Los derechos humanos son un buen invento, permiten formalizar y llevar a la práctica visiones éticas o morales de la justicia. No son mera retórica de aquellos que quieren demostrar sus buenos sentimientos hacia sus compañeros de especie, sino instrumentos jurídicos que permiten una ordenación moralmente aceptable en la sociedad. Al respecto, peca de ingenuo el típico progre actual que vive en sus mundos felices de yupi pensando que repartir derechos —cuantos más y a más gente mejor— depende sólo del buen corazoncito de los ciudadanos-votantes, y que si no hay más derechos humanos por el mundo adelante es por la existencia de unos indeseables fachas o fascistas que son malas personas y se dedican a poner obstáculos.

Siempre que nos movemos en la realidad y no en el mundo de los ideales, debe uno considerar las condiciones materiales que pueden hacer posible ese reparto de derechos, y en particular las condiciones económicas que pueden permitir su ejercicio. Por decirlo con claridad: los derechos cuestan dinero, y bien está defenderlos, pero sólo si se tiene dinero suficiente para costearlos, de lo contrario es mejor cerrar el pico y dejar de hacer demagogia llenándose la boca con promesas que no se pueden cumplir. De nada sirve por ejemplo defender los derechos de la infancia en países en vías de desarrollo sin capital: impedir que niños de 10 años trabajen implicaría matarlos de hambre si no hay un apoyo económico que les permita dejar de trabajar e ir a la escuela.

La mayor parte de esos dineros se queda en los chiringuitos que viven del cuento de la defensa de los derechos de la mujer o colectivos homosexuales, y sólo una pequeña parte llega a mujeres realmente necesitadas o personas vulnerables

Los derechos individuales son invenciones humanas, son pura construcción social. Sólo se puede hablar de derechos de un individuo insertado en una sociedad, en una cultura, en una civilización, en una tribu o en una mafia. En el momento en que el individuo se sale del grupo no tiene derecho alguno, entendiendo el derecho como ley-contrato, pues aquellos sólo vienen de su pacto con la sociedad. El individuo aislado no tiene derecho a nada. No cabe pensar que en algún sitio de la naturaleza está escrito que el hombre deba tener una vivienda digna, por ejemplo. Hacer creer a la población de votantes que son portadores de unos derechos por el mero hecho de haber nacido, que es inherente a su propio ser el obtener o hacer algo, es camelarlos. El hombre, o la mujer, es una colección de hechos, no de derechos. Ni siquiera existe algo como el derecho a la vida, pues la naturaleza a veces es cruel, no entiende de justicia ni de injusticia. Si bien, en la medida de lo posible, hay que procurar que se cumplan tales derechos en tanto que objetivos de una sociedad ideal. Si se puede, hay que ofrecer buenas condiciones de vida a la mayoría de los individuos de una comunidad, no sermonearlos con palabras abstractas y vacías.

“Gran error es creer que pueda existir un derecho, en general, flotando, por decirlo así, sobre las cosas, independiente de los intereses politicoeconómicos. […] Todo derecho encierra en forma reducida la imagen de su creador, y toda imagen histórica contiene una tendencia politicoeconómica que no depende de tales o cuales ideas teóricas, sino de la voluntad práctica de la clase que tiene en sus manos el poder efectivo y, por lo tanto, que crea el derecho. Todo derecho ha sido creado siempre por una sola clase social en nombre de la generalidad” (Oswald Spengler, La decadencia de Occidente).

Con frecuencia, las naciones democráticas intervienen en otros países para tratar de derribar su gobierno bajo la excusa de que en tales no se respetan los derechos humanos. Hipocresía. En el momento que la nación criticada en cuestión posee algunos factores que hacen beneficiosa una negociación con la misma, se olvidan los politicastros charlatanes de tales derechos y atienden a lo que se considera prioritario entre hombres sin principios: el interés económico. Casos como el de China son significativos al respecto: por un lado se tilda a esa nación de poco cumplidora con los derechos humanos, pero no renuncian las indignas naciones democráticas a tener tratos con la gran economía emergente. Ante la posibilidad de que otros hagan negocio antes que nosotros, se dejan de lado las cuestiones de los derechos y prima el “business as usual”. La defensa de los derechos humanos a escala internacional es sólo la excusa; en el fondo prevalecen otros intereses menos sensibles y más ligados a la lucha por el poder. Viene además siendo común en la canallesca política internacional de los Estados Unidos subvencionar económicamente y proporcionar armas a rebeldes de países que no se someten a las órdenes del gran imperio yanqui, para que creen revueltas violentas en contra de sus gobernantes. Con la lógica reacción de mano dura de los dirigentes que ven alterado el orden en sus naciones, a los ojos de la manipulada opinión pública occidental se les acusa de tiranos que maltratan y asesinan a su pueblo, lo que justifica una invasión en nombre de la defensa de los débiles. Es un ejemplo más de cómo bajo la piel de cordero del defensor de los derechos humanos se esconde la voluntad de poder del perverso credo vulgocrático que lo ampara.

