la renta ha de regularse de una manera que tengamos por opuesta a la justa. Si deseamos que la mayor parte de las cosas buenas de este mundo vaya a manos de alguna elite racial, el hombre nórdico o los miembros de un partido o una aristocracia, los métodos que habríamos de emplear son los mismos que asegurarían una distribución igualitaria.” Los objetivos que se proponen estas ideologías no pueden obtenerse sino a través de la intervención coercitiva y desde dicha violencia actúan los actuales movimientos ‘antifas’: desde la censura, el odio y el exterminio de aquello que consideran contrario a su ideología. Lo más parecido al fascismo, hoy en día, son ellos. 

En España, Podemos nos ha regalado el mejor ejemplo de este antifascismo grotesco empleado como licencia para desacreditar a cualquiera que no comparta su doctrina. Bajo el paraguas del antifascismo cabe todo: iniciándose en los boicots universitarios y el asalto a capillas (“arderéis como en el 36”) pasaron a rodear el Congreso y proporcionar distintas dosis de “jarabe democrático”. En EEUU son numerosos los espectáculos del antifascismo de los cócteles Molotov, como el que transformó durante unos días la Universidad de Berkeley en una esperpéntica batalla campal pretendiendo censurar una conferencia hace algo más de dos años.

En su nivel más austero, los antifascistas se limitan a descalificar al grito de facha al disidente, a quien ven como su oponente porque, en su pensamiento binario – el más básico –, se enemistan automáticamente con quien no les besa los pies. Y, con este uso, devuelven el término fascista a su etimología regalándole el mayor de los homenajes posibles: evidenciando que se encuentran en su fascio particular.

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25 COMENTARIOS

  1. Yo considero que la guerra civil empezó en octubre de 1934, a partir de ese momento empezó la fragmentación de la sociedad. Antes de 1933 falange era poca cosa, pero tras el 34 y sobre todo tras el fraude electoral del 36 que conllevó la puesta en libertad de los golpistas del 34 ( lo prometió Llopis en un mitin de Alicante en enero de 1936) la gente descubrió que falange era el único movimiento social capaz de parar al terror rojo en las calles.

    Y sí, es cierto. Olvidé que Yagüe era falangista. Yo siempre lo relaciono con monárquico porque un descendiente suyo fue compañero mio de clase en la universidad y era muy monárquico

  2. Reducir al ejercicio de la violencia un fenómeno histórico y político como el fascismo italiano es simplificar hasta el extremo, y parece que solo tiene la intención de poder encasquetar a los denominados antifascistas el san benito por excelencia de la política actual: fascista. Al final en la política postmoderna todo se reduce a atribuirse el adjetivo adecuado, progresista ¡nosotros somos los verdaderos progresitas, claman los liberales y centristas! y a quien podemos atribuirles los adecuados calificativos despectivos: fascista, homófobo, xenófobo, racista etc etc

    • Desde la Revolución Francesa la violencia es el medio,que no el fin, de imponer un ideal

  3. No olviden ni felinos ni roedores que el fascio fascina. Y la consecuencia de la fascinación es el enceguecimiento mental. Hoy abunda la fascinación cegadora de una asperger, por ejemplo.

  4. Buenos días, señora García. Menudo lío nos trae hoy.
    Cuidado con el uso inocente del término fascista por estos lares. Si fascista es aquel “…que actúan de un modo similar buscando imponer con la violencia”, le van a salir ramilletes de mies hasta debajo de las piedras.
    Hace no mucho tiempo, el señor Brigante, negaba rotundamente el fascismo de la dictadura franquista, figúrese.
    Por idénticas razones, tenga cuidado al aseverar semejanzas como igualdades con el comunismo, no le vaya a salir un caudillo rojeras.
    Créame si le digo que además de muchos incultos entre esos elementos extremistas de izquierda, existen los que si saben diferenciar un huevo de una patata, y con mayor precisión de la que usted demuestra.
    La cita de Hayek es un recurso al absurdo, los mecanismos necesarios para regular la renta NO son los mismos según que caso, por mucho que él lo diga, eso es una idiotez. Sólo suponga la retribución de salarios en una empresa; ¿estaría usted dispuesta a admitir que se puede calificar de semejante dicha planificación con la propuesta por un estado comunista? En ambas se destina la renta de manera planificada, incluso le diría, en teoría, según el esfuerzo y valía de cada trabajador en nómina.
    Las coincidencias en estructuras de orden humanas son lógicas, no hemos sido capaces de inventar tantas y todas responden necesariamente a nuestra propia naturaleza…fíjese la autora que ninguna sociedad humana se organiza como lo hacen las colmenas, ni éstas a su vez como los corales, ni estos como los ñus.
    Hace poco un articulista me señaló la falsa apariencia de igualdad entre la cultural y social de España e Italia, citando los falsos amigos o falsos cognados. Creo sinceramente que su artículo adolece de este amigable defecto.
    Un saludo