Un caso particular dentro del amplio espectro de reparto de derechos es el que promulga que las condiciones laborales y los criterios de selección en la contratación no deben hacer distinción de géneros. Es un buen ejemplo de aplicación de la máxima de que “los derechos cuestan dinero”, porque aquí se da la circunstancia asimétrica de que las mujeres dan a luz y los hombres no, y usualmente son más las mujeres que los hombres las que se toman las bajas por gestación. El quid de la cuestión es saber quién va a pagar esas bajas por maternidad, es decir, quién va a pagar a quien substituya a la mujer que se tome sus meses de baja por maternidad cobrando su sueldo íntegro. Si lo paga el Estado o algún organismo público, ¡estupendo!, porque entonces se hace realidad el derecho, pero si un empresario, pongamos el caso, tuviera que pagar de su bolsillo tal baja de maternidad, eso conllevaría que hubiera cierta reticencia a contratar mujeres en la empresa, y no por una actitud sexista, sino porque se ahorraría dinero contratando a un hombre al que no tenga que pagar un substituto ante eventuales bajas.

Por ello es realmente importante que los organismos públicos que quieran animar a empresarios a contratar mujeres en la misma medida que contratan hombres, en vez de sacar leyes forzando la paridad con un sistema de cuotas, en vez de parlotear sobre la discriminación sexista, ofrezcan garantías económicas de compensar las posibles pérdidas adicionales que suponen la contratación de substitutos mientras las empleadas con su baja de maternidad siguen cobrando su sueldo íntegro. Y, por supuesto, debe la administración pública dar ejemplo. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el Estado no es un maná infinito de dinero para promocionar derechos sociales.

Desafortunadamente, no se da siempre un buen ejemplo por parte de los organismos públicos. Seguramente hay miles de casos que se podrían señalar, pero voy a dar aquí uno solo que yo mismo he presenciado atónito. Se trata del Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, el tercer municipio en población de las islas canarias; no añado lo de “Excmo.” porque la excelencia hay que ganársela, no viene de serie, y me parece que en este caso dejan bastante que desear sus acciones, más bien podría decir el “Lamentabilísimo Ayto. de…”:

En una Escuela Municipal de Música, sufragada por dicho ayuntamiento y por las matrículas de los alumnos, se dio el caso de que una profesora se tomó una baja por maternidad. La Escuela dejó sin clases a sus alumnos durante 2-3 meses (desde el 4-12-2018 al 25-2-2019), llegando una substituta después de tal largo periodo. Preguntados los responsables de la Escuela acerca del motivo por el que no contrataron a alguien inmediatamente después de empezar la baja, algo que se puede prever en el tiempo y que no surge de un día para otro, la respuesta fue “cuando haya crédito”. Por ello, en enero de 2019, he presentado al Ayuntamiento una reclamación solicitando una compensación económica, dado que había pagado una matrícula y no he recibido los servicios contratados, y, además, como ciudadano de San Cristóbal de La Laguna, pago mis buenos impuestos a este Ayuntamiento y no puedo yo decir cada vez que tengo que pagar el IBI o el impuesto de rodaje de vehículos que ya pagaré cuando haya crédito.

Es inconcebible que se gasten inmensas cantidades de dinero y personal en la promoción de los derechos de la mujer, o que se entretengan fustigando a un concejal por unas tonterías sobre unas gracias sexistas en mensajes privados, y que, cuando realmente hace falta actuar y cubrir una baja por maternidad —derecho fundamental de las mujeres trabajadoras—, no haya dinero, ni interés en mover tierra y cielo por ello; así lo he manifestado en la reclamación escrita. Recibí el acuso de recibo, pero ninguna contestación más. Al cabo de más de 10 meses volví a enviar otro escrito al área respectiva del Ayuntamiento recordándoles que estaba pendiente de contestación. Recibí también otro acuso de recibo diciendo que me contestarían en menos de tres meses (todo esto que relato está justificado documentalmente). Han pasado doce meses más desde ese último acuse de recibo y no me han contestado.

Desde luego, el valor económico de la reclamación es una nimiedad, y de hecho el asunto de la reclamación es una cosa menor, pero su silencio administrativo me parece de mayor gravedad, muestra un desprecio al ciudadano decirle que le van a contestar a sus requerimientos para después no hacerlo. Si un ciudadano pide explicaciones de por qué hay dinero para propaganda feminista y no hay dinero para poner un substituto por una baja de maternidad, es su obligaciones contestar y dar explicaciones, o como mínimo dar disculpas y decir que no volverá a suceder, o que fue un error administrativo o algo de eso. Pero en vez de eso, ignoran cualquier requerimiento. Dan a entender algo así como que ellos son los amos y los ciudadanos los vasallos, y que pueden hacer lo que les dé la gana sin dar explicaciones, en vez de estar al servicio de los ciudadanos que es como debiera ser. ¿O quizá deba interpretar que el que calla otorga, y realmente me dan la razón?

El asunto de fondo que creo que tiene importancia es el tema de la propaganda ideológica institucional del feminismo y los derechos de la mujer trabajadora. En el escrito que presenté se hacía énfasis en que no es coherente gastar grandes cantidades de dinero en tal propaganda y luego no soportar con dinero del erario público el coste de tales derechos. Si el Ayuntamiento no da ejemplo cubriendo (inmediatamente) la plaza de una mujer que coja su baja por maternidad para evitar perjuicios al ciudadano, también la empresa privada podría hacer lo mismo, lo que redunda en un malestar en el ciudadano consumidor de los productos de tal empresa, y que resultará en quejas de ciudadanos y afectará a la futura contratación de las empresas de mujeres, pues la empresa se mostrará reacia a aceptar que puedan cogerse bajas por maternidad y suponer una reducción de su productividad. El buen funcionamiento de las bajas por maternidad es clave para defender la no discriminación de la mujer en el trabajo.