    • Buenos días,
      Gracias por su comentario, respondo a sus cuestiones en el mismo orden.

      En primer lugar, mi apreciación no busca reducir el término fascismo al uso de la violencia, sino acudir al origen de la palabra como advierto en el inicio y denunciar que estos grupos críticos con el carácter liberticida del fascismo actúan igualmente pisoteando la libertad de los demás, es decir, su cinismo. Justo antes de la frase que usted cita “cada vez son más los grupos autodenominados antifascistas que actúan de un modo similar buscando imponer con la violencia” menciono a los camisas negras para establecer la semejanza. No confunda, por tanto, la escasa y azarosa definición del término que me atribuye con la denuncia de un uso de la violencia que resulta particularmente hipócrita.

      En segundo lugar y precisamente porque estoy de acuerdo en las diferencias culturales y sociales entre España e Italia – tanto en aquella época como en la actual, lo he comprobado en primera persona viviendo allí – me refiero exclusivamente al fascismo italiano en este artículo, con intención de acudir al origen del término y no de iniciar una discusión sobre variaciones ideológicas o una comparación entre países que está fuera del tema.

      En tercer lugar, efectivamente he establecido semejanzas entre el fascismo y el comunismo, así como entre el socialismo y el comunismo. Pero las igualdades son producto suyo: “ignoran las raíces comunes entre el fascismo y el comunismo que abanderan.” Raíces comunes que especifico cuando me refiero a “centralización del poder” y “condición liberticida”. De ahí a que usted presuma que no establezco ninguna diferencia entre fascismo y comunismo hay una distancia considerable. Por supuesto mi rigor a la hora de escribir podrá ser mayor o menor en determinadas referencias, pero si necesita una descripción detallada de cada término asemejado para no confundirlo con una relación de igualdad, creo sinceramente que la precisión ha de tenerla usted igualmente al leer.

      Por otra parte, la cita de Hayek advierte que también el socialismo necesita de planificación y es por ello que la empleo para profundizar en la semejanza entre socialismo y comunismo. Lo ejemplifica con la redistribución de recursos que, independientemente de su propósito, emplea mecanismos que son siempre liberticidas. Entiendo que le haya resultado absurda dado el modo inexacto en el que ha comprendido lo anterior.

      Por último, una empresa afortunadamente no emplea el monopolio de la violencia para exigirle que una parte de su nómina sea distribuida a otros trabajadores. Si no está de acuerdo con su salario, puede tratar de negociarlo o marcharse a otra en la que su salario sea acorde al que cree que merece. Más aún, una empresa posee los medios para observar directamente su esfuerzo y trabajo, el Estado no podrá tener nunca dicha información con la misma concreción para retribuirle como merece. Por lo tanto, no estoy dispuesta a admitir esta comparación dado que la planificación en el caso de la empresa tiene una naturaleza radicalmente diversa y se acepta con la firma en un contrato, en el caso del estado es impuesta, tenga en cuenta este aspecto fundamental.

      Espero, con esto, haber aclarado al menos alguna de las cuestiones. Le agradezco que se haya tomado el tiempo para leer mi artículo y comentarlo y asumo que muchas personas estarán en desacuerdo con aquello que escribo. Si no fuera así, poco interés tendría para mí leer sus apreciaciones. Pero les pido, al mismo tiempo, que sean cautos en aquello que me atribuyen, especialmente si me imputan imprecisión o ignorancia, pues muchas veces suponen mucho más de lo que yo he expresado, haciéndose un lío que yo no les he traído.

      Un cordial saludo.