Por otro lado, es vergonzoso que un Ayuntamiento cobre al ciudadano por unos servicios (la matrícula en la Escuela de Música, que no es gratis), y luego no preste esos servicios alegando que no tiene dinero, y no devuelva el importe de la matrícula tampoco y ni siquiera dé contestación a las quejas. Esto es más propio de una empresa pirata sin escrúpulos que de un organismo público. Ciertamente, podría poner una demanda contencioso-administrativa y probablemente ganase la causa, pero no merece la pena perder el tiempo con algunos miserables politicuchos y chupatintas de tal administración. La cuestión económica carece de hecho de importancia, y lo que se muestra con su actitud es más bien la falta de honor y de escrúpulos en esta ralea de parásitos. Por mucho que uno pleitee con la administración, lo máximo que conseguirá será una pequeña compensación económica tras años de pleitear, pero no cabe esperar disculpas de quien no tiene vergüenza.

Es éste un caso minúsculo dentro de las contradicciones de la administración pública, lo sé. Casos muchos más sangrantes se dan, pero el espíritu es el mismo: tenemos un Estado y una administración pública que se gasta una fortuna del erario público en propaganda sobre los derechos de la mujer. Pensemos por ejemplo en la friolera de los 450 millones de euros anuales asignados en los últimos presupuestos del Estado para fomentar la igualdad, con una subida de un 150% con respecto al año anterior —no está mal para ser un año de vacas flacas—; superando así en más de un 50% lo que está asignado a la Iglesia Católica, lo cual no es de extrañar dado que el feminismo y otros contenidos de la ideología progre tratan de convertirse en la nueva religión de Estado. Esto es sólo por parte de la administración central, falta añadir todo lo que otras administraciones ponen. Lo lamentable es que la mayor parte de esos dineros se queda en los chiringuitos que viven del cuento de la defensa de los derechos de la mujer o colectivos homosexuales, y sólo una pequeña parte llega a mujeres realmente necesitadas o personas vulnerables, o la defensa real de unos derechos.

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Otras disquisiciones del autor sobre el tema de los derechos humanos en el capítulo 13 (o capítulo 3 del segundo volumen) “Vulgocracia” de Voluntad. La fuerza heroica que arrastra la vida.

Foto: Luzencor


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Martín López Corredoira
Martín López Corredoira (Lugo, 1970). Soy Dr. en Cc. Físicas (1997, Univ. La Laguna) y Dr. en Filosofía (2003, Univ. Sevilla) y actualmente investigador titular en el Instituto de Astrofísica de Canarias. En filosofía me intereso más bien por los pensadores clásicos, faros de la humanidad en una época oscura. Como científico profesional, me obstino en analizar las cuestiones con rigor metodológico y observar con objetividad. En mis reflexiones sociológicas, me considero un librepensador, sin adscripción alguna a ideología política de ningún color, intentando buscar la verdad sin restricciones, aunque ofenda.

22 COMENTARIOS

  1. El artículo parte de ideas equivocadas. En primer lugar confunde derechos humanos (los antiguos derechos naturales) con derechos subjetivos de corte económico o social. Los derechos humanos clásicos no cuestan dinero, porque son derechos en los que el sujeto obligado, el Estado o las demás personas, simplemente se tienen que abstener de actuar para respetarlos. El derecho a la vida implica que los demás deben de abstenerse de atentar contra nuestra vida. La naturaleza evidentemente no tiene capacidad jurídica ni por tanto de obrar por lo que no puede ser titular de obligaciones, así que decir que no existe el derecho a la vida porque la naturaleza «es cruel», pues que quiere que le diga…Los derechos humanos no pueden ser inventos, o son inherentes a la persona, es decir el hombre los posee por el mero hecho de ser hombres, o entonces no existen directamente porque dependerá del poder del momento, que por cierto es lo que está ocurriendo hoy. Pero entonces el hombre no tiene derechos ni aislado ni en sociedad, tendrá las facultades que el poder le otorgue en un momento determinado, que igual que se las da se las puede quitar.
    En cuanto a los derechos sociales o económicos es otra historia, porque estos sí cuestan dinero y exigen, a diferencia de los derechos humanos clásicos, de una acción positiva por parte del Estado para garantizarlos. Estos son los derechos que parece criticar el articulista, y puede que tenga razón, pero no es conveniente mezclar churras con merinas.

    • Gracias por su opinión, que siempre es útil para enriquecer el debate.
      Si he metido todo en el mismo saco de los derechos, sin distinguir lo natural de lo social, es porque pienso que no existen los derechos «naturales» o «derechos humanos» como algo inherente al hombre por ser hombre, por separado de la coyuntura económica-social. Como dijera Nietzsche referente a lo que tenemos por naturaleza: “No hay derecho ninguno ni a la existencia, ni al trabajo, ni a la felicidad: el destino del hombre no se distingue del destino del más vil gusano” («La voluntad de poderío»).

      En cualquier caso, si cogemos la lista de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, podemos ver que muchos de los que proponen, aparte de ser subjetivos a un modo de entender la civilización y no tan universales como pregonan, tienen un coste económico, directa o indirectamente. Por ejemplo, si cogemos el artículo 23.2 «Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual», se le aplica lo que he referido a lo largo del artículo. O por ejemplo, el artículo 24 «Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas», ¿no cree usted que mantener este derecho cuesta dinero?

      • Entonces si el hombre no tiene derechos inherentes no veo que habría de criticable en las Leyes de Nuremberg por ejemplo, dictadas por el poder político legítimo de acuerdo con normas establecidas. No veo que habría de condenable en que un Estado decidiese por ejemplo que una parte de su población, por ejemplo las mujeres, careciesen de determinados derechos, que si se concediesen a los hombres. Al final todo sería una cuestión práctica, pero lo práctico puede ser bueno o malo, aunque como lo que es bueno o malo es una cuestión puramente relativa no merece la pena planteárselo.
        Bueno la declaración de derechos humanos de la ONU es un batiburrillo que responde a dos concepciones antropológicas diferentes, una parecida a la suya que es la materialista donde los derechos se «proclaman» «creados» y otra cristiana donde los derechos se reconocen como inherentes y por tanto inmutables. Una crea derechos otra reconoce lo que es propio del ser humano y lo considera digno de protección porque su fuente es la dignidad humana (evidentemente para Nietzsche no existe la dignidad humana cuya única fuente solo puede ser Dios). Esta doble inspiración es lo que provoca las contradicciones que pueda haber en la declaración. En todo caso los derechos que usted menciona tendrán un coste económico, es cierto, pero para la empresa no para el Estado o el resto de la sociedad, y no forman parte de lo que se ha considerado siempre derechos naturales de los seres humanos, como la vida o la libertad.
        A mí personalmente me gusta más la redacción de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos «Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad» que en el fondo no es sino la continuación de la tradición cristiana occidental. Una vez pérdida esta tradición tenemos cualquier ocurrencia, básicamente la nada, cosa, que si no me equivoco, se dio cuenta el propio Nietzche, uno de los padres, por cierto, de todos los desaguisados actuales.
        Un saludo y gracias por su amable contestación

        • Gracias a usted por su amabilidad y paciencia contestando argumentando adecuadamente.

          Ciertamente, el tema es complejo y habría mucho que discutir. Cada cual tiene sus creencias al respecto, dice bien, y los Estados Unidos (país creado por emigrantes cristianos puritanos) tiene una base diferente sobre la que construir su concepto de «derechos universales» que los que tienen por ejemplo los chinos. ¿Relativismo, nihilismo? Dejémoslo en que no hay algo así como un derecho absoluto universal válido para toda época y para todo lugar. Creer que sí lo hay forma parte de los fundamentalismos de la vida moderna. Las leyes de Nuremberg son criticables, a mí así me lo parece, pero no desde un juicio absoluto, sino porque no son nuestras leyes (las de los ganadores de la guerra, que son quienes imponen lo que es derecho o no).

          Por otra parte, le voy a poner un ejemplo de que el derecho a la vida también puede tener un coste económico. Imaginémonos que hay una enfermedad que tiene cura, pero que es carísima la solución médica (pongamos diez millones de euros por decir una cifra desorbitada); ¿está la seguridad social obligada a pagar ese tratamiento en nombre de los supuestos derechos a la vida? Algo de eso ha llegado de hecho a pasar con la COVID-19 en la primera ola en algún país cuando se tuvo que elegir a quien dejar morir porque no había respiradores para todos. Eso es administrar derechos humanos.

          • Si creer en una verdad objetiva es fanatismo ¿por qué creer que no existe una verdad objetiva no lo es? Hoy en día vivimos una de las épocas más fanáticas de la historia, y el sustento de eso que se llama postmodernismo es la autopercepción, la realidad existe como yo la percibo, como yo la quiero. La voluntad del indivuo amolda la realidad a sus caprichos. El disidente no tiene cabida en este mundo porque odia la libre expresión del individuo soberano. Si alguien dice que los niños tienen pene y las niñas vagina, lo que es una realidad evidente, es considerado un delincuente porque odia al que cree que no existe esa verdad biológica, sino que depende de la voluntad de cada cual ¿Quien es más fanático, el que cree que el ser humano dotado de razón puede llegar a conocer la Verdad, o el que considera que la verdad no existe y que todo depende de su sacrosanta voluntad ante la que deben rendirse todas las demás?
            ¿El derecho a la vida tiene coste económico? Seguro que conoce la parábola del buen samaritano, aquel hombre que cuidó a un viajero que había sido asaltado y maltratado por unos malhechores. No solo le cuidó sino que con su dinero pagó el alojamiento hasta que puedo recuperarse. Dicen que una de las razones del triunfo del cristianismo en la Roma pagana fue que los cristianos cuidaban los unos de los otros. En tiempos del famoso médico Galeno hubo una peste en Roma y por supuesto el tal Galeno se fue de Roma. En cambio los cristianos como el buen samaritano se quedaron cuidando a los enfermos, sin preocuparse por los contagios o el coste económico. Es lo que se llama caridad, amor al prójimo por el mero hecho de serlo. ¿Y por qué hay que amar al prójimo? Porque es nuestro hermano, porque es una criatura, creada como nosotros a imagen y semejanza de Dios, con una dignidad que le hace único y especial porque así ha sido querido. Y de esa dignidad emanan eso que se llama ahora derechos humanos. Si no somos criaturas sino fruto del azar evolutivo ¿por qué tengo que cuidar de mis semejantes? ¿por qué si soy más fuerte que ellos no debo aprovecharme de mi ventaja evolutiva? Cuando nuestras relaciones con los demás las miramos en términos económicos tenemos 70.000 muertos, muchos de ellos abandonados, porque en el mundo de hoy no hay sitio para la caridad. Tenemos triajes sin preocuparnos que quizá en la ciudad de al lado sí había una cama disponible…pero claro costaba dinero y a lo mejor no contábamos con la autorización administrativa pertinente.
            Bien, dicho esto, su ejemplo no vale, porque el derecho a la vida no implica que el Estado tenga que gastarse una millonada en curarle.