      • Buenos días, señora García.
        Muchas gracias por su atenta y desarrollada contestación.
        Si mi comentario, por brevedad, le da sensación de cierta imparcialidad injustificada en tanto que su texto no describe igualdades, como muy bien aclara, habrá de admitir que sus semejanzas liberticidas, quemar la sede de un periódico (y asesinar personas, lo que usted omite) y la quema de contenedores o el uso de cócteles molotov o rodear el congreso, es una absoluta desproporción, que no debería ni entrar en el rango de semejanza y que, sigo considerando, usted, en el fondo, iguala.
        Su escrito no deja de señalar que algunas, que no todas (tirar la carga de té de un barco, no lo cita, por ejemplo), manifestaciones agresivas o violentas (rodear el congreso no tengo demasiado claro que pueda inscribirse en ninguna de ellas, en cualquier caso), son equiparables con la violencia liberticida de los camisas negras. Con esa semejanza, que usted resume en imponer por la violencia lo que no han conseguido implementar por la política, peca primero de enorme inexactitud, pues la presión agresiva y violenta es un básico recurso político de protesta, que salvo que sea usted afín a Mahatma Gandhi, encontrará en todo el espectro político e incluso, quitando lo político, entre aficionados al deporte rey. También se utilizan otros mucho más refinados como los bloqueos económicos, que no dejan de ser liberticidas (según su definición) por forzar o extorsionar gobiernos mediante medios no políticos (según interpreto su noción de político como derivado de aquello que emana únicamente de un congreso, o algo parecido).
        La igualdad, no es lo importante en su artículo, y no tengo problema alguno en indicar semejanza, paralelismo o lo que a bien prefiera usar. Bajo mi punto de vista, su artículo pretende denostar por ignorantes a todos aquellos que se dicen antifascistas pero utilizan, según usted sin saberlo, métodos semejantes, por liberticidas. Le repito que no debería ser tan rápida y gruesa en su juicio pues es completamente falso que en cuanto que existe violencia o agresividad, se entra en el campo del liberticidio. De hecho, el fascismo italiano fue combatido y derrotado violentamente no mediante el uso de lo que entiendo, porque no define, conviene usted en llamar política.
        En relación a la empresa y el estado, debería usted saber que el monopolio de la violencia por parte del estado puede perfectamente, y de hecho así ha sido, ser utilizado a favor de la empresa y que en países democráticos se ha permitido mediante el imperio de la ley la existencia de empresas que ni tan siquiera han necesitado negociar un salario, el número de horas de trabajo y ninguna otra condición referente a la supuesta libertad del trabajador, cuando directamente no se han sostenido empresas con mano de obra esclava. Y que la igualad de fuerza y capacidad de una empresa frente a la supuesta libre elección del trabajador es, cuando menos, una posición inocente que parece igualar individualidades y libertades. Y ya, lo del contrato, pues qué quiere que le diga, requiere de una ingente cantidad de matices para validar cualquier base de igualdad entre una parte y la otra. Igualdad que, por otra parte, parece usted obviar que no ha sido posible alcanzar en los términos que usted gusta de utilizar sin el ejercicio de la violencia.
        Por otro lado, su asimilación del centralismo estatal con el autoritarismo y la falta de libertad, podría ser argumento para la defensa de una Confederación de Estados Españoles, por ejemplo.
        El comunismo libertario, señora García, pretende la disolución del Estado. ¿Quiere eso decir que es usted afín a dicha ideología? ¿O sólo defiende el Estado con monopolio de la violencia para la defensa, bajo el imperio de la ley, de la propiedad privada y de los contratos entre individuos libres en un momento determinado de la historia humana y después de haber alcanzado dicho estadio mediante choques violentos entre distintos grupos de individuos?
        Usted no está dispuesta a admitir semejanzas entre empresa y estado, que sigo manteniendo que las tienen, pero no tiene problema alguno en encontrarlas entre los camisas negras y las personas que usted califica de antifascistas por el mero hecho de que ambos colectivos (bueno, los camisas negras es algo más fácil de acotar, mientras que el otro colectivo requiere de una mayor capacidad de generalización, pues entiendo que siendo usted liberal y demócrata, puede ser calificada de antifascista) emplean la violencia. Pues siento no poder compartir con usted dicho juicio dado que la violencia ha sido utilizada y es utilizada por todos, salvo por los pacifistas. Ni los liberales, ni los demócratas, ni los anarquistas, ni los socialistas, ni los empresarios, ni los trabajadores, ni los militares, ni las fuerzas de orden público, se pueden desprender de su uso. La justificación de cada uno de ellos, debería ser el tema de su artículo, pero la semejanza por el uso de la fuerza o la violencia únicamente por los denominados antifascistas, metiendo en un mismo saco consignas, actitudes y hechos, hace que lo grotesco pueda ser su parcialidad política, dando jarabe democrático al que no piensa como usted y presuponiéndole por ello, ignorante.
        Espero, con esto, aclarar porque había comentado su artículo. Usted ataca (ignorancia, grotesco) con generalizaciones (lo mismo al que protestó en una iglesia sostenida en parte por los impuestos de todos los ciudadanos de un país democrático y laico, lo mismo a los que han participado en boicots universitarios, olvidando que existen boicots de ideología contraria, lo mismo a los que rodearon el congreso al grito de “no nos representan”, un congreso sembrado de políticos con un grado de connivencia con la corrupción y el despilfarro del dinero y los intereses comunes, y un desprecio por la libertad individual, dignos de una república bananera) y semejanzas formales (el uso de la violencia) a un difuso grupo de personas, cuya única relación aparente entre si, es que no comparten sus ideas políticas.
        Y, por cierto, el fascio romano, no representa un grupo homogéneo, sino las distintas familias romanas, unidas en un proyecto común. Ya que la entrada pretendía aclararnos a los que no pensamos como usted cual es su origen, no quería dejar de señalarlo.
        Un cordial saludo