    • Lo que usted cita son libertades, no derechos. El derecho involucra siempre al poder (ejecutor) y a un tercero obligado. Donde hay libertades, no a lugar a derechos. Donde hay derechos no hay libertades (quizá ni libertad*).
      Un derecho no es lo mismo que una libertad pues los fundamentos son completamente distintos.
      Si bien dentro de la “dialéctica” estatal la diferencia es circunstancial.

      La libertad de circulación, la libertad imperial (de comercio), caminos abiertos, era un presupuesto que nadie necesitaba ni siquiera pedir. Y de repente,…, ha pasado de “ser libertad” a no ser ni derecho. Señal de que no era libertad, sino derecho (cosa del poder). Otro tanto de lo mismo con las “libertades individuales”, realmente derechos individuales.
      Las libertades emanan de un sistema, valga la redundancia, de libertades. No se requiere concurrencia del poder, dado están incrustadas en la constitución material, cultural, de un pueblo. Por lo tanto son intocables por un ejecutivo, salvo golpe de Estado o guerra civil.

      Por otra parte, no creo al articulista le importe mucho, dado parece ha sustituido a “Deus” por “Deus mortalis”. Y por lo tanto, todo es libertad o derecho hasta que el poder mercenarial (del Estado) diga cosa contraria. La fe en el Estado,…, la fantasía de la nación-Estado, realmente Nación-Estado.

      *: Como la homérica del hombre hispano-germánico contra el imperio, con un condimento de libertad de y para los otros (la libertad monacal cristiana “civil”). Es decir, hispana,…

    • Le felicito por todos los comentarios tan bien razonados y fundamentados que ha insertado. El materialismo filosófico hace estragos.

  2. «… pero si un empresario, pongamos el caso, tuviera que pagar de su bolsillo tal baja de maternidad, eso conllevaría que hubiera cierta reticencia a contratar mujeres en la empresa, y no por una actitud sexista, sino porque se ahorraría dinero contratando a un hombre al que no tenga que pagar un substituto ante eventuales bajas»

    Esta lógica, Martín, es igual de asumible por los empresarios que por las empresarias. Vaya que, no hay distinción de género. Me atrevería a decir que las que están en una posición de poder o tienen oportunidad de elegir, ni siquiera esperan a que se presente esa disyuntiva de pagar o no la baja maternal. Cuando sus empleadas, contratadas o subordinadas están embarazadas las despiden directamente o se las quitan de en medio.
    Conozco el tema de primera mano por boca de una amiga. Pero es que hasta las feministas de boquilla más guays, relevantes en la esfera pública y que más deberían predicar con el ejemplo incurren en la misma «discriminación sexista» que condenan en los hombres y en el sistema patriarcal.

    La cineasta y feminista Leticia Dolera se deshizo en un mar de justificaciones para explicar el despido de la actriz Aina Clotet cuando esta le confesó que estaba embarazada. Así que ya no hubo necesidad de pagarle ninguna baja. Y es que para Dolera «las exigencias del guion» le obligaron a prescindir de la actriz, sin más. En modo cínico y exculpándose de su contribución y responsabilidad individual con el asunto, pedía que se hiciera «una reflexión colectiva, constructiva y valiente sobre como la maternidad afectaba a las mujeres de la industria».

    Y en el plano político, hemos visto recientemente como Teresa Rodríguez, diputa de Podemos por Andalucía fue expulsada del partido aprovechando su baja maternal. Una bajeza incomprensible en un partido que hace continua bandera del feminismo, que la ministra de igualdad Montero justificó y aplaudió, con un par. En los dos casos que menciono está claro que para las dos activistas de postín han sido conscientes de que «los derechos de esas mujeres cuestan dinero» y que estos «derechos» están por debajo de sus intereses empresariales, en un caso o de partido en la otra.

    Y sí, tal como dice en el titular, el dinero solo les luce para la propaganda. La acción más visible y reciente: «la macroencuesta sobre violencia de género» que vista con más detalle pone de relieve algunos datos interesantes que no han trascendido, más allá de los cuatro titulares que impacten en la opinión pública.

    Y es que tal como se indica en el mismo estudio, la interpretación de los datos que ofrece ese galimatías de variables y porcentajes a lo largo de la casi 150 páginas que «hay que tomar con cautela», la han realizado desde el mismo gobierno, para extraer de forma simple lo que más les interesa propagar: «Una de cada dos mujeres ha sufrido y sufre algún tipo de violencia machista. El 57.3% que suponen 11.688.411 mujeres».
    Veamos: la muestra representativa en toda España es de 9568 mujeres, a partir de 16 años. De la muestra de 9568, las jóvenes de 16 a 24 años representan en nº 995 y las nacidas en el extranjero 1254. Las mujeres con discapacidad no ofrecen el dato, aunque también se tratan como un colectivo vulnerable a la violencia.

    Pues bien, en todas las variables sin excepción que aparecen en el estudio: Violencia en la pareja o expareja (física, sexual, psicológica emocional, psicológica de control, económica, miedo a la pareja, denuncia de la pareja), violencia física y sexual fuera de la pareja y acoso sexual y acoso reiterado, el % de prevalencia en todas las violencias señaladas es mayor (en algunas variables con mucha diferencia) en mujeres nacidas en el extranjero que en mujeres nacidas en España y también en las más jóvenes (en estas de forma acusada en «violencia psicológica de control», «acoso sexual» y el «acoso reiterado».
    Otro dato interesante es que el % de prevalencia de varones que ejercen violencia en todas la modalidades es mayor en los varones nacidos en el extranjero que en los varones nacidos en España.
    Al distinguir la violencia en la pareja o expareja de la violencia fuera de la pareja, concluyen que en la primera (con la pareja o expareja), las personas que ejercen violencia son hombres en más del 95%. Posiblemente se deba a que las parejas heterosexuales son dominantes frente a las parejas lesbianas u homosexuales para que ese índice se aprecie o sea significativo.
    Sin embargo, en la violencia fuera de la pareja (física, sexual y también en las otras modalidades) los % de mujeres que ejercen violencia se disparan de forma llamativa entre las más jóvenes y no quedan de forma residual como se apunta dentro de la pareja. Concretamente, la prevalencia de violencia (física, de control, acoso) ejercida por «compañeras de clase» es mayor que la de «compañeros de clase».

    Y otro dato interesante al medir «la severidad subjetiva de la violencia sufrida» es que en un alto % afirman no tener o haber sentido miedo de esa pareja (concluyen que por ese motivo no dejan la relación). Y si se observan los «Motivos para no denunciar la violencia física y sexual de la pareja», los items de mayor prevalencia en la respuesta, con diferencia, son: «Lo resolvió sola», «Tuvo muy poca importancia, no era necesario» y «no era lo suficientemente grave». Unas respuestas que no encajan ni satisfacen la propaganda difundida del feminismo. En petit comité seguro que deben comentar: «jo, tías, es que no soís conscientes del peligro y la importancia que tiene esta macroencuesta para mi carrera política. Denunciad, jo.er!

    • Bien traidos los datos.
      Lo que desmuestra esta ley ideológica es que a este gobierno la seguridad y los derechos de las mujeres les importan muy poco. Si todo el dinero que se gastan en propaganda lo destinaran a investigación seria sobre causas y circunstancias de las agresiones, aumentaría el nivel de protección. Pero no quieren que este tema se trate dentro de la criminología porque entonces se vería que el origen de los comportamientos psicopáticos de hombres que maltratan a mujeres y a hombres y de mujeres que maltratan a mujeres y a hombres suele ser, en la mayoría de los casos, una madre problemática. Si reconocieran esto ¿donde iría a parar el fantasma del heteropatriarcado? Tampoco quieren que se estudien los entornos socioculturales y religiosos de agresores y agredidas. Tampco se refuerzan las casas de acogida atendidas por profesionales serios en vez de por los aprovechados de la ideología de género.

      El asunto de la maternidad y el derecho al trabajo es la gran asignatura pendiente, pero no quieren ayudar a las madres porque eso aumentaría la natalidad autóctona y eso no le gusta a Soros. Por lo tanto, lo que se extienden son los ámbitos de control islámico donde las mujeres no tienen derechos pero sí traen más niños al mundo occidental. Y este es el plan…

      • https://violenciagenero.igualdad.gob.es/violenciaEnCifras/macroencuesta2015/pdf/Macroencuesta_2019_estudio_investigacion.pdf
        Lo cierto es que los resultados que se ofrecen, a través de las 341 páginas (y no 150 como señalaba en mi comentario) ofrecen una amplia perspectiva para entender que la la ley integral de la violencia de género en estos 16 años no protege a las verdaderas víctimas (hasta la veterana feminista Lidia Falcón se hacía eco de ello recientemente en una entrevista) y que el fenómeno de la violencia no solo es cosa de hombres. Otra cosa es que interpreten y difundan la parte con la que más les interesa impactar en los medios para seguir conservando su estatus. Quiero decir que tienen material suficiente para abordar las problemáticas que subyacen de una forma más objetiva y menos sesgada.
        Los estudios forenses sobre el tema que siempre prefieren referirse a la «violencia de pareja» ya permiten analizar las circunstancias biográficas y el perfil psicológico de agresores/as. No se refieren concretamente a «una madre problemática», pero sí a la violencia en la familia de origen y al aislamiento social y familiar, junto a los problemas económicos. Por otro lado, las circunstancias biográficas de las víctimas se refieren a un emparejamiento temprano, estudios primarios o escasa formación académica, falta de autonomía económica y al igual que en el agresor/a, maltrato en la familia de origen y abuso sexual en la infancia y discapacidad física o psíquica.
        La violencia de las mujeres en el ámbito de la pareja es obviada por el feminismo militante. Una incoherencia de la macroencuesta es la presencia de mujeres agresoras fuera del ámbito de la pareja en unos valores llamativos y equiparables a los agresores hombres y sin embargo, en el ámbito de la pareja señalan la prevalencia de los hombres agresores casi en su totalidad. Refieren que en la muestra el nº de mujeres agresoras es irrelevante, aunque más que el hecho de que se trate de parejas heterosexuales, igual lo relevante es que en las cuestiones formuladas no se pregunta por el sexo de la persona agresora como sí sucede en el ámbito fuera de la pareja. En fin que, si tal como ellas mismas concluyen solo el 8% de las mujeres que sufren violencia la denuncian y la mujeres con mayor riesgo de feminicidio que acaban asesinadas son precisamente las que no denuncian, la ley integral de 2004 que promueve el circuito de la denuncia de las mujeres es un fracaso y queda fuera de la realidad.