        • Buenos días, cucurruqui.

          No sólo su comentario brillaba por su imprecisión, sino que es precisamente esta ambigüedad la que usted aprovecha para construir controversias que no se fundamentan en los artículos y están vulgarmente argumentadas, tales como su comentario en mi anterior publicación del que pude comprobar ayer que era también de su autoría. Se aprecia en primer lugar por la prepotencia que le caracteriza, en segundo lugar, por su impertinencia, posteriormente por el lamentable contraste con las respuestas de otros usuarios y, finalmente, porque lo firma con su pseudónimo, algo que yo no hago con mis artículos o comentarios.

          Un artículo jamás va a tratar un asunto como lo haría un libro de historia o una enciclopedia, se reduce a un tema concreto y, habitualmente, a un aspecto dentro de dicho contexto que llama la atención del autor y que éste aborda desde su propia perspectiva. Todo lo que sea ajeno a dicho tema o lo extienda puede ser interesante en tanto que busque hacerlo progresar o establecer contrastes con los que pueda verse dónde podría mejorar.

          Lo que usted hace, sin embargo, no es enriquecer el debate, sino recriminar omisiones y calibrar semejanzas que ha demostrado no entender y que no le voy a aceptar por un sencillo motivo: no escribo lo que a usted le parece bien como a usted le gusta, sino lo que considero que debo escribir en la forma en la que me gusta escribirlo. Le diría, por tanto, que no pretendiera dictarme lo que he de publicar. Pero, adelantándome a su crítica sobre mi manifiesta imprecisión en este último comentario, le diré que esto no es probablemente lo que usted quisiera, ya que no sólo no tiene la valentía de exponer sus ideas en un artículo y defenderlo, sino que la mediocridad desde la que trata de emerger con sus irrisorias críticas no se lo permite.

          No le acepto igualmente, por tanto, que me exprese lo que debería saber – que, por cierto, conozco y además estudio – respecto a la protección de empresas por parte del estado ni que siga construyendo sobre sus circunloquios personales y ejemplos arbitrarios para denostar un artículo o, exprimiendo su vanidad, presumir sobre mi ideología. Respecto a la violencia utiliza el mismo método, sobrepasar aquella a la que me refiero particularmente para hacer un tratado paralelo. “La justificación de cada uno de ellos, debería ser el tema de su artículo”, comenta. No, el tema es el que elige el autor y, si otro le parece interesante, puede sugerirlo o escribirlo usted mismo si se siente capaz.

          En triste lugar le deja creerse con la autoridad para decidir desde su escondite lo que quienes damos la cara hemos de publicar y en honda contradicción cae acusándome de atacar con generalizaciones.

          Por último, que el fascio romano tiene su origen en el imperio y su simbología me lo explicó con más detalle la amiga a la que me refiero al inicio. Los usos del mismo a lo largo de la historia son múltiples y puede encontrarlo en lugares tan diversos como el Senado de los Estados Unidos o el símbolo de la Guardia Civil. No es ‘fascio’ el término que explico, sino el fascismo, aludiendo al uso que éste hace del fascio y donde se origina. Y es por ello que el texto tiene un marco que, como broche de oro y marca personal, usted manipula y excede.