    • Como dice un célebre dicho: «Hay tres tipos de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadísticas». Realmente, yo diría que las estadísticas sí dan información veraz, pero se pueden manipular fácilmente para hacer creer lo que interese hacer creer. Hay que saber cómo se hace bien una estadística sin sesgos. En las estadísticas sociológicas de población, lo importante y difícil es escoger una muestra representativa, y no importa si son solo 10 mil individuos para representar a todo un país; si está bien escogida la población (y hay criterios para hacer una buena selección), la estadística muestra con un pequeño error lo que piensa o le sucede al país entero. También hay que saber hacer las preguntas adecuadas, y no preguntas-trampa; o tener bien acotados los conceptos para que no se confundan (alguno habrá que meta como «violencia machista» el decir a una mujer que el nuevo corte de pelo no le sienta bien). Sí, hay mucho donde manipular una encuesta…

      • Los datos estadísiticos que sustentan teorías, hipótesis o posiciones se prestan a muchos errores y sesgos en sus interpretaciones. En la macroencuesta la interpretación de esos datos, en modo resumen, la han hecho y difundido desde el mismo gobierno. De hecho, me llamó la atención que los medios apenas habían interpretado, cuestionado o incidido en esa exhaustiva fuente de datos. Sus razones tendrán para no explotar de forma más productiva aspectos que pueden chocar o ser relevantes para entender que las dimensiones más problemáticas de la violencia no entienden de género y requieren de un tratamiento distinto al actual.

  3. España es un estado fallido corrompido en su totalidad.
    Aun hay españoles con mucha fantasía.

    Lo que hoy relata el autor se repite en cualquier administración pública. Yo me puse a salvo hace muchos años, la administración no la toco, si la administración tiene la osadía de llamar a mi puerta para molestarme lo único que obtendrá será perder su tiempo.

    Puedo asegurar que la vida al margen de Hacienda, la sanidad publica o la educación del estado es mucho mas fructífera, larga y plena.

    Ahora estoy pensando en crear una protectora de ancianos en riesgo de eutanasia, sin lucro, solo por joder.

    • Henry, dime cómo lo haces porque yo también me quiero poner fuera del alcance de la Administración y sus secuaces.

      • Seria largo y complicado de explicar, pero en resumen basta con ser honesto y no dejarse robar por el estado.

        Un saludo.

  4. Buenos días Don Martín

    Completamete de acuerdo.

    Sólo una pregunta, no a usted, si no en general.

    Visto el choteo al que lo someten con las respuestas que le da la «Administración»

    ¿No debería de haber puesto, en este mismo post, los nombres y apellidos del fulano/ana y su puesto, que firma tales documentos?

    Algo que deberia hacerse extensivo a toda la adminstricación.

    No deberían los medios, si tuvieran huitos, de poner en las noticias que publican el nombre y cargo de los funcionarios cuyas decisiones nos afectan. Parece que todo es como el listado de los expertos del Simon.

    El día que muchos de esos funcionarios sepan que su nombre, apellidos, y cargo van a ser expuestos públicamente igual se lo pensaban dos veces.

    Tenga por seguro que si son «fachas», cómo los jueces del caso de la manada, antes o después se sabrá.

    Un cordial saludo

  5. “Just est in armis” El derecho está en las armas,…

    “entendiendo el derecho como ley-contrato”
    Nadie firma un contrato para estar sometido a la Ley, (Código civil 6.1). Todo derecho con-lleva una parte obligada en último término por la violencia a proveerlo.
    En algunos casos puede tener una vileza manifiesta dado el carácter no finalista de los impuestos. Por ejemplo, alguien que se paga sus gafas (porque no ve sin ellas) con su 10% de IVA para sufragar el derecho “a gozar de las artes” (art 27.1 DH) de otros.

    Los derechos “humanos” son una materialización jurídica del mundo monacal (el nuevo mundo anti-gen-ealógico), articulados a través del nuevo monasterio-burgués (y sus ministerios), el Estado Capitalista. Con fuerte carácter anti-gen-ealógico, como caracteriza a todo el mundo moderno procede de una raíz universalista cristiana. “Invento” parece un tanto parco en la descripción de miles de años de cultura cristiana.

    “Artículo 1.
    Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

    La parte imperial de la “Ciudad de Dios” se expone en el artículo 13.1:
    “Artículo 13.
     1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.”

    Decía Bastiat “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo. ”.
    En parte con razón y en parte sin ella. El Estado es una maquinaria de origen y desarrollo militar; por lo cual denomino a los integrantes mercenarios; dado su “solidus” se obtiene de la coacción/coerción o simplemente violencia contra individuos físicos y “gen-ealogicos”.
    No hay más Estado que las partes que lo integran. Los funcionarios/empleados públicos conforman el Estado, son el Estado. A menudo, el Estado, se diluye en una idea de índole cosmogónica, en la “Ciudad de Dios” eterna. Pero el Estado es la acción conjunta de todos aquellos que profesan por o para la idea. Su marca y sino es la violencia o como decía Weber monopolio de la violencia.