          Dicho esto y viendo que su impronta es conocida por los usuarios del foro, le dejo a buen recaudo y, por supuesto, continuaré escribiendo con intención de ampliar mi conocimiento y mejorar y atendiendo gustosamente a discusiones donde pueda hacer buen uso de mi tiempo.

          Un saludo.

          • Buenas tardes, señora García.
            En primer lugar, me gustaría disculparme si en algún momento la he ofendido. No era mi pretensión. Igual que tampoco pretendo ser impertinente, aunque puedo comprobar que así se me entiende y, por lo tanto, habré de serlo. Disculpe de nuevo.
            No quiero molestarla más, pero permítame que, aunque no lo haya sabido expresar, coincido con el comentario del señor Brigante,; “Reducir al ejercicio de la violencia un fenómeno histórico y político como el fascismo italiano es simplificar hasta el extremo, y parece que solo tiene la intención de poder encasquetar a los denominados antifascistas el san benito por excelencia de la política actual”
            Muchas gracias por su contestación y un saludo

          • Buenas tardes,

            Agradezco sus disculpas, le honran.
            Apunto del mismo modo la sugerencia de Brigante para plantear de forma más completa futuros artículos, aunque mi intención quede lejos de la que supone.

            Un saludo.

    • El ratoncito Cucurruqui se ha vuelto a poner en jarras delante de la gatera. La gata ha dudado si atraparlo y llevárselo como juguete a los gatitos que andamos por aquí o arrancarle la cabeza de un mordisco.
      Al final ha vencido la ternura y el ratoncito se ha salvado.

      • Gracias por preocuparse por mi salud, señor Killer.
        Aunque, sin querer hacer un feo a Fontaine, prefiero el término “palmeros”, por más exacto, al de su poético (mágico, diría la señora Emme) uso de las crías felinas.
        Un saludo

        • Caray cucurruqui que sorpresa, me cita hasta en artículos que no he participado. ¡Oh! qué lindo.

          Pero se equivoca, la señora Emme, en este caso, no considera que Henry haya estado mágico, ha estado sublime.

    • Hombre, que alegría que se acuerden de uno cuando ni es el autor del artículo ni ha hecho un comentario. Me alegra comprobar que hay gente pendiente de uno. Pues sí lo niego, amigo cucurruqui, y permítame que le llame amigo dado su interés por mi humilde persona , el franquismo no fue un movimiento fascista. Además no lo digo solamente yo, no es una extravagancia de su amigo Brigante como insinúa en su comentario, lo dicen también historiadores especialistas en fascismo, por ejemplo Stanly G. Payne, uno de los más reputados historiadores conocedores de la materia (le recomiendo su enciclopédica Historia del Fascismo). Pero en cualquier caso podemos debatir sobre el tema. Para determinar si el franquismo fue fascista, en primer lugar tendremos que delimitar el campo de juego: ¿qué fue el fascismo?. No me refiero a lo que todo el mundo entiende por fascismo, sino al fenómeno histórico político conocido por fascismo. Para hacer más atractivo el debate deberíamos centrarnos no en el movimiento fundado en Milán en 1919, sino en el que los autores denominan fascismo genérico, un movimiento político surgido en la Europa de entreguerras y que se dio con mayor o menor intensidad en todos los países. Yo creo que es más apropiado denominarlo movimiento nacional revolucionario, pero tampoco pasa nada por llamarlo fascismo. Empecemos el debate amigo cucurruquii, busquemos los elementos esenciales del fascismo para acotarlo, poder definirlo y a continuación hacer la comparación con el franquismo. Le toca.

      • En un mitin en el año 1933 dejó claro entre sus camaradas europeos Largo Caballero que en España no había ningún peligro facistas como en otros países. En España ya hubo ( se refería a Primo de Rivera) y no volverá. Lo que se olvidó comentar el Lenin español es que el fue ministro en esa dictadura.
        El peligro imaginario fascista apareció para justificar el golpe de estado del 34.

        Volviendo al tema, el franquismo no pudo ser fascismo pues los pilares eran el ejército y la iglesia y no el partido. El partido eran 4 facciones que estaban ahí siempre y se iban repartiendo las cuotas de poder, no sin luchas entre ellas.