    Ello, pone a la “Ciudad de Dios” en un brete complicado. Por una parte los “derechos” fruto de desquiciadas elucubraciones “anti-gen-ealogicas” emanan del Estado. Pero este a su vez funda su acción en la violencia; por lo cual todos aquellos partícipes de su acción invalidan su alma para la salvación.
    La solución es establecer el Estado, como un desarrollo divino, el “Deus mortalis”. Por ello, el lenguaje en su abstracción purga los pecados de la carne (gen-ealógicos); y “todos” somos el Estado y “nadie” es el Estado. Algo que contradice cualquier análisis científico (“pagano”) del hecho,…

    “Just est in armis” El derecho está en las armas,…

    • La Ilustración e igualmente las revoluciones burguesas fundan su acción en los principios del nuevo hombre «anti-gen-ealógico». «La igualdad de oportunidades», «la igualdad ante la ley» se articulan como ideas fuerza de ese nuevo hombre hijo del Señor (es decir todos hermanos, «fraternidad»), que posteriormente pasa a hijos de la república. A medida que el Nuevo Régimen mata al Antiguo Régimen la fuerza de la idea de «igualdad» o «equidad» (versión burguesa economicista) se expande sin límites; incluso tratando de derribar la propia condición natural (el sexo lo determina el sentimiento).
      Pero a pesar de ese discurso anti-gen-ealógico presente en la moral imperial moderna (la ciudad moderna, la Ciudad de Dios) hegemónico por inundación pecuniaria aplicado por la dictadura (el Estado, Gramsci). Usualmente esa enarbolada «moral» (de moradores) o más torpe como ética (personalidad, «ethos» personalidad de un pueblo); carece de realidad más allá de la coacción.

      Resulta anti-estético, alguien desee «igualdad de oportunidades» de sus hijos con otros hijos del Señor, o otros hijos de la república; ídem para «nuestros mayores».
      La cuestión se extiende a alguien el cual pague la baja maternal de una persona la cual no conoce ni conocerá en su vida. ¿Por qué razón? Porque somos hijos del Señor y de la república, «justicia conmutativa».
      En esta forma de nueva religión, inversión del cristianismo (las ideologías), se entiende la baja «maternal» forzosa del padre.

      Curiosamente y a pesar del «cerval» desprecio de la «gen-ealogía» del «homo novus» cristiano.
      El fundamento último del aglutinante de individuos (almas) son instituciones profundamente «gen-ea-lógicas». Entre ellas el Estado o la misma Iglesia; pero también el Monasterio jerárquico en el cual buscan la salvación. La jurisdicción, la deuda pública,…, son profundamente genealógicas.
      En ambas instituciones, el acceso es de individuos alumbrados por mérito (relativo a la propia institución) y sin descendencia. Por lo cual, no a lugar al «patri-monio». Sin embargo, las tendencias de las instituciones son radicalmente gen-ea-lógicas. Por lo cual, articulan castas de todos los tipos,…,y de nuevo tenemos una nueva aristocracia (funcionarial en el caso del Estado). La casta genealógica por excelencia, la cual se manifiesta profusamente en las nuevas instituciones aglutinantes del «homo novus» individual y cristiano.

      Ello lleva, la principal inclinación política de dilapidar dinero (fiducia coercitiva) en beneficio individual y allegados; pero, en este caso, sin buscar la salvación del alma. De otro mundo, dado al fin y a cabo, el «individuo cristiano» republicano-estatal, moderno, es profundamente anti-espiritual y además anti-ético.

      Aquello de «la ética está en ley».

  6. Muy buen articulo Sr. López Corredoira, que pone el dedo en la llaga. Lo importante para la industria del género y la géneros es la propaganda, el ruido. Que la pasta engrase bien todos los chiringuitos que viven de esto y de otras mamandurrias varias, que abundan en nuestro país a la sombra de muchas administraciones. Luego que el dinero llegue a mujeres en situación de riesgo, discapacitados de verdad, gente que realmente lo necesita, bueno… Eso ya no es importante y no queda tan bien en prensa, carteles y cuñas de radio.

    Hay gente que ha descubierto este filón y gracias a él y a la complicidad de nuestros políticos de todo signo viven muy bien. Todos los implicados en el negocio salen ganando: los políticos quedan de guays, los «solidarios» con la pasta ajena quedan de apóstoles sociales y viven de ello, mientras que los ingenieros sociales hacen su trabajo.

    Conozco a varios profesionales de la industria de la solidaridad, especialmente del feminismo. Todo es buen rollito de cara a la galería, pero primero la buchaca, mi circuito, mi chiringuito y a la competencia ni agua. Todos peleados entre sí porque en la caza de la subvención, el contrato público para tal o cual proyecto o tal actividad (pagada del presupuesto) hay puñaladas, tráfico de influencias, intereses personales y política… mucha política. Pero todo sea por un mundo mejor, más solidario, sostenible, igualitario y tal.

    Todo mentira… Solidaridad es una de las palabras más prostituidas de nuestro tiempo. Además los del sector feminista, aparte del «todo por la pasta» van de inquisidores sociales, revisando lo que puedan poner la etiqueta de machista y con los radares puestos para detectar micromachismos en cualquier chorrada. Así obtienen más publicidad y ello significa más negocio.

    Eso sí, con el Islam no se meten, vaya que no salga bien la cosa y haya que lamentar algún hecho desagradable. Aunque haya un feminismo islámico, con «hiyab» y todo. El chiringuito feminista sabe que los musulmanes defienden lo suyo y que no son tan tontos ni tan mansos como los antes llamados cristianos, ahora ateos, agnósticos, mediopensionistas o vaya Vd. a saber qué.

    • Bueno, todo se andará, amigo Argantonio. La juez Rosell, aparte de señalar «la falta de petición de ayuda y de denuncia de las mujeres» como dato relevante a extraer, ya adelantó en un entrevista que hay violencias que no se incluyen en la macroencuesta como «la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, la explotación sexual y la trata de seres humanos». Fue precisamente esa declaración la que me hizo examinar con más detalle la macroencuesta de marras, en la que han obviado difundir lo que menos les interesa que trascienda. Así que en la próxima encuesta, igual sí tiene sentido que incluya esas «violencias».

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