        Esos pilares del franquismo cayeron tras la traición del Vaticano II y la estabilidad social al no existir ningún liberticida frente popular. La oposición al franquismo fue domada facilmente con la ley de la reforma política de 1977, cuando está vió que traicionando sus ideales, podrían repartirse el poder con los franquistas, por fin.

        Por último, si hubo algún acercamiento a la economía fascistas fueron los años de la autarquía con las políticas de Girón de Velasco, que firmarían los mísmisimo Pablos Iglesias, que ya se sabe que trajeron.

        Saludos desde los Sudetes.

        • “Por último, si hubo algún acercamiento a la economía fascistas fueron los años de la autarquía con las políticas de Girón de Velasco, que firmarían los mísmisimo Pablos Iglesias, que ya se sabe que trajeron.”
          ¿La paga extra, las mutualidades primero y la seguridad social después, la estabilidad laboral, las viviendas sociales?

          • Acusar de la situación de posguerra con la herencia que dejó la zona roja y en el marco de la segunda guerra mundial a las políticas sociales falangistas representadas por Girón me parece bastante injusto.

          • Si de verdad hubieran sido tan útiles, no habría sido necesario un plan de estabilización tras 20 años de falangismo.

          • Es que no hubo veinte años de falangismo, quizá de haberlos el desastre hubiese sido mayúsculo, pero desde luego el régimen franquista en ninguna de sus etapas fue un régimen falangista, por eso entre otras razones no fue fascista. Ahora bien dicho esto, los avances sociales del régimen los aportó en gran medida el componente falangista.

      • Querido Brigante, en puridad culta, el franquismo no es fascista. Tiene usted toda la razón, como la tiene G. Payne. Por tanto, siendo puristas, no existe estricta igualdad entre uno y otro. Ahora bien, si tenemos en cuenta el salto mortal intelectual que la autora del artículo pretende validar con su uso de la semejanza, habrá de convenir que si los antifascistas se asemejan, el franquismo lo hizo en unos cuantos aspectos más que en el ejercicio de la violencia para imponer su ideario político. Por tanto, validando a la autora, no sea malo y concédame la oportunidad de ventear, una vez más, mi obsesiva predilección por citar al caudillo, ya que en esta ocasión, el tema del pensamiento único, sería muy forzado, hasta para un pobre ignorante como yo.
        Un saludo

        • Franco fue un mal necesario, fue la consecuencia de la revolución marxista ejecutada por el psoe desde el 34. Sin una izquierda golpista, el franquismo nunca hubiera existido. Antes de que me responda que el psoe defendía la libertad y democracia, le recomiendo que lea “Anti – Caballero una critica marxista a la bolchevización del PSOE” publicado en el 38 por el secretario de Besteiro, el único decente de esa época. Además de las publicaciones diarias de la revista el Socialista durante la II República.

          Falange no tenía ningún respaldo social ni la simpatia de Franco ni de ninguno de los militares conspiradores. Por ejemplo, Queipo de Llano, era enemigo de Primo de Rivera hijo y la falange, además de haber sido un golpista en la dictadura de su padre.

          Y antes de que me catalogue en algún lado del espectro, le informo que me dais el mismo asco tanto los socialistas marxista como los socialistas nacionalistas como los socialistas capitalistas (socialdemócratas).

          • “Falange no tenía ningún respaldo social ni la simpatía de Franco ni de ninguno de los militares conspiradores.”
            No es cierto, Falange tras el triunfo del Frente Popular se estaba convirtiendo en un movimiento de masas, no articulado debido a la persecución del gobierno y su obligado paso a la clandestinidad, pero cada vez más numeroso y con más apoyos. Se estaba produciendo lo que Ramiro Ledesma vaticinó el año anterior: la fascistización de la derecha española.ante la agresividad revolucionaria de la izquierda y la pasividad y complicidad del Gobierno. En cuanto a las simpatías que tenía Falange entre los militares conspiradores está muy equivoco. El Alzamiento no fue un golpe de generales sino fundamentalmente de mandos intermedios, y entre ellos abundaban los militares falangistas. Por no hablar de Yague que capitaneaba la única fuerza militar digna de tal nombre que había en España en aquella época y que era un ardoroso falangista. Nada más estallar la guerra, la Falange se convirtió en el gran movimiento político de la zona nacional.

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